Kareshi Kanojo no Jijô
'LATER'
Epílogo
La habitación, ni muy grande ni muy pequeña, estaba decorada infantilmente dado a quién pertenecía. Un pequeño escritorio estaba repleto de cuentos abiertos y demás trastos. En la mesita, al lado de la cama, había una lamparita, encendida a pesar de ser de día, junto a un reloj, un vaso con agua y un termómetro. La cama estaba deshecha, dado que alguien aún se encontraba en ella, sentada, apoyada en la cabecera y escuchando atentamente el relato que le explicaban.
-¿Y qué pasó después?- su voz infantil, levemente nasal, resonó en la estancia, impaciente.
-Pues… Que tiempo después se casaron.
-¿Y después?- volvió a preguntar.
-Pues… como dicen en los cuentos, "vivieron felices"- contestó la otra voz femenina, también joven, pero algo más madura.
-¿Y ya está?- cuestionó con algo de decepción la niña.
-Sip- sentenció de nuevo, no pudiendo evitar una risita-. Parece que no te haya gustado el final. ¿Acaso esperabas otra cosa, enana?
La niña infló los carrillos en un gesto verdaderamente gracioso, se cruzó de brazos y agitó la cabeza, haciendo que mechones de pelo negro del flequillo le tapasen parte de los ojos gris-azulado, que en ese instante, brillantes, destilaban rabia contra su interlocutora.
-Sí me gusta el final. ¡Y no me llames enana! Es Sei.
-Lo que tú digas, enana.
-¡Sue!
La aludida sonrió. Le encantaba picar a su hermana. En un gesto de lo más natural le alborotó el pelo, enfureciendo aún más a la niña.
-¡¡Suueee!!
-Está bien, está bien, ya paro- rió cuando la niña hizo ademán de lanzarle la almohada-. Entonces… ¿qué te ha parecido?
La llamada Sei se lo pensó un momento, moviendo los ojos de un lado a otro, como reflexionando. Mientras, su hermana la observaba, con una ceja lazada y un dedo tamborileando en uno de sus brazos anteriormente cruzados.
-¿Y bien?
-Mmm… es una historia bonita- confesó haciendo sonreír a Sue-. Pero hay muchas cosas que no me dices… ¡Y quiero saberlas!
La pequeña miró con decisión a su hermana mayor, haciéndola reír.
-Eres demasiado pequeña. No lo entenderías.
-No soy pequeña, tengo casi seis años. ¡¡Y quiero saberlo, hermana!!- insistió.
-Lo siento. Cuando seas más mayor, recuérdame que te lo cuente.
La pequeña de pelo negro fue a replicar, pero no llegó a hacerlo ya que fue interrumpida.
-¡Sue¡Baja a comer!- una voz adulta de mujer se oyó desde el piso inferior.
La aludida se levantó, yendo hasta la puerta y abriéndola.
-¡Ya voy, un momento!- se giró para ver a la niña, sentada en la cama y con expresión frustrada. Sonrió sin poder evitarlo-. Lo siento, pero me tengo que ir. ¡Mejórate, enana!
Salió de la estancia después de hablar, y empezó a caminar por el pasillo, pudiendo oír de fondo un "¡No me llames enana!" de la pequeña. Descendió por las escaleras y caminó hasta entrar al salón-cocina de la casa, encontrándose a su madre en ella con una bandeja de comida.
-El cuenco está en la mesa y la comida en el mármol. Sírvete- le dijo una Yukino de treinta y seis años a su hija mayor, mientras salía de la sala-. ¡Sôichirô¡Haz el favor de despegarte de esos malditos trabajos antes de que lo haga yo!- se oyó decir mientras la voz se alejaba.
Sue no pudo evitar sonreír. Siempre era igual: su padre sumergido, si no era en libros, era en asuntos de la universidad. Pocas veces, por no decir ninguna, podía verse a Sôichirô Arima sentado en el sofá, delante del televisor, como si fuera lo más interesante del mundo.
La adolescente, de quince años, se acercó al recipiente donde se conservaba el arroz caliente y, cogiendo uno de los cuencos de la mesa, depositó su parte en él.
Fue entonces que hizo su aparición el profesor, dedicándole una sonrisa a su hija, la cual se sentaba, y haciendo lo mismo que ella.
-¿Mucho trabajo?- preguntó la joven, antes de llevarse el arroz a la boca.
-Ni te lo imaginas- confesó él-. Tu madre está insoportable.
Sue rió, intentando no atragantarse.
-¿Cómo está Sei?- le preguntó entonces, él.
-¿Sei?- tragó-. Parece que no tenga nada. Si no fuera por la voz nasal y que el termómetro dice que tiene fiebre, diría que está como siempre.
Sôichirô sonrió.
-Siempre ha sido muy enérgica- agregó.
-Y un verdadero incordio- añadió ella, llevándose arroz a la boca-. En eso se parece a mamá.
El moreno hizo ademán de toser, intentando tragar, al mismo tiempo que respirar. Sue soltó una risotada divertida, viendo como su padre intentaba no morir atragantado.
-¿Qué es tan divertido?- Yukino hizo su aparición en ese instante, poniendo los brazos en jarras y quedando frente a ellos en la mesa.
Sue calló al instante, aguantando la risa en una mueca y llevándose más arroz a la boca, evitando descaradamente el contestar.
-¡Y se hizo el silencio!- exclamó la pelirroja ante el mutismo de ambos-. Qué¿de repente la comida está muy buena o se os ha comido la lengua el gato?
Los dos esbozaron la misma sonrisa nerviosa, haciendo fruncir el ceño a la profesora. Se cruzó de brazos y tamborileó los dedos sobre ellos, con expresión severa.
-Bueno, en vista de que siempre os ponéis de acuerdo para dejarme a mi mal, pasaré de vosotros un rato, a ver que tal sienta.
Sôichirô amplió su sonrisa y Sue se limitó a alzar una ceja con escepticismo. Su madre era imposible que se mantuviera callada más de dos minutos seguidos.
