Disclaimer: Los personajes de OUAT no me pertenecen, yo solo escribo por y para entretener.


– ¿Qué tipo de historia? – cuestionó uno de los niños perdidos, tomándome de la mano para jalarme al centro del campamento.

–Pan no está, Rapunzel cuenta la historia– alentó Li.

Miré los ojos grises de Félix pero él no dijo nada, solamente se me quedó mirando, yo rodé los ojos.

–Vale, vale– acepté. – ¿Alguno de ustedes me puede decir por qué luchan?, ¿o al menos por qué nació su lealtad a Peter Pan? –

–Rapunzel– soltó Rufio, tomándome de la muñeca, mirándome con una advertencia escrita en sus ojos.

–Está bien– murmuré para tranquilizarlo. –Y ya que te has ofrecido, cuéntanos Rufio, ¿cuándo nació tu lealtad hacia Pan? –

–Pan me salvó, la vida con sin mis padres era terrible– Alcé ambas cejas y me senté en el suelo. –Todo empeoró cuando los soldados del rey vinieron a llevarse a los huérfanos. Me escondí, éramos bastantes y a la larga nuestro número se fue reduciendo. Una noche escuché su flauta, los pocos que quedamos venimos a la tierra prometida. Mi vida es suya o yo, a estas alturas, no estaría vivo–

–¿Y disfrutas tu vida aquí? –

–Se ha vuelto mejor– admitió con una sonrisa ladina.

–¿Y eso? – cuestioné interesada.

–Bueno… Pan ha mejorado de humor–

Escuché unas risitas y me giré para ver al propietario. –¿Presuntuoso? –

–Todo mejoró gracias a tu llegada, aunque unos lo acepten más que otros– soltó con una sonrisa de oreja a oreja. –¿No es así, Félix? –

Me rostro se giró para ver al chico rubio. Alcé ambas cejas cuando nuestras miradas se conectaron. Él carraspeó incómodo.

–¿Y tú por qué estás aquí Félix? – cuestionó uno de los gemelos con interés. –Eres el favorito de Peter y aún no sabemos por qué–

–¡Eh que yo también…!–

–Tú eres la mano izquierda, Rufio– soltó el otro gemelo. Algunos se rieron al ver el mohín del chico.

Puse una mano en el hombre de Rufio. –Tú eres mi mano derecha, Pascal– El adolescente sonrió de oreja a oreja.

Y de pronto me di cuenta que no debí haber dicho eso. Los niños perdidos empezaron a argumentar que yo no necesitaba manos derechas, o que si podía tener muchas, o incluso que Pascal podría ser mi mano derecha pero que no era mi favorito.

–Bueno, chicos, ¡paren ya! – solté con contundencia. –Decidamos quién es mi favorito con un juego–

– ¡Si, juegos! –celebraron la mayoría.

– ¿Será de espadas? –cuestionó Jamie con confianza. ¿Habría practicado desde nuestra clase?

– ¡No, de tiro al blanco! – gritó Li con una sonrisa de arrogancia,

–No, a las escondidas– soltaron los gemelos.

Sonreí de forma ladina. –No, serán las estatuas–

–¿Eh?, ¿qué es eso? – cuestionó Pascal confundido, rascándose la cabeza con nerviosismo.

–¿En serio? – cuestionó Félix con interés, una sonrisa oculta en sus labios, alcé ambas cejas.

–Mucho–

–Yo quería escuchar la historia– refunfuñó.

–Les contaré la historia mientras jugamos–repuse divertida. La sorpresa en los rostros de los niños perdidos no la vendería por nada. –Ahora haga una hilera– susurré mientras dibujaba con el palito una línea en frente de sus pies.

– ¿Qué están haciendo? – La voz del líder sonó, los niños perdidos cuadraron sus hombros y miraron fijamente a Peter.

–Jugando– musité. Le miré y sonreí. – ¿Juegas? –

–Oh, ¿y arruinarles la diversión? –

– ¿Por qué dices eso? – cuestioné divertida. Me acerqué a él y Pan arqueó una de sus cejas.

–Porque ya sabríamos quién ganaría– El castaño se acercó a pasos lentos. Yo me reí.

