La última batalla, II.

—Te soy honesto Thor, nunca había sentido tanto miedo—dijo Loki viendo la sala destruida de hace dos días.

—Por las gemas, por supuesto.

—¿Crees que deberíamos decirle? —preguntó.

—Estuve considerándolo pero sinceramente, no lo sé—respondió.

—¿Qué estás considerando? —la voz de Svetlana los sorprendió en la sala y los dos hermanos voltearon hasta ella.

—Nada—contestó Loki y rápidamente salió de ahí, dejando a su hermano y a la chica confundidos.

—Quisiera hablar contigo, si no es mucha molestia—comentó a Thor y se cruzó de brazos temiendo por lo que diría.

—Adelante.

—Tuve una visión. Fue en la base de HYDRA y vi el guante, tenía gemas en él, y vi a un gigante. Su piel era morada y la ciudad estaba destruida; no vi a nadie, a ninguno de ustedes, solo gente muerta esparcida por los suelos… y de pronto me apuntó a mí—ella apartó la mirada del dios. —No quise decirles porque pensé que me tomarían por loca, pero ahora veo que está pasando y nadie quiere eso—Thor respiró pesadamente y pensó en si decirle o no lo que ocultaba, pero guardó silencio y esperó que continuase. —¿Por qué cada vez que menciono a esas gemas o algo así nadie quiere responderme? Lo he intentado hace años, incluso cuando le diste vida a Visión frente a todos nosotros, no entiendo…

—Eres una gema, ¿sí? Tienes la gema del alma, ya lo sabías pero Loki te hechizó y la ocultó. Olvidaste que la tenías y nadie dijo nada porque es peligroso. Es por eso que hemos tratado de evitar el tema contigo—respondió de golpe. —Viste a Thanos en tu visión, tratará de sacar la gema de tu cuerpo y no podemos permitirlo o las tendrá todas. Me parece que entonces eres la única que falta en su colección.

—¿Entonces tratará de matarme?

—Eso me temo…

—¡ALGUIEN VIENE! —escucharon la voz de Gamora saliendo del ascensor rápidamente con los Guardianes.

—¿De qué habl…—los cristales de las ventanas se quebraron antes de que Svetlana terminara la frase.

Ella y Thor se apartaron al momento y el cielo comenzó a oscurecer de nuevo, igual que el día anterior. Los atacarían. Otro portal se abrió frente a ellos y los Kree entraron y comenzaron a atacar en la sala destruida. Svetlana, cuando intentaba llamar a su armadura con el brazalete, recibió una descarga de las armas de los alienígenas y la mandó a volar por los aires hasta caer al suelo.

Preparada para otro ataque, ella se cubrió cuando vio al Kree acercándose a ella, pero nada sucedió y solo escuchó un ruido de algo partiéndose cerca suyo.

—¡VETE! —escuchó a Drax y vio que él había evitado que el Kree se acercase, destruyéndolo.

Reunió todas sus fuerzas y se levantó corriendo hacia un pasillo, dejando a los Guardianes y Thor peleando contra los Kree en la sala. Corrió y corrió hasta que se topo con alguien y suspiró de alivio al ver quién era.

—Steve—murmuró y se abalanzó a él asustada.

—Ven, hay que irnos. Debes ponerte a salvo—dijo y rompió el abrazo, llevándola por aquel laberinto.

—Visión—mencionó ella. —Él también tiene una gema del infinito.

—Al parecer ya lo sabes…

—Thor acaba de decírmelo.

De pronto, llegaron a una habitación con paredes metálicas y con pinta de laboratorio. Entraron ahí y Steve cerró la puerta detrás de él.

—Bruce, cálmate, ¿sí? —rogó Natasha frente a su novio.

—¿Cómo quieres que me calme cuando Ultrón quiere secuestrarnos? —respondió el doctor desde la silla. Se notaba que su respiración estaba alterada y hacía un esfuerzo por no convertirse en el otro tipo.

Visión estaba ahí también junto con Clint, Wanda, Pietro, Bucky, María y Hank, quienes parecían muy preocupados por la situación. Loki no estaba ahí, así que estaba ayudando a Thor y los demás de seguro. Ahora ya entendían todo. Debían proteger a Svetlana, Bruce y Visión de Ultrón.

