Capítulo 24

Al día siguiente, Jack y Elsa emprendieron el camino hacia Arendelle. Decidieron que el primer paso para llegar al reino de Elsa era encontrar un puerto. Comenzaron a bajar la montaña por dentro del bosque, donde se aseguraban un refugio y soporte en el caso de que hubiese riesgo de caídas. Jack usaba su poder para atravesar cualquier obstáculo, pero ese gasto de energía extra le pasaba factura y cuando habían terminado el almuerzo, sintió los párpados pesados. Sin embargo, no quiso preocupar a Elsa, por lo que volvió a encabezar la marcha y siguió utilizando su bastón, aunque solo en caso necesario. Elsa le observaba, atenta y se dio cuenta de que algo no marchaba bien; Jack estaba tropezando demasiadas veces con sus mismos pies y acabó por destrozarse los únicos zapatos que tenía. Harto y cansado, se los quitó y los guardó en la bolsa, después de que Elsa le advirtiera de que dejarlos sería dar pistas sobre su destino. Jack solo asintió y empezó de nuevo a andar.

La montaña se hacía eterna. El descenso hasta un gran valle con un río en el centro les llevó dos días. Aquellas noches, Jack no hablaba y caía presa del sueño en cuanto se tumbaba junto a Elsa. Los episodios de posesión de la arena negra no se repitieron en esos días, lo cual aumentaba la esperanza de Elsa de estar haciéndola retroceder. Aun así, no se hacía demasiadas ilusiones y ponía todo su empeño en concentrarse en cada paso que daba.

Al llegar por fin a la orilla del río al tercer día de descenso, Jack se desplomó junto al agua, agotado.

-¡Jack!-gritó Elsa, corriendo hacia él.

-Estoy bien... Solo necesito echar una cabezadita...-murmuró, quedándose dormido con el pelo en el agua y media cara bañada en barro.

-Vamos, Jack-le dijo Elsa, cogiendo un trapo con una mano y su cara con la otra para limpiársela-. ¿No quieres bañarte conmigo?

Jack abrió un ojo y la miró con sospecha.

-¿Perdón?

Elsa enrojeció, pero continuó.

-Te he preguntado si... si querías... darte... un baño... conmigo-repitió sin poder aguantar más la vergüenza.

-Ya, ya te he oído-dijo Jack con la misma expresión de inquietud-. ¿Estás segura?-Elsa asintió levemente- No me lo estarás diciendo para mantenerme despierto, ¿verdad?

-Noooo...

Jack abrió el otro ojo y alzó las cejas con una media sonrisa cansada.

-Bueno... Solo un poco-admitió la reina finalmente, más roja que los tomates de los campos de Arendelle.

Jack rió por lo bajo y se impulsó con los brazos para enderezarse. Elsa, que estaba sentada sobre sus rodillas cerca de él, se puso de pie y se dio la vuelta. Jack notó que hacia movimientos raros con los brazos y torció la cabeza.

-¿Qué haces?-preguntó, divertido.

-¿Tú qué crees?-dijo a su vez Elsa con voz chillona- No voy a meterme en el agua con uno de los dos vestidos que tengo.

-¿Te estás desnudando? ¿Y a plena luz del día? ¿En un valle donde cualquiera nos puede ver?

-¡Ah, calla ya!-pataleó Elsa- No hagas que me arrepienta.

Jack hizo un gesto como si se sellara la boca e imitó a Elsa. Se quitó los pantalones, que se había tenido que anudar en torno a los gemelos para sujetar los bajos y andar en condiciones, la camisa se la pasó por la cabeza y se deshizo de la poca ropa interior que llevaba. Cuando acabó, Elsa estaba de pie de espaldas a él. El pelo le caía hasta la parte más baja de la cintura. Jack notaba que el rubor de Elsa se extendía por todo su cuerpo. Sonrió y, tras recrearse en la vista de las partes traseras de Elsa, se acercó por la espalda y la abrazó con ternura.

