Mil gracias a los que me felicitaron en sus comentarios y en mensajes privados. Valen mil.

Ahora, hay algo que me puso un poco reflexivo mientras escribía este capítulo. Algo que cuco mencionó respecto a la cantidad de personas que leen mi trabajo (y que ya va por las 80 mil palabras ¡Válgame!) y los que dejan su mensaje, así que decidí informar un poco acerca de esta situación para los que estén interesados respecto al tráfico de la historia.

De acuerdo a las estadísticas de , la historia ha contado con 5500 views desde su inicio hasta el último capítulo (la mitad que la versión en inglés, a pesar de que esta se encuentra suspendida). Ahora, normalmente la cantidad de lectores disminuye conforme pasa el tiempo; lo ideal es que suba, pero pocos lo logran. Y actualmente desde hace como diez capítulo, cada uno es leído unas 55 veces en promedio (de nuevo, la mitad de la versión en inglés), y seguramente no todos lo leen o son seguidores a pesar de no tener cuenta como mi estimado Lion. Es... genial, ¿no? Además este no es el único lugar donde lo publico, así que seguramente hay más lectores que disfrutan la historia.

A lo que quiero llegar es que, a pesar del panorama "poco motivador" - entre comillas por que para mi es todo lo contrario - y sin importar cuantas personas en verdad están disfrutando esta historia, no tengo ninguna intención de abandonarla o bajar la calidad para acabarla lo más pronto posible. Es más, creo que mi estilo funciona como filtro para ahuyentar a los que solo buscan cosas simples y "harerms sukulentoz" hasta hartarse.

Si bien es altamente gratificante leer comentarios motivadores y altamente informativos como los de Lion, esta historia la escribo para mi. Es terapéutico y un perfecto ensayo para futuros proyectos más profesionales (publicar es una meta a largo plazo).

En fin, aquí tienen su capítulo nuevo. Disfrútenlo.

CAPÍTULO 21. El espectro de la duda y el remordimiento.


No queriendo que la abrupta intervención de Adelie distrajera a su sobrino de su misión, Palermo decidió abandonar la fría catacumba para discutir con su vieja amiga aquello que la tenía tan alterada. Cerró lentamente la enorme puerta que dividía ambos salones para evitar que el ruido de la charla y el reproche escaparan hacia oídos menos discretos, enfocándose en la mirada aterrada y perdida que no parecía tener conciencia del descaro que acababa de cometer.

"Espero que esto sea tan importante como para interrumpirme en un momento de relativa victoria que en verdad necesitaba", reprendió Palermo con una mirada severa y acusadora que apenas y podía reprimir su ira. "Dime ¿Te aterró la idea de lo que yo te haría al presentarte ante mi como una fracasada?"

Aquella pregunta acusadora desconcertó a la asustada mujer hasta el punto en que, por un instante, el miedo que la dominaba parecía ser sustituida por un sentimiento de completa incredulidad y confusión.

"¿Qué?"

"Adelie, tenías tres misiones importantes cuyo éxito era vital para nuestra supervivencia: fingir el asesinato de tu hijo, sembrar el miedo entre nuestros enemigos y, por supuesto, infectar a Clint con el parásito para someterlo", dijo Palermo alzando la voz por un instante para luego bajar el volumen, recordando el propósito de haber aislado a ambas en primer lugar. "Que hayas cumplido con sólo dos de ellas, es lo mismo que fracasar estrepitosamente en tu empresa. ¿Quieres decirme qué demonio sucedió ahí?"

"¡Eso es precisamente lo que quería decirte, estúpida!"

Un shock recorrió el cuerpo entero de Palermo ante el insulto que nunca antes había sido profanado contra ella, sobre todo por parte de la que consideraba su amiga de la infancia. Si bien ambas tenían frecuentes discusiones acerca del rumbo al que se dirigía la orden, así como reprimendas debido a la actitud exasperante e infantil de Adelie, eran muy raras las veces en que ambas mujeres intercambiaban honestos insultos cargados de ira y rencor.

"Escucha, cada persona en todo el planeta posee una voz interior que llama a mi regalo para que puedan experimentar una pizca de lo que es el verdadero placer que disfrutamos. Un recordatorio de que, incluso dentro de las almas más puras, algo perverso se esconde en el sitio más recóndito de sus corazones".

"No necesitas recordarme el cómo funciona tu 'don', Adelie", protestó Palermo queriendo terminar con la conversación lo más pronto posible para regresar con su sobrino y seguir adelante con el plan. "Ve al punto y dime qué rayos te pasó".

