Gracias por leer.
GreenEyesSpn: Muchas gracias por tu comentario, me alegra que te encantara el capítulo anterior, espero este también te agrade. xD También me gusta Dean Ángel, por ahí tengo otra historia que aborda el tema, tal vez la suba porque aún no me convence del todo jejejejjee. Ya comienza a perfilarse el final, donde todo tiene que terminar de una manera u otra. Es cierto, no tiene medida para amar y sufrir, lo da todo.
Ya saben, Supernatural no es mío.
El auto de Jem
John Winchester se sienta en la silla donde estuvo Dean, talla con sus manos su rostro, luego su cabeza, no puede creer lo que pasa. Se pregunta dónde se equivocó, si amó a sus dos hijos. Por qué los demonios insisten en decirle a Dean que él siempre quiso más a Sam, por qué insisten en que Dean no es importante. Mary se aproxima, lo abraza con fuerza, él se aferra a ella, él no la merece vuelve a repetirse.
Sam logra alcanzar el auto cuando aún no arranca, se para en frente al decir:
— ¡Necesito hablar con Dean! — Sorpresivamente el auto sale en reversa, mientras Luciel le grita:
— ¡AHORA TIENES QUE ESPERAR SAM! —
Sam regresa al dormitorio, ve a su padre, quiere gritarle, recriminarle, golpearlo, sin embargo lo único que puede hacer es abrazarlo y llorar, porque sólo él puede comprender lo que es perder a Dean, porque ambos están en el mismo barco. Cuando Sam se calma, toma asiento sobre la cama, se queda ahí, pensando, mirando a la nada, sin decir nada, Mary intenta entablar conversación, pero de nada sirve. John quiere salir por una botella, pero decide quedarse.
Las horas pasan, el silencio está enloqueciendo a Mary, quiere golpear a ambos, hacerlos recuperar el sentido, pero ambos parecen tan abatidos. Ella decide ir por algo de comer, al salir cierra la puerta tras de si, su sorpresa es grande cuando ve a Dean sentado a un lado del marco y porque no se dio cuenta cuándo la puerta fue reparada. Ella está por entrar, pero él le dice:
— No… por favor… — Mary escucha unos pasos, ve a Jack venir corriendo acompañado por Luciel y los dos ángeles. — Lo siento, lo intenté… — Tose sangre. — Pensé en lo que dijiste, tienes razón… Jamás quise ser una carga… Lo siento. —
Jack se arrodilla junto a Dean, le dice con preocupación:
— Hijo mírame. — Dean lo ve de manera confusa, no puede enfocar su visión. — ¡DEAN MÍRAME! —
Sam escucha el grito de Jack, corre hacia la puerta, en ese momento Alex está subiendo a Dean a una camilla. Todo el grupo se aleja corriendo, mientras intentan reanimar a Dean, Jack no deja de hablarle. Sam abre la puerta, los observa marcharse, después voltea a ver a su madre la cual parece conmocionada, la escucha llorar, entonces ella lo abraza con fuerza sin dejar de llorar.
Sam siente que el mundo se desmorona en pedazos, se pregunta cómo antes pudo hacerlo, ¿cómo pudo escapar de casa?, ¿cómo pudo ir a Stanford sin mirar hacia atrás?, ¿por qué ahora no puede hacerlo? Una voz dentro de él le dice con sorna:
"Jamás pensaste en Dean porque siempre creíste que él estaría, ahora estás a punto de perderlo para siempre."
Finalmente puede ser tan normal como quiera, pero ahora no puede aceptarlo, porque Dean no estará a una llamada, porque él no vendrá cuando las cosas se caigan en pedazos como ahora. Abraza fuerte a su madre, se alegra que ella esté aquí, pero nada parece llenar ese hueco dentro de su alma.