– ¿Eso crees? – musité.

–Soy Peter Pan–

–Bueno si tienes esa confianza, ¿qué te cuesta unirte al juego?, o puede ser que temas perder en mis juegos Pan–

–No le temo a nada– Rodó los ojos. Me hice a un lado y le señalé la posición del resto de los niños. El me miró cuando pasó a mi lado y se colocó al lado de Rufio.

–Reglas– solté tras pensarlo un minuto. Escuché la protesta de los perdidos. Sonreí. –Mi juego, mis reglas. No vale usar magia, ni armas, no vale golpear a nadie–

– ¿Qué clase de juego es? –

–Observación y estrategia– contesté a Li. –Yo soy el oponente de todos ustedes. Mientras le relato la historia –mis ojos chocaron con los de Peter. –Estaré de espaldas, cuando me giré todos ustedes pararan y cuando me gire de nuevo, dándoles la espalda, podrán moverse hasta alcanzarme. El primero en hacerlo le haré una simple pregunta, si acierta, es el ganador–

– ¿Podemos saber cuál será la pregunta? – cuestionó el pequeño Tootles.

–La pregunta– hice como si lo pensara. –Es saber si la historia que les conté es cierta o no–

– ¿Y qué ganaremos? – cuestionó Matty, un niño perdido de unos trece años.

–Lo que me pidan–

El ambiente se tensó ante mis palabras pero también incentivo la competencia.

–Pero si pierden, yo les pediré algo, así que piensen seriamente si quieren alcanzarme–

Félix me miró con una ceja arqueada y con una ligera sonrisa. Calculaba que dos personas podrían acertar en aquel juego. ¿Estaré en lo correcto?

– ¿Listos?, que el juego empiece–

Me giré, dándoles la espalda, ningún paso se escuchó.

–Bailas bien para ser una plebeya– Las risitas de los hermanos de Anastasia se rieron. –¿Bailarías conmigo falsa princesa? – Me giré y tomé las manos del chico, empezando a dar vueltas al ritmo de la canción, el adolescente me miró sorprendido.

– ¿No es asombroso? – cuestioné riéndome, girando sobre mis talones una y otra vez.

– ¿Bryan? –

– ¿Eh? –

– ¡Bailemos! – soltó la pequeña Anastasia, jalando a dos de sus hermanas.

"Él está viendo, Rapunzel", la voz de Nimue taladró mis oídos. Mis recuerdos se bloquearon y me detuve completamente.

Sí, no podía dejarme llevar.

– ¿Qué es esto? – cuestionó alterado el maestro de baile cuando entró a la sala. –¡Paren, esto no está bien! , el baile es hoy por la noche.–

–Por eso mismo deberían irse a cambiar– argumentó una mujer con semblante serio. –A sus habitaciones, ¡ya! – Los chicos se movieron a prisa. –Y tú, ve a la cocina–

Sonreí falsamente e hice una reverencia antes de salir de la habitación.

Todos habían enloquecido en el palacio. –Chst, tú–

Me mordí el labio inferior al sentir la presencia de Anastasia y Bryan. –Anya–

Miré a los chicos cuando me llamaron por mi nombre falso. Le sonreí y me acerqué a ellos de forma discreta. – ¿Qué hacen aquí? –

–Venimos a rescatarte– respondió Bryan.

Alcé una ceja y reí suavemente.

–Vamos– Anastasia me jaló y yo me dejé llevar.

Los chicos apenas me lograron salvar de los deberes por unas cuantas horas pero en cuanto el sol se escondió ellos fueron capturados y enviados a cambiarse.

Todos los sirvientes debían irse a cambiar pero por intervención de Nikoláyevna Románova pude volverme la dama de compañía de la pequeña. El vestido blanco llegaba hasta el suelo. La niña me colocó una flor en la cabeza, alegando que me quedaba a la perfección, que contrastaba con mis ojos.

Era extraño, me había encariñado con la pequeña, y con la mayoría de sus hermanos a pesar de ser odiosos de vez en cuando. Pero sabiendo el destino que sufrirían aquella noche me negué a culparme. Yo solo sería espectadora de los acontecimientos.

