Casi me salto el capítulo, pero luego decidí que lo mejor era ponerlo.
Capítulo 25
De carácter explosivo.
Cuando Alex regresó de Nueva York, se encontró con que los chicos habían terminado su último álbum, que Nathan tenía una nueva novia y que Charles la esperaba en su cuarto.
—¿Pasa algo? —le preguntó Alex, mientras dejaba los bolsos a un lado. Lily se acercó a ella y se frotó en su pierna.
Charles se mordió ligeramente el labio.
—Estuve pensando un poco y, ah, creo que sería buena idea que tomaras clases de defensa personal.
Alex enarcó una ceja.
—Y eso es porque…
—El mundo está cada vez más enfermo y, ah, temo por tu seguridad. No quiero que tengas que depender de los Klokaters todo el tiempo —Charles acarició un momento la mejilla de Alex—. Lo último que quiero es que te suceda algo.
Alex lo miró, extrañado.
—¿Te encuentras bien?
Charles apenas mostró una débil sonrisa.
—Ahora si me encuentro bien. ¿Tomarás las clases que te dije?
No era mala idea. Charles tenía razón: el mundo estaba día a día más desquiciado. Podría tomar algunas clases, para sentirse más segura al querer salir sola a algún lado.
—De acuerdo, lo haré.
Charles le palmeó el hombro.
—Habla con el Klokater 308. Él te enseñará.
—De acuerdo, lo haré cuando pueda.
—Bien, e dejaré tranquila para que desempaques.
Alex esperó a que su padre se fuera y se acostó en la cama. No tenía ganas de hacer absolutamente nada, excepto cerrar los ojos y dormir una siesta. Cuando se despertara, ya tendría tiempo de conocer a la nueva novia de Nathan. El hecho de que fuera una fan le despertaba sus instintos de desconfianza. Sabía lo psicópatas, sociópatas y enfermos que podrían llegar a ser los fans de Dethklok y se temía que esa chica no fuera la excepción. Podría lastimar a Nathan o a cualquiera de los otros.
No supo en que momento ocurrió pero, en algún momento, se había quedado dormida. Porque ahora estaba de vuelta en ese desierto rojizo con el que había soñado varias semanas atrás, acostada encima de una roca.
Alex se levantó, con una angustia tal que sentía que la partiría en dos. Se sentía como si la hubiesen abandonado, ¿pero quienes? ¿Y por qué? ¿Qué hacía en ese desierto horrible? Buscaba algo. Si, eso estaba haciendo. Buscaba algo. Mejor dicho, a alguien. ¿Estaba en el desierto la persona que buscaba?
Siguió caminando como si no tuviera voluntad propia. Sus propios pies la llevaban por el desierto, como si ellos si supieran a donde ir. A lo lejos, comenzó a divisarse una estructura, parecida a un templo…
El sonido de un golpeteo la devolvió a la realidad. Se encontró de vuelta en su cuarto, con Lily durmiendo en su regazo. Se levantó de la cama, ligeramente aturdida.
—¿Quién es? —preguntó.
—Soy yo, Pickles.
Alex giró el picaporte y dejó pasar al baterista de Dethklok. Se lo notaba muy preocupado.
—¿Te puedo ayudar en algo? —le preguntó. La sensación de angustia en su pecho comenzó a disminuir lentamente.
—Quería comentarte sobre la nueva novia de Nathan.
—Oh, ella —Alex no sentía celos al respecto. Era el hecho de que viniera una mujer de afuera a romper la poca armonía que había en la casa. Ya le habían contado lo que había sucedido con la dominante ex novia de Nathan, Rebbeca. No, no iba a permitir que una loca sacada del basurero se metiera en su casa.
—Si. Es una fan, ¿lo sabías? Es una de esas locas y me temo que esto no va a terminar bien.
—¿Quieres que te ayude a quitarla del medio? —preguntó ella con una sonrisita maliciosa.
Pickles asintió.
—Pues si, eso quería. Tal vez Nathan te escuche.
—No te prometo resultados, pero hablaré con él, ¿ok?
Pickles pareció un poco más aliviado.
—Gracias, mocosa. Avísame si logras algo.
La Klokikon estaba apenas a unos días de distancia. Alex esperaba que Dethklok fuera, pero se negaron rotundamente a estar rodeados de un montón de idiotas disfrazados de ellos. Alex quería hablar con Nathan al respecto, no sin antes conocer a la chica que lo rondaba todo el tiempo como una mosca.
