Lamento la tardanza pero los exámenes ocuparon todo mi tiempo y atención. Aquí esta el siguiente capitulo. Besos a todos!

CAPITULO 25

Las semanas y los meses pasaron lentamente, tanto, que Harry había llegado a pensar que acabaría por volverse loco. Pero como bien había aprendido durante el transcurso de su vida, todo llega. Los EXTASIS (NEWTS) estaban, por fin, a tan solo una semana, y la Graduación a dos. En todo ese tiempo el joven lord no había tenido más contacto con el lado oscuro que alguna conversación esporádica con los Slytherin por los pasillos, y alguna corta charla con Remus después de clases.

Los alumnos de séptimo, estresados por la cercanía de los exámenes se habían vuelto completamente intratables y saltaban por cualquier tontería o ruido que distrajese su concentración.

Pero la que más estudiaba sobre todos ellos era, con diferencia, la sangresucia de Granger, como si en verdad se esperase sobrevivir a la Guerra. Era la primera en llegar a la biblioteca por la mañana y la última en abandonarla por la noche, y lo peor de todo ello, era que no le serviría absolutamente para nada, pues él mismo se encargaría de que fuese una de las primeras en caer.

Ideas perversas y macabras cruzaron su mente haciendo que sus ojos se oscurecieran hasta alcanzar el mismo color que los de su maestro, jade, el color de la marca tenebrosa, jade, el color de la muerte.

Los gritos de una nueva pelea entre el pelirrojo y la castaña lo desviaron de sus pensamientos. Resignado, paseó su mirada por entre los leones, que permanecían ajenos a todo, con las narices pegados a sus libros o apuntes y haciendo de vez en cuando algún gesto de desesperación. Los de séptimo eran los únicos que ocupaban la sala común a esas horas de la noche, cuando la biblioteca ya estaba cerrada y el resto de los estudiantes en sus camas. Aburrido, acabó observando atentamente la ventana, contra la que se batía la furiosa lluvia.

No teniendo nada mejor que hacer, se levantó del sillón en el que había estado recostado y se acercó a la ventana, que tembló levemente ante un nuevo embiste del viento. Un trueno retumbó en la lejanía provocando un agradable cosquilleo en el moreno, que se hallaba completamente relajado observando el torrente de agua caer.

De repente, un rayo iluminó la noche, haciendo visible momentáneamente a una pálida figura de ojos rojos que observaba el cielo plagado de nubes desde el linde del bosque prohibido. Una cruel sonrisa se dibujó sobre el perfecto rostro de marfil cuando el mago posó su mirada esmeralda sobre él, y luego, de nuevo la oscuridad. Harry dio un saltó hacia atrás con el corazón desbocado y se puso una mano en el pecho para intentar normalizar su respiración. Cuando lo hubo conseguido, con pasos cuidadosos se volvió a acercar a la ventana y miró hacia donde segundos antes había visto ese ser sobrenatural, pero, como se esperaba, ya no había nadie.

Aún algo alterado se sentó en un sillón frente a la chimenea apagada y encogió las piernas hasta pegarlas contra el pecho. Pasó su brazo alrededor de las rodillas y se abrazó con fuerza. Hacía tanto tiempo que le había dicho a Voldemort que quería que Ares fuera a hacerle una visita que se había olvidado por completo. Sin duda, la repentina aparición había sido una pequeña venganza por su victoria en las pasadas vacaciones.

Con pereza, miró el reloj que colgaba de una de las paredes de la sala común, las tres y cuarto de la madrugada, ni por todo el oro del mundo abandonaría ahora el castillo. Ares podía esperar hasta mañana.

-Me voy a la cama. Estudiar mucho –pero cuando ya había empezado a subir las escaleras que daban a los dormitorios, el cuadro de la señora Gorda se abrió, sobresaltando a todos los presentes. ¿Quién sería?

El visitante no se hizo de rogar, y pronto apareció, arrastrando con él una pesada bolsa de viaje.

-Bueno chicos, ya estoy de vuelta, como veis no es tan fácil acabar conmigo –saludó el recién llegado, un chico moreno y regordete que sonreía a sus amigos tímidamente.

Hermione fue la primera en reaccionar.

-¡NEVILLE! Gracias a Merlín, ¿estás bien? –preguntó abrazándolo hasta dejarlo casi sin respiración.

-Colega, cuanto tiempo, ya creíamos que no te veríamos más –dijo Ron acercándose también.

Harry suspiró mentalmente. Justo cuando se iba a la cama a gozar de un codiciado sueño tenía que aparecer el inútil de Longbotton.

