Glee y sus personajes no me pertenecen, así como tampoco esta historia. Adaptación.

ADVERTENCIA: QUINN GP!


25

Ninguna de los dos quería ponerse la ropa, así que no lo hicimos. Pasamos el resto de la noche en la cama de Quinn, hablando, besando y tocándonos. Fue dulce, lindo y glorioso. Me conto más sobre sus padres y distintas historias sobre su infancia. Le conté sobre la mía, sobre los buenos tiempos antes de que mi papá se convirtiera en un idiota.

—¿Vamos a hablar sobre lo que pasó? —dijo.

—¿Te refieres al sexo?

—Me refiero a la parte de amor que paso durante el sexo. Debería haber una mejor palabra. Sexo suena tan clínico.

—¿Besuquearse? —sugerí.

—Hacer juerga.

—Rodar en el heno.

—Hacer el amor.

Ambas reímos. Pasó las manos por mis pechos y subió a mi cara.

—Así que la parte de amor —dije.

—Sí. Eso pasó, ¿Cierto?

—Cierto. No fuiste la único que lo dijo.

—Lo noté. ¿Qué vamos a hacer sobre eso?

—¿Pretender que fue algo que se dijo en el calor del momento?

Lo pensó, trazando un círculo alrededor de mi ombligo. —No, todavía te amo. —Besó el punto justo donde mi corazón latía. Pensé sobre eso, pasando mis manos por su pelo corto. Se escurría por entre mis dedos. —Sí, todavía te amo. —Levantó la mirada con una enorme sonrisa en su cara. Rodó hasta que estuvo encima de mí otra vez y descansó el mentón sobre mi estómago. —Cuando le decía a mi mamá que la amaba, siempre me decía que me amaba más que a las estrellas. Te amo más que a las estrellas, Rachel Berry.

No tenía una buena respuesta para eso, así que seguí trazando corazones sobre su espalda.

Besó mi estómago. —Supongo que esto significa que me estoy mudando.

—Supongo —dije, encogiéndome de hombros.

—Me estoy yendo ahora. —No hizo ningún movimiento. Pasé las manos por su pelo, disfrutando su tacto—. Lo juro, me voy a levantar y empacar mis cosas.

—Está bien.

—Se supone que debes llorar y aferrarte a mí y rogar que no me vaya.

—Yo no ruego.

—Podría hacerte rogar —dijo bajando su mano.

—No —dije, agarrando su muñeca. Mi pobre, destrozado cuerpo no podía soportar más.

—Así que aquí voy. —Se movió solo un poco, y la agarré—. Eso es lo que pensé.

—Dijiste que no me dejarías. —Si antes estaba aterrada de que me dejara, ahora lo estaba más.

—Ah, Missy, no te dejaría ahora. Voy a estar pegada a ti. Al igual que en este momento.

—Se me va a ser difícil ir a clases.

—Sólo pon una toalla encima de mí, nadie lo notará. —Rocé su labio inferior con mi pulgar, sacó la lengua y lo lamió.

Era oficial. Estaba enamorada de Quinn Fabray.

—Te amo. Incluso cuando eres una idiota.

—Te amo, incluso cuando me pateas las bolas.

—Que romántico —dije, rodando los ojos.

—Oye, podría cantarte. Sólo tienes que pedirlo.

Honey come home —dije.

Empezó la canción, cantando sin música. La hizo más lenta besándome durante las pausas. Terminó pretendiendo tocar acordes en mi estómago. Hacía cosquillas.

—Mi estrella de rock personal —dije.

—Sólo tuya, nena.

—¿Qué hay con eso? ¿Abandonaste Missy como mi apodo oficial?

—Nena suena más como novia.

—¿Es lo que soy?

—Bueno, eso creo, dado el intercambio de amor y el rodado en el heno.

—Sí. Creo que eso significa. —Huh.

—No estés tan emocionada por ello.

—No es eso. Es que nunca pensé que sería algo que haría.

—No eres la única en la zona de no compromisos. Nunca lo hice tampoco. Esa es una de las cosas que amo de ti. Todo es nuevo.

—Hurra por la virginidad.

