CAPÍTULO 25
INVITACIÓN
Con el sigilo de un lince, Tai se marchó de su casa a las seis y media de la mañana. No se puso las sandalias para no hacer ruido y así no despertar a sus padres, ya que tenía que pasar por delante de su puerta para poder llegar a la entrada. Miró de reojo por la apertura. Estaban los dos completamente dormidos, de modo que caminó más relajado, pero no por ello evitó tener cuidado.
Se llevó un buen susto cuando de golpe piso la cola de Miho, el gato de la casa, y este lanzó un fuerte maullido a modo de quejido. Al intentar agarrarlo se llevó un buen zarpazo en la cara. Le quemaba la piel las tres marcas que le recorrían la cara, pero hizo un gran esfuerzo para aguantarse el dolor y no gritar. Volvió a mirar en la habitación de sus padres. Seguían dormidos. Suspiró aliviado de que no se hubieran despertado.
Movió el picaporte con mucho cuidado, llevándose una sorpresa al ver que no estaba echada la llave. Mejor, de ese modo podía irse sin hacer ningún escándalo. Salió sin abrir del todo la puerta y la cerró muy, pero que muy despacio, para evitar todo sonido innecesario. Antes de que llegará a cerrar del todo la puerta, algo le tocó el hombro, y del susto no pudo evitar lanzar una exclamación, cerrando de un portazo. Se quedó helado, pues con esto seguro que ya lo pillaban.
- Tai, ¿se puede saber qué haces? – Le preguntó una voz masculina, que en seguida reconoció.
Al dar la vuelta, todas sus dudas desaparecieron al ver a su hermano mayor.
- ¡M-Me has dado un susto de muerte!
- No, si ya. Has tenido que despertar a todos los vecinos.
- ¡Ah! – Se tapó la boca, pues era justo lo que no quería.
- De todas formas, ¿a dónde vas a estar horas? Es muy pronto.
- ¿Y tú? ¿Qué demonios haces aquí fuera?
- Vengo de correr un poco – señaló su chándal – Ya sabes, suelo hacer footing todas las mañanas.
- Aaaah… e-esto yo… pues también voy a ir a eso – comenzó a hacer como que trotaba y emprendió la marcha.
- Por casualidad, ¿no irás a por Sakura-chan, verdad? – Eso hizo que su hermano se detuviera, sintiendo como si se le clavará una espada en el pecho al haber sido descubierto tan rápido.
- ¿Q-Qué te hace pensar eso…? – Preguntó, no pudiendo ocultar su nerviosismo.
- Oh, nada. Era simple curiosidad. No creo que cometas una locura como esa.
- ¿Locura…?
- Ya sabes, ahora está con su hermano. No podemos hacer nada. Da igual lo que le pase, no es cosa nuestra.
Tai apretó el puño intentando contenerse, pero esa actitud de su hermano lo hizo explotar y dio media vuelta, hasta él, tirándole de la chaqueta del chándal.
- ¡¿Me estás diciendo que aunque estén haciéndole daño tenemos que mirar hacía otro lado?
- De modo que, al final si que tenía que ver con ella, ¿eh? – Sonrió al haberlo pillado.
Debió haberse dado cuenta de la trampa, pero estaba tan cabreado con su hermano que le daba igual.
- ¡Respóndeme!
- Le hagan daño o no, nosotros no podemos hacer nada. A no ser que ella quiera.
- ¿Cómo qué ella quiera…?
- Es tan simple como eso – se lo quitó de encima, con suavidad – Ha vuelto con su hermano por propia voluntad. Si ella quiere irse, es entonces cuando podemos ayudarla. En cambio, en este caso no podemos hacer lo contrario y sacarla a la fuerza.
- ¡¿Aunque la estén maltratando?
- Aún en ese caso, no podemos.
- ¡Pues no es así, Kenji! ¡Ella no quería irse con ese tipo por algún motivo! ¡Y estoy seguro que es porque le tenía miedo!
- Sea cual fuera la razón, se ha ido Tai. Acéptalo y no hagas ninguna estupidez.
- ¡Me da igual lo que digas! ¡Voy a traerla de vuelta!
- ¿Se puede saber a qué viene tanto empeño? Oh, ya veo… - lo miró divertido mientras lanzaba una risilla.
- ¿Q-Qué pasa….? – No le gustaba un pelo como lo miraba.
- Lo que pasa es que a ti Sakura-chan te gusta, ¿eh?
- ¡¿De dónde te has sacado eso? – Se sonrojó.