-¿Cómo está Sei?- preguntó Sôichirô después de algunos minutos de silencio.
Yukino alzó la mirada y observó con el ceño fruncido a su marido, que sonrió nervioso.
-Ella dice que está bien, que no quiere estar en la cama. Pero tiene treinta y ocho y medio de fiebre.
-Esta enana debe de tener pilas recargables en el cuerpo. Nunca te das cuenta cuando se acaban y al cabo de un rato las tienes como nuevas.
-¡Sue, no llames enana a Sei! Sabes que no le gusta- la riñó la profesora.
-Sí, lo se, por eso se lo digo. ¡Está tan mona cuando se enfada…!
Por la cabeza de los dos adultos pudo aparecer una gran gota de sudor.
-A veces me olvido de a quién tienes por madre- exclamó Sôichirô con una sonrisa nerviosa.
La aludida le envió una mirada asesina a su marido, que hubiera caído fulminado si éstas mataran. Sue no pudo reprimir una carcajada, divertida con la situación.
-Me encanta cuando os peleáis como dos colegiales- espetó la adolescente mientras recogía su cuenco, ya terminado, y lo dejaba en el fregadero-. Hacéis que me ponga nostálgica- añadió con un fingido tono melodramático.
Casi al instante, los dos adultos pusieron cada de escepticismo mientras que otra gota, esta vez más grande que la anterior, les volvía a recorrer las nucas.
-Por cierto Sue- preguntó de pronto Yukino, recordando algo. La adolescente alzó las cejas en señal de escucha-. ¿A qué ha venido el "cuento" que le has contado a Sei?
-Ah, eso…- Sue se hizo la despistada.
-"Ah, eso" no, señorita- le espetó, severa-. ¿Cómo se te ocurre?
-¿Ocurrírsele qué?- Sôichirô, que llevaba perdido desde el inicio de la conversación, se atrevió a preguntar.
-Tu hija- empezó la profesora, poniendo especial énfasis en el posesivo-, no se le ha ocurrido otra cosa que explicar "nuestra historia", por así decirlo, a Sei, como si fuese un cuento infantil.
Sôichirô alzó las cejas con sorpresa y miró a la adolescente con curiosidad.
-¡Pensé que sería divertido!- exclamó, intentando justificarse- Tendríais que haberle visto la cara. ¡Estaba entretenidísima con el relato!
La mujer pelirroja resopló con frustración, sonrojada.
-En serio Sue. Es demasiado pequeña para que le expliquemos todo y…
-Yukino, deja de darle vueltas al asunto- la tranquilizó su marido.
-Pero…
-Pero nada, Yukino. Yo no le he dicho vuestros nombres, así que no tienes porqué preocuparte.
La mujer de Sôichirô miró un momento a su hija antes de resoplar.
-¿Cuantas veces te he dicho que NO ME LLAMES YUKINO?- le espetó, cabreada.
La aludida soltó un "¡Uups!" mientras salía disparada de la cocina, antes que a su madre le diera por intentar asesinarla. Caminó rápidamente entre risas hasta el perchero del pasillo y cogió su abrigo.
-¡Mamá¿Has visto mi bufanda?- preguntó, mientras buscaba sin resultado.
La aludida se asomó desde la cocina y la miró, curiosa.
-¿A dónde vas?
-A casa de Maho. Llamó hace un rato para preguntar por Sei y me dijo que le habían dejado a la tropa allí. Voy a ayudarla.
-¿Los niños?- preguntó, acercándose a ella. La joven asintió-. ¡Pero si está a punto de salir de cuentas¿Cómo se les ocurre dejárselos a ella?
-Se ve que iban a pedírtelo a ti, pero como Sei está enferma pues… Maho se ofreció.
-¡Que loca!- y, con intención de quitarse el delantal, añadió-. Voy contigo.
Sue se rió, sin poder evitarlo. No había querido decirle nada a su madre, porque sabía que reaccionaría de esa manera.
-Mamá, si vienes conmigo Maho se pondrá furiosa porque has dejado a Sei sola.
-Sôichirô puede cuidar de ella.
-Sabes que papá estará sumergido de nuevo en su trabajo y ya podría quemarse la casa que ni se enteraría.
-Pero…- quiso objetar la adulta.
-Mamá, ya voy yo. Tú quédate y no te preocupes. Si sucede algo ya te llamaré.
Yukino suspiró, derrotada. Cuando algo se le metía entre ceja y ceja a su hija no había manera de quitárselo de la cabeza. Odiaba que se pareciera tanto a ella.
-¡Aquí está!- Sue sacó de pensamientos a la profesora, que vio como la chica había encontrado la bufanda.
-¿Volverás muy tarde?
-No creo- empezó, mientras se envolvía la prenda en el cuello-. Cuando Hideaki vuelva o Tsubaki vaya a buscar a los gemelos. Con Kira no hay problema, y con Kisa tampoco, es lo más tranquilo que puedes encontrarte.
-De verdad… me alegro que se parezca a su padre.
Sue soltó una risita y se colocó el calzado.
-Me voy.
-Hasta luego. ¡Y llama!
Yukino se quedó mirando la puerta por la que acababa de salir la adolescente mientras suspiraba y se daba la vuelta, caminando por el pasillo y entrando de nuevo a la cocina.
-¿Y Sue?- preguntó un Sôichirô Arima terminando de comer.
-Ha ido a casa de Maho. Se ve que a los Tonami y los Shibahime no se les ocurre otra cosa que dejar sus queridos retoños con ella. Y no está Hideaki.
El profesor alzó una ceja con escepticismo.
-Pero… ¿Todos?
-Sí, todos, incluido Kira. Se ve que Rika lo había dejado con Tsubaki durante un par de días.
Sôichirô soltó un resoplido.
-¿Por qué no los han traído aquí?
-Por Sei, y Maho se ofreció. Ya sabes como se pone ahora cuando se le mete algo en la cabeza. El embarazo la ha vuelto demasiado tozuda.
-Habló- no pudo evitar añadir el moreno.
