En cuanto abro los ojos me percato del dolor que me invade en el brazo, dormí toda la noche sobre él y peor aún, sobre la herida que se ha abierto un poco y ha sangrado. Me quejo pues el hombro se me acalambra, estoy tan entumecida que incluso las rodillas me duelen también.

Me quito la gasa y me doy cuenta que la cortada se ha hinchado y está roja, maldigo, probablemente Hiram tendrá que coserla de nuevo. Y honestamente, no quiero, hago un berrinche mental y vuelvo a decirme que si así me duele ahora, cuando tenga que pasar la aguja de nuevo, dolerá cinco veces más.

Rachel sigue dormida, acurrucada en posición fetal, dándome la espalda y respirando tranquila y pausadamente; me acerco a ella, recargando un poco de mi peso sobre su brazo derecho y le beso el hombro y luego el cuello.

Afuera todo se escucha tranquilo, quizás unas cuantas voces que susurran y no alcanzo a distinguir lo que dicen, tampoco sé de quiénes son.

El frío no se ha quitado y en la medida en la que nos acercamos a Newfoundland el sol sale mucho menos y la lluvia se aparece mucho más. No sé qué tan propicias sean las condiciones para nosotros.

He revisado el mapa a detalle, no estamos realmente cerca, nos faltan unos días, probablemente unos tres… quizás cinco, suponiendo que nada malo pase, que no tengamos altercados ni motivos para detenernos demasiado tiempo mas que para dormir, probablemente comer y demás necesidades fisiológicas… por cierto, me urge darme un baño. Aunque sólo pensar lo fría que estará el agua se me quitan un poco las ganas.

Escucho el cierre de alguna de las tiendas y sé que es hora de levantarse.

-¿Rach?-. La muevo un poco y vuelvo a besarla, sólo que esta vez, cerca de la oreja.
-Mmm-. Me contesta apenas, con desgano e incluso molestia.
-Es hora-. Le sobo el brazo y le doy unos golpecitos en la cadera –Anda, tenemos que levantar esto y partir.
-Pero no quiero-. Suena como un berrinche y puedo apostar porque está haciendo puchero; le sonrío pues siento ternura. Me gusta mucho cómo se le ve el cabello despeinado, cómo se le ven los ojos hinchados, parece que tuviera cara de Muppet.
-Yo tampoco quiero, pero tampoco podemos volver a dormir. Además…-. Le señalo mi brazo –Necesito que tu padre me revise esto-.

Se levanta en seguida y me toma el brazo, jalándome hacia ella y me duele la piel que se estira, arde.

-Ouch-.
-Lo siento-. Levanta poco a poco la gasa y me lastima pues me arranca unos cuantos vellos. Cuando ve la herida hace una mueca –Dios, creo que tendrán que darte un par de puntadas ¿Cómo te la abriste?-. Pongo cara de: ¿hablas en serio? Y ella me sonríe pícara.
-No estoy segura que haya sido por eso, quizás fue que dormí sobre mi brazo…-. Respondo.

Vuelve a acomodar la gasa y luego me besa los nudillos. Nos quedamos viendo, sin decir una sola palabra, no sé si estoy aún lo suficiente modorra como para no atinar a lo que quiere decirme con la mirada o si sólo quiere verme y en realidad no me está diciendo nada.

-Vamos, necesito decirle algo al grupo-. Me acerco y le beso los labios.

Después de tranquilizarme por el sueño, decidí tomar el mapa y observarlo, podríamos bien quedarnos en la costa, utilizar un bote o botes para poder estar en el mar. O, podemos ir hacia la isla; por el momento he olvidado el nombre, pero creo que tiene el tamaño correcto para poder asentarnos ahí, lejos de todos.

De haber zombies podemos eliminarlos sin mayor problema… el problema en sí será que a menos que encontremos un ferri en funcionamiento, las camionetas tendrán que quedarse del otro lado.

Me parece viable la opción de la isla, me siento más segura estando sobre tierra firme, y el mar que nos separa será de gran ayuda, espero que los cabrones no sepan nadar, eso sí sería una enorme desventaja para nosotros.

El frío de la mañana me despierta completamente y extraño en seguida el calor de la tienda. Siento la mano de Rachel aferrarse a la mía y eso me pone de buenas; al instante me ruge el estómago y me doy cuenta del hambre que tengo: mucha.

La escucho reírse y sobarme.

-Alguien tiene hambre-.
-Probablemente una hamburguesa ayude…-.
-Tendrás que conformarte con una lata de atún y galletas-. Hago cara de desagrado.
-Tienes razón, no puedo pedir mucho ¿Eh?-. Me niega con la cabeza y me besa el hombro.

