Odio a la hermosa chica nueva.
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SHAMAN KING NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SÍ. PROHIBIDO REPRODUCIR EN CUALQUIER OTRA PARTE SIN MI PERMISO.
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Capítulo 25. ESPECIAL.
Como he estado ausente, quería regalarles este mini capítulo, todo sobre Yoh y Anna, como una disculpa con todos ustedes. Les aconsejo que relean el capítulo anterior y el anterior a ese, pues ya ha pasado mucho tiempo jajaj y es bueno volver a entrar en materia (yo también tuve que hacerlo jahaja).
Espero poder subir en un par de días la especie de "continuación" del capítulo, donde salen ya el resto de los personajes, y ya retomamos lo del concurso, pues creo que pasará antes del 30. En el siguiente capítulo les diré las "reglas" para que participen todos, y espero recibir muchas propuestas de su parte.
Por ahora, los dejo con Yoh y Anna.
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Anna despertó y de momento no supo en dónde estaba. Sentía la cabeza dolorida por la gripe que le había dado hace unos días, y aunque ya no había fiebre, aún sentía el cuerpo cansado. Después de la descarga de adrenalina que la llevó hasta la casa de Yoh, había olvidado un poco su malestar, pero al relajarse le cayeron encima las dos jornadas de trabajo con su garganta y los cigarros que había fumado aquel día. Se frotó los ojos y suspiró, entre agotada y satisfecha. Se levantó para ir al baño, y al salir del cuarto de visitas, tuvo que palpar la pared para no caerse.
Unos pasos a la izquierda, las escaleras que iban al segundo piso. Unos pasos a la derecha, el baño, y otros pasos más, al fondo del pasillo, el cuarto de Yoh. Caminó en la oscuridad hasta el baño, y después de lavarse el rostro se miró unos minutos en silencio. El espejo reflejaba a una joven bonita, de facciones finas, pero con los ojos hundidos por la falta de descanso constante y quizás por no comer tan bien. Todo eso lo sabía. Al verse sentía que aquel cuerpo jamás podría cambiar, y las cicatrices permanecerían para siempre como un sello predictivo del futuro.
Siguiendo este pensamiento, se levantó las mangas de la sudadera que le habían prestado, y apoyó las manos sobre el lavabo, con la intención de que sus antebrazos quedaran descubiertos ante el reflejo del espejo. De pronto, sin siquiera oírlo, la puerta del baño se abrió, y un muchacho adormilado, con los ojos entrecerrados, heridos por la luz, la sorprendió.
De momento, los dos se quedaron quietos, observándose en silencio. Yoh miró las marcas reflejadas en el espejo, y Anna soltó el lavabo, provocando que las mangas resbalaran despacio.
-Perdón, no quería sorprenderte. No me di cuenta que la luz estaba prendida.- Dijo mientras se acercaba a ella y cerraba la puerta detrás.
Anna permaneció de pie, en silencio, viendo cómo se acercaba a ella y sin saber cómo reaccionar. Yoh se inclinó sobre el lavabo y también se enjuagó la cara, tratando de fingir calma y normalidad.
-¿No podías dormir?- La chica seguía en silencio, e Yoh caminó hacia ella con el afán de tomar la toalla para secar su cara. –Yo sólo quería hacer pipí.
La expresión boba del muchacho hizo sonreír a Anna, que estaba entre la regadera y el cuerpo de Yoh.
-Ya iba a salirme de todas formas.
-¿Me esperas a que salga?- Al ver la expresión indecisa de la chica, se apresuró a añadir.- Es que quería contarte algo.
Anna frunció el ceño y salió del baño, pero en lugar de volver al cuarto de visitas, caminó al fondo del pasillo. Yoh se quedó pensando en el baño que no tenía ni idea de qué quería contarle, pero igual salió, y al susurrar un "Anna" siguió su respuesta hasta su cuarto.
-¿Qué pasa? – murmuró la joven, que lo esperaba sentada en el borde de la cama.
-Nada, en realidad.- Se delató el muchacho con una risita tonta.- Sólo quería estar un ratito contigo.
Anna rodó los ojos mientras sonreía, y él cerró la puerta y caminó a tientas hasta la cama. Se metió en las sábanas nuevamente, y alzó un poco el extremo en señal de invitación.
-Están tus papás...- Anna lo miró en la oscuridad con risa en la mirada.
-Sólo sería un ratito...
-¿Y si entran?- preguntó mientras se acercaba a él.
Yoh sonrió y sólo la jaló con fuerza hacia él repentinamente, haciéndola tropezar sobre su cuerpo. Anna ahogó una exhalación sorpresiva y trató de incorporarse, pero el muchacho la encerró entre sus brazos, mientras hundía su nariz en su cuello.
