Capítulo 24

Desvío imprevisto

Las horas siguientes fueron un suplicio para Rojo, el cual no sabía muy bien qué hacer ni por dónde empezar. Salvo la foto con ese archipiélago grabado detrás no tenía nada más, y no sabía dónde podía estar Hoja ni el Team Rocket. Pensó en llamar a la Interpol para pedirles ayuda, pero enseguida lo desechó, puesto que no sabía cómo podría reaccionar Giovanni si se llegara a enterar, y tampoco podía arriesgarse a poner aún más en peligro a la chica. Por lo que sin muchas más opciones recogió sus cosas, dejando en la habitación las de Hoja, y partió hacia un destino incierto.

Estuvo dando vueltas por el pueblo, sin saber muy bien cómo proceder, y mirando detenidamente el grabado que había tras la foto; miles de preguntas le rondaban la cabeza, casi todas sin respuesta. ¿Cuáles eran esas islas? ¿Por qué Giovanni se tomaría la molestia de añadir un grabado así a la foto? Y lo más importante ¿dónde tenía a Hoja? Tan absorto estaba tratando de averiguar qué eran esas islas que no se dio cuenta de que había llegado al puerto, paseando al lado de los muelles de embarque y esquivando a la gente por puro instinto. Aunque en un momento dado se llegó a chocar con alguien, lo que le hizo reaccionar.

-Oh, lo siento, iba distraído…

-No pasa nada… ¡anda, Rojo, cuánto tiempo!

El aludido levantó la mirada en cuanto oyó esa voz tan familiar, descubriendo de quien se trataba.

-¡Ah, Bill! Igualmente ¿Qué tal te va todo?

-Bien, bastante bien, le estoy dando los últimos retoques a la tecnología de la transferencia, dentro de poco voy a hacer unas cuantas pruebas grandes y, de hecho, es posible que reciba ayuda de un colega mío al que voy a ir a ver ahora.

-Oh, ya veo… ¿y a dónde te diriges?

-A isla Prima, en las islas Sete, mi colega vive allí y va a partir un ferry dentro de pocos minutos… por cierto ¿tú también estás interesado en ir?

-¿Eh? ¿Por qué lo dices?

-Por el grabado que tienes ahí, esas son las islas Sete.

Ese comentario hizo reaccionar al chico, el cual miró al grabado con interés.

-Entonces estas islas son…

-Así es, las islas Sete, es un archipiélago que está a unas cincuenta millas de aquí. Forman parte de la jurisdicción japonesa pero tienen su propia administración.

Por un momento Rojo se quedó callado, sopesando esa nueva información; teniendo eso en cuenta, que estuviera ese grabado en el reverso de la foto le daba que pensar, ya que parecía ser de por sí una pista. ¿Acaso le estaba diciendo Giovanni que se dirigiera allí? Eso parecía, puesto que no se le ocurría qué otra cosa pudiera ser. Fuera lo que fuera lo que estuviera tramando ese desgraciado tenía algo que ver con esas islas, y puede que con suerte pudiera averiguar algo más acerca del paradero de Hoja.

Por otro lado estaba el hecho más que indiscutible de que ya no le daría tiempo a conseguir todas las medallas; aunque todavía quedaban unos cuatro días mal contados, el desviarse ahora del viaje hacia las islas equivaldría de forma segura a perder el poco tiempo que le quedaba, dejándole sin opciones. Sin embargo no lo pensó más puesto que ya lo había decidido antes. Iría a rescatar a Hoja, a detener a Giovanni, estuviese donde estuviese, y frustrar cualquier tipo de plan que estuviera tramando. Mentiría como un bellaco si dijera que no le dolía perder la oportunidad de participar en la conferencia de ese año, pero las circunstancias le obligaban a tomar una decisión, y en esos momentos tan delicados lo más importante era recuperar a Hoja de las garras de ese delincuente.

