Capítulo 25: 57ª expedición

«En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días».
—Sealtiel Alatriste, editor y escritor.

Harry lo sintió apenas salieron de la seguridad de la Muralla de Rose, los cabellos de su nuca se erizaron como nunca, todo su cuerpo se tensó de manera casi inconscientemente y sus sentidos se agudizaron como nunca antes le había pasado desde que llego. Le recordó a Voldemort.

Algo no estaba bien, algo definitivamente no está bien.

—¿Harry? —a su derecha, estaba el escuadrón de ataque de Harry que cabalgaba a paso semirápido como se requería en el plan.

Ferdinand miraba a Harry con el ceño fruncido, oliendo la incomodidad del joven mago quien atrasó el tiempo de cabalgata por un minuto, Harry lo podía ver tan claro como el agua.

—Algo no está bien —fue lo primero que dijo el mago—. Esto no tiene sentido.

—¿A qué te refieres? —preguntó Akira desde la parte trasera del pequeño grupo.

—No lo sé —dijo Harry—, pero no me quedaré a averiguarlo.

Justo en ese momento, por el flanco derecho se avistó una bengala color rojo y por delante —a escasos metros— otra más.

—¿Estamos siendo atacados ya?

—La idea de esta formación es que siempre estemos en plena visual de otro escuadrón, no tenemos que atrasarnos —argumentaba Ferdinand cuando Harry se atrasó un poco más en su cabalgata.

—No es ese el problema —se quejaba Harry sin saberse dar a entender—, es que… Algo no anda bien.

—Incluso si tus instintos te lo están diciendo —respondía Colette desde la parte trasera—, no podemos hacer nada.

Ninguno de los compañeros de escuadrón de Harry dudaba de la habilidad del mago para oler el peligro, el problema es que ni el mismísimo Harry sabía lo que tenían que luchar.

—Procedamos con extremo cuidado.

—Esto apesta.

Comenzó como una lluvia de bengalas en el cielo, rojas y negras. A lo lejos, el escuadrón de Harry escuchó los gritos de furia del escuadrón F.

—¿Intervenimos? —preguntó Ferdinand mirando cómo a lo lejos soldados caían víctimas de un titán aberrante.

—No.

—¿Pero por qué, capitán? —preguntó angustiada Lila ante la carencia de acción por parte de su capitán.

—Porque esas son las órdenes, solo podemos inmiscuirnos cuando el titán pasa la formación. No podemos romperla. —Por el tono de voz de Harry, era evidente que él tampoco estaba feliz con esa exigencia.

—¿Qué hacemos, entonces?

—No resistirán mucho, así como van —informaba Akira desde la parte de atrás de la cabalgata.

—Cuando el titán pase, quiero que Lila lance la bengala informando titanes por este flanco. Ferdinand y Akira se encargarán del titán, no quiero casualidades, ocupen la formación de tierra.

—¡Entendido! —fue el coreo que llegó tras las palabras del mago.

Lila pronto comenzó a alistar la bengala, a lo lejos Harry veía cómo poco a poco comenzaba a caer el escuadrón de reconocimiento de ese flanco y suspiró tratando de ahogar la sensación de incompetencia que comenzaba a retorcerse sin piedad en el estómago del capitán.

—¡Mirna! —gritó Ferdinand cuando el último soldado fue consumido por el titán de 7 metros a la izquierda.

—¡Formación defensiva!

Fueron unos tensos minutos en el flanco izquierdo, pero el escuadrón de Harry se dividió en dos con Ferdinand y Akira encargándose del titán mientras los otros se quedaban atrás como defensa y escuadrón extra de apoyo.

El corazón de Harry latía despiadado en su pecho al ver cómo los amigos y compañeros que quería se enfrentaban a una bestia comehumanos.

La bengala que disparó Lila se alzó por los cielos señalando el ingreso del titán aún más al centro de la formación. Los minutos se extendieron por lo que parecieron eones, ambos, Akira y Ferdinand, se bajaron de los caballos y se separaron: uno sirviendo como carnada de titán mientras el otro atacaba por la espalda.

Harry miró todo sin perder de vista ningún movimiento, listo para la emergencia y ninguno respiró tranquilo hasta que Akira cortó el cuello del titán y vieron vapor salir del cuerpo de la bestia.

—Voy a mandar una bengala verde, capitán —dijo aliviada Lila.

—Espera. —Cortó Harry de manera inconsciente.

—¿A qué? —Preguntó dudoso Pol desde la izquierda.