–Te tengola voz del niño perdido paró el relato. Me giré y observé a los que venían atrás. Todos habían caminado poco excepto por Pan, Félix, Rufio y Li quienes seguían detrás de la línea.

–Bien, Presuntuoso– Me mordí el labio. –¿La chica de la historia, Anya, ayudará a la familia? –

–Sí– soltó seguro de sí mismo.

– ¿A quién? – cuestioné curiosa. El chico frunció el ceño.

– ¿Cómo que a quién?, ¡pues a todos!, son familia, ¿no?, se deberían ayudar unos a otros. Son un todo–

Sonreí de forma ladina. –¿Y tú lo harías, salvarías a todos en ésta isla, a pesar de que tu vida estuviera en peligro? –

–Yo…– el chico se giró para observar a cada uno, deteniéndose en los más grandes, en la figura de su líder. –Sí, a pesar de todo los salvaría– soltó tras pensarlo unos segundos. El chico me miró. –Y a ti también porque gracias a ti todo se volvió… mejor– soltó en un murmullo.

–¿Será? – susurré. –Me gustó tu respuesta, fuiste sincero…–el chico sonrió victorioso. –Pero no es la correcta–

Me giré una vez más.

La noche cayó. Anastasia me llevó a rastras hasta el centro de baile donde se reía y hacía travesuras a los invitados. Me disculpé con cada uno y no dejé ni un segundo a la pequeña sola. Fue cuando le sentí, su presencia, Rasputín había llegado al gran salón. De su brazo izquierdo colgaba un viejo relicario.

Los soldados trataron de detener al hechicero pero fue en vano. Sus almas fueron capturadas en aquel extraño tubo color verdusco. Los cuerpos cayeron sin vida al suelo. Los duques y condes corrieron hacia las puertas pero éstas se cerraron de golpe. Rasputín despotricaba contra la dinastía Romanov.

Él quería venganza y la tendría.

Me giré para ver a unos tres chicos estar a un poco más de un metro. Li y Rufio habían avanzado. Tootles a tres metros y Jamie a dos metros de mi posición.

Les di la espalda.

Quemó todo el lugar, el fuego verdusco arrasó con todos, las almas siendo atraídas hacia el viejo relicario del hechicero.

Aparté a Anastasia del fuego. La llevé a la cocina, la chica me miraba con los ojos desorbitados. ¿Quién eres?, había preguntado, más no le contesté. Dimitri, uno de los empleados, se había llevado a la chica en cuanto la vio.

Me aparecí detrás del hechicero.

–Hola Rasputín–

El viejo mago se giró. En sus ojos vi el reflejo de la pequeña Anastasia, una risa maniática salió de sus labios. Había creado una ilusión y ahora el hechicero me veía como la castaña.

–Arderás como toda tu familia– el fuego me rodeó.

Yo sonreí a pesar de que el calor consumiera las ropas que llevaba. –Pero te llevaré conmigo–

– ¿Murió? –

– ¡Tootles se supone que ella debe preguntar, no tú! –

Miré sobre mi hombro, el pequeño jalaba el chaleco y me miraba con ojos brillosos. –Yo hubiese dado todo por aquellos que me importan, yo creo que Anya buscó vengarse, por esas personas, por los Ravanos–

–Romanov–corrigió Presuntuoso con una mueca.

–No– respondí. El chico hizo una mueca y se cruzó de brazos.

–No te creo, no parece mala persona, esta chica… Anya–

Le sonreí divertida cuando Presuntuoso se llevó a Tootles lejos.

–No seas tonta Anastasia–

Sonreí divertida, era una sonrisa cruel la que se había dibujado en mi rostro, los gritos de aquellas personas perforaron mi cabeza. Mi brazo se incrustó en el pecho del hechicero.

–Tú no eres…–

El fuego se convirtió en nieve. –Nimue te mandará una carta al inframundo– susurré antes de sacarle el corazón y estrujarlo con ganas. El órgano se convirtió en pequeños cristales grisáceos y poco después en polvo.