Aunque por otro lado estaba ella en sí. Resultaba curioso, a la par que chocante, que durante todo el tiempo pasado juntos desde que eran pequeños Rojo no se hubiera percatado de sus propios sentimientos hacia la chica. Antes ni siquiera lo pensaba, pero desde que salieron de viaje y comenzaron a recorrer la prefectura en compañía de sus pokémon, podía notar que algo había cambiado en él con respecto a eso. Incluso el recordar todo lo que habían pasado juntos, como el bache que tuvieron y su posterior reconciliación, le ayudaba a verlo con más perspectiva. Aunque no lo pareciera, esos sentimientos siempre habían estado ahí, de alguna forma u otra, pero no había sido hasta ese mismo instante cuando reparó en ellos, y en lo especial que era Hoja en su vida. Incluso ahora pudo ver que había tenido una oportunidad perfecta aquella vez en el centro pokémon de ciudad Azafrán, pero debido a sus dudas e inseguridades había cortado así sin más a la chica, dejándola con la miel en los labios y sin poder expresar sus sentimientos hacia él. Viéndolo en retrospectiva el detalle le dolía especialmente, y más ahora, cuando entendía la razón de sus palabras.

-He sido un idiota… ojalá puedas perdonarme, Hoja-pensó el chico desde lo más profundo de su mente.

Sin embargo no había tiempo para lamentarse por lo sucedido; ahora su cometido era rescatar a Hoja, y si había que ir a esas islas para ello, iría allí y a donde hiciera falta. Dibujó un gesto decidido en su cara, se recolocó su gorra con mirada segura y murmuró.

-Sí, tengo intención de ir.

-Genial, en ese caso vente conmigo, así el viaje será más ameno.

Rojo aceptó su oferta y le siguió hasta uno de los muelles situados en el extremo suroeste del puerto, donde un ferry con un diseño moderno y vanguardista se encontraba atracado. Lo abordaron a no más tardar y, a los pocos minutos de hacerlo, el ferry largó amarras y se puso rumbo hacia el sur, cortando el mar a una velocidad vertiginosa.

-¡Vaya, qué velocidad!-exclamó Rojo, asombrado.

-Sí, de hecho no se le llama Surcamar Veloce por nada, este ferry es uno de los tantos que cubren la ruta entre Kanto y las islas Sete, hay varios como este y hacen escala en todas las islas, siguiendo una ruta prefijada-explicó Bill.

-Ya veo…

-Y cuéntame Rojo ¿qué tal el viaje? ¿Ya tienes todas las medallas?

Ante esa pregunta el chico se tensó un poco, pero procuró que no se le notara demasiado.

-Eh… no, todavía no…

-Oh ¿y cómo así? Si mal no recuerdo la conferencia será dentro de nada…

-Sí, lo sé, pero un asunto me ha retenido.

-¿Por eso vas a las islas?

-Sí, espero poder resolverlo enseguida.

-Entiendo… por mi parte me dirijo a ver a un colega, como bien te dije antes, es universitario como yo y está trabajando en una máquina de redes con la que se puede realizar algo parecido a mi tecnología de la transferencia, pero de forma más local y no tan amplia. No me contó todos los detalles, por eso voy a verlo.

-Suena interesante…

-Sí, desde luego, a mí también me dejó un tanto intrigado, a ver qué me cuenta. Ah, por cierto, tengo algo para que lo pruebes, lo hice pensando en los entrenadores como tú-comentó entonces Bill, revolviendo en su bolsa.

Justo después sacó de la misma una especie de dispositivo con forma de ratón de ordenador, pero mucho más estilizado y grande. Era de color azul y blanco, y tenía un pequeño sensor rojo en la parte superior, por detrás tenía un pequeño broche para sujetarlo a alguna superficie blanda.

-Anda ¿y qué es?-inquirió Rojo, curioso.

-Yo lo llamo buscapelea, detecta en un radio de cinco kilómetros actividad neurofísica y señala con un rayo láser a personas o pokémon que tengan intenciones de luchar contra ti. Es sólo un prototipo, he pensado que le podrías dar un poco de rodaje para ver qué tal funciona.

-Está bien, lo probaré y ya te contaré.