—Ve tú a comprobar al grupo que venía detrás de nosotros —ordenó Harry en dirección a Pol—, pero solo a ese grupo —clarificó para mirar a Lila—. Tú ve a ver el grupo de la derecha; Colette, al grupo de adelante; Ferdinand, ve al grupo de la izquierda, si les preguntan que qué hacen allí, díganles que solo están comprobando la formación. Devuélvanse de inmediato.

El grupo de partió fácilmente y Harry los miró partir desde el centro con Akira.

—¿Capitán? —preguntó dudoso Akira al lado de Harry.

—Solo es algo que se me ocurrió mientras los veía pelear.

Harry cabalgó más lento, ejemplo que fue seguido por Akira. Quince minutos después, los cuatro soldados habían vuelto al punto original, todos con rostros pálidos y agitados.

—¿Y? —preguntó Harry ansioso.

—Nada. Exterminados —respondió tenso Ferdinand.

—Lo mismo

—Igual en el ala sur.

—Nada al este.

—¡Pero si no hemos visto ningún titán aparte de ese!

—Este flanco está destruido, lo mejor sería apilarnos más al centro.

—No —fue la categórica negación de Harry, paró en un suave movimiento a Bia y sacó el mapa que le fue entregado a todos los capitanes—. Tenemos que pensar más allá de esta situación.

—Harry, no podemos pararnos aquí, estamos en medio de territorio titán y hay personas que dependen de nuestro movimiento —regañó Ferdinand en lo alto de su caballo.

—Esto no tiene sentido, Ferdinand y no arriesgaré a ninguno de ustedes por un plan medio construido. Es cierto que esta táctica es buena, pero es muy pronto para averiguar las habilidades de Eren y tapar la brecha en una muralla cuando él siquiera sabe manejar el poder. No. Ahora, por dónde han atacado más constantemente los titanes.

—Ala derecha.

—¿Señales de aberrantes?

—Uno por este flanco, los otros cuatro por la derecha.

—Todos estos escuadrones ya no existen —murmuró Harry para sí mientras tachaba a todos los escuadrones aledaños al suyo, por otra parte, tachó por seguridad los flancos más cercanos a los avistamientos de los aberrantes, era más por precaución que por información concreta, Harry sabía que habrían bajas en esta expedición y era lo más sensato considerar la baja en números.

—Nos mantendremos en la misma posición y perderemos un poco la visual, pero aun así seremos capaces de ver las señales y seguir la expedición. Smith quiere que lleguemos a este bosque —dijo Harry apuntando el espacio que tenía unos árboles escasamente dibujados— y lo rodeemos, aunque eso no tiene sentido. Ahora nos dividiremos en dos grupos. Ferdinand, vas atrás con Colette y Pol. Yo me llevo a Akira y Lila. Lo más probable es que los ataques vengan frontales, ustedes serán el escuadrón de apoyo. ¿Dudas?

—¿Estás seguro que esto es lo que quieres hacer? —preguntó indeciso Ferdinand en un profundo suspiro. Ninguno de los soldados se bajó de los caballos, pero Harry estaba firmemente protegido en el piso entre los caballos de sus compañeros con la visual cortada desde el exterior.

—Es lo mejor. —Contestó el mago serio.

—Está bien, está bien. —Fue la tensa aceptación que Harry recibió del subcapitán.

Harry volvió a montarse en Bia y se ordenó un poco, respirando profundamente y sintiendo con toda la fuerza la sensación de desesperación y abandono. Harry acababa de condenar a personas con esta arriesgada jugada, pero él era, ante todo, un luchador y si su instinto gritaba por un poco de lejanía, pues eso es lo que haría, aunque le doliera al final.

El mago miró fijamente hacía adelante y suspiró dándose valor para después emprender camino y avanzar hasta donde suponía era el punto de encuentro. Ferdinand se separó del grupo tal y como lo solicitó, solo unos metros más atrás y pronto el escuadrón comenzó a avanzar a paso acelerado, tratando de cerrar la brecha que Harry había hecho de manera rápida y eficaz.

Cabalgaron por lo que parecieron horas, el cuerpo de Harry cada vez se sentía más tenso y, a la vez, podía sentir el ambiente completamente tenso, la paranoia lo perseguía sin tregua. Hace unos minutos el capitán había visto una bengala negra por el flanco derecho y eso solo podía significar titanes aberrantes.

No fue ni cinco minutos más cuando el bosque comenzó a parecer más grande y poco a poco Harry pudo reconocer a lo lejos personas por sobre las ramas y titanes bajo ella.

—Estén preparados para defenderse, tomen la formación inicial —ordenó Harry mientras ajustaba la postura que tenía sobre el caballo y repasaba por una última vez el equipo de maniobras—. ¡Nuestro objetivo es subir con nuestros compañeros y descansar mientras escuchamos órdenes! ¡No quiero bajas!

