Nota de Aspen a los lectores (la escritora original): Este capítulo es en muchas formas desagradable de leer. Yo personalmente no lo encuentro gore, ya que las descripciones se enfocan más en los pensamientos y sentimientos de Harry que en las descripciones visuales de qué exactamente se le hace. Sin embargo, mi definición de gore puede diferir de la suya. No hay duda de que el capítulo es altamente oscuro, tenso, y contiene fuertes elementos de violencia. Si esto sin duda te va a perturbar, sal de aquí ahora. Aspen.
N/T: Las advertencies de Aspen hablan por si mismo, como siempre anuncio, historia y personajes no son míos, pertenecen a Aspen in The Sunlight/Mercredi y J K Rowling respectivamente.
Capítulo Veinticinco: Samhain
AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO
Harry perdió la concentración cuando fue Aparecido a la fuerza, aunque no lo notó hasta que un nuevo mundo entró en foco. Un claro de bosque oscuro, el de sus sueños, pero ahora no era cierto que algo venía.
Algo había llegado.
Voldemort.
Y con él, una horda de Mortifagos, todos usando esa máscara horrible mientras miraban el espectáculo frente a ellos. Ciertamente era un espectáculo; hasta él podía verlo. Había caído sobre manos y rodillas apenas aparecieron en el claro, y estaba convulsionándose violentamente, su cuerpo no solo protestaba por la Aparición sino también por la falta de comida y agua en su sistema. Su estómago quería rechazar algo, y al poder hacerlo, se apretó en nudos e intentó salir por su garganta. O así parecía.
Comenzó a Occluir el momento que vio los ojos rojos de Voldemort posarse sobre él, pero para entonces ya era demasiado tarde.
Una carcajada resonó a través del calor. Horrible, cruel, que se volvió aún más siniestra por el hecho de que apenas Voldemort comenzó, sus Mortifagos lo siguieron en masa. Una sinfonía de risas mientras él estaba de rodillas haciendo arcadas. Pensó que era su condición lo que Voldemort encontraba tan atrayente. Si, nada como un chico de dieciséis años sin camisa vomitando para comenzar la diversión, comentó mentalmente, poniendo ese pensamiento sobre el muro de fuego, donde cualquier Legillimante pudiera verlo. Pero se había equivocado en su suposición.
Los Mortifagos estaban allí impasibles, solo una leve brisa movía ligeramente sus túnicas mientras su líder descendía de la plataforma en que había estado. Dos manos huesudas se estiraron en su dirección para tomarlo firmemente de los hombros, el contacto contra su piel desnuda se sentía horrible, simplemente horrible. Voldemort lo levantó hasta quedar arrodillado, desnudo desde la cintura para arriba, y se inclinó para mirar directamente a sus ojos.
Fuego. Fuego. Fuegofuegofuegofuegofuego-
Pero demonios, ¡Demonios! Voldemort era poderoso.
-Piensas sobre tu hogar destruido –Murmuró suavemente el Señor Tenebroso, moviéndose para hablar contra su oído, aunque el leve crujir de las túnicas le dijo que los Mortifagos escuchaban claramente- Aunque no te importa mucho –Rió duavemente- Le dije a Lucius que así sería, aunque fue un final adecuado para una casa llena de Muggles que creyeron poder usarme en lugar de ser al revés. Ah, y también lo creer, ya veo. Somos similares, Harry, más de lo que sabes. Te lo dije, ¿Recuerdas? Debiste haberme escuchado.
Todo eso pasó a través de su conciencia como el algodón de azúcar por su lengua, disolviéndose antes de poder saborearlo correctamente, aunque lo escuchó decir su nombre. Lo que importaba era proteger su mente, proteger sus secretos, hacerlo creer que lo conocía completamente, cuando no sabía nada en absoluto. O, nada que importara.
Pero no era cierto, lo supo en en seguida. Voldemort sí sabía algo que importaba.