Hiram se acerca a nosotras y se da cuenta de que lo tengo lleno de sangre. No dice mucho, no quiere saber cómo se me abrió la herida, pero yo siento la necesidad de contradecir lo que se está imaginando.

-Dormí sobre mi brazo-. Sonríe y sé que no me cree.
-Pues te va a doler como el carajo-. Trago saliva, me estoy sugestionando y ya no sólo me arde, también me punza.

Comienzo a imaginar que se me infecta, qué tal que por falta de las medidas correctas de higiene se pudre, que se me cae el brazo. Bueno basta ya de mis tonterías, nada de eso va a pasar.

Rachel camina mal, aún le duele la rodilla y, estúpida yo que no se lo he preguntado, no le he interrogado por su golpe. Pero es que traigo esto de la isla dándome vueltas en la cabeza.

Cómo deseo conexión a internet para saber cómo luce esa isla, cuánta población tiene y cuántos kilómetros cuadrados. Esa información sería de grandísima ayuda.

Mientras Hiram me vuelve a curar, Rach levanta la tienda. En cuanto el agua oxigenada me toca y empieza a pasar otra gasa por encima, hago cara de dolor y brinco un poco.

-Tranquila, supongo que valió la pena que se abriera-. Me sonríe pícaro y yo me asombro de su reacción, en seguida siento la cara caliente, apuesto a que me he puesto completamente roja, así que agacho la mirada y me lamo los labios como acto reflejo.
-Juro que…. Juro que fue mientras dormía-. Vuelve a sonreír, no le he negado la insinuación. Me pongo más roja.

Me quejo y le quito el brazo.

-Deja de ser tan marica-. Pasa santana cargando sus cosas y las echa a la cajuela.

No le contesto nada, estoy concentrada inhalando y exhalando para controlar el dolor; quisiera maldecir pero no me atrevo a hacerlo frente a Hiram. Finalmente me limpia de nuevo con un liquido verde que no sé si es jabón y luego saca la aguja, vuelvo a respirar profundo.

-¿Lista?-. Asiento rápidamente con la cabeza y aprieto fuerte la mandíbula. Cierro los ojos cuando siento el primer piquete y al segundo se me va el aire.

Alguien se para junto a mí y pone su mano sobre mi hombro, creo que es Rachel pero no estoy segura porque sigo con los ojos cerrados. Espero que el martirio acabe ya y siento otra punzada, luego un jalón y suelto el aire cuando al ver un poco, me doy cuenta que Hiram ha terminado.

Me siento mareada. Nota al pie: Evitar las cortadas profundas.

-¿Estás bien?-. Pregunta Rachel. Volteo a ver su rodilla.
-¿Y tú?-. Le señalo con la barbilla. Tiene su peso puesto en la pierna buena y las manos en la cadera.
-Todavía me molesta doblarla, pero espero que en unos días mejore, mi padre ha puesto a calentar agua con sal y me estaré poniendo fomentos en el camino-. Le sonrío y le tomo la mano trayéndola a mí, me abrazo de su cintura y pongo mi cabeza en su esternón. Siento en seguida sus dedos acariciándome el cabello.

-¡Basta de romance! Necesitamos empacar ya-. Grita ni más ni menos que Santana.

Las dos la vemos con cara de pocos amigos, luego volteamos a vernos, levanto la cara y me besa en los labios. Es la primera vez que lo hacemos frente a mi madre y me percato de que nos ve fijamente, aunque en realidad no sé cómo describir su rostro. Me pongo nerviosa al instante y trago saliva, Rachel voltea hacia donde está mi mirada.

-Creo que… iré a… si-. Y se encamina hacia donde está su padre.

Mi madre trae a Amy en brazos, me acerco a ella y la tomo, recargándola en mi brazo sano.

-Yo…-. No sé cómo continuar.
-Sólo es… nuevo para mí esto de verte de este modo…-. Me sonríe, es una sonrisa sincera pero algo incómoda.
-¿Cómo durmió?-. Le acaricio la cabeza y le acomodo el cabellito rubio. Me doy cuenta de que no tenemos ropa para ella, la única que tiene es la que trae puesta.
-Bien, despertó una vez pero volvió a dormir en seguida-. Asiento.
-Necesitamos ropa para Amy-. Mi madre le echa un vistazo a sus ropas sucias.

Sé que hacernos de ropa para la bebé significa parar en la siguiente ciudad, es decir, arriesgarnos a encontrarnos con sorpresas desagradables y peligrosas. Pero el frío arrecia y no podemos tenerla todo el tiempo con nuestros gorros que se le van a la cara y las chamarras que no la dejan moverse.