Ellos entran a la habitación, ella se limpia el llanto, les dice con decisión:
— ¿Cómo arreglamos esto? —
Sam sonríe con felicidad. John le da un beso apasionado, los tres saben que podrán hacerlo si están juntos. Miran de nuevo el papel, con las letras garabateadas de Jack, el primer paso es hablar con Dean, para ello deben encontrarlo en ese lugar. Los tres están de acuerdo que Sam debe ser quien intente hablar con él, sin embargo al momento de qué decirle. Mary propone:
— ¿Por qué no le dices que lo quieres? — Sam niega:
— No va ha creerme. No después de lo que los demonios le hicieron. — Mary insiste:
— Sam, si él te ama tanto como esos libros decían, él te creerá. — Sam responde:
— Ese es el problema, él cree que esto es lo mejor para todos. No se dará por vencido tan fácil. — John cuestiona:
— ¿Qué pasó para que las cosas fueran tan malas? — Sam responde al borde de la desesperación:
— ¡No logro recordarlo! ¡No lo sé maldición! — Mary pide:
— Sam, cariño cálmate. Pelear entre nosotros no ayudará. Es mejor repasar la información que ya tenemos. — Sam dice:
— Repasar que Dean es un ángel, eso es muy difícil de asimilar. — Mary lo reprende:
— Entre más sepamos contra lo que luchamos mejor. — Sam responde:
— De ángeles no sé, sólo sé que no les importa la humanidad. Todos parecían querer el Apocalipsis. — Mary niega, talla los brazos de Sam de manera amorosa al decirle:
— No de ángeles. Estoy hablando de Dean. —
John y Sam comienzan a contarle a Mary sobre Dean, ríen y comparten, disfrutan recordar. Ella los escucha con atención. Las horas pasan con premura, sin percatarse el sol ya ha caído y la noche se ha establecido. John mira el reloj, corta la platica:
— Debemos irnos. — Sam dice:
— Me bañaré rápido. —
Sam se retira para acicalarse, Mary abraza a John, le dice:
— Él es maravilloso como lo cuentan. — John asegura:
— Lo es aún más en persona. Fue él quien nos mantuvo vivos y seguros por mucho tiempo. —
Sam no tarda, pronto están en camino. Sam va en el asiento trasero, mira a sus padres, después piensa en qué puede decirle a Dean. La dirección los aleja de las zonas pobladas, los lleva a las orillas donde hay largas avenidas solitarias. Se encuentran con varios autos, muchos jóvenes, música y luces. Estacionan en auto, se bajan. Sam observa a las hermosas chicas de vestimentas provocativas, no para desapercibido que parece una reunión de arrancones. Se acerca a una chica, una pelirroja que conversa animadamente con su amiga rubia, le dice:
— Disculpa, ¿sabes dónde está Dean Weeson? — Ellas niegan al mirarse. — Él tiene un Impala… — La rubia salta al decir:
— ¡La dama de hierro! — La pelirroja dice con entusiasmo:
— Star Fire. Él está al fondo. — Señalan el corredor hecho por los autos, hasta el final. — Allá donde están todas aquellas chicas. Debe haber terminado ya de revisar el auto de Jem. — Sam comienza a odiar a Jem y su auto. — Hoy es una gran noche para él. — La rubia se queja:
— Escuché que se marcha el viernes. — Las dos parecen tristes. Sam cuestiona:
— ¿Por qué se va? — La rubia responde:
— Su hermano, nos dijo que vinieron por un trabajo y ya lo terminaron. — Sam pregunta:
— ¿Por qué le dicen Star Fire? — Ellas ríen, la pelirroja responde:
— Tú no eres de aquí, ¿eres policía?
— No, lo juro. — La rubia dice:
— Hace unos años, hubo un equipo. — La pelirroja interrumpe:
— Como muchos otros.
— Cierto. — La rubia sigue. — Ellos eran unos perdedores, todo perdieron, hasta que un día cuando su esperanza terminó, casi chocan con la dama de hierro. Star Fire y su hermano les reclamaron. Los del equipo les contaron su desgracia. Star Fire comenzó a revisar el auto del equipo. Él dijo que podría repararlo, ellos acordaron contratarlo, pues esa sería su última carrera si no ganaban. Star Fire reconstruyó aquel auto. — La pelirroja dice:
— Esa fue la primera ocasión que ganaron. — La rubia dice:
— Fue como si las puertas del cielo se abrieran para ellos, ganaron todo. En una competencia, dijeron que el auto parecía una estrella de fuego, Star Fire fue el nombre que le dieron al equipo, pero todos comenzaron a llamar al mecánico así. — La pelirroja interviene:
— Su sueño terminó cuando Star Fire se negó a ir a Europa. El equipo se enojó tanto, ellos echaron a Star Fire, contrataron otro mecánico, en la primera carrera el auto se destruyó. Ganaron algunas carreras, perdieron más. — La pelirroja comenta:
— El auto extrañaba a su padre, Star fire y su madre, la dama de hierro.
