Hola, hola!!
Despues de permanecer desaparecida un buen rato y de estar peleando con las musas de la inspiracion para que me visitaran aunque fuera un ratito xD pues ya salio el capi.
Aviso que es un poquitin largo, porque antes vigilaba muy estrictamente las pags. que escribia en word y procuraba no pasarme de 7, entonces como que todo salia muy apresurado. Hasta que recien me harte y mande todo eso al demonio xD y me sente a escribir como descosida. A ver que les parece je je
DISCLAIMER: LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, ASI COMO TAMPOCO EL PERSONAJE DE AIKA HIMENIYA. UNOS SON PROPIEDAD DE KISHI-SENSEI Y EL OTRO DE UN USUARIO DE OTRO FORO "S4KU-N4RU"
Ahora si dejemos las formalidades y vayamos al grano xD
Capítulo XXV: Sokou
Me despertó la suave presión de sus labios sobre mi cabeza y de sus dedos acariciando mis cabellos, con ternura y cuidado. Abrí los ojos y cuando vi un par de zafiros clavados sobre mí, me di cuenta de que esto podría volverse una rutina que no me gustaría romper durante el resto de mi vida. Quería amanecer a su lado todos los días que aún me quedaran en este mundo. Lo necesitaba... ya no me cabía duda. Con la misma intensidad que una flor precisa del sol para vivir.
¿Sasuke? Él me había enseñado el dolor y la tristeza del rechazo, el lado oscuro del amor. Pero Naruto... él me enseñó qué tan grande puede ser éste sentimiento y cómo es que puede abarcar la totalidad de tu universo. Ser tan vasto y tan profundo que pueda traspasar los límites de lo humano. Hasta que lo conocí, nunca me imaginé poder llegar a querer tanto.
- Hola Sakura-chan - me sonrió con su eterna sonrisa, con su voz sosegada pero alegre, con el mismo brillo travieso y decidido que bailaba en sus pupilas desde que lo conocí. - Hola - respondí pegándome más a su cuerpo, para ser acogida entre sus fuertes brazos. - ¿Dormiste bien? - preguntó traviesamente.
- Sabes que sí. ¿Y tú?
- Bueno, considerando que hay dos cosas tuyas que son mucho más pachoncitas que la almohada...
- ¡Naruto! - respondí sentándome de un salto y dándole un bien merecido coscorrón.
En ese momento, mientras mi rubio compañero se agarraba la cabeza, la puerta se abrió de súbito, asomándose por ella una melena pelirroja.
- ¡Es hora de levantarse! Ohh pero qué... lo siento mucho - respondió con los ojos desorbitados ante el espectáculo que seguramente estábamos ofreciendo. Me hundí en la cama, con las sábanas hasta la cabeza y con la cara color remolacha.
- ¡Demonios! ¡Se toca antes de abrir!, ¿sabes? - gritó Naruto abrazando la almohada para cubrir su torso desnudo.
- ¡Yo no tengo la culpa! - se escuchó del otro lado de la puerta, ya cerrada. - ¡Cuando uno hace... esas cosas, comúnmente echa el seguro! ¡Al menos eso es lo que hacen las personas normales! ¡Si no cualquiera podría irrumpir en la habitación, como lo acabo de hacer yo, y quedarse traumado de por vida!
- Bueno, eso le pone morbo al asunto - susurró mi "amigo" perversamente.
- ¡Naruto! - exclamé de nuevo, asestándole otro golpe en la cabeza. - ¿Por qué no la cerraste bien? - le reproché momentos después.
- ¿Yo? ¡¿Quién fue la última persona que entró por esa puerta?! La dejé abierta porque supuse que vendrías, y ya vez... no me equivoqué - respondió con suficiencia.
- Pues yo qué iba a saber que terminaríamos... así - repuse, cruzándome de brazos y con mohín indignado.
- Bah... no me digas que veniste a mi habitación con intenciones inocentes - rió él sarcásticamente. Pero antes de que pudiera responderle de nuevo, Aika volvió a hablar.
- ¡Cuando estén visibles y decentemente vestidos necesito que salgan para hablar con ustedes!
Y con esas últimas palabras, escuchamos sus pasos en la madera, alejándose del cuarto. Brincamos de la cama y recogimos nuestras ropas, que dada la urgencia de la noche anterior, estaban esparcidas por el suelo sin muchos miramientos.
Me coloqué mi camisón y me escabullí de la habitación de Naruto como una exhalación, llegando hasta la mía y entrando precipitadamente en ella. Agradecí a Aika que hubiera usado la llave que le encargué para dejarla abierta, previendo que tarde o temprano tendría que acudir allí para vestirme.
Me duché apresuradamente y en veinte minutos quedé "presentable". Cuando volví a salir de mi alcoba, Aika estaba recargada en la pared con una expresión seria que nunca le había visto antes y cruzada de brazos. Cuando me vio, ni siquiera sonrió. Me pregunté qué suceso podría ser lo suficientemente grave como para perturbarla hasta ese punto.
