La chica entregó sus informes a las dos y estuvo toda la tarde haciendo ejercicio con Brenda y Harriet, para sacar su mal humor, al parecer las dos no tenían ganas de hablar de Valentina. Tegan pensó que era porque Harriet por ejemplo, tenía envidia de Valentina y Minho y Brenda porque tenía que decirle a Pietro que estaba embarazada y el puesto de administradora iba para Tegan.
Cuando llegó la hora de cenar, como no, Valentina se sentó al lado de ellos de nuevo y Tegan tuvo que apretar los dientes. Tom la animó que se calmara. Después se reunieron todos en un punto alejado, pero no sin pasar los límites del pueblo para relajarse.
—…también he pensado una nueva depuradora para nosotros y los Talassianos—terminó de explicar la rubia.
—Si necesitas algún material, dímelo e intentaremos encontrarlo—comentó Minho.
Entonces Brenda encontró el momento adecuado para decírselo a Minho.
—Eso lo deberá decir tu administrador, ¿no Minho?—sonrió.
El chico asintió.
—No te importará, ¿verdad?—preguntó.
Brenda y Thomas se miraron.
—Esa decisión no me corresponde a mí porque… dejo de ser una corredora por un tiempo—le dio la mano a Thomas.
Minho no entendía.
—¿Un tiempo?—preguntó atónito.
—Nueve meses—respondió Thomas.
El corredor se levantó. En circunstancias normales se hubiera alegrado, pero no lo que eso significaba.
—¿¡Significa que la pingaja será administradora!?—preguntó señalando a Tegan.
La chica se levantó y respondió.
—¡¿Por qué te pones así?! ¡Puedo ser tan buena administradora como cualquier otro!—gritó furiosa.
—¿Tu? ¡Pero si eres una malcriada!—gritó enfurecido—¿Cómo voy a ponerte mi vida en tus manos si ni siquiera piensas en alguien que no seas tu?
Tegan estaba a punto de llorar. Era cierto que se había comportado como una cría, con sus maneras y contestaciones, pero no sabía porque. Ella nunca era así, ¿Qué le estaba pasando? ¿Era todo por Valentina? Por alguna razón, los celos eran más fuertes con el corredor y hacían que se comportara de peor manera.
—Yo… ¡he leído muchos libros de liderazgo! ¡He ido a muchas misiones! ¡Sé que puedo hacerlo!—intentó escudarse.
Valentina se puso en pie para separarles.
—¡Calmaos!—gritó.
Thomas fue junto a su amigo.
—Sabes las normas. Si ella es una mala administradora siempre podemos sustituirla aunque si quieres saber mi opinión, no lo va a ser—dijo convencido.
Minho se sentó y Tegan hizo lo mismo, pero muy separados uno del otro. Entonces, para evitar tensión en el ambiente, Harriet sacó una baraja de cartas.
—¿A quién le apetece jugar?—preguntó.
—Las cartas son un juego estúpido—dijo el corredor.
Tegan sabía que ese insulto iba para ella.
—Pues no juegues si no quieres—contestó.
Minho no dijo nada, pero seguro que estaba pensando en algo. Harriet repartió las cartas para los demás y empezaron a jugar. Después de unas partidas, todos se olvidaron completamente de las discusiones y después siguieron charlando.
Entonces, Minho y Valentina empezaron a hablar muy juntitos. Los demás siguieron con sus charlas hasta que Tegan se fijó en que Minho le dio la mano a Valentina. Ese gestó cayó como un cubo de agua fría.
¿Enserio? ¿Minho y Valentina juntos? No podía creerlo, no quería créelo. Se disculpó entre sus amigos y se fuñe de allí corriendo con un sitio en mente. Casi de forma natural, llegó hasta donde estaba Nicolas fumando el otro día y lo encontró allí con dos amigos más.
—¿Qué haces aquí otra vez?—preguntó uno de ellos.
—Marchaos de aquí todos menos Nicolas—ordenó, sin dejar de mirarle a los ojos.
—¿Quién te crees que eres?—preguntó el otro.
Ella le sonrió.
—Soy una nueva administradora, así que si no quieres que os denuncia frente al consejo por consumir drogas, ¡iros de una puta vez—gritó.
Los dos chicos se fueron de allí con el rabo entre las piernas y Tegan escrutó a Nicolas de arriba abajo. Se acercó a él lentamente, le quitó el porro y le besó con pasión. Se estaba empezando a calentar. Al principio Nicolas se quedó sorprendido y la apartó un poco.
—¿Por qué estás haciendo esto?—preguntó.
Pero Tegan no le respondió y le dio otro beso, esta vez, mucho más ardiente. Luego se quitó la camisa, el sujetador y le miró a los ojos.
—¿Vas a desnudarte o vas a esperar a que lo haga yo?—preguntó con exigencia.
Nicolás no tardó en desvestirse a sí mismo y a terminar de quitarle la ropa a ella. Se recostaron en la hierba y el chico empezó a darle besos en el cuello. Tegan emitió un gemido que hizo que Nicolás se calentara más, aunque, ella no dejaba de pensar en Minho y Valentina.