Por toda respuesta, Yukino le envió una mirada asesina, acompañada de una patada que dio directamente en la espinilla de él, para luego sonreír con satisfacción al ver la mueca de dolor.
-¡Au¿Por qué me das? Si tengo razón- se quejó Sôichirô mientras se sobaba la zona.
-Por burlarte.
-Yukino, pero si tú eres lo más tozudo que hay- el moreno esquivó una nueva patada de su mujer-. Y cuando estuviste esperando a Sei aún lo eras más, así que imagínate mi suplicio y el de Sue aguantarte los caprichitos.
-Será sólo tu suplicio, porque recuerdo que Sue se las pasaba mirando y riéndose de todo.
El moreno pareció darse cuenta de que lo que decía era verdad.
-Es cierto- afirmó, cruzando los brazos sobre la mesa-. ¿Con Sue también fuiste tan…?
Sôichirô no finalizó la frase. Hacía tiempo que no tocaban el tema de lo que había pasado tiempo atrás, pero no había podido evitar preguntarlo. Yukino chasqueó la lengua y se apoyó como él en la mesa, pero sin mirarlo.
-Bueno… realmente con Sue no tuve tiempo de ponerme así. Estudiaba al mismo tiempo y… no se, tenía demasiadas cosas en la cabeza.
Se llevó las dos manos a las sienes, masajeándoselas mientras resoplaba. Ciertamente, no le gustaba recordar sus errores ya que todo hubiera sido muy distinto desde el principio. Sôichirô estiró una de sus manos hasta alcanzar la de Yukino y cogerla entre las suyas, acariciándola con los pulgares. Sonrió.
-Yuki… no pienses en eso¿vale? Hace ya mucho tiempo- llevó su mano a los labios y depositó un beso en ella-. Yo ya ni me acuerdo, así que nada de preocupaciones.
La profesora no pudo evitar sonreír, con esa timidez que tan sólo Sôichirô hacía aflorar en ella. Se quedaron un rato así, con las manos entrelazadas y mirándose de frente, sin temores, con una sonrisa dibujada en los labios de ambos.
-Iré a recogerle la comida a Sei- murmuró, levantándose de la mesa sin soltarse de su marido.
Pero no pudo ir muy lejos, ya que cuando pasaba por su lado, Sôichirô le estiró del brazo, atrayéndola hacia él y haciendo que Yukino acabara sentada sobre sus piernas.
-¡Sôichirô¿Pero qué…?
La pelirroja no terminó de hablar, ya que al mirar a la cara a su esposo éste le respondió con una sonrisa dulce mientras la abrazaba por la cintura.
Y por un rato, tan sólo existieron ellos dos, disfrutando de su compañía mutua y aprovechando el tiempo que habían estado separados, a pesar de ya llevar largos años casados. Jamás se cansaban de sus demostraciones de afecto, eso sí, siempre en privado.
Yukino adoraba ver como Sôichirô se sonrojaba ante cualquier demostración cariñosa cuando estaban ante sus amigos, e incluso ante sus hijas, pero sabía que lo pasaba mal, y prefería esperar a que estuvieran solos para poder abrazarle o besarle con tranquilidad.
Sí, cuando estaban con otra gente, con tan sólo una mirada o una sonrisa ya podían descifrar cualquier mensaje. Y su relación abarcaba casi hasta poder leer el pensamiento al contrario.
El grito desesperado de niña procedente del piso de arriba les hizo salir del trance en el que estaban sumergidos. Yukino no pudo más que suspirar, mientras se levantaba de las piernas de Sôichirô y caminaba hasta la puerta.
-Voy contigo- le dijo repentinamente el moreno, levantándose del lugar y siguiéndola hasta la habitación de la niña.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
No me puedo creer que haga tanto frío… ¡Ni que estuviéramos en el polo norte! Debería haber cogido el otro abrigo más largo.
¡Hola a todos! Soy Sue, sí, la hija de Yukino y Sôichirô, y ahora tengo quince años, un padre, una madre y una hermana que más bien es la mascota.
¿Qué? Es cierto. Quiero mucho a Sei -no se lo digáis nunca, porque mi orgullo quedaría por los suelos- pero es taaaaaan divertido jugar con ella… parece un cachorrito. ¡De hecho lo es! No tiene ni seis años.
Mi vida desde que mis padres se reconciliaron ha sido muy tranquila. De hecho, demasiado. A veces hecho de menos la época en que estaban separados (de eso tampoco deberían enterarse mis padres, jeje) más que nada por las veces que los enredé. ¡Era tan divertido!
Pero también estoy contenta de tener una familia, ahora. Siempre había querido tener un padre, y ahora no puedo quejarme, ya que Sôichirô (por mucho que lo niegue) se desvive por mí. Claro, también por Sei¿eh? Ella es su consentida, cuando yo soy su orgullo.
Sí, sí, estoy alardeando mucho, pero es que tengo méritos para que esté orgulloso de mí: a pesar de que este año debería haber acabado la secundaria, ya llevo un año en el instituto. Me adelantaron un curso, y no me extraña, con los padres que tengo… todo unos cerebritos en su época.
Bueno, la vida desde entonces es bastante monótona. Al final todos se casaron, y casi todos tienen hijos. El más reciente será el de Maho y Hideaki. Que por cierto, ya estoy llegando a su casa, espero que la tropa no haya acabado con la pobre Maho.
Con la tropa, me refiero a Kisa, Rei, Sakura y Kira.
Y os preguntaréis… ¿Quiénes son esos? Pues bien, ahora lo veréis, porque estoy frente a la puerta de los Asaba, esperando a que Maho me abra. Pobre, con la barriga que tiene…
-Hola, Sue- me contesta una vocecita dulce. Donde tenía que estar una mujer adulta, sale una chiquilla bastante más pequeña.
-¡Kisa!- la saludo con una sonrisa, entrando en la casa-. No me esperaba que abrieras tú. ¿Y Maho?
-Está regañando a Rei y Sakura por haberse escondido en su armario.
-Esos mellizos… Vamos dentro.