Se enderezó y se acercó unos cuantos pasos, hablando con cierta dureza.
- Quiero que aclaremos las cosas - repuso, frunciendo ligeramente el ceño. En ese momento salió Naruto, con el pelo húmedo y un inconfundible olor a jabón.
- ¿A qué te refieres? - le pregunté. Mi compañero, al sentir la tensión en el ambiente, se colocó a mi lado silenciosamente.
- Me están ocultando algo y a mí no me gustan los secretos. Quiero saber con quiénes estoy tratando - exigió.
- Mira, si estás insinuando que somos criminales o algo por el estilo... - comenzó a decir Naruto, percatándose de la repentina desconfianza de nuestra amiga.
- Son ninjas de Konoha - afirmó Aika, interrumpiéndolo. No era una pregunta, sino la constatación de un hecho. - ¿Qué trae a ninjas de Konoha tan lejos de su aldea? ¿Por qué están aquí? - Naruto se volvió para echarme una mirada de circunstancias.
- Está bien, te diremos la verdad. Pero confío en tu discreción Aika, porque esta misión es sumamente delicada - empecé a decir, buscando las palabras para explicar nuestra presencia en Iwagakure.
- Buscamos al cuarto bijuu, Yonbi, también conocido como Sokou - contestó mi amigo, con la sutileza que tanto lo caracteriza.
- ¿Qué? ¿A Yonbi? - El rostro horrorizado de Aika bastó para convencernos de que sabía perfectamente de lo que estábamos hablando.
- ¿Lo has visto? - pregunté asombrada. La joven bajó la cabeza, vencida por una antigua pena que volvía a cobrar vida ante nuestras palabras. - Mis padres... fueron asesinados por culpa de ese bicho - susurró con voz lúgubre. Alzó la vista, con los ojos arrasados en lágrimas. - Yo también lo estoy buscando, para cobrar venganza de él y de los cretinos que acabaron con mi infancia - prosiguió apretando los puños. Ahora en sus pupilas bicolores latía una ira asesina.
- ¿A tus padres? - Naruto parecía comprender mejor que nadie el sufrimiento de la chica. - Yo nací aquí, en la Aldea de la Roca. Pero mis padres venían de un pueblo muy lejano, en Kirigakure. De ellos yo heredé la barrera de sangre que hace que mis ojos sean de un color distinto. Ellos llegaron aquí, huyendo de la gente que los odiaba por poseer una técnica de línea sucesoria y tratando de brindarme a mí, un futuro más próspero y pacífico. De no haber sido por ellos, habría terminado igual que Haku.
- ¿Haku? - brincamos Naruto y yo ante la mención de ese nombre. El fiel sirviente de Zabuza, que sacrificó su vida para salvarlo.
- ¿Lo conocen? - preguntó Aika, extrañada.
- Peleamos con él y con Zabuza en la Aldea de la Niebla - asintió Naruto. - Su padre asesinó a su madre cuando se enteró de la peculiar habilidad que tenía ella y su vástago. Un maldito ignorante, igual que todos los que despreciaron a Haku por ser lo que era y que lo orillaron a tomar una decisión tan drástica - continuó mi amigo amargamente, seguramente recordando lo que tantos años de desprecio por parte de los aldeanos de Konoha, lo habían marcado a él.
- Haku provenía del mismo clan que nosotros, pero su madre cometió el error de casarse con la persona equivocada. Por eso huyeron mis padres. Para evitar que nos convirtieran en armas de guerra. Pero poco tiempo después cuando yo tenía siete años, Akatsuki vino a buscarlos, enterados de la barrera de sangre que poseíamos. Exigían su ayuda para capturar a un monstruo. Sokou lo llamaban ellos o "el cuatro colas". Mis padres se negaron, por supuesto, y un año más tarde lo habrían de pagar. Yo presencié su tortura y asesinato, escondida en una trampilla que ellos habían construido para mantenerme a salvo en caso de que algo así sucediera. Sin embargo, era de noche, y las sombras ocultaron el rostro de su verdugo. Sólo alcancé a ver una capa negra con nubes rojas, que desapareció tras la puerta con el mismo sigilo con el que había entrado y acabado con mis padres. Así fue como a los ocho años, quedé huérfana, repudiada por la aldea que me vio nacer tan sólo porque mi familia había sido la víctima del escándalo más grande de la historia. Cuando fui algo más mayor, me fui de aquí, huyendo de un pasado que quería dejar atrás, escapando de las pesadillas y los recuerdos que me atormentaban todos los días y en las noches también. Pero cuando cumplí quince años, decidí volver y tomar venganza de los cretinos que pusieron punto final a mi infancia.
- Akatsuki otra vez... no es la primera ocasión en la que destrozan la vida de una persona, y tampoco será la última - murmuré enfadada. Naruto, Aika, Sasuke... ¿cuándo tendrían suficiente?- Te ayudaremos con lo que podamos, pero necesitamos, por favor, que nos guíes hasta Yonbi. Si queremos detener a Akatsuki, debemos capturar a los bijuus - la animé, con toda la determinación que pude reunir.
