Una dura verdad II

Antes de ingresar a la pequeña cabaña Inuyasha dio un último vistazo al camino por el cual había llegado, suspiro cerrando sus ojos y giro su cabeza al frente de nuevo con sus puños fuertemente cerrados a sus costados.

Entró lentamente y el primer aroma en llegar a su nariz fue el de las saladas lágrimas de Kagome, el aire estaba impregnado a ellas, tendría que haber estado llorando toda la noche y sin parar para haber logrado ese efecto en el entorno.

Y más culpa lo inundó, tuvo que apretar fuertemente sus dientes para evitar dejar salir más de una maldición o un gruñido que despertara a sus compañeros, aunque sabía que Kagome estaba despierta. Caminó hacia el extremo opuesto de donde reposaba la miko y se sentó, permaneció estático en esa pose observada la espalda de Kagome durante una hora más hasta que gradualmente la anciana Kaede, Miroku y los demás despertaron para empezar sus labores.

Cuando salió de la cabaña Kagome seguía en ella, al fin dormía, casi sesenta minutos después ella también hizo acto de presencia. Cuando observó el bello rostro de la joven tragó duro, sus ojos estaban algo rojos, y aunque milagrosamente no tenía ojeras bajo ellos, se podía notar el cansancio y la falta de sueño; y su labio inferior estaba algo hinchado y con una casi invisible costra reciente que mostraba que en el algún momento se había reventado la boca.

La conversación que tuvieron durante el resto de la mañana podría resumirse a una única palabra "nula", porque ni siquiera un "buenos días" se había hecho presente. Pero claro el hanyou tenía demasiado orgullo como para ser él quien rompiera el silencio que sólo se hacía presente entre él y la miko.

Recostado contra un tronco con sus brazos cruzados detrás de su cabeza, mantenía sus ojos cerrados demostrando la tranquilidad que no poseí cuando sabía que Kagome sufría por su culpa, pero nadie más que él tendría que saber que eso lo afectaba.

-oye perro tonto ¿no piensas disculparte con Kagome?- una voz algo chillona irrumpió la "paz" de Inuyasha que a regaña dientes abrió sus ojos para enfocar a Shippo a sólo dos pasos de él comiendo una pequeña paleta de fresa.

-¡lo que haga o no, no es tu problema enano!- respondió de mala gana y sólo en venganza por interrumpir su momento de relax, golpeó con un puño seco la cabeza el pequeño zorro y le arrebató la paletita llevándosela en seguida a la boca.

-¡oyes abusivo!- gritó el pequeño intentando en vano recuperar su dulce, pues Inuyasha posó una de sus garras en la frente del pelirrojo, empujándolo con la suficiente fuerza como para que por más que empujara no lograra avanzar siquiera un paso-¡voy a decirle a Kagome!- amenazó dándose vuelta y corriendo los escasos metros que los separaban de la miko que caminaba a paso lento hacia la cabaña junto con una pequeña canasta llena de hierbas.

Ante esas simples palabras el estado anímico del hanyou paso de desentendido a angustiado. Abandonando su asiento y corriendo hacia la azabache y el pequeño pelirrojo, buscando la forma de excusarse.

-¡KAGOME INUYASHA ME PEGÓ Y ME QUITO MI PALETA!

-espera lo que pasa es que él…-

-Shippo no molestes a Inuyasha- interrumpió la miko las explicaciones del hanyou sin reparar en detenerse o dirigir una mirada al aludido.

-pero Kagome, Inuyasha…-

-Shippo por favor- el tono de voz y la mirada que le dedico (ambas cosas no eran de regaño sino de ruego) hizo que el pequeño callara y que las miradas de él e Inuyasha la siguieran sin perder cualquier movimiento hasta que su figura se perdió dentro de la cabaña.

-¿lo ves? La lastimaste perro tonto- y con eso el pequeño kitsune se marchó

Inuyasha nunca fue bueno con las palabras, algo que en realidad no era un secreto para nadie, es por eso que decidió no ser él quien rompiera la ley de hielo presente entre él y Kagome; por más que el causante de todo esto fuera él.