—¡Sí, capitán!

Rodear a los titanes resultó ser un poco más difícil de lo que el mago pensó en un comienzo, incluso con la ayuda de los soldados que estaban en aire, había aberrantes que entorpecían la subida de su escuadrón lo que llevó a una pelea tendida y agotadora para subir a Lila y a Pol.

—¡Akira, sube de una jodida vez!

—¡Sube tú primero! —gritó como respuesta el soldado.

—¡Ya basta de pendejadas ustedes dos, solo suban de una puta vez!

A Harry siempre le incomodaba subir primero que el resto de su escuadrón, él siempre podía reaccionar más rápido o utilizar magia como defensa, pero sus compañeros eran muggles que solo poseían sus habilidades y él ya había sufrido pérdidas por querer confiar en ellos. El punto era que Akira y Colette eran igual de obstinados que el mago a la hora de seguir órdenes, para ellos, era Harry el indispensable y, por ende, era Harry quien debería siempre subir primero.

Esta vez no había tiempo para dudas, no si el mago quería a todo su escuadrón vivo.

Con certeros y fluidos movimientos, Harry se hizo paso entre un mar de brazos gigantes, dientes filosos y ojos enormes. El mago no dudó en utilizar sus espadas mientras se hacía paso, cortando manos, ojos o nariz incomodando a los titanes con la poca visual y vapor que emanaban sus cuerpos para recuperarse.

Harry pisó el tronco del árbol y comenzó su ascenso rápidamente hasta donde Lila se encontraba hablando con otro soldado. Pronto, y para el alivio del mago, Colette y Akira comenzaron también su ascenso sin problemas.

—¿Estado de la misión? —preguntó Harry sin perder el aliento y caminando al soldado que estaba hablando con Lila.

—Comandante Erwin nos solicitó quedarnos aquí y distraer a los titanes, capitán Potter —respondió el aludido.

—¿Y el capitán de este escuadrón?

—Tres ramas más atrás. —El soldado apuntó la dirección y Harry no perdió el tiempo y voló hasta el hombre.

—Potter.

—Erikson —saludó Harry sin perder el tiempo—. ¿Por qué están apostados aquí?

—Comandante Erwin dividió al grupo, nosotros nos tenemos que quedar afuera, no sé el motivo.

Fue todo lo que le pudo decir el soldado y Harry no preguntó más, sencillamente regresó a la rama donde estaba su escuadrón y se movieron a otra un poco más alejada, pero logrando atraer la atención de otros titanes.

De reojo, Harry pudo apreciar que había varios soldados apostados en una rama, algunos sentados, otros de pie mirando en dirección a donde se suponía tenían que llegar los siguientes escuadrones, pero hasta ahora, solo el escuadrón de Harry había regresado y la mirada de desesperanza de algunos soldados lo hizo morderse la lengua.

—¿Capitán? —preguntó Ferdinand sin tener que decir nada más que un dudoso reconocimiento de la presencia del mago.

—Tengo que ir al interior del bosque —susurró Harry a sus compañeros de escuadrón—. Smith nos quiere afuera, pero eso solo aleja a los titanes del centro.

—¿Por qué querría hacer eso?

—No lo sé —dijo Harry revolviendo su ya desordenado cabello—, pero es algo que tengo que saber, tengo que irme.

Akira y Ferdinand miraron a Harry con el ceño fruncido, juzgando cada mínima mueca o movimiento que el mago estaba haciendo para así encontrar lo que sea que estuvieran buscando en él. Harry lo sentía en sus huesos y en la manera que toda esta misión lo incomodaba, algo lo tenía inquieto y no estaba en su naturaleza quedarse en una maldita rama y esperar a que las cosas se aclararan o solucionaran por sí solas.

No. Harry no era así y por Merlín que nunca lo fue (quizás por eso se metía en la mitad de los problemas que conseguía).

—Harry, sabes que si haces lo que quieres hacer te llegará una queja formal, ¿cierto? Estás rompiendo las órdenes —negó con la cabeza el subcapitán.

—Él tiene razón —respondió Akira con un profundo suspiro—, no es lo que nos pidieron hacer.

—Ustedes no entienden —masculló entre dientes el mago.

—No —clarificó Colette con un profundo suspiro—, no te entendemos ni un poco. ¿Por qué siempre tienes esa súbita necesidad de ir en contra de las reglas, en contra del plan?

—No es la primera vez que lo haces hoy —se quejó frustrado Ferdinand mientras revolvía sus cabellos— ¿O es que crees es normal que hayas roto las normas y nos hayas puesto en peligro a todos?