- ¿Sabes en dónde está Sokou? Se supone que Akatsuki los está capturando y por lo que sé ya tienen reunidos a casi todos. La vieja Hokage ha dicho que seguramente están planeando reunirlos a todos, por eso debemos recuperarlos. Ya llevamos tres y vamos por el cuarto ¿verdad Sakura-chan? - respondió Naruto con la seguridad que forma parte de su encantadora personalidad.
- He oído rumores, por eso vine a hospedarme aquí. Hay un volcán, un poco más arriba, que desde hace varios siglos está inactivo, pero últimamente ha estado lanzando humaredas y ceniza. Me pareció extraño así que vine a investigar.
- Por cierto ¿quién te dijo que nosotros éramos ninja? - pregunté súbitamente, acordándome de cómo había iniciado nuestra conversación.
- Ahh... pues después de haberlos visitado bajé a la recepción a hablar con Hioto y me encontré a un tal Shikoro. Él me comentó que había platicado contigo y que le habías dicho que eran ninjas de Konoha. Me sorprendió la información, porque ustedes no me habían dicho nada al respecto, así que volví para preguntarles. Lamento haber sido un poco ruda antes, pero no me gusta que me escondan las cosas - se disculpó.
- No te preocupes, te entendemos. Ese Shikoro... me da mala espina - comenté en voz alta.
- No me pareció una mala persona cuando lo conocí. Pero... - se interrumpió Naruto a media frase, con la mirada perdida como si estuviera recordando algo. - En fin, lo mejor será que nos vayamos de una vez, no tiene caso estar aquí perdiendo el tiempo.
La posada donde nos alojábamos estaba en las faldas de un volcán, que al principio y visto desde lejos parecía más una montaña. Estaba algo apartado de las casas y los locales de la Aldea de la Roca, rodeado de jardín y bosque.
Nos pusimos en marcha, principalmente porque Tsunade-sama nos exige rapidez en el cumplimiento de nuestra misión y ya habíamos desperdiciado dos días enteros. Aika iba a la cabeza guiándonos con la confianza y el aplomo de quien conoce el terreno como la palma de su mano. Andamos rápido, bajo el dosel de las ramas de los árboles y la protección de su sombra. Y así, antes del atardecer, llegamos a un claro, donde la vegetación terminaba para dar paso a las rocas desnudas y secas de la punta del volcán. Pequeños manchones de nieve indicaban la altura a la que nos encontrábamos y el aire enrarecido y helado daba buena fe de ello.
El cráter, que estaba a unos pocos kilómetros de donde nosotros nos encontrábamos, lanzaba fumarolas negras de cuando en cuando y chorros de ceniza ardiente se precipitaban colina abajo.
- ¿No es peligroso estar tan cerca? - pregunté preocupada, mirando en dirección al humo que se elevaba en círculos hacia el cielo.
- No. La lava y las rocas que se han endurecido por anteriores erupciones han formado un tapón - respondió Aika, sin darle mucha importancia a mi pregunta. - Al menos así era cuando yo vivía aquí. - Parecía inquieta y estaba mucho más hiperactiva que de costumbre, girando la cabeza a derecha e izquierda como si pudiera percibir algo que nosotros ignorábamos.
- ¿Y entonces por qué sale humo? - inquirió Naruto, con los ojos fijos en el mismo punto que los míos.
- Eso es lo que quiero averiguar - susurró ella centrando, por fin, su atención en el volcán. - Sea lo que sea lo haremos salir de su escondite.
Hizo unos cuantos sellos con las manos y después murmuró:
- Rouga Nadare no Jutsu.
La tierra comenzó a vibrar y bajo nuestra mirada atónita y la sonrisa de satisfacción de Aika la tierra comenzó a temblar, saliendo de la nieve, una decena de lobos blancos. Imponentes, enormes, de aspecto feroz y de pelaje espeso que brillaba a la luz del sol.
Fruncieron el hocico en un ronco y profundo gruñido que terminó en aullido, para abalanzarse hacia el frente corriendo con una gracia y velocidad que nada tenía que envidiar a los corceles de raza fina.
- ¿Pero qué rayos fue eso? - preguntó mi amigo estupefacto.
- Es mi técnica sucesoria, el Hyoton. La habilidad de combinar chakra de tipo aire y agua - explicó Aika complacida ante nuestra sorpresa.
Pero no pudimos ni responder, porque al instante una fuerte explosión hizo vibrar el aire a nuestro alrededor seguido de un ruido sordo y un lastimero chillido.
Nos pusimos en guardia, justo para ver cómo los lobos de hielo de Aika eran proyectados hacia atrás con increíble fuerza, cayendo de espaldas y disolviéndose en una voluta de humo. Y antes de que pudieramos reponernos del susto, una criatura, híbrida entre ave y reptil, apareció ante nuestros ojos.
La parte superior era la de un gallo, con cresta y molleja, pero de la cola, en vez de tener plumas como la de cualquier otra ave eran sinuosas y delgadas, como la de una víbora. No tenía patas, se arrastraba sobre la mitad inferior, dejando a su paso un rastro zigzagueante sobre la nieve.
