Chapter 25:
- Solo si es lo que quieres escuchar.
Hermione se quedó callada, mirándole. ¿Le estaba proponiendo ir al baile? Bajó la vista hacia la poción, y segundos después volvió a mirarle. ¿Ir al baile con él? Respiró hondo, y volvió a dejar su mirada vagar por la habitación, antes de decir con voz queda:
- ¿Y qué ganas tú con eso?
- ¿Por qué debería ganar algo?- preguntó Snape a su vez. Contestar a una pregunta con otra... Listo, pero no le serviría contra la testarudez gryffindor.
- Porque eres un slytherin.
- ¿Y? Tú también lo eres.
- No de corazón.
Ambos se quedaron callados, y Hermione siguió cortando los gusarajos que Snape le había dado. Por el rabillo del ojo podía ver cómo el slytherin perdía la mirada en la pared contraria, sin responder. La muchacha no se sintió decepcionada, ni siquiera había esperado que respondiera honestamente, si es que respondía. Los dedos se Snape pasaron por la mesa de madera recia, antes de susurrar:
- Digamos que me conviene.- Hermione le miró, dejando olvidada su tarea, pero el moreno evitó su mirada. Seguramente, analizó Hermione, no quería que los merodeadores se metieran con él por no llevar pareja al baile de Halloween.
Y la verdad es que le comprendía: contra ella y sus amigos no había habido más bromas de mal gusto como la del lago, cortesía de Lily, por supuesto. Pero eso no se aplicaba a los demás slytherins; casi cada día había un incidente, desde una maldición por la espalda, pasando por bromas, hasta duelos en medio de los corredores. Ni slytherins ni gryffindors pasaban la más mínima oportunidad de burlarse de los otros, y aquello era realmente desesperante.
Hermione pensó en Ron: quizás el plan de Snape funcionara y Ron se fijara en él. Y, pensándolo racionalmente, podía intentar hablar con el slytherin y convencerlo. Retomando su trabajo de cortar los gusarajos, Hermione decidió aceptar su invitación:
-Podríamos ir juntos.- la mirada de Snape se cruzó con la suya, sorprendido por lo que había dicho.- Como amigos, por supuesto.
- Por supuesto.- repitió el moreno en voz baja, volviendo a apartar la vista. Hermione le miró mirar dentro del caldero y apuntar algo más en el pergamino, satisfecho con la poción, antes de quitarle los gusarajos perfectamente cortados. Estuvieron un rato más en silencio, Hermione observando cada movimiento de Snape, hasta que éste la despachó del aula, dando por concluido el trabajo por ese día.
La castaña caminó por los intrínsecos pasillos de las mazmorras, esperando encontrarse con Harry en el Gran Comedor, donde justamente estaba. Se sentía extrañamente feliz por haber conseguido pareja para el baile, aunque no fuera Ron. Sin saber bien si debía decirlo o no, Hermione calló sabiamente.
La semana pasó con rapidez, mientras las preguntas de los dos pelirrojos y Harry se hacían cada vez más insistentes: al igual que en el baile del Torneo de los Tres Magos, ellos sabían que tenía pareja, pero no quien era la pareja. Y eso estaba bien para Hermione.
Snape, por supuesto, seguía tratándola igual que siempre, y él tampoco parecía tener prisa por contarle a sus amigos quien era su pareja para el baile. Hermione sonrió, mientras se miraba en el espejo de su habitación: no habría soportado que Snape lo contara a voz en grito por la escuela y todo el mundo se enterara de que iban a ir juntos. Y con todo el mundo se refería principalmente a Ron.
Suspiró audiblemente, mientras daba una vuelta rápida alrededor de sí misma, dejando que los volantes del elegante vestido azul se elevaran en el aire. Hermione miró el reloj de mesilla; Snape ya debía estar esperándola. No se preocupó por no ver a Harry en la Sala Común, estaría recogiendo a su novia en la torre de Gryffindor.
Hermione se quedó parada en el último escalón de la escalera que daba a los dormitorios de las chicas, mirando alrededor, en busca de Snape. Había una cantidad considerable de gente en la habitación, la mayoría en parejas. Todos vestían tan elegantes como ella, la única diferencia era el color de sus ropas: negro.
