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¡Ofensiva!
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—Adelante —ordenó Emina Kotobuki a su pelotón. Inmediatamente, medio millón de soldados comenzaron a marchar detrás de la nueva comandante.
Comenzaron a marchar. La Resistencia tenía un total de cinco millones de efectivos para la invasión a Dulcípolis, todos distribuidos en cinco equipos diferentes dispuestos estratégicamente en diferentes puntos de la ciudad listos para iniciar el brutal ataque. El plan consistía en que en el centro de la ciudad, dos mini-equipos se fusionarían con el equipo principal para iniciar de lleno el ataque contra el palacio de Yui.
Como buenos líderes, Satoshi, Emina, Rio y Akane iban al frente; al igual que los capitanes de las unidades extranjeras irían al frente de los pequeños grupos adicionales.
—Ciudadanos de Dulcípolis y ciudades aledañas, —se oía la voz de Sokabe a través de todas las estaciones de radio y televisión del área; además de los altavoces de emergencia localizados en las calles. —En estos momentos estamos bajo ataque. Diríjanse inmediatamente a los refugios especiales dispuestos en todos los cuadrantes. Este no es un simulacro. Repito: no es un simulacro. Realmente estamos bajo ataque.
La gente comenzó a prepararse. A lo lejos se oía marchar a los soldados de Satoshi, pero en el fondo muchos estaban dispuestos a apoyar a la Resistencia. Sabían que Satoshi haría todo lo posible para evitar bajas de civiles. Pero entonces se escuchó la bien conocida y temida voz de la dictadora.
—Aquellos que se queden en la ciudad, serán considerados traidores y se les tratará como se merecen. ¿Mejor no buscarnos problemas, verdad Minna? Todos somos muy buenos amigos, así que no tenemos por qué llegar a esto…
Hasta los soldados Rebeldes se estremecieron al oír hablar a Yui. Los pocos que habían presenciado el intercambio de rehenes comenzaron a sudar frío, pero no era el momento de acobardarse. Los líderes intercambiaron una mirada nerviosa, pero siguieron adelante. Estaban llegando al centro cuando se escucharon las pequeñas detonaciones. Todos se cubrieron cuando entendieron que las detonaciones eran de bombas de gas lacrimógeno. Eran tantas las bombas detonadas, que nadie veía nada. Soldados de Yui, estratégicamente colocados sobre terrazas de edificios y otros sitios altos, cargaron sus armas y comenzaron a disparar contra el grupo rebelde; y ellos naturalmente, respondieron el fuego.
La batalla había comenzado.
Los soldados de la Resistencia, ya equipados con sus máscaras de gas, estaban ganando terreno. No podían perder.
—Resitencia! —Resonó la voz de Sokabe desde la torre de Tokyo por medio de altavoces colocados especialmente para la ocasión. —Entreguen sus armas por las buenas. A Yui-Sama no le gusta la violencia, ¿no queremos enfurecerla, verdad?
La idea de la furia de la dictadora fue suficiente para parar la batalla unos segundos, pero Satoshi se había preparado psicológicamente para lo que sea y sólo dudo un poco. Entonces sacó un pequeño detonador inalámbrico de su chaqueta militar, y lo mismo Rio, Emina y Akane. Los cuatro apretaron el botón rojo haciendo estallar autos bomba, colocados frente a los centros de reeducación yurista. La destrucción fue grande, pero no paraba ahí. Los líderes de los sub-grupos captaron el mensaje y también accionaron sus detonadores acabando así no sólo con los centros de reeducación yuri, sino también varias estatuas de la dictadora y otras cosas más que constantemente le recordaba a la gente que ella estaba al mando.
—Si así lo quieres, que así sea Tainaka-kun —dijo Sokabe. —CON TODO!
Los soldados entendieron y reanudaron la batalla. Helicópteros militares sobrevolaban la ciudad para ser los ojos en el aire de la comandante, pero no por mucho. Ahora que habían ganado un terreno considerable, los rebeldes habían logrado armar pequeñas trincheras y ya habían montado cañones anti-aéreos con los que estaban diezmando a las fuerzas aéreas de Sokabe. Sólo los pilotos más experimentados eran capaces de eludir el fuego y responderlo.
—Señorita comandante, ¿no deberíamos usar la maquinaria pesada? —preguntó un soldado.
—Estamos dentro de la ciudad y Yui-Sama se niega a dejar su palacio —respondió la comandante bastante seria.
—Pero Tainaka-kun podría…
—Podría, pero no lo hará. Quiere proteger las vidas de los civiles a toda costa y por mucho que quiera derrotar a nuestra dueña y señora no pasará a lo pesado. Además no creo que tenga lo suficiente —respondió ella cortante.