Un olor acre, como a azufre, se desprendía de su cuerpo y sus ojos, siniestros y de pupilas estrechas, estaban fijos en nosotros.
- Les presento a Yonbi no Souko - ironizó Aika, poniéndose en posición.
Mientras él se acercaba a nosotros, Naruto giró la vista repentinamente hacia la derecha. Tenía una expresión consternada y su mirada vagaba con vehemencia de arbusto en arbusto.
- ¿Qué te pasa? - le pregunté perturbada. - Una sombra... vi una sombra... - murmuró él.
Algo impactó cerca de mí, esquivándome por cosa de milímetros, pero me trajo de vuelta a la realidad. La sombra podía esperar, pero encargarnos del bijuu era lo más importante ahora. Concentré chakra en mis puños y esquivé el próximo golpe que se me venía encima. Aika estaba detrás de la bestia, haciendo otra vez una serie de sellos.
- Haryuu Mouko - exclamó.
Y de la nieve volvió a salir un animal, pero esta vez no era un lobo. Era un puma de resplandeciente blancura con un pelaje tan níveo que al rebotar los rayos del sol sobre él producía un fulgor enceguecedor. Rugiendo se abalanzó sobre el bijuu, atorando sus garras entre las plumas y trepando por ellas hasta llegar al cuello de su víctima. Pero por alguna extraña razón, antes de alcanzar su objetivo se desplomó sobre el suelo, inerte, desapareciendo tal como lo habían hecho los lobos antes que él.
La razón me llegó con la claridad y la fuerza de un rayo, cuando vi que su cuerpo exudaba un vapor de color verdoso.
- ¡Veneno! - grité, alertando a mis amigos. - ¡Ese monstruo es venenoso! ¡No respiren ninguno de sus vapores!
Justo a tiempo, porque en ese momento, Yonbi abrió su pico, exhalando un humo de olor nauseabundo. Conteniendo la respiración, salté sobre él, asestándole un puñetazo en una de las alas.
El crujido de los huesos rotos rasgó el aire como un cuchillo, pero la bestia desplegó sus emplumadas extremidades y emprendió el vuelo.
- Esto no está bien. Alguien llegó antes que nosotros - dijo Aika, viendo cómo la figura del bijuu se desdibujaba en la distancia.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó Naruto, acercándose con los clones que había invocado. - Una bestia de esta calaña, nunca huye, eso es lo que he oído - contestó con voz pensativa. - A menos que... - Su rostro se contrajo repentinamente en una mueca de horror.
- ¿A menos que qué? - presioné, impaciente.
- Está herido. Ese bijuu fue atacado antes de que nosotros llegarámos aquí.
- ¿Pero quién... - empecé a decir, pero Naruto me interrumpió.- Yo vi una sombra antes de que empezáramos a pelear. Tal vez ese alguien, o ese algo, fue lo que lo hirió.
- Como sea, no podemos dejarlo escapar - exclamé.
- No, tienes razón. Tal vez hayan querido hacernos un favor, pero como sea... no debemos dejarlo ir - coincidió Aika juntando sus manos. - Tsubame Fubuki.
De sus manos brotaron blancas golondrinas que volaron a velocidad de vértigo, dándole alcance a Souko en muy poco tiempo. Lo atacaron con tal furia que lo hicieron retroceder. Era absurdo que criaturas tan pequeñas pudieran meter en problemas al gran bijuu Yonbi, pero supongo que había dos cosas que ayudaban mucho. Una que la bestia no era tan grande como las anteriores a las que nos habíamos enfrentado - de hecho era apenas una cabeza más alto que Naruto - y la otra, era que estaba lastimado.
Cayó pesadamente sobre la nieve, erizando sus plumas amenazadoramente y sintiéndose acorralado, volvió a liberar su gas tóxico. Las palomas cedieron al instante dándole a Yonbi la oportunidad de incorporarse. Estiró su cuello y abrió su pico, dejando al descubierto dos filosos colmillos, resplandecientes de veneno y claramente ansiosos por morder.
Se abalanzó sobre Aika, con una velocidad inaudita, y aunque nuestra amiga lo esquivó hábilmente, tropezó con la nieve, cayendo a los pies de la bestia. Ésta alzó una de sus colas, dispuesto a aplastarla contra el suelo.
En ese momento reaccioné, saltando sobre Yonbi y encadenando una serie de patadas que lo aturdió lo suficiente, como para darle tiempo a Aika de que recuperara el equilibrio. Naruto aprovechó la oportunidad atacando con varios de sus clones, uno de los cuales, el que embistió por detrás llevaba una esfera azul en la palma de su mano.
Abrumado y confundido, el pobre bicho se encogió sobre sí mismo, liberando su toxina cuyo alcance aún no podía calcular con precisión.
- ¡No respires Naruto! - le advertí, pero en vano, porque él ya se había ido a estampar contra el monstruo, lanzándolo varios metros más allá con su poderosa técnica.