-Que lástima que hayas perdido tu magia –Ronroneó, sus manos enmarcando su rostro, sus dedos ásperos acariciando sus sienes, sus mejillas- Por supuesto que está allí en alguna parte… lo sabes, así que yo lo sé, pero no la puedes encontrar, ¿Verdad? Mi querido Lucius no necesitaba quitarte la varita después de todo. Eres como un niño entre nosotros, con o sin varita. No tienes defensas, ninguna en absoluto.
Alguien en el círculo de Mortifagos se movió. Le pareció que se estremeció, aunque su visión le estaba fallando. Voldemort estaba mirando fijamente dentro de sus ojos nuevamente, lo que quería decir que Harry había podido ver el movimiento con su visión periférica, si es que lo había visto en absoluto. Lucius Malfoy –o quién creía que era Lucius; era difícil estar seguro ahora que se había unido al circulo—se movió un poco también. Un movimiento brusco de su mano, la palma hacia el suelo, como prohibiendo algo.
Harry intentó no preguntarse quién se había estremecido, al mismo tiempo que aplicaba cada pedacito de disciplina mental que poseía para no contemplar cuál de esas máscaras escondían a aquel en quien no iba a pensar. No aquí, no ahora.
Disciplina, fuego, mantén la concentración. Puedes hacerlo, Harry.
Después de finalmente recuperarse de la aparición, encontró la fuerza suficiente como para quitar las manos de Voldemort de su rostro, y luego la fuerza para levantarse, aunque día tras día sin agua significaba que el piso se movía un poco a sus pies. Voldemort se levantó junto con él, para mirarlo desde arriba, y continuó mirando sus ojos.
Y lo sintió nuevamente, incluso más potente que antes, la sensación pulsante de la búsqueda, de una mente dentro de la suya, intentando encontrar sus defensas, intentando vencerlas, intentando violar sus pensamietos. Harry lo empujó justo como había practiado, lo suficiente como para que pudiera percibir la pelea, lo suficiente para que pensara que se estaba resistiendo… dándole lo que esperaba, protegiendo su mente de un ataque peor… luego que pareciera que se debilitaba, se rendía, mientras Voldemort sacaba memoria tras memoria, pensamiento tras pensamiento…
Aunque solo esos que le permitía ver.
El mundo colapsó en un remolino de sangre, el rojo en los ojos de Voldemort lleno su visión, pero mantuvo el fuego mental ardiendo, y mantuvo lo que importaba a salvo, aunque sus manos se estremecían compulsivamente a medida que se el Señor Tenebroso revisaba capa tras capa en su mente. Era muchísimo peor de lo que había imaginado, muchísimo peor de lo que le habían dicho. Como una babosa arrastrándose sobre la superficie de su mente y luego penetrando cada una de sus células. Babosas ardientes que lo quemaban al tocarlo, que dejaban un camino de maldad que intentaba manchar su alma.
Finalmente satisfecho, Voldemort se alejó y sonrió, su rostro demostraba claramente cuánto disfrutaba todo esto. Harry parpadeo, aclarando su visión de todo el rojo, y notó a Nagini deslizándose en un círculo detrás de los Mortifagos.
Voldemort aplaudió una sola vez antes de anunciar.
-Contemplen al renombrado salvador del mundo. ¿No es deleitante, el prospecto que nos reúne esta noche? Harry Potter, sin un poco de poder. El Niño Que Vivió, sin rastro de magia –Frunció el ceño- Me sorprende que no lo hayas notado tu mismo Lucius. Ha sido así por un tiempo. El chico… -Aquí, Voldemort rio- El chico cree que puede esconder la verdad, cree que es un experto en Occlumancia, pero lo vi en el momento que se nos unió. Se ha convertido en poco más que un squib.
Harry apretó los puños, sabiendo que no era verdad, pero más allá de eso, no dejó que el comportamiento de Voldemort lo distrajera de lo que de verdad importaba: Mantener sus pensamientos tan bien escondidos que los Mortifagos ni siquiera supieran que estaban escondidos.