-Venga, vamos al agua-susurró con voz ronca.

-No hables así-murmuró Elsa con voz temblorosa.

-¿Por qué?

Elsa hizo rechinar los dientes y apretó los puños.

-Porque... Pues porque no y ya está. Vamos, hay que bañarse. Damos asco.

Elsa se zafó del abrazo de Jack y se metió del tirón en el agua del río. Este no era demasiado profundo, por lo que el agua le llegaba hasta la cintura. Elsa se arrodilló y se tapó hasta el cuello con el agua. Jack, divertido como hacía días que no lo estaba, la siguió y metió incluso la cabeza. Cuando la sacó del agua, estaba completamente empapado y el flequillo blanco se le pegaba a la frente. El brillo del agua resaltaba sus ojos. Elsa no podía dejar de mirarle de reojo mientras fingía que se lavaba por todos lados. Se cubría con los brazos el pecho y se concentraba en el reflejo de Jack en el agua.

-¿Por qué no me miras directamente y acabas antes?-la sobresaltó Jack.

-No sé de qué me hablas-mintió Elsa, tensa, desviando la mirada del agua y fijándose en sus cosas, que los esperaban en la orilla.

-Parece mentira que hayas estado conmigo en la cama... Me siento ofendido.

-¿Tú? ¿Ofendido?-dijo Elsa, atreviéndose a encararle- Tu ego es más grande que la montaña que acabamos de bajar.

-Por favor, no me la recuerdes...-pidió Jack, pellizcándose el puente de la nariz- Me entra sueño con solo mirarla.

-Pues no la mires.

-¿Y qué miro entonces?

-Mírame a mí-respondió Elsa, envalentonada.

Jack alzó los ojos y se encontró con los de Elsa, que lo estudiaba con atención. Una expresión de orgullo fingido cruzaba su rostro. Jack sabía que estaba tremendamente nerviosa y que no sabía cómo actuar, pero que cuando se dejaba llevar por sus emociones era capaz de mostrarle cómo era realmente. El príncipe dio un paso en el agua y se aproximó a ella unos centímetros. Elsa no fue capaz de moverse. Unos pensamientos un tanto desconcertantes cruzaban su cabeza. Verle así, mojado, con el pelo revuelto y chorreando agua, con ese brillo ardiente en sus ojos de hielo, mirándola con deseo; el cuello fino y los hombros fuertes, su pecho desnudo y esculpido lo justo y necesario. Todo lo que veía de él la envolvía y le obstruía los cinco sentidos: el oído se maravillaba con su voz y con el susurro del agua; la vista se maravillaba con todo lo que era capaz de retener; la boca se le resecaba y el solo pensamiento de saborear de nuevo sus labios le nublaba el juicio; sus manos se morían por volver a sentir su piel sobre la suya; y el olfato ansiaba olerle el pelo y la piel, impregnarse de su esencia. Lo que sentía era tan primitivo e instintivo que la vergüenza quedó relegada a un segundo plano. No existía nada más que Jack.

El príncipe terminó de acortar la distancia entre Elsa y él, pero no alzó la mano para tocarla, sino que la movió bajo el agua y le rozó el vientre. Elsa dio un brinco por la sorpresa, pero no se retiró. Su contacto le quemaba y la calmaba al mismo tiempo. Elsa, sin darse cuenta, le imitó y paseó sus dedos alrededor del ombligo de Jack. Él no sonreía, no quería estropear el momento. De hecho, ni siquiera era consciente del momento en el que había caído bajo el hechizo de Elsa. Era perfecta y pura, todo lo que había buscado siempre en una mujer. Era tímida y cálida al mismo tiempo. Sus dedos bajaron por la cintura de Elsa y se encontraron con sus manos, que cubrían su sexo. Jack cogió una de ellas y la retiró de aquella zona. La reina no opuso resistencia y entrelazó los dedos con los de Jack.

