Atención: Lo de siempre, los personajes de este fanfic no son míos salvo Dikki y Eladora, todos los derechos reservados para J.K. Rowling y asociados.

Notas de la autora(hoy toca chapa):Con respecto a algunas personas que han dejado de leer la historia desde el último episodio publicado, solo aclarar unas cosas: desde un principio avisé que este fic iba a tener varias parejas, que la única no iba a ser Draco/Harry, pero creo que no es algo nuevo, además de escribir leo mucho y hay infinidad de historias donde los protagonistas tienen una relación anterior, bien con un personaje original o ya creado por JK. El que guste o no la elección de la pareja, bueno, ya depende de cada uno (y es muy difícil contentar a todos). Por tanto, si el leer sobre esa pareja puede más que el interés que puedas tener en la historia, naturalmente cualquier lector está invitado a abandonar el fic.

He recibido algunas críticas sobre el desarrollo de los personajes y emociones en algunas escenas, las cuales me han hecho pensar, y replantearme si realmente vale la pena seguir. Y sigo diciendo lo mismo: cuando cualquier autor sube una historia, debe estar preparado para las buenas críticas y también las malas. Así, siento no haber colmado las expectativas de ciertas personas, sé que tengo mucho que aprender, pero personalmente, dentro de mis posibles y seguramente múltiples carencias como autora amateur, voy a seguir publicando esta historia porque creo en ella, porque le he dedicado mucho tiempo, porque ha salido de mi etapa más oscura, y porque está apoyada por otros lectores. Gracias tanto a los que os habéis ido como a los que me animáis a seguir. Si algo tiene el fandom es libertad de elegir lo que uno quiere leer. Y, personalmente, no me gustaría que nadie estuviera leyendo esto y pensando que pierde el tiempo.

Resumen actualizado:

Tras la derrota de Voldemort, Snape escondió a Draco en la taberna Cabeza de Puerco. Encapuchado y con su marca oscura, no puede hacer magia para no ser detectado. Hermione Granger ofrece ayuda a Draco a través de La Orden del Fénix para ponerlo a salvo, usando el cuerpo de Potter. Al rechazarlo y volver a la taberna, el rubio encuentra que alguien la ha incendiado. Los aurores lo encuentran y lo llevan a Grimmauld Place, donde ha de vivir con Harry Potter, Hermione Granger, Remus Lupin y Nymphadora Tonks, que parecen tener interés en protegerlo. Harry Potter le ha devuelto su antigua varita y tras varios meses, Draco logra recuperar su poder. Los aurores lo mandan a una cabaña en el campo con la excusa de efectuar una peligrosa misión para rescatar a Severus Snape, de la que Harry sale malherido. Draco salva la vida del Chico que vivió con sus conocimientos en pociones, pero al regresar a Grimmauld hay otro problema: ahora los mortífagos persiguen a magos de renombre para cambiarlos por presos de Azkaban. Los magos se esconden en mundo muggle, donde Draco se encuentra con su antiguo amigo y camarada Blaise, quien parece comenzar una relación con Harry. Mientras los chicos parecen desarrollar emociones los unos por los otros, aparentemente los mortífagos han perpetrado otro ataque, siendo esta vez Hermione Granger quien sufre las consecuencias. La joven sigue con vida gracias a la ayuda de Draco y la elfina.

POR AMOR A UN MORTÍFAGO

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PARTE IV: EL LONDRES MUGGLE.

CAPÍTULO 25: SENTIMIENTOS EN BRIGHTON

—¿Qué estás diciendo, Draco?

—Como lo oyes, Blaise, que nuestras citas han llegado a su fin.

Blaise soltó una carcajada, sin poder creer lo que oía.

—Somos amigos, ¿de verdad quieres dejar de verme?

Draco lo miró con furia:

—Quiero que tengas muy clarito dos cosas, querido amigo: una, si yo soy tu amigo, ¿por qué me echas de tu casa? Dos, si yo soy tu amigo, ¿por qué prefieres a Potter?

Blaise abrió unos ojos como platos, y a sus ojos le siguió la boca y respondió:

—Conque es eso… estás celoso.

—No se trata de celos, Blaise. Tú y yo nos conocemos desde hace más tiempo, hemos pasado muchas cosas juntos y por un calentón tuyo me dices que me vaya…

—Bueno, Draco, podrías haberte quedado a mirar, pero sinceramente, no creo que hubieras querido.

Al rubio le entraron escalofríos al recordarse él mismo bajo la ventana, pero bajo ningún concepto Blaise iba a saberlo.

—Yo sólo sé que aquel día me echaste por quedarte con Potter.

—¿Y qué mas da? Él se fue después, así que me quedé solo.

—Te lo mereces —soltó el Slytherin.

—¿Me vas a dar a elegir entre él y tú?

Draco respondió, mordaz:

—¿Perdería?

—Demonios, Draco, a veces eres tan difícil…

Había discutido con Blaise, no era la primera vez, pero siempre se acababan arreglando. Claro que, Draco tenía la suficiente confianza como para decirle lo que le preocupaba. No había estado bien que lo apartaran, y menos aún que le obligaran a marcharse cuando él tenía más derecho que Potter de estar ahí. Hasta el mismo Potter lo había entendido.