Adelie respiró hondo, como si lo que estuviera a punto de decir le costase toda su energía y desafiara su entendimiento de la realidad.

"No pude escuchar la voz en este joven… Clint…", confesó por fin sujetando a Palermo de sus brazos como si una fuerza externa le arrebatara su energía y se viera obligada a buscar un soporte.

"¿Qué?", preguntó mientras arqueaba una ceja con un tono que denotaba más incredulidad ante lo que ella consideraba la simple actitud exagerada y dramática de Adelie, que por el hecho en sí.

"¡Me arriesgue permaneciendo más tiempo allá de lo que habíamos planeado para comprobarlo, pero Clint no llama a mi regalo!", gritó mientras apretaba los brazos de Palermo hasta al punto de lastimarla, lo cual se evidenciaba con la mueca de leve dolor que la líder de la Orden ejercía. "Y tú sabes lo que eso significa…"

Un momento de profundo silencio reinó nuevamente en el cuarto anexo a la catacumba mientras Palermo dejaba atrás el sentimiento de ira y las ideas que su mente ya estaba planeando para castigar a Adelie por su imprudencia, pensamientos que ella utilizaba para reprimir el recuerdo de la persona más detestable que tuvo la mala suerte de conocer, y que ahora se presentaba como si se tratara de un buque enemigo asaltando sin piedad su memoria. Pero incluso con las tácticas que Palermo creía dominar para no dejarse llevar por los recuerdos, otra parte de su cerebro enlazaba los cabos sueltos y la traicionaba al obligarla a recordar el rostro de la mentira y el complot encarnado.

Ella no podía permitirlo.

"Tú hijo… tiene un plan brillante que nos dará la victoria", dijo por fin Palermo con un tono dulce y una sonrisa compasiva. "Y con él fuera del radar de ese joven y su grupo, no es necesario preocuparnos de esta pequeña sorpresa".

El rostro pálido de Adelie que hasta apenas hace unos instantes expresaba un profundo horror, lentamente se transformaba en una cara inexpresiva al ver que Palermo simplemente ignoraba un hecho importante… No, vital para el éxito de su supervivencia, como si su mente no pudiera recrear las facciones que su rosto debería expresar ante la indiferencia y la ignorancia.

"¡¿ESTÁS DEMENTE?!" Gritó por fin con una fuerza que bien pudo haberse escuchado hasta la mansión arriba de sus cabezas. "¡Palermo, tú sabes que sólo hay otra persona en todo el planeta cuya voz tampoco llama a mi regalo! ¡Debemos de…"

"¡Adelie!" Gritó Palermo con furia antes de que su amiga se atreviera a sugerir algo impensable y estrictamente prohibido. Pero una vez que Adelie desistió de su intento de convencerla, cambió al tono dulce y comprensivo de hace un momento. "Ya es suficiente, querida. Siento mucho si herir a tu precioso hijo fue demasiada tensión para ti, pero realizaste un acto que habría dejado exhausto a cualquiera y no te culpo que hayas reaccionado de esta manera…"

"No, Palermo. No me ignores", susurró mientras negaba con su cabeza.

"Descansa, amiga mía. Maña tenemos muchos asuntos importantes que atender".

Palermo se dirigió de regreso a la puerta que llevaba a la catacumba donde su sobrino lo esperaba y quien, seguramente, le haría un sinfín de preguntas acerca del griterío del que ella había fracasado por detener. Pero tan pronto como su mano sujetó el picaporte mientras buscaba excusas precipitadas para las interrogantes de Phillip, una voz melancólica y extremadamente familiar la detuvo con una palabra que tenía al menos una década de no escuchar.

"Pami…"

Una mezcla de miedo e incredulidad paralizaron a la líder de la Orden al escuchar el seudónimo con el que Adelie solía dirigirse a ella cuando eran niñas, el eco de una mujer que se había extinguido al haber aceptado convertirse en la portadora del parásito hacía ya diez años. Palermo giró lentamente su cabeza para encarar al fantasma de su vieja amiga y pronunció las únicas palabras que su perturbada mente pudo elaborar.

"¿Cómo me…?"

Adelie usó su mano derecha para frotar su frente delicadamente, como si tratase de apaciguar un dolor de cabeza que amenazaba con exacerbarse hasta niveles insoportables.

"Me estás… ignorando… me estás… dejando sola como la última vez. Y no… no puedo…".

Palermo aún no podía dar crédito al extraño fenómeno que ocurría ante sus ojos y, por primera vez desde que ella había tomado el control de la Orden, se preguntó seriamente qué fue lo que en verdad había sucedido con su amiga de la infancia, quien apenas y se podía sostener en sus temblorosas piernas mientras se abrazaba a sí misma en señal de profunda tristeza y terror.

