Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.
Mocking the bounds
Capítulo 25
El miércoles por la tarde, antes de que Emmett emprendiera su camino hacia Paper Towns, recibió una llamada. Era de la tienda de deportes. Habían aceptado su solicitud de empleo y ahora ya tenía un nuevo trabajo. Su semana estaba llena. Trabajaría en Forks Outfitters los martes y jueves.
Con una sonrisa, llegó a Paper Towns y se encontró con Bella, Alice y Rose en las mesas. Estaban tomando un café y se comían un sándwich.
—Hola, chicas. ¡Adivinen qué!—las saludó entusiasmado.
—Mmm… —musitaron sin saber, lo miraron.
—Tengo otro trabajo, en la tienda de deportes. Los martes y los jueves.
— ¡Eso es grandioso, Emmett!—Rose se levantó y lo abrazó. Alice y Bella sonrieron.
—Ahora al parecer puedes preocuparte menos—Alice le dijo.
—Sí, esperemos—se pasó una mano por el pelo—tengo que irme.
Luego se fue a la cocina.
Bella sonrió.
—Hice bien en dejar este trabajo. Riley debió de haberme despedido desde antes—se rio entre dientes—ni siquiera yo recordaba que tenía un empleo.
Alice y Rosalie se rieron.
— ¿Eres ya una adulta, dijiste?—Rose la codeó. Bella se rio, apoyando la cara en sus manos.
— ¿Qué van a usar para la fiesta de Jessica?—Alice les preguntó, mientras deslizaba el dedo por la pantalla de su celular.
—Tengo un vestido que compré. No lo he usado, tal vez me ponga unas mallas debajo. Estará putamente frío—respondió Rosalie.
—Yo ordené este suéter—Alice dijo, mostrándoles el teléfono. Era un suéter blanco, de tejido—lo usaré con unos leggings que tengo por ahí.
— ¿Ordenaste un suéter para ir a la fiesta de Stanley?—Bella le preguntó. Le dio un trago a su café.
—No—Alice rodó los ojos—ya lo había ordenado. Se supone que llega entre hoy y mañana. ¿Qué vas a usar tú?
Bella se encogió de hombros.
—No lo sé. Tal vez unos pantalones y una chaqueta.
— ¡No, Bella!—Rose chilló— ¡tienes que verte linda!
Bella rodó los ojos.
.
.
.
—Rose, déjalo ya. Dudo que me vea bien con esta cara—Bella se alejó de la brocha que Rosalie sostenía. Le estaba aplicando algo de rubor en las mejillas.
—Bella, por favor. ¿Enserio te sientes tan mal?
—Algo—Bella frunció los labios. Rosalie torció la boca y le acarició el pelo.
— ¿Le dijiste a Jessica?
—Sí, pero dice que quiera que vaya. Que haga el esfuerzo—Bella respondió—entonces iré. Al menos un rato.
Rosalie sonrió y aplaudió.
— ¡Genial! Entonces déjame terminar.
Por la mañana, Bella había despertado con dolor de estómago. Se tomó una pastilla y se fue a la escuela pero no tardó en vomitar. Le había dicho a Jessica que se sentía mal y que no creía poder ir a su fiesta. Jessica le ordenó que fuera, la quería ahí. Era su nueva amiga.
Entonces, después de salir de clases, Rosalie fue a casa y trajo sus cosas a la casa de Bella, para alistarse juntas. Bella seguía indispuesta pero decidió que le daría el gusto a Jessica y también a sus amigos de ir.
— ¿Alice va a irse por su cuenta?—Bella le preguntó a Rosalie mientras se ponía la falda.
Al final, junto con Rose, decidió usar una falda negra con mallas debajo y un suéter color vino.
—No lo sé, no me dijo nada. Déjame preguntarle—contestó Rosalie, tomando su teléfono y llamándole.
Alice no respondió.
.
.
.
— ¡Ah, Jasper!—Alice gimió. Sus padres no estaban en casa y Jasper se había colado a su habitación. Jasper se había perdido entre las mantas y Alice lanzó la cabeza hacia atrás.
Jasper desanduvo el camino, besándole el cuerpo y al final la besó en los labios. Alice no se inmutó por probarse en la boca de Jasper.
Entonces, Jasper se enterró en ella.
.
Se quedaron tumbados en la cama un rato y después Alice lo corrió.
—Tengo que estar lista para la fiesta de Jessica, Jasper.