''No'' se dijo a si misma ''Tengo que parar. Ahora estoy a punto de hacerlo con Nicolás. Solo Nicolás. Has estado esperando años para esto así que concéntrate''
Y así lo hizo. Hacerlo en un sitio que les podía pillar alguien daba mucho morbo y eso les calentaba los dos más aún. Nicolás bajó su boca por los pechos de Tegan y después digamos que… dibujó el abecedario con la lengua.
Excitada por el momento, Tegan se olvidó de todas su preocupaciones y se dejó llevar por esa noche sin luna.
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Una hora después, la rusa estaba recostada sobre Nicolás y ambos descansaban.
—¿Se puede saber a qué ha venido eso?—preguntó el chico, extrañado.
—¿Te estás quejando?—respondió Tegan.
—No, pero me gustaría saber el motivo—dijo él.
Ella se acurrucó, empezaba a hacer frío.
—Eso no tiene importancia—respondió, evadiendo la pregunta.
—¿Solo querías sexo? ¿O es que te gusto yo?—pregunto—No me digas que ha sido por despecho.
Ella bufó y se empezó a vestir, pero Nicolás la cogió de la cintura y la atrajo hasta sí, para hablarle en el oído.
—Si no quieres contármelo no lo hagas. Pero ha estado fantástico—dijo seductoramente.
Ella sonrió y se dio la vuelta para darle otro beso.
—Espero que esto quede entre nosotros—le dijo.
Nicolás asintió.
—Te lo prometo.
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Kenya no dejaba de andar de un lado a otro. Había perdido a la mitad de su gente y entre ellos, su apreciada hija y su mano derecha. Ese traidor de Makotey había preferido irse. Su puesto ahora lo ocupaba Zlatan, que la animaba siempre en todo.
—Dentro de tres días atacaremos—dijo Kenya—.Y arrasaremos con ese pueblo de una vez por todas, con sus fuentes eléctricas y medicamentos.
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Pietro hizo sentarse a la que era su nueva administradora. Por primera vez en mucho tiempo, Tegan se sintió intimidada por el italiano, que la escrudiñaba con la mirada desde el otro lado de la mesa. Tenía los brazos cruzados y el ceño fruncido.
—Debo advertirte de que a mí tampoco me hace mucha gracia que tú seas administradora—dijo el hombre—.Pero es la ley y debe cumplirse.
Tegan sonrió.
—Le aseguro que lo haré lo mejor que sé—dijo segura.
El hombre se inclinó hacia delante.
—Eso no basta. Tienes que dar lo mejor de ti e incluso más, todo tu grupo depende de ti y confía en ti. Tendrás que dejar de pensar en ti y pensar para los demás—dijo bastante serio—.No hace falta que te recuerde las responsabilidades de los administradores, ¿verdad?—preguntó enarcando una ceja.
Tegan negó rápidamente con la cabeza.
—He leído mucho el manual. Sé de qué va el tema—dijo convencida.
Pietro suspiró.
—No hace falta que te recuerde la ley de relaciones, ¿verdad?—preguntó el hombre.
La chica pensó rápidamente en Aris. Desde aquello, la norma esa era la más importante para ella y jamás iba a romperla. Jamás. Le había calado demasiado hondo. Así que nunca podría tener una relación con Minho. No es que quisiera, pero siempre había una posibilidad.
—No, señor—respondió.
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Despues de media hora más, Pietro le indicó que ahora que era administradora debía hacer la ruta que iban a seguir, teniendo en cuenta el terreno y las partes peligrosas.
Se unió con Harriet para comer, y ella no dejaba de hablar.
—…por lo visto ella gritaba mucho y despertó al pequeño. No vio quienes eran, pero según ella, parecían animales—explicó.
Al parecer Valentina estaba boquiabierta.
—¿Qué cotilleas ahora?—preguntó Tegan, con el cuenco en la mano.
—Ayer por la noche, él bebe de Firtanga se puso a llorar y su madre fue a ver qué pasaba. Entonces miró por la ventana y a unos 20 metros, en la linde del pueblo, había una pareja haciéndolo en la hierba.
Tegan escupió todo lo que había comido y empezó a atragantarse.
—¡Cuidado!—gritó Valentina mientras le hacía la maniobra Heimlich.
La rusa se recompuso, por lo menos del ataque. Estaba rojo como un tomate.
—Pero no los reconocieron… ¿verdad?—preguntó temerosa.
Harriet negó con la cabeza.
—No, pero me gustaría saber quiénes eran porque ¡menudos gritos pegaba la mujer!—se rio.
Valentina y Harriet se rieron, pero Tegan estaba súper avergonzada.
¡Hola! Pues espero que a alguien le haya aclarado lo que siente realmente esta muchacha, aunque no se aclara ni ella. Su actitud de victima por la vida va a acabarse ya, puesto que va a pasar algo que les va a afectar a todos para siempre, la recta final de la historia, lo que desencadena todo. Habrá muchas muertes.