— Gracias chicas. —
Sam se despide de ellas. Los Winchester siguen las instrucciones, no se pierden, ven al grupo de chicas apiñonadas alrededor de La Impala. Cuando ellos se acercan ven a Dean besando a una voluptuosa rubial, la cual se aleja al decir sensualmente:
— Ganaré esta carrera Star Fire, para ti. —
Una chica vestida como corredora de autos, comienza a disipar a las chicas, les pide que dejen a su mecánico. Ella pregunta a Dean:
— ¿Está listo Dean? — Él responde con una sonrisa:
— Sí. —
Ella comienza a saltar, le da las gracias, mientras él sonríe divertido. Sam lee en la espalda de la muchacha: "Jem". Ella lo suelta al decirle:
— Sería bueno correr una carrera contra la dama de hierro. — Dean dice:
— Ni en sueños. — Ella ríe al alejarse.
Los Winchester se aproximan notan el labio partido, el golpe sobre la ceja derecha que hizo un corte, un corte en la frente, sólo pueden imaginar qué golpes no se ven, su palidez parece resaltada por las luces de los autos. Sam es el primero en hablar:
— Necesitamos hablar. — Dean responde:
— ¿Qué es lo que quieres hablar? Que debería quedarme aquí, establecerme, tener una vida normal. Quieres darme un abrazo y decirme que soy tu hermano, entonces intentarás convencerme de regresar con ustedes. Te tengo noticias chico listo, no pasará. — Sam permanece en silencio, John se acerca a Dean, le dice en tono amenazante:
— Basta Dean, no le hables así a tu hermano. — Dean no aparta su mirada, antes de que pueda responder aparece Luciel, quien pregunta:
— ¿Todo está bien De?, ¿ellos te están molestando? — Dean levanta su mano, dice:
— Estoy bien Lucy, puedo manejar esto. — Luciel señala sobre su espalda:
— Si necesitas algo háblame, estaré cerca consiguiendo dinero de los incautos. — Dean sonríe con orgullo, choca su puño con Luciel al decirle:
— Así se habla. —
Luciel se aleja al lanzarles una mirada amenazante a los Winchester. Dean observa a Gabriel mirándolo desde el otro lado, él come una barra de chocolate al estar al pendiente. Sabe que los ángeles están al pendiente, al igual que Jack. Suspira con cansancio al decir:
— Si quieren hablar, debemos ir a un lugar más privado. —
Dean camina alejándose de La Impala, pasa frente a varios autos, todas las personas le hablan y saludan como si fuera una celebridad. Un chico se acerca, le dice:
— Amigo escuché que eres el mejor. Tengo un auto, quiero participar. Siempre explota el nitro. — Dean le dice:
— ¿Cuál es tu bebé? — El chico sonríe, señala un auto azul deportivo, dice:
— Es aquel. —
Dean se acerca, lo enciende, revisa los niveles, luego abre el cofre, ve el motor nuevo brillante, comienza a mover algunas cosas, saca una llave, trabaja rápida y eficientemente. Se limpia las manos con un trapo que llevaba en su bolsillo trasero, le da algunos consejos al chico, le explica algunas cosas, al final el chico le da quinientos dólares, ambos se despiden. John le pregunta a Dean:
— ¿Eres mecánico? — Él dice quitándole la importancia:
— Me gustan los autos. —
Llegan al autobús de Hunters, toca tres veces la puerta, luego da dos golpes seguidos, luego cuatro intermitentes. La puerta se abre, es Joel:
— ¿Qué hay compañero? — Dean dice:
— Necesito hablar con ellos. — Joel mira a los Winchester, extiende su mano la cual Dean choca, le dice al bajar:
— Compañero si necesitas algo ya sabes.