—Le daría una ronda de aplausos.

Volví a rodar los ojos. —Sí, es genial. No tengo idea de qué demonios estoy haciendo.

Sacudió la cabeza, recorriendo mi piel con sus labios. —No importa. Puedes aprender.

—¿Vas a enseñarme?

—Oh, me gustaría ver lo que puedes aprender por tu cuenta, chica Missy.

—¿No estás metida en nada raro, o sí?

—¿A qué llamas raro?

—No sé. Como la esclavitud y cuero y mierda como esa.

Rió. —A veces no tengo idea de adónde va tu mente. Cuando se trata de sexo siempre es diferente. Muchas de las chicas con las que estuve sólo fueron un polvo rápido sólo por el placer de hacerlo. Nunca quise quedarme lo suficiente para hacer otras cosas.

—La feminista en mí está realmente ofendida.

—Sabían lo que hacían. Dos adultos teniendo una experiencia sexual consensuada. Te lo dije eres diferente.

—¿Así que no quieres que use un disfraz de gato ni bese tus botas, te llame amo ni nada? —Rió más fuerte, enterrando la cara en mi ombligo. —Detente; ¡me da cosquillas! —chillé.

—Dios, te amo. Sé que lo dije un montón hoy, pero no puedo parar.

—Estoy esperando… —dije, tocando su cabeza.

—Haremos lo que sea que tú quieras. Si quieres colgarme por los tobillos, estoy de acuerdo. Me gustaría tratar algunas posiciones para ver cuál te gusta. Vendrá con el tiempo. Simplemente empecemos con las básicas.

—¿Siempre has sido tan abierta sobre el sexo?

Se encogió de hombros. —¿Por qué ser cerrada? Tarde o temprano, la mayoría de la gente tendrá sexo. No hay que avergonzarse. Estar avergonzado de eso sólo lleva a la gente a hacer cosas estúpidas.

—Entonces, ¿crees que quieras hacerlo otra vez? —Me las arreglé para mantener mi voz en un volumen normal.

—Diría que sí.

—Bueno… ¿Entonces fue bueno para ti? —dije, dándole voz a una de mis ansiedades.

—Nena, fue más que bueno. Eso superó bueno. Nunca usaría bueno para describir estar contigo. —Me sonrió y le devolví la sonrisa

—¿Qué hora es?

—Hum. —Quinn miró de reojo mi reloj a través de la habitación—. Medianoche.

—Dios. No tenía idea.

—¿Puedes creer que mañana tengamos que ir a clases? —dijo.

—No realmente. ¿No podemos hacer esto el resto de nuestras vidas?

—Estaría contenta, pero necesitamos comida y creo que después de unos días nuestras compañeras de cuarto y mi prima se preguntarían dónde estamos.

—Entonces mudémonos a una isla privada y vivamos nuestros días ahí.

—¿Podemos traer a Harper? Extrañaría a esa chica como loca.

—Sólo si no nos interrumpe mientras hacemos el amor —dije. Mi estómago gruñó y ambas lo escuchamos.

—¿Hambrienta?

—Si digo que no, sabrás que estoy mintiendo

—Aquí —dijo, estirándose sobre mí para alcanzar una de sus camisetas—, es sólo para que no tengas grasa de la cocina en tu linda piel.

Me puse la camiseta, y ella sus calzoncillos. Agarré su trasero mientras caminábamos a la cocina.

—¡Oye! —gritó.

—Ahora sabes cómo se siente.

Hicimos panqueques con chispas de chocolate, con las chispas de chocolate amargo que Quinn había comprado la semana pasada. Fue un lío, y ambas terminamos necesitando otra ducha, pero limpiamos la mayor parte de la mezcla y el chocolate a besos. Nunca supe que tan divertido podía ser, estar con Quinn. Me persiguió con una espátula y me hizo cosquillas en sumisión.

No había pensado en Travis, o en él viniendo tras de mí, por horas. Lo dejé de lado. No iba a dejar que invadiera nuestra sexy burbuja.