La niñita pasa delante de mí mientras yo me quito el abrigo y me doy cuenta de que tras su espalda se esconde otra personita. Me mira y me sonríe tímidamente con sus ojitos castaños.
-¡Hola Kira!- saludo al niño poniéndome a su altura. La otra niña se gira y le da la mano.
Lo que hablábamos antes mí madre y yo es muy cierto: Kisa es un cielo de niña. Rubia, de ojos verdes, un clon de Tsubasa en miniatura, vamos, pero con un carácter completamente diferente, ya que es más como su padre. Aunque a veces me da por pensar que es hija del vecino, porque Kazuma tiene cada salida que me da por pensar que es más madura su hija que él.
Por otro lado también está Kira, un niño guapísimo de solamente cinco añitos. Otro clon de su madre, Rika: con el pelo y los ojos castaños. No entiendo como puede llevarse bien con los gemelos ya que, al igual que Kisa, este niño es lo más tranquilo y apaciguante que hay.
¡Y no se separa por ningún motivo de Kisa cuando está con ella!
-¡No volváis a meteros ahí!- esa es Maho, sermoneando a los dos niños. Música para mis oídos, vamos.
-Buenas tardes, Maho- la saludo, entrando en la habitación.
-Ah, que bien que llegas, Sue. Pensé que me volvía loca.
No puedo evitar soltar una carcajada. No me extraña que piense eso, ya que teniendo que cuidar a semejantes criaturas es normal pensarlo, y más aguantando un peso doble.
Maho está radiante, a pesar de su cara de mal humor y la enorme barriga. Los años no han pasado para ella: sigue con su pelo negro, completamente liso e igual de largo que tiempo atrás. Lo único diferente es que ya no tiene esa expresión fría en los ojos.
-Estarás cansada, mejor ve a sentarte, no vaya a ser que se te adelante el parto por los nervios.
Ella remuga por lo bajo, pero obedece, saliendo de la habitación hacia la sala.
Bien, ahora estoy yo sola con ese par de diablillos que me miran con ojitos de "Yo no fui…" vamos, que no cuela ni de coña.
-¿Qué hacíais para tener a Maho tan enfadada, mocosos?- les pregunto aunque ya lo sepa, poniéndome las manos en la cintura y con la expresión severa que he aprendido de mi madre.
-Pues…- empieza Rei.
-Hemos jugado al escondite…- sigue su hermana, Sakura.
-Y yo me he escondido en el armario- vuelve a decir Rei. Esto parece un partido de tenis. ¿Por qué no hablará uno y ya está?
-Y yo le he encontrado y nos hemos puesto a jugar…
-Un momento, un momento. ¿A jugar dentro del armario?
Los dos niños me responden asintiendo y con una sonrisa socarrona. Yo no puedo hacer nada más que suspirar. Siempre me hacen reír, porque me recuerdan a mí cuando era más pequeña.
-Escuchad- empiezo a decirles, agachándome hasta ponerme a su altura. Ellos me miran con atención-. Hoy tenéis que portaros bien, porque Maho no puede estar de un lado para otro…
-¿Le pasa algo a la tía Maho?- pregunta Rei.
-Bueno, digamos que sí, pero se le pasará de aquí poco. Es por eso que hoy hay que ser buenos niños y ayudarla en todo. ¿Sí?
Los dos mellizos se miran, como analizando la situación, y después asienten, con una sonrisa.
-Pues ale, al comedor, que ahora os pondré algo en la tele.
-¿Has traído películas?- Sakura me mira, con emoción-. ¡Yupi¡Kisa, Kira¡Vamos a ver películas!
Los dos se van corriendo gritando a los demás niños, y yo voy detrás. Los adultos no lo saben, pero a la única persona a la que los mellizos hacen caso sin rechistar es a mí. Pero… ¡Shh! Eso no debe saberlo nadie.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Ahora, cuando todos los niños están ya entretenidos, parecen unos angelitos. O mejor dicho, unos diablillos dentro de esos cuerpecitos inocentes y angelicales.
Y me río de mi misma ocurrencia. ¿Cuándo yo era más pequeña era igual de revoltosa?
Puedo oír a mi madre diciéndome que yo le había dado mucha más guerra que Sei. ¡Pero era normal! No estaba papá por entonces…
-¿De qué te ríes?- Maho aparece a mi lado, con su expresión natural ahora habitual junto con la curiosidad.
-De nada en particular- le contesto encogiéndome de hombros. Me cruzo de brazos y hago un gesto con la cabeza señalando a los niños-. ¿A que parece que no hayan roto nunca un plato?
-Uno detrás de otro, querrás decir- me corrigió Maho.
-Hablaba en sentido figurado.
-Y yo en real, pero es que hoy un poco más y me rompen la vajilla entera.
-¡Shh¡Que no se oye!
Los gemelos tenían que ser. Me acerco al "inocente" grupo y le cedo el mando de televisión a Kisa, ante la protesta del resto.
-¿No estabais viendo la película? A callar- les espeto. En realidad me he recordado a mi madre al hablar así. Ug…
-¡Pero es que no oímos…!
¿Y siguen rechistando¡Pues se van a enterar…! Estoy a punto de soltarles algo, cuando Maho tira de mí.
-Vamos a la cocina, Sue- me dice-. ¡Vosotros a lo vuestro, y estad quietecitos!
Los niños se callan. Es increíble. ¿Cómo lo hacen las madres¿Tienen un chip o algo? Mirad que yo sé controlarlos pero siempre con sobornos y demás. Sin embargo, cuando Maho ha dado una voz, han obedecido sin rechistar. No sé para qué necesitaba mi ayuda, entonces…
-Eres tú peor que ellos- me dice con una risa al llegar a la cálida cocina.
¿Peor que esas reencarnaciones de Satanás¡Ja!
-Me ofendes- le espeto, evidentemente, haciéndome la ofendida.
Ella solamente me da un par de palmaditas en el hombro. Un momento¿qué ha querido decir con eso?
-¿Quieres un té?- me pregunta, con evidentes intenciones de hacerlo ella.