Un helicóptero se había acercado lo suficiente a tierra y había comenzado a disparar desde arriba al grupo principal. Los Rebeldes se dispersaron, pero no demasiado para poder reagruparse. Toda su estrategia dependía de la perfecta sincronización. Pronto, otros helicópteros en el área comenzaron a seguir el ejemplo del primero y sobrevolaban el área disparando contra todo lo que se moviera con el fin que no pudieran reagruparse.
Emina sacó un walkie-talkie.
—Aquí Kotobuki, respondan.
—Líder del grupo tres aquí —se oyó una voz masculina con acento inglés.
—Necesitamos reagruparnos, pero el no podemos gracias a esos malditos helicópteros. Despejen el área. Repito: despejen el área.
—Entendido —respondió el soldado y cortó la comunicación.
Del otro lado de la línea, el soldado que había hablado con Emina, había logrado que su pelotón conquistara un edificio recientemente vaciado. Al escuchar que la comandante tenía problemas; corrió hacia una ventana, la rompió de una patada y sacó unos vinoculares para observar la situación. Tal como sospechó, el suyo era el grupo más cercano. Al observar un poco la escena, vio la oportunidad.
—Comandante, responda comandante —dijo a través del walkie-talkie.
—Aquí Kotobuki.
—Comandante, hay una oportunidad. Ustedes están muy cerca de unos de nuestros depósitos de armas secretos. Es de artillería pesada, puedo crear una distracción para que puedan llegar ahí. Están en un viejo almacén, ¿lo ve?
Emina miró a través de la ventana de las ruinas en la que se había refugiado junto con Akane y una buena parte de su pelotón. Efectivamente, a un par de casas de ahí, estaba un almacén aparentemente abandonado; pero tenía pintado un graffiti aparentemente sin importancia, pero era una señal de la Resistencia.
—Lo veo, cuento contigo líder 3 —dijo ella.
El soldado cerró la comunicación y vio a su pelotón.
—Bazooka —ordenó.
Uno de sus soldados le pasó la pesada arma y él la apuntó contra uno de los helicópteros. Disparó.
El vehículo aéreo cayó estrepitosamente. Era la señal que esperaba Emina. A una señal suya, su equipo Salió y fue directo hacia el viejo almacén, que por suerte no había sido dañado por el impacto ni por el fuego enemigo. Entraron.
Dentro había varias bazookas, ametralladoras, rifles de asalto, granadas, etc. Los soldados de Emina se rearmaron.
—Todavía no salgan —dijo Emina. —Primero encarguémonos de esos molestos helicópteros. Necesito a algunos que me acompañen al techo.
—Hái! —dijeron cinco soldados muy entusiasmados.
Subieron las viejas escaleras hacia el techo del edificio. Los helicópteros los vieron, pero ya era tarde. Los rebeldes hicieron alarde de sus capacidades militares y derribaron los helicópteros ayudados por las poderosas bazookas.
—LISTO, AHORA! —gritó Emina bajando y saliendo del edificio para reagruparse y seguir adelante. No podían fallar ahora que estaban tan cerca.
—Satoshi, gusto en verte de nuevo —dijo ella feliz de ver que el muchacho también había logrado refugiarse y reagruparse con éxito.
—A mí igual. Ahora sigamos adelante! —dijo él lleno de entusiasmo.
Rio no dijo nada, Akane tampoco. Ellas tenían una naturaleza más bien tranquila, la guerra no iba con ellas, pero debían seguir adelante. A estas alturas era la única opción.
—Señorita comandante, ¿no cree que estaría bien usar apoyo de las Nyans? —preguntó de nuevo el soldado.
—Las Nyan-Patrol tienen prohibido matar —dijo Sokabe bastante seria. —No encajan aquí. De todos modos, su prioridad es mantener el mundo Yuri de Yui-Sama y protegerla a ella y a sus amigas. —Todas las Nyan están en diferentes puntos, pero hay un pelotón esperando en el palacio.
—Pero señorita Comandante, todo parece indicar que el equipo principal de los rebeldes se dirige a la cárcel.
—No importa. Yui-Sama es Yui-Sama.
El soldado no dijo nada más. Pero entonces, Sokabe le dio la espalda y comenzó a caminar hacia la salida de su pequeño centro de opereaciones.
—Señorita comandante, ¿a dónde va? —preguntó el soldado.
—A dar inicio —respondió ella con una malévola sonrisa.
—¿A dar inicio?
—Con la fase tres —terminó ella. —Ellos ya han hecho su jugada, es el turno de la nuestra. Es como jugar ajedrez, te conviene más usar las negras porque así dejas que las blancas hagan el primer movimiento. Y este juego apenas comienza, desgraciadamente será de corta duración.
