Capítulo 25

Los padres de Viola eran de lo más estirado. Elsa lo pudo comprobar nada más verlos. Ambos bajaron pomposamente del barco en el que habían venido, por supuesto acompañados de una pequeña flotilla. Los criados habían puesto una alfombra roja para que sus soberanos bajaran de forma regia.

Elsa había sido informada de su llegada unas horas antes, por un mensajero que habían mandado en un barco ligero, y casi no tuvo tiempo para organizar una buena recepción. Se preparó con una pequeña escolta y se dirigió al puerto para recibirlos.

Elsa estaba muy ansiosa. Viola no estaba allí para confortarla y para aconsejarla en cómo tratarlos y qué decirles. Sobre todo, ¿qué les iba a contar Elsa? No quería que Viola se sintiera traicionada por exponer su relación a sus padres. Por lo que parecía Orsino les había dicho algo, pero no sabía cuánto les había contado. Por supuesto, sólo unos pocos sabían de su compromiso, así que eso no lo podían saber sus padres. Elsa estaba hecha un lío. Decidió que les seguiría la corriente, y no daría ningún dato innecesario que ellos no supieran. No al menos hasta que llegara Viola y decidieran juntas lo que sus padres debían saber.

Así pues, allí estaba Elsa, esperando pacientemente a que los padres de Viola se presentaran ante ella. El rey de Messaline se acercó con pompa hacia Elsa.

- Reina Elsa de Arendelle, supongo*. – El rey de Messaline hizo una leve inclinación con su cabeza, a modo de reverencia.

- Así es. – Contestó Elsa con una pequeña inclinación de cabeza también. Ella no iba a ser menos. – Me temo que no conozco vuestro nombre, sire. – Elsa estaba en desventaja, en cuanto a nombres se trataba. Viola nunca le había hablado mucho sobre sus padres.

- Rey Próspero, de Messaline. – Dijo muy pomposamente.- Y estos son mi mujer, la reina Miranda de Messaline, y mi hijo, el príncipe Sebastián de Messaline. – Dijo señalando a un buen mozo que se parecía sospechosamente a Viola.

- Es un placer conocerlos. – Elsa hizo otra pequeña reverencia a la realeza de Messaline.

- El placer es todo nuestro. – Sebastián se apresuró a tomar la mano de Elsa para besarla.

Mientras le besaba la mano, el príncipe le lazó una sonrisa que bien podría ser de un anuncio de dentífrico. En otras circunstancias, Elsa se habría ruborizado, pero Sebastián no la atraía nada, ya que su corazón pertenecía a Viola. Antes de darse cuenta de que amaba a Viola, los encuentros con caballeros que parecían tener un interés en ella le turbaban. Sin embargo, con al llegada de Viola, sus reacciones naturales habían cambiado. Sebastián se dio cuenta de que en sus mejillas no apareció el rubor natural que solía aparecer en las mujeres a las que daba sus atenciones. Sus maneras principescas parecían no afectar a Elsa. ¿Sería acaso porque era la Reina de Hielo, o quizás porque, como corrían los rumores, Elsa estaba enamorada de su hermana? Sebastián sintió celos de Viola, aun sin saber la respuesta. Elsa era la mujer más hermosa que jamás había visto, y Sebastián estaba seguro de que podía enamorarla. Al fin y al cabo, Viola y él eran dos gotas de agua. No por nada eran mellizos. Vestidos de caballeros los dos, era casi imposible distinguirlos.

Pero eso era algo que Sebastián había asumido. Elsa podría distinguirlos enseguida. Elsa sabría quién es Viola aún estando en el más oscuro de los mundos. Jamás podría confundirla con nadie. Donde Sebastián era arrogante, Viola era dulce y atenta. Donde Sebastián demostraba su sonrisa de anuncio, Viola reía limpia y desenfadadamente. Aunque se parecieran tanto, Sebastián jamás podría imitar el carácter de Viola.

- Si os parece, podemos dirigirnos al castillo. Todo está preparado para vuestra llegada.- Dijo Elsa no sin un poco de ansiedad. No solamente tendría que lidiar con los padres de Viola, sino que también su hermano parecía tener una agenda oculta.

- Por supuesto. – Dijo el rey Próspero, el cual dirigió la marcha.