-Café mejor- le corrijo, levantándome de la silla en que me había sentado-. Y lo hago yo. Tú descansa de niños.
-¿Descansar¡Pero si tú eres la más difícil!
Le dedico una "cariñosa" mirada asesina a la futura madre mientras ella se carcajea, divertida.
-¿Por qué la diversión siempre la encuentran otros?
-¿Otros¡Pero si siempre eres tú la que lo pasa bien a costa de todo el mundo!- me dice, aún riendo. ¿Tanto se nota? Es que es muy divertido-. Sobre todo con tus padres.
Oh, que razón tiene… me acuerdo cuando era más pequeña. Adoraba enredar a papá y a mamá.
Maho me mira alzando una ceja. ¿Qué le pasa? Bah, qué más da.
-Parece que fue ayer cuando les metía en situaciones comprometidas…
-No ayer, pero sí la semana pasada.
Me quedo quieta. ¿Cómo sabe ella eso? La miro y me sonríe socarronamente. No será…
-Te lo ha dicho Yukino- digo como afirmación, poniendo especial énfasis en el nombre de mi madre-. Está claro que no se puede quedar calladita.
-Sip- ¡Eh! Eso ha sonado a imitación. ¿Dónde quedó el Copyright(1)?-. Al parecer ella había ido a tu instituto a hacer una charla ¿no?- afirmo con la cabeza a regañadientes-. Chica, te compadezco. Seguro que puso el grito en el cielo.
Suelto un gruñido por respuesta. ¿Qué más puedo hacer? Fue frustrante para mí.
Y os estaréis preguntando qué era todo eso¿no? Bueno, que sepáis que no lo explico por gusto, porque no fue nada agradable
Resulta que mi queridísima Yukino, nótese la ironía y el sarcasmo en el adjetivo, no me había comentado que iba a ir a MI instituto para dar una charla a los del último curso. Pues no pasa nada, diréis, no era mi curso¿no?
Pues a la muy… no se le ocurrió otra cosa que esperarme al salir. ¿Desde cuando a una chica adolescente le gusta que su madre la espere en la salida, por muy profesora o enrollada que sea? Me parece que a ninguna.
Cuando salió me vio toda feliz con… mi novio. Sí, mi novio ¿qué pasa¿Es que una no puede…?
Pues bien, os podéis imaginar el panorama: Yukino, una madre protectora, vanidosa y responsable -¡eh! Que es lo que ella dice¿vale?- ¿qué hará cuando vea a su hija mayor en manos de un "inmaduro e irresponsable crío" y "más mayor que tú"?
¡Premio! Sabía que lo acertaríais. Casi se desata la III Guerra Mundial. Me estuvo comiendo la cabeza todo el viaje de vuelta –que por supuesto no me dejó hacer con Ren-. Yo, por supuesto, ya estaba preparada para algo parecido, así que fue lo que hice, soltarle un par de "tú tuviste novio a la misma edad" y "te quedaste embarazada muy joven". Se calló enseguida, eso si, no dejó de gruñir.
-Ren se quedó de piedra, y eso que le había avisado. Pero bueno, le salió el tiro por la culata.
-¿Por la culata¿Cómo fue eso?- preguntó la morena, con evidente curiosidad. ¡No era para menos!
-Pues que cuando llegamos a casa fue toda dispuesta a contárselo a mi padre.
-Ahh… ¿Y qué dijo Sôichirô?
-Nada, porque ya lo sabía.
Y ahí llega la reacción: Maho abre los ojos y suelta una risa asombrada y divertida. Era evidente, ya que no todos los días se puede ver a una Yukino frustrada e indignada.
-Me hubiera gustado ver eso.
-Y a mi, se lo dijo sin que me diera cuenta. Lo llego a saber y llevo la cámara de vídeo. Mi padre puede darte más detalles.
Maho suelta una carcajada y le sirvo el té mientras yo me bebo el café casi de un sorbo. Necesito mantenerme despierta ya que esta noche me toca estudiar a fondo.
-¿Cómo está Sei?- pregunta, entonces, Maho.
-Pues bien. Cualquiera diría que tiene fiebre. Ni las pilas duracel tienen tanta energía.
Maho suelta una risita pero me doy cuenta de que me oculta algo. ¿Qué se le estará pasando por la cabeza?
-A ver, dime qué es lo que piensas.
Y chasquea los dientes. ¿Está dudando en si decírmelo o no?
-¿No se os ha pasado por la cabeza que Sei puede estar fingiendo? Podría ser por alguna cosa que le haya pasado en el colegio o simplemente por llamar la atención. Por lo que sé, no es normal que cuando se tiene fiebre se tenga tanta energía, más bien siempre sucede al revés.
Me quedo callada meditando lo que ha dicho. Eso… eso…
¡Eso tiene TANTO sentido…!
-Hablaré con mi madre.
-No hará falta- …no, otra vez ella no.
Mi madre acaba de entrar a la cocina. Al final ha venido cuando le dije que se quedara en casa. ¿Es que nunca escucha a nadie que no sea ella misma?
-¿Qué haces aquí¿Cómo has entrado?- le pregunto. Es verdad, no hemos oído ningún timbre, y creo que aún no ha desarrollado la capacidad de aparecerse en los sitios.
-Con esto- enseña una llave-. Maho me la dio cuando se puso de baja en el trabajo. Así podría ayudarla cuando fuera.
Miro a la aludida con el entrecejo fruncido. ¡Vaya ganas de darle ese poder a mi madre!
-¡Me insistió en que le hiciera una copia!
-Bueno, qué más da.
Es increíble. Mi madre parece que no tenga suficiente con tener "poder" –o intentar tenerlo- en casa, sino que ahora se va a las de los demás. ¡Pero qué geta!
-Hablabais de Sei¿no?- pregunta mientas se sienta a la mesa con nosotras.
-Sí. Yukino¿tú no has notado nada extraño en ella? A parte de la fiebre, digo.
-¿Estar a más de treinta y ocho grados y que parezca que le han dado esteroides se considera raro?- no he podido evitar ese comentario, jeje.