-Creo que tendremos que parar en algún lado-. Me mira preocupada.-Lo hablaré con todos ¿ok?-. Me toca la mejilla y me observa.
-De pequeña eras muy parecida a tu padre, ahora que maduras te vas pareciendo más a mí-.
-Gracias a dios-. Bromeo y ríe.

Caminamos hacia los demás, aún con Amy en mis brazos. Puck y Samantha están sacando las latas de comida de la camioneta, por extraño que parezca ahora sí que traigo apetito de atún y unas galletas saladas.

Estamos sentados en círculo y Puck nos pasa uno por uno nuestro desayuno, aunque a B. le da dos latas pues una es para Lord que está maullando y restregándose en el cuerpo de Britt, pidiéndole comida. Creo que todos estamos increíblemente hambrientos.

Siento a Amy en mis piernas y come ella antes que yo, le hemos dado pollo con verduras y un vaso de leche en polvo diluida en agua. Cuando termina Judy hace favor de tomarla para que pueda desayunar y así, estando todos reunidos me atrevo a hablarles de mi plan.

-¿Recuerdan que Moss nos dijo que iríamos a Newfoundland, más específico, Hopedale?-. Anthony se quita los lentes y los limpia con la orilla de su chamarra por décima vez en este rato.
-Si, se supone que es ahí hacia donde nos dirigimos-. Se asume que es obvio.
-¿Así se llama?-. Pero por lo visto no. A Puck le afecta el amor. Ignoramos su pregunta.
-Bueno anoche vi el mapa y creo que es mejor que de tener la posibilidad, si encontramos botes o un ferri, vayamos más bien a una isla que está no lejos de ahí-. Todos me ponen atención, incluso dejaron de comer y me miran sin parpadear.

-Es muy seguro estar aislados de todo lo demás, si los zombis no nadan no podrán alcanzarnos y probablemente la isla no haya tenido demasiados habitantes, así que si unos no murieron ya de hambre o se comieron entre ellos o lo que sea, entonces será fácil eliminarlos. Dudo que no haya tiendas de conveniencia de dónde tomar provisiones y demás cosas que podamos necesitar; ya sin peligros podríamos ocupar un edificio, una casa, algo y hacerlo nuestro hogar…-. Siguen haciendo silencio y yo hago una pausa para ver si quieren decir algo pero al parecer están mudos –No sé ustedes, pero yo no estoy muy contenta con la idea de ser nómadas-.

-Es un excelente plan-. Dice al fin Will y Emma asiente rápido con los ojos bien abiertos. Esa mujer es todo un personaje, bastante curiosa.
-Si, concuerdo con William, si encontráramos las cosas necesarias para ir a la isla no veo por qué no hacerlo-. Anthony que deja su taza de café sobre el pasto húmedo y se levanta por el mapa -¿Me puedes decir cuál es la isla?-. Me llevo conmigo mi lata y mi café.

Despliega el mapa sobre el cofre de una de las camionetas y me acerco, parándome a su lado y echándole un vistazo para ubicarlo.

-Aquí-. Señalo con el dedo índice y el inspecciona el papel maltratado.
-Es algo grande para lo que imaginaba, pero con suerte tendría pocos habitantes siendo un lugar tan frío; tendríamos que seguir hacia el noroeste…-. Se queda deliberando, apuesto a que está teniendo una conversación consigo mismo en este momento.

-¿Ves ésta otra isla que está aquí?-. Me señala otro pedazo de tierra muchísimo más pequeño. Entrecierro los ojos y alcanzo a distinguir el nombre.
-Fogo Island-.
-Sí, si lo que queremos es estar lejos de todo y de todos podríamos ir para allá, muy probablemente haya casas, no demasiadas, en las que podamos asentarnos-. Todos se han parado ya y se han acercado a nosotros para poder ver la isla de la que estamos hablando.

Está lejana, es la más lejana de la isla Newfoundland, pero creo que valdrá la pena hacer el intento. Rachel vuelve a tomarme de la mano, entrelazando nuestros dedos, atenta a lo que dicen Hiram, William y Anthony. Yo sólo me concentro en este momento, quiero escapar un poco y poner atención a este pequeño detalle de tenerla cerca de mí.

Con la muerte de Spencer y Moss he quedado algo sensible aunque no lo diga, he tenido más noción del hilo delgado que separa la muerte de la vida, cómo en un segundo estamos y al otro no; sé que no somos eternos, que tarde o temprano cualquiera de nosotros se irá. Pero atesorar esto es lo que me queda para que si Rachel me da antes, no tenga que arrepentirme de absolutamente nada.

