Capítulo XXV

"No todo sale como planeamos"

— Esa es una buena idea, Amu… me gusta como piensas— alabó Rima con una sonrisa oscura, luego de contarle mis planes para John. Pobre muchachito.

— Gracias, he aprendido de la mejor— hice una reverencia y rió— Pero no sé qué hacer con Kukai… después de todo le debo el hecho de haber hablado con Ikuto en vez de huir de él. — Reflexioné y ella hizo un gesto con las manos

— Nada de eso. Entiende que te obligó a hacerlo y no tiene tales derechos, te encerró, te privó de tu libertad y encima te secuestró a ese hombre, claro si es que puede llamársele así— le dirigí una mala mirada— y te orilló a enfrentar cosas para las cuales quizá todavía no estabas lista. Y si quieres agradecerle, hazlo… pero luego que te vengues— volvió a sonreír. Y medité en su discurso, decidiendo que tenía razón.

— Vale, pero no sé qué hacer con él— ambas cambiamos nuestras posturas a "pensantes"

— Tienes razón, es un hueso duro de roer. No le cae mal nada, siempre consigue encontrarle un lado del cual puede reírse y sacar bromas. — Asentí

— Kukai es muy risueño, casi nunca le he visto enfadado, creo que solo una vez— reflexioné

— ¿En serio? Yo por más estupideces que hago, jamás consigo hacerlo enojar. Anda, compláceme y cuéntame— pidió dándome un ligero empujón con su hombro

— Fue en la fiesta, cuando me comporté como una verdadera perra metiéndome con ese chico en una habitación. Me arrastró, literalmente y me miró enojado. Intimida bastante, si soy sincera— sacudí la cabeza— menos mal no llegué a tanto, ahí si que hubiera querido morirme— comenté

— Yo te habría hecho el favor de matarte, querida Amu— me guiñó un ojo

— Que buenas amistades hago— ironicé, causándole una risita

— Es broma, relájate que no voy a ir a tu habitación a asesinarte en mitad de la noche— asentí "aliviada"

— Oye… ¿a Kukai le dan miedo las películas de terror? — Interrogué, y podía escuchar los engranajes de mi cerebro funcionar

— No, él solía echarme miedo— meditó, rompiendo mis pensamientos, haciéndome una mueca en el rostro.

— Lástima, tenía un plan siniestro— me lamenté lanzando una piedrita pequeña

— Ah, tranquila que algo se nos ocurre— se levantó, sacudiendo su trasero— anda, vamos— me apuró y la miré confundida— Tenemos que poner en marcha el asunto secreto aquel— arqueé una ceja aún más perdida y se fastidió, rodando los ojos con exasperación— Ash, la venganza contra John. Aprovechemos que es sábado y no tiene escuela. Además mientras más tiempo dejes pasar, menos lo querrás hacer— me urgió, agarrándome del brazo y jalándome con brusquedad

— Si, tienes razón. Ya mismo lo telefoneo— le guiñé un ojo con complicidad y sonrió con malicia.

-o-

— ¿Te aseguraste de decirle que íbamos a la playa de la laguna? — Asentí como por millonésima vez a las palabras de Rima. Nos dirigíamos en su Aston a la reserva. Hoy era el turno de John o por lo menos hasta que se nos ocurriera algo para Kukai.

— Vale, perfecto. — Miró por el retrovisor— ¿Y echaste…?—

— Sí, eché el bloqueador y cualquier otra cosa que se te ocurra— espeté con una sonrisa fingida y volviendo luego la mirada a la ventanilla.

— Ay, de acuerdo. No te enfades. Por Dios estoy empezando a lamentar de veras que Ikuto no te haya puesto las manos encima ayer, ojalá cuando te acuestes con él andes de buen humor… si no, no habrá santo que te soporte— espetó con una mueca pícara que me hizo ruborizar y poner los ojos en blanco

— Yo no te estoy soportando ahora, y eso que ayer si te tocó— me complací de perturbarla un poco… o eso creí

— Sí, y vaya que bien lo hizo— le di un empujón que la hizo reír

— ¡Rima! A mí no me gustan los detalles perversos— me echó una mirada

— Y tampoco te los pensaba contar, sucia. Consíguete los tuyos propios. — Volvió el rostro de forma dramática

— Basta con el tema ¿vale? — Sí, así no pensaba en lo poco recatada y pudorosa que me comporté con Ikuto.