— ¿Y eso qué?—él se acercó y le besó el cuello—no hay que ir.
—No, no, no. Andando—le dio un ligero golpe en el brazo.
Jasper masculló algo ininteligible y comenzó a vestirse. Alice se enredó en su bata y fue a preparar la ducha.
—Cierra la puerta cuando salgas—le dijo. Jasper se puso los anteojos y la miró feo. Ella desapareció en el baño.
No podía enojarse con ella. Era demasiado tierna y dulce como para decirle que se callara o gritarle. Jasper suspiró, terminando de acomodarse la ropa.
.
.
.
Cuando Rosalie y Bella estuvieron listas, partieron hacia la fiesta.
—Quien diría que Rosalie Hale se subiría a mi vieja y espeluznante camioneta—Bella comentó mientras el motor irrumpía el sonido de la noche.
Rose rodó los ojos mientras se abrochaba el cinturón.
—Cállate y conduce.
Ya había unos cuantos carros en la casa de Jessica. El jeep de Emmett y el auto de Alice ya estaban ahí.
Entraron después de que Jessica les abriera la puerta. Rosalie le tendió un regalo y Jessica la abrazó.
— ¿Cómo te sientes, B?
—Mal—Bella medio sonrió—pero estoy aquí, ¿no? Es lo que importa.
—Muchas gracias por venir, Bella—Jessica la abrazó y le besó la mejilla.
Dentro de la casa, había música y algunos chicos andaban paseándose por ahí. Rose y Bella se dedicaron a buscar a Alice o a Emmett. Estaban en la cocina. Sirviéndose tragos. Emmett había traído a Jasper y Alice había venido por su cuenta.
—Rose, ¿vas a tomar algo?—Emmett le preguntó, después de darle un beso.
—Cerveza está bien.
Bella se aproximó a servirse agua en un vaso.
— ¡Bella bebiendo agua! ¿Quién diría que este día llegaría?—Emmett se rio.
—Cierra la boca, tarado. No soy una alcohólica.
—No como otros—Jasper sonrió, bebiéndose todo el contenido del vaso de un trago.
—Vamos afuera. Jessica dijo que podemos estar en el jardín también—dijo Alice.
Comenzaron a salir de la cocina y Jasper detuvo a Alice, tomándola del brazo.
— ¿Ali?
— ¿Qué pasa, Jazz?—ella preguntó. Sosteniendo su vaso rojo con la otra mano.
— ¿Puedo preguntarte algo?
Alice frunció el ceño y giró todo su cuerpo hacia él.
— ¿Qué cosa?—le entrecerró los ojos.
Jasper meneó la cabeza.
— ¿Qué es lo que estamos haciendo? Me refiero a… ¿qué somos?
Alice sonrió. Insegura de qué contestar. No quería una relación. Estaba tranquila y en paz sola, no quería arriesgarse a perder a Jasper por algo de lo que no estaba segura si funcionaría.
—Somos amigos, Jasper. ¿Ok?—Ella alzó las cejas, expectante.
Jasper sintió que lo habían pateado en el estómago.
—Ok.
Alice se rio.
—Andando, vamos con ellos—lo tomó de la mano y salieron al jardín.
.
Claramente, Edward había sido el último en llegar y cuando llegó el baile ya había comenzado. Bella no se sentía bien y los pocos tragos de agua que había bebido parecieron sentarle mal. Aun así, Rosalie la sacó a bailar. Con cada movimiento que daba, sentía que el estómago se le desprendía y daba vueltas en su tronco. La multitud se hizo mayor y se estaba sintiendo peor.
Otros gritos se les unieron y personas mayores comenzaron a llegar al lugar.
— ¿Quién es toda esta gente?—Alice murmuró, confundida.
—Deben ser los amigos de Jessica. Sale con un hombre mayor, ¿recuerdas?—Emmett dijo.
—Sip, definitivamente—Edward señaló hacia un punto y siguieron su mirada. Jessica se estaba besando con un hombre.
Los amigos del novio de Jessica hicieron del lugar todo un alboroto, ellos, combinados con la emoción de los jóvenes de Forks High, hicieron que Bella se sintiera aun peor. Se vomitó encima.
— ¡Bella, Dios mío!—Alice corrió hacia ella, tomando una servilleta de la mesa de jardín y pasándosela. Le alejó el cabello de la cara—¡no puede ser! Bella, creo que deberías ir a casa, ve al hospital—la frente de Alice estaba fruncida en preocupación.