Para tenerlo más a mano Rojo decidió colocarlo en el asa izquierda de su mochila utilizando el broche trasero que tenía.

El viaje siguió su rumbo durante un buen par de horas, navegando rápidamente, hasta que finalmente llegaron a su destino en torno a la hora de comer. El ferry atracó en el puerto de isla Prima, una estrecha pero alargada isla con algo más de cincuenta y tres kilómetros cuadrados que discurrían por terrenos llanos al sur y algo más escarpados al norte, previos a una ensenada que separaba el monte Ascuas del resto de la isla, un gran volcán que la dominaba desde el norte. El pueblo en sí era más bien pequeño, más incluso que Paleta o Lavanda, enclavado en una llanura con abundantes depresiones y cercano a una pequeña pero pintoresca playa al sur de la localidad.

Nada más desembarcar se dirigieron directamente al centro pokémon, el cual era particularmente distinto al resto de los que había llegado a ver en Kanto, siendo más grande en anchura y no tan alto como los de las grandes ciudades. Lo primero que hicieron en cuanto llegaron fue pedir una habitación, descubriendo entonces que ese centro pokémon tenía habitaciones separadas en vez de compartidas, como en la gran mayoría de centros en los que él había estado.

-Hola, buenos días, dos habitaciones por favor-pidió Bill.

-Por supuesto, tengo dos contiguas, la veintitrés y la veinticuatro-anunció la enfermera jefe.

-Nos las quedamos.

-¿No son habitaciones compartidas?-inquirió Rojo, extrañado.

-No, son todas individuales, así aprovechamos mejor el espacio al no tener pisos superiores, ya que la normativa de construcción vigente no permite tener más de un piso de altura por cuestiones estéticas.

-Oh, ya veo.

-Una pregunta ¿sabe si está Celio, por un casual?-inquirió en ese momento Bill.

-¿Celio? Sí, por supuesto, se encuentra ahora mismo en el salón, con su máquina.

-Vale, muchas gracias.

Una vez que tuvieron las llaves se dirigieron primero al salón, el cual era particularmente grande y espacioso, aunque lo que más destacaba nada más entrar era una enorme máquina que ocupaba al menos una cuarta parte del mismo, situada en la esquina superior derecha y al lado del bar. Junto a ella había un chico joven, de la misma edad de Bill, de pelo castaño claro muy bien peinado y ojos claros tras unas gafas ovaladas. Vestía con una camisa a cuadros azul, unos vaqueros azul marino y unos pulcros zapatos marrones. Se encontraba visiblemente concentrado, manipulando la máquina mediante un panel de mandos con pantalla, teclado y un moderno ratón de bola.

-¡Celio!-le llamó Bill de golpe.

El aludido se dio la vuelta y, en cuanto vio a Bill, sonrió ampliamente y exclamó.

-¡Hombre, Bill, cuánto tiempo!

Ambos universitarios se saludaron dándose un efusivo abrazo, llegando a darse sendas palmaditas en la espalda.

-¿Qué tal estás, cómo va todo por la gran ínsula?

-Bueno, no me quejo, la tecnología de la transferencia va avanzando, voy a hacer una prueba grande como ya te dije, espero que puedas ayudarme.

-Por supuesto, cuenta con mi ayuda, aunque espero que tú también puedas echarme un cable, tengo un gran proyecto entre manos que requiere una mente como la tuya.

-Por supuesto, a ver qué puedo hacer… así que esta es la máquina…

-Así es, mi máquina de redes, hasta ahora he hecho pequeñas pruebas desde aquí hasta mi casa y tiene potencia suficiente como para que los envíos lleguen sin apenas retraso.

-Vaya, nada mal…

-Desde luego, pero sé muy bien que podría dar mucho más de sí si la diera un buen impulso…

Antes de que Celio pudiera decir nada más se quedó callado al ver a Rojo, lo que Bill aprovechó para hacer las correspondientes presentaciones.

-Ay, sí, perdona. Celio este es Rojo, un entrenador pokémon amigo mío. Rojo, este es Celio, un compañero informático amigo mío.