Haber perdido a Moss fue como haber perdido de nuevo a Russell; y no soy muy buena lidiando con las pérdidas, ya lo saben. El apego que siento para con las cosas y las personas es inevitable y sí, también molesto, porque finalmente el que sufre es uno.

En el momento de una pérdida uno se queda con los recuerdos y, los recuerdos son tormentosos. Uno es el que tiene en la cabeza tantas cosas que a veces se puede llegar a tener dolor físico. Necesitaba a Moss con nosotros porque me brindaba seguridad, porque aprendí a quererlo de cierto modo, con sus patillas canas y su nariz grande, con la panza que indica que o bebe mucha cerveza o es un hombre que lleva muchos años casado.

Su voz era firme y sabía guiarnos. ¿Han escuchado la expresión de: como perro sin dueño? Así me sentí, como que ahora que no estaba Moss, nada nos saldría, volveríamos a ser unos huérfanos sin rumbo fijo, más expuestos a los peligros y menos a la tranquilidad.

La traigo hacia mí pasando su brazo por mi cintura y poniendo el mío en sus hombros, le beso la cabeza y recargo mi mejilla en ella, haciéndonos para atrás ahora que los señores se han puesto a hacer planes. Les dejo esa tarea a ellos, no tengo ganas de ser el cerebro esta vez.

-¿Qué te pasa?-. Me pregunta con una sonrisa en el rostro.
-Me gustan mucho tus dientes ¿Te lo había dicho?-. Vuelvo a juntarla conmigo y pone su cabeza en mi pecho.
-Creo que no-. Respira profundo y puedo ver el vaho que despide su aliento. –Andas cariñosa-.
-¿Te molesta?-.
-Claro que no tonta, sólo que hacía mucho que no eras así conmigo-. Nos separamos lo suficiente como para vernos a la cara.
-Tengo ese lapsus en el que estar lejos de ti cinco minutos me parece una eternidad-. Se levanta de puntillas y me besa en los labios.

Cuando nos separamos tenemos a la mayoría viéndonos sin decir nada, Santana tiene cara de asco y Britt sonríe con el gato en sus brazos, mi mamá creo que comienza a acostumbrarse, Emma está contrariada, Puck parece que viera comida y los demás… creo que a los demás les importa un cacahuate.

-Necesitamos ropa para Amy-. Les digo.
-No queremos que se enferme-. Me hace segunda Emma –Aparte su ropa ya está muy sucia y la pobre no puede andar así-. Finalmente termina hablando como se le habla a todos los bebés y le abre los brazos para cargarla; la niña sin más inclina el cuerpo y se deja llevar por la pelirroja.

Creo que finalmente Amy será la hija de todos; se acurruca en el hombro de nuestra ex consejera y cierra los ojos. Acaba de levantarse ¿Y vuelve a dormir? Cómo la envidio en estos momentos.

-Podemos llegar en la siguiente ciudad, pero por favor, seamos muy cuidadosos-. Anthony pareciera el papá ahora que Moss se ha marchado. Y creo que le he visto los ojos cristalinos, apuesto porque el pesar de la muerte de Spencer sigue siendo enorme.

Adama parece más callado que de costumbre y no es para menos, dentro de todo este torbellino el único que realmente lo acompañaba era ella, ahora que no está probablemente se sentirá aislado, como que no encajara. Samantha por otro lado está tranquila, supongo que cada quien lidia con la pérdida como mejor sabe y le conviene.

Me da mucha ternura ver a Puck de la mano de Sam, pocas veces lo llegué a ver de ese modo y sinceramente me agrada.

Tras las últimas especificaciones echamos la basura en bolsas y emprendemos el viaje.

Xxxxxx

Estamos entrando a Waskaganish, qué nombre tan cómico.

Nos detenemos en una gasolinera para ver si hay combustible y llenar los tanques de ahí, de modo que ahorramos los botes que cargamos en una de las camionetas.

Es una ciudad pequeña, de casas con techos muy alemanes, de esos que son de dos aguas y empinados, como que pareciera que las casas tienen espacios compactos. Por fortuna hay combustible y estamos todos alertas a lo que pueda pasar.

En este lado de Canadá, más específico Quebec, los zombis parecen ser como los de siempre: tranquilos y lentos. Caminan lejos de nosotros, parecen como ausentes de nuestra presencia, pero ya sabemos que nunca hay que fiarse y que ser precavidos de más es la opción.