-oe ¿Qué le pasa a Kagome?- preguntó Inuyasha a sus compañeros de viaje por el extraño comportamiento de la miko (el no haberlo mandado a conocer el suelo en todo el día)

-¿cómo que "qué le pasa"? Pues que esta triste porque eres un tonto que siempre la abandona- respondió Sango a su inquietud con un tono más que mordaz. – si alguna vez pudieras observar el dolor en su rostro cada vez que te marchas, reconsiderarías el hacerlo

-Inuyasha- y la voz que lo saco de sus pensamientos sólo podría ser la de Kagome- me voy, vuelvo en tres días-

En un rápido salto de una altura que sobrepasaba los 8 metros, aterrizó a espaldas de la miko

-¡oye tú no te vas para ningún lado!

Kagome detuvo su andar en seco ¿cómo se atrevía mandarla de esa forma después de lo que hizo? Se mantuvo un segundo dándole la espalda para después girar lentamente, con el seño fruncido y una llama de enojo en sus ojos que sería imposible no notar.

-no estoy pidiéndote permiso Inuyasha, simplemente estoy avisándote- y haberlo dicho de forma lenta, bajito y entre dientes atemorizaba mas que si lo hubiera gritado a todo pulmón, cualquiera con dos dedos de frente hubiera dejado todo hasta ahí por puro instinto de supervivencia, el asunto es que al hanyou parecía no poseer ese instinto.

-te vas por lo de ayer ¿cierto?- y he aquí la gota que rebozó el vaso, dando así comienzo a una pelea digna de un ring de boxeo y narración.

¡En esta esquina con 47kg de peso, 1.66 de estatura y un corazón más que roto Higurashi Kagome! ¡Y en le otra esquina con 63kg de sólo musculo, 1.73 de altura y garras que podrían destrozar el acero sin esfuerzo, Inuyasha!

-si ya lo sabes entonces no preguntes-

Y Kagome lanza el primer golpe, un puño derecho directo a la mandíbula de su contrincante que queda algo aturdido por el ataque

-¡feh! No eres más que una niñita-

Inuyasha se recupera y devuelve el golpe, ahora ambos están en iguales condiciones

-tengo cosas más importantes que hacer que estar aquí-

Higurashi envía un izquierdaso que aunque no golpea a Inuyasha si lo aleja de ella.

-¿Cómo qué?-

Inuyasha contraataca, pero Kagome esquiva magistralmente el golpe

-como estudiar para un examen-

-¡feh! no entiendo para que son esos estúpidos exámenes. Tu deber es permanecer aquí- conmigo quiso agregar, pero prefirió callar.

Inuyasha ataca de nuevo y golpea en el abdomen a Higurashi

-por si no lo recuerdas yo tengo una vida allá, Inuyasha- respondió arrastrando la última palabra

Dos golpes seguidos con cada puño. Inuyasha se tambalea hasta uno de los costados del ring y se apoya en las cuerdas

-tengo que hacer esos exámenes para graduarme de la secundaria, entrar a la preparatoria, pasar a la universidad a hacer una carrera, conseguir un trabajo, ganar dinero y poder conseguir hacer realidad mis sueños como el de tener una familia. Por eso necesito ir a mi época-

Kagome avanza hacia Inuyasha y ataca con golpes continuos. Inuyasha cae al piso y empieza la cuenta

1…2…3…

Tragó duro y cerró fuertemente sus garras en forma de puño antes de hablar –si te quedaras aquí no tendrías que preocuparte por eso-

4…5… Inuyasha intenta levantarse

-el problema es que yo no pertenezco aquí-

6…7…8 pero vuelve a caer. Le queda ya poco tiempo para recuperarse

Kagome camino los pocos pasos que la separaban del pozo, subió al borde de este y observando el fondo pronuncio unas últimas palabras sin girarse

-y por favor no vayas a visitarme o traerme, es mejor que no nos acostumbremos mucho a estar juntos. Después de todo en algún momento tendré que marcharme de forma definitiva-

¡9… y 10 K.O. Inuyasha cae tendido en la lona y la gran vencedora es Kagome!

Y se sintió furioso, con él, la vida y sobre todo con Kagome, porque si había venido a liberarlo de la prisión a la que había sido condenado para después marcharse y dejarlo solo, entonces mejor lo hubiera dejado pagar su pena.

En ese momento, se prometió que él el gran Inuyasha, hijo del general perro, la princesa y heredera de grandes riquezas Izayoi, y hermano de uno de los más poderosos demonios, Sesshomaru; no permitiría que Kagome lo abandonase.

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Lo sé me demore mucho pero la universidad no deja tiempo. Oh por Dios no puedo creer que ya esté en la universidad ^^