—Si soy difícil, ¿por qué Potter se marchó después?

—Porque se sentía mal, porque lo está pasando mal sabiendo que hace algo que quizá te moleste…

—Sinceramente, Blaise, ¿para qué tantas molestias con alguien que es pasajero? ¿O quizá me has mentido? ¿Es que Potter es el amor de tu vida?

Blaise pareció realmente molesto entonces. Rodeó a Draco y se enfrentó a él con la posición del cuerpo, con la mirada, con las palabras.

—Si eso ocurriera, Draco, ¿qué pasaría? ¿Dejarías de hablarme? ¿Dejarías de estar conmigo sólo porque no te gusta mi pareja? Dime…

—¿Y qué más te da? Tú seguirías echándome de tu casa…

—¡Argh! Harry dice que nos parecemos, pero no veo en qué…

—¿Cómo? ¿Potter ha dicho eso? ¡Qué modo de insultarme!

—¡Eh! ¡Eso pensé yo!

Los chicos se miraron, retadores. A ninguno le gustaba que lo confundieran con el otro, para nada. Se gustaban tal y como eran. Draco se imaginó la vida sin Blaise, sin sus conversaciones y pullas, y se le antojó muy deprimente aquello. No podía enfadarse con él ahora, no le interesaba. Mandó al cuerno a Potter por un momento.

—Por cierto, Blaise, el otro día fui al Callejón Diagón.

—¿Qué dices? ¿Estás loco?

—Multijugos. Pude sacar más dinero de mi cuenta.

—Aaah, por eso hoy invitas tú…

—Ni lo sueñes, Blaise.

—¿Y cómo está todo en el mundo mágico?

—Vi poca gente allí, está claro que muchos de ellos se han mudado, como tú o Pansy.

—Qué mal nos trata el mundo mágico a los Slytherin…

Draco desvió la vista. Aún seguía con la marca en el brazo y aquello no desaparecería nunca. Si los aurores lo pillaran, no lo contaría. ¿Cuándo iba a abrir juicio el Wizengamot para los magos descarriados? Era una posibilidad que La Orden del Fénix estaba tanteando. Qué asco que todo fuese tan despacio…

—Por tu bien, yo que tú me haría un sitio en La Orden del Fénix, Draco.

—¿Un sitio?

—Sí, ya sabes, colaborando y eso. Potter debe estar en contacto con ellos, pídele ayuda.

A la mención de Harry, ambos chicos desviaron la vista.

—Te agradezco tu preocupación, Blaise, pero yo sé lo que hago.

Blaise no pareció muy convencido, pero tampoco quiso agobiar a su amigo. Sacó un pergamino del bolsillo y anunció:

—Es de Pansy, la recibí ayer. Quizá quieras leerla, te ha puesto algunas líneas.

Draco cogió el pergamino rápidamente y buscó su mensaje:

"Narcissus: tengo tantas cosas que decirte que no sé por dónde empezar. Empecemos por saber que estás bien y por alegrarme de que Bernie te haya encontrado…

—Bernie soy yo, es mi nombre en clave —aclaró Blaise, y Draco continuó leyendo.

"Aquí está todo muy tranquilo y tanto mis padres como yo visitamos de vez en cuando el mundo mágico, pero preferimos no arriesgarnos demasiado, tan sólo para lo justo. Siento no poder visitar a tu madre, pero espero que esté bien, y que pronto esté contigo. Por cierto, esto me hace recordar que voy a ir a pasar unos días a Brighton, a casa de mi prima. Bernie sabe dónde es, pero si vais solos deberéis coger un tren hasta allí. Me gustaría que te apuntaras a la excursión, para malcriarte un poco. Puedes quedarte en casa de mi prima, espero que no te importe compartir habitación conmigo, podemos recordar viejos tiempos, y meter a Moi en el agujero… sólo si te apetece, claro. Ven, maldita sea, quiero verte."

—¿Qué es eso de Moi, Draco?

—A ti te lo voy a decir —dijo el chico—, tú tienes cosas en clave, pues yo también.

—Entonces, ¿qué? ¿Te apetece coger un tren a Brighton?

Draco sonrió, recordando a su inolvidable más que amiga Pansy, con quien pasó tantas cosas de niño…

—¿Cuándo nos vamos?

Blaise se acomodó en la silla de la cafetería, y dando un último sorbo al café, recordó:

—¿Tú no estabas enfadado conmigo?


Seguía siendo mayo cuando un grupo de jóvenes hacía su salida desde King's Cross hacia el pueblecito costero de Brighton; Draco, con su equipaje, y sentado junto a un señor alto y calvo, evitaba mirar a sus compañeros de viaje que, sentados frente a él, contemplaban la campiña inglesa que tanto le recordaba a su casa. El viaje fue largo y tedioso en esos trenes sobre raíles tan llenos de gente muggle. Draco se preguntó si no estaba acostumbrándose a vivir entre ellos, porque ya no olía sus fluidos ni sus asquerosas colonias baratas. Había insistido en la desaparición, pero Blaise dijo que la idea era tener una excursión y ¿cuál sería el encanto si no disfrutaban el cambio de paisajes? Draco se preguntó en qué involucionaría Blaise; primero, vivir entre muggles, y luego salir con un auror mestizo. Auror que parecía observarlo en ocasiones cuando Draco no miraba. ¿Por qué había tenido que venir con ellos?