- ¡Uy, si te has puesto rojo y todo! – Rió, al ver la reacción de su hermano pequeño.
- ¡No es verdad! ¡Sea como sea, la traeré de vuelta! ¡Además, aún tiene que decirme algo!
- Algo… - su hermano se puso serio de pronto - ¿El color de su ropa interior?
- ¡Aún te voy a pegar! – Se rebotó, bastante enfadado – La otra noche no terminó de decirme algo… me preguntaba si tenía novia o me gustaba alguien y luego parecía que quería decirme algo más y… quiero también saber que es. Aparte de traerla a un lugar seguro, claro.
Su hermano le hizo señales para que se acercase un momento, para decirle algo al oído. Tai lo hizo, pero lo que recibió no fue un mensaje ni un susurro, sino un fuerte capón que dejó un buen chichón en el lugar del impacto.
- ¡Ay, ¿por qué me has pegado?
- Porque eres tonto. Chico, ¿en serio eres tan cortito? No hace falta sumar dos y dos para darse cuenta lo que te quería decir.
- ¿Eh? ¿Tú lo sabes? – Parpadeó sorprendido, ante lo que Kenji suspiró de darse cuenta que su hermano pequeño sabía muy poco de las chicas.
- A ver… te pregunta si tienes novia… si te gusta alguien… ¿no te das cuenta, cabeza hueca? Ella te iba a declarar sus sentimientos, esta enamorada de ti.
- ¡¿Q-Qué? ¡No digas tonterías!
- ¿Tonterías? Pues dime a que vienen esas preguntas, entonces. ¿Tienes explicación? No, ¿verdad? Pues ya está. Además, reconócelo, esa chiquita te hace tilín, hermanito.
- ¡E-Eso…! – Iba a protestar, pero no sabía con que argumentos. ¿Iba a ser verdad qué le gustaba Sakura? Bueno, no era una mala chica y era muy amable y simpática, aunque nunca había pensado en temas de tener novia.
- Si quieres irte adelante, pero esta vez no voy a sacarte las castañas del fuego.
Tai lo miró, sorprendido que le dijera eso.
- ¿Qué estás diciendo, Kenji…?
- No sé que te vas a encontrar allí, pero, sea lo que sea, te las vas a tener que apañar tú solito. Yo no pienso mover un dedo.
- ¡¿Qué? ¡Entonces, ¿si vas a dejar a Sakura-chan en manos de esos tipos?
- Te lo he dicho, no podemos hacer nada. Y… - le golpeó con un dedo en la cinta de las gafas – No tenemos pruebas de que pase nada, así que usa tu cabeza por una vez y no te metas en líos, ¿me oyes? Qué tu hermanito mayor no va a estar ahí para salvarte el culo esta vez.
- ¡Pues me parece bien! ¡No te necesito! ¡Me las sabré apañar yo solo! – Furioso, Tai se marchó corriendo hacía el ascensor, que al ver que tardaba bajó por las escaleras.
Kenji se esperó en la barandilla hasta verlo marchar. Había que ver, si que iba a en serio. Desde luego, eso es amor por más que su hermano no se diera cuenta. O igual por amistad, aunque poca gente hacía algo así por ello.
- Diablomon, ¿podrías vigilarlo para ver al final a donde va?
"¿Eh? Si le acabas de decir…"
- Si se acaba metiendo en líos tengo que ir a ayudarle. Es mi hermano pequeño a fin de cuentas.
"¿Y por qué tengo que hacer lo que me pidas de todas formas? Síguele si te la gana yo…"
- Un gatito blanco y un demonio negro, muy abrazados y cariñosos… - empezó a entonar, lo que puso nervioso al digimon.
"¡Está bien, está bien! ¡Mantendré vigilada su aura!"
- Gracias, y ahora… - dejó salir las alas de murciélago, así como los cuernos y la cola en forma de punta de flecha, saltando por encima de la barandilla – Vamos a ocuparnos de nuestro invitado.
Matabe Tanaka descendía por el patio interior del edificio, con mucho cuidado al apoyar los pies en los salientes para no caerse, ya que habían un montón de metros antes de llegar al suelo. Si la cuerda se soltaba o cortaba, acabaría hecho papilla. Menos mal que solo le faltaban bajar dos pisos hasta llegar a la ventana que era su destino.
De no ser por el dinero que le daban por ese trabajo, ni de broma lo haría. No entendía eso de tener que secuestrar niñas para luego usarlas para fines de negocios. Personalmente, a él no le gustaban, del mismo modo que le daba igual que pasaba con ellas una vez las secuestraba. Ahora su objetivo era una niña de nueve años llamada Kamiya Kari.