-Yoh...- Masculló Anna mientras trataba de zafarse de aquel abrazo inmovilizador.
-¿Qué pasa?
La joven soltó un gruñido e Yoh terminó por aflojar el abrazo, ayudándola a que entrara bien en la cama. Jaló las sábanas y las cobijas, y la cubrió con cuidado, procurando que su espalda no quedara al descubierto. Anna, por su parte, comenzaba a sentir cómo el cansancio iba en aumento, y se hizo un ovillo entre sus brazos.
-He estado pensando que no deberíamos ir el fin de semana con ellos.
-¿Eh?- Yoh trató de ver su mirada, pero sus ojos ya estaban cerrados.- Creo que te causaría más problemas con tu hermano.
-Él no es mi hermano.- Anna no soportaba escuchar que se le nombrara a esa persona con esas palabras.- ¿Vamos a dormir aquí?
-La verdad dudo mucho que entren. ¿Quieres que vayamos al cuarto de visitas? ¿Quieres que ya cada uno vaya a su cama?
Anna hizo una mueca de puchero y se presionó contra él, para darle a entender que prefería quedarse a lado suyo. De alguna manera, aquel muchacho del que había dudado tanto en un principio, se había convertido en una parte importante de su vida, en una necesidad que convertía cada día en algo mejor. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que las cosas mejorarían poco a poco, y que Yoh estaría ahí para apoyarla.
-Oye Anna- Yoh empujó con su frente la frente de la rubia, para que volviera a abrir los ojos.- ¿Lyserg no es tu hermano?
Anna no respondió, y permaneció con los ojos cerrados. Había tantas cosas que él no sabía todavía, y ella no deseaba tocar esos temas. Confiaba en él pero al mismo tiempo los hechos ocurridos aún le atormentaban, y Anna aún no encontraba una manera no dolorosa para contarlos.
Yoh sabía que ella seguía despierta, y al ver que no respondía nada, besó su frente, luego sus pómulos, su nariz, labios, mejillas. Se acercó más a ella y acarició su espalda, recorrió sus brazos y su abdomen, despacio y con ternura. Anna respiró con fuerza, y dejó que el muchacho pasara su mano por todo su cuerpo, sin abrir los ojos.
-¿Sabes que me gustas mucho?-Yoh besó su cuello un par de veces.- Me gustaría permanecer así para siempre, junto a ti.
Buscó sus labios, y Anna respondió a su beso con ternura, acariciando también su torso, dejándose llevar por el momento. Yoh, mientras la besaba, recorrió su pierna hasta donde alcanzó su brazo, y luego subió otra vez, rozando, casi por accidente, su entrepierna. Anna soltó un ruidito de sorpresa, pero no detuvo su mano.
Al ver que podía seguir, metió muy despacio su mano en el pantalón, y mientras la besaba, puso su dedo sobre su clítoris. Al bajar más, sintió que sus labios estaban húmedos, y fue fácil esparcir aquel lubricante. Sentía a Anna expectante, y su corazón palpitaba con fuerza, al estarla tocando por primera vez. Rozó con suavidad su clítoris, y Anna presionó sus brazos por toda respuesta. Arriba, abajo. No sabía muy bien qué le gustaría a la rubia, pero cuando cambiaba de movimiento, o si dejaba de tocar aquel punto, sentía como ella se relajaba, mientras que al volver ahí y acelerar el ritmo, Anna se ponía tensa de nuevo.
Yoh la besó con más fuerza, y Anna soltó un gemido bajito, mientras la presión que hacía en sus brazos aumentaba. Abajo se había puesto aún más húmedo, y él trataba de mantener el ritmo, mientras veía que Anna abría la boca y cerraba con fuerza los ojos. Con la otra mano, se atrevió a explorar su pecho, y encontró los pezones erguidos debajo de la ropa. Acarició mientras mordía sus labios, y sin dejar de tocar su clítoris. De pronto, pareció que había dejado de respirar, e Yoh vio como apretaba más los párpados, presa de un placer que no había sentido antes. Continuó durante un buen rato, hasta que Anna se arqueó de pronto, mientras clavaba sus uñas en el brazo del muchacho.
Duró unos segundos así, e Yoh sentía su clítoris palpitar bajo sus dedos, mientras parecía disminuir en oleadas las sensaciones. Anna seguía con los ojos cerrados, mientras su cuerpo se estremecía ligeramente todavía.
Después de un rato, la joven suspiró profundamente, y abrió los ojos. Yoh le miraba con una mezcla de cariño y emoción, y sus ojos brillantes en la oscuridad le hicieron sonreír. Besó sus labios una vez más, e Yoh la abrazó con calma, sintiendo cómo la rubia se acurrucaba entre sus brazos hasta quedarse dormida.