Bien, que no se diga. Representemos una vez más este puto papel.

-¡Bienvenido, Nev! ¿Todo bien? ¿Algún problema en el viaje de regreso? –saludó también. Longbotton lo miró agradecido.

-Solo algo débil, gracias chicos –respondió.

-Entonces vete a dormir ya, Harry te acompaña, él ya se iba –sugirió Granger con una dulce sonrisa que provoco que los nervios del inmortal se tensaran.

-Si, será lo mejor. No habréis sacado mi cama ¿no? –bromeó mientras subían a sus habitaciones.

Una vez solos, Longbotton, con la mirada fija en el suelo, procedió a desahogarse.

-No sabes lo mal que lo pasé Harry. Creí que no lo contaba, la presión de la planta... imposible de describir –el muchacho se estremeció y Harry se obligó a pasarle una mano por los hombros.

Pues entonces no lo describas, déjame dormir.

-No te preocupes, ya estás a salvo, aquí no te pasará nada –lo consoló.

El Gryffindor sollozó sobre su hombro y se agarró a él con fuerza, mientras gruesas lágrimas se deslizaban por sus sonrosadas mejillas.

Hay que joderse...

& & &

Cuando el sol se ocultó entre las montañas, después de un duro día escuchando una y otra vez la historia de Longbotton con el lazo del diablo, Harry Potter se escabulló con agilidad gatuna de la sala común sin ser visto siquiera por los cuadros que decoraban la habitación. Sus pasos eran rápidos y silenciosos y sus oídos permanecían alerta ante cualquier signo de compañía. En esos momentos era cuando le hacía falta el mapa del merodeador, pero se había quedado en la mansión, en poder de Voldemort.

Atravesó la puerta de entrada del castillo y salió a los terrenos, que seguían húmedos por la tormenta de la noche anterior. El bosque prohibido lo recibió tan majestuoso y oscuro como siempre, pero él siguió adelante, eran los habitantes de ese lugar los que debían temerle a él, no al revés.

No tardó en llegar al claro en el que muchos meses antes, había conocido al vampiro.

-¡ARES! –gritó a la oscuridad.

El viento revolvió el desordenado cabello del ojiverde, que sonrió al ver la demostración de poderes de su antiguo profesor. Sus ojos cambiaron, volviéndose tan rojos como los del ser que salía ahora de entre los árboles en el más absoluto de los silencios. Vestía una larga gabardina negra de cuero, con el cuello levantado, ocultando el tatuaje que se dibujaba sobre la pálida piel.

-Buenas noches –saludó con su característica voz, suave, profunda, hechizante.

-Buenas noches, viejo amigo –respondió el joven inmortal.

-Voldemort me entregó esto para ti –dijo mientras le entregaba un sencillo anillo de oro blanco. Harry lo recogió y se lo probó, le sentaba perfecto.

-Es bonito, pero dile que soy demasiado joven para casarme –rió. Los ojos del vampiro relampaguearon divertidos.

-Es un traslador –explicó- Te llevará a la Mansión el viernes de la semana que viene exactamente a las tres de la tarde, cuando ya hallas terminado los exámenes. Este otro –colocó otro anillo, esta vez femenino, en la palma del Gryffindor- es para Ginevra. A los demás se los enviarán sus respectivos padres.

-Has tardado mucho en venir. Voldemort me dijo que era porque tenías asuntos personales que resolver, ¿va todo bien? –preguntó después de guardar la alianza de su amiga en el bolsillo interior de la túnica.

-Regresé a Grecia. Tenía algo que recoger allí antes de la Batalla Final.

Mientras pronunciaba las últimas palabras una nueva figura había salido de las sombras y avanzaba a ellos mediante pasos lentos y majestuosos. Era una joven mujer, que apenas tendría catorce o quince años. Su cuerpo, cubierto por un fino vestido de seda negra, a pesar de su juventud lucía ya completamente desarrollado y su piel, de una blancura extrema, la hacía parecer etérea, irreal. Los ojos, bellos lagos de magma fundida estaban fijos en él pero no mostraban ninguna emoción que pudiera hacer deducir al mago los sentimientos que albergaba la recién llegada. La cascada de bucles negros caía sobre unos hombros descubiertos, ofreciendo una imagen de inocencia que nada tenía de verdadera.

La vampira se detuvo junto a Ares, sin dejar de observarlo un solo instante.

-Te presento a mi hermana, Abigail –dijo el vampiro. Los carnosos labios de la vampira se curvaron en una sutil sonrisa.

-Es un placer conocerte, Harry Potter, mi hermano me ha hablado mucho de ti y de tus extraordinarios poderes.