—No lo hice con esa finalidad y lo saben —exclamó ya enojado Harry—. Nunca, y escúchenme bien —enunciaba enfáticamente el mago—, nunca haría un movimiento para ponernos a todos en peligro. En ese momento creí y creo fue lo mejor que pude haber hecho.

—Chicos —interrumpió indecisa Lila—, yo... Capitán, ¿realmente tiene que ir? —fue una pregunta entre inocente y estúpida que hizo a Harry reír y a Ferdinand bufar enojado.

—Por supuesto que no tiene que ir —espetó frustrado Ferdinand a la mujer—, él nunca tiene que ir a buscar problemas, joder, Lila, ¡¿cómo puedes ser tan densa?!

—Ella no conoce tanto a Harry como nosotros, Fer, dale un respiro —agregó con un profundo suspiro Akira.

—¡Ese es el maldito problema con este loco! —siguió hablando Ferdinand en su frustración.

—¡Ya basta! —espetó Harry furioso encarando a su amigo—, no botes tu enojo con Lila, ella no tiene la culpa y lo sabes. Ahora, necesito que se queden aquí y yo...

—¡No! —negó el subcapitán moviendo la cabeza de un lado a otro con sus brazos cruzados en su pecho—, no irás a ninguna jodida parte, sobre todo sin respaldo. Comandante Erwin nos pidió estar aquí y aquí nos quedarem...

Ferdinand siquiera alcanzó a terminar su estamento cuando el grito resonó por todo el bosque atrayendo no solo la atención de toda la legión, sino que de los mismísimos titanes. Un grito de desesperación y Harry sabía muy bien que eso no significaba nada bueno.

Harry siquiera terminó a que el grito finalizara cuando se giró a Ferdinand y dijo las temidas palabras:

—Quédate aquí y cuida al escuadrón —el tono de voz de Harry era estricto a su subcapitán. Ferdinand solo pudo balbucear por medio segundo cuando Harry se marchó a toda máquina entre los árboles buscando el origen del ruido.

—Harry, ¿qué? ¡HARRY! —gritó entre sorprendido y enojado el hombre—. ¡HARRY VUELVE AQUÍ, TÚ HIJO DE PUTA! ¡HAAAAAARRYYYY!

Los gritos de Ferdinand sorprendieron al resto del escuadrón quienes estuvieron pendientes del grito y el súbito movimiento de los titanes, todos vieron asombrados cómo Ferdinand gritaba a la ya pequeña figura de su capitán improperios para luego patear con todas sus fuerzas el tronco del árbol.

El cuerpo completo de Ferdinand temblaba de ira y su puño dolía como el demonio producto de su exabrupto.

—¿F-Ferdinand? —susurró insegura Colette.

—Nos quedaremos aquí —dijo el aludido escupiendo las palabras una por una.

—P-pero, capitán Harry se fue y el resto de la legión.

—Nos quedaremos aquí —dijo el subcapitán, esta vez más contrito—, porque eso es lo que pidió nuestro capitán.

• ✧ •

Harry podía escuchar los fuertes pasos de los titanes algunos metros delante de él. Pese a ser criaturas que muy de vez en cuando corrían —dependía mucho de su clasificación o porte—, una manada de titanes comenzó a correr empequeñeciendo la distancia en pocos minutos, yéndose directamente a la zona donde había provenido el grito. A lo lejos, Harry pudo divisar vapor alzándose por los cielos y el sentimiento de descontento y molestía se acrecentó en su estómago.

Él no sabía lo que estaba pasando y el solo hecho de no saber estaba comiéndoselo vivo. Harry apresuró el paso quitándole importancia a tener que usar más gas del que correspondía (total, siempre podía rellenar su galón con aire comprimido).

Estuvo a unos pocos metros de ingresar al claro cuando decidió descansar en una rama y analizar lo que estaba viendo: titanes, titanes que se estaban comiendo a otro titán. ¿Cómo era eso posible? Estaban rábidos sacando la piel, rompiendo huesos y consumiendo la carne que siquiera le prestaban atención a los soldados que caían como guillotinas por sobre los cuellos de las bestias e, incluso así, no movieron ningún músculo en dirección a ellos.

Era todo tan frenético que Harry se quedó boquiabierto mirando sorprendido la escena ante sus ojos.

Nadie estaba en peligro, por lo que podía apreciar, pero sí sabía —porque a la distancia podía verlo— la frustración en el rostro del comandante y Levi.

Algo no andaba bien.