La había estado vigilando todo el día anterior. Como había dormido en el cuarto con su hermano mayor, no pudo llevársela. Y encima en la calle siempre iba acompañada por alguien. De modo, que ese era el único modo. Puso mal el pie en la última cornisa y comenzó a caer. Tuvo suerte de poder colocar sus pies en la pared para no caerse y matarse. Al menos había quedado justo enfrente la venta que era su objetivo.
Tiró de ella. Se llevó una grata sorpresa al ver que abrió con facilidad. Mejor, así no tenía que forzarla y no despertaría a la cría. La abrió y se asomó, para asegurarse de que estuviera sola. Efectivamente, aunque por un momento se quedó un poco pillado al verla. Se rascó los ojos, creyendo haber visto visiones cuando en su cabeza vio dos orejas blancas con puntas violeta y una cola que le sobresalía del trasero. Sin embargo, no, había visto bien, tenía cola y orejas, ¡incluso bigotes en las mejillas! ¿Sería uno de esos cosplays que se estaba poniendo tan de moda.
Tenía que admitir que estaba muy mona con todo eso. Por un momento, se quedo empanado mirándola de lo hermosa que estaba durmiendo, sintiéndose culpable de tener que llevársela para esos desgraciados. "El trabajo es el trabajo", se dijo, así que sacó el cloroformo por si se despertaba y entró en la habitación. De pronto, algo tiró de él y cayó por la venta, empezando la caída libre.
- ¡Iaaaaaaaaaaaaaaaagh! – Gritaba mientras veía como se iba acercando más y más el suelo de uno de los patios.
Paró justo a un par de milímetros del suelo. Respiró aliviado de ver que se había salvado. Ahora tenía que salir de allí antes de que algún vecino se asomase para ver que había sido ese grito. No le hizo falta hacer nada, ya que empezó a subir a toda velocidad, hasta detenerse en seco en el aire, frente a un chico joven, de unos catorce o quince años.
- Buenos días – saludó, cortés.
- B-Buenos días… - lo reconoció enseguida, pues lo había visto con el objetivo.
- ¿Se te había caído algo que andabas bajando por ahí abajo?
- N-No… es solo que… por la mañana me gusta hacer rappel, si eso es.
- Oh, vaya… y no será, solo por casualidad, ¿qué estabas intentando secuestras a la niña de esa habitación en la que has entrado, verdad?
- ¡Q-Qué va!
El chico soltó el cable y comenzó a caer a toda velocidad. Se detuvo en seco cuando lo volvió a agarrar.
- ¡Está bien, está bien! ¡S-Sí, es cierto! ¡La iba a secuestrar!
- ¿A dónde ibas a llevarla? ¿Quién te ha contratado?
- ¡E-Eso no puedo decírtelo!
- ¿No? – Soltó de nuevo el cable y esperó un par de segundos antes de volver a agarrarlo.
Por normal general, Kenji podía levantar sin problemas a alguien más pesado que él, pero sujetarlo en el aire era algo más complicado. Menos mal que contaba con algo de la fuerza de Diablomon, porque si no ese tipo ya estaría muerto. Tampoco es que lo fuera a lamentar si al final se rompía la cabeza, a fin de cuentas iba detrás de su hermana pequeña. Se había dado cuenta gracias a Tailmon, a quién le pidió que vigilará si escuchaba algo sospechoso y, gracias a que Kari había dormido medio transformada en ella, pudo escuchar que alguien había estado haciendo movimientos por la azotea y luego empezando a descender por el patio.
- ¡Te diré todo lo que quieras, pero por favor, no me sueltes!
- Bien, pues empieza a cantar, pajarito.
Tai llevaba un buen rato corriendo sin rumbo fijo. En realidad, ¿a dónde tenía que ir? No sabía donde vivía Sakura ni tampoco como llegar hasta allí en primer lugar. Pensó entonces que la primera vez que se la encontró, hacía ya un año, fue muy cerca del colegio, así que, ¿igual vivía cerca de allí? Iba a tomar el tren para comprobarlo, llamaría a todas las puertas si fuera necesario, hasta que un encapuchado se cruzó en su camino.
- Kamiya Tai, supongo…
- ¿Quién eres?
- Estás buscando a Sakura-san, ¿verdad?
- ¡¿Sabes dónde está?
- Trabajo para su hermano. Si eres tan amable de acompañarme, te llevaré hasta ellos.
- De acuerdo.