-El placer es mío, señorita –contestó inclinándose levemente mientras, haciendo alarde de sus exquisitos modales, depositaba un casto besos sobre la fría piel de la mano que ella le había ofrecido.

-Abbie y yo partiremos esta misma noche para Hangleton, Voldemort requiere nuestros servicios lo más pronto posible y ya nos hemos retrasado demasiado.

-¿También ella participará en la Batalla? –preguntó Harry, asombrado con que Ares dejase pelear a esa frágil criatura.

-No te fíes de las apariencias, Potter -replicó Abigail enseñando durante un instante dos afilados colmillos- He vivido más tiempo del que puedes llegar a soñar jamás.

Harry sacudió la cabeza, incluso a él, sabiendo la verdadera naturaleza de la mujer, había sido engañado por la imagen que ofrecía. Sin duda Abigail era una peligrosa enemiga para el bando de la luz.

La vampira se giró y se adentró de nuevo entre los árboles sin más gesto de despedida que un prácticamente imperceptible movimiento de cabeza.

-¿Creada por ti? –le preguntó a Ares una vez Abigail hubo desaparecido.

-Hace ya tanto tiempo que ya ni lo recuerdo –susurró con la mirada fija en el lugar donde había desaparecido su hermana- El viernes, Harry, no lo olvides- y estrechando la mano del Gryffindor salió en pos de la mujer.

-Criaturas extrañas los vampiros... –murmuró Harry a nadie en particular cuando se volvió a quedar solo en la noche.

No obtuvo más respuesta que el susurrar del viento y el aleteo de alguna lechuza.

Suspiró y con paso tranquilo inició su camino de regreso al castillo, acariciando ausentemente el anillo que Tom le había regalado.

Sonrió, solo una semana...

& & &

-¿Alguien sabe cual era la última aplicación de la sangre de dragón?

-¿Cuándo se firmó el control de regulamiento de los Hombres lobo?

-¿Se acuerda alguien de la definición de un Erkling?

El último examen, el teórico de Defensa Contra las Artes Oscuras estaba a punto de comenzar y los estudiantes de las cuatro Casas estaban colocados como en su quinto año, en asientos repartidos por el Gran Comedor. Los alumnos, nerviosos, se hacían preguntas de última hora, aprovechando hasta el último instante para recopilar información.

Harry, que estaba tranquilo y nada preocupado se balanceaba sobre su silla mientras lanzaba fugaces miradas al reloj de muñeca que llevaba puesto su compañera de Hufflepuff, Susan Bones. Quedaban solo dos horas para que pudiera volver a pasearse por los interminables corredores de la mansión, charlar con sus amigos, discutir con Tom y besar a Morgana.

En su impaciencia comenzó a dar rápidos golpecitos con el pie al suelo, llamando la atención de Draco Malfoy, situado al lado suya, que leía con calma una carta que le había entregado hacía unos minutos Pansy.

-¿Qué pasa, Potty? ¿Nervioso por qué tu carrera de auror se va a ir al traste?

Harry se detuvo y sonrió a su amigo genuinamente, luego, su rostro se endureció, volviéndose a convertir en el niño dorado

-Eso te gustaría ¿no, Malfoy? Para que no pudiera meteros en Azkaban a ti y a tu papi.

Draco se mordió el labio, intentando aguantarse la risa. Se le hacía ridículo ver a su mejor amigo comportándose como el típico Gryffindor, cuando era más Slytherin que todas las serpientes juntas.

-Alumnos, retiren todo de encima de sus mesas, el examen da comienzo ya –informó el examinador mientras con un movimiento de varita hacía volar los pergaminos hacía los estudiantes.

Draco le guiñó un ojo al moreno, que le respondió con un silencioso "buena suerte".

Una hora y media después, los alumnos salían del Gran Comedor entre gritos de alegría y euforia. Después de una horrible semana de difíciles exámenes todos los días, el acabarlos era todo un alivio. Ahora ya podían despreocuparse de todo hasta la entrega de notas, donde el nerviosismo y el estrés volverían a ser palpables.

Harry, acompañado por sus inseparables "amigos", salió del examen con una sonrisa en el rostro, pero no precisamente por el mismo motivo por el que lo hacían los demás. A él eso le daba igual, el único motivo por el que se había dignado a releerse los apuntes de años anteriores era para demostrarle a Tom que podía ser tan buen estudiante como él si se lo proponía. Se sorprendería mucho si no le pusiesen como mínimo un Extraordinario en todas las asignaturas, por lo que el tema de los estudios no le quitaba el sueño.