Harry frunció el ceño y miró con mayor detalle a las personas sobre las ramas: Smith, Levi, Mike, Hange, algunos otros soldados que reconocía de vista, pero no Eren. ¿Dónde estaba Eren? ¿Dónde, dónde? ¿Por qué él se sentía tan frenético al no ver al chico? ¿Qué demonios estaba mal en él? No necesitaba agitarse, necesitaba pensar. La señal de retirada fue dada, pero Harry no quería ni podía retirarse hasta encontrar respuestas.

Por sanidad más que por comprender qué era lo que estaba sucediendo, Harry se alejó un poco del lugar para buscar al adolescente, pero lo que vio fue una señal verde en el cielo ¿qué demonios? Luego, casi como respuesta, otra bengala verde se alzó entre los árboles medio oculta, hecho que hizo fruncir el ceño del mago y lo hizo moverse en dirección de la segunda señal casi por inercia. Por instinto, se retrasó unos minutos en aparecer en la zona de la llamada, pero cuando llegó, Harry sintió el corazón caerse a sus pies porque sintió un estallido y luz cegarlo todo por unos segundos y allí, en medio de los árboles, apareció un titán dónde antes no lo había.

«¡¿Qué demonios?! ¡¿Dónde?! Piensa, Harry, piensa, ¿qué vas a hacer? ¡No tienes respaldo!», se gritaba a sí mismo el mago, mas él ya se encontraba avanzando cuando escuchó el grito de otro soldado:

—¡La titán hembra!

—¡Esta vez la mataré! —Harry reconocía esa voz en cualquier lado, era la voz de Eren cuando estaba enojado.

—¡No puedes!

La titán comenzó a correr en dirección al escuadrón de operaciones especiales y Harry apresuró su propia marcha para no quedar atrás, por lo que podía ver ya estaban menos un hombre y Levi no estaba a la vista.

—¡… máxima velocidad! —fue lo que alcanzó a escuchar Harry en su batalla por alcanzar al equipo.

Por primera vez, el mago estaba priorizando velocidad por sobre piruetas, algo en ese titán no estaba bien. El mago decidió que lo mejor era estar en las alturas que en la parte baja donde todos podían verlo.

—Mierda, mierda —maldijo el mago entre dientes, las estrategias no eran la especialidad de Harry y al ver al grupo separarse supo de inmediato que tendría que priorizar.

Eren se adelantó por unos cuantos metros, lo que dejó al resto del escuadrón de Levi atrás, todo en la situación estaba incontrolable, Harry no sabía a quién mirar, pero sabía que tenía que actuar porque su piel estaba sensible y eso era solo una señal de algo: peligro, peligro inminente.

Todo pasó muy rápido para el angustiado cerebro de Harry, de repente estaba viendo a un escuadrón organizado y decidido cuando todo se fue a los mil demonios incluso cuando la titán hembra estaba recuperándose.

La bestia no había dudado en masticar parte de un soldado casi por la mitad, un soldado que Harry conocía porque más de alguna vez había acompañado a Levi cuando entrenaban juntos: Eld.

—¡ELD!

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡Ahh! —gritó la mujer distraída.

Harry lo vio casi en cámara lenta, la intención de la hembra titán en la mujer y él siquiera dudó en dejarse caer.

—¡PETRA!, ¡SUBE, DE INMEDIATO! —gritó un hombre de atrás—. ¡PETRA! ¡AHORA!

Harry no tenía tiempo, no lo tenía, no alcanzaría a bajar a tiempo.

«Mierda, mierda», se maldecía en su cabeza mientras se regañaba por lo que iba a hacer.

Protego totalum —la varita de Harry se sintió como siempre en su mano: liviana, poderosa y comprensiva.

Harry siquiera recordó cómo hizo los movimientos para el hechizo, pero lo que sí supo es que incluso con este, la chica, Petra, recibiría parte del impacto del golpe, no había manera de protegerla completamente con tan poco tiempo. Harry vio cómo la titán la pisaba en el árbol provocando que la mujer escupiera sangre y se deslizara poco a poco hasta caer.

Harry agradeció que la chica estuviera cerca del suelo, porque un segundo impacto sería aún más letal en su actual estado.

Él decidió bajar a tomar a la chica y llevarla a las alturas, Eren estaba más lejos de lo que esperó en un comienzo y el otro soldado estaba enfrascado ya con la titán hembra en una especie de duelo unilateral donde el otro hombre salió despedido con una simple patada.

El mago vio sorprendido cómo Eren regresó a la escena y, ante sus ojos, el adolescente cambió su forma de ser humano a titán gritándole furioso a la otra bestia. Harry no perdió el tiempo en ver esa batalla, la mujer entre sus brazos necesitaba ayuda urgente por lo complicado de su respiración.