-Ah, encantado-murmuró Celio, dándole la mano.

-Igualmente-hizo lo propio Rojo.

-Bueno ¿Qué te parece si me cuentas más mientras vamos a comer?

-Oh, sí, buena idea, tengo hambre, no me comido nada en toda la mañana…

Los tres se dirigieron al comedor, el cual lucía vacío y solitario, aun a pesar de que ya era la hora de comer; en contrapunto se pudieron sentar donde quisieron, haciendo suya la mesa y comiendo tranquilamente mientras hablaban de todo un poco, aunque los que más hablaban eran Celio y Bill, sobre todo de sus propios proyectos.

-Entonces ¿en qué habías pensado exactamente?-inquirió Bill.

-Ya sé que va a sonar una locura, pero mi idea original no sólo es conectarme contigo en Kanto, sino ir más allá.

-Mmmh, suena prometedor, aunque… ¿cuánto es más allá?

Por un momento Celio se quedó callado, como si le diera reparo decirlo, pero finalmente miró a su compañero con mirada decidida y anunció.

-De aquí hasta Hoenn.

Eso tomó por sorpresa a Bill, el cual no pudo evitar derramar un poco de los fideos que se estaba tomando sobre su bol.

-¿¡Hoenn?! Pero… eso es técnicamente imposible, hasta ahora sólo he podido cablear casi toda Kanto, y suerte he tenido en ampliar la línea hacia aquí, pero Hoenn… está a más de cien millas de distancia, Celio, además, no le puedes pedir peras al olmo, internet no es tan grande.

-Por ahora ¿pero qué te dice que de aquí a varios años no se desarrollará lo suficiente como para abarcar más terreno? ¿Te imaginas poder conectarnos con todo el mundo a través de una red que no use cables? ¡Sería espectacular!

-¡Por supuesto que lo sería, y eso expandiría mi tecnología de la transferencia hasta niveles estratosféricos, pero por ahora la cosa no da para más y lo sabes!

-Ya, ya…

-Aunque me extraña ¿Hoenn? ¿Cómo es que te ha dado por irte tan lejos?

-Porque conozco a una chica que trabaja allí, la cual está haciendo sus pinitos en el campo de la ingeniería computacional, y lo cierto es que apunta maneras, yo creo que te interesaría contactar con ella, quien sabe si quizás más adelante pueda ayudarnos…

-Puede, aunque primero necesitaría algunas señas…

-Se llama Nereida, tiene veinte años, vive a las afueras de pueblo Pardal y es toda una entendida en su materia. También tiene una hermana pequeña de quince años de nombre Aredia que también apunta maneras.

-Bueno, de momento parece interesante, si puedes pasarme su número lo consideraré.

-Sí, descuida.

Durante toda la conversación Rojo había estado en silencio, escuchando, ya que no tenía nada que aportar al respecto y apenas entendía gran cosa de ordenadores, aunque algunos detalles le llegaron a llamar la atención. En cuanto tuvo la ocasión llegó a comentar.

-Celio ¿puedo hacerte una pregunta?

-Ah, sí, claro, dime.

-Antes dijiste que tu máquina de redes podría funcionar aún mejor si se la diera un buen impulso… ¿a qué te referías?

Esa frase dejó un tanto chocado a Celio, el cual esbozó una sonrisita, al tiempo que decía.

-Vaya, un chico perspicaz…

-Sí, bueno, el caso es que me llamó la atención…

-Me agrada que te hayas dado cuenta, además, tiene que ver con mi ambicioso proyecto de expandirme hasta Hoenn.

-Hablas de la prefectura de Hoenn, la que está al suroeste de aquí ¿no?

-La misma… ya sé lo que me vas a decir, Bill, tranquilo-murmuró Celio en cuanto vio que el aludido iba a comentar algo.

-No, es que te conozco y sé que te vas a obsesionar cuando hasta tú mismo sabes que técnicamente es inviable…

-Ya lo sé, pero un hombre puede soñar ¿no?

-Sí, eso sí, pero no sueñes muy alto, que más dura será la caída…

-Qué agradable…

-Sí, y realista, y lo sabes.