Cuando iban hacia el lago a descansar, el anillo que hacía una semana le había entregado Ares empezó a calentarse hasta casi quemarle. Potter, dándose cuenta de que era un aviso, se despidió a toda prisa de sus acompañantes, que lo miraron extrañados.

-Pero Harry... –empezó Hermione cuando su amigo ya había echado a correr.

-¡Luego os veo, tengo algo que hacer! –contestó desde lejos.

Una vez entrado en el castillo de nuevo, no se detuvo, al contrario, siguió corriendo con todas sus fuerzas hasta llegar a una de las aulas en desuso. Lanzó varios hechizos y encantamientos que sellaron la habitación y se sentó en el suelo, esperando a que el traslador cumpliera su función.

A los cinco minutos, más o menos, tiempo que uso para quitarse su uniforme escolar y vestirse con unas nuevas prendas que había hecho aparecer, el traslador partió hacia Little Hangleton, llevándose a un muy contento Harry Potter con él.

Apareció en el Gran Hall, que estaba completamente vacío y silencioso. Dejándose guiar por la magia que desprendía Tom, se apresuró a ir a la sala de estrategias, lugar donde probablemente estarían ya todos los mortífagos importantes reunidos. Después de caminar durante varios minutos y reprender a unos chicos de trece años que estaban faltando a clases, se introdujo por una puerta reservada para el y su compañero. Esta, llevaba a una habitación contigua a la sala de estrategias desde donde se podía observar lo que sucedía al lado a través de un doble cristal reflectante, parecido al que había en las salas de seguridad.

Voldemort, tan formidable como siempre ya se encontraba allí, de pie frente al cristal y observando con una mirada inescrutable todo lo que hacían sus mortífagos. Al ver que su compañero, aún a pesar de haber notado su llegada no pronunciaba palabra, se situó a su lado y miró en su misma dirección. La sala era un autentico caos.

En la habitación, que estaba decorada de forma serie e impersonal, con tonos negros y grises, se encontraban los miembros más allegados del círculo oscuro. Los invencibles, los únicos jóvenes presentes, eran los que mejor se comportaban, dejando escapar alguna risilla de vez en cuando ante la actitud de los mayores.

-¡Que no te me acerques Snivellus, que no te quiero ver delante!

-¡BLACK! El lord me ha ordenado que te tomes esto, y me ha dejado muy claro que si no lo haces las consecuencias las sufriremos los dos. Si por mi fuera hubiera dejado que el quintaped te arrancase la mano en vez de haberte dado solo un mordisquito así que deja de escapar de mi y tómate ya la puñetera poción.

Sirius corría de un lado a otro de la habitación, intentado escapar del ex-profesor de pociones que lo perseguía con una humeante copa levitando tras él.

-¡No pienso beber nada que hallas preparado tú Snivellusseguro que se te ha caído la grasa del pelo al brebaje y quieres envenenarme! –gritó el animago por encima del bullicio de la sala.

-¡Maldita sea Black, deja de hacer el Gryffindor y tómate la poción que es precisamente porque ya estás envenenado, cabeza de chorlito!

Pero Padfoot, que tenía la tela del hombro desgarrada y manchada de sangre solo negó fuertemente y volvió a escapar del mortífago.

-¡Lupin! Podías ayudar un poquito ¿no? –llamó Severus viendo que su antiguo compañero de estudios seguía tan infantil como siempre.

Pero Remus tenía en ese momento otras cosas en la cabeza como para ponerse a atender al amargado de Snape. Se lo estaba pasando genial en esa reunión, dos de sus antiguas amantes, Andrómeda Black y Nimphadora Tonks, se estaban peleando por él usando todas las maldiciones que conocían.

Moony, que prudentemente se había quitado de en medio de esas dos fieras, las observaba tranquilamente con una sonrisa en los labios.

-¿Cómo has podido, mamá? –gritaba la morpho mientras esquivaba un certero desmaius.

Tonks lanzó una nueva tanda de maldiciones contra su madre, que las repelió no sin cierta dificultad.

-Oh, cállate –replicó Andrómeda observando lujuriosamente el cuerpo del licántropo que no pudo menos que sonreír ante la silenciosa invitación- Ya lo has tenido ¿no? ¡Pues comparte! Si yo he podido hacerlo con mis hermanas tú puedes hacerlo conmigo.

-Oye a mi no me metas ¿eh? –saltó Bellatrix, que estaba recostado sobre la mesa mientras su marido la besaba apasionadamente en el cuello- Remus es cosa del pasado... mmmm... –la mortífaga cerró los ojos, deleitada por las caricias propiciadas, pero los volvió a abrir cuando éstas se detuvieron.