Tomé el relicario que había caído y empecé a andar en el salón cubierto de nieve. –Larga vida a la dinastía Romanov–

Aparecí frente a Nimue y le entregué aquel tubo. Ella sonrió. –Bien, ya tenemos la puerta al inframundo, solo será cuestión de tiempo para lograr lo que tengo en mente. – masculló con una sonrisa desquiciada en el rostro. –Con mi sangre y tú poder uniéndolos, será nuestro pase para abordar a aquel reino, Rapunzel–

–Bien, ¿ya pensaste dónde abrirlo?, quizás si lo depositaremos en algún lugar–

–Como el lago en Camelot, así podría ver tu padre que lejos has llegado y que bien te he enseñado–

Me giré. –Li, ¿es real la historia o no?–

El chico me miró de forma dubitativa. –Nunca he escuchado de un hechicero que pueda mandar a personas inocentes al inframundo–

–Existen muchas cosas fuera de nuestra comprensión, ¿estás seguro de tu respuesta? –

–¡Le estás dando otra oportunidad, no se vale! –

Le susurré un "mentira", moviendo los labios. Slightly se mordió la uña y me miró mientras lo hacía, buscando la verdad o la mentira en mis ojos. Sus ojos se abrieron de pronto. –Tú eres Anya–

–Bravo, pudiste ver la verdad a través de sus ojos y no en sus labios– soltó Félix rodando los ojos.

– ¿Qué clase de historia es esa?, ¡me dieron escalofríos! –

Los niños perdidos me miraron con confusión.

–No– la voz de Pan detuvo los cuchicheos. Me giré para verlo demasiado cerca. –Ella no era Anya–

Me reí un poco sin poder evitarlo. –Es cierto, mi nombre siempre fue Rapunzel para aquellas personas, Anya era el conejo de peluche de Anastasia y al que decidí ponerme en ésta historia. –

–Pero sobre todo, tú no fuiste quien le arrancaste el corazón a Rasputín– su mirada se comía a la mía. Le miré con curiosidad.

–Esta persona llamada Nimue, parece no tener escrúpulos, por como la pinta– el chico se relamió los labios. –"Anya". Por algo la mencionaste, la pregunta es: ¿por qué? –

–Porque no tenías corazón para decidir–

Alcé la barbilla cuando dijo aquellos. Mi mirada se desvió al rubio, quien era el único que sabía esa información de mi pasado, y seguramente había compartido con Peter.

–¿Estoy en lo correcto? –

–En efecto– murmuré.

–Pero salvaste a Anastasia por una simple razón–

–Ilumíname– sonreí traviesa.

–Te viste reflejada en sus ojos. Una chica que perdería a su familia por un hechicero cruel, pero al mismo tiempo te encargaste de no dejarla sola, ¿Dimitri, se llamaba, no? –

Me reí sin poder evitarlo. – ¿Rapunzel es también una niña perdida? – cuestionaron algunos. Mi sonrisa se borró.

– ¿No? – volvió a insistir Pan.

–No– solté suavemente, volviendo a sonreír. –Ella le serviría a Nimue años después–

–Seguro– sonrío, la voz cargada de sarcasmo, sin creerme absolutamente nada. Y era cierto, Anastasia se había casado con Dimitri, dejando una descendencia tras su muerte, pero nunca había vuelto a saber de mí o Nimue después de ese día. –Pero en lo demás acertaste, ¿qué quieres a cambio? –

El chico me miró fijamente y sonrió de forma ladina. –Te lo diré después– Pan pasó a mi lado y se fue del campamento.

–Peter Pan nunca falla– soltó Félix. –¿Por qué esa historia? –

–Porque las apariencias engañan, mi querido Félix y a pesar de que uno se sienta perdido, como lo hizo Anastasia años después… –"como lo hice yo aquella noche y las siguientes" – uno siempre encuentra a su alguien que los ayudará a salir adelante, en éste caso Dimitri –"y en mi caso había sido… él, Peter Pan" – No importa cuánto tarde, siempre se nos abrirán caminos si luchamos por ellos–

–Pero no siempre se quedarán a tu lado– soltó el rubio. Le miré fijamente, él hablaba así por recordar que lo había dejado en el país de las Maravillas.