Puck y Will entraron al minisúper que se encuentra frente a nosotros, pareciera que lleva años abandonado… y pensar que sólo han sido unos meses. Me pregunto cómo se verá el mundo cuando de verdad hayan pasado muchos años, qué escenarios post apocalípticos podrán ver otros supervivientes, si es que los hay.

Mi madre y Emma se han quedado dentro del auto con Amy así que ellas no me preocupan demasiado, los que están adentro son los que hacen que me corra fuerte el corazón dentro del pecho y mantengo el oído aguzado por si escucho un disparo o gritos.

Cuando las camionetas se han llenado los vemos salir con un carrito lleno de provisiones, sabemos que estamos bastante cargados, pero siempre es bueno tener de sobra y así podremos recuperar la comida que hemos estado gastando en nuestro trayecto acá.

Cuando veo el segundo cochecito me brillan los ojos, traen cigarros y licor, ya sé que debemos de preocuparnos por otras cosas, pero en tiempos como este esas dos cosas son buenas amigas, una nunca sabe cuándo será posible ponerse una buena borrachera para celebrar algo muy bueno o ponerse triste y olvidarlo un rato cuando cosas como la que acaban de pasar, suceden.

Al pasar junto a mí y San, Puck nos avienta una cajetilla de cigarros a cada una y ponemos cara de alivio.

-Te vas a ir al cielo-. Le digo agradecida.
-Espero que eso sea en bastante tiempo-. Me sonríe y me despeina como se despeina a un niño cuando quieres fastidiarlo.

Me acomodo el cabello y Rachel se acerca a mí con su escopeta recargada en el hombro. Camina con menos dificultad, lo que me indica que los fomentos le han servido. Nos sonreímos y caminamos abrazadas a la camioneta, cada una con su arma en el hombro. Abre la puerta y sube de un brinco, cierro su puerta y camino a la puerta del piloto.

Seguimos adentrándonos un poco más, como he dicho, no es un pueblo demasiado grande, las casas tienen varios metros de separación y hace un viento fresco. Probablemente llueva, pero espero que no sea así, hoy no tengo ganas de lluvia; disminuir la velocidad me estresa.

-Habemus tienda de bebé-. Escucho por el radio. Es la voz de Samantha, vienen delante de Anthony y nos detenemos uno a uno con precaución. Como en la gasolinera, Emma y mi mamá se quedan con Amy, pero me acerco a su ventana.

-¿Qué talla es?-. Y mi madre se echa a reír. Frunzo el ceño y cruzo los brazos.
-¿Cuál es la risa?-.
-Tiene dos años…-. Me encojo de hombros como diciendo: ¿y? –Es talla dos años-. Veo la obviedad del asunto y dejo de renegar.
-Ya volvemos-. Doy media vuelta y camino hacia el lugar.
-¿Quinn?-. Me giro hacia dónde mi madre. –Ten cuidado por favor-. Le sonrío para darle seguridad.
-Lo prometo-.

En la entrada me están esperando todos, muchas manos funcionan más que dos, y así podremos tomar todo lo que podamos. Ya dentro, creemos que es mejor que tomemos muchas tallas, los bebés crecen a pasos agigantados y la ropa que le podamos conseguir en talla dos, podría dejar de quedarle en un santiamén, buscar más ropa donde estemos podría ser un gran problema.

La única arma disparada es la de Britt, que tiene la mejor puntería de todos; simplemente recordemos que su brillante plan y su brillante ojo en la mira, me salvó del condenado derrumbe en el centro comercial.

Nos preocupamos aunque no mucho pues están con ella San y Puck.

Pero nos damos prisa en tomar la ropa y al cabo de un abrir y cerrar de ojos estamos yendo a toda prisa hacia nuestras respectivas camionetas, aventando lo que hemos tomado, en el asiento trasero y saliendo de ahí, no queremos atraerlos con los disparos.

Rachel va observando lo que llevamos, ya la escucho soltar un 'awwww' y luego decir algo como que se verá hermosa. Me enseña un gorro tejido con la cara de un oso y otro de un pingüino. Zapatitos y bufandas, unos abrigos que parecen de mentira porque son muy pequeños.

Me río del asunto y también siento algo extraño en el interior, es como si estuviéramos viendo ropa para nuestra hija, como que fuéramos de regreso a casa, después de haber pasado el día entero en el centro comercial. Que Rachel sacara toda la ropa de las bolsas y las viera con enorme cariño porque sería lo que usaría nuestra bebé.

Trago saliva, no sé por qué me dieron ganas de llorar, ya sé que dije que estoy sensible, pero no es para tanto ¿O sí?

