TIEMPO Y SEÑALES

Una explosión sacudió la primera planta de la casa seguida de un tumulto, como de una estampida. Segundos después, tres vampiros aparecían corriendo a lo humano con cara de desquiciados y cabellos realmente desordenados. Dos minutos después, un gritó resonó en toda la casa.

- ¡MAMÁ!

Esme Cullen apareció unos pasos separada de las escaleras con cara de susto y una mano en el pecho. Si bien su corazón no latía, ella sentía su pulso a veces, o mejor dicho, muchas veces. Sus hijos varones eran revoltosos, pero todos sus hijos masculinos. El más serio, por supuesto, era Edward, pero él siempre terminaba siendo arrastrado por los demás.

- ¡EMMETT CULLEN! -resonó en toda la casa.

Ese grito fue como si hubiesen disparado un cañón. El aludido puso cara de terror y salió como bólido de la casa seguido de un borrón proveniente del piso de arriba.

- ¡JASPER HALE CULLEN! -se oyó del mismo modo.

Este caso no fue la excepción. El rubio salió corriendo como bala por el lado opuesto del escape de Emmett y lo siguió otro borrón proveniente del mismo lugar.

Edward, por un momento, puso cara de alivio… pero cambió a otra de pánico cuando oyó los pensamientos de su madre. Tragó veneno preparándose para lo que se le venía.

- ¿Se puede saber qué hicieron ahora? -exigió su madre con cara de enojo.

No era la primera vez que pasaba eso. Los tres hijos varones del matrimonio Cullen eran revoltosos. Desde que habían descubierto otras cuantas maneras de que Sakura hiciera magia accidental, la casa se había vuelto un campo de batalla diario. Emmett y Jasper se habían puesto a la carrera de cuál de los dos hacía que el única humana y bruja de la casa hiciera magia. La cosa siempre terminaba así: un estruendo, una fuga doble, una persecución doble, castigos y regaños. La pobre de Sakura era siempre la víctima, Emmett y Jasper apostaban usándola como blanco, Edward era el árbitro y el que recibía los regaños de Esme, los otros dos vampiros eran castigados por sus mujeres y Carlisle terminaba siendo el único ajeno a todo… Porque sus tres hijos vampiros machos se las ingeniaban para cubrirse. A veces, a Esme le daban ganas de irse a Volterra para que los Vulturis la mataran, todo por los inmaduros de sus hijos.

- Jasper le lanzó juguetes a Sakura, pero Emmett prefirió arrojarle muebles. Lo que provocó la explosión fue un ropero al salir disparado por una ventana de vidrio en el propio cuarto de Emmett -soltó Edward.

Esme abrió los ojos como platos y corrió afuera de la casa. Ahogó un grito al ver un ropero hecho trizas en el piso y las ropas del mismo Emmett y Rosalie esparcidas por todos lados. Levantó la vista y vio un gran agujero donde estaba antes un enorme vidrio. Entró a la casa, fue al cuarto del matrimonio y ahí sí que pegó un grito.

- ¡ROSALIE, SI QUIERES MATAR A EMMETT, TIENES MI PERMISO Y APROBACIÓN! -gritó histérica y muy furiosa- ¡ALICE, COMPRA TODA LA COMIDA HUMANA QUE PUEDAS Y HAS QUE JASPER SE LA COMA TODA!

Daba mucho miedo ver a Esme así. Edward supo que nunca se vería como una vampiresa de verdad después de eso.

Entonces, otro grito hizo que Esme volviera a ser la adorable madre de antes y Edward agradeció a la autora de dicho grito.

- ¡MAMÁ! -gritó Sakura.

Esme se calmó en segundos y salió disparada de esa habitación destrozada a la muy desordenada habitación de la más pequeña de todos. Sakura y Edward eran los hijos favoritos de Esme. Cuando llegó al cuarto, se volvió a enojar, pero priorizó a Sakura sobre lo demás. Fue hacia la pequeña, la levantó de entre todos los juguetes y la acurrucó en su pecho.