–A veces se van pero siempre regresan, de un modo u otro. Y en algunas ocasiones es para hacernos más fuertes y encontrar nuestro hogar por nuestros propios medios–

Félix arrugó el entrecejo y bufó. –Yo estoy mejor ahora, aquí, en Nunca Jamás– confesó un chico de pronto.

– ¡Yo también! –

–Me alegra de que sean mi familia chicos–

–Podemos jugar siempre, ¡y no nos separaremos!, podemos estar juntos–

–Aquí no hay padres que nos abandonen o nos dejen sentir solos–

–Gracias a Peter–

– ¡Si, Peter! –

–Hay que ser los mejores niños perdidos para agradecerle y que no nos pueda perder jamás–

–Porque también es familia–

–¿Será por eso que siempre anda regañándonos?, ¿por temor a perdernos? –

Eso sería un pensamiento agradable, pero tampoco creo que sea así, al menos no después de conocer su lado sádico… pero también estaba su parte protectora con ellos, ¿será sólo porque le son útiles?

– ¡Sí!, ¡vamos! –

Los niños corrieron tras su líder.

Rufio y Félix se quedaron mirándome. – ¿Ese era tu motivo oculto? –

Sonreí levemente y miré a ambos. –Si son familia deberían actuar como una, no con temor o miedo– rodé los ojos. –Así entrenarán para que nadie les separe o haga daño–

Desvíe la mirada al fuego. –Pan, ¿estaba en lo cierto? –

La pregunta de Félix me hizo sonreír sin ganas, ocultando la tristeza. – ¿Quién sabe?, estoy cansada, me adelantaré chicos. Buenas noches–

Su lealtad debe estar con su líder, no conmigo, porque yo posiblemente me iría y no miraría atrás como lo hizo Wendy Darling. No regresaría como hacía ella, día tras día, desde que el sol salía hasta que se escondía. Yo no regresaría a Nunca Jamás como la castaña hizo los días siguientes a su partida.

–Ten cuidado Rapunzel– soltó el aprendiz de Merlín.

–No te preocupes– murmuré jugando con la pluma que usaba para escribir en el pergamino. –El Jabberwocky– observé la imagen de una mujer con mirada profunda. El libro se iluminó y las letras desaparecieron. – ¿Huh? –

"Te veré pronto, princesa perdida"

Las letras habían aparecido hasta ordenarse en el papel del libro. Fruncí el ceño y miré al aprendiz confusa. Él tomó el libro y lo encerró con una poderosa magia, me tenía prohibido abrirlo, no me dio explicaciones.

Aquel día había tomado el libro sellado y me había internado en el bosque. Éste se volvió a iluminar.

Lo solté y dejé caer. El libro se abrió, sus páginas estaban en blanco, pero en medio de ellas el brillo iba en aumento. Unas manos aparecieron, después los brazos, al final una cabellera plateada relució.

Me hice hacia atrás y fruncí el ceño. La mujer salió con una siniestra sonrisa. –Hola Rapunzel–

– ¿Quién te envía? –

La mujer se río sin una pizca de gracia. –Tengo una simple misión–

La peliplateada cambió su apariencia a la de Nimue. Sonreí de forma ladina. –¿Crees que ese es mi temor? –

–Yo puedo sentir tus pesadillas, tu pavor, tus miedos…– El rostro de Nimue pasó a ser el de mi padre, sus ojos oscurecidos y su mirada llena de reproche, de odio, de indiferencia.

Tragué pesado y desvíe la mirada. No dejes que vea.

–Tarde– la voz del hechicero hizo que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza. Me sentía tan débil y vulnerable. Lancé una bola de fuego en su dirección. La mujer desapareció y yo fruncí el ceño. –Que decepción, al no ser criada… todo tu valor se ha disminuido, no eres más que una niña perdida–

Otra bola de fuego que salió como llamarada, la mujer empezó a arder en llamas, la imagen de mi padre no dejaba ver el real aspecto del Jabberwocky.

–No moriré tan fácil, hija mía, ¿deseas mi muerte?, realmente quieres quedarte sola–

Mi corazón empezó a latir con fuerza. –No, no ensucies a mi padre– murmuré con la voz contenida. Llevé mis manos a la cabeza, solo se mete en tu cabeza.