Cuando termina de verla la dobla toda y la deja de nuevo en el asiento trasero, se acurruca junto a mí y empieza a cantar, no llevamos disco puesto, lo único que se escuchaba antes era el viento rompiendo contra la carrocería.

Ojalá pudiera cerrar los ojos y disfrutar de su voz, pero no puedo. Mantengo la mirada fija en el camino, de líneas amarillas que se hace una sola y de un día que está por terminar.

Lo nefasto de ir hacia donde vamos es que muy probablemente a las cuatro de la tarde el sol esté por meterse, así como pasa en diciembre en ciertas ciudades Europeas.

-Extraño verte en el salón del coro haciendo un performance, incluso podría decir que extraño aquel en el que te vestiste de monja y Finn de sacerdote-. Se ríe a carcajada limpia y se acurruca más conmigo.
-Hueles a tierra-.
-¿Querías que oliera a jabón y perfume?-. Digo con sarcasmo.
-Me gusta el olor a Quinn-. Sonrío y le tomo la mano.
-¿A qué huele Quinn?-. No tengo idea de cómo me percibe ella.
-Huele un poco a sudor, pero no de ese que desagrada. También a feromonas y hoy…-. Suspira y voltea a verme –Hoy particularmente tus feromonas quieren hacer fiesta con las mías-.
-Anoche hicieron fiesta ¿Hoy también?-.
-Contigo haría fiesta todos los días-. Es mi turno de reír. Me gusta tanto Rachel, me pone de buen humor, me aligera. Me hace sentir bien, excepto cuando es obstinada y se avienta al ring así sin pensarlo. Como ese día en el que se lastimó y perdimos a dos de nuestros compañeros.

-Hay un parque de remolques a dos kilómetros- Comienza a decir Will –Creemos que podemos acampar ahí-.

Al cabo de unos minutos podemos ver el anuncio del lugar y giramos a la derecha, entrando así a un camino de tierra, donde los árboles se hacen densos y luego llegamos a un claro lleno de pasto y lugares marcados con piedras que delimitan el área para cada remolque.

Veo en la señalética que hay regaderas y me emociono, me da tanto gusto que con suerte tendrán calentadores solares y eso es alentador, me pone de mejor humor.

Cuando me bajo estiro la espalda y el cuello, me giro a la izquierda y a la derecha, sintiendo cómo truenan mis vertebras. Rachel se abraza a mí en seguida y caminamos hacia un lugar predispuesto para fogatas.

Samantha corre al baño con un paquete de pañuelos en la mano y al instante recuerdo que hace bastantes minutos yo misma tenía unas ganas increíbles de orinar.

Cuando sale con una sonrisa asumo que todo ha ido bien, pero luego la escucho decir que las duchas tienen agua tibia y todos, absolutamente todos hacemos un ruido de alivio y caminamos hacia allá.

Las regaderas son suficientes para los chicos, pero no para nosotras que los superamos en número así que tres debemos esperar nuestro turno.

Las que entran antes que nosotras se duchan rápido para no agotar el agua tibia y cuando me desnudo y siento las gotas caer sobre mi cuerpo, vuelvo a hacer el mismo sonido que antes, se siente bien, me encanta que aunque no es caliente como a mí me gusta, no hace que se me vaya todo el aire de los pulmones de tan fría.

-Nunca en la vida había deseado tanto un baño-. Digo al enjabonarme el cabello y masajearme el cuero cabelludo –Podría estar aquí hasta que se me arrugaran los dedos-. Samantha y Rachel ríen.
-Aprecio mucho una piel tersa y no sudada y llena de polvo-. Comenta la pelirroja de ojos verdes.
-Ojalá encontremos más lugares como este camino a Newfoundland-. Escucho la voz de Rachel que luego comienza a cantar de nuevo.

Sam y yo guardamos silencio por la misma razón: es increíble escucharla.

Salgo y tirito un poco, me ha dado frío con el viento fresco que se cuela por una de las ventanas que no pudimos cerrar, me limpio rápido las gotas para aminorar mi temblar. Me dejo que me vea Samantha porque después de todo, cuando fui porrista no me importaba y necesito ponerme algo de ropa con urgencia.

-Y todo eso es tuyo-. Dice.
-Todo, todo mío-. Le contesta Rachel, y entonces sí siento vergüenza.
-¡Basta!-. Digo entre risas, me visto con rapidez y me seco el cabello.

Rachel es más pudorosa, cuando vemos el cuerpo de Sam –que es… wow- Se voltea y sólo a mí me enseña su desnudez, cubierta la espalda con la toalla, se agacha un poco para ponerse la ropa interior y solo cuando es tiempo de ponerse el bra se descubre la espalda sin enseñarle demasiado a Samantha.