Aun así Celio ignoró ese comentario, retomando el hilo rápidamente.

-Pero bueno, el caso es que la idea de una comunicación sin cables lleva rondando por el imaginario popular de los que somos expertos en los ordenadores y la electrónica de un tiempo a esta parte. Hasta ahora el ordenador más potente no es capaz de comunicarse con otro si no es mediante el uso de cables, y por ahora los datos que intercambian entre sí son muy grandes y pesados como para poder transformarlos en ondas que viajen por el aire, que es lo que muchos informáticos teorizan. Mi máquina de redes es lo suficientemente potente como para comprimir los suficientes datos, pero no para enviarlos a un terminal cercano, y mucho menos transformarlos en ondas…

-¿No te estás columpiando mucho ahí? Lo más potente hasta el momento lo tiene Intel con su ASCI Red-murmuró Bill, escéptico.

-… al menos no con la potencia actual. Pero imagínate si pudiera acceder a una fuente de energía aún mayor que le ayudara a aumentar sus procesos y mejorar el rendimiento.

Ante eso tanto Rojo como Bill fruncieron el ceño, extrañados por esa frase.

-¿A dónde quieres llegar a parar?-inquirió Bill, ceñudo.

-Ah, ahora te interesa…

-Oh, vamos, no te hagas el interesante que no te pega…

-Bueno, satisfaré tu curiosidad, que sé que lo estás deseando.

Bill tan solo rodó los ojos con gesto cansado, al tiempo que Rojo se reía, divertido; por su parte Celio retomó la historia.

-Veréis, hay una vieja leyenda que se cuenta aquí, en islas Sete, la cual se dice que está relacionada con otra mucho más antigua originaria de la prefectura de Hoenn. En dicha leyenda aparecen dos piedras preciosas de gran poder que irradiaban una energía sin parangón, de las cuales se dicen surgieron otras dos más pequeñas que sirvieron como contenedor de una pequeña parte del gran poder que las originales contenían. De esta forma el rubí y el zafiro nacieron, cada uno de su correspondiente piedra, y ambas joyas se dispersaron por la tierra para no ser encontradas nunca más. Se dice que esas joyas están aquí enterradas en algún lugar de las islas Sete, pero su localización sigue siendo todo un misterio. Imaginaos de lo que seríamos capaces de hacer con esas piedras, quizás su energía natural sea lo suficientemente potente como para dar a la máquina de redes el último empujón que necesita.

-Ya, vale, todo eso está muy bien, pero te olvidas que se trata de una leyenda, y las leyendas no suelen tener una base real particularmente sólida…-murmuró Bill, no muy interesado.

-Ya, ya lo sé, pero imagínate por un instante que esas joyas existen y están en algún lugar de este archipiélago. Si pudiera encontrarlas y usarlas en pos del adelanto y conocimiento científico, daríamos un paso enorme en la ingeniería computacional.

Sin embargo, aunque Bill apenas se mostró particularmente atraído, a Rojo le llamó mucho la atención esa somera pero interesante historia. No sabía mucho acerca de los mitos y leyendas de la prefectura de Hoenn, pero si en un principio ésta en concreto se encontraba ligada a las de allí, es que algo de cierto debía tener. Aun a pesar de que Japón estaba compuesto mayoritariamente por islas, seguía siendo un país bastante grande, y además este hecho le daba de por sí una conexión especial, ya que el agua y los océanos siempre han sido unos elementos importantes en los mitos y leyendas no sólo de Hoenn, sino de todo Japón.

Después de comer decidió investigar por su cuenta, visitando el pueblo y buscando a alguien que le pudiera ampliar un poco más la escueta historia que Celio les contó. También aprovechó un poco para indagar acerca del paradero del Team Rocket, preguntando a la gente de por allí si habían visto personas sospechosas recientemente. Nadie supo darle una respuesta concreta, aunque en un club de montaña cercano un montañero llegó a decirle algo sustancial.