La chica se llamaba Trindle y parecía tener unos pocos años más que Alex. Cabello oscuro y lacio pasando un poco de los hombros y una mirada bastante inquietante. Se vestía como muchas de las fans de Dethklok, con ropa corta y ajustada de cuero, con el cuerpo plagado de tatuajes. Nathan las presentó y la cosa no había ido muy bien. Trindle la acosó a preguntas sobre que tan cercana era ella a Nathan y se fue volviendo cada vez más agresiva hasta que el cantante la sacó de allí, murmurando disculpas hacia Alex e intentando convencer a Trindle que no pasaba nada con ella.
En síntesis, era una maldita loca.
Era obvio que esa relación iba a detonar de un momento a otro. Aprovechó un momento en el que Trindle no estaba para poder hablar con Nathan a solas.
—¿No te parece un poco asfixiante? —le preguntó, mientras caminaban por los pasillos. Nathan soltó un gruñido.
—¿Tú también? Alex, no le veo nada de malo. Es una buena novia.
—Es muy obsesiva. Cuando la conocí, creí que me quería matar.
—Es un poco celosa, nada más.
—Es más que un poco celosa.
Nathan frunció el ceño.
—Alex, no quiero hablar más del tema. Yo soy la que salgo con Trindle, no tú —le dijo, con brusquedad.
Alex cerró los puños hasta que los nudillos se tornaron blancos.
—¡Perfecto! ¡Sal con esa loca! Pero cuando quieras romper con ella y quiera clavarte un cuchillo en el pecho, no cuentes conmigo.
Alex se alejó de él, a pasos largos y con ganas de pegarle una buena patada al cantante. ¿Realmente estaba enamorado al punto de no ver la realidad? Estaba tan frustrada que, cuando llegó a su cuarto, comenzó a darle golpes a la almohada como si fuera una bolsa de boxeo. Después de un rato, se sintió mucho mejor. Necesito esas clases de defensa personal, pensó, tirando la almohada hacia un costado.
El teléfono comenzó a sonar. Era Dorian.
—¿Cómo está mi dulce y adorable sobrina? —preguntó.
—No muy bien. Nathan está saliendo con una loca fanática.
—Y decían que yo era el egocéntrico…
—¿No hay una manera de que se aleje de ella?
Dorian soltó un largo suspiro.
—Me temo que, en estos casos, hay que esperar a que se de cuenta solo.
—Pero tengo miedo de que esa psicópata lo dañe de manera física, tú sabes.
—Alex, aunque te cueste admitirlo, el es una persona grande. Déjalo que se estrelle contra la pared. Y no te olvides la satisfacción de decir: te lo dije.
Un pitido se escuchó desde el teléfono.
—Espera, tío, me llegó un mensaje.
Era Pickles. Alex abrió el mensaje y leyó:
Trindle es responsable de las desapariciones de varios Nathans de bandas tributos y tiene un raro puesto en la Klokikon donde les chupa el pito a los que se disfrazan como él. Nathan está como loco. Ven, por favor.
Alex releyó el mensaje dos veces y luego estrelló su puño contra el colchón.
—Esa maldita puta… —gruñó.
—¿Qué pasa, Alex?
—Me tengo que ir a la Klokikon, tío. Algo no está bien.
—Yo también iré —dijo Dorian, casi de inmediato, deseoso de participar.
Alex frunció el ceño, confundida.
—¿Dónde estás?
—No muy lejos de la convención. Cuando hay un evento de esa magnitud, voy al mi hotel más cercano para supervisar personalmente que todo esté bien.
—Avísame cuando llegues.
Alex cortó, tomó una chaqueta del ropero y se abalanzó hacia la puerta, mientras marcaba el número de uno de los Klokaters. Tenía que calmar a Nathan como fuera.
La Klokikon era un hervidero de gente. Miles de personas estaban disfrazados de Dethklok, algunos muy parecidos a los originales y otros (la mayoría) con un aspecto tan ridículo que daban vergüenza ajena.
Minutos antes, Dorian le había mandado un mensaje indicándole que estaba en el puesto número 20, donde vendían fanarts yaoi de Dethklok. No tardó mucho en encontrarlo, ya que estaba a pocos pasos de la entrada.
—¡Mira lo que conseguí! —saludó, levantando en alto un dakimakura de… ¿su padre? Si, era de Charles. Estaba desnudo y con las manos atadas sobre la cabeza con una corbata roja.
—¡Tío! —se indignó Alex. Dorian tan solo sonrió.
—A tu padre le va a encantar. Vamos a buscarlos.
