Epílogo

-Así que cuarenta, hermana del alma.

-Cállate Beth, ya es suficiente con que todo el mundo me recuerde cuántos años cumplo –reímos juntas, como siempre durante todos estos años. Estaba organizando una fiesta, aprovechando la primavera sería un almuerzo en el jardín. Quería lucirme esta vez, y tenía demasiados invitados; era una suerte para mí que mi amiga estuviera para ayudarme. Escuché pasos detrás de mí y un par de manos tapó mis ojos, para que adivinara quién estaba allí. Toqué esas manos finas y femeninas, enseguida me dí cuenta que ambas manos pertenecían a dos personas distintas.

-Amelie y Ema –dije tocando cada una de sus manos mientras las nombraba. Beth volvió a reír conmigo, ya era hora que nuestras hijas se decidieran a ayudar con los preparativos. Mi niña grande, ahora toda una mujer, se abalanzó a abrazarme.

-¡Feliz cumpleaños mamá! –Sonrió y me besó en la mejilla- tengo un regalo para ti, pero como lo compramos junto con Lucien lo esperaré para dártelo, espero que no te moleste.

-Para nada. Por cierto, ¿dónde está tu hermano? –Se encogió de hombros.

-Durmiendo creo. –Resoplé.

-Le pegó feo la adolescencia, nunca puede despertarse temprano, maldita sea.

-Y a ti te pegaron feo los cuarenta, estás muy quejosa –Todas rieron, menos yo; pero un momento después reí también.

-¡Ya cállate Beth! –se sonrojó un momento, parecía que les divirtiera.

-¿Puedo despertar a Lucien? –entonces Ema se atrevió a hablar, yo sabía que siempre le había gustado, pero a él no le interesaba la bella Ema.

-Deja a mi hermano en paz –lo defendió Amelie- además nunca le gustarás, todos sabemos que anda besuqueándose con tu primo Jack –Ema puso los ojos en blanco y Beatrice se avergonzó del atrevimiento de su hija, pero no llegó a decir nada.

-¿Lucien y Jack? No lo creo –Bueno, Lucien quizá, pero a Jack ya le había conocido como diez mujeres en sus cortos 16 años, y todas las que habría sin conocer. Oí a Gaetan que me llamaba desde el piso de arriba y me dirigí fuera de la cocina. Amelie y Ema me siguieron hasta el pasillo.

-¿Mamá me prestas el auto? Vamos a buscar a Vincent.

-Bueno, no tarden. Conduce con cuidado. –Sólo la dejaba ir porque todos en la veta la conocían, no era un camino muy seguro. Pero estaba enamorada, y lo cierto es que Vincent era un buen chico. Subí la escalera mientras pensaba en mi hija ya grande, yo a su edad ya me estaba casando con Gaetan, pero ella recién se estaba conociendo con su novio hacía pocos meses. Sonreía, era genial verla tan feliz. Mi esposo estaba muy serio, al lado de la puerta de la habitación de Lucien. Me indicó que mirara a través de la ranura de luz que pasaba, no estaba completamente cerrada.

-¿Estás espiando Gat? –me puso su dedo índice sobre mis labios para que me callara, y la curiosidad pudo más; nos acercamos a la ranura y espiamos. Allí estaba Lucien durmiendo, pero su mejor amigo lo abrazaba por detrás, pegando el pecho a su espalda, y acariciando su muñeca con las yemas de sus dedos. No lograba verlo. No, no era Jack, era ¿Thomas? Sí, eso parecía. Sus ojos negros se levantaron para dejar de mirar a mi hijo y se dirigieron llenos de miedo hacia la ranura de la puerta. Me aparté enseguida y corrimos a nuestra habitación, riendo de nervios.

-¿Nos habrá visto? –Gaetan no respondió, sino que se sentó en nuestra cama con la cabeza entre las manos- Ey, déjalo Gat –resopló- Duro de ver, ¿eh?

-Sólo un poco, siempre lo sospeché –sonrió un poco y me senté a su lado, me envolvió entre sus brazos y me besó despacio- Feliz cumpleaños preciosa. Así que cambiaste de década –puse los ojos en blanco.

-¿Qué tienen todos que constantemente me recuerdan cuantos años cumplo? –rió sonoramente y se encogió de hombros.

-Ven aquí, tengo un regalo para ti –sacó una caja rectangular de debajo de la cama. Dentro había un exquisito collar dorado con varios dijes que contaban nuestra historia. El sello del distrito 11, un pino, por los bosques donde nos habíamos conocido; una espada y un hacha, por los juegos, el sello del 13, una pareja con traje de boda, una niña pequeña, una casa, un niño, y por último un corazón que del reverso ponía "siempre" con delicadas letras cursivas. Sonreí y lo besé tiernamente.