—Estoy seguro de que Brighton te gustará, Draco. ¿Tú lo conoces, Harry? —preguntó un atento Blaise, vestido de sport. A su lado, su pareja no parecía molesta porque hubiera cambiado su modo de vestir por otro más apropiado para la excursión.

—No.

Harry miró a Draco. No parecía muy contento por estar allí, claro que quizá la razón tuviera que ver con él. El moreno suspiró, consciente de ser el único que sobraba. Había tratado de no ir, pero Blaise le había insistido tanto… y a él realmente le apetecía. Por otro lado, no consideraba justo dar crédito a las siempre caprichosas peticiones del rubio, que cogía pataletas de niño pequeño cuando algo no le convenía. Aún así, se había dejado asesorar por Blaise antes de venir para poder impresionar a otra Slytherin: Pansy Parkinson, una persona igual de hostil que su némesis y de quien no esperaba halagos precisamente. Blaise le apretó la mano al notar la tensión en su compañero. Harry le sonrió, y su mirada se encontró con la de Malfoy, que parecía estar perdonándole la vida. Los apartó enseguida mientras volvía su mirada de nuevo a la ventanilla.

Cuando los chicos llegaron a la abarrotada ciudad costera, a Draco pareció olvidársele por un momento quién lo acompañaba en cuanto una joven morena con el pelo semilargo los vino a recibir a la estación.

—¡Draco, querido!

El rubio salió corriendo para encontrarse con ella, y se fundieron en un cálido abrazo, abrazo que Harry dudó pudiesen dar unos Slytherin. La chica acarició con vehemencia el rostro de su amigo y lo besó brevemente en los labios. Harry sintió una punzada en el estómago y agarró el brazo de Blaise por instinto.

—¿Todo bien, Harry?

La mirada del moreno lo decía todo.

—No debes preocuparte, si Pansy pone mala cara, yo estaré aquí para defenderte. Eres mi Gryffindor.

Harry sonrió a Blaise. Sí, era su Gryffindor, la única persona que lo había ayudado cuando se dio cuenta de que era gay.

La joven Pansy también se arrojó a los brazos de Blaise y le plantó un sonoro beso en la mejilla.

—¡Estás muy delgado, no te dan bien de comer! —rió la chica.

—Tú en cambio, estás cada día más guapa —respondió el chico de color, y la mirada de Draco viajó rápidamente al rostro de Potter, quien no parecía molestarse por aquella insinuación.

—Harry Potter —dijo la joven entonces, girándose hacia el tercero en discordia.

—Buenos días, Parkinson —saludó el chico, con una leve inclinación de cabeza.

—Puedes llamarme Pansy. Al fin y al cabo nos vamos a tener que aguantar unas horas.

—Eh… bueno. Tú también puedes llamarme Harry.

—Genial. Draco, querido, cuéntame algo… ¿es cierto que estás en una casa con aurores?

Harry los vio alejarse tomados del brazo, y un suspiro salió del fondo de su alma. Había sido más fácil de lo que creía, pero eso también era sospechoso. ¿Y si su presencia molestaba realmente a la chica? ¿Le harían el vacío todo el viaje ella y Malfoy?

—Harry… —dijo alguien a su lado—. ¿Bien?

El moreno se volvió para asentir, recibiendo como respuesta un beso en los labios.

—No hagas eso o a Pansy le dará un ataque cardiaco —le aconsejó Harry, que sabía que la chica desconocía cualquier relación entre ambos.

—No la subestimes. Sólo necesitará pillar una mirada de los dos para darse cuenta de todo. Por eso te dije que no era necesario contarle nada. Es muy lúcida, muy aguda. Lo sabe todo antes que tú. Es una bruja.

Harry rió a carcajadas, de repente, el sol proyectado sobre la ciudad se sentía caluroso, y la humedad era palpable en el ambiente. Un pueblecito con playa, un cambio de aires. Salir de casa y del Ministerio le haría bien, él no se sentía mucho más libre que Draco.

Pasearon por las calles principales, por la plaza, con un jardín lleno de flores, había tantas parejas homosexuales que Harry comenzó a relajarse, deseando que fuera un bonito viaje. Deseaba estar a gusto entre Slytherins, olvidarse de sus obligaciones como auror durante un corto período de tiempo, dejar atrás el lluvioso y frío Londres por el caluroso y pequeño Brighton. La actitud de Pansy había sido ignorarle y tratarlo con frialdad, y aquello sí encajaba más en el carácter de la chica.

Comieron en la casa de la prima de Pansy, donde cocinaron elfos domésticos y donde Blaise pudo saciarse a gusto, mientras Harry los informaba a todos de cómo estaban las cosas en mundo mágico y dándoles premisas para ocultarse en caso de que fuera necesario. Después, pasearon de nuevo y el moreno quiso pasar desapercibido. Blaise se había llevado una cámara fotográfica muggle y todos se rieron de él, pero poco después posaban como si fueran modelos, en un parque cercano, junto al enorme Domo de Brighton. Harry, que odiaba salir en las fotos, no tuvo problema en hacer de fotógrafo, y rió mucho intentando pillarlos en poses y situaciones absurdas.