Alex activó el localizador y le indicó que no estaban muy lejos. Casi corriendo, esquivando gente, comenzó a seguirlos. Los encontró charlando con unos imitadores de Pickles y Skwisgaar obesos. Este último les estaba indicando un lugar con una mano rechoncha y manchada de salsa.
—¡Nathan! —gritó Alex. El cantante se dio vuelta y la miró, ceñudo.
—¿Qué carajos haces aquí? —le preguntó—. Vuelve a Mordhaus.
—No. Quiero estar aquí para asegurarme que esa perra psicópata se aleje de ti.
—Trindle es inocente, no la conoces como yo la conozco. Te lo desmotraré, a ti y a todos.
Nathan salió corriendo en dirección al lugar donde el Skwisgaar obeso había señalado. Todos los demás lo siguieron, para evitar que hiciera una locura.
El puesto era real. Se llamaba Trindle's Suckathon y era un lugar oscuro, apenas iluminado por unos reflectores púrpura en el techo. Varios tipos disfrazados de Nathan estaban parados en círculo alrededor de la habitación. En el centro estaba Trindle, de rodillas, chupándole el miembro a uno de ellos.
Todos se quedaron de piedra observando el espectáculo, excepto Alex, quien fijó su vista en Nathan. El asombro, la decepción y la furia se mezclaban en su rostro. Retrocedió unos pasos y luego salió corriendo hacia las escaleras. Alex tardó un par de segundos en reaccionar y correr tras él.
El cantante era más veloz de lo que creía. Subía los escalones de dos en dos, mientras que ella a duras penas podía ponerse tras él. Fueron como cinco pisos en total hasta que llegaron a la azotea. Recién allí se detuvo.
—Nathan…
—Tenías razón, Alex. Todos tenían razón. Ella no es una buena novia. ¡Es la peor novia del mundo!
Alex se puso frente a él y lo abrazó, palmeándole la espalda.
—Shh… tranquilo —le susurró ella, con tono tranquilizador—. Ya está. Busquemos a los otros y nos vamos a Mordhaus, ¿ok?
—¿Qué haces, Nathan?
Ambos se giraron hacia la puerta. Trindle estaba allí, con el rostro descompuesto por la locura.
—Tú —señaló a Alex con el dedo—. Aléjate de mi Nathan.
—No, tú alejate —replicó Alex, con los dientes apretados—. ¿Cómo pudiste engañarlo?
—No lo estaba haciendo. Ellos eran él. Todos eran Nathan —se dirigió al cantante—. Mira, yo son una gran fan tuya. Una fan tan grande, que los quiero a todos —su voz se tornaba más aguda y su mirada estaba completamente perdida.
—Aléjate de nosotros —dijo Nathan, asustado, mientras empujaba a Alex detrás de él con un brazo. La pelirroja se hartó y corrió hacia Trindle, dispuesta a molerla a golpes para salir de allí si Nathan estaba lo suficientemente asustado para no hacerlo él.
Lo que Alex no sabía era que Trindle era mucho más fuerte que ella. Detuvo su puñetazo con facilidad y la aprisionó entre sus brazos, con un brazo estrangulando su cuello. Su pecho era increíblemente duro.
—¡Trindle, espera! —le gritó Nathan, intentando ser lo más conciliador posible—. Entiendo, eres una gran fan mía, pero dejanos salir de aquí.
—No. No, no, no —respondió Trindle. Alex intentaba zafarse de ella, pero la loca parecía tener tres veces más de fuerza que ella—. No lo entiendes—empujó a Alex con fuerza, tirándola al suelo. Nathan se acercó a ella y la ayudó a levantarse. Trindle se abrió el top como si fuera un chaleco.
Ahora Alex entendía por qué sintió esa dureza en el pecho de Trindle. Tenía una bomba atada debajo del top, como en las películas. Los números que se veían en el centro disminuían velozmente.
—Estás loca —le dijo Nathan.
—¿Lo estoy? —preguntó Trindle gritando, mientras sacudía su cabeza de un lado a otro—. ¿O simplemente quería el final perfecto? —soltó una risita—. La perfecta… explosión.
La puerta por donde habían subido se abrió con violencia. Dorian y el resto de los integrantes de Dethklok aparecieron.
—¡Nathan, Alex! —dijeron.
—Perfecto, todos están aquí. Así moriremos juntos —dijo Trindle, entusiasmada.
Todos se quedaron en silencio. Dorian miró a Alex y a Nathan con un brillo extraño en los ojos y la pelirroja de golpe sintió miedo.
El hotelero arrojó el dakimakura a un costado, corrió hacia Trindle y la sujetó desde atrás, tomándola por debajo de los brazos. La psicópata gritó y comenzó a patalear, pero Dorian era lo suficientemente fuerte para que no se zafara de él.
