David negó con la cabeza y salió detrás de Emma, sabía que era mejor no presionarla o se enfadaría. Los dos entraron al concesionario y comenzaron a mirar varios coches, Emma buscaba un deportivo en color negro. David le daba algunos consejos sobre los tipos de motores o las mejores marcas lo que Emma agradecía enormemente.
Antes de salir de allí Emma había firmado para la compra de un Audi último modelo que le llegaría en una semana. David sabía que era una buena elección y los dos salieron satisfechos de allí.
Al subirse al coche el móvil de Emma comenzó a sonar. La rubia lo cogió y tras unos segundos colgó.
-Parece que mi casa esta lista, tengo que ir mañana a verla y a firmar los papeles para la compra.- Soltó ella contenta. Todo parecía ir más deprisa de lo que imaginaba.
-Eso está bien.- Soltó entonces David.- ¿Dónde te dejo?- Preguntó él que se tenía que contener para no seguir indagando en el tema de la embajadora.
-En mi hotel, le mandaré un mensaje a Mary para que no me mate por no ir a cenar.- Aseguró Emma sonriendo levemente.
-Sabes que eso no la convencerá.- Soltó él riendo.
Emma afirmó con la cabeza y volvió a enfrascarse en sus pensamientos, por suerte David entendía lo que estaba sintiendo y prefirió no interrumpir los pensamientos de la rubia.
Emma escuchó su móvil sonar sobre la mesita de noche, se giró sobre sí misma para apagar ese irritante sonido cuando recordó que era la alarma que le avisaba de que debía de levantarse para ir a firmar los papeles de su casa nueva.
La rubia se vistió con uno de sus vaqueros negros, una camisa de manga corta y unos zapatos. No quería ir demasiado informa a la firma de los documentos pero tampoco deseaba sacar uno de sus trajes, además de que se presentaba un día bastante caluroso para ir tan vestida.
Tras salir de hotel se acercó a una cafetería para comprarse un café que la despertase y un donut. Después de eso llamó a un taxi y se dirigió a la dirección que le habían dado el día anterior. Iba concentrada en su comida, tanto que ni siquiera se dio cuenta de que habían llegado.
-Gracias.- Dijo Emma saliendo del taxi que ya había pagado.
Emma se quedó mirando el enorme edificio que se presentaba delante de ella. No pensó que tendría que ir a un lugar así, Gus había sido el encargado de todo.
-Buenos días.- Dijo una joven que había detrás del escritorio.
-Hola, vengo para firmar un contrato de compra de una casa- Explicó Emma que no sabía a qué piso debía de ir.
-Complicado… ¿No sabes con quién tiene la cita?- Preguntó ella.
-Sí, creo que se llamaba Anna.- Contestó Emma que no recordaba el apellido.
-Vale, pruebe en el piso 10 y sino el 14.- Dijo amablemente.
-Muchas gracias.- Soltó Emma maldiciendo a Gus por no haberla acompañado.
Emma probó con el piso 10 pero allí le dijeron que no tenían ninguna cita asignada esa mañana por lo que subió a la planta 14, odiaba tener que encargarse de todo eso. Cuando alquiló el piso con Mary Margaret fue esta la que se encargó de todo, y más tarde cuando se mudó fue Mérida quién hizo casi todos los papeles.
-Buenos días, soy Emma Swan.- Dijo a la secretaria que la había recibido.
-Buenos días, la están esperando.- Contestó ella acompañándola hacía el despacho.
-Hola, ¿señorita Swan?- Preguntó una amable morena a la rubia.
-Sí, así es.- Contestó ella correspondiendo al saludo.
-Siéntese, soy Anna Moore la abogada encargada de la venta.- Dijo entonces ella.
-Encantada de conocerla, señorita Moore.- Espetó Emma mirando el despacho disimuladamente.
-Por favor, solo Anna.- Dijo entonces invitando a Emma a sentarse.
-Gracias.- Contestó Emma sentándose y acomodándose.
-Tengo aquí todos los papeles para la compra.- Comentó ella tendiéndoselos.
-Muchas grac…- Antes de poder terminar la frase la puerta a sus espalda se abrió.
-Anna aquí tengo tus documen…- Emma miraba conmocionada a la morena que acaba de entrar.
-¿Embajadora?- Preguntó Emma levantándose para mirar a la morena que se había quedado completamente petrificada al verla.
-Arquitecto, en realidad.- Dijo Regina recuperándose como podía.
Regina dejó los papeles sobre la mesa de Anna y salió rápidamente del despacho. Emma se había quedado completamente estática mientras que Anna no había podido decir nada, ni siquiera sabía lo que había pasado.
-¿Os conocéis?- Preguntó Anna volviendo a sentarse.
-Sí… sí.- Contestó Emma volviendo en sí. - ¿Podemos firmar ya? Tengo cosas que hacer.-Dijo la rubia mirando a la mujer.
-Claro que sí.- Anna le tendió los papeles.- Su ayudante los revisó y me dijo que está de acuerdo en todo.- Dijo entonces ella.
-Así es, estoy de acuerdo.- Soltó con prisa.
Anna le dio un bolígrafo para que firmase los papeles que le tendía, Emma los firmo sin preocuparse en leerlos para después salir del despacho sin pensarlo. Esta tan impactada que solo quería alejarse de ese lugar.
Para su mala suerte al salir del edificio se encontró con la morena sentada en un banco con un vaso en la mano, la mujer también parecía estar afectada por el encuentro con la rubia.
Emma se sentó a su lado en un acto impulsivo ganándose una mirada casi glaciar de Regina que se levantó para marcharse y alejarse de ella cuanto antes.
-Cuanto tiempo.- Dijo Emma que se había levantado al mismo tiempo que la morena.
-Así es, tengo mucho trabajo.- Contestó Regina que no quería hablar con ella.
-Enhorabuena.- Soltó la rubia en un acto impulsivo con el fin de continuar con la conversación. Regina se giró hacía ella y la miró sin saber de qué estaba hablando.- Estas embarazada.- Dijo señalándole la barriga donde la morena tenía una mano apoyada por defecto.
-Gracias, e igualmente.- Contestó ella.- Supongo que al final conseguiste tu sueño, me alegro de que así sea.- Dijo y se dirigió a la puerta del edificio.
-¿Quieres tomar un café?- Preguntó Emma que no podía negar la necesidad de tener a esa mujer a su lado.
-No creo que sea lo adecuado.- Contestó Regina mirándola antes de entrar.
-Supongo que tu esposa o esposo no estaría feliz.- Dijo la rubia mirándola con la esperanza de que cambiase de idea.
-Así es.- Contestó Regina desapareciendo delante de los ojos de la rubia que se sentía frustrada y cabreada por la situación.
Emma se giró y paso sus manos por su cabello muy nerviosa por todo lo sucedido. Regina seguía provocándole lo mismo que hacía cinco años con la diferencia de que ahora era un imposible. La rubia frustrada se dirigió hacía un parque cercano para intentar calmarse antes de ir a ver a su amiga.
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