Vamos con los reviews, que el tiempo apremia.
Lora: Me alegro mucho de que te guste y esa es mí misión, que de alguna forma u otra, respeten su identidad.
Megumi: Muchas gracias, intento hacer lo mejor que puedo y me siento más o menos. Otro brote de Chikunguya o como se escriba. Acá hay bastante de eso. Muchos saludos y besos, espero que éste te guste.
SnapeEileen: Ya traigo más.
Ac: Yo no sé por qué siempre te pongo Az o azciel pero sé que te vivo cambiando el nick :). Sí, aquí veremos a Severus arriesgarse y también, a Hermione lidiando con una situación en la que no estará del todo a gusto. Una vez que comienza a preocuparse por él, no querrá que se sacrifique por ella y él, preocupándose por ella, querrá hacerlo. Besitos y te agradezco mucho tú apoyo. Me hace sentir mucho mejor, no saberme sola en todo esto.
Nico: Esperemos que lo tome bien y no haga otra locura como las que Hermione suele hacer, en momentos de tensión. Pronto bonitas cosas pasarán entre ellos, ya vas a ver. Besitos y mucho amor.
Papillon: Lucius y Severus, se embarcarán en una aventura tipo ese meme que no sé si has visto, de ellos como si fueran el equipo Rocket de Pokemón. Se la debe. Muchos besitos y cariños. Cualquier cosa, te envío el capítulo :).
Vodka: Ah descuida, que pronto vendrán cositas lindas para los dos. Tampoco soy tan mala :). Muchas gracias por tú apoyo y por siempre leerme, aunque escriba estupideces.
~ Capítulo 25: La cena
Aquella mañana me encontraba desayunando sola, ya que Severus continuaba trabajando en su laboratorio privado. Podía ver las pociones para la enfermera Promfey, etiquetadas sobre la mesa, pero continuaba pensando que el profesor Snape me ocultaba algo más. Algo que era realmente importante y muy serio.
En el sótano donde se encontraba su laboratorio en cuestión, Severus daba vueltas prácticamente sin detenerse y mirando un par de libros de anatomía humana, obviamente. Trataba de descifrar cuál sería la siguiente extremidad o extremidades en dejar de funcionar, pero por más que trazara una línea desde las piernas, no podía decirlo con certeza. Necesitaba recrear la maldición.
Pero... ¿en qué?
No era tan cruel como para someter a un animal o criatura, a semejante tortura, en pro de la ciencia y el descubrimiento. Además de que también sentía ligero temor de observar los efectos y entender que quizá era tarde para salvar una vida.
Debía ser fuerte, soportarlo de algún modo y encontrar una cura.
Llamé suavemente a su puerta, tras terminar mi desayuno, con una pregunta realmente importante que debía hacerle. Dos de enero y las clases muy pronto comenzarían, así que yo tenía una pequeñísima inquietud.
- ¿Sí, señorita Granger? - me dijo tras unos minutos de haberme hecho esperar y con lo que supuse, había reorganizado todo el laboratorio y ocultado toda evidencia de lo que yo ya comenzaba a sospechar.
- Profesor Snape, tengo una pregunta. - dije y Severus asintió en silencio, mientras yo pensaba en la mejor forma de parafrasearlo. - Si somos esposos ahora, supongo que deberá ser usted quién firme todos mis permisos de visita a Hogsmeade. Además de tener que usar su apellido. ¿O deberé seguir siendo: Hermione Granger?
- No creo que tras su ataque, Minerva organice más visitas a Hogsmeade. Además, aunque intente firmar con su apellido de soltera, automáticamente cambiará y colocará el mío.
- Ya veo. Así que supongo, todos se enterarán.
- Usted me escogió como su pareja, ya el daño está hecho.
Me mordí el labio inferior y decidí que lo mejor era darle otra directriz a la conversación. Miré en dirección a mis pies y Severus pareció comprender mi pregunta silente. Tarde o temprano tendríamos ésta conversación, quisiera o no, e insistiría tantas veces como fuera posible y hasta que dijera la verdad.
- Señorita Granger, le prometo que en cuanto descubra algo sobre su maleficio, usted será la primera en saberlo.
- ¿Y por qué la demora? - insistí de inmediato. - ya tiene los libros, ¿qué espera?
El profesor Snape dio una fuerte inspiración y pareció pensar mucho en su respuesta, lo que me causó mayor incomodidad.
- Le digo que tengo mucho trabajo, ya casi termino y por lo que puede constatar en la mesa de la sala de estar. En cuanto acabe como le digo, se lo haré saber.
No pude encontrar palabras que agregar, punto para quejarme. El profesor Snape esperaba que estuviera conforme con su respuesta y no tuve otra opción más que asentir. Tenía una cena que planificar y necesitaba comenzar a maquillar mis heridas, los vestigios del maleficio y de los recientes ataques que había sufrido.