"Te lo pido por favor… ¡No sé qué más hacer!"

Las lágrimas de desesperación inundaron los ojos de aquella mujer como cascadas que caían con la fuerza de las primeras lluvias en verano y que amenazaban con inundar todo a su paso.

"Adelie ¡Cálmate!" Gritó Palermo en un vano intento de tranquilizar a la perturbada mujer.

El torpe andar de Madam de Valois casi la había provocado colapsar estrepitosamente en la fría y enladrillada superficie de la habitación, hasta que Palermo pudo reaccionar rápidamente y detener la caída sosteniéndola con sus brazos. Fue entonces que pudo evidenciar otro notable cambio en la mirada de su amiga: el color escarlata en sus ojos almendrados y seductores, los cuales invitaban a cualquiera que los mirara detenidamente a un festín de placer y completa perversión, eran reemplazados lentamente por el tono original esmeralda que había encantado a innumerables pretendientes en su juventud. No solo por el aspecto exótico que un rasgo así provocaba en las personas, sino por la mirada de dulzura y amabilidad que alguna vez fueron virtudes en las mujeres de la casa de los Valois.

Una mirada que Palermo no había visto desde que su amiga cometiera aquel terrible error hace años y que destruiría a su familia para siempre.

"¿En dónde está?" Preguntó Adelie con la mirada perdida mientras recargaba su cabeza en el pecho de su ayudante. "Debo verlo…".

"No, Adelie", respondió Palermo con firmeza al saber que ver a su hijo solo complicaría más la situación. "No puedes ver a Phillip en ese estado hasta que logres enfocar tus pensamientos ¿Entendido?".

Adelie negó con su cabeza. "No… no él", susurró con otro leve sollozo. "¿En dónde está tu esposo?".

Estaba a punto de decirlo.

Con esa simple palabra, la fortitud de Palermo parecía derrumbarse como una gigantesca muralla impenetrable de autocontrol que acababa de ser resquebrajada por un pequeño, pero profundo impacto que la tenía en alerta ante la atrocidad que Adelie estaba a punto de desatar. Un ultraje tan severo para ella que incluso la desafiante y burlona personalidad de Madam de Valois tenía que ceder para no provocar la ira de la suprema líder de la Orden.

Y, sin embargo, un profundo y extraño sentimiento dentro de Palermo deseaba oír ese nombre.

"¿En dónde está Asdrubal…?".

La respiración de Palermo se aceleró y sus ojos se llenaron con las mismas llamas del odio. Soltó los brazos de Adelie y con su mano derecha, completamente extendida, descargó su ira acumulada por años en una mujer totalmente vulnerable.

"¡TE DIJE QUE JAMÁS VOLVIERAS A MENCIONAR ESE NOMBRE EN MI PRESENCIA!"

La pobre mujer fue derribada de forma violenta con la fuerza de aquella bofetada cargada de odio hacia otra persona, golpeando el suelo estrepitosamente y

"¿Por qué…? ¿Por qué no quieres escucharme?" Chilló Adelie mientras se colocaba en posición fetal para protegerse de la crueldad de su amiga y los posibles maltratos que seguirían. "Eres como una hermana para mi ¿Por qué eres tan mala conmigo?"

Incluso con todo su rencor y frustración que la hacían enfrentar batallas casi imposibles día con día desde que todo este desastre comenzara, Palermo aún poseía un sentimiento de compasión y cariño fraternal hacia su amiga de la infancia. Por eso, y al ver a Adelie derrumbada en el suelo como un alma en pena, no pudo evitar sentir remordimiento al haber descargado su ira contra alguien que solo intentaba advertirla de un hecho que, siendo sincera, podría ser alarmante y requeriría de su atención.

No le quedaba de otra más que enmendar un poco su error. Se acercó a Adelie y la abrazó gentilmente como una madre a su desconsolada hija mientras acariciaba su cabello con dulzura.

"Ya, ya, ya…", susurró para después dar un gran suspiro. "Ay, Adelie… Ya habíamos superado esto".

"Phillip…", dijo Adelie entre sollozos y espasmos que dificultaban su entendimiento. "Quiero abrazarlo…".

Normalmente ella habría concedido esa simple petición, pero Palermo sabía que la relación entre madre e hijo era mucho más complicada y separada de lo que cualquiera podría discernir. Por eso, un encuentro con su frívolo hijo resultaría todavía más angustiante para su pobre psique, por lo que tenía que evitar el contacto a como diera lugar con la mayor sutileza posible.