— Sí. — Joel pasa junto a Sam, choca su hombro con el del chico, dice en tono bajo y amenazante:
— Si le haces daño te cazaré. —
Dean sube, le indica a los Winchester que lo sigan, les dice cuando la puerta se cierra:
— ¿Qué quieren? — John dice en tono de mando:
— Quiero saber por qué no quieres vivir. — Dean dice:
— Hay que matar al demonio a cualquier costo, eso dijiste.
— ¿Estás cazando a alguien?
— Ya no es tu asunto. — Mary intenta:
— Por favor Dean, tal vez podamos… — Él la corta al decir:
— No, no deben intervenir. — Sam le pregunta:
— ¿Qué puede ser tan valioso como para que te rindas? — Dean lo mira desafiantemente, no le responde. Sam intenta otra forma. — Si no te detienes voy a cazarte. — Dean cierra los ojos, al abrirlos los símbolos están ahí, él dice en tono desafiante:
— Hazlo Sam. — Levanta los brazos. — Mátame entonces porque no me detendré. — Una espada angelical aparece en las manos de Sam. — ¡Ven por mí muchacho! —
Sam arroja la espada, la presión, toda esta locura está por fundir su cerebro, talla sus ojos, una lágrima se desliza, entonces antes de saber cómo Dean lo abraza al decirle:
— No es para tanto Sammy. — Sam se aferra a Dean al llorar. — Eres una chica gigante Samantha. — Sam se ríe, limpia su llanto al dejar ir a Dean. Dean aparece entre sus dedos un pase dorado, dice:
— Una carrera, tu chica contra mi chica, si ganas te daré esto. — Sam lo ve, el pase dorado. Si es roto todo será restaurado al punto de partida. Si pierdes vas a dejarlo ir todo. — Sam asiente. Dean extiende su mano mientras los símbolos regresan a su mirada. — Tienes un trato con el arcángel Miguel. — La puerta se abre, Dean camina a la salida. Mary pregunta:
— ¿Qué fue lo que te dije Dean? — Dean se detiene, entonces responde:
— Ya no importa.
— Me importa a mí. — Él la mira un momento al responder:
— Es mi culpa que todos me abandonen, ellos no están mal sino yo. —
Mary comienza a llorar, no sabe porqué esas palabras le oprimen el corazón como una garra. Ellos bajan, sienten el viento frío, Sam repregunta a su padre:
— ¿El auto podrá competir en una carrera? — John dice con autosuficiencia:
— Por su puesto. — Luciel niega:
— Por su puesto que no. — Gabriel que está a un lado se ríe al decir:
— Las llantas están muy gastadas. — Luciel comenta:
— No está acostumbrado a correr. — Ambos se ríen. — Ese auto no puede contra el bebé de mi hermano. — Jem llega corriendo, le pregunta a Gabriel y Luciel:
— ¿Es cierto que Dean y la dama de acero? — Gabriel responde:
— Sí, Sam contra Dean. — Jem mira a Sam, le pregunta:
— ¿Has participado antes? — Él niega. — ¿Luciel qué tipo de carrera es?
— Media milla con tres giros. — Sam pregunta:
— ¿Qué es eso? —
Jem lo jala, mientras Gabriel los sigue. Ella lleva a Sam a donde una carrera se lleva a cabo, dos autos corren cuarto de milla, luego tienen que dar tres giros para correr el otro cuarto de milla de regreso.
— Eso es novato. Ahora tú vas a enfrentar a Dean en su terreno. — Gabriel dice sin dejar de chupar la paleta que lleva en su boca:
— ¿Por qué no le prestas tu auto Jem? La Impala contra el auto de Jem, un duelo de titanes. Decir que tu auto corrió contra la dama de acero. — Ella le dice a Sam:
— Gabriel tiene razón, si quieres puedes correr en mi auto. —
Ella lo jala, al llevarlo frente a un hermoso auto de carreras azul, reluciente, ella dice con orgullo:
— Dean lo construyó. — Abre el motor, deja ver la potente máquina. — Hijo de la estrella de fuego y la dama de acero. — Ella toma la mano de Sam, lo hace tocar el metal. — Es vivo y vibrante. —
Sam jamás comprendió por qué su hermano amaba tanto a un auto, tanto que más de una ocasión estuvo celoso. Sin embargo, esta chica parece comprender la razón de su hermano, porque el auto está vivo, no es lógico, pero al recordar el sonido del Impala puede estar de acuerdo.