Severus terminó su trabajo tras un par de horas y cargando un pergamino en blanco, se sentó a la mesa del comedor y comenzó a realizar un inventario de las pócimas que finalmente había repuesto. Mientras trabajaba en ello, yo había comenzado a darle un par de órdenes a los elfos a nuestro servicio.
- Creo que un menú italiano estará bien. ¡Nos encanta la comida italiana! - exclamé, sonriente y Severus alzó su rostro del pergamino en el que escribía.
- Me parece perfecto, cualquier cosa que desee.
- ¿Ah sí? - dije con curiosidad y mirando a un grupo de elfos que me observaban atentamente, a la espera de instrucciones. - ¿Por qué tan amable y de repente?
- Usted es mi esposa, señorita Granger. Se supone que tengo que complacerla de alguna manera.
- Profesor Snape, ¿acaso me estoy muriendo? - pregunté con cierta gravedad y reserva. Severus pareció sorprendido por la respuesta y negó con la cabeza de inmediato.
- Por supuesto que no. - me dijo en voz baja y aclarándose la garganta, añadió. - realmente no importa, comeré lo que usted desee.
Antes de que el profesor Snape regresara a su trabajo, decidí abordarlo con otra pregunta que no podría ignorar ni aunque así lo quisiera.
- ¿No deberíamos ensayar lo que vamos a decir? - medité por unos segundos. - así estaremos seguros de no cometer errores.
HGSS
Preparé un poco de té con ayuda de los elfos y no tardé en encontrarme sentada frente a Severus. Tomó una de las tazas con sumo cuidado y sopló suavemente, intentando llevar el líquido color ámbar hasta sus labios.
- Tenemos que empezar diciendo que hacemos todo lo que podemos y que muy pronto daremos con la solución a mi problema. - dije en voz baja, dando un pequeño sorbo a mi té y tratando de mantener la calma. De pensar lo mejor de aquella reunión.
- Luego debería decirles que ha conseguido hablar con Rose Weasley. Que no se llevan mal y tampoco con Weasley y su esposa actual.
- Y agregar que nuestro matrimonio se realizó sin ninguna novedad. - dije, llevándome la taza a los labios y soplando con suavidad, como él había hecho. - Y que nos llevamos como dos personas civilizadas.
- Y eso nos lleva al beso. - añadió Severus y me ruboricé de inmediato. - También nos lleva a su decisión de sabiamente, dejar de llorar por las estupideces de Weasley.
De inmediato me di cuenta, de la forma y tono en el que lo había dicho. Como si le diera placer, le causara gran satisfacción. Entendía que Severus detestaba a Ron y disfrutaba con su sufrimiento, pero sonaba como si pudiera sacarle partido a la situación.
- Supongo que mis padres no se sorprenderán cuando se los diga. Ya sabían que no podía divorciarme. O recuperar a Rose.
- Aunque supongo que no esperarán... a que se enamore de un hombre como yo.
Prácticamente me ahogué con el té y tosí fuertemente, colocando mi taza sobre la mesa. ¿Qué había dicho? Severus se puso en pie y dándome la espalda, comenzó a servirse un poco más.
- Quiero decir... - continuó, revolviendo su bebida con una pequeña cucharilla y regresando a su asiento. - que tendrá que darles una buena excusa para que puedan creerle que dejará de luchar por el amor de su vida y por el que tanto pregonó, durante tanto tiempo.
- Oh... - suspiré. Eso... - bueno, tengo que ser honesta y confesar todo lo que usted ha hecho por mí. Que ha sido mucho más de lo que Ronald ha hecho, aún teniendo el impedimento de Rose. Creo que él es en verdad muy feliz con ella y no debería interferir, por más que me duela.
El profesor Snape asintió en silencio y luego sonrió con su usual sarcasmo de siempre. No tuve dificultad de imaginarme, el siguiente tópico de conversación.
- Eso nos deja, las cicatrices de su ataque.
- Me echaré toda la culpa. Al final de cuentas, yo quería comprarle un regalo a Rose y usted no podía acompañarme.
- Me rehúso a aceptar eso. - dijo Severus de pronto y tomándome por sorpresa, completamente. - Era sólo un regalo y yo debí acompañarle. No tiene justificación alguna, es mí culpa.
No me atreví a discutir y miré el reloj tras de mí, dándome cuenta de que la mañana avanzaba muy rápido y como si quisiera precipitarse a nuestro encuentro con mis padres.
- De acuerdo... - dije, mientras Severus terminaba su segunda taza de té. - entonces creo que iré a mi habitación y prepararé lo que me pondré para la cena y tomaré un buen baño.
- Me parece razonable. - oí que decía, mientras me empujaba de regreso hasta la silla y de camino a mi habitación, dejándolo solo en el salón.