—¡Eh, Blaise! ¡Borra esta maldita foto! ¡Potter no sabe fotografiar!

—Draco, no tengo la culpa de que no sepas posar.

—Hacer posados está en nuestra sangre, Blaise. Haz el favor de repetirla, Potter, pero esta vez, procura hacerla bien.

—Malfoy, no tengo la culpa de haberte cogido el lado malo —se jactó Harry.

—¿Lado malo? Mira, Potter, en mi cara no hay ningún lado malo, por algo llevas gafas.

—Bueno, bueno, déjame, Harry, verás cómo le gustan las fotos a Draco.

El chico le dejó la cámara y Pansy acercó demasiado el objetivo a su cara.

—Tiene que coger todo su rostro, no debe salir nadie más, si no, no le gusta.

—Se supone que son fotos de grupo —se quejó Blaise.

—Ay, querido, cómo se nota que no conoces a nuestro Narcissus.

Ante la mención del nombre, Harry rió a carcajadas.

—¿De qué te ríes, cara-rajada?

—Es… es muy bueno ese apodo tuyo… Narcissus, te va que ni pintado.

—Se le ocurrió a Pansy —informó Blaise.

—Es muy bueno, de verdad —Harry se carcajeó hasta sentir un empujón. Sin fuerzas como estaba, fue a caer al jardín, donde siguió carcajeándose sin poder parar, hasta que notó a alguien que lo ahogaba. Harry abrió los ojos para encontrarse con los orbes fríos y furiosos de Malfoy, su cuerpo sobre él y Blaise tratando de quitárselo de encima.

—Eh, Potter, ¿qué se siente al morir?

—Draco, ya basta, vas a ahogarlo —pidió su amigo, haciendo fuerzas.

Harry repitió:

—Narcissus —y estalló en risas otra vez, a pesar de que el cuerpo de Malfoy lo apretaba cada vez más—. ¡Au! ¡Mal… foy, pesas!

—El único pesado aquí eres tú —dijo Draco, que de repente encontraba bastante interesante tener a Potter debajo, sin poderse defender.

—Romperás… mi varita… a ver quién… te defiende luego.

Draco lo miró, furibundo, mientras el jodido Blaise trataba de luchar contra él para quitarle de encima.

—Tu varita… da gracias de que no rompa otra cosa —e hincó la rodilla tan fuerte en las partes nobles de Harry que el chico dejó de ver por un instante.

—¡Draco! ¿Qué haces? Pansy, ayúdame, va a matarlo —dijo un preocupado Blaise.

Pansy fotografió a los tres chicos y rió a carcajadas al ver el resultado. Draco, con una sonrisa mordaz, se atusaba la ropa, mientras Harry yacía aún, doblado sobre el césped y doliéndose. Blaise, a su lado, le susurraba algo. Fue cuando el rubio se dio cuenta de que no podía hablar, no podía pronunciar palabra: Harry había lanzado un hechizo sin varita. Draco tiró de la manga de Pansy, pero la chica al verlo, lanzó aún más carcajadas. El moreno ya se había levantado y miraba con furia a Draco. Blaise contemplaba el panorama, sin entender.

—Blaise, Harry le ha hecho un Lengua atada a Draco. ¡Realmente, vosotros dos no habéis cambiado nada!

—No juegues conmigo, Malfoy, no voy a darte tregua.

El rubio se dirigió con pasos rápidos hacia Potter para pegarlo, pero Blaise se interpuso.

—Chicos, ¿vamos a poder relacionarnos como personas normales? Draco, por favor, tranquilízate. Desharé el hechizo cuando te calmes.

El rubio pareció adoptar de inmediato una posición digna.

—Aunque lo hagas, contraatacará, Blaise —susurró Harry—. No me digas que no lo conoces.

—Está bien, chicos, vayamos a la playa. Aún es pronto y podemos pasear por allí. Además hay atracciones junto al puerto. Por favor, no arruinéis nuestro día —pidió Pansy cogiendo al rubio del brazo.

—No va a calmarse, Pansy —aseguró Harry.

—Oh, claro que sí, Harry, ¿acaso dudas de mí? —y la chica con una mirada inquisidora se acercó al rubio, aplastó su cuerpo contra el suyo y lo besó durante casi un minuto. Blaise sonrió y Harry desvió la mirada. Las manos y el cuerpo de Draco se hacían laxos con el paso del tiempo, hasta que la chica finalizó el beso pasionalmente correspondido—. Ya podemos irnos.

Harry abrió los ojos de par en par; Pansy había urdido una estrategia para calmar al rubio y aquello había funcionado. Miró a Blaise, quien le guiñó un ojo, travieso.

—¿Hacían esto a menudo en las mazmorras de Slytherin? —quiso saber Harry, impresionado.

—¿Besarse?

—No, no, tranquilizar así a Malfoy.

—Realmente no, solía estar bastante tranquilo. La mayoría de sus estados alterados se han producido cuando tú estabas enfrente.