John y Mary se aproximan, escuchan cómo la joven le enseña a Sam lo que debe saber para conducir su auto. John leyó una ocasión sobre Star Fire, un artículo dedicado al equipo, donde se mencionaba una vez al mecánico que mantenía a una máquina perfecta. Ahora, ante él tiene una máquina mejor que la que aparecía en la fotografía. Da un gruñido de frustración, se pregunta cómo jamás vio lo que Dean podía hacer, él chico era un excelente mecánico, pero ahora sabe que siempre lo subestimó. Algo llama la atención de los Winchester, un comentario de Jem:
— Mi auto es cuerpo, rápido, potente, con lo último de lo último. No subestimes a la dama de acero, porque ella es alma, es una patea culos, ha ganado todas sus carreras y ha preferido morir a perder una. El auto de Dean es alma, una muy grande. —
Un sujeto con corbata se acerca, Jem se disculpa al alejarse lanza las llaves a Sam, le dice:
— Buena suerte novato. — Dean se acerca, besa el capo del auto al decirle:
— No te dejes ganar bebé, muere luchando. —
Jem llega, lo arrastra lejos porque quiere que hable también con el trajeado. Sam pasa su mano por la carrocería, extrañamente el auto parece estar más vivo que antes. Se siente tonto, pero aún así comenta:
— Tú eres su hijo, ¿eh? — Escucha a alguien decir por un megáfono:
— Tendremos una carrera especial, ¡EL AUTO DE JEM CONTRA LA AMADA DAMA DE ACERO! — Hay una ovación. Sam ve que es Gabriel quien hace el anuncio. — ¡Sam contra Star Fire! — Hay un grito que clama por Star Fire. — ¡Hagan sus apuestas! —
Sam ve a Luciel acercarse a un chico de chaqueta que parece ser el corredor de apuestas. Luciel levanta un fajo de billetes al decir:
— Mil al auto de Jem. — Se levantan miles de murmullos, luego una turba se acerca al corredor de apuestas. Luciel se escapa con una sonrisa, choca su mano con Gabriel.
Sam ve a Dean llamarle a Luciel quien corre, lo presenta con el hombre de traje, ellos parecen hablar animadamente. Gabriel da otro anuncio:
— ¡Cinco minutos corredores! —
John se aproxima a Sam, le pregunta:
— ¿Puedes hacerlo? — Sam asiente, mientras Mary lo abraza al desearle suerte. Sam le dice a su papá:
— Tarde pero comprendí por qué lo hiciste papá. Hiciste lo mejor que pudiste. Lamento todas nuestras peleas, no te odio papá. — John lo abraza al decir:
— También lo siento Sam. — La voz de Gabriel anuncia:
— Corredores a la meta. —
Sam se mete al auto, se dirige a donde Jem le dijo estaba la meta, La Impala se detiene a unos metros de él. Mira a Dean al decirle:
— No perderé Dean. — Dean sólo le da una sonrisa arrogante antes de mirar al frente.