- No te preocupes Sakura-chan, ya lo sabía - me tranquilizó él con una sonrisa.
Yonbi amortiguó la caída con sus alas, batiéndolas desesperadamente para equilibrarse sobre el suelo. Graznando, volvió al ataque, esta vez azotando sus colas detrás de él, como furiosos látigos que clamaran venganza.
- Kori Shuriken - exclamó Aika, lanzando varios shurikens de hielo que al parecer no afectaron a Yonbi en lo más mínimo.
- Pues para estar herido, pelea bien - exclamé, dando unos pasos hacia el frente y asestando un puñetazo en el suelo, resquebrajándolo para evitar el avance de Sokou. Pero éste batió sus alas, elevándose unos metros por el suelo y abalanzándose directo hacia mí.
Era ya demasiado tarde para esquivarlo, para huir o contraatacar, así que alcé los brazos protegiéndome la cara, cerrando los ojos y esperando el golpe, que se produjo instantes después pero visiblemente amortiguado.
No sentí los colmillos de Yonbi, tampoco el suave roce de sus plumas, así que lentamente abrí los ojos y me topé con Naruto, justo frente a mí. Sostenía el pico del bijuu con ambas manos, con sus dedos peligrosamente cerca de esos colmillos que seguramente causarían una muerte instantánea con tan sólo un rasguño.
- No te atrevas a tocarla - dijo él, furioso. Sus pupilas se tiñeron de rojo, dejando traslucir el instinto asesino del Kyuubi.
Con un furioso rugido lo lanzó hacia atrás, mientras Aika saltaba a mi lado, para ir a apoyar a mi amigo.
- Hyourou no Jutsu. ¡Apartáte de allí Naruto! - le advirtió, mientras un enorme bloque de hielo surgía bajo Yonbi.
Naruto dio una voltereta hacia atrás, cayendo de rodillas para incorporarse instantáneamente. El bijuu se deslizó hábilmente por la nieve, esquivando por los pelos el ataque de Aika. Alzó una de sus colas y la apresó con ella, llevándosela a la boca con clara intención de morderla.
- ¡Kage bunshin no jutsu! - dijo mi amigo, invocando varias copias y atacando a Sokou directamente para distraerlo.
Me abalancé sobre la bestia, reteniendo sus colas con mis manos y obligándolo a soltar a Aika. Entre más tironeaba y forcejeaba, más apretaba a Aika. La chica terminó gritando de dolor, con los ojos cerrados y pataleando furiosamente.
- ¡Maldita bestia, suéltala! - grité histérica, mientras jalaba el puño hacia atrás y cargándolo de chakra lo descargué sobre él.
Atacado por ambos frentes, el monstruo se vio obligado a soltar a su presa, pero mientras lo hacía agitó sus plumas y una vez más su ponzoña se extendió por el aire. Aika estaba todavía aturdida, así que para evitar que respirara el gas venenoso, la tomé de un brazo y la arrojé a un par de metros de distancia. El esfuerzo me costó un jadeo involuntario, que trajo a mis pulmones una bocanada de ese humo.
Empecé a sentir los efectos casi de inmediato. La cabeza comenzó a darme vueltas y la vista se me nubló, haciendo que tropezara y cayera al suelo pesadamente. Sentía que mi cuerpo se paralizaba poco a poco, y a mi alrededor todo se volvió silencioso, como si le hubieran quitado el volumen de repente.
- ¡Sakura! - Alcancé a escuchar una voz lejana, que parecía perderse en la distancia y la reconocí como la de Aika.
Hice un esfuerzo sobrehumano y abrí los ojos, para encontrarme en brazos de Naruto que movía la boca, articulando palabras que eran inaudibles para mí, pero que sus ojos, cargados de terror y ansiedad me ayudaban a imaginarme lo que quería decir.
- Na-Na-Naruto - susurré, sin escuchar mi propia voz. Me concentré para disipar la niebla que comenzaba a apoderarse de mi consciencia y amenazaba con sumirme en una oscuridad de la que quizá ya nunca más saldría. - En-en mi bol-bolsa nin-ninja, hay un an-an-antídoto.
Desde que Zetsu había envenenado a Naruto y recordando el drama que Yojeved-chan habíamos tenido que pasar para salvarlo, cuando regresamos a Konoha y en el único día que Tsunade-sama nos había dado para descansar, me había puesto a crear varias ampolletas de un antídoto que neutralizaba casi todas las toxinas. Lo había preparado con la poderosa sustancia "Umi no bachi" la misma que casi le arrebata la vida a mi querido rubio. También llevaba una cápsula que contenía el mortal veneno en su estado puro, así que si Naruto se equivocaba, podría acelerar mi muerte en vez de evitarla.
Ahora sólo rogaba a todos los dioses que conocía que aquél antídoto hiciera efecto, porque de lo contrario, estaba perdida. No supe si mis palabras habían sido pronunciadas en voz lo suficientemente alta y por un aterrador segundo pensé que tal vez sólo las había dicho en mi mente. Pero cuando sentí la mano de Naruto, revolverse inquieta en mi bolsa y sacar algo de ella, supe que me había escuchado, o tal vez por un milagro, me hubiera leído el pensamiento.