—Ah, qué alivio —dijo Harry en modo sarcástico.

Los chicos se dirigieron a la playa, con Malfoy ya mas tranquilo echándole miradas de odio a Potter de vez en cuando. Harry aún tenía en la mente la imagen del rubio besándose con la chica, no lograba olvidarla. La había correspondido después de unos segundos. Había oído en Hogwarts que él y Pansy tuvieron una relación. ¿Iban a retomarla? Blaise apretó su mano y Harry tuvo que desechar aquellos pensamientos.

Liberado ya del encantamiento, Draco podía seguir presumiendo de su maravilloso físico y su conocimiento del mundo mágico. Pansy lo escuchaba, divertida, mientras sentía la brisa fresca del mar invadiendo su rostro y su pelo, ahora alborotado. Harry miraba el mar respirando el aire puro, mientras Blaise, a su lado, le hablaba sin cesar. La temperatura no era buena para bañarse, pero sí para pasear. Aún así, poca gente se hallaba en la playa entonces. Cuando el moreno se volvió, Pansy y Draco construían una guarida con arena y piedras. Harry contempló cómo ambos amigos reían y se miraban, recordando algo. La cara de Draco estaba radiante y absolutamente relajada y aquella visión provocó algo desconocido en Harry. La misma sensación que aquella vez, cuando voló en la escoba con él. Lo miró durante demasiado tiempo, hasta que la gris mirada del rubio conectó con la suya. Entonces, su sonrisa desapareció de la cara. Harry esbozó una ligera sonrisa, tragó saliva y volvió a mirar hacia delante.

—Oye, Blaise, no sabía que os gustara hacer castillos de arena...

—¿Qué?

—A los Slytherin, ¿os gusta hacer castillos?

Blaise se volvió para contemplar a sus amigos y pareció entender.

—Oh, esos. Bueno, yo no soy especialmente fan de hacer castillos. ¿Y a ti, te gusta?

—Nunca he probado.

—Creo que te gustaría —sonrió Blaise, y señaló a los otros con la cabeza—. ¿Por qué no vas y te unes?

Harry hizo un gesto de duda, como si dejar solo a su amigo fuera delito.

—No te preocupes, yo pasearé.

—Pasearé contigo —sonrió el moreno, y ambos se levantaron y caminaron un rato junto a la orilla. Harry se quitó los zapatos para sentir la arena en sus pies y fue una sensación maravillosa. Blaise, por su parte, no quería mancharse, así que continuó su paseo con los zapatos puestos. Entonces, pasaron nuevamente junto a los chicos.

—Mira, Blaise. Es una gran construcción —dijo Harry, impresionado, teniendo en cuenta que la arena de la playa era bastante escasa y predominaban las piedras.

No era un castillo exactamente, pero sí una montaña, y bajo la montaña parecía haber un agujero enorme, arena levantada para usarla como muralla con piedras alrededor. Harry no sentía envidia alguna de lo que fuera aquello, sino de las caras de satisfacción y el momento compartido por Pansy y Draco. Le hubiera gustado estar allí con Hermione, construyendo algo también con ella, o con Ron. Para Harry, los únicos amigos de la infancia eran ella y Ron, nadie más, pero en ese momento deseó ser parte de ese juego.

—Harry, ¿por qué no vas? A Pansy no le gusta mucho mancharse las manos de arena, sólo lo hace por Draco. Vamos, yo le diré que pasee conmigo.

Harry elevó la vista, agradeciendo con el gesto la proposición a su amigo.

—No te preocupes. No habrá forma de que Malfoy me deje meterle mano.

Blaise se volvió hacia Harry, visiblemente turbado.

—¿Perdón?

—Malfoy. No me dejará meterle mano a su fortín de arena.

—Oh —Blaise rió—. Inténtalo.

Harry quería, pero por nada del mundo iba a destruir el día en que los tres Slytherin se reunían al completo. Sonrió.

—No importa. Ve a pasear con Pansy, si quieres, yo haré uno aquí.

Blaise miró a Harry agacharse, la arena cubrió sus pantalones, pero no pareció importarle. Contrariado por el gesto del Gryffindor y un poco decepcionado porque Harry no quisiera tener demasiado contacto físico con él entonces, se dirigió hacia Pansy y habló con ella. Poco después, ambos jóvenes hablaban muy animados, sentados sobre la arena y las piedras.

Harry metía las manos para sacar arena, y la notaba mojada porque debía haber llovido hace poco, conservaba un poco de humedad. Se esforzaba en hacer una especie de muralla, cuando alguien a su lado se quejó:

—No se hace así, Potter.

Harry se giró para ver el rostro puntiagudo de Malfoy, demasiado cerca de él.

Harry siguió a lo suyo, no quería provocar pelea. Dio gracias porque aún no hubiera construido nada, porque Malfoy hubiera sido capaz de destruirlo de una patada.

—Tienes que sacar más arena de este lado, o se derrumbará —volvió a hablar Draco, y su voz sonaba irritada.