Una chica da la señal de partida. Sam arranca al pisar el acelerador a fondo, casi al instante ha dejado a La Impala atrás, el cuarto de milla se va, lleva demasiada velocidad como para hacer los tres giros, frena al hacer el auto derrapar, serpentea antes de detenerse. Aprieta los dientes al dar los tres giros, cuando termina sólo ve las luces traseras de La Impala. Se recupera, vuelve a la carga, pero no logra conseguir el impulso necesario para alcanzar a Dean, se queda medio metro atrás. Detiene el auto, escucha las ovaciones, los gritos, las aclamaciones. Las cuales se detienen de subido cuando Dean no baja. Jack corre, abre la puerta, atrapa a Dean al gritar:
— ¡AMBULANCIA! ¡UNA AMBULANCIA! —
Alex pasa entre la gente al igual que Luciel, comienza a revisar a Dean, lo recuestan sobre el piso, comienzan a intentar reanimarlo, la ambulancia llega de inmediato, lo inmovilizan sobre una camilla. Es subido a la ambulancia, Jack y Alex lo acompañan, Luciel se sube a La Impala, Sam se acerca al preguntar:
— ¿Qué pasa? — Luciel le dice:
— Hemorragia interna. Lo creas o no está muy enfermo, Alex le dijo que no corriera y él lo hizo. — Sam se sube al auto al decir:
— Iré. — Luciel pone el auto en marcha al advertir:
— No te pongas en medio. —
Sam tiene que agarrarse de donde puede cuando el auto inicia su avance a noventa kilómetros por hora, para luego dar tres giros, regresar a fondo y encaminarse al hospital. Luciel dice con autosuficiencia:
— Así se hace. —
La Impala no baja su velocidad hasta estacionarse frente al hospital. Cierran los vidrios y se encaminan dentro. Luciel pregunta en la recepción, la enfermera le dice que caminen al pasillo a la sala de espera, él avanza con pasos largos y raudos, no tarda en llegar y ver a su papá ahí. Jack lo abraza con fuerza al decir:
— Él es fuerte hijo. — Alex sale, se acerca al decirles:
— Nos enfrentamos a una complicación. — Jack, Luciel y Sam lo ven. — Esta hazaña ha dejado su corazón más inestable, los movimientos bruscos hacen que se desgarre. Hay un modo para ayudarlo a estabilizarse. — Sam y Luciel pregunta al unísono:
— ¿Cuál? — Alex dice con calma:
— Necesitamos en fuego de un Ifrit o que él encienda de nuevo su fuego, sin ello no podrá moverse. — Alex explica a Sam. — Miguel es un ángel de fuego, cuando se apague el fuego en su interior morirá. — Luciel comenta:
— Ellos viven en medio oriente, en el desierto. — Alex dice:
— Mandé a Raziel y Chamuel por uno, además llamé a un amigo. — Jack pregunta:
— ¿Podemos verlo? — Alex responde:
— Claro, sólo eviten que se mueva. Él está muy débil, es posible que no pueda hablar. Está algo pálido, procuren no comentar que se ve horrible. —
Alex les indica cuál es la habitación, los tres entran, Dean sonríe al verlos. Tiene oxigeno en la nariz, muchos cables que lo conectan a máquinas, la intravenosa, intenta hacer señas, pero Jack se apresura, llega a su lado, pone su mano sobre el brazo de Dean al decir:
— Está bien, tienes que descansar si quieres salir pronto de aquí. — Luciel se pone al otro lado al decirle:
— Ya supe que quieres besar a una hermosa Ifrit. — Hay un momento de silencio. — Es hermoso, el auto de Jem, el sonido de su motor, la manera en que corre. Tenías razón es genial. — Toma la mano de Dean. — Es todo un cabeza dura como tú. — Le indica a Sam que se acerque. — El gigante impertinente quiso venir a verte, aunque ya debería estar dormido para ir a clases mañana. — Jack le dice a su hijo mientras le pone un aparatito con un botón en la mano:
— Estaremos a fuerza, si necesitas algo presiona el botón y entraremos. —
Luciel y Jack le da un último toque reconfortante antes de salir de la habitación. Sam se queda frente a la cama de Dean, lo observa, se ve tan pálido que parece más blanco que las sábanas, parece tan vulnerable, pero sabe que podría caer muerto al instante. El peso de todo cae sobre sus hombros, no sabe qué decir, sigue observando a Dean. Dice lo único que se le ocurre:
— Lo siento Dean. Se que te he dicho muchas cosas horribles, sé que lo que obligaron a ver los demonios no fue un viaje por el parque. Tienes todas las razones para odiarme. Estaba muy enojado… — Talla su rostro, se acerca a su hermano. — Te necesito, todas las ocasiones que me fui lejos, sabía que si te llamaba tú irías. Necesito saber que estás ahí, necesito saber que si algo malo pasa vendrás a salvarme. Dices ser un ángel, muchas ocasiones no te comportaste como uno. — Dean dice:
— Sammy, siempre serás mi hermano bebé… el más pequeño de todos… —
Las máquinas comienzan a lanzar alertas, mientras la mirada de Dean se desorbita antes de que cierre los ojos. Alex entra junto a un equipo de médicos, hacen a un lado a Sam, una enfermera le indica salir. Escucha la voz de Luciel:
— ¿No te pareció extraño? — Sam voltea, lo observa, no está Jack cerca. — ¿Por qué los demonios siempre te incitaron a alejarte de tu familia?, ¿por qué escapaste de ellos para acercarte a mí?, ¿por qué Castiel era el ángel personal de Dean y tú no tenías uno?, ¿por qué Rubí siempre intentaba alejarte de Dean? — Sam lo enfrenta, permanece estable y altivo.
