Percy Jackson y Las Crónicas de Kane no me pertenecen… solo juego un poco con sus personajes.

Percy XX

Las Vegas

De nuevo en Las Vegas, de nuevo problemas.

Annabeth, quien desde el principio había tomado control de la misión, disputándosela de vez en cuando con Marcus, fue quien decidió nuestro camino a seguir. La conozco desde hace años, se lo terca y orgullosa que puede ser, así que no me sorprendió que no me hiciera caso en tomar una ruta lejos de Nevada. Ella quería ir por aquí, por aquí nos fuimos.

Por aquí nos emboscaron los lestrigones.

Son mis viejos amigos de la Escuela Preparatoria Meriwether: Chupatuétanos, Devoracráneos y Quebrantahuesos. No me tienen mucha estima, ni a mi hermano Tyson. Trataron de comerme en séptimo grado, por órdenes del titán Cronos, junto a mis compañeros de clase, hasta que Tyson elimino a dos de ellos y Annabeth al tercero. Sin embargo, la mayoría de su rencor está reservado para mí, y eso que yo ni siquiera llegue a tocarlos.

Si, la vida es injusta.

Luego de pasar por Denver, ver el Arco Gateway, volar sobre el gran cañón y tomarnos algunas fotos en la Presa Hoover (Annbeth insistió en ir. Además, algo bueno tenía que salir de esta misión que había resultado tan suicida), terminamos en el grandioso estado de Nevada, yendo directamente hacia Las Vegas.

Al entrar en la ciudad decidimos bajar a comer algo. Al recorrer tantas ciudades en esos últimos días hemos podido probar diferentes tipos de comida (entiéndase también, diferentes tipos de pizza), otro punto positivo de todo este viaje. Pero en esta ocasión, acompañados del faro para monstruos Marcus y su hija, y advertidos de la existencia de cierto hotel atemporal en el que Aannabeth, Grover y yo casi quedamos atrapados una vez, decidimos que no estaríamos mucho tiempo en el vecindario. Así que luego de comer nos marcharíamos.

No paso.

Los fondos de Marcus se estaban extinguiendo luego de todas las cosas que había tenido que pagar durante nuestra travesía. Yo no tenía muchos dólares (por no decir nada), Annabeth llevaba principalmente dracmas y los Kane habían traído comida y otras cosas a través de sus casilleros de otra dimensión. Katelyn, al parecer, no pensó que necesitaría dinero y Walt la siguió con la suficiente prisa para olvidar su billetera.

En resumen, estábamos hechos.

Nuestra falta de recursos nos llevó a buscar lugares de comida que no fueran tan costosos. Entonces nos encontramos con un pequeño letrero que anunciaba un restaurante de comida griega. El local era pequeño y no muy bonito, teníamos hambre y por la facha del lugar pensamos ¿Qué demonios? Con lo feo que esta no puede costar mucho.

Luego de decirle al camarero cuales eran nuestras ordenes, el sujeto era muy alto y ancho con una cara bastante fea, Annabeth y Sadie fueron a los lavabos. En la mesa había cierta tensión. Walt me miraba de vez en cuando, como si yo fuera un espécimen raro; Marcus y Katelyn lo miraban a él con expresiones recelosas, mientras Carter y yo soportábamos esto compartiendo un silencio incómodo.

-Huele extraño- susurro Ketelyn. Walt la mira con algo de molestia, ella agrego a la defensiva- no eres tú, chucho. O no solo tu…

-Katelyn, ¿podrías tener más respeto con Walt?- resultaba extraño escuchar a Carter reprendiendo a alguien, como si se tratara de un verdadero profesor- no se te olvide que en eso también estas insultando a Anubis…

Ella lo interrumpió con un agresivo bufido felino, todos dimos un brinco ante eso. Ella se tapó la boca con las manos, aparentemente tan sorprendida como nosotros, y nos miró con ojos como platos. En sus ojos había aparecido momentáneamente un brillo de color amarillo.

-Lo… lo siento- dijo mirando a los magos, apenada- es… es Kat- su voz era muy baja, tuve que inclinarme al frente para poder escucharla- este lugar la pone nerviosa.

En ese regresaron Annabeth y Sadie, se veían algo conmocionadas. Sadie estaba algo verde, o eso me pareció a mí.

-Creo que será mejor que nos vayamos- dijo Annabeth cuando llego a la mesa, con los hombros tensos.

-Pero acabamos de ordenar- Carter la miro con curiosidad, luego se concentró en su hermana.

Mire a Annabeth, con una pregunta silenciosa que sabía que ella entendería. Sus ojos grises estaban oscuros y tenía un aspecto levemente enfermo. Como si fuera comido algo en mal estado o algo así; el aspecto de Sadie no era tan diferente tampoco.

-¿Qué paso?- pregunte, serio.

-Habían… huesos en el baño. Algunos bastante frescos- susurro en respuesta. Agrego como si se tratara de algún tipo de clave- creo que son… Canadienses.