Sentí la aguja penetrar en mi piel y en seguida una descarga de adrenalina recorrer mi cuerpo en violentas oleadas. Me estremecí y Naruto me abrazó contra su pecho. ¿Por qué rayos no estaba peleando y ayudando a Aika?
Abrí los ojos, con la cabeza ya aclarada y me topé con sus ojos, que me miraban fijamente.
- ¿Cómo te encuentras Sakura-chan? - me preguntó intranquilo, ayudándome a sentarme.
- Bien, estoy bien - le contesté, mientras los últimos restos de veneno eran neutralizados por el antídoto. - ¿Y Aika?
Me levanté de un salto, buscando a mi amiga con la mirada, preocupada por la suerte que había corrido.
- Ella está bien, logró atrapar al bijuu justo cuando tú caíste al suelo. Como el monstruo centró su atención en ti, no vio el ataque de Aika y ahora está encerrado en un bloque de hielo, totalmente congelado como un fósil de la era glacial - explicó mi amigo con una sonrisa de alivio, al verme totalmente repuesta.
Y efectivamente, Aika estaba recargada con una sola mano en un enorme contenedor de hielo que contenía a Yonbi en su interior. El monstruo no podía mover ni una sola pluma, pero sus pupilas vagaban desesperadas de un lado a otro.
- ¿Cómo es que sigue vivo? - inquirí, acercándome a mi amiga que tenía dibujado en su rostro una sonrisa de oreja a oreja.
- No lo congelé a él, digamos que solamente está apresado en una cárcel de hielo. Y no podrá salir, te lo aseguro - respondió. - ¿Y tú cómo te encuentras?
- Yo estoy bien, gracias a Naruto - comenté, echándola una mirada de soslayo a mi amigo que caminaba a mi lado como temiendo que pudiera desmayarme en cualquier momento. - No es nada Sakura-chan - Mi amigo se rascó la cabeza, incómodo ante mi muestra de gratitud. Saqué dos ampolletas más de mi bolsa donde guardaba los shurikens y se las arrojé a mis compañeros.
- Todavía tenemos trabajo que hacer - les dije a modo de respuesta, cuando me miraron interrogativamente.
Naruto hizo una mueca cuando la aguja rasgó su piel, pero Aika parecía dudosa. Veía alternativamente la cápsula de antídoto y a mí como si le acabara de decir que se inyectara arsénico.
- A mí no me gustan las inyecciones - suspiró finalmente. - ¿Y por qué tengo que hacerlo si no respiré nada? Gracias a ti, estoy bien. Por cierto te debo una - agregó con una tímida sonrisa de agradecimiento.
- Aún así es por precaución. Además todavía tenemos que sacarlo de este bloque y hacer que se convierta en humo para poder transportarlo y buscarle un buen jinchuuriki.
Aika alzó la vista al cielo y tragó saliva.
- Deja, yo lo hago - le ofrecí, cuando vi que su mano temblaba peligrosamente. Con un pulso así o bien rompía la aguja o se desgarraría tejido interno.
- Con cuidado, por favor - pidió con voz suplicante. - Por Dios, si se trata de un bijuu no hay problema, tú corres a arriesgar tu vida sin pensar en las consecuencias. Pero cuando se trata de una aguja, la cosa cambia ¿no? - y mientras le hablaba, le inyecté el antídoto. Ella seguía con los ojos clavados en las nubes, como si esperara que una de ellas bajara a auxiliarla. Tantos años de práctica en el hospital, me habían conferido una habilidad excelente y ella ni siquiera sintió el piquete.
- Ya está - anuncié, segundos después. - No es cierto, me estás bromeando. Lo único que quieres es que baje la cabeza para ver cómo me inyectas - murmuró. - Créeme que no tengo ningún interés en que veas cómo te desangras por un microscópico agujero en la piel. - Horrorizada, dirigió su vista hacia mí y vio la ampolleta vacía que yacía en mis dedos.
Se frotó suavemente el brazo, comprobando que no le dolía y sonrió.
- ¿Eres una ninja médico, verdad? - adivinó.
- Y de las mejores - agregó Naruto, sonriente.
- Muy bien ahora tenemos que planear cómo venceremos al bijuu - expliqué pensativa. - Tengo una idea - interrumpió Naruto. - Mira, tú Sakura-chan, romperás el bloque donde se encuentra Yonbi, yo lo rodearé con mis clones para distraerlo y que Aika se encargue de acabar con él.
- ¿Yo porqué? - preguntó Aika sorprendida.
- Porque tus jutsus son los únicos que pueden someter a Souko. Los ataques de Naruto y míos son de mediano y corto alcance, por lo tanto corremos el riesgo de ser mordidos y no sé qué tan potente sea el veneno de sus colmillos - expliqué.
- Muy bien, entonces les enseñaré una de mis técnicas más poderosas - sonrió Aika.
