Mi personal de seguridad junto con Taylor se encargaron de Elena, iba camino a mi departamento sumergido en la música instrumental, pero cuando reaccioné estaba estacionando afuera del edificio de Anastasia, quería entender el porqué de mi atracción por ella, había pensado en el transcurso del camino que desde hace dos años que la había conocido siempre estaba provocando este tipo de sentimiento en mí, la manera en que lo asociaba a otro sentimiento. ¿Era real lo que estaba empezando a sentir por ella? Fijé la mirada en la entrada del edificio, estaba pensando en solo quedarme unos minutos y podría retirarme a mi departamento, a su soledad y al vacío que ahora estaba empezando a notar. Dos minutos después apareció Anastasia en un conjunto deportivo, cargaba una bolsa a su pecho; no lo pensé ni dos veces, bajé del auto, crucé el tráfico de la noche y cuando puse el pie en la acera, ella estaba a punto de abrir la puerta para entrar al edificio.

—Anastasia—Ella se giró a mi dirección y sus ojos fueron de sorpresa.

—Grey, ¿Qué haces aquí?—abrió los ojos de más segundos después— ¿Ha pasado algo? ¿Está bien tu madre?

Sonreí al ver que realmente estaba preocupada.

—Sí, está todo bien, pasaba por el barrio y me detuve al verte venir...—arrugué mi entrecejo al escucharme en voz alta y era estúpido, ella sonrió irónica—Bueno, vine...

—Está bien, ¿Quieres subir?

—No, no—busca un pretexto, Grey—tengo unos pendientes que hacer…

—¿Has cenado ya?

—No…—negué lentamente. Ella sonrió triunfante.

—Entonces, sube. Te invito a cenar comida italiana y te aseguro que le encantará a tu exigente paladar.

—Es que yo…—nada venía a mi mente, ella se acercó un poco más hasta dejar que la bolsa que cargaba entre sus brazos y contra su pecho me rozara.

—Nada de pretextos, Grey. Solo es una cena, tampoco es que te estoy pidiendo que te cases conmigo.

«Ríndete, amigo»

Sus ojos azules me miraron detenidamente y los entrecerró al ver que no podía articular alguna palabra. Empujo la bolsa hacía mi pecho.

—Puedes ayudar.

Mis manos tomaron la bolsa y entré detrás de ella hacía el departamento. En silencio llegamos hasta la puerta, tomó las lleves y abrió, la seguí hasta la cocina dejando en la barra la bolsa.

—¿Sabes cocinar?—fue lo primero que vino a mi mente para romper el silencio. Ella hizo un ruido con su garganta y a la vez asintió con una sonrisa.

—Me encanta cocinar, me considero buena en esto. ¿Tú sabes cocinar?—Preguntó mientras comenzaba a lavar la verdura en el fregadero, negué. No había pensado en tomar una que otra clase en mi tiempo libre, para eso le pagaba a Gail.

—Nunca me ha atraído cocinar. Ni siquiera para mi familia…—confesé mientras miraba el interior de la bolsa—¿Quieres que te pase algo de aquí?—señalé la bolsa.

—No, ya tengo todo listo. Solo me faltaba una ensalada, el resto está en el horno.

El aroma que desprendía había llamado mi atención desde que había entrado al departamento y sentí como mi estómago comenzaba a revolotear del hambre. Me pasó los manteles de la mesa mientras con los guantes de tela llevaba una sartén grande al centro de la mesa, luego una canasta de pan, dos copas y un vino.

—Lávate las manos, Grey—sonreí a su comentario, me hizo recordar a mi madre.

Lo hice en el fregadero y mientras tomaba la toalla para secarme las manos, en el frigorífico estaba lleno de fotografías.

«Paisajes, selfie, sonrisas, grupo de amigos y una que llamó mi atención: una mujer y un hombre ya mayores detrás de ella: ¿Los padres?»

—Ellos son mis padres—contestó mi pregunta mientras su dedo señalaba la foto, me volví hacía ella al tiempo que ella contemplaba nostálgica la foto.

—¿Viven en la ciudad?—pregunté curioso. Esta vez no había investigado más allá de su experiencia laboral, en su momento no me interesaba y ahora… tenía curiosidad por saber más de ella.

—Ellos fallecieron hace cuatro años en San Francisco en un accidente, algo sucedió en el barco donde estaban navegando un fin de semana, simplemente explotó. Las autoridades dicen que fue un accidente debido a una falla en el motor haciendo que explotara con un corto algo así. Después de su muerte, a los meses me mudé aquí a Seattle, después entré a Grey House y dos años después aquí sigo.

Estaba en silencio contemplando su rostro que no dejaba de mirar y acariciar la foto, sentí como el nudo se expandía por mi estómago, algo me empujaba a tomarla entre mis brazos y acariciarla, pero no estaba seguro si era apropiado y el temor al rechazo se hizo presente:

«Mejor no te muevas, Grey.»