-Me encanta, gracias –volvió a besarme.

-Podríamos agregar uno de Amelie revolcándose con Vincent y otro de Lucien durmiendo abrazado a Thomas –le pegué suavemente en el muslo con un ruidito seco.

-¡Serás bobo! –reímos juntos, pero mi expresión cambió cuando vi a Lucien parado en seco en nuestra puerta con los ojos llenos de lágrimas. Le lancé una mirada furtiva a Gaetan diciéndole "te escuchó". Maldita sea, no quería hacer llorar a mi pequeño-no-tan-pequeño. Le dediqué una sonrisa, y también mi esposo.

-Ven aquí Luc, siéntate –se ubicó en el medio de nosotros y recordé cuando era pequeño, tenía esa expresión de niño regañado, balbuceaba.

-Yo… papá… -rompió en llanto. Lo acurruqué en mi pecho como cuando era pequeño mientras Gaetan, aunque aún se sentía tenso, le dedicaba esa típica caricia consoladora en la espalda. Volvió a hablar entre lágrimas. –Lo siento, no quería que se enteraran así –lloró más fuerte y lo abracé con un poco más de fuerza.

-No debimos espiar, perdón Luc –comencé, con una mirada de reproche a mi esposo, que me respondió poniendo los ojos en blanco- No llores más, no vale la pena.

-Deberías estar feliz hijo –Gaetan habló por primera vez, con afecto sincero y una sonrisa.

-¿Feliz? –Se incorporó y se enjuagó las lágrimas, haciendo pucherito, hablándole a su padre- ¿Por qué? Te decepcioné, he visto tu expresión. Perdóname papá –derramó una lágrima solitaria y Gaetan la recogió con su pulgar, clavándole los ojos.

-No. Nunca podrías decepcionarme. Ha sido muy bueno verte crecer para convertirte en el hombre fuerte y bueno que eres ahora, sólo puedo estar orgulloso –sonrió, y yo también- No pidas perdón, no debes sentir pesar o vergüenza por ser como eres, ¿sí? –asintió.

-Además –continué- puedo reconocer cuando dos personas se quieren y se cuidan una a la otra, y ustedes tenían esa mirada. Es bueno verte feliz.

-¡Ay, gracias mami! –Sonreímos juntos- Y por cierto, feliz cumpleaños.

-Pensé que te habías olvidado, me dijo Amelie que tenían un regalo.

-No, no me olvidé; perdón –esbozó una pequeña sonrisa por primera vez mientras yo volví a hablarle.

-Ya deja de pedir perdón por todo, no seas tonto –Gaetan asintió y luego tomó la palabra.

-¿Por qué no le dices a Thomas que se quede a la fiesta? –la expresión de Lucien cambió y se petrificó de pánico, balbuceaba otra vez.

-No, no puedo presentarlo ante tanta gente. Aún no.

-No hace falta –interrumpí- casi todos lo conocen, sólo son amigos, ¿verdad? –Le guiñé un ojo- además, Jack también viene. Te guardaremos el secreto por ahora.

-¿Qué? ¿Tanto se nota? –Gaetan no pudo evitar una carcajada, y yo tuve que esforzarme por contener la risa.

-Mmm bueno, sí –le contesté- Muchachos, ¿qué tal si se van a vestir de una vez? Tengo mucho que hacer. –Lucien salió primero, mucho más animado que como había entrado y me quedé otra vez sola con Gaetan, que se tumbó hacia atrás para quedar acostado en la cama. No estaba tan apurada como para perderme ese momento, me recosté a su lado y lo besé profundamente hasta que volvió a relajarse.

-Uf –resopló- que duro eh –sonrió.

-Vamos Gat, ya sabíamos, no pasa nada –volví a besarlo, más brevemente- Ya, tranquilo, lo hiciste bien.

-Estaba asustado, no sabía que decir. –Acaricié su mejilla con las yemas de los dedos.

-Ninguno de nosotros tres sabía que decir, pero creo que lo resolvimos bien –tomó mi mano con la suya y besó mis nudillos.

-Te amo Soph. No podría haberlo hecho sin ti –reímos sonoramente, quitándonos lo último de nervios de adentro.

-También te amo bonito. Ahora vamos, hay mucho que hacer. –Bajamos a la cocina, donde Beatrice hacía malabares con muchísimas fuentes de comida dispuestas por cualquier superficie que tuviera un espacio libre. Le pedí que esperara un momento y salí al jardín, donde muchos de los invitados ya habían llegado.