"No. Debes descansar…", dijo con tono firme y suave.

De pronto, un par de pasos provenientes de la puerta que dividía la habitación con la catacumba se escuchaban cada vez más cercanos hasta que estos se detuvieron cuando llegaron al lugar donde se encontraban ambas mujeres.

Phillip tomó una jeringa que había preparado anteriormente, e inyectó un sedante a su madre para terminar de una vez por todas con la escena dramática que solo atrasaba el proyecto. Al cabo de unos segundos, los sollozos de Adelie habían terminado, y aquella alma en pena ahora se encontraba completamente sumergida en un sueño pacífico.

Palermo llamó a un par de sus guardias para que se encargaran de llevarse a Adelie a sus aposentos con la estricta orden de vigilarla todo el tiempo hasta que ella despertara. Los sirvientes asintieron y uno de ellos la llevó delicadamente entre sus brazos hasta que ambos desaparecieron del lugar, dejando a Palermo y a Phillip a solas para terminar de ajustar los detalles de su plan.

Pero primero, aún había algo que debía saber.

"¿Tú sabías de esto?" Preguntó Palermo.

"Cuando la persona que conocías desde el inicio de tu vida de pronto se convierte en una completa extraña, empiezas a preguntarte qué le sucedió… Y a veces no obtienes todas las respuestas", respondió con severidad y firmeza, como si aquella condición no lo preocupara en absoluto. "Lo que le hayan implantado ha hecho tantos estragos en su mente que no me sorprende para nada este pequeño episodio de demencia disfrazada de remordimiento".

Palermo sintió una ligera molestia ante las frías palabras que su sobrino usaba para referirse a su propia madre, como si se tratara de un paciente mental que no merecía la más pizca de compasión ante un mundo indiferente. Pero de nuevo, la reciente historia de los Valois parecía condonar esta actitud, y ella no tenía ninguna intención de crear otro drama familiar en ese momento.

"Espero que cuando despierte esté en sus cabales. Ya tengo bastantes problemas como para vigilar a tu madre", dijo Palermo para luego dar otra petición a su sobrino. "Pero por favor, Phillip. Te pido que no descuides tu trabajo por ella".

Phillip respondió con un resoplido burlón y una sonrisa altanera que denotaba su nula preocupación por aquel asunto.

"Descuida, tía", dijo con firmeza. "Mi madre no ocupa ningún lugar en mis pensamientos".

Más palabras frías que a Palermo le costaba trabajo tolerar. Tendría que pasarlas por alto nuevamente con la esperanza de que, quizás en el futuro cuando todo este lío estuviese resuelto, se presentaría una oportunidad para tratar de reconciliar a ambos.

Era en esos momentos cuando se lamentaba no haber hecho más para unir a su bella y talentosa alumna con su brillante, pero petulante sobrino.

"¿Cuándo puedes empezar?" Preguntó para acabar de una buena vez con ese asunto.

"Primero debo acondicionar un lugar lo bastante grande para montar el laboratorio", respondió Phillip mientras usaba su dispositivo holográfico de nuevo para abrir un documento de texto con varias cosas escritas en forma de lista. "Estas son todas las máquinas, instrumentos, instalaciones especiales y personal competente que necesitaré. Si puedes conseguirme esto para mañana; junto con toda la discreción pertinente por supuesto, podré iniciar en menos tres días".

Palermo asintió con la mirada mientras comenzaba a estructurar en su cabeza el plan para ocultar un proyecto de esta magnitud de todos los procedimientos legales que debían burlar. Una vez hecho esto, ambos se dirigieron a la salida de aquella fría catacumba para dar marcha a su siniestro plan.

"Y Phillip…", dijo Palermo mientras cerraba la enorme puerta y con su característico tono firme que denotaba la importancia de lo que iba a pedir. "Ninguna palabra de esto".

"Tú misma lo dijiste: los muertos no pueden hablar", contestó Phillip con una sonrisa burlona como si aquella advertencia estuviera de más.

Y tal como había sido desde hacía décadas en aquella catacumba, la soledad y la oscuridad engulleron la poca luz que llegaba de la iluminación artificial una vez que esta se había ido. Una perfecta metáfora para aquel negro corazón que no guardaba ni el más mínimo afecto por aquella horrible persona que, a pesar de todo, aún lo amaba con locura.

. . . .