Bella estaba intentando limpiarse la ropa cuando Jessica llegó.
— ¡Ay por Dios, Bella!—chilló—vamos a mi habitación. Tal vez te quede una blusa mía.
Alice las acompañó. No se fiaba de Jessica Skankley.
—Lo siento tanto, Bella—Jessica le dijo mientras Bella se cambiaba de ropa—te obligué a venir. Deberías estar en tu cama.
Alice recogió la ropa de Bella del piso.
—No te preocupes. Estoy bien—Bella se alisó el cabello.
—Toma—Jessica le tendió un cepillo de dientes nuevo. Bella medio sonrió y se fue al baño.
—Dame la ropa. La pondré a lavar y en la secadora—Jessica le dijo a Alice.
Cuando estuvieron solas, Alice miró a Bella.
—Ve a casa, Bells. Dile a Charlie.
—Estoy bien, Ali. Enserio. Vamos abajo.
La tomó de la mano y salieron rumbo al jardín. El alboroto era peor. Algunos chicos de Forks High habían saltado a la piscina -¿quién rayos tenía una piscina en Forks?-y los amigos del novio de Jessica estaban fumando por todo el lugar y haciendo un espectáculo similar a una orgía.
—Nena, ¿estás bien?—Edward tomó el rostro de Bella entre sus manos.
Bella le sonrió.
—Sí, estoy bien.
Alice les había contado lo sucedido.
Durante un rato más, Bella bailó y esperó a que Jessica viniera pero ella estaba demasiado ocupada besándose con su papá-novio-lo que fuera.
Bella fue a sentarse y Edward la acompañó.
—Déjame llevarte a casa—le dijo.
Bella meneó la cabeza.
—Traje la camioneta. Puedo ir yo sola.
—Es tarde.
Bella rodó los ojos.
—No importa. Estoy bien. No voy a estrellarme contra un poste ni me van a matar. ¿De acuerdo?
Edward insistió todo el tiempo y después de despedirse de sus amigos, que la abrazaron, fue a despedirse de Jessica. Ella le pidió disculpas otra vez y los acompañó a la puerta.
—Puedo irme contigo—Edward ofreció.
—No, quédate. Disfruta la fiesta.
Edward hizo una mueca.
—No quiero ser una aguafiestas, ¿sí? ¿Por favor?
Edward la acompañó hasta su camioneta y cerró la puerta.
—Nos vemos—Bella le dijo y se estiró para besarlo ligeramente. El movimiento hizo que el estómago se le revolviera. Se alejó antes de vomitarlo encima.
—Con cuidado. Te quiero.
Bella sonrió.
—Yo también te quiero.
.
.
.
Cuando Bella llegó a casa, Charlie ya estaba en su habitación, probablemente dormido, así que fue hasta la de ella y se dejó caer en la cama. Completamente vencida y enferma.
Se quedó dormida al instante.
Por la madrugada se despertó, seguía sintiéndose mal y alcanzó el baño antes de vomitar en el piso y hacer un desastre.
Se quedó sentada un rato ahí, por si las ganas de vomitar volvían. Estaba quedándose dormida cuando la mano se le resbaló y cayó dentro del inodoro.
— ¡Ay, maldición!—se levantó lo más rápido que pudo y fue a lavarse las manos hasta los codos.
Volvió a su habitación, cerciorándose de dejar el bote de basura cerca por si tenía que vomitar otra vez.
.
No volvió a vomitar y despertó a las 9:30 de la mañana. Se quedó tirada en la cama, demasiado insegura de levantarse y vomitar otra vez. Sentía el estómago vacío y con un dolor ligero. Tal vez ya se le estaba pasando. Tomó su celular y vio que Rose le había enviado un mensaje a las 12:30, preguntándole cómo estaba.
Creo que estoy mejor, respondió.
Entonces quiso levantarse para ir a decirle a Charlie que estaba enferma y que necesitaba que el médico la checara cuando recordó que había dejado su ropa en casa de Jessica.
¿Tal vez podría ir allí antes de decirle a Charlie? ¿Qué tan bien se sentía?
Se puso de pie lentamente, temiendo que con el movimiento su estómago despertara y decidiera que era buen momento para vomitar.
Nada pasó.