Las tropas de Messaline fueron también acomodadas en el reino, como mejor se pudo. Levantaron unas tiendas en un campo cercano, donde se quedaron algunos de ellos. Otro fueron a parar al castillo, como guardia personal de los reyes, y otros pocos se quedaron de guardia en los barcos que los habían traído.

Los reyes fueron acomodados en las mejores habitaciones, pero con la precaución de ponerlos lo más lejos posible de los aposentos de Elsa y Anna. Elsa no quería que estuvieran demasiado cerca de ella.

Una vez acomodados y después de refrescarse un poco, la familia real de Messaline fue conducida al gran salón, donde estaba dispuesta la cena.

- Entonces, ¿nuestra hija Viola no se encuentra en vuestra corte? – El rey Próspero preguntó lo obvio.

- Lo siento, majestad, pero Viola está de viaje diplomático. – Elsa contestó con lo que parecía una respuesta inocente.

- Ya veo. – El rey prosiguió con su sopa por unos instantes.

- Es un maravilloso castillo el que tenéis. – Dijo Sebastián de modo conversacional.

- Gracias. – Elsa no sabía qué más decir.

- Sí, ¿verdad? – Intervino Olaf, el cual no comía, pero también se había unido a la cena. Elsa no tenía corazón para decirle que no a Olaf. Cuando le dijo que quería asistir a la cena, no supo darle una excusa para no asistir. Cuando se trataba de Olaf, Elsa se ablandaba. – Deberíais ver la sala de los cuadros. Hay magníficas obras de arte ahí. – Concluyó el muñeco de nieve con una sonrisa.

- ¿En serio? – Dijo Sebastián con interés. – Me encanta el arte. – Añadió con una sonrisa de anuncio.

- Anna les tiene un gran cariño, ¿verdad, Anna? – Elsa no había salido mucho de su habitación hasta su coronación, y después no había tenido tiempo de pasearse por los salones con las obras de arte. Sin embargo Anna había establecido incluso una relación de amistad con algunos de los personajes en los cuadros. Anna sin duda sabía más sobre las obras de arte que ella.

- Sí. – Dijo Anna con una sonrisa. – Sobre todo Juana de Arco. Somos grandes amigas. – Todo el mundo la miró de forma rara.

- Y, decidme, reina Elsa… - empezó a decir la reina Miranda. - ¿Cuál es la relación de Viola con la corte? – Sin duda hablaba poco, pero la reina de Messaline iba directa a hacer daño.

- Viola vino en principio como enviada del Duque Orsino, y luego se ha hecho embajadora, con bastante éxito, por cierto, de nuestra corte en Arendelle. – Elsa sabía que se refería a otra cosa, pero no quería dar a conocer más de lo que los reyes ya supieran.

- Ya veo.- La reina Miranda se concentró en su comida por unos instantes.- Entonces, ¿los rumores que corren son falsos? – La reina no soltaba su presa fácilmente.

- ¿Rumores? – Elsa dijo de forma indiferente.

- Sí. – Dijo la reina de Messaline.- Dicen que su majestad tiene una relación amorosa con mi hija. – Sin duda no se andaba con rodeos.

- ¡Es verdad! – Intervino Anna, la cual no era muy buena con las sutilezas. – Además, se van a casar. – Lo dijo con total felicidad. Ahí se iba toda la discreción de Elsa. Por supuesto, prohibir a Anna que fuera a la cena estaba fuera de su pensamiento, pero sin duda hubiera sido mejor que no hubiera asistido. Kristoff se dio cuenta del desliz de su prometida, y le dio un pequeño codazo, el cual Anna no entendió.

- ¿Os vais a casar? – Los tres representantes de la casa real de Messaline dijeron a la vez, sorprendidos, y con diferentes tonos de sorpresa.

- Sí. – Elsa ya no podía esconder nada, así que mejor iba con la verdad por delante. Cuando llegara Viola, tendría que explicarle todo. Pero por ahora sus enemigos más inmediatos se encontraban sentados a la mesa.

- Me parece que no. – Dijo el rey muy tajante.

- ¿Perdón?- Elsa no se creía lo que había oído. ¿Le estaban prohibiendo casarse con Viola?

- Lo siento, pero jamás aprobaremos dicha unión. – Dijo el rey de forma conclusiva.

- Me temo que sólo Viola puede anular la boda.- Elsa no iba a permitir que nadie le dijera lo que podía hacer, y menos en su propio reino.