-¿Remus? ¿Lo llamas por su nombre? –inquirió Rodolphus con una ceja levemente levantada.

Bella se enderezó y lo miró con desprecio y algo de diversión.

-No empieces otra vez con los celos...

-Es que me revienta que hayas estado con ese... ese... ¡CON ESE LOBO! –estalló Lestrange señalando al licántropo con un dedo acusador.

Remus, sin apartar ni un segundo la vista de la otra pelea, intervino:

-Bella es agua pasada, no te apures, yo casi ni me acordaba... ¡Por favor! Fue en el colegio...

El tono despreocupado y casual del licántropo enfureció aún más a Rodolphus que hubiera saltado sobre él si no llega a ser por su esposa, que le había clavado la punta de la varita en la garganta.

-¡Así se hace, tía Bella! –aplaudió Draco desde una silla cercana. La mortífaga le guiñó un ojo y luego se volvió hacia su marido, que la observaba fríamente.

-Me casé contigo ¿no? Pues entonces calla –y lo volvió a besar apasionadamente.

Por otro lado, los aristocráticos Malfoy discutían calladamente. Harry no podía oírlos pero por la cara de Lucius, que se iba volviendo más y más pálido según su mujer avanzaba con la bronca, supuso que no era nada bueno para su rubio mortífago.

El estilo de Narcisa era inconfundible, sin gritos ni efusiones hacía más daño que cualquier otra persona. Siempre educada, siempre perfecta, y sin embargo más astuta que Andrómeda y más mortal que Bellatrix. Las hermanas Black, un trío terroríficamente letal.

El resto de los mortífagos, como Dolohov, McNair o Avery jugaban a los gobstones, como si fueran chiquillos. En una de las jugadas, Crabbe perdió y la canica correspondiente le arrojó un líquido pestilente a los ojos. El mortífago se apartó y agarró a uno de sus compañeros para ponerlo en su lugar. Pronto los chillidos y los gritos interrumpieron el resto de las conversaciones, que se volvieron a ver el porqué de tanto alboroto.

Los ojos de Harry pasaban de un lado a otro, incapaz de creer lo que estaba viendo. A su lado, Voldemort esperaba su reacción.

-¿Y con estos hombres vamos a conquistar el mundo?

Riddle sonrió.

-Será mejor que entremos antes de que se produzca un verdadero desastre.

Harry asintió y se dirigió a la puerta que comunicaba con la otra habitación. Estaba apunto de abrirla cuando notó como unas fuertes manos se posaban sobre sus hombros.

-Me alegro de que hallas vuelto, pequeño -susurró Voldemort en su oído. Harry sonrió, feliz de que su compañero se alegrase de su vuelta y abrió la puerta con decisión.

Los mortífagos reaccionaron con rapidez: Cada uno volvió a su asiento correspondiente, la sustancia viscosas fue limpiada, las parejas dejaron de pelear e incluso Sirius se tomó la poción de un trago y sin rechistar al verlos aparecer.

-Bienvenido de nuevo, milord –saludó Rabastan haciendo una leve inclinación de cabeza. Los recién llegados se colocaron cada uno en un extremo de la mesa y la reunión dio comienzo.

-La Batalla final señores... –empezó Potter.

& & &

-La reunión ha sido un éxito ¿no crees? –dijo Harry después de cinco horas encerrados elaborando planes y estrategias.

Voldemort cabeceó pero no dijo nada. Estaba cansado.

-Quiero que Dumbledore se muera ya –murmuró en voz baja y susurrante. Harry se estremeció pero hizo todo lo posible para que su acompañante no lo notara.

-Oh vamos Tom, no me dirás que ya no tienes fuerzas para luchar...

Riddle sonrió al escuchar al joven. Ese niño era el que le daba fuerzas, el que le incitaba a estar siempre perfecto, a no mostrar nunca una sola debilidad... Pero no, mentía. Antes había sido así, cuando Harry era pequeño y necesitaba de esa figura seria y todopoderosa para no llorar cuando se caía, pero ahora sabía que si él mismo se cayese sería Harry el que adoptaría ese papel para él, para ayudarle a levantarse de nuevo.

Lo había echado de menos, lo reconocía. Sus peleas, sus charlas, sus quejidos, su constante parloteo... su presencia era ya algo tan normal en su vida que no lograba acostumbrarse cuando no lo tenía cerca.

Le arreó una colleja.

-No digas estupideces -Harry rió, esquivando un segundo golpe.