-Y esas piernas son tuyas-. Me río, y río mucho en verdad.
-Y qué piernas-. Le digo.

Rach se pone completamente roja y se viste también como de rayo.

Al salir, la fogata ya está hecha y nos calienta en cuanto estamos a dos metros de ella. Amy usa una de sus ropas nuevas y parece contenta de estar caliente con ropa de su talla, me alza los brazos y la cargo. Acercándonos más me siento en uno de los troncos tallados en forma de banca y me pasan la cena de la bebé. Ella come primero que yo y luego Rachel se hace cargo de ella mientras me como algo que no sé si son manzanas o ¿Durazno? Ni siquiera son parecidos pero la lata no tiene etiqueta.

No estoy satisfecha, pero no puedo pedir un corte inglés o pasta. Pasta… creo que eso se podría arreglar.

-¿Tenemos… había pasta en el búnker?-. Le pregunto a Puck.
-Pues sí, tenemos-.
-Hay fuego, hay agua y latas de salsa de tomate, ojo, no kétchup, salsa de tomate de la que usan para las pizzas… mañana hagamos pasta-. A todos se les ilumina la cara.
-Pasta será-. Dice Hiram con una sonrisa.

Luego nos quedamos en silencio y observamos el cielo que se ve mucho más estrellado a medida que avanzamos a donde vamos.

Sueño con ver la vía láctea, con cumplir uno de mis tantos sueños: ver una aurora boreal, pero no sé si aquí puedan verse, no sé si hace demasiado frío como para que el cielo me de ese regalo.

El primero en bostezar es Will, quien ha manejado todo el tiempo. Así que se disculpa y se marcha, en seguida Emma y luego mi madre con Amy. Nosotros nos quedaremos a hacer la guardia ahora.

No estamos muy lejos del campamento y la noche es silenciosa, preferimos no meternos a donde están los árboles porque preferimos tener visibilidad en el claro, eso es mejor pues así tenemos luz de luna.

-Me gusta el refresco de manzana-. Nos dice Sam, y nosotras volteamos a verla raro porque rompió el silencio con algo que no esperábamos -¿Qué? No nos conocemos nada.
-Me gusta la cerveza-. Digo después de reconocer que es verdad que no sabemos nada de ella.
-Y a mí el café-. Samantha asiente y prosigue.
-El color azul-.
-El rojo-. Digo. Y volteamos a ver a Rachel quien se queda pensando, desviando la mirada y con un dedito en el mentón.
-Iba a decir amarillo pero creo que me iré por el rosa-.

Y así seguimos con la plática en lo que se pasan las horas.

Nos enteramos de que sabe hablar francés y que aprendió a cocinar en una escuela para chefs, que prefiere las películas de acción y no soporta… soportaba a Orlando Bloom.

-Apuesto a que…-. Comienza Rach pero luego hace silencio, las tres aguzamos el oído –Escuché algo-. Volvemos a callar.

Nos quedamos así por un par de minutos, ni siquiera movemos un músculo, no queremos ni respirar para que no se vea el vaho que se desprende.

-Creo que no era nad…-. Y entonces lo escuchamos las tres y al mismo tiempo levantamos nuestras armas.

Por supuesto que siempre esperas ver a un caminante y por su forma de moverse apuesto que lo es, pero luego se detiene. Por su figura oscura delineada puedo ver que es una figura delgada y de cabello corto, pero puedo apostar que tiene caderas así que creo que es mujer.

No hemos bajado las armas y la figura no se ha movido, luego entonces poco a poco, casi en cámara lenta comienza a subir los brazos como lo hicieran los que se rinden a la policía y yo doy un paso al frente.

-Quinn, no-. Me dicen ambas, pero creo que es humana y sólo está demasiado débil para hablar siquiera. Doy otro paso pero no dejo de apuntar.
-Tu nombre-. Le digo un tanto fuerte. No escucho nada.

Me acerco un poco más y me pongo nerviosa, no sé si pueda ser una trampa y estoy a merced de quien quiera dispararme de entre los árboles. Me fallan las piernas y la voz.

-T-tu nombre he dicho-.
-Fran…-. Se le corta la voz y no dice más; pienso en Francine y me late el corazón como loco –Francesca-. Tiene un acento extraño, tal vez inglés, tal vez francés, no puedo distinguirlo bien porque su voz es muy queda.