Debido a la época en que se encontraban, además de su ubicación al noroeste de la región Kalos, los últimos rayos del sol de las siete de la tarde aún iluminaban la punta de la Torre Maestra con el tono naranja rojizo que habían alcanzado a presenciar hacía poco más de una hora en el gimnasio-palacio de Valerie, por lo que verlo nuevamente les hacía sentir como si hubiesen retrocedido un poco en el tiempo para admirar el espectáculo veraniego característico de la región.

Como era de esperarse, la marea alta había bloqueado el camino que conducía al antiguo edificio y gimnasio de ciudad Shalure, por lo que la acción a seguir usualmente debería haber sido hospedarse en la ciudad y cruzar al día siguiente. Sin embargo, Clint había prometido a Ash que su entrenamiento daría inicio a primera hora del día siguiente, y las instalaciones del gimnasio eran excelentes para llevar a cabo la nueva y rigurosa rutina.

Además de la excusa de que debían ser lo más discretos posibles en cuanto a sus movimientos, razón por la cual hospedarse en un hotel no era la mejor opción; contar con tres famosas celebridades en el medio del espectáculo y el modelaje habría resultado contraproducente y bastante molesto al mantenerlas prácticamente encerradas para evitar las estampidas de fanáticos que se abalanzarían para obtener un autógrafo o tomar fotos comprometedoras de sus ídolos. Al menos en lo que respectaba a Clint.

Es por eso que la sugerencia que dio a continuación parecía poco congruente con todos los puntos que habían considerado antes de tomar la decisión de cruzar el mar.

"Muy bien ¿Quién quiere cruzar del modo divertido?"

La invitación motivadora y vivaz de Clint sorprendió a al resto del grupo que aún no se recuperaba por completo de la tragedia que hasta hace unas horas habían experimentado. Bonnie, no obstante, parecía emocionada con la invitación, dando vigorosos brinquitos que hacían gruñir de alegría al Pokémon hámster y la extraña criatura legendaria de su pequeño bolso.

Clint buscó dos pokébolas de su cinturón, liberando de una de ellas al Pokémon prehistórico volador cuya prodigiosa velocidad llevaría al resto hasta su destino en un santiamén.

"¿Tú lo llevas?" Preguntó Clint a Elesa, quien asintió con una sonrisa mientras se acercaba a Sevatar para acariciar su cabeza en un gesto de confianza y respeto para permitirles viajar en él.

"Valerie ¿vienes conmigo?" Preguntó Elesa.

"Seguro. Si llegamos primero, puedo presentarnos ante Korrina y su abuelo".

Elesa dio un vigoroso salto hacia la espalda de Sevatar, sorprendiendo al resto de los chicos de su prodigiosa agilidad y divertida manera de subir en ese Pokémon tan feroz. Valerie la siguió de una manera más usual, colocando su pie en el estribillo e impulsándose para acomodarse en la montura.

"Ash, usa a tu Noivern para cruzar", ordenó Clint. "Sé que aún es joven, pero es conveniente que se acostumbre a cargar a otras personas para que desarrolle fuerza y resistencia"

Ash asintió emocionado, liberando a su compañero de su pokébola y buscando la manera en cómo acomodarse de forma adecuada para no entorpecer la maniobrabilidad de Noivern. Una vez que el entrenador hubo encontrado la posición ideal, ordenó al dragón-murciélago seguir a Elesa y Valerie, quienes acababan de emprender el vuelo hacia la Torre Maestra. Bonnie, Serena y Clemont observaron entusiasmados las siluetas de ambos Pokémon voladores reduciéndose en el horizonte.

Pero para cierta pequeña, había una interrogante que estaba ansiosa para que le respondieran.

"¿Cuál es el método divertido?" Preguntó abriendo sus enormes y risueños ojos, característicos de los niños ansiosos por recibir una grata sorpresa.

Clint sonrió y abrió la segunda pokébola que había tomado de su cinturón previamente.

"¡Khan! ¡Hay gente que quiere conocerte!" Gritó mientras de la luz escarlata se manifestaba un conocido e intimidante Pokémon prehistórico al que Bonnie ya había fraternizado anteriormente, y que de hecho usaba una prenda para dormir basado en su diseño. Sin embargo, en esta ocasión su alegría y entusiasmo se vieron mucho más exacerbados ante las características que hacían único a este Pokémon; la más evidente siendo el tono azulado que este Tyrantrum poseía, exaltando la imagen de nobleza y poder que de por si la especie tenía el orgullo de poseer.

Bajo la sombra que producía el noble Khan, Serena y Clemont miraban boquiabiertos la evidente disparidad entre el resto de las casas de la ciudad y el tamaño poco usual que el Pokémon de Clint había alcanzado, pues la especie a lo mucho llegaba a los dos metros y medio de altura, y el Tyrantrum "shiny" fácilmente alcanzaba los cuatro metros.