Seguía usando la ropa de ayer, así que fue hasta su armario y se quitó la blusa de Jessica, tirándola sobre la cama. Se puso unos jeans negros y rotos y sus viejos Converse, una blusa blanca rasgada-que ella misma había estilizado-y tomó su chaqueta. Afuera estaba frío.
Fue al baño, se lavó la cara-aunque su semblante enfermo no cambió mucho-y los dientes.
Una vez que estuvo lista salió de su habitación tomando la blusa de Stanley, buscó a Charlie. Su padre no estaba, le había dejado una nota.
Bella, fui a La Push a visitar a Harry. Vuelvo pronto.
Bella recordaba vagamente a Harry Clearwater, un hombre canoso que amaba el pescado frito.
Bella salió de la casa y entró a su camioneta. Iría rápidamente a la casa de Jessica y después iría por su cuenta al hospital. Charlie seguro se la estaba pasando bien en la reservación como para llamarlo y arruinarle el festejo.
Bella aparcó lejos de la casa de Jessica. Al parecer, el vecino estaba teniendo una barbacoa y los invitados habían invadido la calle con sus autos.
Se bajó y caminó hacia allá. Estaba a punto de llegar cuando la puerta se abrió. Se quedó de piedra y rápidamente se escondió tras la cerca del vecino. Viendo a través de los agujeros.
Edward estaba saliendo de la casa de Jessica. Ella lo había acompañado hasta la puerta y estaba sonriéndole.
Él le dijo algo.
Ella le respondió, aun sonriendo.
El mundo de Bella se derrumbó. ¿Qué estaba pasando ahí, exactamente?
Las náuseas se abrieron paso y Bella tragó.
Edward se dio la vuelta y se fue. Caminando por la acera, hasta su auto. Jessica cerró la puerta.
No se había ido. Había pasado la noche ahí.
Bella gateó y se escondió tras un arbusto. El Volvo pasó por la carretera y ella esperó a que se perdiera en la esquina de la calle.
Se quedó ahí un rato, sobre sus rodillas. Desconcertada y asustada. Se enojó, apretó la blusa de Jessica entre sus manos. Bella se levantó torpemente hasta llegar a la puerta y tocó el timbre. Quería vomitar. Tal vez podría vomitar en la cara de Skankley.
Alice se lo había advertido.
La intrusa abrió y sonrió abiertamente. La sorpresa pasó por sus ojos por un instante pero se pudo componer.
— ¡Bella!—la saludo, nerviosa—¿qué haces aquí?
Bella no podía sonreírle de vuelta.
—Vengo por mi ropa. Toma—le tendió la blusa de mala manera—no la lavé—dijo. Su tono era cortante.
Jessica borró la sonrisa.
—Está bien. Estaba a punto de ir a tu casa a regresártela pero me entretuve con algo—murmuró y miró sus pies.
¿Si, verdad, perra? ¿Te entretuviste cogiendo con mi novio?, Bella pensó.
Jessica alargó la mano y tomó la ropa de Bella de la mesa.
—La tenía justo aquí—sonrió con los labios apretados, pero la sonrisa no le llegó a los ojos. Bella le quitó la ropa de las manos.
Se miraron por un momento. Jessica no le sostuvo la mirada. Bella se enojó aún más. Estaba… no sabía cómo sentirse, quería vomitar, el lugar daba vueltas, tenía un vacío en el pecho.
— ¿Por qué Edward estaba aquí?
Jessica desvió la mirada.
—Bella…—dijo meneando la cabeza—lo siento… no debí—se ahogó con sus palabras.
—No—dijo Bella, tajante—no lo sientes.
Jessica iba a hablar pero se quedó callada.
—Eres una perra, ¿sabías?—Bella le gritó.
Jessica frunció el ceño, enojada.
—Debiste haber sabido que podía suceder.
Bella le volteó la cara dándole una bofetada. Se dio la vuelta, caminando rápido, tratando de alejarse de ahí lo más pronto posible.
En un abrir y cerrar de ojos, su vida había cambiado. Se lo advirtieron y no prestó atención.
Llegó a la camioneta, abriendo y cerrando la puerta fuertemente. Arrojando la ropa a un lado.
Se mordió el labio, ahogando las lágrimas que ya le nublaban la mejilla. No era justo. Edward le había dicho que podía confiar en él, que ella era su novia ahora. Le había dicho que la quería y que iba a esforzarse.
¿Esforzarse para qué? ¿Para perderla?