— ¿Por qué según tú? — Luciel responde:
— Miguel siempre fue tu ángel personal, Dean, tu hermano. Por eso los demonios siempre intentaban alejarte, por eso aquel maestro te habló de Stanford, por eso Rachel te metió la idea de la normalidad, las ansias de escapar. En mi locura dije algunas cosas ciertas, aunque creía que todo lo que te dije era verdad. Imagina tu vida, ¿cómo hubiera sido que el hermano actual que tienes siempre hubiera sido tu hermano?, ¿él hubiera podido protegerte el John?, ¿habría podido salir a buscar comida en mitad de una tormenta de nieve sin un centavo en los bolsillos?, ¿habría podido enseñarte a leer, atarte los zapatos, disparar y cazar?, ¿hubiera podido salir contigo en brazos después de ver a su madre clavada en el techo? — Sam se estremece. — Los dos sabemos la respuesta, es: No. Tuviste al mejor a tu lado. Azazel no debió matar a Jessica, debía matar a Dean desde un inicio, tú ángel personal. — Dice con una sonrisa. — Ahora que no tienes a Dean te frustras, porque eres un segundón, siempre hay alguien que llega y te quita la victoria, te quedas en casi. ¿No es verdad Sam? — Sam no puede negarlo. — Ese arrojo tuyo, la furia, la fuerza, esa mirada agresiva que podía hacer a un demonio mearse del miedo no habías logrado conseguirlo. Aún lo tienes dentro pero no sabes cómo sacarlo. No tienes que discutir con papi para conseguir quedarte en una ciudad, no tienes que luchar con Dean para que te llame Sam, no más monstruos que te obliguen a sacar lo mejor de ti. Si dices quiero un helado sólo sacas de tu cartera un billete que tus papis te dieron, ¿no te enoja? — Sam toma a Luciel de la playera, le dice con ira:
— Basta, ¿de qué maldito lado estás desgraciado? — Luciel dice:
— Esto es lo que te digo, la fuerza, esa furia destructora, la entereza por luchar. ¿Por qué quieres ser abogado Sam?
— No te importa. — Luciel niega:
— Sí, me importa. ¿Quieres ser un maldito corrupto que vendería su alma por dinero?
— ¡No!
— ¿Quieres ser un agachado que hace todo el trabajo y que alguien más se adjudica?
— ¿Qué diablos intentas?
— ¡Despierta! ¡Deja de ser un segundón! ¡Tú eres Sam Winchester a quien los demonios temen! Si no luchas por algo, entonces no tienes una razón para luchar. —
Luciel empuja a Sam, quien está sorprendido. Sam da dos pasos atrás, ve a Luciel darle la espalda para alejarse, le pregunta:
— ¿Por qué lo haces?
— Lo hago por mi hermano, él estará muy triste si sabe que no eres feliz y todo lo que hizo fue en vano. —
Sam ve a Luciel alejarse, Dean estará triste si Sam no es feliz. Recuerda lo que Jack, le dijo sobre que Dean habla de Sam como un padre orgulloso de su hijo. Sigue observando la sala de espera vacía, se pregunta ¿cómo hubiera sido su vida sin Dean?, no esta vida sino su otra vida. Tal vez habría enloquecido como Max, tal vez no habría sobrevivido, posiblemente John lo hubiera abandonado en un orfanato. No logra imaginarlo porque Dean siempre estuvo, le enseñó a leer, se aseguraba que se hubiera lavado los dientes, le peinaba el cabello, le contaba historias, le cantaba. Dean siempre parecía saber todo cuando eran niños, claro, menos cuando su padre regresaría.