—Aguanta, aguanta —decía Harry en voz alta mientras subía aún más entre los árboles. Si quería que la chica tuviera una oportunidad, necesitaba hacer un poco de magia y no quería explicar por qué estaba pinchando a la chica un «un palito».

Todo se sentía mal en ella, era como estar cargando una muñeca rota y eso hizo estremecer a Harry, él no tenía ni idea de muchos hechizos curativos, solo los que había aprendido hace unos años, y si bien ahora sabía más que cuando se fue del mundo mágico, tampoco era un experto sanador. La lucha de los titanes se escuchaba a lo lejos y Harry medio le prestó atención.

—Ok, ok, piensa, Harry, piensa —se hablaba para poder tranquilizarse—. Natura sanat* —enuncio Harry con voz firme y dedos apretados en su varita de acebo.

Era un sencillo hechizo para reconocer las heridas y pronto, casi como si siempre estuvo en conocimiento de Harry, él supo cuál era el daño de Petra: tres costillas rotas, una perforando el pulmón, los riñones estaban fallando y múltiples huesos rotos.

Su atención estaba dividida entre Eren y la titán, pero no podía sencillamente dejar morir a la chica y Eren estaba dando la pelea.

¿Qué hacer? ¿Qué era lo que él tenía que hacer? ¿Por dónde partir? ¿Debería el alejarse de Eren?

«No», se dijo a sí mismo, necesitaba poner a salvo a Eren primero, esa era la prioridad de todos. Estabilizarla, Harry necesitaba estabilizarla lo suficiente como para rescatar a Eren y luego volver a por la muchacha.

Parte por el comienzo, Harry. ¿Por dónde más quieres comenzar? Tienes que ser objetivo y pensar qué es lo más importante, sino, lo único que haces es tupirte por la ansiedad. —Esas eran las palabras de Hermione que llegaron resonando con nuevo ahínco. La situación no tenía nada que ver con la tarea de transfiguraciones, pero sí ayudaba.

¿Qué era lo más grave?: el pulmón perforado.

Primero tenía que sacar la costilla del pulmón perforado o si no, no lo podría sanar.

El grito de un titán pelear hizo que los ojos de Harry cayeran hacía abajo, la forma titán de Eren seguía peleando con la del otro titán y no sabía cómo podía omitir el estremecimiento de la tierra en sus pies (incluso desde las alturas) o el hecho de que Harry no estaba allí solo para curar a esta pobre mujer, sino que también para ayudar a Eren.

Experientia docet, Harry, experientia docet* —se dijo Harry a sí mismo en latín y en voz alta.

No tenía la poción crece huesos, así que no podía separar las costillas, lo mejor que podía hacer era sacarla del pulmón y curarla.

—Ok, ok —se decía a sí mismo el mago tratando de no entrar en pánico—. Esto no es una despartición, así que no necesito esencia de díctamo. Necesito reposicionar el hechizo. Eso lo puedo hacer, tiene que ser más fuerte que el hechizo episkey. Ok, Harry, ok, tú puedes hacerlo. Madam Pomfrey te enseñó este hechizo útil en sexto año, uno que puedes hacer tú solo y... Morgana y Merlín, Ok… Ok… Respiro, Respiro —Harry trataba de tranquilizarse a sí mismo, cerró sus ojos y pensó por unos segundos.

Tergeo —susurró el mago para limpiar la sangre que cubría a la soldado—, anapneo —siguió el hechicero cuando la chica comenzó ahogarse con su propia sangre. Las vías se limpiaron de inmediato y eso le sirvió a Harry para comprar un poco más de tiempo y pensar en el encantamiento que quería hacer.

«Los encantamientos, como el 'vulnera sanentur' no requieren movimientos estrafalarios, solo una voz pausada y que sean acompañados por el canto, ok, yo puedo hacerlo», se animaba Harry en su mente.

Con la varita posicionada lo más firme que podía en el pecho de la mujer, Harry pronuncio claro y lo más tranquilo posible:

Cessante causa —comenzó lo más firme posible el mago—, cessante causa, cessante causa.

El movimiento de varita de Harry era lento, casi como acariciando la caja torácica de la soldado, su pulso mágico era bajo para así no afectar con su magia a la muggle, lo que menos quería Harry era darle un shock mágico.

El silencio del bosque le ponía los pelos de punta al mago.

Los quejidos de la mujer hicieron a Harry pausar en un momento, pero decidió no parar hasta que sanara la costilla rota. Se concentró solo en esa costilla y trató de no pensar en cómo pudo haber sido tan estúpido como para no adormecer a Petra.