-Bien, tendremos que cambiar nuestros planes –Voldemort anunció, su voz consumida en una pena fingida- Las torturas mágicas no significarían lo suficiente para el chico ahora que apenas es un mago –Se relamió los labios finos y casi inexistentes- Lucius, ¿Creo que tienes una sugerencia?
Un hombre de túnicas se acercó y se arrodilló a los pies de Voldemort, justo al lado de él. Y nuevamente, tuvo la sensación de que alguien el la masa se había removido ante la imagen.
-Mi señor –Surgió la voz servil de Malfoy- Su brillantez excede las palabras, mi Señor.
Voldemort posó su mano sobre la capucha de su túnica y se la quitó, luego pasó sus dedos decrépitos a través del cabello blanco oro, separando las hebras de la cinta que las había mantenido unidas.
-Es bueno escuchar que lo creas –Ronroneó- ¿Y tu sugerencia Lucius?
-Como el chico es un poco más que un Muggle –Ronroneó de vuelta- Deje que sea torturado de la manera Muggle hasta que sea la hora del sacrificio.
Esta vez, fue Harry quien se encogió. ¿Sacrificio?
-Ah sí –Voldemort respondió ante el pequeño gesto- ¿Lucius no te lo explicó, Harry? Que descuidado de su parte. Tomo un sacrifio cada Samhain. La sangre de un enemigo, Harry –Se estremeció, sus ojos brillando con un rojo profundo- Que delicioso que esta vez, participarás tu.
En alguna parte, fue capaz de encontrar su voz, aunque le dolía sentar las palabras arrastrándose a través de su garganta seca.
-¿Cada Samhain? –Se burló, sonando ronco. Aunque por mucho que doliera, hablar parecía ayudarle con el mareo que lo había atacado apenas se puso de pie. Le dio algo en que concentrarse más allá del remolino de fuego que mantenía a su verdadero yo a salvo. Además, acobardarse nunca había sido su estilo- ¡Cada Samhain! ¿Acaso no puedes contar? Solo ha habido un Samhain desde que te arrastraste desde las tinieblas hasta un cuerpo, Tom.
Una ola de incredulidad se abrió paso a través del círculo de Mortifagos, la sensación tan potente que Nagini se detuvo a mirar, su lengua moviéndose extrañamente. Un Mortifago incluso dio un paso hacia atrás, saliendo del círculo, pero volvió en si un momento después y se volvió a mover hacia delante, aunque el movimiento parecía… casi renuente.
Harry no pudo evitarlo; bajo el fuego se dejó pensar, Oh no, ¡No nos delates, Snape! No puedes ser tan idiota como para dejarlos ver la verdad, no puedes. ¡Muestrales lo que quieren ver, tu me enseñaste eso!
Habló nuevamente mayoritariamente para distraerse de los pensamientos que sabía no debía permitirse tener, incluso aunque pareciera que Voldemort había desistido en el uso de la Legeremancia.
-¿Qué, acaso tus lacayos no usan tu nombre, Tom? –Se aclaró la garganta cuando la sequedad en ella amenazó con acallar sus palabras- Lucius lo sabe; después de todo, él tenía tu diario –Hizo una mueca, una sonrisa maliciosa, y miró al hombre que estaba arrodillado- Por cierto, Dobby está bien. ¿Le digo que le mandó saludos?
-Tu maldit- -Lucius estaba de pie en un instante, su mano dirigida hasta su cuello, pero Voldemort era más rápido. Su varita apareció de la nada, la agitó y ''Crucio'' salió de sus labios, en encantamiento sonó casi aburrido, como si tuviese mejores cosas que hacer y esta fuera una tarea simple.
Lucius Malfoy cayó de lado y se retorció en la tierra mientras Nagini, desinteresada, se arrastró hasta el centro del círculo para mirar.
-Finite Incantatem –Voldemort murmuró un momento después- Realmente, Lucius, debes aprender a controlar tu temperamento. ¿Me ves a mí derramando sangre antes de tiempo? Y en cuanto a ti- -Volvió su atención hacia él- Eres un chico tonto al creer que no celebraba Samhain muchos años antes de acabar con tus padres.
