OJOS AMATISTAS
3ra Parte El Amor Transforma
Ubicación Temporal: 1000 años después de la muerte de Lina Invers)
CAPÍTULO VEINTICUATRO
DETRAS DE LA PUERTA
You used to captivate me
By your resonating life
Now I'm bound by the life you left behind
Your face it haunts
My once pleasant dreams
Your voice it chased away
All the sanity in me
Tu solías fascinarme
Por tu vida resonante
Ahora estoy limitada por la vida que dejaste atrás
Tu rostro ronda por
Mis, alguna vez agradables, sueños
Tu voz ahuyentó
Toda la cordura en mí
-My Inmortal, Evanences.-
Cerré la puerta de otra fría habitación.
No tengo reloj, pero deben ser más de las 2.
Otra ciudad con otro nombre que no puedo recordar.
Y en mi boca dos palabras, que jamás pude utilizar…
Otra ciudad, distinto hotel.
500 años de distancia…
Y aun me perturba, tu sola presencia.
Me recargue contra la puerta y me deje caer lentamente hasta sentarme en el piso. La oleada de emociones vividas en la ultima semana, habían sido demasiado.
Habíamos llegado casi con una semana de anticipación a la asamblea.
Milgazia tenía que ayudar con los preparativos, asegurarse de mantener el secreto de la presencia de los inmortales en la ciudad. Se encargaba de que las identidades asumidas por todos los inmortales, fueran imposibles de rastrear. Además, como "hobby" se había ofrecido a colocar los sellos mágicos en el lugar de la reunión, para que ninguno de los presentes pudiera hacer magia. Especialmente se obsesionó con los sellos que mantendrían la magia de los mazokus inhabilitada durante las reuniones de la asamblea.
Por eso estaba sola cuando Val enfermo.
Durante el viaje en tren, había estado demasiado tranquilo.
Cuando llegamos a la ciudad, tenía algunas manchitas rosas en su cuerpo, pero no le habíamos dado importancia. Milgazia estaba ocupado y yo tenía demasiadas cosas de que preocuparme.
Al segundo día, mi pequeño estaba en cama, con una fiebre de más de 60º, cosa que ya hubiera matado a un niño humano y que estaba haciendo sufrir mucho a Val. Su cuerpo estaba ahora cubierto de ampulas que le daban mucha comezón y al rascarse reventaban. Estaba aterrada.
La magia curativa que aplicaba en él, solo lograba bajar la fiebre a ratos.
Me pase la mañana tratando de localizar a Milgazia, nunca contesto mis mensajes, pero envió una cuadrilla de sanadores, que transportaron a Val, a un hospital privado de la ciudad, donde lo aislaron.
- ¿Qué tiene?- Le pregunte a un hombre con bata blanca. El hombre se acerco a mi y me observo detenidamente.
- ¿Tú eres la madre del niño dragón?-
- Si…- Dude en contestar, no sabia con que clase de persona estaba hablando.
- No son mestizos¿verdad?-
- ¿De que me esta hablando¿Qué tiene Val¿Por qué lo trajeron aquí?- Demande saber.
- Tranquila¿señora?- Vi cruzar una sombra de sonrisa en su rostro, pero al ver mi expresión de enojo, se contuvo. – Aislamos a niño dragón, porque no queremos arriesgarnos a que contagie a otros. Podría provocar una epidemia.-
- ¿Una epidemia?- Estaba muy confundida, rara vez Val se enfermaba, hasta ahora solo le habían dado algunas enfermedades típicas de un niño dragón. Algunas infecciones pequeñas en el estomago por el exceso de asido en su sistema por contener las flamas, algunas bacterias que lo ponían de mal humor, por no limpiar bien su piel, pero nada como lo que estaba pasando en ese momento.
- Si, su hijo tiene varicela. Es una enfermedad común entre los niños humanos. La fiebre y las ronchas desaparecen después de un par de días en reposo. Pero no se como afecte a su hijo, ya que el no es humano. Además, nos preocupa demasiado que al combinarse con su sangre de dragón, el virus mute, se haga más fuerte y vuelva a ser letal, no solo para los humanos, si no también par el resto de nosotros. –
Me explico aquel hombre, con un tono neutral que era traicionado por unos ojos preocupados.