La chica no sabía qué demonios hacer o pensar, se quedó ahí parada viendo a sus compañeros con sorpresa. De nuevo los habían atacado y los Kree parecían que nunca iban a detenerse hasta que no los consiguieran. Sintió como Steve tomó su mano y la tomó gratamente, sin embargo el gesto no la hacía sentir en paz o segura. Ya ni siquiera sabía qué sentir en esos instantes. En el cuarto se escuchaban todos los golpes y ataques de la sala.

Pasos se escucharon desde fuera y los Vengadores llevaron a los tres de ellos hasta el fondo de la habitación para evitar que los capturasen. Los Kree derribaron la puerta en pocos segundos y comenzaron a pelear con los humanos. Sin embargo la pelea no duró mucho. Algo parecido a una granada cayó frente a ellos y los paralizó a todos, impidiéndoles moverse. Sus cuerpos ahora estaban rodeados de auras azules y no podían hacer nada más que observar. La única que quedaba con movimiento era Svetlana y tenía miedo de correr al ver a un tipo alto y azul entrando por la puerta.

—Humanos, creen que pueden derrotarnos tan fácilmente—habló acercándose a ella. —Y tú, debes ser la gema…

—¿Quién eres?

—El emperador Kree—fue lo último que dijo y apuntó su martillo a ella.

Svetlana sintió un ardor en su cuerpo cuando la luz morada del arma la impactó y cayó inconsciente al suelo frente a los Kree.


Vio un puente.

Un puente con luces, luces de colores. Era brillante.

Esa ciudad. ¿Dónde la había visto antes? Era dorada, tenía un enorme palacio en el centro.

Vestidos. Armaduras. Capas. Magia. Espadas. Un martillo.

Encontró una habitación. Había nueve personas. Tres de ellas tenían armadura; su padre, ellos eran los hijos.

Vio una luz verde. Ella cayó al suelo.

No funcionó.

Los sacaron a todos.

Sólo eran ella y el hechicero.

Vio de nuevo la luz verde. Y despertó.


Despertó.

Pero no estaba en la Tierra. Estaba flotando.

Era el espacio. Parecía el espacio. Había estrellas rodeándola.

De pronto vio una luz.

La luz se convirtió en alguien. Se hizo un hombre.

Sus ojos no tenían color, su piel tampoco la tenía. Toda su silueta era luz.

Se acercó a ella. Llevó su mano a su mejilla.

Pero no sintió su contacto.

Estamos muy orgullosos de ti…

Fue lo último que escuchó.


—¿Dónde estoy? —dijo agitadamente. Ahora sí había despertado. No sabía qué demonios había soñado. Se dio cuenta de pronto que estaba atada a un panel, ¿o era una pared? Oh no…

—Lana, ¿estás bien? —escuchó una voz a su derecha. Era Tony.

—¿Eh? —musitó confundida.

—Lo siento, eso fue estúpido. Por supuesto que no estás bien.

—¿En dónde estamos? —preguntó de nuevo, pero recordó que sabía muy bien la respuesta a esa pregunta. —Olvídalo, Eslorenia.

—Iba a decir que estábamos en la base de Ultrón porque no ha querido decirme nada desde ayer, pero sí…

—¿Somos los únicos aquí?

—Me temo que no—escuchó a su izquierda.

—¿Visión? Espera, si tú estás aquí…

—No trajeron a Banner—respondió Tony.

—Lo impedí—habló Visión.

—¿Cómo? Estaban paralizados, todos…

—Me ofrecí por él, al parecer el emperador Kree aceptó.

—Ronan—susurró Svetlana.

—Oigan chicos, hay muchas cosas que no me están diciendo—intervino Tony.

—Si recuerdas a los tipos extraños que bajaron de la nave ayer, ¿no? —Tony asintió. —Pues nos ayudaron. Resulta que un tal Thanos está buscando las gemas.

—Ya lo sabes.

—Ya lo recordé—corrigió. —Antes de despertar tuve un sueño, o dos. Vi mi viaje a Asgard y cuando Loki ocultó la gema en mí.

—Y pensar que estuvimos tratando de evitar esto desde hace años—murmuró Tony. Él se volteó y vio a Svetlana tratando de zafarse de esas cosas que los mantenían atados. —Intenté liberarme, pero no pude. No lo hagas, es inútil.

—Demonios. Visión, ¿puedes entrar en la mente de Ultrón?

—Me temo que no, he estado intentándolo desde hace unas horas.

Una puerta se abrió frente a ellos interrumpiendo su plática.

Espero que no planeen escaparse, Vengadores. Puede que no los tenga a todos, pero tengo a los más esenciales para esto.