Bufó por lo bajo, sintiendo varias miradas sobre ella, entre ellas la de Lucius. Hermione rezó por encontrar a Snape lo más lejos posible del rubio. Falló miserablemente, al encontrarlo recargado contra el sillón orejero al lado de Malfoy, mirándola inexpresivamente.
Avanzó hacia él, con la cabeza bien alta, esperando que Snape se moviera. No hizo ningún movimiento, y Hermione sintió ganas de estrangularle allí mismo, cuando Lucius se atravesó en su camino, a unos pasos de Snape, con una sonrisa socarrona en los labios.
- Parece que tu querido Harry te ha dejado tirada. ¿Quieres que te deje mi pañuelo para secarte las lágrimas de tener que ir sola al baile?- Hermione bufó como un gato enfadado, con los dientes apretados, mientras el rubio se cacareaba con sus amigos. La mano de Snape se colocó en el hombro de Malfoy, antes de que Hermione pudiera contestar.
- Disculpa, Lucius.- con un rostro mortalmente serio, Snape apartó a Lucius con suavidad y le tendió la mano a Hermione, dejándola a la altura de su nariz.- ¿Vamos, Hermione?- añadió con voz fuerte, esperando que Lucius y su pandilla le escucharan perfectamente.
Hermione tomó su mano, regalándole una sonrisa falsa, mientras parpadeaba más veces de las necesarias. Todo por fastidiar a Lucius. Se guardó para sí misma su sorpresa al escuchar su nombre en la boca de su futuro profesor. Era la primera vez que le llamaba así en ese tono de voz tan… Neutral.
Tomados de la mano, los dos salieron de la Sala Común. Apenas la puerta se cerró tras ellos, tanto Severus como Hermione apartaron las manos, como si la mano del otro quemara. Hermione relajó los músculos de la espalda y retomó su posición original, dejando de estar tan estirada como lo había estado allí dentro, mientras Snape empezaba a caminar, con las manos en los bolsillos y encorvado, como solía hacer normalmente.
- Me has llamado Hermione.- dijo la castaña alcanzando a su pareja. Las cortinas de pelo grasiento tapaban parcialmente el rostro del slytherin, por lo que no pudo ver su expresión.
- Sólo quería fastidiar un poco a Lucius.- se excusó. Hermione sonrió, esta vez con naturalidad, y siguió hablando, como si no hubiera oído lo que Snape acababa de decir.
- ¿Debería llamarte Severus?
- No te he dado permiso para que me llames por mi nombre de pila, Granger.- Snape la miró esta vez con expresión hastiada; sin dejarse amedrentar, Hermione amplió un poco más su sonrisa, antes de decir:
- Gracias por hablar a mi favor ahí dentro.
Snape gruñó, apartando la vista y no volvieron a hablar en todo el tiempo que duró el trayecto hasta el Gran Comedor. Hermione tragó copiosa saliva, pensando en la reacción de Ron: en ese momento en que estaba tan cerca de presentarse en el baile con Snape colgando de un brazo, pensó que quizás no era tan buena idea. Miró las escaleras que daban directamente a la entrada del castillo, y respiró hondo, antes de girarse hacia Snape.
Su brazo se encontraba tendido hacia ella, y él la miraba incómodo. Suspiró casi inaudiblemente y pasó su brazo alrededor del antebrazo del muchacho. La comida se revolvió en su estómago de puros nervios; hacía apenas media hora que había terminado el banquete de Halloween y los estudiantes de primero a quinto curso ya estaban en sus dormitorios, dejándoles a los dos últimos cursos la noche para disfrutar.
Hermione le regaló a Snape una diminuta sonrisa, antes de mirar al frente y comenzar a andar escaleras arriba. Cada escalón se veía a los ojos de Hermione como un enorme obstáculo gritando que diera la vuelta en ese mismo instante. Intentando concentrarse en la realidad, miró a su compañero: Snape no parecía tampoco muy convencido de la idea de ir a un baile que seguramente consideraría estúpido y sin sentido. Con aquellos pensamientos en mente, su pie derecho se posó fuera de los dominios de las serpientes. Inspiró hondo, preparada para un enfrentamiento con Ron.