Por lo menos, cada vez que ella emitía un quejido, Harry sabía que estaba viva.

Siguió así por minutos hasta que el capitán escuchó un sonoro «crack». Sus movimientos se detuvieron rápidamente y miró asustado a la mujer.

Ella seguía respirando. Tembloroso, Harry murmuró nuevamente el hechizo para saber las heridas de la mujer:

Natura sanat.

Una costilla rota, dos resentidas; un pulmón perforado, pero sin costilla incrustada en él; múltiples hematomas, múltiples huesos rotos, riñones seguían fallando.

Harry tenía que curar el pulmón y los riñones:

Restitutio ad integrum —dijo el mago, cada vez más confiado en lo que estaba haciendo.

Repitió el hechizo una segunda vez en la zona torácica y pasó a la parte baja de la mujer. Con cuidado, Harry la dio vuelta para acceder a la espalda y volvió a lanzar el hechizo.

Tergeo.

Sublata causa, tollitur effectus*.

Natura sanat.

Restitutio ad integrum.

Tergeo.

Harry no supo cuánto tiempo estuvo así, lanzado hechizo tras hechizo, encantamiento tras encantamiento, pero cuando por fin pudo realizar un último hechizo de diagnóstico, Petra estaba estable en su gravedad y respiraba más tranquila. Las mejillas de la mujer habían adquirido un tono más rojizo y pese a los diversos hechizos, la camisa blanca de la soldado ahora estaba teñida de carmesí.

Harry dejó salir un profundo suspiro, aliviado, y pudo descansar su cuerpo en la base del tronco y miró a la mujer recostada que daba cortas inhalaciones mientras la fiebre comenzaba a mostrarse en sus mejillas.

El mago limpió el sudor de su frente y cerró los ojos por un segundo (o lo que él creía era un segundo). Para cuando los abrió, Harry pudo sentir con plena fuerza la pesadez de su cuerpo, los calambres en sus manos producto de sujetar tan fuertemente su varita y el ardor en sus ojos. Petra seguía respirando agitadamente, él seguía agotado y su núcleo mágico resintió tanto estrés y uso en tan poco tiempo, fue allí cuando el joven mago comenzó a mirar a su alrededor que inhaló con terror.

—¡Mierda! —espetó furioso—. ¡Mierda, mierda, mierda, mierda! ¡De todos los putos días para desmayarme por agotamiento mágico! —se puso de pie de un momento a otro sin importar lo mareado que se sentía ni las náuseas que le llegaron al pararse tan repentinamente, sino que miró exaltado todo a su alrededor: estaba atardeciendo.

No, este no era el momento adecuado para entrar en histeria, Harry tenía que pensar, pensar muy bien qué hacer.

Lo primero que hizo fue mirarse a sí mismo y pensar en alternativas de regreso porque no había manera que podría ingresar apareciéndose en su departamento en Stohess y mucho menos cuando Petra estaba en estado tan delicado.

Su aparato de maniobras no recibió ningún daño, pero no podía decir lo mismo que el de Petra. Harry frunció el ceño y lo que hizo fue sacar los galones de gas y botar el aparato de la mujer, lo único que lograría cargando tanto peso era agotarse más temprano y complicar la situación si Petra despertaba y preguntaba que por qué Harry estaba moviendo todo como si pesara nada.

Con un movimiento de su varita, Harry se aseguró en dejar a Petra pegada en la rama donde estaban, lo cual permitió que pudiera descender sin preocupaciones. El bosque estaba en completo silencio y solo se podía escuchar el trinar de algunas aves.

Harry decidió que lo mejor por hacer ahora era caminar por alrededor y tratar de buscar a un caballo rezagado. Tal vez Bia todavía estaba con vida y lo estaba esperando en algún lugar. Con su varita en la mano, Harry caminó sin temor a encontrarse con titanes. Llevó su mano libre a su boca y comenzó a chiflar.

—Vamos, vamos —se quejaba en voz alta el mago mientras miraba por todas partes en busca de un caballo—. Solo quiero uno, un maldito caballo.

Mientras más lo pensaba, más difícil era la situación para Harry si no se devolvía de inmediato. No solo la legión duraría de su milagroso regreso, sino que todos quedarían extrañados y dudosos de cómo lo había logrado en un terreno repleto de titanes. Lo mejor era moverse de inmediato, siempre podía escudarse que los titanes se habían movido en dirección a la caravana de la legión y no habían tomado mucho en cuenta a dos humanos cuando había más humanos más adelante.