Quinn y yo volvimos a desnudarnos y finalmente nos quedamos dormidas con estómagos llenos de panqueques. Tarareó pequeñas melodías, y me acerqué lo más que pude. No era suficiente. Quería que todas las noches fueran como esta. Por siempre


Me desperté en la mañana con labios besando los míos y un cuerpo ajeno a mi apretado contra el mío, asentándose en varios lugares claves.

—Buenos días —dijo, besando mi nariz.

—Buenos días a ti también, y a tu amiguito. —Bajé la mano y le di un pequeño apretón.

—Oye, oye. Cuidado con eso. —Me besó otra vez y resopló en mi cuello—. ¿Cómo te sientes?

Repasé mi cuerpo. —Dolorida. Nada peor que un mal síndrome pre menstrual. Viviré. —Me saqué mi retenedor y lo devolví al pequeño estuche.

—Bien, porque me gustaría volver a hacer eso de nuevo en el no tan distante futuro. Sólo dime cuando estés lista.

Mi alarma sonó, recordándonos que el mundo real llamaba. —Nooooo… —dije, escondiendo la cabeza en el hombro de Quinn.

—Vamos, Missy. Tenemos que aprender sobre la sexualidad humana.

—Ja ja.

Nos levantamos y comimos tostadas, ella sentada en el sillón y yo sentada en su regazo, alimentándonos mutuamente. Tenía como un millón de mensajes de texto y de voz, pero los ignoré. Trataría con ellos más adelante. La mandé un mensaje a Tammy y a mi madre diciéndoles que estaba bien. Escuché los mensajes del asistente del fiscal de distrito, pero no pude absorber los detalles. Quizás haría que Quinn lo hiciera por mí.

Ella tenía clases primero, así que la acompañé y decidí pasar el tiempo en la Unión hasta mi próxima clase. Tomó mi mano y caminamos como una pareja normal.

—¿Otra cita esta noche?

—Quizás. Probablemente deberíamos, ya sabes, hacer tarea y socializar con otra gente.

—Otra gente está sobrevalorada.

—Ah, no son tan malos. Tendremos todo el tiempo que necesitemos esta noche cuando estamos solos. Le diré a Kitty que use sus tapones.

Sacudió la cabeza lentamente. —Cruel, mujer cruel. Estaré pensando en las posibilidades todo el día.

—Entonces no te diré de qué color es mi ropa interior.

—Color blanco con pequeños lunares de color rosa.

—Demonios. —Habíamos visto como nos vestíamos esta mañana—. El misterio se ha ido.

—Porque no vuelves al cuarto, te cambias y entonces será una sorpresa.

—Quizás lo haga. —Nos detuvimos frente a su edificio, y le di un largo, caliente beso—. Algo para que me recuerdes.

—Nos vemos más tarde, Missy.

—Adiós, Quinn.

Caminamos hasta que ya no pudimos agarrarnos de las manos, y la miré entrar.

Demonios, como no había notado que tan malditamente sexy era, incluso abriendo una puerta.

Entré a la Unión y llamé a Megan.

—Hola, ¿dónde estás?

—En la Unión. ¿Por qué?

Miré alrededor y encontré su flameante cabello. —Oh, no importa. Te estoy viendo. —Corté y caminé hacia ella, preguntándome si lo notaría, si alguien notaría que me veía diferente.

—Hola, ¿cómo estás? Te envié varios mensajes ayer. ¿Dónde estabas…? —Vio mi cara y la estúpida sonrisa que tenía estampada. —Oh mi dios. ¿Qué pasó?

—Hum, bueno. Quinn y yo estamos… ah… juntas.

—Mierda —dijo agarrando mi mano—. No se comprometieron.

—Por supuesto que no. Oh, cambié mi anillo de mano ayer. Larga historia.

—Tenemos tiempo antes de clase. ¡Salta a la mejor parte!

Me senté, inclinándome hacia adelante así nadie podía oírnos. — Entregué mi tarjeta V.

Megan se quedó boquiabierta. —Así que de verdad, de verdad la perdonaste.

—Sí. Ella es una de las buenas. Le conté sobre Travis. Por cierto, está en libertad condicional.

Dio un grito, cubriendo su boca con la mano. —Estás bromeando.

—Eso desearía.