-¡Sue!- ya me esperaba venir una reprimenda, así que ya me había levantado para hacerme otro café-. Bueno, ciertamente es extraño que tenga tanta energía, pero pueden ser las hormonas ¿no?
-Sí, o también que no quiere ir al colegio por alguna cosa. Los niños de hoy en día a una cosa pequeñita hacen que parezca una montaña.
-¿Has estado hablando de la maternidad con Rika?
-¿Tanto se nota?- confiesa. Si es que se le había visto el plumero desde hace rato-. Quiero estar informada. La psicología infantil es complicada.
-Sí, sí, sí- le corto-. Pero nos estamos yendo del tema.
-Me extrañaría mucho que Sei estuviese… fingiendo. Vamos, ella misma me dice que se encuentra bien y que no quiere estar en la cama. No creo que eso sea para encubrirse¿no?
-Se te olvida a quién tiene por madre- opina Maho en voz bajita y sin mirar a Yukino.
Y claro, yo no puedo evitar soltar una carcajada ante ese comentario. ¡Cuanta razón tiene! Ha dado directamente en el clavo. Ahora mismo, y si las miradas mataran, Maho sería cadáver descompuesto a causa de la de mi madre. ¡Qué poco sentido del humor tiene esta mujer!
-¿Y cómo es que has venido Yukino? Pensé que te quedarías cuidando a Sei.
-Sí bueno…- ya está mi madre buscando excusas para no decir que estaba preocupada por ella-. Después de comer se ha quedado dormida y Sôichirô me ha dicho que se encargaba él, así que me he venido. ¿No te ha dado guerra esta mocosa?
¿Mocosa¿¡Mocosa¿¡Me ha llamado mocosa!? Ahora la que sería cadáver milenario sería Yukino. Sería tan placentero estrangularla en este momento…
Nota de Sue: Niños, no intentéis esto en casa que esto es un fic y mi madre inmortal. Además la imaginación es muy buena para éste tipo de situaciones
Volviendo a la historia después de esta breve nota, ahora es mi madre la que me sonríe con satisfacción. ¡Será…! Pues no va a quedar así.
-¿Guerra¡Qué va! Si hasta que no ha llegado ella me ha sido imposible domar a esa manada.
Mentira. Graaaan mentira. Maho me guiña un ojo disimuladamente. Los tenía domados desde el principio, no necesitaba mi ayuda para nada.
-Me extraña mucho- contesta la que yo consideraba mi madre, alzando una ceja.
-Que te dé guerra a ti no significa que se la dé a los demás.
¡Y van dos!
¿Sabéis? Me encantan estas guerras sin sentido con mi madre. Papá siempre se pone nervioso cuando nos peleamos delante de él, aunque no interfiere. Pero es que me lo paso taaan bien… Yukino se enfada en serio, y creo que se piensa que yo también pero es que me meto mucho en el papel, a pesar de que haya comentarios que, evidentemente, me molestan.
-El caso- irrumpe el silencio Maho, tras una risa divertida- es que Sei podría estar fingiendo, así que deberías comprobarlo.
-Ya pero…- mi madre se ha vuelto demasiado insegura muchas veces- ella sigue diciendo que se encuentra bien y que no quiere estar en la cama…
-¡Eso es un farol!- claramente eso lo he dicho yo.
-Sue…- joder¿es que no voy a poder decir nada?
-Ella tiene razón, Auki. Sei podría estar diciendo eso para encubrirse precisamente.
Vaya, no puedo evitar sonreír al oír como Maho me da la razón. ¡Y encima me lee la mente! Es justo lo que estaba pensando. Sei puede ser muy buena actriz a pesar de la edad que tiene. ¿Acaso mi madre no hacía lo propio siendo aún más pequeña?
Un estruendo nos saca a todos de cavilaciones. ¿Qué habrán hecho ya los diablos en potencia?
Nos levantamos casi como un resorte –bueno, Maho tarda más porque su barriga se lo impide- y vamos al comedor, donde nos encontramos a Rei y Sakura pelándose por el mando a distancia que, al parecer, han logrado quitarle a Kisa a pesar de todo. Ante la escena, no puedo evitar reírme, pero mi madre me lanza una mirada desdeñosa y tengo que callarme. ¡Qué asco!
-Rei y Sakura Tonami- uy, el tonito de Maho no me gusta nada. Mejor me aparto y contemplo el espectáculo. ¿Dónde estarán las palomitas?-. O soltáis ahora mismo ese mando u os encierro en el lavabo lo que resta de tarde. Y no va en broma.
¿Eso es una amenaza? Joder, me esperaba más de Maho. A parte¿encerrados en el baño¿A quién le va a dar miedo eso?
-Y os advierto, de que tengo dos baños, y uno de ellos está estropeado, sin luz y sin agua- añade.
Vale, si yo fuera una niña de siete años… creo que tendría un poco de miedo. Y Rei parece que empieza a tenerlo, pero Sakura se resiste, como siempre. De Sakura lo puedo entender, pero de Rei… bueno, siempre me sorprenderá que sea precisamente él el que le tiene miedo a la oscuridad cuando siempre va alardeando de que es el mayor de los dos –ni que sea por un par de minutos- y diciendo que tiene que proteger a su hermanita, que en realidad sabe protegerse muy bien solita.
Muy a regañadientes al final Sakura acaba soltando el dichoso mando a distancia. Rei se ha quedado calladito –recordaré eso de porvida porque dudo que vuelva a verlo en mucho tiempo-, Kisa simplemente mira la escena desde el sofá con Kira al lado completamente cogido a su brazo. ¡Qué monada de niño¿Por qué no me habrá tocado algo así y no el mono que tengo por hermana?
-Deberíais controlaros cuando no estáis en vuestra casa- ya está mi madre dando sermones… joder, es que no se puede estar calladita.
Y ahora el timbre. ¿Serán el proyecto de padres a buscar a esos demonios en potencia? Si se quedan Kisa y Kira no me importa, me lo paso en grande con ese par.