Julien, Enzo y Gale estaban bebiendo cerveza y debatiendo sobre armas con Oliver, quien había forjado nuestras espadas muchos años atrás. Johanna y Chrysta estaban algo aisladas, riendo y burlándose de los atuendos de los demás, mientras Jack Wood, Peeta y Katniss robaban bocados de todos los platos como si no hubieran comido en tres días. Amelie y Vincent compartían una copa de vino en un rincón, demasiado cariñosos para mi gusto. Por otro lado Jack, Ema, Lucien y Thomas hablaban en susurros muy serios. Quizá ya estaría contándoles la situación de un rato atrás. Mis padres y Marie estaban con Orson contando anécdotas viejas de la rebelión, mi hermana estaba visiblemente aburrida. Iba saludando a todos con educación, mientras me deseaban un feliz cumpleaños.

Perdí a Gaetan en el camino, que se quedó bebiendo cerveza con Enzo y los demás. Busqué a mis hijos con la mirada entre la gente, y me acerqué a Amelie.

-¿Pueden dejar eso un minuto y ayudar a Beatrice? –Ambos dieron un respingo y se alteraron, pero sólo pude reír- Vamos, ya no tengo ganas de trabajar, es mi cumpleaños –Amelie resopló.

-Bueno, ya vamos –se dirigieron hacia la cocina tomados de las manos y me decidí a acercarme al grupo donde estaba Lucien. Le tapé los ojos por detrás como habían hecho Ema y Amelie hacía rato, noté que sus ojos aún estaban húmedos.

-Mami –aunque estaba de espaldas pude sentir su sonrisa. Quería asegurarme que se sintiera mejor, pero no podía decir nada. Me acerqué sonriendo y Thomas me esquivó la mirada, se sonrojo.

-¿Qué tal chicos? –no estaba segura si comprenderían a que me refería, pero para mi sorpresa fue Thomas el que habló.

-Todo está delicioso, gracias por invitarme señora Dellanoy –sonrió.

-¿Señora? Maldita sea, ¿qué tienen todos hoy con mi edad? Ni que fuera mi cumpleaños, señor Thomas –todos reímos, pero él y Lucien se sonrojaron.

-No, sólo Tom suena mejor –asentí. De golpe Ema y Jack nos dejaron solos- Ahora en serio, ¿mejor?

-Bueno ya, basta mamá –se quejó Lucien, se me ocurrió una idea.

-¿Saben algo chicos? Ya están grandes. Mmm, ¿cuántos años tienes Tom?

-Diecisiete –contestó por lo bajo.

-Perfecto, entonces vamos a aprovechar y como quien no quiere la cosa vamos a ponernos muy ebrios –ambos rieron más relajados. Volví a la cocina, ya era buen momento de ponerme a ayudar. Allí estaba Beatrice con Amelie y Vincent, y me uní a ellos para servir el plato principal.

Fue un día perfecto. Algo avispados por el alcohol, mi esposo y yo terminamos abrazados en el sillón del balcón, viendo las estrellas. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras me rodeaba con su brazo y me acariciaba suavemente con el pulgar. Me acurruqué contra él, muy cansada pero desbordada de amor. No habíamos pasado mucho tiempo juntos este día y necesitaba algo de intimidad. Hundió su nariz en mi cabello y me besó en la cabeza. Gruñí satisfecha y tomé aire profundamente, cerrando los ojos y disfrutando de su cálido contacto, comenzó a canturrear como en el bosque cuando los pájaros lo imitaban.

-Sophie, esposa hermosa, que hoy es tu cumpleaños, ¿qué tal has estado? –no pude evitar soltar una carcajada.

-Muy bien, pero no rima que digamos Gat –seguimos riendo, tentados, el alcohol facilitaba la risa. Pero era realmente feliz. Se encogió de hombros.

-Hago lo mejor que puedo, no te quejes.

-No creo, esposo mío. No tengo ninguna queja, eres el mejor. Pero que no se te suba a la cabeza –rió más fuerte. Con un rápido movimiento me sorprendió con un beso.

-Feliz cumpleaños otra vez –me pasó su pulgar por el pómulo con ternura- te amo preciosa.

-Y yo te amo a ti –Nos quedamos acurrucados un rato más, hasta que por alguna razón Amelie y Lucien salieron al balcón. Se sentaron con nosotros, relajados y algo avispados; incluso me parecía que Lucien estaba caminando de lado. Volví a cerrar los ojos y a disfrutar de ese momento de plena felicidad, con mi familia muy cerca de mi corazón. Ya no había ninguna pesadilla, ni nada que temer, todos los malos recuerdos quedaban muy lejos. Sin darme cuenta, ahí mismo en el balcón, me quedé dormida y Gaetan me llevó en brazos hasta nuestra cama, donde descansamos juntos después de un día hermoso pero largo.