–Casi, pero no– susurró el falso Merlín a mis espaldas. –En tu corazón–

Me giré y clave mi mano en su pecho. No estaba. No había órgano alguno que pudiera arrancar. Su risa taladró mis oídos.

–Último intento– La voz del Jabberwocky cambió. Me giré lentamente para verme con una mirada fría y solitaria, en el fondo había tristeza mezclada con oscuridad.

–Rapunzel– una voz sonó como eco en el bosque. Alto. ¿Conocía esa voz?

– ¿No? – cuestionó mi reflejo acercándose lentamente.

–Rapunzel– mi nombre se escuchó más insistente. –Vamos, Rapunzel–

–Es una lástima– musitó a pocos centímetros. Yo sentía la sangre abandonarme. La chica acercó la mano a mi pecho.

–¡Maldición Rapunzel! –

–¿Peter? – murmuré, alcé el rostro para toparme con los ojos cafés de la mujer. La adrenalina me ayudó a recuperar el control de mi cuerpo. Saqué la varita y ésta tomó la forma de una espada. –Tú no volverás a molestarme–

–Necesitarás más que una espada…–

Ésta apenas tocó su frente pero el grito desgarrador que se escuchó por el bosque fue suficiente. La hoja de la espada brillaba con fuerza. –No volverás a causarme molestias–

–¡RAPUNZEL!–

Sentí una corriente helada recorrer mi cuerpo y todo se volvió negro.

Abrí los ojos y me incorporé. Me abracé al sentir el cuerpo húmedo y frío; miré a mí alrededor topándome con los ojos esmeraldas de Peter Pan. Me relamí los labios, sentía la garganta seca y los latidos de mi corazón retumbaban contra mis oídos.

– ¿Una pesadilla? –

–Si fuera una hubiese tenido suerte– susurré. Sentí su mirada. –Fue un recuerdo– aclaré, levantándome de la cama. –Aunque gracias a ti pude reaccionar antes…– me callé y alcé el rostro al ver sus pies en frente mío.

– ¿Qué era?, ¿a qué le puedes temer Rapunzel? – Sonreí sin muchas ganas y le abracé, recargándome en su pecho. No podía decirle. – ¿Fue por la historia que le contaste a los niños perdidos? –

–Puede ser–

–Me causaste muchos problemas después, no me dejaron solo y llegaron de pronto como si hubiera ocurrido algo malo–

Alcé el rostro y le dediqué una vaga sonrisa. Sus manos en mis hombros. – ¿No dijiste que eras el líder?, se quieren esforzar por ti Peter, para no defraudarte –

–Los convertiste en unos sentimentales y con los sentimientos viene el miedo. Se vuelven débiles…–

–O los hacen más fuertes– interrumpí un tanto molesta. –Solo necesitas guiarlos por el camino indicado. ¿Querías ser su líder?, bueno, la lealtad la tienes ahora no la pierdas con acciones… poco convenientes–

El chico arqueó una ceja y yo sonreí un poco. Me separé de él lentamente. – ¿Me contarás tu pesadilla? –

– ¿Para?, sé que la viste– susurré con un mohín. Miré mi ropa y bufé. –Y también que tu acción de haberme despertado con agua helada funcionó– El chico soltó una risita tras mirarme de arriba a abajo. Entrecerré los ojos y me crucé de brazos. –A menos que solo buscaras la oportunidad y aprovecharla–

El chico desvió la mirada con una sonrisa cínica en el rostro. Le di un ligero puñetazo en el hombro.

–Y yo que tenía otra impresión– susurré, pasando a su lado. Él me detuvo del antebrazo.

Eso no puede hacerte daño aquí–

Su comentario hizo que me relajara un poco. –No me hizo daño en aquel entonces–

El chico arqueó ambas cejas, su mirada me penetraba como si quisiera ver más allá de mis palabras. – ¿Eso es cierto? –

–Solo se divirtió un rato jugando conmigo, más de lo que alcanzaste a ver en el sueño y fue el aprendiz quien logró traerme a la luz de nuevo–

– ¿Cuánto tiempo te mantuvo cautiva? –

El chico frunció el ceño. –Quizás unos cuantos días– musité mirando al suelo. Cerré los ojos para bloquear los recuerdos.