Ella y Naruto tomaron sus posiciones, Aika la más alejada y Naruto apenas a unos pasos de distancia de Sokou. Mientras tanto yo me encaminé hacia el bijuu, encaramándome en la cima del bloque.
- ¿Listo Naruto? - pregunté, cargando uno de mis puños con chakra.
- Seguro - respondió él, colocando sus manos frente a él, en el sello que siempre utilizaba para invocar a sus clanes. Aika estaba un poco más allá, en posición de guardia. - ¡Entonces allá voy! - Y con esta última palabra, golpeé la prisión de Yonbi con todas mis fuerzas.
El hielo se resquebrajó de inmediato y cuando la bestia agitó sus alas y alargó el cuello, viéndose libre al fin, di un salto hacia atrás, mientras una decena de clones rodeaban al bijuu y se abalanzaban sobre él, creando una confusión de cuerpos, graznidos, mordidas y alas de la cual Aika se aprovechó.
- Okina Hijutsu
El suelo bajo sus pies se congeló por completo, creando una franja de hielo que se extendió hasta Sokou y de la cual surgieron enormes estalagmitas, dejando al bijuu atrapado y reventando a las copias de Naruto, revelando al verdadero que se encontraba al lado de ella.
- Y ahora... Kokuryuu Boufuusetsu no Jutsu.
Y a sus espaldas, un majestuoso dragón oscuro surgió de la nieve, con las mandíbulas abiertas hacia el cielo y de cuerpo alargado, hecho enteramente de hielo.
Se abalanzó sobre el bijuu, con las fauces y las garras por delante, impactándose contra Yonbi y deshaciéndose en una fuerte explosión que soltó una ráfaga de viento helado y varios trozos de hielo.
Cuando el vapor que causó la colisión se disipó, vimos que Yonbi seguía de pie. Aika estaba de rodillas, exhausta por el esfuerzo y el gasto de chakra.
- ¡No ha servido! - exclamó Naruto frustrado, apretando los puños.
- Yo... lo siento, ya no me quedan fuerzas - se disculpó Aika, respirando agitadamente.
- No... miren - murmuré.
Sokou dio unos pasos hacia nosotros, aparentemente ileso, parpadeó unas cuantas veces, confundido, para finalmente desplomarse pesadamente sobre la nieve con un último graznido agónico.
Aika se levantó atónita y se acercó tambaleante hacia la bestia.
- He cumplido la primera parte de mi venganza - susurró, pasando una mano por las plumas de la criatura inconsciente. - ¿Qué harán con él ahora? - preguntó.
- Tenemos que encontrarle un jinchuuriki. Alguien de corazón noble que esté dispuesto a cargar con esta responsabilidad y cuidar de su bijuu para que Akatsuki no vuelva a capturarlo - respondí sombríamente.
- Yo quiero ser su jinchuuriki - exigió ella, dándose la vuelta y mirándome con feroz determinación. Su expresión y actitud no admitían un "no" por respuesta.
- Pero... este monstruo causó la muerte de tus padres - dijo Naruto, tan sorprendido como yo por la extraña petición.
- Por eso mismo. Quiero asegurarme de que no se sacrificarán más vidas inocentes por su culpa. Y la única manera de asegurarlo es teniéndolo yo. Por esta... cosa murieron mis padres. Debo cerciorarme de que no causará más daños y yo... pues... no permitiré que Akatsuki se acerque a él.
Naruto y yo nos miramos, hasta que él asintió ligeramente. Di unos pasos hacia el frente y suspiré.
- Está bien. No te conozco desde hace mucho, pero intuyo que tú podrás dominarlo a la perfección. Por favor, no permitas que Yonbi caiga en malas manos, pero sobretodo, no te aproveches de su poder para sembrar el caos y el terror entre la gente.
- Ténlo por seguro - respondió ella. - ¿Qué debo hacer?
Le indiqué que se acostara y procedí a dibujar el círculo que se encargaría de mezclar ambos chakras y sellar el de la bestia en el interior de Aika. Haría de ellos, humana y demonio, un solo cuerpo, una sola esencia, pero dos seres diferentes, con voluntades distintos. Rogaba porque mi amiga pudiera mantenerlo bajo control y que por ninguna razón dejara que Souko tomara el control de su cuerpo, acarreando consecuencias fatales.
Guardé la tinta y me acerqué a ella que permanecía tendida sobre la nieve, soportando estoica el frío y la incomodidad. Miraba al cielo con indiferencia, como si fuera alguien más y no ella, a la que le estuvieran a punto de meter un monstruo.
- Tendré que anestesiarte - le expliqué, cargando mis manos con chakra y acercándolas a su rostro.
- ¿Por qué?
- El chakra del bijuu penetrará dentro de ti por la fuerza, poseyéndote por unos momentos, por así decirlo. Tu cuerpo y tu alma reaccionarán a esa presencia extraña y se revelarán contra ella, luchando por espacio de unos minutos, mientras el sello se activa y hace efecto. Ese proceso es sumamente doloroso, porque cada partícula tuya de energía peleará por expulsar el chakra del demonio. Para ahorrarte ese sufrimiento y disminuir las probabilidades de que lo rechaces, cosa que pondría en peligro tu vida, debo anestesiarte y bajar tus defensas al mínimo.