"¡E-Es increíble!" Exclamó Serena con una mezcla de asombro y miedo al ver que aquel Pokémon se dirigía hacia ellos mostrando sus poderosas mandíbulas y filosos dientes.

"¿No sería más conveniente esperar a que Sevatar haga varios viajes? Después de todo, no está muy lejos", dijo Clemont

"Por favor ¿En dónde está lo divertido en eso?" Respondió Clint con tono alentador mientras se colocaba de cuclillas y pedía a Bonnie que se sujetara fuertemente de su cuello. Una vez que los brazos de la pequeña rodeaban el cuello de Clint, este dio un vigoroso salto apoyándose en el brazo de Khan hasta tomar la posición adecuada en el lomo de su compañero. "Serena, Clemont: esperen aquí y cuiden el resto del equipo hasta que Sevatar regrese por ustedes", dijo antes de ordenarle a Khan dirigirse hacia la Torre Maestra.

El enorme Tyrantrum rugió vigorosamente mientras se adentraba en el mar como aquella famosa criatura ficticia que regresaba a su hogar en las profundidades una vez que terminaba de devastar una ciudad o enfrentarse a uno de sus tantos rivales. Debido a su tamaño, el nivel del mar apenas le alcanzaba a las rodillas, pero esto no evitaba que algunos Pokémon acuáticos como Remoraid o Almomolla saltaran despavoridos al encontrarse en el paso de un gigante que ignoraba el recorrido de aquellas especies, salvo aquellos momentos en los que uno de estos Pokémons se descuidaba y terminaban en las fauces de Khan, devorándolos casi de inmediato. Esto, por supuesto, fuera de los ojos de una niña que aún parecía no comprender el concepto de cadena alimenticia.

Bonnie, como cualquier niño de su edad – y seguramente más de un adulto – disfrutaba con alevosía el recorrido mientras extendía sus brazos y reía al experimentar una sensación que pocos tenían la suerte de disfrutar. Clint, por su parte, era menos expresivo con sus emociones, pero no podía negar que disfrutaba aquel momento familiar e infantil que se le había negado desde el inicio de su existencia, y que tenía que desquitar en cualquier pequeña oportunidad.

Una vez llegando a la mitad del recorrido, el fiel Sevatar se acercaba volando a lado de ellos, cargando a Serena y Clemont en sus espaldas, además del resto del equipaje que sujetaba con sus patas traseras. Bonnie y su hermano intercambiaban un alegre saludo fraternal hasta que se encontraron con Ash, Pikachu y Noivern, quienes habían regresado para unirse a la caravana y acompañar a sus amigos hasta los escasos metros que quedaban a la puerta principal de la Torre Maestra, donde Elesa, Valerie y tres figuras muy familiares para los chicos ya los estaban esperando.

Al llegar nuevamente a tierra firme, justo en el momento en el que el sol se despedía con sus últimos rayos y que los Pokémon regresaran a sus pokébolas después de su invaluable ayuda para cruzar, Clint se dirigió al encuentro con los protectores de la Torre Maestra; abuelo y nieta, para presentarse formalmente y solicitar de su hospitalidad.

"Mucho gusto. Soy Gurkinn, guardían de los secretos de la Torre Maestra", dijo el anciano de prominentes y bizarras cejas con una sonrisa. "Y ella es…"

"¡Korrina, líder de gimnasio de ciudad Shalure!" Interrumpió la joven sujetando con alegría la mano de aquel extraño. "¡Un placer!"

Clint sonrió con una mezcla de sorpresa y gusto al ser recibido de forma tan familiar y cordial a pesar de ser un completo extraño para ambos. Dudaba seriamente que Khan había sido el causante de tanta emoción, pero por el momento recibiría el gesto de aquella chica sin hacer muchas preguntas.

Además, Korrina ganaba puntos por ser rubia.

"Clint…", respondió con tono amigable. "Pateo traseros de villanos y demás gente mala".

El resto del grupo compartió un momento de carcajadas ante la respuesta sarcástica y algo descortés de una boca bastante liberal. Elesa, por su parte, dio un largo suspiro al ver que Clint de nuevo le resultaban bien las cosas al salirse con la suya, a pesar de ignorar los más básicos modales ante posibles aliados.

"Espera…", dijo Korrina mientras observaba detenidamente los rasgos de cierto chico que lucía muchísimo mayor que la última vez que se habían visto "¡Ash! ¿Eres tú?"