—Bueno, Malfoy, si sabes tanto, ¿por qué no me ayudas? —se giró Harry, y siguió haciéndolo a su manera. Con suerte, el rubio lo dejaba en paz y se marchaba a hablar con sus amigos. Sin embargo, una mano delgada, fina y con una piel pálida entró en su campo de visión: Draco quitaba ahora la arena de su lado derecho. Las uñas estaban llenas de arena, pero a Draco no parecía importarle. Harry lo observó un rato, para luego decir:

—Jamás hubiera pensado que te gustara hacer castillos de arena —declaró, extrañado.

Draco no le miró, pero respondió de nuevo con su característica voz siseante.

—Hay muchas cosas que no sabes de mí.

Y así, los dos muchachos trabajaron en silencio, y cuando Draco daba una orden, Harry la cumplía sin rechistar, porque estaba quedando bien, y él se sentía bastante torpe haciéndolo solo. Cuando terminaron, le pidieron la cámara a Blaise para inmortalizar el momento. Mientras Blaise fotografiaba, Harry volvió a observarlo: Draco se había sacado un paño de seda del bolsillo y se limpiaba las manos con delicadeza para eliminar cualquier resto de tierra. Harry se miró sus manos, más gruesas y con la piel castigada, y las uñas muy cortas. Sintió envidia de las manos de su némesis, y en algún lugar de su mente, apareció el pensamiento de cómo sería ser tocado por manos tan delicadas y bien cuidadas.

Draco se sintió observado y dijo:

—¿Qué miras, Potter?

—Pensaba que ibas a destruirlo —dijo Harry, señalando la construcción e ignorando su azoramiento.

—Cuántos prejuicios, Potter, realmente deberías madurar.

Los ojos del moreno conectaron con los del rubio.

—A veces me sorprendes, Malfoy. Supongo que son estas facetas lo que hacen a la gente quererte.

—Sólo para ti soy aborrecible.

—Sólo eres aborrecible cuando estás conmigo. Cuando me miras, cuando estoy cerca de ti. Es como si fuese un virus.

Draco sintió un fuerte tirón en su estómago. Había... ¿tristeza en el comentario del chico?

—¿Y eso te afecta? —preguntó, con su característica sonrisa socarrona.

Sin embargo, la respuesta del moreno hizo borrar ese gesto de presunción.

—Mucho, Malfoy. Me da pena. Teniendo que aguantarnos, al menos podríamos tener una relación cordial, como la tengo con Blaise.

—¿Incluido el sexo? —se mofó Draco, pero se giró sorprendido al oír:

—No estaría mal… Draco.

El rubio empujó a Potter, que cayó sobre las piedras, doliéndose. Se quedó ahí, apoyando los codos en la arena, examinándolo intensamente.

—¿Ves? Siempre acabas rechazándome. No te entiendo, Malfoy. No sé cómo hacerlo, no sé cómo acercarme a ti.

Draco iba a añadir "pues debes...", pero no se le ocurrió qué decir. Debes, ¿qué? ¿Adorarme hasta morirte por mí? ¿Gritarles a los aurores del Wizengamot que me den una oportunidad? ¿Permitirme liderar los planes de La Orden del Fénix? ¿Dejar a Blaise? En su lugar, respondió:

—Nunca nos hemos entendido. Quizá estemos condenados a eso, quizá no podamos cambiarlo.

—¿En serio? ¿Siempre te rindes tan fácilmente? —expresó su lado Gryffindor.

Esa alusión molestó mucho al rubio, que dejó salir un comentario para nada apropiado.

—Da igual, Potter. Tú siempre preferirás a Blaise.

El rubio se alejó de él cuando se dio cuenta de su propia revelación. Había sido una conversación civilizada y él la había estropeado con un comentario que podía deducirse, llevaba celos implicados. Y en aquel momento, mientras Draco se dirigía hacia sus amigos, conversando tan alegremente, de repente entendió su aluvión interno: estaba celoso de Blaise. Recordando los ojos verdes de Potter posarse en él y su sonrisa desplegándose y sus palabras "no sé cómo acercarme a ti", notó algo en su plexo solar. Recordando cómo Potter acariciaba a su amigo Blaise, de qué forma lo había besado a él, recordando los frotamientos con Potter y disfrutándolos. Sabía qué era ese sentimiento, pero no quería reconocerlo. No ante Potter, no ante él mismo. Sin embargo, se manifestó con una terrible urgencia.


—Draco, amor, hagámonos una foto aquí —pidió Pansy, juntando al rubio con su brazo, cuando los cuatro paseaban por el muelle de la playa, lleno de casetas y atracciones, perfecto para perderse y divertirse.

Blaise les fotografió, mientras Harry sonreía a unas chicas, ojeándolo, bastante azoradas.

—Harry, vamos.

El chico se despidió de las jovencitas y cuando regresó junto a Blaise, éste comentó:

—Si fueras hetero yo no tendría mucha opción contigo... hay que ver lo que ligas.

—Claro que no —rió el moreno, divertido—. Sólo me preguntaban por una dirección.

—Sí, sí, Harry, eres un ingenuo, a veces me pregunto si eres consciente de cuántos ojos hay sobre ti en este momento —añadió el chico de color guardando la cámara de fotos.

—Da igual, los míos sólo están sobre ti.