Ella no dijo nada, simplemente cerró los ojos, esperando a que mi jutsu le hiciera efecto. Apoyé mis manos en su frente y al instante entró en un sueño profundo, en un estado tan cercano a la muerte que sólo un delgado velo la separaban de ella. En ese grado de inconsciencia, su cuerpo no reaccionaría ni aunque le metiera el alma de un shinigami.
Salí del círculo y me coloqué justo afuera. Naruto yacía de pie a mis espaldas, silencioso y atento, temeroso de romper mi concentración y poner en peligro la vida de Aika.
Cerré los ojos y comencé a reunir mi chakra, transmitiéndolo por los delgados hilos de tinta que anteriormente había trazado. Había una enorme estrella rodeando el cuerpo del bijuu cuidadosamente conectada con el resto del círculo, en cuyo centro descansaba Aika.
Yo misma me encontraba en un intrincado diseño de espirales, a través de las cuales circulaba mi chakra. Éste llegaba primero a la bestia, recorriendo la estrella, pero nunca tocándolo ya que de lo contrario una parte de mi energía sería también sellada dentro de Aika. En pocos instantes, el cuerpo del bijuu comenzó a desvanecerse en un fino humo que ascendió momentáneamente para después entrar en Aika por nariz y boca.
Mi chakra entonces seguía el camino contrario, guiando el humo hasta ella, esta vez penetrando dentro de Aika para sellar al bijuu en su interior. Posteriormente el chakra utilizado volvía a salir desembocando en un punto muerto, donde se reintegraba a la tierra.
El proceso entero era tan delicado que se necesitaba un control de chakra prodigioso para no salirse del camino que la tinta marcaba, para no tocar el cuerpo del bijuu en ningún momento, para adentrarse en el de Aika, llevando la esencia del demonio hasta el punto exacto de su alma y su consciencia donde quedaría encerrado, para cerrar el sello con la suficiente precisión para asegurar que Souko no lo rompería y dividir así ambos chakras, ambas mentes, ambas voluntades, creando dos seres distinto, pero uno en su conjunto.
Un error, un mínimo error, y todo terminaría en desastre. Por esta razón Tsunade-sama nunca llegó a dominarla. Mi control de chakra es aún más preciso que el de mi maestra, puedo dirigir la cantidad exacta de éste a través de un filamento tan delgado como un pelo. Es por ello que mi sensei nunca dudó de mí. Y en nuestras lecciones, cuando mi ánimo flaqueaba y mi moral terminaba por los suelos, ella me decía que si había alguna persona, a parte de Chiyo-baasama que pudiera realizar esta técnica con éxito, era yo.
Y tenía razón. Cuando hube terminado, abrí los ojos. Souko había desaparecido y la estrella donde había estado contenido, mostraba un ligero resplandor. Aika seguía dormida profundamente, y el círculo en el que reposaba, había cambiado de color. Era ahora de un color azulado, signo inequívoco de que todo había salido de acuerdo a lo planeado.
Yo estaba débil, como siempre que llevaba a cabo esa técnica. Naruto, me ayudó a incorporarme y con cuidado caminé hacia Aika.
- Despertará en un par de horas - anuncié, dejándome caer en brazos de Naruto y sumiéndome yo misma en un sueño reparador.
Iwagakure - Aldea Oculta de la Roca
Kirigakure - Aldea Oculta de la Niebla
Listo... ya les habia dicho yo que era largo no? xD
Espero que no se hayan quedado dormidos por mientras y pues si les apetece, tienen tiempo, estan de humor y se sienten generosos y con ganas de hacer feliz a alguien, tal vez podrian dejarme un review xD
Muchas gracias por armarse de paciencia y fumarse todo este parrafote xD Ahora procedo a responder los reviews anónimo xD
BabiiHñ: Pues me alegra mucho que te haya gustado, en verdad y espero que puedas darte una vueltecita por el fic para revisar este capi y que te guste tanto como el otro xD
Lu257: Ohh no te preocupes tanto por alcanzarme xD Me lleva tanto escribir un capi que te puedo asegurar que podrias leer 5 en lo que yo acabo 1 xD Y pues me halaga muchisimo que digas que te encanta y que por leerlo te acabas de desvelar, aunque tengas clases al dia siguiente U.U Para mi significa mucho, de verdad. Y pues en cuanto a la actitud de Naruto, pues si, ciertamente creo que asi seria Naruto si Kishi se preocupara un poco mas por darnos algo de romance. Aunque a veces me preocupa un poco pecar por "bashing" u "OoC". Pero bueno, al menos todavia nadie me lo ha comentado y trato de ponerme en los zapatos de Naruto y pensar: "Veamos ¿qué haría él estando en "x" situación?" Pues me despido chica, y espero con ansias tu review.
Hasta la proxima