"Qué bueno verte de nuevo, Korrina", respondió

"¡Wow! ¿Qué te sucedió?" Exclamó con sorpresa mientras se acercaba a él hasta encontrarse a escasos centímetros de su rostro y usar su palma derecha para comparar la estatura entre ambos. Cerca de ahí, una señal de alerta se había encendido en cierta chica al ver que Korrina estaba en la 'zona prohibida'. "¿Cómo creciste tan rápido?"

"Bueno… es una larga historia", respondió un poco avergonzado de aquella declaración.

"Y estoy deseoso de escucharla, pero ustedes han tenido un día muy agitado", interrumpió Gurkinn al estar consciente de que todos ellos deberían estar exhaustos después de un día agitado. Además de aquella señal de alerta que se activó tan pronto como su nieta había puesto la mirada en Ash. "Descansen y mañana podremos hablar tranquilamente. Mientras tanto, pueden usar las instalaciones con toda confianza".

"Muchas gracias por su hospitalidad", respondió Valerie haciendo una reverencia para luego dirigirse al sitio donde se encontraba su equipaje, seguida por Elesa.

"Voy a desempacar lo que envió Surge y luego atenderé otros pendientes", informó Clint mientras seguía a ambas líderes de gimnasio. "Duerman bien".

Los chicos asintieron y se dirigieron con entusiasmo a los dormitorios, pero un último aviso de Clint los hizo detenerse.

"Y Ash…", dijo Clint interrumpiendo el paso de los chicos. "Mañana a las seiscientas horas en el dojo. Serena, tú te nos unirás a las setecientas horas afuera de la torre ¿Entendido?"

Ash y Serena sonrieron, emocionados de que por fin su entrenamiento con el que serían de más ayuda contra el Culto, daría inicio. Asintieron por última vez y se dirigieron a los dormitorios donde charlarían un poco para ponerse al corriente antes de que el sueño por fin los encontrara.

Platicaron acerca del resto de las batallas de gimnasio, así como los nuevos Pokémon que habían conocido y la excitante batalla de Serena que la había hecho ganar el título. Decidieron guardar la parte trágica para después, pues no querían arruinar el momento con una serie de horribles anécdotas que, para ser sinceros, no creían ser capaces de soportar.

"¡Cielos! ¡Han tenido un viaje increíble!" Exclamó Korrina para luego dirigir la mirada hacia Serena. "¡Estuviste espectacular en tu batalla! ¡Lucario, mi abuelo y yo no pudimos despegarnos de la pantalla!"

"¡G-Gracias!" Respondió Serena con un intenso rubor.

"Aunque…", dijo Korrina con un tono más melancólico y serio. "Siento mucho lo que les sucedió hoy…"

A pesar de sus intentos, era casi inevitable que aquel tema surgiera en aquella plática entre camaradas. Pero de entre todas las miradas cabizbajas, había una que parecía más deprimente por aquel momento de desmayo del que había sido víctima.

"Vamos, Clemont…" animó Ash colocando su mano en el hombro de su amigo. "No fue tu culpa…"

"No… yo…", balbuceó Clemont sin cambiar su mirada. "Lo sé, pero no puedo evitarlo. Simplemente… perdí el conocimiento y no serví para nada…".

"Hermano…", suspiró Bonnie mientras sujetaba del brazo a su hermano mayor.

"Sin embargo… No es solamente eso por lo que estoy así".

"¿De qué hablas?" Preguntó Ash confundido de la misteriosa actitud de su amigo. ¿Pues de qué podría tratarse lo que lo mantenía tan acongojado?

"Es… acerca de lo que dijo Valerie respecto a Clint", respondió por fin para revelar un sentimiento que lo había estado molestando desde la primera vez que habían conocido a su nuevo compañero, pero que por su timidez no había sido capaz de compartirlo con el resto de sus amigos. "Es decir… a pesar de que me agrada, aún creo que es un completo extraño y no está siendo completamente sincero con nosotros".

Justo en ese momento, Elesa caminaba hacia el dormitorio para desearle buenas noches a los chicos, pero aquella revelación la había detenido a escasos centímetros de que su mano sujetara la perilla de la puerta.

"Pero… nos ha contado de su misión y del por qué desea acabar con este Culto", respondió Serena tratando de responder la inconformidad y duda que Clemont tenía de su mentor.

"¿Y cómo es que llegó con ellos en primer lugar?" Preguntó Clemont con un tono demasiado serio que no era propio de su personalidad. "¿De dónde viene? ¿Qué le hicieron exactamente? ¿Y qué ha hecho él en estos ocho años desde aquella tragedia además de buscarlos?"