- ¿Qué puedo hacer para ayudar?- Pregunte
- Pedirle a la diosa que nos de sabiduría.- Dijo el hombre y se interno de regreso a la sala donde habían aislado a Val.
Pase casi toda la semana en el hospital, sola.
Milgazia llamaba, pero siempre decía que le era imposible, venir.
Mandaba saludos para Val.
Entrar a verlo era un calvario, baños de purificación, hechizos de protección y un traje protector, para poder verlo treinta minutos, quince de los cuales mi pequeño permanecía dormido. Lo veía débil, a pesar de que el sanador, que resulto ser un mestizo de dragón/humano, me decía que evolucionaba bien.
Por eso me había preguntado si nosotros también éramos mestizos. Si Val lo fuera, la enfermedad no hubiera mutado, los anticuerpos de sangre humana lo hubieran protegido, pero como su sangre era pura, el virus se había fortalecido.
Esos días en el hospital, esperando sin poder hacer nada, suplicando a la diosa por la vida de Val, fueron de los peores de mi vida. La mañana que lograron aislar el virus y me dijeron que intentarían eliminarlo del sistema de Val, con fuertes dosis de medicamento humano modificado y conjuros de sanacion, me derrumbe. Eso había funcionado en el laboratorio, pero nadie sabía con exactitud las consecuencias que tendría eso en el sistema de Val. A pesar de ello, di mi autorización, era eso, o dejarlo morir sin luchar.
Me senté en un rincón de la sala de espera, mientras aplicaban el tratamiento a Val. El silencio del lugar y el olor aséptico me deprimían sobre manera. Rompí el silencio orando…
- No te lleves a mi pequeño,
por favor, aun no…
Respetare tu voluntad…
Pero por favor,
aun no te lo lleves,
que todo salga bien…
¡Diosa!, quisiera que él estuviera aquí…-
Derrame un par de lágrimas, no podía creer cuanto necesitaba que él, estuviera en ese momento conmigo. No era por la soledad, no era solo la compañía, lo necesitaba a él. Necesitaba la otra mitad de mi alma…
Por fin salió el doctor y me dijo que Val había respondido bien al tratamiento, que podría llevármelo en un par de días. Miligazia escogió ese momento para aparecer y me mando a dormir al hotel, el se quedaría con Val el resto de la noche. Trate de negarme, pero apenas si ponía mantenerme despierta, el doctor lo apoyo, alegando que no quería tener otro dragón enfermo.
Salí del hospital, pero no fui directo al hotel.
Me dirigí al centro de convenciones que habían elegido para llevar a cabo la asamblea, habían traído una reliquia de Ceífied y montado un altar ahí, para ella. Yo quería, yo necesitaba darle las gracias por que Val, estaría bien. Hable un rato con la diosa, le di las gracias y sin querer hice un recorrido por mi vida. Recordé la constante presencia del namagomi en mi vida y acabe enojándome por haber deseado que estuviera junto a mi después de tanto tiempo de que nos habíamos separado. ¿Por qué siempre terminábamos encontrándonos?
Salí más tranquila de la pequeña capilla que resguardaba la reliquia.
Me dirigía a la salida del centro de convenciones cuando sucedió.
Una de las puertas de los muchos salones que había ahí se abrió y él hizo su aparición.
Su cabello un poco más corto, del mismo color.
Capa y guantes habían desaparecido.
Pantalón de mezclilla, camisa negra, manga tres cuartos.
Botas negras.
Varios seres salieron detrás de él, a algunos los reconocí, a otros no.
Zeros se acerco a mí y me saludo como si nada.
- Tiempo sin verte Filia¿Cómo has estado?- Me dijo, mientras ponía su típica cara de tonto.
- Val, esta enfermo…- Solté sin querer. Contuve las lágrimas, había dado un paso en falso.
- ¿Se pondrá bien?- Pregunto, su rostro había abandonado la sonrisa para adoptar una expresión seria que no supe interpretar. Los otros se habían retirado casi por completo.
- Si, tengo que irme.- Le dije y me dispuse a continuar mi camino.
- Te llevo.-
Asentí con la cabeza, no sabría como negarme.
Salimos del centro de convenciones y caminamos por el estacionamiento. Dejamos atrás varios vehículos de lo más diversos hasta llegar a una especie de motocicleta. El se rió al ver mi expresión.
- No pensé que fueras tan quisquillosa, dragón.- Me reto al ver mi expresión.