HGSS
Madam Malkin había sido muy generosa en complacer mis pedidos y confeccionar mis prendas, de la forma como siempre las había querido. Miraba mis opciones sobre la cama y sin saber exactamente por qué, comencé a preguntarme cuál de todas mis túnicas, Severus apreciaría más. No tardé en ruborizarme y cuestionarme sobre lo que pensaba y mis sentimientos.
- Él no está enamorado de ti, no creo que vaya a elogiar tu aspecto. ¿Oh sí?
Tenía un corto vestido negro que según Madam Malkin, hacía juego con los gustos del profesor Snape y que estaba realmente segura qué él terminaría agradeciéndome por llevar puesto. ¡Esa mujer sí que estaba dispuesta a emparejarnos! Continuaba diciendo que éramos la pareja perfecta, pero no entendía qué razones le había dado, como para que así lo pensara.
- Probar no es que vaya a matarme. - dije, sosteniendo el vestido frente al espejo e intentando imaginarme con él, aunque fuese en aquella endemoniada silla.
Severus continuaba dando vueltas alrededor del despacho, sus manos temblaban tan fuerte que había tenido que detener su trabajo y por tercera vez consecutiva. ¿Cómo podría siquiera sentarse a trabajar mientras cada segundo con el que contaba su esposa, así fuera por obligación o no, era vital?
- Porque estás enamorado. - las palabras brotaron solas de su boca. - Bueno, todavía no lo sabes pero... sientes algo. ¿Cuál es el primer paso cuando se está enamorado? ¿Una cena? ¿Serías capaz de sentarte y verle la cara, sabiendo esa terrible verdad?
Podía ser peor, seguramente. Podría pensar en decir la verdad durante la cena con mis padres y arruinar una linda velada, sentenciando mis esperanzas de recuperar a mi hija para siempre.
De no importarle el resultado, lo habría hecho sin pensarlo siquiera. Le resultaba complicado, comenzaba a odiar, ver mi rostro sumido en tristezas y humedecido por las lágrimas. Ya era suficiente, sin importar leyes o contratos, no tenía el temple para continuar mirando.
HGSS
Nuestro almuerzo transcurrió con total normalidad, excepto que Severus no dejaba de contemplarme, como yo solía hacerlo antes. Parecía avergonzado nuevamente y comenzaba a causarme gracia, mirando cómo despegaba los labios y volvía a cerrarlos a último minuto. Se sonrojó al notar mi mirada sobre él.
- ¿Alguna cosa que quiera discutir, profesor? - le sonreí y la mano con la que picaba un trozo de carne, prácticamente soltó el cuchillo. - parece tenso.
- Estaba pensando. - me dijo, seriamente y como si fuese una materia de todos los días. - Si no le importaría que la invitara a cenar.
Solté mi tenedor y parpadee, pensando que quizá soñaba. ¿Había oído bien? No me había vuelto loca de repente y el profesor Snape sudaba, dudando de lo que él mismo había dicho y mirándome como si esperara que le gritara y me levantara de la mesa, de alguna manera, llamándolo con un sin fin de improperios.
- A cenar... ¿por qué?
- Tengo algo importante que quisiera decirle y creo que una cena, es el protocolo a seguir.
- Importante... - repetí, aún sin dar crédito. - ¿Está seguro de que no me estoy muriendo?
- No. - me sonrió suavemente, dando un pequeño sorbo a su copa de vino tinto de elfo. - ¿Pero no es en las cenas, donde se comunican las noticias?
- Supongo... - ¿Qué clase de noticia? Si no eran malas, entonces...
- ¿Acepta mi invitación?
Tenía que admitir que el profesor Snape sabía cómo persuadir. Aún sonrojada, asentí suavemente y Severus pareció satisfecho con mi decisión. Antes de que preguntara por más detalles, el profesor no tardó en adelantarse.
- Nada realmente elegante, sólo una tranquila cena y en uno de mis lugares favoritos. Le gustará el lugar, es famoso por su buena comida.
- Espero que no sea famoso también, por su alto costo. Pero aún tengo suficiente dinero en mi bóveda, por si...
- Puedo pagarlo, no tiene que preocuparse.
Tras la invitación de Severus, el almuerzo terminó con más silencio que ningún otro. Ni siquiera nuestro primer almuerzo tras nuestra primera noche juntos. Me había puesto a pensar que quizá, el profesor Snape quería confesarme aquello de lo que había estado escondiéndose en su laboratorio y por lo que tenía miedo de enfrentarse a mis padres.
Quizá estaba enamorado de mí y finalmente me confesaría sus más profundos sentimientos.