El soldado asintió perplejo mientras la comandante cerraba la puerta.
El problema de los helicópteros fue el más grande que tuvo el grupo de Emina, por suerte. Pero ahora habían llegado al centro de la ciudad y era hora de pasar a la fase dos de su plan, como mucho la más peligrosa: meterse directamente a la boca del lobo.
—Ah, llegaron —felicitó Emina a los líderes de los sub-grupos que debían unírseles.
—Hái. Tuvimos algunas bajas, pero tenemos suficientes efectivos para acabar de una vez y para siempre con Cabeza-Hueca-Sama —respondió uno de los líderes.
—Esperamos instrucciones —dijo otro.
—Es hora —dijo Emina dirigiéndose hacia el palacio. Todos la siguieron.
Yui y las demás estaban en un pequeño refugio dentro del palacio equipado con todo tipo de comodidades (ventilador porque a Yui-Sama no le gusta el aire acondicionado, un refrigerador lleno de helados y pasteles fríos, televisión y videojuegos; sin contar con su equipamiento de banda, pero nadie tenía ganas de tocar en esos momentos.
—Estoy tan aburrida —se quejó Yui de pronto en un trono para dos en compañía de Azusa, la que estaba temblando de los nervios junto con Mio.
—Tenemos enlaces directos con los helicópteros de reconocimiento —dijo Ritsu divertida sacando un control remoto y encendiendo la televisión, que mostraba la batalla en toda su gloria.
—AAAH! —Gritó Mio y se ocultó a temblar bajo su asiento.
Azusa miró un momento, pero pronto desvió la vista. Este no era un espectáculo para ella. Nodoka y Sawako tampoco podían mirar, no querían ver a la Resistencia de la que ellas formaban parte ser aplastada. Jun, que aún le guardaba bastante rencor a Satoshi por lo de Ui, miraba complacida y con una sonrisa sádica. Nao deseaba abrazar a Sumire, pero no podía ya que ella seguía fiel a su papel de Mugi abrazando a Sawako y fingiendo disfrutar del espectáculo, aunque en el fondo la pobre rubia no quería estar ahí. Ui estaba preocupada, pero no por el show sino por la mirada llena de felicidad que tenía Yui; y aunque era la única persona que podía aguantar el lado oscuro de Yui sin volverse malvada, sabía que esto era preocupante.
—Parece que todos los mini-grupos se han convertido en dos grandes grupos —dijo Ritsu.
Era cierto, los grupos que no se habían unido al grupo de ataque de Emina se habían unido y se dirigían hacia la prisión de Yui listos para un ataque brutal, pero solamente de distracción.
Emina llegó ante el cordón militar que protegía el palacio. Los soldados no esperaron a nada, comenzaron a disparar contra los rebeldes, pero los rebeldes venían con todo, no podían perder. Dos soldados del grupo de Emina que habían tomado bazookas, pero no habían tenido tiempo de utilizarlas, dispararon estratégicamente contra su depósito de armas causando una brutal explosión.
—Están confundidos, es el momento! —Gritó Satoshi avanzando disparando con su rifle de asalto. No eran disparos al azar, el mocoso sabía lo que hacía y ahora que estaba todo listo, no podía dejarse vencer.
—Sí, ADELANTE! —Gritó Emina y avanzó con Rio y Akane junto a ella.
El ejército de la Resistencia, con renovado valor por sus líderes, entró con todo. Los efectivos de Yui no pudieron contra semejante ataque. Aunque estaban mejor armados, los soldados la Resistencia eran muchos más y ahora habían tenido una gran cantidad de bajas por el tiro de gracia de aquellos dos soldados.
—HAN ENTRADO! —Gritó Mio asustada.
—Sí, entraron, —confirmó Ritsu cargando su arma de dardos e intercambiando una mirada de emoción con Yui.
—Esto no es divertido —dijo Nodoka asustada.
—No seas tan pesimista, Nodoka-chan —dijo Sokabe entrando de pronto al pequeño refugio. —Además tú estás con ellos si mal no recuerdo.
La chica de las gafas miró a Sokabe seria, pero mejor se concentró en la batalla. Sawako se abrazó más a la pobre Sumire, pero la rubia no podía hacer nada, no sabía cómo debía reaccionar su Oujo-Sama.
—Entramos —dijo Satoshi. —Realmente entramos. LA VICTORIA ES NUESTRA!
Comienza la batalla final. Lamento si algo me habrá salido mal, pero es la primera vez que describo una escena de guerra. Una vez más espero les haya gustado y me dejen sus reviews. Si no, igual. Estamos por fin rozando el desenlace.
REZISTO FOREVER!
(El idioma del día es el esperanto)