—¿Qué vas a hacer?

Agarré una papa frita de su plato y la bañé en salsa de tomate. —No sé. Tengo que reunirme con el fiscal, lo que debería ser un gran momento. Tengo que levantarme y hablar en la audiencia, lo que no estoy deseando hacer. —El eufemismo del año.

—¿Puede ir alguien contigo?

—Creo que sólo somos Tammy, yo y la familia inmediata. —Tomé otra papa—. Pero no quiero pensar en eso. Estuve obsesionada con Travis muchos años de mi vida. Sólo quiero ser feliz.

—¿Quinn te hace feliz?

—Más feliz de lo que creí posible.

—Entonces aférrate a eso.

—Lo haré.

—Así que, hum, tengo noticias.

—¿Qué?

Como respuesta, levantó la mano izquierda que tenía una delgada banda de oro con un diamante cuadrado en ella.

—¡Oh mi dios! —ambas gritamos y la gente nos miraba.

—Finalmente lanzó la pregunta. No va a ser por un tiempo, pero al menos tengo un anillo.

—¡Ya era hora! —Le di un gran abrazo—. ¿Esto significa que te vas a mudar de tu mierdástico departamento?

—Estuve buscando mejores lugares y creo que encontré uno. Tendré que tomar otro empleo pero creo que podemos permitírnoslo.

—Bien por ti, siendo toda adulta.

—Tal vez tú seas la próxima. Dicen que una boda trae otra. Quizás un compromiso trae otro también.

—No lo creo. El matrimonio no es realmente lo nuestro.

—Lo que sea —dijo, rodando los ojos.

Charlamos sobre mi noche con Quinn, conmigo dándole algunos detalles.

—¿Así que fue bueno?

—No puedo imaginarlo mejor.

—Oh, lo será. Arriba es lo mejor. Créeme.

—Lo pondré en la lista de cosas por probar.

—¿Tienes una lista? —preguntó.

—No pero estoy segura de que Quinn la tiene.

Ambas reímos.

—Chicas como ella siempre tienen eso en su mente.

Nos reímos un poco más mientras terminaba sus papas fritas y fuimos a nuestra clase. Le susurré algunos detalles más y me contó sobre sus planes de boda mientras una película corría y pretendíamos tomar notas. No podía concentrarme. Todo en lo que podía pensar era en estar desnuda con Quinn, y como quería estar desnuda con ella otra vez.

Le gané a sexualidad humana, así que saqué mi E-Reader y pretendí estar absorta en lo que sea que estuviera tratando de leer. Ni siquiera sabía que era.

—Señorita Berry —dijo una voz a mi lado, haciéndome sonreír incontrolablemente. Lo reprimí.

—Señorita Fabray. Que maravilloso verla otra vez.

—¿Qué la trae por aquí en este hermoso día? —Pasó junto a mí y se sentó, besándome en la mejilla. Mis labios querían más pero no quería parecer una ramera.

—Estoy aquí para estudiar las prácticas sexuales de los humanos. ¿Qué hay de usted?

—Lo mismo. Que coincidencia.

—¿No lo es? —Volvió a besar mi mejilla.

—Hola, bebé.

—Hola.

—Te extrañé.

—Te extrañé también.

Enredó nuestros dedos mientras Marjorie entraba y empezaba la clase.

Si había pensado que no podía concentrarme sin Quinn en una clase, era incluso peor con ella ahí. Seguía susurrándome, tocándome y haciéndome recordar la noche anterior.

—¿Podrías detenerte? —siseé tratando de tomar notas, y ella metía su lengua en mi oído.

—¿Por qué, esto te molesta?

—Está interfiriendo con mi aprendizaje, señorita Fabray.

—Ese es el propósito, señorita Berry.

—Tendré que reportarte con Marjorie.

—Adelante. Estoy segura de que aprobaría que tengamos una saludable vida sexual.

Le di un buen pellizco en la pierna. —La próxima vez, estoy pellizcando algo más.

—Quizás me gustaría.

Lo terminé ahí y volví a tomar notas. —Usted es una mala influencia, señorita Fabray. —dije cuando terminó la clase.