No va a funcionar, pensó, en lo profundo, donde era seguro. No me vas a hacer perder la calma. Me mantendré en control de mi mismo, y seguiré Occluyendo, esperando la oportunidad de escapar. Tiene que venir, tiene que hacerlo. Los sueños eran reales, los sueños son ciertos…
Ojos verdes desafiantes enfrentaron la mirada de Voldemort mientras Harry hablaba con la mayor cantidad de desprecio resonando en sus cuerdas vocales ásperas y toscas.
-Que mal que cuando acabaste con ellos no me diste a mí.
-¿Cómo que no te di? –Voldemort siseó, trazando con uno de sus dedos su cicatriz, la que comenzó a arder apenas la tocó- Si está aquí, para que todo el mundo lo vea, ¡La prueba de que has sido honrado de usar mi marca!
-Es horrible y desfigurante –Dijo secamente, recordando la manera en que Draco Malfoy había descrito su cicatriz aquel día en la clase de Pociones. Alguien entre la multitud hizo un sonido como si se hubiera atragantado, y Harry casi no pudo evitar pensar ¡Cállate Snape! O incluso gritarlo- Es una maldición, no un honor –Continuó- Como esas malditas quemaduras en los brazos de todos. He visto que no tienes una, Tom. ¿Acaso la puedes entregar, pero no tomarla?
-Se cerraría la boca de no ser porque quiero oír tus gritos –Voldemort escupió- Tal vez no seas tan insolente una vez que comprendas tu posición, Harry. Primero, nos divertiremos un poco. Al estilo Muggle, ya que es todo lo que mereces. Y luefo, el sarificio. Me temo que tendré que desangrarte. Ya sabes, tradición. Mi tradición. No creíste que te dejaría estar tan sediento sin razón alguna, ¿O sí? Oh, sí, sé lo sediento que debes estar. Es para hacer tu sangre más densa. Y luego…
Lo tomó de los hombros, sus brazos eran tan fuertes que Harry supo que era magia, no músculos, lo que lo atrajo hasta él, su pecho pegado contra las túnicas de Voldemort. Un frío las recorría, uno que daba cuenta que el maldito no estaba vivo de verdad, aunque claro que lo estaba. Inclinó la cabeza para descansar sus labios contra su oído, su lengua lamiendo levemente su cuello a medida que hablaba, en un tono casi de amante, aunque las palabras eran todo menos amorosas- Ah sí, bebo la sangre de mi enemigo, y luego cuando ya la he bebido toda, comienza el sacrificio como tal. Te quemarás, mi niño. Te quemarás mientras aún estás vivo, e inhalaré el dulce aroma del humo, y cuando todo haya acabado y no seas más que un montón de cenizas, entonces, se convertiré en polvo. Hay Pociones, sabes, Pociones Oscuras que usan ese polvo. Brindaremos contigo cada Samhain, Harry. Literalmente.
El propósito del discurso había sido asustarlo, romperlo como si todo ya estuviese dicho y hecho. Pero Harry no estaba asustado, y no se iba a romper, no cuando sabía con total seguridad que no llegaría a eso, que no podía llegar a eso.
Y si el propósito de esta estúpida teatralidad es verme temblar de miedo, entonces voy a hacer justo lo contrario, decidió cuando Voldemort lo dejó ir, sin duda esperando ver cómo sus piernas temblaban y se doblaban. Querían hacerlo. Apretó las rodillas y se mantuvo de pie.
-Vete a la mierda, Tom –Fue su respuesta casual, dicha como si no tuviera tiempo para esta basura. Y como si encontrara a Voldemort más estúpido que un Trol.
Al parecer, Voldemort había tenido suficiente de esos juegos.