-¿Nadie va a abrir la puerta o qué?- pregunto, ya que Maho y Yukino continúan sermoneando a los hermanos. Las dos me miran, así que con un resoplido me levanto.
¡Siempre yo! Luego dicen que no me tienen de chacha, que va. ¡Si le hago la faena a las dos!
Así que camino hastiada por el pasillo hasta el recibidor y abro la puerta, esperando un eufórico saludo por parte del matrimonio Tonami o Shibahime, pero cual es mi sorpresa al ver a mi padre con su sonrisa característica cargando a Sei en brazos.
Y mi cara debe de ser todo un poema porque mi hermana suelta una carcajada al verme y mi padre… bueno, digamos que le hace compañía.
-Ni que hubieras visto un fantasma- me dice, dándome un golpe la nariz antes de pasar adentro.
Yo es que no puedo salir de mi estupefacción. ¿Qué hacen aquí? Es más… ¿Sei no estaba mala? Si al final… lo que ha dicho antes Maho va a ser verdad y todo…
-Está tu madre ahí dentro¿cierto?- me pregunta, con un tono más serio, lo que me hace pensar que no voy tan desencaminada en el tema, ya que Sei parece que también está… como asustada. Joder, mamá da miedo, pero no creo que la devore para cenar. A parte, que tal vez se le atragantaría y todo…
-Sí, está metiendo bronca a los Tonami junto con Maho. Parece que es el hobby de las dos cuando están juntas: si no meten baza, no son felices.
Mi padre sonríe levemente, pero sé que algo extraño pasa. A parte, se ha traído a Sei… me saca de quicio esta mocosa que tiene a mi padre dominado. Arg…
Camino un par de pasos hacia el comedor, pero mi padre no me sigue. Me hace una señal de que quiere que avise a Yukino. Supongo que no querrá montar un espectáculo con los críos delante, así que me encojo de hombros y entro al salón donde mi madre y Maho continúan cebándose con la manada, o mejor dicho, con la parejita de hermanos que ahora muestran su cara de "yo no fui".
-¿Quién era?- pregunta la pelirroja con melena al viento… mi madre, vamos.
-Ves al recibidor, te espera una sorpresita- le digo simplemente.
Me da muchísima rabia cuando me preguntan esas cosas. Siempre me hace lo mismo. Por teléfono igual. Llaman, lo cojo yo y cuando se lo doy porque es para ella me pregunta un "¿Quién es?". ¡Joder, y yo qué sé¡Cógelo directamente y lo averiguas, ostras!
En fin, ella se va y la oigo exclamar un "¿Sôichirô…?". Puf, la que se va a armar…
-¿Pasa algo?- esa es Maho intrigada, como no. Parece que el embarazo le ha disparado la vena cotilla.
-Nada. Parece que al final tendrás tú razón y todo.
La pelinegra me mira y hasta casi puedo ver un interrogante detrás de su cabeza. ¡Parece una adolescente cuando pone esa expresión!
-Mi padre ha venido con Sei.
Con sólo decirle eso, ya ha entendido lo que quería decir y frunce los labios con algo de preocupación. No si tengo razón cuando digo que el instinto maternal que ha desarrollado Maho me abruma cada vez más. ¿¡Cómo puede preocuparse por lo que pueda pasar con Sei!? Si esto mi madre lo arregla en un periquete.
Así que se gira y sigue con los niños. Realmente creo que es una cotilla con ganas de noticias frescas, pero bueno, al menos se consuela pudiendo reñir a la manada. ¡Y yo me divierto con ello!
Pero hay un problema, y es que estos críos han salido a sus respectivos padres, es decir: son unos cotillas acabados que quieren enterarse de todo. Por lo tanto ahora Maho y yo estamos siendo observadas por cuatro niños sedientos de información.
¡Yuhu…! –Nota de Sue: leed esto con gran sarcasmo-.
-¿Por qué ha venido el tío Arima?
-¿Qué le ha pasado algo a la tía Arima?
-¿¡Ha venido Sei!?
-¡Sí, eso¿¡Ha venido Sei!?
-¡¡Queremos jugar con ella!!
-¡¡Callaos!!
…os pensaréis que lo he dicho yo¿no? O Maho.
Pues os equivocáis.
Primero os situaré. Los que hicieron tantas preguntas han sido únicamente el par de clones. Kira y Kisa se mantenían a un margen, pero entre tanto grito, Kira se estaba a punto de poner a llorar y pronto lo veía escondido bajo la falda de Kisa.
Así que ésta, ni corta ni perezosa, le abrazó y había usado sus pequeños pulmones para pegar un grito de mil demonios que nos dejó a todos patidifusos. ¡Si hasta se han asomado mis padres y mi hermana desde el recibidor¿En serio que Kisa es hija de Kazuma y no del butanero?
-¿Qué demonios…?- empiezo, pero Maho me tapa la boca. Ya estamos con eso de "no maldecir delante de los niños". ¡Cansina!
Y Kira rompe a llorar definitivamente. Todos nos lo quedamos mirando y Kisa intenta abrazarlo de nuevo, pero el niño se ve que se ha asustado más con el grito de ella que con el de los otros dos, así que ahora está inconsolable. O casi. Porque aparece mi hermana de la nada y le abraza.
Otra explicación: después de Kisa, Sei es la única a la que Kira deja acercare. Los clones le dan miedo. Así que como el pobre crío está llorando de esa manera tan afligida mi hermana ha ido en su ayuda. ¡Qué excusa más buena para librarse de la regañina de mi madre!
-Tsk, maldita enana…- murmuro mientras me cruzo de brazos.
-¡No me llames enana!- vaya, el diablillo con el que comparto sangre tiene el oído demasiado fino. Tsk-. Mamá, dile que no me llame enana.
-Sue, no llames…
-¡Anda ya¿¡Le vas a hacer caso a esta enana sin rechistar!?
-Sue…- vale, ara el que interviene es mi padre, con un tono severo pero… no sé, dulce. Siempre acabo cediendo delante de él, no sé por qué.