Los dos inmortales paseaban por la orilla del lago, disfrutando del sonido relajante de las pequeñas olas que llegaban hasta ellos y de la magnífica vista que les ofrecía el atardecer.

-¿No lleváis ni un día juntos y ya os estáis peleando? No se de que me sorprendo –gruñó una silbante voz a sus espaldas.

Nagini, la poderosa serpiente se deslizaba con sinuoso sigilo entre la hierba alta, resultando casi invisible para los dos magos, que tan solo tenían la pista de la aplastada hierba para saber donde estaba.

Harry se agachó y se puso a la altura del reptil, que alzaba su cuerpo con majestuosidad, igual que una cobra.

-Ya creí que no me ibas a saludar –dijo el moreno en parsel alzando una mano para acariciar la fría piel de su amiga.

-¿Y dejar que el descerebrado este te meta ideas raras en la cabeza? –bromeó mientras con la punta de la cola le hacía cosquillas al adulto, que acabó también en el suelo al no poder separarse del abrazo final de la sierpe.

-¿Y por que no te iba a saludar, pequeño? ¿Tienes remordimientos de conciencia? –Tom se metió en la conversación al tiempo que se sentaba correctamente, clavó su oscura mirada en Harry, que le sacaba la lengua burlonamente.

-Por qué fui primero a verte a ti que a verla a ella, que la verdad se lo merecía bastante más –ninguno de los dos se había molestado en cambiar de lengua, esa conversación era privada, y nadie salvo ellos tenía derecho a escucharla.

La serpiente se desenroscó y pasó su largo cuerpo alrededor de los dos magos que aún se retaban con la mirada. Luego, sin previó aviso apretó, dejándolos a los tres muy juntos.

-Mis niños... ¿cuando madurareis...? –ni Harry ni Tom contestaron, la colosal fuerza del reptil se lo impedía ya que con su cariñoso abrazo les estaba dejando sin respiración.

Voldemort clavó sus uñas en la piel de Nagini, que lo miró furiosa.

-Ya os suelto pero nada de peleas que el niño solo va a pasar un día aquí –y sin más los liberó, desapareciendo casi al instante entre la espesa hierba que los rodeaba- Tienes que comer más, pequeño, estas muy delgado... –siseó cuando ya no era visible.

Los dos inmortales suspiraron pesadamente y cogieron una gran bocanada de aire en cuanto se vieron libres de la terrible opresión en el pecho.

-Un día la meto en las salas de seguridad y de ahí no la saca ni Salazar –dijo Riddle tumbado boca arriba, todavía jadeando.

-Anda cállate no valla a ser que vuelva y nos abrace en serio –replicó Harry levantándose y ayudando a su compañero a hacer lo mismo.

Dándose la vuelta caminaron de regreso a la mansión, mientras Tom comentaba algo acerca del último libro que había leído.

-Vamos hermanito, no me vengas con esas a mi, que nos conocemos de sobra... –dijo de repente una voz femenina. No podían ver a su dueña ya que estaba oculta tras unos matorrales, pero tras intercambiar una significativa mirada los dos lores atravesaron las ramas para encontrarse con la fraternal escena de los dos vampiros picándose mutuamente.

-¿Tienes miedo, Abbie? –replicó Ares con una sonrisa maliciosa y jugueteando con los puñales que tenía en la mano.

-Más quisieras...

Harry y Tom se volvieron a mirar y retrocedieron hasta estar de vuelta en el camino de piedra que habían estado recorriendo antes.

-Mientras no se pongan a pelearse en medio de una batalla me da igual lo que hagan –dijo Voldemort antes de que el más joven pudiera decir algo.

Potter rió.

-Tu siempre tan preocupado por tus hombres...

-Para empezar no son hombres, si no vampiros y además uno de ellos es mujer así que... –contestó el heredero de Slytherin con una mueca.

-Hablando de mujeres... –interrumpió Harry con la mirada fija en las altas ventanas de la mansión- Antes de irme quisiera hacer una visita en condiciones a Morgana...

El Gryffindor esperaba la respuesta de su maestro impaciente, temía una negativa ya que se le había hecho tarde y la luna destacaba ya sobre el despejado cielo nocturno.

-¿Y a mi que me cuentas? Vete y disfruta –soltó Tom despreocupadamente.

La cara del animago se iluminó y dando un efusivo gracias salió despedido hacia la mansión Riddle sin siquiera despedirse.

-¡A LAS DOCE EN HOGWARTS! ¡Y POBRE DE TI QUE LLEGUES UN MINUTO TARDE! –gritó el adulto cuando el otro ya se encontraba lejos.