HGSS
Me había pasado la tarde entera, pensando en ello y mirando mi ropa sobre la cama. Mis padres llegaban en unas horas y lo mejor era que dejara de contemplar mi mortalidad y me diera prisa. Tenía que arreglar mi peinado, maquillar mis heridas y practicar la mejor sonrisa que bien dijera:
"Todo está bien. Su hija querida, está bien y feliz, en buenas manos."
- Señorita Granger... - escuché la voz de Severus tras la puerta, pero me calzaba los zarcillos y no podía moverme.
- Pase... - le pedí mientras me miraba en el espejo y pude observar el reflejo de una túnica negra, abriéndose paso.
- Sus padres... - comenzó, pero se detuvo y al ver el vestido que llevaba. Al no escuchar el resto, alcé la cabeza y aún calzándome el zarcillo, para mirarlo. - sus padres... Minerva los recibirá en el vestíbulo o prefiere que yo lo haga.
No pude evitar sonreír y al ver su expresión, constatando que Madam Malkin tenía razón y acerca del vestido que traía puesto. Me hacía sentir poderosa en cierta forma, puesto que era la única capaz de dejarlo sin habla prácticamente.
- Ellos realmente apreciarían, si usted fuese a recibirlos. - dije mientras volvía a mirar hacia el espejo y terminaba de colocar el otro zarcillo. - creerán que es muy educado de su parte, el recibirlos.
Simplemente asintió y no tardó en salir de mi habitación, ni siquiera lo pensó dos veces. Sonreí por lo bajo, tomando mi delineador y retocando mi maquillaje frente al espejo. Deseaba poder acompañar a Severus y ver su expresión mientras esperaba a mis padres en el vestíbulo, pero quizá era conveniente que esperara en el comedor y que me asegurara de que todo saliera a pedir de boca.
Y tras el reloj marcar las ocho en punto, Severus utilizó su varita para transfigurar sus túnicas nuevamente y en un traje de gala, totalmente distinto. Apretaba y desataba el corbatín, a cada momento, inseguro de cómo se sentía más cómodo y sobre la correcta forma de verse. Quería causar una buena impresión, lo necesitaba, tras la horrible verdad que sabía sobre su esposa.
Demostrar que podían confiar en él, aún después de haber sido un ex mortífago. Total confianza y cero preguntas que pudieran comprometerlo.
Al llegar a las escaleras del vestíbulo, ya sudaba tanto que imaginaba que comenzaba a notársele en el traje. Estaba totalmente claro en que no era el tipo de novio con el que los padres emparejarían a sus hijas, pero sólo necesitaba una oportunidad para convencerlos.
No estaba seguro acerca de cómo lo conseguiría exactamente, pero tenía que deshacer ese terrible concepto que tenían sobre él y demostrar que era un esposo ejemplar.
- Usted es el profesor Snape, ¿no es así? El esposo de Hermione. Sí, lo recuerdo de aquel día en el hospital.
- Buenas noches. - asintió Severus, haciendo una corta reverencia. - Así es, soy yo. Estoy aquí para recibirlos.
- ¿Y dónde está Hermione? - preguntó mi padre de inmediato, a lo que Severus respondió con darse la vuelta y enseñarles el camino.
- De seguro ya se encuentra en el comedor, esperándonos. Terminaba de arreglarse para cuando vine a recibirlos.
- ¿Y cómo se encuentra ella? - preguntó mi madre, con cierta preocupación. - no estaba muy bien, desde la última vez que nos vimos.
No tenía idea de cómo responder esa pregunta y resumir todos los acontecimientos, así que tuvo que pensar en una respuesta corta e inteligente, que resultara satisfactoria.
- Realmente feliz, tras haberse reencontrado con su hija. Pasaron las navidades juntas.
Muy a tiempo, alcanzaron el despacho y como Severus había dicho, los esperaba junto a la mesa del comedor. Había dispuesto un candelabro con un par de velas blancas, vajilla fina, copas de cristal y adornos alusivos a la navidad que apenas y llevaba dos días de finalizada.
- ¡Hermione! - exclamó mi madre, echándose a llorar e inclinándose para abrazarme y al igual que mi padre. - ya veo que sigues recuperándote de ese terrible accidente.
- Sí, pero he mejorado mucho y gracias a Severus. - tuve que decir y terminé sorprendiéndolo por tutearlo.
Mi madre me conocía muy bien y por supuesto, no tardó en observarme como si no cayera en mí mentira, al igual que mi padre. Iban a resultar difíciles de convencer.
- Qué raro. - dijo mi padre de inmediato, mientras acomodaba el asiento de mi madre y miraba a su alrededor, con cierta incomodidad. - hasta hace poco, creíamos que ambos se odiaban. A pesar de haberse conocido desde hace muchos años.
Cómo podríamos resumir los acontecimientos y de forma rápida, en un lenguaje que mis padres pudieran entender sin muchas preguntas que no supiéramos cómo responder.