Blaise quiso besar a su compañero, pero vio cómo Harry miraba a uno y otro lado tratando de encontrar a los otros. El muchacho agarró el brazo del Gryffindor y lo ocultó junto a una de las casetas próximas.

—Blaise, van a perdernos.

—Al cuerno, Potter —estableció el otro, deslizando sus brazos alrededor de Harry—, esa respuesta se merece un beso bien húmedo.

Harry sonrió en el beso. A veces, Blaise lo llamaba por su apellido para molestarlo y eso le causaba una excitación aún mayor que si lo hiciera llamándolo por su nombre, pero no sabía por qué. Harry saboreó los gruesos labios del Slytherin mientras Blaise frotaba sus caderas contra él. Ambos volaron su imaginación hacia el hotel que les esperaría en la noche, donde podrían dar rienda suelta a toda su pasión. Pero Harry, por algún motivo, no estaba tan animado para ello. Se giró.

—Draco, los hemos perdido. ¿Tú los ves?

El rubio indicó a la chica que esperase allí y oteó en busca de los otros, aunque su imaginación no era tan precaria como para saber que andarían ocultándose por ahí para magrearse un poco. Ni tenían la decencia de aguantar hasta estar solos... por fin los vio salir de una caseta próxima: Blaise iba primero, seguido del Gryffindor, con el rostro más rojo que de costumbre.

"Otra vez ese asqueroso de Potter arrebolado. Parece una maldita colegiala". Draco apretó los puños sin darse cuenta y volvió junto a Pansy.

—Ya vienen.

Harry cruzó su mirada con la del rubio, cuyos ojos velaban una intensidad como si quisiera pegarlo; sin embargo, Draco paseó sus ojos arriba y abajo del Gryffindor, hizo un gesto despectivo y miró hacia otro lado, donde Blaise pagaba a un señor para poder golpear topos con una maza de espuma.

—¡Hazles picadillo, Blaise! —decía una emocionada Pansy a su lado.

Draco y Harry observaron cómo el chico golpeaba una y otra vez los topos que aparecían por el agujero, tratando de darles a todos.

—Se necesita mucha concentración —comentó Draco, y añadió, por pura inercia—. Yo podría hacerlo mejor.

—Lo está haciendo muy bien —dijo Harry a su lado, y volvieron a mirarse, provocadores.

—Te reto, Potter. Apuesto a que no eres capaz de hacerlo tan bien como yo —dijo Draco sacando una moneda.

—Acepto, Malfoy, te arrepentirás. ¿Qué apostamos?

—El que pierda, invita a cenar a los demás a un restaurante lujoso.

El primero en probar fue Draco. Era ágil y silencioso, aunque no descargaba mucha fuerza, y su mirada estaba concentrada completamente. Pansy aplaudió mucho más al ver que Draco había sobrepasado la puntuación de Blaise. Sin embargo, cuando Harry se puso en acción, los tres slytherins lo miraron asombrados: quizá en su vida diaria Harry fuese muy torpe y descuidado, pero él había derrotado a un basilisco, lo que requería reflejos, rapidez, y una gran intuición. Harry parecía adivinar de dónde iba a salir el próximo topo y su brazo, fibroso, se contraía al descargar la enorme maza, con mucha fuerza. Parecía brillar en acción. Blaise recorrió su figura, desde la cabeza a los pies, pasando por un apetecible trasero, mientras Draco contenía la respiración, recordando el cuerpo de Potter desnudo en casa de Blaise, perdiéndose demasiado en aquel momento.

Cuando sonó la campanita del final, Harry había sobrepasado la puntuación de Blaise y de Draco, y sin embargo, lejos de hacer cualquier ademán de grandeza, sonrió y sin esperar que ninguno de ellos reconociera su gesto, echó a andar.

—¡Chico, espera! ¡Tienes premio!

Harry se volvió, anonadado. El hombre explicó que había premio al sobrepasar determinados puntos. Harry, como un caballero, agarró a Pansy del brazo y le dijo que eligiera lo que más le gustara. Pansy lo hizo y desde ese momento Harry se ganó el respeto y la admiración de la joven.

Draco, rabioso, no quería mirar a su enemigo a la cara. Por un lado, se alegraba de que al menos hiciera algo decente, pero a él no le gustaba perder.

Anochecía. Las luces pronto rodearon a los jóvenes, las luces de las atracciones del muelle y la algarabía de la gente allí congregada. Se alejaron un poco más del sitio, estuvieron curioseando las tiendas de alrededor, tiendas abiertas donde vendían artículos de playa y souvenires de la ciudad y pronto buscaron un sitio donde cenar.

—Busca el mejor sitio, Pansy, que paga Draco —habló Harry, mirando a su némesis, quien le devolvió diversos gestos de desagrado sólo con la mirada.

—¿Y eso, Draco?

Harry miró al chico, sin contar nada de la apuesta.

—Ya ves, me siento generoso —respondió el otro, lanzando una mirada de advertencia a Harry, quien sólo sonrió.