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Recorría los pasillos con paso tranquilo y despreocupado. Había pasado antes por su habitación para cambiarse de ropa (por muy sexy que fuera la ropa de invencible no iba a presentarse así ante su novia a la que llevaba tres meses sin ver) se dirigía ahora a la de Morgana.

Tenía tiempo de sobra, aunque ya había anochecido tan solo eran las nueve y media de la noche, era ese maldito verano ingles lo que parecía que fuera más tarde de lo que en realidad fuera.

Llamó a la puerta y tres escuchar desde dentro una voz que le decía "adelante" la abrió y entró en el pequeño salón que llevaba al dormitorio y el baño. Las últimas veces que había estado ahí había estado tan excitado que no se había dado cuenta de la presencia de una ante-sala a las verdaderas habitaciones de la morena.

Se rió de si mismo, pero la risa se le cortó de golpe al ver a un inmenso gato negro observándolo ferozmente desde debajo de una mesa, agazapado de tal forma que parecía que iba a saltar de un momento a otro.

Sin duda Shadow había crecido considerablemente desde la última vez que lo había visto, y aunque no había alcanzado todavía su tamaño máximo ya tenía el de un gato montés adulto.

Las cortinas empezaron a ondularse, lo que provocó que Harry desviara inconscientemente la vista para ver aparecer al imponente Abhorsen, el peligroso nundu.

-¡Ostrás!

No podía tener otro sitio para guardar sus mascotitas ¿no?

Abhorsen lo observaba tranquilamente, con una gracia natural se acercó a la pantera que parecía una pequeña cría a su lado y se recostó en la alfombra. Pronto Shadow se le unió, acurrucándose junto a él pero sin perder de vista a Harry, que los observaba fascinado.

El cariñoso cachorro había dado paso a una fiera astuta y desconfiada que tenía como compañero de juegos a un poderoso y letal nundu.

El pelaje de la pantera era de un negro brillante que emitía destellos de oscuridad. Era simplemente, hermosa.

-¿Harry? –la suave voz de una mujer a sus espaldas le hizo voltear la cabeza.

Ante él estaba Morgana Lestrange, con el pelo suelto, dejándoselo caer delicadamente por los hombros y espalda. Llevaba puesta una sencilla pero elegante túnica azul marino de seda que le hacía resaltar los brillantes ojos grises, fijos en esos momentos, en las esmeraldas de su amante. La mortífaga sonrió, volviéndose aún más bella.

El inmortal acortó los pasos que los separaban y la besó. Un beso profundo y apasionado que demostraba la necesidad que habían tenido el uno del otro en esos casi tres meses que habían estado apartados. Se separaron cuando los pulmones volvieron a reclamar el aire que necesitaban y aún así siguieron muy juntos, con las frentes pegadas mientras recuperaban el preciado aliento.

-Espero que hoy no hallas venido también para verme dormir... –dijo Morgana con una voz increíblemente sensual.

Harry notó como se empezaba a excitar y sin poderlo evitar deslizó sus manos hasta el trasero de la joven y apretó con fuerza.

-No es exactamente lo que tengo en mente –las lenguas se encontraron de nuevo, entrelazándose, soltándose y volviéndose a encontrar, intentando doblegar a la otra a su voluntad. El beso iba exigiendo cada vez más y más y el calor aumentaba entre ellos.

Como pudo, Harry se quitó la camisa, dejando al descubierto su firme pecho y sus marcados pectorales. La morena dejó de besar su boca y comenzó a bajar por la cara, el cuello... Mordió con suavidad el lóbulo de la oreja de su amante y absorbió lentamente.

-No imaginas cuanto te deseo, Potter –jadeó en su oído. El enloqueció, agarró fuertemente a la mujer por la cintura y la alzó en el aire, ella, comprendiendo sus intenciones entrelazó sus piernas alrededor de las caderas del moreno, que la llevó hasta el dormitorio y la lanzó en la cama.

Lestrange cayó sobre el mullido colchón boca arriba, se alzó sobre sus codos y sonrió de forma lobuna.

-Ven.

El inmortal no se hizo de rogar. Se tumbó sobre ella y le arrancó la túnica y la camiseta, y sin dejar de besarla comenzó a acariciar sus pechos por encima del sujetador, intercalando fuertes masajes con suaves y delicadas caricias que hacían estremecerse a la mortífaga, que soltaba gemidos de placer sin cesar. Extasiado por los sonidos que producía su compañera hizo desaparecer, como la primera vez que se habían acostado juntos, toda su ropa añadiéndole esta vez la suya propia.