–Mmm–

Me soltó pero enseguida tomó mi rostro entre sus manos. Aun así no abrí los ojos. Su respiración chocando contra mi rostro. Mi corazón se sentía acelerado todavía, su mano tomó mi muñeca y la llevó a su pecho, su corazón latía al compás del mío. Abrí los ojos para toparme con los suyos.

–Soy el único…–susurró mientras unía su frente a la mía. –Que puede acelerar tu corazón– Sonreí un poco ante sus palabras. –Y eso incluye al miedo por igual– fruncí el ceño y lo alejé de mí.

–Idiota– murmuré al saber que lo decía en serio. El chico se río cuando salí de la habitación. Rodé los ojos pero, cuando llevé mi mano a la altura de mi órgano vital, sonreí. –Lo sé, eres mi Jabberwocky personal–

Me senté en el centro del campamento. El cielo estaba estrellado y la luna creciente brillaba con fuerza de un color amarillento.

Podría pensar que Peter Pan sabía más de mí de lo que me gustaría. No solo me conocía y leía entre líneas cada cosa que decía. Posiblemente de mi pasado, era la persona que más se acercaba a conocerla completa. No podía afirmar esto último, pero tenía la intuición de que así era, ¿sino por qué no me preguntó sobre Merlín? Por otro lado, Félix no sabía de la existencia de mi varita, pero ahí tampoco Pan me había cuestionado. ¿Lo sabría o simplemente me dio mi espacio?

En el cielo de la isla apareció una luz, una línea ondulante de diferentes colores, los cuales cambiaban cada pocos segundos, atravesando todo el país de Nunca Jamás. Una aurora boreal.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Que raras formas de consolarme Peter Pan.

El castaño apareció poco después que los niños perdidos se despertaran con expresiones asombradas.

–Rapunzel, ¿qué es eso? – cuestionó uno de los niños perdidos a mis espaldas.

–Algo posible en un lugar imposible– respondió su líder. – ¿Alguien tiene ganas de volar? –

Me giré para ver al chico de ojos esmeraldas. Me acerqué a él y le puse una mano en la frente. –No pareces estar enfermo–

– ¿Eres tonta?, no puedes enfermar en Nunca Jamás– Peter chifló y pocos segundos después hadas aparecieron, rociando a los niños perdidos, ellos no se creían lo que estaba pasando.

– ¿Qué estamos celebrando? – cuestionó Félix a su líder. –Peter, ¿te sientes bien? –

Él solo sonrió de forma enigmática antes de alzarse en el cielo, los niños perdidos le siguieron con torpeza, Félix se me quedó mirando y negó con la cabeza antes de acercarse.

–Félix, encárgate de los más pequeños. Pascal guía a los más grandes– la voz de Pan resonó. Rufio exclamó indignado por cómo le había llamado. Las risas de los niños perdidos estallaron.

Rufio me miró de forma asesinada antes de dar un giro en el aire y salir disparado al cielo. Pan se me acercó y tomó mis manos. Yo le sonreí sin poder evitarlo, ¿qué le había sucedió al Peter sanguinario de hace unos días?

El beso. No solo había sido uno normal y corriente, la flor de oro había sanado gran parte de la oscuridad en su corazón, ¿eso podría ser… cierto, a pesar de estar bloqueada mi magia, podría haber esa posibilidad?

Le miré con curiosidad cuando él me miró con travesura y arrogancia. Bajé la mirada al encontrarme volando. Me reí y el chico me jaló para volar junto a las hipnóticas luces que se presentaban en la isla.

Esa noche Nunca Jamás celebró, todos sus habitantes parecieron dejar de lado sus tareas y se limitaron a disfrutar. Las risas no se apagaron incluso hasta que el sol salió. El desayuno, tanto como aquella increíble noche, regalada por Pan, que resultó ser magnánimo, sirvió diferentes platillos de diversos olores y aspectos.


N/a:

AbyEvilRegal4Ever123, paupaupi y guest 3 lamento no escribirles pero me caigo de sueño T.T espero les guste el capi.

Agradezco a los lectores silenciosos. por fin vierneees.

Un abrazo,

BCM