La pequeña había crecido. Ya no era una bebe, era una niña. El día anterior habían festejado su cumpleaños número siete. Sakura se estaba convirtiendo en una hermosa niña, una angelita muy traviesa aunque también tranquila. Cuando Emmett y Jasper no estaban, Sakura se portaba muy bien y era menos revoltosa. Esme sabía que Emmett y Jasper lo hacían tan revoltosa como ellos, a los dos les encantaba que su hermanita sea así. Querían hacerla una rebelde.

No obstante, había algo que sólo Emmett, Jasper y Sakura sabían. Emmett y Jasper habían conspirado para que, cuando Sakura ya fuera mucho más grande, Edward no pudiera manejarlo. Los primeros dos vampiros eran controlados por sus parejas, pero como Sakura no lo era, sería la más rebelde de la familia… esa que le daría dolores (por no decir hasta jaquecas) de cabeza a Edward. Sakura debía ser indomable para Edward. Por supuesto, la bruja lo sabía y consentía todo. La pequeña bruja se había dado cuenta de algo que decían sus hermanos vampiros.

Edward era un insoportable sabelotodo. Eso no era todo. Sakura había hecho una lista que pensaba seguir con el pasar de los años.

Edward era:

Mojigato.

Amargado.

Aguafiestas.

Bipolar.

Exasperante.

Angustiante.

Según Emmett y Jasper la mejor cura de Edward era tener a alguien capaz de hacerle la vida imposible y Sakura iba a ser su arma secreta más poderosa… Dicha arma, estaba feliz de ser "LA PRIVILEGIADA" o "LA ELEGIDA", como lo llamaban Emmett y Jasper en secreto.

Esme le entregó la niña a Edward para ordenar la habitación de Sakura. Edward bajó con su hermanita y puso la televisión para la pequeña bruja mientras lo observaba. Se le ocurrió darle algo para que comiera y fue a la cocina a hacerle palomitas, mantenía vigilada a Sakura con sus sentidos vampíricos y con su don. Los latidos de su corazón eran tranquilos como su respiración y por sus pensamientos supo que la niña se había tranquilizado del escándalo gracias al abrazo de Esme. Cuando volvió con las palomitas, lo encontró sentada y quieta en el sofá, sus labios estaban entreabiertos y parecía hipnotizada por lo que veía. Nunca la había visto tan interesada y concentrada por algo televisivo. Cuando estuvo detrás de ella se dio cuenta por qué estaba así Sakura, le dieron ganas de estrangular a Emmett y golpearse a sí mismo.

Sakura estaba viendo una película con escenas de desnudo. No se había dado cuenta de que Emmett había estado viendo el canal "Hot" (n/a: no creo que exista, es invención mía) anoche mientras la niña dormía y él, Edward, había olvidado fijarse en qué canal estaba y cambiarlo.

La niña estaba tan concentrada que ni se dio cuenta cuando Edward agarró el control de la televisión y cambió a un canal para niños. Cuando se percató de que ya estaba viendo en canal de Emmett, sino que el suyo, empezó a aplaudir y reír contento. Edward sonrió y negó con la cabeza.

"Despistada", pensó.

Sakura empezó a buscar a su alrededor y Edward, tarde, se dio cuenta de que lo buscaba a él. Todo estaba ahora muy tranquilo y quieto. Sólo estaban ellos dos solos en la planta baja porque Esme había decidido ordenar a lo humano, mientras que sus demás hermanos seguían con los suyo fuera de la casa y Carlisle no volvía todavía.

Entonces, lo tan esperado pasó. Edward se lamentó por sus hermanos, pero se felicitó por estar en el lugar y momento correctos. La fuente con palomitas que tenía en una mano se elevó en el aire y voló hasta quedar en el regazo de Sakura, que ya se había quedado quieta y sentada otra vez. Edward lo vio agarrar un puñadito de palomitas, llevárselo a la boca y comérselo.

Un borrón entró por la puerta y, segundos después, Alice se quedó mirando a Edward y Sakura alternativamente. Una gran sonrisa apareció en su rostro y rió con alegría. Un instante después, la duende estaba besando una mejilla sonrojada de una Sakura cohibida.

Edward supo que la pequeña no sólo lo quería a su lado, sino que también quería justo lo que quería darle: palomitas. Sí, definitivamente, no se había equivocado.

Ese pensamiento le alegró mucho y le hizo sonreír.