No tuvo que decírmelo dos veces. Lestrigones.

-¿Segura?

-El lugar es un trampa- contesto, sus mirada calculadora recorriendo el lugar- atraen mortales aquí y luego se los comen… es mejor que nos vayamos. Ahora.

-Me parece que no estoy de acuerdo.

Detrás de ella, interponiéndose entre la salida y nosotros, apareció el camarero. Si antes me había parecido feo, ahora estaba increíblemente peor. Había comenzado a agrandarse y mostrar su verdadera forma, con dos metros y medio de altura, dientes puntiagudos y enormes músculos tatuados. Lo reconocí. Era Quebrantahuesos.

Antes de darme cuenta, me había levantado de la silla y había sacado a Riptide. Annabeth desenfundo su espada de hueso de drakon que llevaba en el cinturón, Marcus tomo su lanza, Carter su jopesh, Sadie su báculo y Walt se puso alerta. Katelyn se quedó atrás del grupo, notoriamente asustada.

-Hijo del dios del mar- el lestregon sonrió con todos sus feos dientes- tiempo sin vernos.

-No te eche de menos ¿tú a mi si?

-No tengo tiempo de charlar- Quebrantahuesos se sonó los nudillos y el cuello- tengo trabajo que hacer, la señora estará feliz de saber que los he matado.

-Disculpe, señor canadiense- Carter dijo, alzando la mano como si estuviera en clase- pero ¿a qué señora se refiere?

Quebrantahuesos no respondió, se limitó a sonreírnos. Entonces pensé, si la última vez eran tres de ellos contra dos de nosotros, pues Annabeth le había llegado al que quedaba por sorpresa, ¿Cómo esperaba combatir el solo contra nosotros seis?

Mi respuesta llego casi inmediatamente. Katelyn dio un grito estrangulado, me di vuelta y vi a Chupatuétanos sosteniéndola del cuello, Devoracráneos estaba junto a él, riendo. Quebrantahuesos ataco antes de que pudiéramos hacer nada, Devoracráneos lo siguió. El tercero se quedó apartado sosteniendo a Katelyn.

Annabeth saco se gorra de los Yankees de forma tan improvista como cuando los magos sacaban sus cosas de La Duat. Entre Marcus y yo tratamos de distraer al Quebrantahuesos para que ella pudiera hacer su jugada y acabara con él. Mientras los Kane y Walt se enfrentaban al segundo, sin poder hacer muchos avances. Estos tipos no dejaban que nos acercáramos.

Un aullido de dolor nos paralizo a todos. Cuando miramos, Katelyn estaba de pie en el suelo y a Chupatuétanos le faltaba una mano. Ella tenía dos cuchillos en las manos, uno de ellos de bronce celestial, y los esgrimió contra el lestrigón. Me concentre en lo mío, justo antes de que me asestaran un golpe en la cara con un puño más grande que mi cabeza.

Quebrantahuesos no parecía saber a quién de los dos atacar: a Marcus o a mí. Annabeth pareció encontrar su oportunidad; de repente, y como si fuera un deja vú, al lestrigón se quedó quieto con una hoja que le atravesaba el pecho, solo que esta vez era de hueso y no de bronce celestial. Annabeth saco la espada y el monstruo se deshizo.

Mire a Katelyn, quien se notaba que ahora era Kat por sus movimientos seguros y letales. Ella estaba jugando con el lestrigón. Un pequeño corte aquí, otro allá, ninguno necesariamente mortal, pero debilitaba al caníbal efectivamente. Cuando gire la cabeza a otro lugar, algo me golpeo el pecho de lleno y me tiro en el aire. Choque con varias mesas y luego la pared.

No perdí el conocimiento como había esperado, pero todo estaba bien borroso y disperso. Estaba bien, bien aturdido. Escuchaba los ruidos de la pelea por debajo de mis propios quejidos, los cuales ni siquiera había notado que estaba haciendo. Pero no eran solo míos, lo que me había golpeado, y seguía sobre mí, se removía débilmente y se quejaba. Trate de enfocar los ojos y distinguí una alfombrita de cabellitos oscuros.

Carter.

En algún momento quedaron solo los quejidos míos y de Carter. La batalla había terminado y Annabeth llego corriendo hacia nosotros.

-Percy- su voz me llego claramente a través de la bruma que era mi mente- ¿estás bien?

-Me duele… todo- murmure apenas.

El peso de Carter fue apartado de mí, lo que me permitió respirar mejor. Annabeth, con voz preocupada, me insto a beber algo de néctar. No me negué, me costó un poco, pero el líquido divino lleno mi boca y se deslizo por mi garganta dándole algo de relajación a mi cuerpo magullado.

En pocos minutos, Carter y yo estábamos de nuevo de pie. Mareados, pero de pie.

-Mejor nos vamos- Marcus me estaba ayudando a caminar, mientras Walt ayudaba a Carter.

-Sí, claro, gran idea- Sadie se escuchaba muy sarcástica, la observamos- ¿Dónde está tu hija?