-¿Hombres sospechosos, dices? El caso es que hace cosa de una semana llegué a ver dos tipos vestidos de negro por las inmediaciones del monte Ascuas…

-¿De veras? ¿Y por dónde los vio exactamente?

-Estaban remoloneando por la parte baja de la ladera del volcán, cerca de la cara sur. No pude verles muy bien, pero parecían estar buscando algo cerca de la pared.

-¿Recuerda algo más, sabe si llegaron a hacer algo relevante?

-No, no especialmente, aunque me extrañó un poco su presencia ya que no parecían llevar el equipo adecuado como para subir la montaña. Los tomé por simples senderistas, a decir verdad.

Ese testimonio llamó gratamente su atención, ya que podría ser una posible pista que le pudiera llevar hasta ellos; que esos dos tipos de negro fueran soldados del Team Rocket era bastante probable, pero tampoco podía estar cien por cien seguro, y hasta el momento era su única pista disponible. Al parecer la población de las islas Sete, al vivir apartada de Kanto, no llegaba a enterarse de todo lo que iba ocurriendo en la gran ínsula, lo que provocaba algo de desinformación por su parte, ya que la gran mayoría de personas a las que preguntó no sabían quiénes eran los soldados del Team Rocket, teniendo que explicarles él mismo la situación. Incluso llegó a saber que esperaban con gran expectación a que la conexión entre Kanto y las islas Sete se hiciera pronto efectiva, siendo Celio y su máquina de redes un punto importante en ese sentido, ya que facilitaría una mejor comunicación entre ellos y el resto de Japón.

Por otro lado pudo saber un poco más acerca de esa vieja leyenda del rubí y el zafiro gracias a un anciano vecino de la localidad, el cual le amplió un poco más todo lo que sabía.

-Se dice que el rubí y el zafiro surgieron originariamente de otras dos joyas de mayor tamaño y poder, sirviendo como catalizador del mismo para evitar que las joyas madres sucumbieran, y así mantener en equilibrio el poder de las originales.

-¿Y se sabe cuáles son las joyas originales?

-Sí, son dos esferas que se encuentran celosamente guardadas en lo alto de una gran montaña en la lejana prefectura de Hoenn, por lo que yo sé.

-Y si esas joyas están a buen recaudo ¿cómo es que el rubí y el zafiro se acabaron perdiendo?

-Buena pregunta, no se sabe a ciencia cierta cómo se extraviaron ni cómo acabaron tan lejos de las joyas originales, pero como la leyenda ha perdurado hasta nuestros días, eso da base a pensar que algo de verdad hay tras la misma. Se dice que su poder es tan grande que incluso llegan a simbolizar dos grandes cualidades, el rubí el entusiasmo y el zafiro la honestidad.

-Entiendo… asumo que no se sabrá dónde estarán…

-Nada de nada, muchos han sido los que han explorado todo el archipiélago con el objetivo de encontrarlas, pero nadie ha conseguido dar nunca con ellas.

Aun a pesar de que no sacó mucho más en claro, Rojo se mostró un poco más satisfecho, aunque seguía con la mosca tras la oreja en cuanto al Team Rocket se refería, ya que en un archipiélago como ese donde apenas eran conocidos les sería mucho más sencillo pasar desapercibidos.

Sin que se diera cuenta siquiera el día comenzó a declinar y se tuvo que volver al centro pokémon sin apenas información; lo único que tenía era esa posible pista que el montañero le dio, siendo el monte Ascuas el siguiente lugar a comprobar. Pero como ya era muy tarde prefirió dejarlo para mañana, cenando de seguido y pasando el resto de la noche en el salón, dejando que el sueño le fuera venciendo poco a poco. En un momento dado sacó su estuche de medallas y las estuvo observando atentamente, mientras que retazos de cada batalla iban y venían de su mente.