Asintió. —Trató de serlo, señorita Berry. —Saltó hacía mí y me dio un gran beso. Escuché a alguien hacer un sonido de disgusto detrás de nosotras.

—¿Lista para irnos?

—Seguro.

La acompañé a la biblioteca, donde tenía su turno, y luego volví al apartamento.

—Dulce Jesús, ¿ella está viva? —dijo Kitty mientras atravesaba de la puerta.

—Apenas. —Durante el día, el dolor había empeorado, sobre todo después de estar tanto tiempo sentada. Había tomado algunos medicamentos para el dolor, pero yo todavía tenía una punzada cada vez que me movía.

—Detalles, ahora —dijo, señalando a un extremo del sofá que no estaba repleto de cuadernos y libros de texto.

—¿Dónde está Marley?

—Tenía un seminario geología, y no cambies de tema.

—¿Britt?

—En el trabajo. —Me senté con un mínimo de dolor—. Duele un poco, ¿verdad? —Me sonrojé y asentí. —Bien por ti. Significa que lo hiciste bien. Lloré después de mi primera vez, pero eso es probablemente porque tenía quince años y no teníamos idea de qué demonios hacíamos. —No podía imaginarlo—. Tú fuiste inteligente al esperar.

—¿Cómo sabes…?

—Cariño, no soy una idiota. Tenías virgen escrito sobre ti. —Nunca les había dicho, pero supuse que debió haber sido obvio—. Entonces, ¿cómo fue?

—Bueno —le dije, sonriendo. Quinn se habría enojado conmigo.

Bueno en realidad no era la palabra para describirlo, pero yo no quería compartir nuestro momento especial con nadie.

—Oh, tiene que haber sido más que sólo bueno.

—Tal vez lo fue.

—Como he dicho, sólo hazme saber cuándo necesito los tapones para los oídos. Este es tu lugar y espero que si traigo a Marley aquí, estés bien con eso. —Tendría que estarlo.

—Por supuesto.

—Genial. —Cerró su libro con un golpe—. Estoy tan feliz por ti.

—Gracias, Kiki.

—Dios, ese apodo nunca va a morir.

—Soy "nena" ahora, así que sé cómo se siente.

—Ooohh, nena. Eso es tan lindo.

—Nadie pone a la "nena" en una esquina.

—Sólo Quinn.

—Ni siquiera ella.

—Buena chica. Tú llevas los pantalones.

—Lo hago.

—¿Has visto a tu médico ya?

—Uh, no.

—Pero estás tomando la píldora, ¿verdad?

—Sí. —Yo tenía horribles síndromes pre-menstruales desde que era mucho más joven, tan pronto como pude, tomé la píldora para regular mis hormonas. Había estado tomándola durante tanto tiempo que era una segunda naturaleza.

—Bueno, pero ten cuidado. Las infecciones del tracto urinario no son divertidas.

—Qué asco.

—El jugo de arándano está en la nevera. Ve a ver a tu ginecólogo. Eso es todo lo que tienes que hacer. Estoy velando por tu bienestar vaginal.

Eso me hizo sonrojar. —Gracias.

—Cuando quieras, chica.

Asintió y volvió a la tarea, como si no hubiéramos estado hablando de mi bienestar vaginal. Hice una nota para llamar a mi médico y hacer una cita. Nunca se puede estar demasiado segura.

Me imaginé que la tarea era una buena idea para mí también, así que tuve un montón hecha mientras Quinn estuvo fuera. Mi edredón aún estaba húmedo, así que fui y lo tiré en el piso de lavado de abajo. Yo todavía iba a comprar otro, porque la sangre no había salido completamente.

Para el momento en que regresó del trabajo, era la hora de la cena y Marley había terminado. Santana había decidido unirse a nosotras antes de ir por Brittany al trabajo.

—Así que, tenemos que hacer un anuncio —dijo Quinn, agarrando mi mano y sosteniéndola en alto para que el mundo la vea—. Estamos juntas. ¿No es así, nena?

—Siempre y cuando dejes de llamarme nena.

—Sabes que te encanta.

—No realmente.