- Lo hará. – El rey Próspero lo dijo totalmente convencido. Sin duda su hija haría lo que se esperaba de ella. De ninguna manera se casaría con otra mujer, ni aunque fuera una reina tan poderosa y de un reino tan próspero.

- Me parece que tendremos que verlo. – Dijo Elsa aparentando más convicción de la que realmente sentía. ¿Sería tan fácil que Viola cambiase de idea nada más que ver a sus padres? ¿Hasta qué punto estaba su amada influenciada por su familia? Sólo lo sabría cuando esta volviera. Lo cual no sería en la menos unas semanas. Elsa debería lidiar con los reyes de Messaline mientras tanto.

- Viola hará lo que sea mejor para su reino. – La reina Miranda dijo muy seria.- Además, si de un tratado con nuestro país se trata, Sebastián sería el indicado para una unión real entre las dos familias, no Viola. – Ante esto, Sebastián volvió a sonreír hacia Elsa de forma un tanto libidinosa.

- Me temo que no comprendéis. – Dijo Elsa muy seria también. – Viola y yo nos amamos. – Y esa era una verdad a la que Elsa se aferraba. ¿Sería igual de verdad cuando Viola enfrentara a sus padres? La incertidumbre hacía que la copa que sostenía se cubriera con una capa casi imperceptible de escarcha. Afortunadamente, nadie se dio cuenta de esa pequeña debilidad. Aunque ella sí se apercibió de ello.

- Eso no tiene sentido. – Dijo la reina de Messaline mientras troceaba una patata. – Dos mujeres no pueden amarse de esa forma. – Sin duda en su diccionario no entraba la palabra lesbiana, ni siquiera la palabra homosexual.

- Me temo que sí es posible. – Dijo Elsa, aunque por supuesto esperaba que sus palabras entraran por un oído y salieran por otro de la reina. Se dio perfecta cuenta de que la reina era una persona de ideas preconcebidas y prejuicios y que cualquier cosa que le dijera iría a parar en oídos sordos.

- Eso lo veremos cuando vuelva Viola. – Dijo el rey apoyando a su mujer.

- Es evidente que se aman. – Anna intentó apoyar a su hermana. Sin embargo, nadie le hizo mucho caso.

- Sin duda podremos arreglar el asunto de forma satisfactoria para todos. – Sebastián dijo con una sonrisa reluciente, la cual no auguraba nada bueno.

- Por supuesto. Elsa se casará con Viola. – Dijo Anna sonriendo también.

- ¡Sí! Y habrá helado, y pastel, y esculturas de hielo…- Olaf aportó de forma soñadora.

- Sin duda no conocéis a Viola lo suficiente. – El rey Próspero quería introducir la semilla de la duda en Elsa.

- Quizás quien no la conoce bien sois vos. – Anna estaba en modo defensa.

- Quizás deberíamos dejar conversaciones tan graves para otro momento. – Sebastián se hacía el caballero delante de Elsa. – Decidme, reina Elsa, ¿es cierto que sois capaz de crear hielo a vuestra voluntad?

Ante lo cual Elsa le congeló por un momento la nariz, como demostración. Así se andaría con cuidado este príncipe. Pro supuesto, se la descongeló enseguida, pero la cara de sorpresa y, casi indignada, del príncipe, le hizo sonreír un poquito. Sebastián por su parte pensó que no había mayor venganza que enamorarla y arrebatársela a Viola. ¿Desde cuándo Viola tenía más éxito que él con las mujeres? Bastante era que le ganara en esgrima pero, ¿también con las mujeres? Sin duda era un campo en el que Viola no le ganaría. La reina Elsa era demasiado bella y atractiva como para estar en manos de una mujer. Que esa mujer fuera su propia hermana no impedía que su pequeño orgullo masculino se sintiera herido.

Entretanto, Viola viajaba a toda vela hacia Arendelle. Sus pensamientos eran sombríos. Sabía que sus padres no aprobarían su relación con Elsa, y harían todo lo posible por separarlas. Mientras Viola estuviera lejos de Elsa, sabía que la inseguridad podría apoderarse de su querida reina. Sabía que sus padres sembrarían la semilla de la duda en Elsa. ¿Sería el daño irreparable cuando ella llegara?

* Por supuesto, el rey de Messaline no era Stanley, ni Elsa no era Livingstone. Pero parece que hay un tipo de frases que se repiten a lo largo de la historia.