Recordó el momento en el que pikachu se enfrentó al onix de Brock, siendo una pelea de lo más intensa y reñida; la gran defensa de sus pokémon era su gran punto fuerte, pero mediante técnica y una buena estrategia Rojo logró hacerse con la victoria. Aunque al principio le hizo pasar muchos apuros, el starmie de Misty fue derrotado por un especialmente inspirado charmander, demostrando su gran potencial en batalla y otorgando a Rojo su segunda medalla. Recordaba especialmente la batalla contra el raichu de Lt. Surge, en la cual pikachu volvió a destacar, esta vez con su nueva técnica de cola férrea, aprendida prácticamente de nacimiento, por así decirlo. Erika estuvo sin duda a otro nivel, y a partir de ella la dificultad fue aumentando de forma exponencial: no fue fácil, pero pidgeot logró derrotar a su vileplume de una forma impecable, llegando incluso a evolucionar y haciéndole ganar la medalla. Rojo no pudo evitar esbozar una sonrisa al acordarse de pidgeot ¿dónde estaría ahora? Aunque sus pensamientos giraron hacia el muk de Koga en cuanto vio la medalla pantano; no fue nada fácil, acabando con todos sus pokémon envenenados, pero articuno demostró la fuerza de un legendario y eso le confirió la victoria. Pero sin duda alguna fue la batalla contra Sabrina la más complicada y dura de todas las que había tenido hasta el momento, destacando sobre todo su temible alakazam, capaz de ponerle contra las cuerdas fácilmente. Sin embargo lapras demostró un gran potencial, logrando vencerle en el último minuto y dándole la medalla que más esfuerzo requirió usar para ganar. La batalla más reciente contra Blaine aún estaba fresca en su memoria, siendo charizard el que le hizo salir victorioso una vez más.

-Ah ¿esas son tus medallas?

Rojo alzó la vista y vio a Bill mirándolas con interés, a lo que el chico respondió someramente.

-Sí…

-¡Sólo te queda una! ¡Estás a un paso de participar en la conferencia! Aunque ¿Cuándo tienes pensado irte? Si mal no recuerdo empieza dentro de cuatro días…

Ante eso el chico se quedó callado, bajando la vista y ocultando su mirada tras la visera de su gorra. En un momento dado llegó a hablar con tono serio.

-No creo que vaya a participar este año…

-¿No? ¿Y cómo así? Aún tienes tiempo, si sales mañana a primera hora podrás plantarte en Kanto rápidamente.

Aun así el chico negó con la cabeza, murmurando de seguido.

-No, no puedo, tengo algo que buscar aquí… algo más preciado que una simple medalla.

Bill se quedó un tanto chocado por su respuesta, pero antes de que pudiera decirle nada más el chico se levantó y dijo de forma cortante.

-Me voy ya a la cama, buenas noches.

Rojo se fue rápidamente, dejando a Bill en el salón con la miel en los labios y una visible preocupación por el muchacho. Afuera una luna cuarto menguante coronaba el cielo, oculta tras varios jirones de nubes.


No se oía nada, no veía nada, no había nada. Un densa oscuridad se echaba sobre ella, impidiéndola pensar con claridad y notando un frío penetrante a su alrededor, helándola los huesos. Poco después sonidos apagados comenzaron a reverberar en su mente, haciéndola despertar de forma paulatina.

-Agh… ¿dónde… dónde estoy?

Hoja se reincorporó como pudo, notando su cuerpo algo entumecido; su visión comenzó a aclararse, permitiéndola ver mejor dónde se encontraba. Tanto el suelo como las paredes eran de metal, no había ventanas, y un banco de metal sostenido a la pared con cadenas era lo único que había en ese pequeño cuartito. Justo delante de ella vio unos barrotes que la separaban de un pasillo en penumbra, comprendiendo enseguida dónde se encontraba y notando cómo el miedo y la confusión comenzaban a apoderarse de ella. Echó mano de su cinto tan solo para comprobar que no tenía sus pokémon consigo, dándola más motivos para ponerse aún más nerviosa.

-No… no puede ser… ¿dónde estoy? ¡Socorro! ¡Ayuda, por favor! ¡Rojo!

Sus palabras resonaron por todo el pasillo y su celda, sin ser oídas por nadie más, aparentemente. La chica se levantó y se acercó a los barrotes, agarrándose a ellos y tratando de ver algo más en la oscuridad. En ese mismo instante pudo oír unos pasos acercándose hasta que finalmente una figura surgió de entre las sombras, asustándola.