-Severus –Llamó, girándose ligeramente hacia un lado- Ven a sostenerlo por nosotros. No vamos a usar amarras mágicas, no esta noche. No, eso se lo haría más fácil. El chico te detesta; está todo allí en su mente –Se burló- Derrama sus pociones en clases porque se aleja de ti cada vez que te acercas; ¡No soporta el pensamiento de que puedas tocarlo! Así que quítate los guantes, Severus. Pon tus manos desnudas en él, ahora, y veremos cuánto más dura su coraje imprudente.
Un hombre en túnicas, alto y delgado, dio un paso hacia delante, su voz sonaba un poco ahogada por su capucha, pero la pudo reconocer fácilmente. Occluyó con más fuerzas mientras se preparaba para actuar su papel, para hacerse sentir otra vez el odio que hace tiempo se había convertido en algo más.
¿Cómo lo hace?, Recordó haber preguntado, aunque parecía que lo había hecho en otra vida, no en esta. ¿Hacerse sentir cosas que en verdad no siente?
Y la respuesta. Tengo una memoria. Sé cómo usarla.
Él también tenía una memoria, y más aún, después de todo el tiempo que había pasado con Snape, sabía muy bien como mal direccionar. Actúa el papel, una parte suya escondida en lo profundo murmuró. Actúa el papel. ¿Qué es lo que estos Mortifagos esperarían oír, ver? Odiabas a Snape, y pensabas que trabajaba para Voldemort, cualquier idiota sabría eso. Pero no lo sabías realmente, ¿Verdad? Habrían esperado que Snape fuese más cuidadoso que eso. Así que esperarán sorpresa, traición, ira…
-¡Maldito bastardo! –Gritó, y cuando Snape se acercó, levantó la mano y lo abofeteó en el rostro, lo más fuerte que pudo. En su condición, no fue un golpe tan severo, pero claro que lo único que importaba era que se viera auténtico- ¡Albus Dumbledore confiaba en usted! ¡Pero estuvo de lado de Voldemort todo este tiempo! ¡Lo sabía! ¡Siempre lo supe!
Voldemort rió deleitado.
-Ah, su odio de antes no se compara al que siente ahora, Severus. Bien hecho. Realmente bien hecho.
Harry volvió a levantar la mano para golpearlo de nuevo, pero el ver a Voldemort levantar su varita le dio una excusa para no hacerlo.
-Suficiente de eso, pequeño Harry –El Señor Tenebroso entonó- O tendré que usar Imperio en ti. ¿Te gustaría intentar resistirlo otra vez y en este estado? –Levantó el labio desdeñosamente.
-Mi Señor –Snape habló, ya de rodillas, quitándose los guantes de cuero negro mientras lo hacía- Mis manos, la magia blanca, sus pociones, mi Señor…
-Oh, no vamos a ensangrentar tus preciadas manos puras –Voldemort rió- Lucius tiene más elegancia que eso –Se giró hacia Harry- ¡Ponte de rodillas!
Harry se mantuvo de pie, desafiante. Orgulloso, si el bastardo lo quería de rodillas, entonces podía hacer que se arrodillara. Que intente con Imperio. Sería una especie de victoria que no se arrodillara, no por su cuenta.
Pero Voldemort esta noche estaba usando otro tipo de fuerza, la Muggle.
-Severus –Ordenó- Ahora.
Snape se puso detrás de él, y pudo sentir manos cálidas en sus hombros, el agarre lo suficientemente fuerte como para dejar moretones, y lo empujó con fuerza al suelo hasta doblar sus piernas. No es real, se dijo bajo el fuego. En un acto, como esas últimas clases de Pociones a las que fui. Tiene que verse real; tiene que verse sádico, y cruel…
Pero se sentía lo bastante real cuando Snape tomó sus brazos y los juntó apretadamente en su espalda de forma que cualquier movimiento causaba una ola de dolor en sus hombros. No parecía que fuese capaz de escapar sin dislocarse un hombro. No como si eso fuera el mayor problema. Deshidratado, muerto de hambre, aún medio débil a causa de la Aparición, no estaba en estado para actuar valiente, e incluso si lo estuviera, aún tenía solo dieciséis años y era demasiado pequeño para su edad.