Jack movió la otra mano e hizo el mismo gesto que con la mano anterior, dejando libre aquello que había aprendido a amar desde hacía poco tiempo. Jack notaba que su miembro pedía a gritos entrar de nuevo en Elsa, pero se calmó y controló sus impulso varoniles. Puso ambas manos de Elsa alrededor de su cuello y notó cómo ella enredaba sus dedos en su pelo. Se estremeció ante aquel gesto y se apresuró a rodear su cintura. De pronto, sin saber por qué, se acercó un poco más y empezó a tararearle a Elsa una canción que su madre siempre le había cantado cuando era pequeño. Elsa cerró los ojos y se dejó llevar por la voz de Jack. Cantar no era su fuerte, pero el sonido que le llegaba era tan hermoso como si estuviera cantando un profesional. Entonces, supo cuál era la canción.

-Let it go-murmuró Elsa, sonriendo.

-Sí-dijo Jack simplemente-. Te quiero.

-Y yo a ti, Jack.

El príncipe no aguantó más y besó a Elsa con ganas, con ternura, con pasión y con dulzura. Elsa abrió la boca y buscó su lengua con audacia. El pecho de Jack se hinchó al ver la aceptación de Elsa y comenzó a acariciar su cuerpo de arriba abajo, deteniéndose al final en el centro de su deseo. Tal y como hiciera las otras dos veces, abrió los pliegues de Elsa con un dedo y lo paseó de fuera hacia adentro, arrancándole suspiros a su amada. Elsa se removía junto al cuerpo de Jack y sintió su miembro golpeando contra su bajo vientre. La sensación la avivó y provocó en ella oleadas de un placer nuevo y diferente.

La expectación de lo que iba a suceder se le subió a la cabeza. Su boca viajó desde la de Jack a su cuello, mordiéndole para acallar los gemidos. Jack respiraba con dificultad al sentir a Elsa entregada por completo a él. Juntó dos dedos y volvió a acariciarla, pero un susurro repentino de Elsa le despertó de aquello.

-No puedo más...

-¿Qué?

-Entra ya, por favor... Jack...

No se hizo de rogar. Sacó los dedos y cogió a Elsa en brazos, aguantándose en una roca del fondo del río. Dio gracias mentalmente a que no tenía corriente porque, en caso contrario, no habría sabido lo que tenía en mente. Poco a poco, colocó su miembro en la entrada de Elsa y fue bajándola hasta que estuvo por completo dentro de ella. Un sonido gutural surgió de su garganta lleno de placer.

-Ah, Elsa...

La reina enredó sus piernas alrededor del cuerpo de Jack y echó la cabeza atrás. Entonces, Jack comenzó a subir y a bajar a Elsa sobre él. El placer y el esfuerzo que hacía, a pesar de estar en el agua, le llevó a caminar hacia la orilla con Elsa en brazos y a tumbarla sobre la tierra sin dejar de penetrarla. Las acometidas se fueron haciendo más fuertes a medida que Elsa pedía más y más, desbocada y consumida por las sensaciones.

Entonces, con un grito que resonó en todo el valle, Elsa se dejó ir. Jack observó cómo la reina se desvanecía bajo su cuerpo y, tras un sonoro gemido, también cayó presa del clímax. Estuvieron así durante unos minutos hasta que se calmaron. Fue entonces cuando ambos se miraron y se sonrieron. Elsa volvió a enrojecer, pero no apartó la mirada. Acarició el pelo de Jack con ambas manos y lo besó con cariño.

-¿Seguro que no has estado antes con una mujer?-preguntó Elsa, sonriendo.

-¿Qué? ¿Maravillada con mis dotes de amante?-se jactó Jack, claramente orgulloso de poder hacerla suya.

-No esperaba menos, puesto que siempre has presumido de que me sorprendería contigo.

-Touché, mi reina-se inclinó sobre ella y posó su nariz en la de ella, entrecerró los ojos y sonrió con picardía-. Touché.