Baja las manos y se deja caer de rodillas al suelo, así que bajo el arma y corro hacia ella sosteniéndola en mis brazos, lastimándome un poco. Le puedo ver el cabello rubio y corto, los ojos… no lo sé, sin luz es difícil saber el color. Tiene los labios carnosos y es muy delgada, mas bien flaca.

Sam y Rachel se acercan corriendo y me ayudan a levantarla.

-¿Vienes con alguien más? ¿Qué te ha pasado?-. Tiene los labios secos y partidos. Raro para alguien que está en el bosque.
-S-si-. Suelta –Atrás… diez metros-.
-Si esto es una trampa-. Empiezo a decir con enojo, principalmente para que no me tomen el pelo, pero por dentro muero de miedo.
-N-No no… Katherine… ayuda-. Y Sam me deja el peso de la muchacha y camina a dónde le han dicho.
-Está deshidratada, creo que lo está-. Me dice Rach.
-¿Tienes agua?-. Le pregunto sin verla. No puedo quitarle los ojos de encima a este cadáver andando.

Me estira la mano y tomo su cantimplora. En cuanto le acerco el líquido a la boca la toma como si hubiera salido de un desierto, o como si fuera un náufrago.

En segundos regresa Samantha corriendo, pálida.

-Hay una mujer mal herida-. Suena agitad y nerviosa –Casi tan flaca como…-. La señala con la linterna.
-Rach, llama a Anthony y a Hiram-.

En un minuto tenemos al campamento entero siguiendo a los dos hombres que llevan cargada a… si recuerdo bien, Katherine.

La rubia dice poco y la otra mujer no parece ser de su familia. Tiene el cabello negro y al hombro, piel blanquísima, mucho más blanca que la de Francesca.

Todos observamos a la mujer que parece más viva mientras los adultos hacen por curar a la otra que está dentro de una de las tiendas. Quiero hacerle miles de preguntas pero por su condición preferimos darle comida y más agua, una frazada y la hemos sentado cerca del poco fuego que queda.

-Creo que será mejor que la dejemos dormir; mañana podremos preguntarle qué es lo que ha pasado-. Emma la toma del codo y Puck la levanta con más fuerza. La vemos entrar a una de las tiendas y no decimos mucho en otro par de minutos.

Estoy nerviosa, siento que han invadido mi zona de confort, que alguien extraño ha venido a desarmonizar a mi familia.

A lo lejos, muy lejos escuchamos dos disparos, y luego otros tres.

-Apágalo, apágalo-. Me dice Samantha y señala al fuego. No atino, no sé qué pasa. Me siento confundida. Me arrebata la botella con agua y la echa. Luego cubre la humareda con otra cobija –No sabemos qué es ni quiénes ni si tienen algo que ver con la chica herida, más vale que no demos señales de estar aquí y el humo los atraería-.

Tiene razón.

-Por el momento es bueno que ustedes duerman-. Escucho la voz grave de Anthony.
-Nosotros haremos la guardia-.
-Pero no se han cumplido las horas de…-.
-¡A dormir he dicho!-. Le grita a Samantha.

No sé por qué está tan agitado, por qué suda a pesar del frío que hace, pero no desobedecemos más, caminamos a nuestras tiendas y nos encerramos ahí.

-¿Qué crees que está pasando?-. Rachel se pega a mi cuerpo, tiene tanto miedo como yo.
-No lo sé, pero se le notaba distinto-. Le beso la frente para intentar calmarla.
-Tengo miedo Quinn-. Vuelvo a besarla.
-Todo estará bien… ya verás que estará bien-.

No me cree y yo tampoco creo mis palabras, el corazón me sigue palpitando en las sienes.

-¿Y si…?-. La beso en los labios para distraerla.

Nos besamos mucho, ella me deja hacerlo porque también quiere tener la mente en blanco.

¿En qué momento nos quedamos dormidas? No lo sé, pero es bueno que hayamos dormido algo. Antes de que salga el sol, los adultos nos levantan, nos piden que hagamos silencio y no desayunemos hasta estar lejos de ahí.

Nosotras no decimos más, vemos cómo suben a la chica herida en la camioneta de Puck y la otra viaja con Anthony. Todos intrigados, todos temerosos.

Antes de arrancar se acerca San a mi ventana.

-Escuché lo que platicaban, hay una banda de abusivos en el camino ¿Dónde? No lo sé, querían hacerles daño y lograron huir; la rubia se quedó al lado de la otra, no la quería dejar sola, por eso está en el estado en el que está-.

Temía que este día llegase, temía más por los humanos que por los zombis y, finalmente ha llegado, ha llegado el día en el que no conforme con aquello, también debemos de huir de nuestra especie.