—¡ Nathan, toma a Alex y váyanse de aquí!
—¡NO! —gritó Alex.
—¡No hay tiempo! ¿Quieren morir aquí?
Nathan se mordió ligeramente el labio y asintió con la cabeza. Alex intentó ponerse fuera del alcance del cantante, pero él la sujeto con fuerza del brazo y la cargó sobre su hombro.
—¡DORIAN! —chilló Alex, pero ya estaban corriendo hacia la puerta. Trindle chillaba el nombre de Nathan, pero ya no podía salir de allí. Bajaron las escaleras a gran velocidad, mientras la pelirroja se retorcía de manera inútil. Esto no podía estar pasando, era imposible. Dorian no iba volar en pedazos junto a Trindle en la azotea, no podía. Tenía que ser una pesadilla. Se despertaría y estaría de vuelta en Mordhaus.
Salieron al exterior, empujando a los fans que intentaban acceder. Todos ellos morirían calcinados, ahogados por el humo o aplastados por la infraestructura que se vendría abajo en cualquier momento…
—¡Tenemos que volver por él! —gritaba Alex, mientras las lágrimas de impotencia surcaban sus mejillas, pero nadie parecía oírla. Cuando estuvieron a dos calles de la Klokikon, se detuvieron y miraron hacia la azotea de la convención.
Alex no vio la explosión, pero la oyó. Oyó como la bomba de Trindle estallaba con fuerza, matándola y a cientos de personas con ella, incluyendo a Dorian, a su querido tío Dorian. Las fuerzas de Alex flaquearon, dejándola sin energía ni siquiera para moverse. Sentía su cuerpo como si lo hubieran vaciado y rellenado en su lugar con un dolor que a duras penas podía entrar.
—Lo siento, Alex —gruñó Nathan. Las palabras le sonaron muy lejanas.
El teléfono de Nathan comenzó a sonar. El cantante lo atendió con el brazo libre.
—¿Hola?... Si, estamos todos afuera, pero Dorian no pudo salir… Oh… Alex está con nosotros, pero está muy asustada... De acuerdo, esperamos.
Colgó el teléfono, lo guardó en el bolsillo del jean y bajó a Alex al suelo. Apenas se pudo sostener en pie y Pickles tuvo que sostenerla para que no se cayera.
—Hey, Alex, era Charles. Me dijo que tu tío está bien y nos espera en el Murdecóptero.
Alex se secó las lágrimas.
—¿De… de verdad? —tartamudeó ella.
—Si —respondió Nathan—. Charles lo rescató de la azotea justo a tiempo, así que deja de llorar. Eso no es nada metal.
Una potente luz los iluminó. Miraron hacia arriba y vieron al Murdercoptero sobre ellos. Varias escaleras metálicas descendieron. Todos se sujetaron de ellas y comenzaron a trepar hasta llegar adentro del helicóptero.
—Hola, muñeca —Dorian estaba despatarrado en un asiento al lado de su dakimakura y con una sonrisa radiante.
Los ojos de Alex se inundaron en lágrimas y se arrojó sobre él, llorando.
—¡Eres un idiota! —dijo, con la voz entrecortada por el llanto. Tenía todas las emociones mezcladas. En parte alivio por ver a su tío y en parte furia, porque podría haberse matado.
—Tranquila, Alex. Tu padre apareció montado en su caballo blanco, me rescató y ahora vamos a través del arcoíris hacia su castillo en el aire. Luego iré con tu padre a su alcoba y… y… ¿Cuántos años tienes? Así omito los detalles para adultos.
Alex no pudo evitar reírse. Así era Dorian, minimizando y simplificando todo.
—Vine en un helicóptero, te rescató un Klokater, vamos en el aire hacia Mordhaus y no vas a ir a mi alcoba —se metió Charles, arrodillándose para poder acariciar los cabellos de Alex.
Dorian puso una mueca de decepción y luego se encogió de hombros.
—Bueno, al menos tengo la almohada.
—Tira esa cosa, Dorian. No puedo creer que vendieran esto ahí…
—¡Pero yo lo amo! —gimoteó Dorian, con tono de quinceañera, mientras aferraba con fuerza su dakimakura. Charles se apretó el puente de la nariz con una mano.
—Olvídalo.
Alex se acurrucó con Dorian y empezó a quedarse dormida, pero había algo que no se iba de su cabeza. La impotencia y la frustración al ver que no había podido hacer nada para parar a Trindle… Necesitaba unas clases de defensa personal, urgente.