-Lucius, levántate –Voldemort habló, sus túnicas ondearon al viento cuando conjuró un asiento para sentarse a mirar el espectáculo- Tendrás tu venganza, ahora, pero bajo mi dirección, ¿Está claro?
-Sí, mi Señor –Lucius murmuró y se arrastró a besar sus túnicas. Voldemort le dio unas palmaditas en la cabeza como un hombre acaricia su sabueso favorito.
-Conjura agujas, mi Lucius –Murmuró roncamente, estirando una de sus manos- El chico odia las agujas, como ya lo sabes.
Un montón de agujas plateadas aparecieron en su palma.
-Oh, puedes hacerlo mejor que eso ¿Verdad?
Un montón más grande apareció, agujas tan gruesas como las que Tía Petunia usaba para tejer. Solo que más puntiagudas, muchísimo más puntiagudas.
-El chico tiene miedo –Snape se burló desde su espalda, aunque las manos que lo sostenían decían algo distinto. El profesor estaba moviendo los dedos de manera deliberada. No era metódico, y tampoco era algo tan obvio como un cariño, pero servía para darle fuerzas de todas formas. Le recordaba que sin importar cómo se viera para el resto, de hecho no estaba solo.
-Debería tener miedo –Lucius respondió, las palabras tan oscuras como el tono que usó para decirlas mientras estiraba una mano para recibir las agujas de parte de Voldemort.
-El rostro primero –El Lord ordenó- Y luego puedes satisfacer tus sueños más salvajes, Lucius, pero recuerda. Guarda sus ojos para el final.
-Sí, mi Señor –Respondió Lucius, sus ojos brillaban con la luz de luna. No se había vuelto a poner la capucha.
Aun sabiendo sus sueños, aun sabiendo lo que debía ser, cuando una de las agujas entró a su campo de visión, hizo lo mismo que hizo dentro de la celda. Conscientemente buscó dentro de si el pozo de ira, odio, y horror que había sido gran parte de su vida, e intentó sacar de él una fuerza explosiva como esa que había desvanecido parte de las piedras. Pero esta vez, casi no hubo reacción. ¿Estaba demasiado débil por la sed como para lograrlo? ¿Se había agotado demasiado con esa última explosión de magia?
Calentó un poco la aguja, eso fue todo.
No era el resultado que quería, ya que Lucius también se había quitado los guantes, supuso que por un asunto de practicidad, y cuando sintió el pedazo de metal calentarse, sus ojos grises se entrecerraron apreciativamente.
-Ah, muy bien –Comentó tranquilamente, antes de mirar a su maestro- Agujas calientes, debí haberlo pensado, mi Señor.
Hizo un hechizo en sus manos para no quemarse, luego usó Calorum para calentar las agujas hasta que brillaran rojas, y las acercó nuevamente. Intentó enfrentarlo valientemente, ni siquiera gimoteando cuando la aguja gruesa y horrible se acercó, pero cuando el calor y el dolor atravesaron su mejilla, jadeó y apretó los dientes, y gimoteó, sus ojos llenándose de lágrimas.
-Un buen comienzo –Lucius murmuró, sonriendo, aunque la expresión no llegaba hasta sus ojos. No estaba satisfecho. Muy lejos de ello- ¿Estás seguro de que no quieres una, Severus?, ¿Solo una? –Otra aguja danzó frente a sus ojos cuando Malfoy la sostuvo para que Snape la viera.
-Sabes que no puedo –Snape gruñó, moviéndose para sostener sus dos muñecas en una sola mano. Su otro brazo se acomodó para atrapar el torso de Harry y apretarlo contra él- Haz lo peor que puedas. Por mí.
-Guarda los ojos para el final –Voldemort repitió, su voz casi perezosa con placer- Pero se creativo hasta entonces. Has que el pequeño insolente me ruegue piedad.
No pido las cosas que no puedo tener, pensó claramente, una parte de él satisfecha de ver a Voldemort sorprendido por la aclamación, aunque le advirtió que debía mantener su imagen protectora. No lo hago. No lo haré. No puedo…
-Y hazlo gritar –Añadió Voldemort, recostándose contra el asiento, sus manos entrelazadas sobre sus piernas.