- Pues yo no pensé que Zellas te pagara tan poco, para que no pudieras comprar un vehículo acorde a tu rango.-
- No me va mal.- Dijo levantando los hombros- Solo, no me gusta ostentar.- Completo.
Subimos a la motocicleta.
Le indique la dirección del hotel, pero el se desvió a un parque cercano.
Bajo de la moto y se sentó en una banca.
Me quede en el asiento trasero de la moto un rato, desconfiando de las intenciones del namagomi.
- Vamos Filia¿Qué puedo hacerte?, hemos pactado una tregua hasta que la asamblea finalice.
- ¿Puedo confiar en ti?-
- Es un riesgo que has tomado antes y creo que a ninguno de los dos, nos ha hecho mal.- Me miro de manera picara y sin querer me sonroje.
Baje al fin de la motocicleta y me senté al lado de él, en la banca.
- Ahora si, cuéntame¿Qué es lo que ha pasado?-
Le hable de la enfermedad de Val, tratando de que no se percatara de cuanto había deseado que él estuviera ahí para acompañarme. Alguna vez, pude confiarle a él, incluso mi vida. Pero habían pasado siglos desde eso y aunque lo que más deseaba era arrojarme en sus brazos y llorar, tenía que desconfiar. Después de todo, nunca había llegado a conocer realmente a ese misterioso ser delante mío. No podía demostrarle mi debilidad, no debía darse cuenta que aun, que aun…
- Me han dicho que eres la esposa de es pesado de Milgazia.- Me dijo riéndose en mi cara, supongo que quería hacerme enojar. Me quede callada, de pronto no sabía que contestar.
- ¡Eso no es de tu incumbencia!- Acabe gritando enojada. Si lograba que comenzáramos a pelear, quizás el olvidara el tema.
- Ja,ja,ja,ja ¡No has cambiado nada!- Se rió abiertamente.
- ¿Crees?- Le dije dándole una mirada fría.
- Ya veremos…- me respondió él, con la misma mirada retadora.
Hablamos casi una hora de cosas sin importancia, lo que habíamos echo, los lugares donde habíamos estado. Hasta que anuncio:
- Es hora de irnos, mi ama, me llama.-
Subió a la moto y espero a que yo hiciera lo mismo.
Llegamos al hotel y me acompaño hasta la puerta de mi habitación.
- Buenas noches dragón dorado.- Se despidió de mí, estaba por irse cuando una duda asalto mi mente.
- ¿Esperabas encontrarme aquí?- Le pregunte
- Eso, es un secreto.- Me dijo con su sonrisa boba.
- No has cambiado nada.- Le dije molesta.
- ¿Crees?-
Me dijo adiós con la mano y espere en la puerta hasta verlo subir al elevador.
Cerré la puerta de otra fría habitación.
No tengo reloj, pero deben ser más de las 2.
Otra ciudad con otro nombre que no puedo recordar.
Y en mi boca dos palabras, que jamás pude utilizar…
Otra ciudad, distinto hotel.
500 años de distancia…
Y aun me perturba, tu sola presencia.
¡Dios!
Esta parte si que me esta costando trabajo.
Las anécdotas que aun me falta contar no las tengo muy ordenadas en mi mente, así que haber si no la riego. Ténganme paciencia, porque creo que me va a costar más trabajo hilar los capítulos en esta parte, para que allá una historia y no solo un montón de anécdotas.
El primer párrafo de este capitulo, el mismo que se vuelve a repetir al final, es el comienzo de la canción "Me Muero", de La Quinta Estación, como muchas de seguro ya se dieron cuenta. No es falta de inventiva, simplemente quedaba como anillo al dedo.
De hecho como dato curioso, en mi computadora tengo algo así como un sontrack de "Ojos Amatistas". Algunas de esas canciones ya han aparecido en el fic, otras no, pero todas las escogí porque cuentan perfectamente esta historia. Me gusta escucharlas mientras escribo y recordar un poco…
Me encantaría darles un adelanto del próximo capitulo, pero la verdad no tengo idea de cómo va a continuar, así que se los debo je!
Nos leemos pronto.
¡No se olviden de dejar review eh!
P.D. Disculpen faltas de ortografía o lapsus brutos, pero quería subirlo ya y no lo revise. Se agradece cualquier corrección.