Los médicos comienzan a salir de la habitación de Dean, parecen apesadumbrados. Chamuel cierra la puerta con un portazo. Sam percibe a un grupo de personas con trajes oscuros llegar, ellos se dirigen directamente hacia Dean, se desliza sutilmente, se alegra cuando ve los rostros de esos sujetos, su sorpresa cuando encuentran la habitación vacía. Los sujetos se marchan como llegaron, Sam entra a la habitación, le sorprende ver a Jack y Luciel hablando con Dean, Dean parece mejor, escucha a Jack decir:
— ¿Qué te parece El Gran Cañón? — Luciel sugiere:
— Las Vegas. — Sam comenta:
— A Dean le gustan Las Vegas. — Jack voltea a ver a Sam, le dice:
— Gracias Sam. — Luciel le dice a su hermano con entusiasmo:
— Te dejaran salir dentro de unas horas, iremos al motel, mañana haremos un maratón de películas. — Jack le dice a Sam:
— Regresa a casa, descansa Sam. — Dean dice:
— Raziel llévalo a casa. —
Sam voltea para protestar, pero los dedos de Raziel ya están en su frente, cae inconciente en los brazos de Raziel. Sam despierta por la mañana en su dormitorio, sus padres están ahí, su mamá dormida en la silla, su padre en el piso. Sam talla sus ojos, no puede dejar de pensar en lo que Luciel le dijo.
Sam se pregunta ¿por qué quiere ser abogado?, no lo había pensado antes, era un hecho innegable, como algo que debía ser así como el hecho que el cielo es azul. ¿Cuál es su pelea? No ha pensado nada aún.
Va ha clases, sigue pensando, entonces escucha las palabras de un maestro:
— El ambiente es determinante para el comportamiento criminal, insisten varios especialistas. Los niños aprenden conductas de sus padres, su entorno, la sociedad, sus amistades, todo esto los influye. Entonces surge la pregunta: ¿Nuestros criminales son productos de nuestra sociedad? — Jessica levanta la mano al señalar:
— Muchos sujetos en el mismo ambiente no terminan siendo criminales. — El maestro la felicita:
— Exactamente señorita Moore. Esa es la base del debate. Supongamos que el ambiente es determinante, ¿los padres de los criminales son los culpables? — Sam responde:
— Cada persona puede decidir, escoger hacer o no hacer algo. — El profesor dice:
— Así es joven Winchester, el libre albedrío. Mañana continuaremos, piensen sobre ello. —
Sam lo ha leído antes, las conductas son aprendidas de los padres, por ello la familia es una de las bases de la sociedad. ¿Quién fue su padre? Su papá siempre ausente, el cuál lo amaba pero no dejaba de estar atrapado en la venganza; o su hermano, quién le enseñó a leer, atarse los zapatos, luchar por los inocentes, le habló sobre condones, le enseñó a rasurarse, manejar y muchas cosas importantes. Él quería ser abogado para luchar por los inocentes, sí quería una vida normal, pero quería luchar por los inocentes.
Ahora sus padres le enseñaron muchas cosas, su mamá cortó la corteza del pan para él, su padre le enseñó a conducir, su mamá a ser educado, su papá a rasurarse, su mamá le ayudó con las tareas, su papá le enseñó a jugar futbol. Sin embargo ninguno le enseñó a luchar. ¿Quién es su padre?
Recuerda la mirada herida de Dean, la lágrima silenciosa, lo recuerda reclamándole por escoger a Rubí. El libre albedrío, él tenía que decirle No a Rubí. La pregunta lo golpea de nuevo:
"¿Quién es tu padre?"
Sabe la respuesta, sin embargo es tan doloroso aceptarlo, aceptar lo que significa. "¿Quién es tu padre?" Se repite en su cabeza. Siente como si se rompiera en pedazos, se cae al volverse todo negro, al despertar ve el techo blanco, está recostado, alguien le agarra la mano, escucha esa persona decir:
— Tranquilo Sammy. Todo está bien. — Sam abraza a aquella persona, llora al decirle:
— Quédate conmigo Dean. —
Sam se despierta sobresaltado, nota que está en el salón el cuál se ha quedado solo. Ahora sabe qué decir, sólo espera aún tener tiempo para hacerlo.