Así que resoplo y me quejo por lo bajo mientras me cruzo de brazos, pero sin decir nada al respecto. Joder, ahora de golpe y porrazo me entra el sofoco. ¡No me exptraña! Con la de gente que hay aquí… sería el remate que apareciera la tropa de matrimonios a buscar a sus respectivos hijos.
-¡Buenaaaaas!
…
Si antes lo pienso, antes aparecen. ¿Para qué diré nada? Ni que sea mentalmente.
-¡Papá, mamá!
Esos son los clones. Rei corre y se cuelga del cuello de su madre, una igualita Tsubaki, mientras que Sakura hace lo propio con Takefumi.
-Hola a todos- saluda de nuevo Tonami-. ¿Qué hace tanta gente congregada aquí?
-Pues a parte de vigilar que tus hijos no desaten la 3ª Guerra Mundial… nada en particular.
Todos sueltan una carcajada. Si es que tengo unas ocurrencias…
-¿Sabéis algo de Tsubasa y Kazuma?- pregunta mi madre.
-Sí, hace un momento les hemos visto. Han ido a aparcar el coche.
-Pues de aparcar el coche nada, que no hay sitio- Tsubasa Shibahime aparece en escena. ¡Otra más!-. Kisa, recoge tus cosas que nos vamos.
Y la niña obediente, asiente con la cabeza y hace lo que le dice.
-¿Por qué no vamos a dar una vuelta, todos?- sugiere Tsubaki.
-Sí, o venid a casa, que Kazuma está algo cansado y charlamos allí.
-¿Y Kira¿Vendrá Rika a recogerlo?- pregunta mi padre. Joder, esto parece un maldito partido de tenis.
-Dijo que acabaría tarde del trabajo- contesta Tsubaki. No sé por qué, pero no me sorprende que lo sepa.
-Pues nos lo llevamos nosotros- dice mi madre.
-¿Quién lleva a Maho?
-Nadie- contesta la aludida, cortando a todos.
Ahora mismo reina el silencio. Me quedo mirando a la morena, que tiene una mueca rara en la cara y agarra con fuerza el respaldo del sofá.
-¿Maho?- le pregunta mi madre.
Nadie dice nada, pero todos la observamos. Cuando yo estoy a punto de volver a preguntarle, veo que una pequeña zona del suelo, la que rodea a Maho, está mojada.
-¡¡Ha roto aguas!!- espeto con sorpresa.
Entonces Maho suelta un quejido y se agarra la barriga.
-¡Joder¿¡Está de parto!?
-¡Hay que llevarla al hospital!
De repente la habitación es un completo caos. Mi madre da órdenes a diestro y siniestro –como no-, mi padre se encarga de ayudar a Mahi a coger su chaqueta y salir por la puerta mientras ésta grita que cojan las cosas para el bebé y que avisen a Hideaki. Tsubasa se las apaña con los niños y Tsubaki y Takefumi salen corriendo.
-¡Eh¿Quién avisa a Asaba?
-El teléfono de su trabajo está en la mesita, llámalo.
Perfecto. Ahora tengo que hacerlo yo… en fin, qué le voy a hacer. Camino hasta el teléfono y marco el número que hay en el papel.
-Hola¿Asaba?- la voz al otro lado me confirma que sí, lo es-. ¡Soy Sue! Llamo desde tu casa. ¡Ven al hospital¡¡Maho está de parto!!
…FIN…
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(1): Sue dice lo del Copyright porque ella de pequeña siempre decía Shi, en vez de Sí. Un comentario de lo más tonto y adecuado a una adolescente de quince años.
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Notas de la autora: Bueno, pues… aquí tenéis el primer y último epílogo. No voy a escribir más sobre Later.
Aunque muchos me diréis que no he aclarado nada de nada lo que pasó hace años con Yukino y Sôichirô¿no¡Tranquilos! En éste epílogo, como habéis podido comprobar, no pegaba para nada la explicación. No me matéis, que os he adjuntado también un Omake, es decir, como un epílogo cortito en que os hago la aclaración XD una sola escena.
Pero igualmente, os pondré un poco de cronología para que no os liéis XD que yo me tuve que hacer un esquema con todo lo que pasó xD aunque creo que… me va a costar lo suyo… ú.u mejor os pongo la última cronología, la de los hijos y tal… XD para que no os liéis con las edades.
Amos a ver…
¿Qué fue de nuestros personajes?
Yukino y Sôichirô
Se casaron en junio, al año siguiente de la boda de Tsubaki y Tonami, cuando Sue tenía casi nueve años.
Yukino se queda embarazada en julio. El veintitrés de abril del año siguiente nace Sei.
En el epílogo, Sue cuenta la historia seis años después, cuando tiene quince. Sei casi seis años.
Tsubasa y Kazuma
No cambia nada con ellos, simplemente que su hija, Kisa, nace a principios de octubre. En el epílogo tiene ocho años.
Maho y Hideaki
Se casan en agosto, el mismo año que Yukino y Sôichirô. En el epílogo está embarazada y a punto de dar a luz.
Tsubaki y Takefumi
Tsubaki se queda embarazada el mismo mes de nacer el hijo de Tsubasa y Kazuma, y en julio (poco antes de la boda de Yukino y Sôichirô) nacen los hermanos Rei (niño) y Sakura (niña). En el epílogo tienen siete años.
Rika
Dueña de su propia consulta psicológica se queda embarazadaun año después de nacer los hijos de Tsubaki y Takefumi. Es del mismo año que la hija de Yukino y Sôichirô. El niño se llama Kira y en el epilogo tiene cinco años.
Aya
Tiene un noviazgo con uno de sus editores y sin planes de futuro.
Seishi Hato
Por si a alguien le interesa, se casa con una ex compañera de facultad, conocida de Yukino.
……………
¡¡Pues ale!! Se acabó lo que se daba. Os dejo, como he dicho antes, con el Omake, para que no me matéis y tal xDDD pero el fic, por fin, está acabado.
Pues nada más que añadir. Muchas gracias por leerme. ¡Hasta siempre!
-Hikari Katsuragi-