Pisó el acelerador, tratando de llegar rápidamente a su destino.
Se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y fue a tocar el timbre. Pasaron unos segundos. Cruzó los brazos, sosteniéndose a ella misma y apretándose el estómago, que insistía en devolver todo lo que no había comido.
La puerta se abrió.
Ahí estaba él. Tan guapo, tan alto, tan…, resultaba extraño como su cara ya no resultaba tan inocente.
Edward había roto su promesa, la promesa que nunca debió de haber hecho.
—Hola, ¿qué haces aquí?—él dijo. Frunció el ceño al percatarse de que había llorado y de su estado deplorable.
No toleraba escuchar su voz, su voz llena de secretos, de su pequeño y terrible secreto.
—Fui a casa de Jessica a recoger mi ropa—Bella respondió.
Edward no dijo nada. Ni siquiera la miró.
— ¿Quieres pasar?—le preguntó.
Bella suspiró temblorosamente, entre sus labios entreabiertos.
— ¿Por qué, Edward?—dijo.
Él volvió a desviar la vista. No habló. Era un puto cobarde.
El estómago se le volvió a revolver. Estaba a punto de vomitar. Ni siquiera quería saber lo que habían hecho, no iba a poder con esa información.
—Dijimos…—se le quebró la voz—dijimos que no habría nadie más. Me lo dijiste.
Edward metió sus manos a los bolsillos de su pantalón. Tenía la misma ropa. Jessica seguía estando sobre él. Bella cerró los ojos fuertemente.
—Bella… lo siento.
— ¿Cómo pudiste hacerlo?—Bella estaba susurrando. Ya no tenía fuerzas para más. Se le escapó una lágrima.
—No me acosté con ella, Bella.
Bella frunció el ceño.
— ¿No te acostaste con ella?
—No. Sólo la besé.
Bella se miró los pies. Podía imaginarlos, sus labios sobre los de ella, sobre su cuello, tocándola, sujetándole el cabello.
Bella se dio la vuelta e intentó irse.
Edward la detuvo, sujetándola del brazo.
—Bella, no… no te vayas.
Ella lo miró, incrédula.
—Estás jodido, ¿sabías?—se sacudió su brazo de encima y corrió hacia su camioneta.
Edward se quedó ahí, de pie, no intentó seguirla. Bella soltó un sollozo mientras encendía la camioneta.
Tuvo que detenerse más adelante, salió a tropezones y se hizo el pelo hacia un lado. Vomitó sobre sus Converse y en el suelo. Se limpió la boca con el dorso de la mano y trató de respirar profundamente pero no pudo, los sollozos se lo impedían.
Desde que Edward lo había admitido, no podía sacárselo de la mente. Podía imaginárselos. ¿Acaso tuvo que pedirle a Edward que fuera con ella? ¿Qué dejara la fiesta para que eso no pasara? Tal vez si lo hubiera hecho, lo hubiera impedido.
Se quitó los tenis y los dejó ahí tirados. El suelo estaba frío y húmedo. Se tiró ahí, mirando el cielo gris. Se cubrió la cara y gritó. Con todas sus fuerzas.
No podía respirar sin Edward, pero iba a tener que hacerlo.
.
.
.
Cuando llegó a casa, Charlie ya estaba ahí. La casa olía a pescado frito y el estómago se le volvió a revolver.
Charlie estaba en la cocina.
— ¡El pescado frito de Harry sigue siendo un éxito en la reservación!—dijo alegre, su voz se escuchaba más cercana—traje un poco para que lo pruebes.
Charlie estaba sonriendo y se estaba limpiando las manos en un trapo. La sonrisa se le borró cuando vio a Bella.
— ¡Bells!
Bella soltó un sollozo y lo abrazó. Charlie estaba asustado.
— ¡¿Bella, qué ocurre?!
Charlie logró que Bella quisiera ir a la sala, se sentaron. Charlie le estaba quitando algunas ramas del cabello.
—Dime qué es lo qué pasa. Llegas aquí, llorando, sucia, descalza. Bella, dime qué sucede.
—Es Edward, papá—dijo entre sollozos—me engañó—Bella volvió a refugiarse en los brazos de Charlie. Él la abrazó de vuelta y recostó su mejilla en la cabeza de Bella.
—Está bien, hija. Estoy aquí. Estoy aquí.
…
Si...eh...bueno...esas cosas pasan.
Espero sus comentarios.