Así pues, entraron en un restaurante de comida francesa. Harry alucinó con los sabores y las texturas de los platos elegidos (hay que decir que Blaise eligió por él), mientras Draco decía que ese era el tipo de comida que se servía en Malfoy Manor, junto con otros platos igual de exquisitos, sin parar de regodearse. Draco debía tener la necesidad constante de ponerse por encima de alguien, o de impresionarlos, se dijo Harry. Enseguida los tres slytherins desarrollaron una conversación sobre gastronomía y lo saludable que eran algunos platos. Harry sólo callaba, y Pansy, en un arrebato de integrarle a su conversación, preguntó:

—¿Tú qué opinas, Harry?

El moreno elevó la mirada, sorprendido.

—Ah... um, no sé. Yo sólo cocino.

Pansy lo miró aún más alucinada.

—¿Cocinas?

Harry sonrió, miró a Draco como leyendo lo que pasaba por la mente del rubio y añadió:

—Cocino como un simple elfo doméstico.

Pansy hizo un ruidito como si se hubiese tragado una risa y Blaise sólo dijo:

—Cocina muy bien, he tenido la suerte de probar algunos de sus platos.

—Eres muy pelota, Blaise, desde que hemos llegado sólo has alabado a Harry, es evidente que te ha hechizado —dijo la chica, molesta, y se dirigió a su ex amante—. ¿Es cierto que Harry cocina bien, Draco?

El rubio se sintió observado por miles de ojos, sin embargo, Harry no lo miraba, seguía comiendo su plato.

—Sí, Pansy. Cocina bien.

La chica se giró hacia el moreno, que se había quedado con los ojos muy abiertos contemplando a Malfoy anonadado por la respuesta.

—¿Dónde aprendiste?

—En casa de mi tía. Pero estos platos no los sabría cocinar —añadió el chico, en un gesto de modestia.

—Harry es demasiado modesto, yo creo que lo haría bien.

Pansy tuvo una idea.

—¡Podríamos decirle a mi prima que te deje la cocina! Nos gustaría ver cómo lo haces, Harry.

El moreno se sonrojó.

—No me gusta que me miren mientras cocino. De hecho, he perdido práctica. Ahora hay un elfo doméstico en casa que lo hace mejor que yo.

—Demonios, Potter —saltó Draco, irritado por la sencillez de él—, no seas maleducado y ofrece a Pansy una comida en condiciones.

—Si Harry hace eso, Pansy será la próxima que tire los tejos al Gryffindor —bromeó Blaise, y Harry le golpeó con la pierna por debajo del mantel en señal de advertencia.

—Um... no lo creo, no es mi tipo. No te ofendas, Harry, pero de verdad me gustaría que cocinaras para nosotros. Un día sólo. ¿Qué dices?

Harry no podía negarse: si estaban allí, era por Pansy. Sería, pues, una comida de agradecimiento.

—Claro.

Terminaron de cenar y nuevamente pasearon por la ciudad, visitaron algunos sitios de interés, y ya finalmente acabaron junto a la barandilla blanca, entre el paseo y la playa, a petición de la chica, Pansy, porque iban a lanzar fuegos artificiales. Sin embargo, astuta como era, cuando el primer destello apareció en la noche, pronunció, mientras sujetaba en sus brazos a su peluche con forma de koala:

—Estos fuegos artificiales no se pueden ver así. Hay que besar a la persona que tengamos al lado. Un beso largo, nada de cursiladas.

Draco y Harry se miraron, porque en ese momento estaban pegados el uno al otro. Su mirada pareció contar una historia en tan sólo unos segundos. Harry tuvo un poco de vértigo, mientras Draco sintió algo muy espeso en su garganta.

Blaise sonrió, y pareció gustarle la idea. Él era el más próximo a Pansy, pero desde luego Harry también estaba a su lado. El moreno tiró del brazo del Gryffindor, quien se vio asaltado por los labios de Blaise. Harry no correspondió al principio, preocupado por qué dirían los otros, sin embargo, su mirada conectó con la de Draco, quien elevó la barbilla y atrajo a Pansy por la cintura, envolviéndose en un beso tórrido y delirante con ella; la chica correspondió con vehemencia y Draco, poco después abrió los ojos, para encontrarse a Harry besando también con pasión a su compañero. Los ojos de Harry se abrieron y su mirada se conectó la de Malfoy. Así, sin dejar de besar a sus respectivas parejas, pero sin dejar de mirarse, mientras atronaban los fuegos allá a lo lejos, Draco y Harry se excitaron tanto mirándose que en un rincón de sus mentes fantasearon con qué hubiera pasado si alguno de los dos hubiera tomado la iniciativa y hubiera arrastrado al otro hacia sí. Y para una tercera persona que los observara habría notado la tensión sexual, las ganas reprimidas de ambos chicos, hubieran descubierto cómo se podía uno besar con la mirada, sin tocarse, en ese vínculo eterno de dos rivales cuyos sentimientos comenzaban a aflorar...


CONTINUARÁ

Notas finales: La playa de Brighton que describo, al igual que los escenarios de Londres, existe, pero no tiene casi arena, si vais no intentéis hacer castillos. XD

Mis abrazos a las brujillas que adivinaron la aparición de Pansy.

Ya me voy con viento fresco, ¡ARRE, UNICORNIO!