Su desesperación aumentaba por momentos, no había manera de justificar llegar caminando a la Muralla de Rose, necesitaba un caballo y lo necesitaba ya. Chifló con aún más fuerzas, caminando en la dirección que él recordaba había estado su escuadrón. No alcanzó siquiera cubrir la mitad del recorrido cuando escuchó el galope de un caballo correr a su encuentro.

—Gracias a Merlín —dijo Harry exhalando aliviado mirando al caballo acercarse a paso acelerado.

Cuando estuvo al alcance de Harry, el mago estiró su mano para acariciar y agradecer al fiel equino y sonrió cuando se dio cuenta de quién era:

—Bia, tú astuto caballo loco. ¿Cuándo te separaste de la legión? Ferdinand se va a volver loco —se rio Harry acariciando al caballo con cariño. Después de decirle unas cariñosas palabras, Harry montó nuevamente en Bia y se fue en dirección al árbol donde tenía a Petra asegurada.

Fue un tramo corto y sin problemas, seguramente los titanes habían perseguido a la legión en su salida apresurada y Harry lo agradecía, no sabía si la mujer despertaría pronto o no, pero Harry estaba temeroso de lanzarle un hechizo para dormirla tras todos los encantamientos y hechizos sanadores que le había hecho.

Petra no estaba en lo absoluto sana y todavía tenía un montón de huesos rotos, pero ya no estaba en tanto peligro, por lo menos, eso era lo que creía Harry. Y, por otra parte, estaba la preocupación de no saber qué demonios había sucedido con Eren. ¿Cómo pudo haber sido tan estúpido como para olvidarse de él?

—Quédate aquí, Bia —le dijo Harry al caballo, desesperado mientras buscaba una solución—. Subiré un momento y descansaré unos minutos, luego aprovecharemos la noche para movernos. Merlín, veo dos caballos...

Harry lanzó un hechizo para crear una vasija y luego lanzó otro para llenarlo de agua. Bia no perdió tiempo y comenzó a beber de ella. El mago vio que su caballo estuviera sano para después subir con el equipo de maniobra a lo alto de la copa.

Poco a poco la luz natural del sol comenzó a disminuir y Harry sabía que no tenía mucho tiempo para descansar, de entre su chaqueta, Harry sacó el vial donde tenía la esencia de sangre de basilisco y tras pensarlo por unos momentos, decidió esparcir la mitad en él y la otra mitad en Petra.

—Roguemos porque esto funcione y no me maten por traición o algo.

Harry se rio ante sus propias palabras. En el bosque ya todo estaba oscuro y la temperatura comenzó a descender. Era hora de volver a casa.


Glosario

Natura sanat (lat.): el sanador cura.

Experientia docet (lat.): la experiencia enseña.

Cessante causa (lat.): elimina la causa (de la enfermedad).

Restitutio ad integrum (lat.): restaura al estado integral.

Sublata causa, tollitur effectus (lat.): remuevo la causa, remuevo el efecto.

Notas

∑(;°Д°) Harry, ¿qué hiciste? ¿Qué demonios hiciste? Maldito Harry con completo de héroe ~(_~). Ok, ¿quién se atreve a decirme cómo creen que reaccionará Levi en el siguiente capítulo? Teorías (?).

A Harry le pudo más la idiotez que la razón, así que sí...

Ocuparé este espacio para agregar algo que realmente no puedo colocar en el fanfic: sobre la magia de Harry. Lo que Harry puede hacer en muggles lo restringí a «poner las cosas en su lugar». Verán, la magia puede regenerar por completo partes del cuerpo sin problemas, pero eso es para magos y brujas. Para muggles, él tiene que pensar en las siguientes cosas: 1) no sobrecargarlos con magia, ellos no tienen núcleo mágico, por lo cual utilizar mucha magia puede llevarlos a shock y eso es casi como darles un paro cardíaco; 2) solo puede ordenar las cosas a como estaban. Es decir, si se rompió un hueso, lo puede acomodar a donde se supone que debería estar (como cuando uno se rompe un hueso, pero es una fractura limpia), pero no puede unir el hueso roto ni tampoco puede incentivar a que sane de la nada con magia; 3) puede incentivar a que la piel, órganos y huesos de muggles se regeneren más rápido solo con pociones.

Así que sí, Harry la tuvo difícil porque no es un sanador quien podría haber utilizado menos magia, hechizos menos intrusivos o hubiera sabido priorizar mejor en la situación de Harry si hubiera querido sanar a Petra.

(Fin del modo explicación).

Como siempre, agradezco todo su apoyo, comentarios y demases, siempre me hace feliz leerlos. Espero hayan disfrutado del capítulo. ¡Saludos!

-Derwyd