Y eso, no se lo pudo negar a sus captores, aunque si lo intentó. Seis veces sintió las agujas ardientes enterrándose viciosamente en su carne. Seis veces contuvo el aliento y apretó los dientes esperando que pasara el dolor. Pero todo lo que Lucius hizo en respuesta a ello fue conjurar agujas más grandes, y comenzó a enterrarlas como dagas en lugares en los que chocarían contra los huesos.
Harry gritó entonces. Gritó hasta perder la voz, y se removió contra el agarre de Snape, y antes de que terminara todo, perdió todo sentido del control y comenzó a pelear como un caballo salvaje, pero Snape lo mantuvo en su lugar, durante todo el proceso, cada momento, hasta el último. Para entonces Harry estaba completamente desnudo, y recostado en su espalda sobre la tierra. Cada centímetro de su piel estaba cubierto con heridas punzantes, agujas saliendo de él en ángulos extraños. Más agujas siendo enterradas dentro de él, apuñalando en interior de su espalda y piernas cada vez que respiraba. Estaban hechizadas para mantenerse calientes, para quemarlo por todo el tiempo que Voldemort quisiera verlo sufrir.
Y entonces, cuando el sonido de sus últimos gritos se perdían en las montañas distantes y resonaban en el claro, comenzó lo peor.
Lucius se sentó sobre su pecho, y otro hombre sostuvo sus piernas, pero era Snape quien tenía sus palmas en cada lado de su rostro. Snape cuyos pulgares y dedos abrían sus ojos y los sostenían de esa forma mientras Lucius hacía lo que el Señor Tenebroso habría ordenado, y guardaba sus ojos para el final.
Harry rezó por la muerte, aunque no se iba a ir sin una pelea. Cuando los dedos de Malfoy pasaron muy cerca de sus dientes, gruñó como un perro y le arrancó un pedazo de carne de la mano, escupiéndola como si fuera algo asqueroso.
La respuesta de Lucius fue rápida y sin piedad, aunque antes miró a Voldemort y esperó su asentimiento en aprobación antes de levantar su otro puño y golpearlo directamente contra el lado de su rostro.
Estrellas, estrellas dentro del fuego… estrellas y chispas y llamas serpenteantes dentro del fuegofuegofuegofuego…
Harry pensó que se iba a desmayar, y lo pensó una piedad, pero la sensación de las fuertes manos de Snape sosteniéndolo fijamente se convirtieron en un ancla que lo mantenían presente para soportarlo. La aguja regresó, ondeando frente a sus ojos, ondulando como una serpiente apunto de golpear. Luchó para cerrar los ojos, pero el reflejo fue detenido por los pulgares que se enterraban cruelmente contra su rostro.
La sangre se le detuvo en las venas cuando la cosa se acercó, e impactó directamente contra el centro de su visión.
No una, ni dos veces, sino que una y otra y otra vez en un baile horrible de miedo y dolor. Lágrimas se deslizaron por su rostro, densas y calientes, cayendo de sus ojos y entrando a su boca. Sabían extraño, pegajosas, metálicas y empalagosas, y entendió que no eran lágrimas en absoluto. Era la sangre de sus heridas. Sangre, manchando su piel, y mientras caía, las manos lo liberaron. Otras manos se hicieron cargo. Más frías, sosteniéndolo nuevamente para que el otro ojo sufriera el mismo destino que el primero. Pero estas lágrimas no eran un ancla.
Perdiendo su control sobre la realidad, se sintió caer dentro de las profundidades de un mar más grande, en aguas que calmaban su fuego, que lo relajaban y sanaban y murmuraban en lo profundo de su mente, que lo había hecho bien.
Porque no había rogado, ni una vez. No le había dado la satisfacción al bastardo.
AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO-AYLNO
A Continuación en Un Año Como Ningún Otro:
Capítulo Veintiséis: Quemándose.