-¡Ah! ¿Quién es usted? ¿Por qué estoy aquí, qué está pasando?

Aun a pesar de la oscuridad que la envolvía, pudo notar como la figura esbozaba una satisfecha sonrisa, al tiempo que hablaba por primera vez.

-No es necesario que chilles, nadie vendrá a buscarte.

-¿Qué? ¿Quién es usted?

-Oh, eso no es lo importante, después de todo conocer a gente está sobrevalorado. Pero aun así eso puede llegar a ser contraproducente ¿no crees? Por ejemplo, si hubiera podido llegar a conocerte antes, Hoja, las cosas hubieran sido muy distintas.

-¿Cómo sabe mi nombre?

-Oh, yo lo sé todo de ti. Y es por eso por lo que ahora estás aquí.

Justo después la figura avanzó un poco más, dejando que la luz proveniente del otro lado del pasillo le llegara a iluminar y revelándose ante ella; a primera vista no le dijo nada su aspecto, pero en cuanto vio cierto distintivo en su pecho comprendió entonces quien podría ser ese hombre.

-Un momento… usted es…

-Así es, yo soy el líder del Team Rocket, Giovanni. Encantado de conocerte, Hoja.

-No se saldrá con la suya, Rojo vendrá a por mí y le detendrá.

-Oh, por supuesto que sí.

Esa afirmación dejó un tanto descolocada a la chica, ya que no se esperaba para nada que la contestara de esa forma.

-¿De qué te extrañas? Es evidente que vendrá a por ti, y ahora que tú estás conmigo digamos que podré manejar mis cartas con mayor soltura.

-Rojo no caerá con tanta facilidad ante sus burdas trampas, se lo aseguro.

Ante eso Giovanni tan solo se rió condescendientemente antes de contestar.

-Me subestimas, Hoja, no deberías.

-Y usted subestima a Rojo.

Esa frase en concreto molestó en parte a Giovanni, el cual esbozó una mala cara que intimidó a la chica.

-Esta vez no habrá fallos. He cometido demasiados errores, pero pienso corregirlos de inmediato. Y para eso tenerte conmigo es vital. Rojo se doblegará a mi voluntad si no quiere que tu integridad se vea… seriamente perjudicada.

Ante eso la chica se quedó callada, sin atreverse a decir nada, puesto que el semblante de Giovanni se veía amenazante e incluso peligroso. Inmediatamente después suavizó el rostro, volviendo a esbozar otra confidente y segura sonrisita.

-Pero bueno, ya sólo es cuestión de tiempo, él vendrá a mí con suma facilidad y estará a mi merced. Te tengo que dar las gracias, Hoja, sin ti hubiera sido más complicado. Después de todo no se puede luchar contra un corazón enamorado…

Las palabras de Giovanni sonaron frías y crueles, desarmando a la chica, la cual se quedó en el sitio helada y con una mueca incrédula grabada en su rostro. El hombre se rió malvadamente y se retiró del lugar, dejando a Hoja sola, la cual se dejó caer al suelo, lamentándose por lo sucedido. La débil luz al otro lado del pasillo se apagó, sumiéndola en una densa oscuridad.


Y Giovanni se pone serio. Lo cierto es que como primer villano de toda la franquicia cumple bastante bien, es un tío elegante y ambicioso pero que puede llegar a ser cruel, frío y retorcido cuando se lo propone. Espero haber captado bien su esencia. Por otro lado están el rubí y el zafiro, los cuales eran la excusa para recorrer todas las islas Sete y activar en los juegos el intercambio entre rubí, zafiro y esmeralda. Sin embargo apenas explicaron mucho más de ellos, quedándose como un mero detalle, cosa que he decidido aprovechar y ampliar un poco más, haciendo una leve conexión con la tercera generación. En este capítulo no ha habido mucha acción al ser más de exposición que de otra cosa, pero en los siguientes la cosa se irá animando. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!