—Bueno, bueno, basta de ser lindos, lo entendemos —dijo Kitty.

—Oh, vamos, Ki. Sé buena —dijo Marley.

—Creo que es genial. Bienvenida a la familia, Rach. —Santana me dio un abrazo enorme—. No es que ya no fueras parte de ella, pero sé que Maribel se emocionará y Harper estará en la luna.

—Gracias.

Quinn me atrajo hacia su pecho, me balanceó hacia atrás y adelante y me dio otro beso. Era como si no pudiéramos tener suficiente la una de la otra.

—Está bien, cena. Tengo arroz, vegetales y salsa teriyaki. Entonces qué les parece un salteado. ¿Alguien tiene objeciones? —dijo Quinn. Todos negamos con la cabeza. —Salteado será.

Quinn repartió las tareas, y me dio la de cortar los pimientos. Yo era muy buena en eso, al parecer. Todos ocupábamos la cocina, golpeándose unos con otros y riendo y, en general, haciendo lío. Cuando por fin nos sentamos, era bastante tarde para la cena.

Quinn reclamó el sillón, y yo reclamé su regazo. Oigan, era el mejor asiento de la casa.

Mi teléfono sonó con un texto de Tammy. Lo leí, pero no era nada importante.

—¿Estás bien? —Quinn no había visto el texto.

—Sí, bien. Sólo tengo que llamarla más tarde.

—¿De qué están susurrando allá? —dijo Kitty, señalando con el tenedor hacia nosotras.

—De tu mamá —le dije.

—Oye, no te atrevas a insultar a mi madre.

—Oh, ¿pero está bien para ti? —le dije.

—Tú no tuviste que pasar dieciocho años de tu vida con ella.

—La verdadera historia —le dije.

Extrañé a Quinn en la ducha, pero no me sentía cómoda haciendo eso cuando Kitty y Marley estaban en la sala, estudiando. Quinn también tenía un montón de trabajo para economía que había estado posponiendo. Tuvimos otra de nuestras sesiones de estudio después de mi ducha.

—¿Sabes? Si copio mis notas sobre tu piel, apuesto a que las aprendería mucho mejor —dijo.

—Tendrías que escribir muy, muy pequeño. No hay mucho en mí para escribir.

—Oh, estoy segura de que encontraría otro lugar.

—Voy a volver a estudiar ahora.

—Yo también.

De alguna manera, las dos nos volvimos y terminamos más trabajo.

Brittany asomó la cabeza, diciéndonos hola y que estaba feliz por nosotras.

Estaba agotada, Santana decidió pasar la noche con ella, y Marley estaba llevándose a Kitty de vuelta a su casa.

—Tenemos que conseguir nuestro propio lugar —dijo Quinn.

—¿Qué?

—Bueno, perdí la apuesta, así que debería haberme ido. Sólo quiero llevarte conmigo. Tengo suficiente dinero para conseguir uno.

Cerré mi libro de golpe. —De ninguna manera. En primer lugar, no voy a dejar que pagues por un apartamento para mí. En segundo lugar, no voy a dejar que pagues por un apartamento para mí. En tercer lugar, le darás el dinero a alguien que lo necesite.

—Sería nuestro apartamento. Hay una gran diferencia.

—Ya he pagado para vivir aquí. ¿Y qué pasó con la chica que no quería el dinero?

Se encogió de hombros. —Me has hecho notar que era sólo dinero. No representa esa noche y lo que pasó. Mi padre trabajó duro por ese dinero, y me lo dejó. Debo hacer algo con él.

—Bueno, deberías. Dáselo a un refugio para las víctimas de la violencia doméstica.

Chasqueó los dedos. —Esa es una buena idea. Pero todavía tengo mucho para pagar por un apartamento de mierda para nosotras.

—No está pasando.

—Veremos cuando conozca a tu mamá este fin de semana.

—No te atrevas a hablar de esto con ella. O Tammy.

—Sin promesas, nena.

—Deja de llamarme así.

—Sin promesas, Missy.

Suspiré profundamente y cerré el resto de mis libros. Supuse que había terminado con el trabajo. Eso me hizo pensar en otras cosas que podríamos hacer con nuestro tiempo.

