25» Mismo Viejo Año, Nuevo Y Distinto Yo


31 de Diciembre del 2015
11:46 p.m.
Hogar de Bruce Goodman

La casa de Bruce era algo que no me esperaba. Era grande, de dos pisos, color avellana y hasta con una piscina. ¿Cómo rayos había logrado conseguir algo así?
Por dentro, la casa estaba pintada de una tonalidad crema, y los muebles seguían variando entre colores y tonalidades de blancos, cafés y azules. Era una casa moderna, ubicada al sur de la ciudad, y a diez minutos de la playa. No un cualquier hogar, sino EL hogar.
En ésta fecha, estábamos todos dentro, con ropas abrigadoras y con bebidas. Alfred se encontraba ahí, hablando con algunos invitados de la comisaría, al igual que Bruce estaba conversando con un par de secretarias: una de ellas, había sido la mujer que me había atendido la primera vez que me encontré con mi hermano...
Aquella mujer cuarentona y estirada se veía más extraña. Extravagante sería la palabra: un vestido rojo con adornos dorados, un saco azul rey, una estola de plumas rosa claro, y un sombrero de ala ancha del mismo color que el saco, mientras portaba un collar de perlas y muchos anillos de oro. La otra secretaria era alguien más joven: de cabello corto y negro, usando una camisa blanca de vestir sin mangas, junto con una falda negra con un corte largo en un costado y zapatos negros altos.
Hablando con Dean, se encontraba Melissa Balek: aquella fiscal que, con su ayuda, rescatamos a Jake unos meses atrás. Ésta misma noche, usaba unos tacones altos y negros, junto con un pantalón de vestir suelto de color negro, junto con una sudadera tejida de lana y cuello de tortuga, de color celeste. La joven rubia hablaba con mucho ánimo hacia Dean, quien a la vez regresaba con sonrisas, mientras saludaba a una joven niña de unos diez años de edad. Piel clara, rubia, de ojos verde jade, con pecas en su rostro y delgada, vestida con un vestido celeste. Por su apariencia, podría parecer una pequeña princesa.
Jake por otro lado, hablaba con Mía en el comedor. Se notaba que se encontraban felices y disfrutando de aquél rato...
Pero ¿que había de mí?
Oía la música que Bruce había preparado para la fiesta. Se trataba de trip-hop: una mezcla tranquila e inusual de lo que parecía música electrónica con sus tintes acústicos, de soul y de jazz. Algo que no era usual para mí, pero que se me acomodaba.
Después de ver que todos andaban hablando con alguien, fui en dirección a las escaleras, lo cuál era mi vía de escape de aquella fiesta casual. Pero tan pronto subí dos escalones, una mano me tomó por la parte trasera de la camisa y otra mano me tomó por mi mano izquierda, la cuál la había reposado en el respaldo.

-¿Y tú a dónde vas? -dijo Bruce sonriente y con un ligero aroma alcohólico. -No te hagas el anti-social.
-No pensé que fuésemos a tener éste tipo de fiesta. -dije con algo de enojo, mientras me recargaba en la pared, cruzado de brazos.
-Te ves bien. Pantalón caqui, tu camisa celeste y éste saco informal color café que te presté...
-Me siento como una maldita mariposa. -dije mientras me estiraba un poco el saco por simple estrés.
-Relájate... ¿Quieres que te presente a unos conocidos?
-No, no gracias Bruce. -dije mientras lo empujaba por un momento.
-Pues...debes de hacerte conocidos. O, al menos hablar con alguien.
-¿Y tendré algún tipo de recompensa? -le pregunté con un tono desafiante.
-Probablemente. -dijo sonriendo, mientras que lanzaba una mirada por encima de mi hombro, saludando a alguien más.

Al girar, noté que Melissa se acercaba a mi junto a aquella niña. Al girarme de nuevo, vi solo la espalda de Bruce alejarse por la orilla de la pared, abandonándome a una plática que no quería tener.