Acercó los labios a los duros y erectos pezones y los lamió con avidez, deleitándose con la sutil fragancia que desprendía la piel de ella, que le agarraba del cabello pidiendo más. Sin separar su boca del manjar que estaba saboreando empezó a masajear suavemente su pubis y el cuerpo de Morgana se alzó de forma inconsciente, buscando más contacto.

Tres de los dedos del Gryffindor se deslizaron sin piedad dentro del sexo de la joven que rió, embriagada de placer. Lo estaba volviendo loco. Miró a su novia a los ojos y se excitó aun más, las pupilas, completamente dilatadas debido al placer ocultaban casi por completo el plateado iris. Cogió con su mano libre el mentón de la morena y la besó con pasión renovada, casi con fiereza.

Morgana, que poseía el mismo fuerte carácter de su madre dejó de adoptar el papel pasivo y rodó por la cama para apartarse de los roces de Harry, que la agarró de un tobillo cuando ella gateaba por entre las sábanas.

Ella soltó un alarido entre las risas y se volvió rápidamente, cayendo encima de Potter que hizo un mohín de enfado al ver que había conseguido su propósito. Le dio un suave beso y sin perder contacto con los brillantes ojos verdes de su amante fue desperdigando besos y lengüetazos a lo largo de todo su cuerpo.

La piel de Harry era dulce, y sabía a vainilla, era muy agradable lamerlo, besarlo... daban ganas de comérselo. Morgana rió nuevamente y con movimientos gatunos se deslizó hacia abajo posando sus labios sobre el erecto miembro del moreno, que sin poder resistir más la mirada había echado la cabeza hacia atrás y se dejaba hacer.

La mujer lamió la punta de su sexo para comprobar la resistencia de Harry, que se arqueó dando un débil gruñido. Lamió su miembro de arriba abajo, dando largos lengüetazos y dando leves mordiscos que gritaba su nombre pidiéndole que continuara. Esto excitó a la mortífaga que introdujo el duro miembro es su boca mientras su juguetona lengua giraba en torno a él. El cuerpo del hombre empezó a moverse al ritmo que la cabeza de la morena subía y bajaba hasta que finalmente se derramó en su boca.

Potter, espatarrado sobre la cama murmuraba incoherencias con los parpados bajados. Ese había sido el orgasmo más brutal de su vida, y quería recordarlo durante mucho tiempo. De repente sintió como un cosquilleo se apoderaba de todo su cuerpo obligándole a abrir los ojos para conocer la causa.

Morgana recorría su cuerpo desnudo con una pluma roja, apenas tocándole. Se colocó a horcajadas sobre el, y lo retó:

-¿Demasiado cansado para seguir? –como respuesta Harry se levantó y le dio un largo y profundo beso.

Las hormonas de los dos jóvenes se volvieron a disparar y entre los salvajes toques que se propiciaban el uno al otro, el sexo de Potter se volvió a erguir, Morgana notando como algo duro se clavaba sobre su muslo acarició con manos expertas el pecho del inmortal, deteniéndose sobretodo en los sonrosados pezones y pellizcándolos para volverlos erectos y firmes.

Harry buscó la boca de la morena, el beso sabía a él, era su esencia, su poder, se estaba probando a si mismo. Morgana era esa noche la dominante, no le importaba, más bien prefería a las mujeres con iniciativa pero siempre se quedaba con las ganas, ninguna se atrevía a pedir algo al gran Harry Potter por temor a contrariarle, pero no Morgana Lestrange.

La ojigris se incorporó un poco para luego descender suavemente, dejando que la penetrara. Guiaba sus movimientos, obligándole a hacer lo que ella quería, lo que le proporcionaba más placer; lento primero, rápido después. Las embestidas aumentaron y los gemidos y gritos llenaron la habitación, sobresaltando a los dos felinos que dormitaban en la sala contigua.

Harry notó como las afiladas uñas de su amante se clavaban en su cuerpo cuando ella llegaba al punto culminante, los ojos entrecerrados, los labios temblosos, la garganta jadeante. No esperó más, aumentó a un ritmo imposible las embestidas, y acarició los perfectos pechos de la morena mientras subía, bajaba y volvía a subir sus caderas, hasta que por fin se vino él también soltando un profundo gemido de satisfacción.

Entrelazó sus brazos alrededor de la pálida y sudorosa espalda y la acercó a él, instándola a tumbarse sobre su cuerpo mientras se recuperaban de la intensidad del orgasmo, todavía sin salir de ella.

-Podría llegar a amarte ¿sabes? –susurro Harry con la voz entrecortada. Morgana rió cálidamente y enterró su cara en el cuello del moreno.

-Creo que yo también...