—Tengo algo para ti —dijo, levantándose y tomando las llaves del coche—. Estaba esperando hasta que ya no hubiera nadie más alrededor. Quédate aquí. Ya vuelvo. —Unos minutos más tarde, llegó con un edredón nuevo y un juego de sábanas. —No tenían uno de pavo real, pero lo encontré en línea, así que pedí uno. Hasta que llegue, tengo este. Pensé que los colores estaban cerca. —El edredón era de color turquesa y las sábanas eran de color verde y azul oscuro.

—No tenías que hacer eso.

—Yo fui la responsable de arruinar el último juego, así que pensé que era lo menos que podía hacer.

—Tienes que dejar de comprarme cosas.

—No, no lo haré. Vamos, te ayudaré a ponerlas.

Mi cama estaba ya desnuda, así que sólo nos costó un poco de esfuerzo conseguirla hecha de nuevo. —Gracias —le dije, dándole un abrazo.

—Cualquier cosa por ti.

—Probablemente debería llamar a Tammy.

—¿Quieres un poco de privacidad? Tengo que tomar una ducha de todos modos.

—Gracias. —Me senté en la cama recién hecha para llamar a Tammy—. Oye, ¿qué pasa?

—Nada, excepto que he estado llamando y llamando y no me contestas.

—Te envié mensajes de texto.

—Lo sé, pero necesitaba oír tu voz, Rae.

—Lo siento, Tawn.

Suspiró. —Está bien. Sólo quería decirte que hablé con el Sr. Woodward hoy. La audiencia es en dos semanas, y ambas vamos a ser capaces de hacer una declaración ante la junta de libertad condicional. Sólo se nos permite tener a la familia inmediata, por lo que será sólo para nosotras, mamá y el Sr. Woodward.

—Está bien. Travis estará allí, sin embargo, ¿no?

—Sí, estará allí.

—No sé si pueda hacerlo.

—Sí, sí puedes. Te enfrentaste a él esa noche, y puedes hacerlo de nuevo. No puede hacerte daño. No puede hacernos daño a ninguna de nosotras nunca más. Sabes que tengo una pistola por si acaso. Iba a darte esas clases de tiro para Navidad, pero es posible que las necesites antes. Quizá Quinn pueda llevarte.

—Qué cita tan romántica.

—Oye, la pareja que dispara unida, permanece unida.

—Hasta que uno de ellos le dispare al otro.

—Bueno, no a propósito.

—A veces quiero pegarle un tiro.

—Eso es el amor para ti. No puedes vivir con ella, no puedes vivir sin ella.

—¿Has encontrado a alguien que cumpla con tus estándares ya?

—Bueno, está este chico nuevo en la empresa. Es otro asistente legal, por lo que está completamente en contra de las reglas para mí pensar incluso en la idea de salir con él, pero es lindo.

—¿Cuántos años?

—Es más joven que yo, pero no actúa como tal. Me compró el almuerzo el otro día, de la nada.

—Debe ser amor.

—Debe ser. —Hubo una pausa mientras escuchaba cerrarse la ducha—. Oye, todo irá bien. Yo no estaba allí para ti esa noche, pero no voy a hacer eso nunca más.

—Tú estabas allí para mí. Si no lo hubieses golpeado con el bate, él habría… —No podría decir el resto.

—No debería haberlo llevado a casa.

—Mira, Tawn, no quiero discutir contigo ahora. Es inútil. Lo hecho, hecho está, y lo único que podemos hacer es seguir adelante.

—Guau, ¿quién eres y qué has hecho con mi hermana?

—Sólo tengo una nueva perspectiva de la vida.

—Totalmente conseguiste acostarte.

—¿Por qué todo el mundo piensa que todo es sobre el sexo?

—A veces, Rae, lo es.

—Lo que sea.

—Escucha, tenemos que reunirnos con el Sr. Woodward la próxima semana. ¿Crees que puedes venir?

—Voy a tener que faltar a clase.

—Realmente no tienes elección. Puedo conseguir que te excuse.

—Está bien. Déjame saber a qué hora.

—Lo haré.