-Hola Ian. -dijo Melissa sonriente mientras me saludaba con un beso en la mejilla.
-Hola Melissa. -contesté fingiendo una sonrisa.
-¿Quién es él? -preguntó la niña de ocho años.
-Ah, él es un amigo de Jake. Se llama Ian. Ian Goodman. -habló Melissa con una voz tranquila y cariñosa: voz que no podía creer que saliera de su boca, recordando aquél evento en el juicio.
-¡Ah! ¡Un gusto, señor! -saludó ella, muy alegre.

Con algo de molestia por haber sido llamado "señor", hice una reverencia por un momento y no hice ninguna mueca.

-¿Quién serás tú? -pregunté de manera cortés.
-Yo soy Sarah. -dijo ella mientras que jugueteaba con sus manos y ocultaba su cara, mientras se le dibujaba una sonrisa.
-¡Vengan, acérquense todos! ¡YA falta un minuto para la media noche! -gritó Jake desde la cocina, atrayendo a los demás.
-¡Vamos. mami! -dijo Sarah, corriendo hacia la cocina.
-¡Ey, espera Sarah! -salió corriendo Melissa tras Sarah.

Yo, en ése instante, me quedé pasmado por lo que había pasado ante mis ojos.
¿Acaso la niña había llamado "mami" a Melissa? ¿ERA ELLA SU MADRE?
Fui sorprendido por el brazo de uno de los policías cayendo en mi espalda y abrazándome del cuello, mientras que mi hermano me tomaba de la muñeca y me arrastraba hacia la cocina.
Todos nos reunimos en la cocina, mientras oíamos la radio y esperábamos el conteo final para despedir el año y darle la bienvenida a un nuevo año.
No tardó demasiad, ya que Bruce empezó a dar un discurso "motivacional" para los presentes. Discurso que parecía llegar a los corazones de los invitados de la comisaría, que tenían unas cuantas bebidas encima, incomodando a algunos invitados. Más que nada, a las mujeres...

-¡E-ey! ¡Ya es el conteo! -gritó Bruce rápidamente, empezando a ser seguido por los demás que se les unía.

Solo podía sonreír en un momento así. No me lo hubiera imaginado de ésta manera: encima de una silla, con el traje desajustado y suelto, con la bebida en una mano y con el brazo derecho haciendo gestos mientras estaba dando el conteo.

-¡EY, CUENTA! -gritó Bruce de manera súbita y preocupada, notando que no me encontraba contando. Ahí fue cuando comencé igualmente con el conteo...

5...

4...

3...

2...

1...

El grito de "¡FELIZ AÑO NUEVO!" se me quedó grabado ésa noche. Todos bebieron, se abrazaban, seguían ciertos rituales de año nuevo...en fin, eran muchas las cosas que se hacían y muchas de las que hablábamos. Pero fue solo por una hora lo que duró, hasta el instante en el que pude oír a la hija de Melissa.

-Oye mami...tengo sueño. ¿Podemos irnos ya? -habló con ternura.
-Hmm...bueno princesa. Pero no se si pueda irme sola de regreso... -habló mientras veía a los demás.
-Pues a cómo veo que se dirige ésta fiesta... -habló la secretaria estirada, mientras que la otra secretaria estaba con una mueca de disgusto, ya que uno de los policías le hablaba de cerca y de forma cariñosa.
-Entonces llamemos a un taxi. -habló Mia, mientras tomaba su celular y hacía una llamada.
-Heh...lamento que las cosas se tornaran de ésta forma... -dije con algo de incomodidad mientras que todas se retiraban.
-No hay problema. -dijo la joven secretaria sonriendo, mientras que el policía que andaba ebrio caía dormido al suelo, a lado de ella.

Fue muy corta la espera. Algo que no tenía en mente.
Melissa y su hija, Mia y las dos secretarias se subieron al taxi que había llegado al lugar, para después retirarse de ahí con besos, abrazos, y sonrisas.
Dando un último adiós, regresé adentro de la casa y subí escaleras arriba, hacia la que sería mi habitación. Podía recordarla en la mañana...espaciosa, con una gran cama, un escritorio y un ropero. Ordenada, limpia y lista para que uno descansara.
O al menos, éso pensaba yo...