Las preguntas de Clemont resultaban ser totalmente válidas e incómodamente inquietantes. Y, ahora que revisaban el panorama una vez más, no había mucho que los hiciera depositar su confianza en aquella persona que hasta hace apenas unos días se había cruzado en su camino de forma tan inesperada. Para empeorar el asunto, las palabras que Valerie había dirigido a Clint hace un par de horas parecían revelar un pasado y personalidad muy oscuras que incluso lograron borrar la mirada y actitud dominante del agente.

"Cuando conocí a Clint… yo me hice esas mismas preguntas", dijo Elesa irrumpiendo finalmente en la habitación con unas cuantas palabras con las que pretendía aclarar un poco el panorama de duda que se sembraba en los chicos. "Tomó tiempo para que se abriera completamente, pero una vez que lo escuché, pude comprenderlo perfectamente… Pues la mayor parte de su vida ha sido terrible desde el principio de su existencia".

El silencio reinó por un instante en el dormitorio mientras Serena trataba de descifrar en los ojos de la súper modelo, un poco de aquel misterio que ahora los abrumaba.

"¿Es tan malo?" Preguntó Clemont con una mezcla de curiosidad y culpa al haber abordado un tema que sólo había sembrado dudas en el resto de sus compañeros.

"Siento haber escuchado su charla sin su permiso, chicos…", dijo Elesa evadiendo aquella pregunta. "Pero puedo asegurarles que, cuando el momento llegue y él considere que es digno de su confianza, les responderá todas esas interrogantes…"

Elesa se encontraba entre dos frentes en los que no podía elegir un bando: por un lado, no podía soportar ver las miradas cabizbajas de aquellos maravillosos chicos que habían sido atrapados en un conflicto que amenazaba con destruir su inocencia; y que, al menos en un panorama donde la duda y el engaño eran frecuentes campos de batalla, la confianza absoluta entre todos debería ser imprescindible. Por el otro, revelar la historia de la persona más querida para ella en todo el planeta, no sólo sería un acto de traición. Existía una muy buena razón por la que Clint no deseaba contar su historia a pesar de que en muchos sentidos ella no estaba de acuerdo.

Tendría que optar, pues, por una opción intermedia.

"Valkia...", dijo después de un momento de reflexión. "Es un buen lugar para empezar a buscar".

Elesa dio media vuelta hacia la salida del dormitorio sin decir nada más. Pero justo cuando su mano estaba a punto de girar la perilla, la intrigante pregunta de otra persona la había hecho detenerse una vez más.

"Elesa, espera…", dijo Serena mientras tragaba saliva para averiguar otro dato importante y que la tenía totalmente agobiada por la posible repercusión que tendría en la imagen que se había formado de su amigo y mentor, si es que sus miedos se confirmaban. "¿Alguna vez… Clint ha lastimado a alguien?"

Elesa pudo discernir la verdadera intención de las palabras que había elegido Serena, y no podía culparla por ella. Ese era precisamente uno de los momentos que tanto le lastimaba no poder aclarar por la gravedad contenida en cada fragmento que escondía una pieza de la tragedia que una persona tuvo que superar para sobrevivir. Actos tan terribles que nadie, salvo aquellos que habían pasado por lo mismo, podían perdonar o tan siquiera comprender.

"Como dije: ya llegará el momento en que toda la historia les sea revelada", dijo mientras abría la puerta, no sin antes darles otro fragmento que seguramente fragmentaría todavía más la imagen que tenían de Clint, pero que era absolutamente necesario para cuando el resto de la verdad les fuera revelada. "Pero por el momento puedo decirles que ese no es su verdadero nombre".

Un shock paralizó las extremidades y recorrió la espalda de todos aquellos en el dormitorio ante una pieza de información que no parecía tener el mayor sentido en alguien a que hace apenas una hora disfrutaba de un momento de diversión infantil al lado de sus amigos. A menos, claro, que también hubiese sido otra fachada de un maestro del disfraz para ganarse su confianza y comprobar que eran dignos de compartir su pasado.

En la mente saturada de dudas de todos los chicos, existía una pregunta que sobresalía por sobre todas las que se estaban formando: ¿Qué tan grave era el pasado de Clint como para hacerlo capaz de mentir con algo tan básico como lo era su identidad?

Y con ese último pensamiento, el sueño por fin había dominado a Ash y sus amigos. Esperando que el sol de la mañana siguiente pudiera llevar su luz en los lugares más recónditos de sus corazones sembrados de duda.

TO BE CONTINUED…