Colgamos cuando Quinn regresó. Tuve que detenerme para no agarrar su cuerpo mojado y sexy.

—Parece que me quieres —dijo.

—Lo hago.

—Pensé que estabas dolorida.

—Lo estoy, pero dijiste que había otras cosas. Tal vez podríamos probar algunas de esas cosas

—Si así lo deseas. No pensé que estarías preparada para eso, pero si quieres, yo no voy a decir que no.

—A menos que pienses que deberíamos ir a la cama, porque podríamos hacer eso.

—¿Estás bromeando? —Se lanzó hacia adelante y me agarró, me tiró en la cama y me besó. —Podría ser así todo el tiempo, ¿sabes? Sólo tú y yo.

—No nos comprarás un departamento.

—¿Y si te hago llegar al orgasmo cinco veces al día, todos los días?

—Yo no sería capaz de caminar, eso es seguro.

—Pero, ¿me dejas alquilarnos un apartamento?

—No.

—Está bien. Basta de hablar. Quiero más amor.

—Yo también —dije contra sus labios. Fuimos más lento esta vez, besándonos más y tomándonos nuestro tiempo.

—¿Qué quieres? —preguntó mientras me quitaba la camiseta.

—A ti.

—Soy toda tuya. Dime lo que quieres. —Le di un beso duro, casi mordiéndole el labio. —Tranquila, chica —dijo, deshaciéndose de mi sostén. Había decidido llevar uno más sexy de encaje negro que no había pasado por el lavado varias veces—. ¿Qué tal esto? —Deslizó su mano por mi estómago y debajo de mis pantalones cortos.

—Eso es bueno —dije, y mi cuerpo respondió.

—¿Bueno? Está bien, quiero probar otra cosa. Algo que creo que realmente, realmente va a gustarte. —Se abrió camino hacia abajo por mi cuerpo, besando y chupando hasta que yo era un desastre temblando.

Fue más abajo y empezó a tirar de mis pantalones cortos—. Te cambiaste —dijo, mirando las bragas de encaje negro a juego que me puse antes.

—Sorpresa —le dije. Yo no podía hablar más de una palabra a la vez. No había suficiente sangre en mi cerebro. Me besó allí, y empecé a volverme un poco loca, aferrándome a sus oídos.

—Oye, está bien. Te lo prometo —dijo, levantando la mirada.

—¿Estás segura?

—Sí. —Unos momentos más tarde, cuando me quitó la ropa interior, estaba muy segura.

—Cristo —se rió, lo que lo hizo aún mejor. Lo único que podía hacer era aguantar y esperar que no me rompiera en mil pedazos. Sin duda me sentía como si lo hiciera. Varias veces.

—¿Satisfecha? —dijo un poco más tarde.

—¿Dónde diablos has aprendido a hacer eso?

—En el campamento.

—Cállate. —Mi cuerpo seguía temblando con réplicas. Si el apartamento se incendiara en ese momento, no habría sido capaz de moverme.

—Práctica. ¿Te gusta?

—Mucho.

Se arrastró de vuelta a mi cuerpo y trató de besarme, pero me sentía

un poco extraña con eso.

—Un paso a la vez. —Me besó en la frente en su lugar. Se mudó a mis mejillas, luego por mi cuello, mis oídos y, por último, mis labios estaban muy solitarios, así que moví mi cabeza para que me besara.

No era tan raro como yo había pensado.

—Uno nunca sabe hasta que lo intenta —dijo contra mi boca, sonriendo. A pesar de que besar a Quinn era explosivo, mis párpados comenzaron a ponerse pesados.

—¿Te he secado?

—Un poco. Me siento como si debiera corresponder.

—Mañana.

—Está bien.

—Duerme ahora. —Besó mis párpados y tiró el edredón sobre nosotras. Nunca había visto las ventajas de dormir desnuda, pero lo hacía ahora—. Buenas noches, cariño.

—Buenas noches, Quinn. Te debo una mamada —le dije con un bostezo.

—Entonces espero vivir hasta la mañana.

Me acurruqué en su pecho y pensé en cómo la vida podía cambiar rápidamente, y lo bueno que podía ser eso.