— De acuerdo. — Sonrió— Y era broma, no sé si te vas a acostar con él— eché la cabeza hacia atrás soltando un bufido

— Ahí vas otra vez— me lamenté— preferiría no hablar de eso— comenté

— ¿Por qué? ¿Te avergüenza? — Inquirió y comencé a sonrojarme

— No. Bueno, sí. Jamás he hablado de sexo con nadie. Mi padre jamás me dio una "charla" y ni hablar de mi madre, solo manejo los conceptos básicos y así me quiero quedar— espeté con firmeza

— Si es lo que quieres. De todas formas, si tienes alguna duda ten por seguro que te la contestaré del modo más directo, franco y explícito que sea posible— me reí

— Oh, eso ni lo dudo— asentí y la vergüenza se me comenzó a ir

— Dios, sueno como una ninfómana— se mordió el labio inferior

— No, nada de eso. Digamos que eres una chica bien instruida y preparada en ámbitos de sexualidad y afectividad— me dirigió una mirada

— Ahora me siento como una jodida científica— reí.

— Creo que es mejor que una ninfómana ¿no crees? — Asintió vacilante

— Sí, bueno, como sea. — Se encogió de hombros— quiero saber una sola cosa— me miró con detenimiento

— Dime— soné bastante dudosa, si soy sincera

— ¿Lo vas a perdonar? — Fue directo al punto y esa es una de las tantas cosas que me encantan de ella, no se va por las ramas. Va directo al meollo.

— La verdad, no lo sé— sinceré, soltando un suspiro y apoyando el codo en la ventanilla abierta. Era uno de esos extraños días soleados en donde la temperatura bordeaba los agradables diecinueve grados.

— Ah, yo creo que si lo sabes— acotó.

— ¿Y si decidiera hacerlo? ¿Tratarías de llevarte mejor con él? — Me dio una mirada que me atravesó, sinceramente.

— ¿En serio? — Fue su grandiosa respuesta

— Mira, Rima. Eres una persona a la cual aprecio mucho y te estaré eternamente agradecida, por muchas razones pero… en esto no puedes ser tan cortante. A lo que me refiero es que si llegase a querer a Ikuto a mi lado otra vez… esperaría que lo aceptaras como yo acepto tus decisiones. Siempre me han tratado como si lo que yo quisiera no vale de nada y creí que era así hasta que me di cuenta que tengo todas las capacidades y derechos de ser escuchada y respetada como cualquier otro, ya sea que me vaya bien o mal en el colegio o si soy católica o musulmana, eso no cambia que soy una persona. Y las personas podemos decidir y me dolería mucho si tú me apartaras de tu camino solo porque decido volver con alguien a quien quiero y la verdad, pienso que ha sido suficiente. Quiero decir que merezco una oportunidad de ser feliz y quiero tratar de serlo con lo que sea que necesite o sienta que necesito… el pasado, al final es pasado. No puedo vivir siempre alimentada de él. Y bueno, en síntesis… no te estoy pidiendo que en el caso que perdone a Ikuto y lo quiera junto a mí andes de la mano con él jugando a la ronda y fingiendo ser grandes amigos, no. Yo solo te pido que lo respetes y trates de soportarlo… después de todo no es una mala persona— concluí, acomodándome el cabello tras las orejas aunque el viento de la carretera tardó nada en despeinarlo todo otra vez.

— Vale, sí. Puta mierda. Joder, tienes razón— dijo a regañadientes— Pero si lo perdonas que es lo más obvio que harás, pobre del cabrón si te hace algo que tú no quieras porque no podrán brotarle bolas suficientes para que yo descargué mi ira asesina— me reí aliviada que lo tomara bien.

— Aún no estoy convencida— aclaré

— Amu, por favor, eres tan obvia como un niño de dos años que se ha orinado en los pantalones— arqueé las cejas— De acuerdo, no es un buen ejemplo— rectificó

— Ash, cállate— mascullé y antes que pudiera decirme algo encendí la radio y le subí todo el volumen.

Así que entre canciones de una emisora aburrida y sus intentos por hablarme para joderme la vida, llegamos a La Reserva.

Estacionó y cerró con fuerza

— ¡Me las vas a pagar! — Advirtió y reí

— Deja de quejarte Rima Mashiro, pareces una anciana— me burlé quitándome el chKukaio, quedando en una blusa ligera que ocultaba el traje de baño azul. Rima había insistido en que me lo pusiera al igual que ella, aunque no pensaba ni de asomo meter ni la punta del pie en el mar que seguramente se encontraba congelado. No, gracias.

— ¿A qué hora vendrá? — Cambió el tema, amarrando sus cabellos de forma difícil puesto que era muy corto.

— Está por llegar, es un chico puntual. — Contesté y a mí no me costó nada ponerme un lápiz en el pelo, se encontraba muy largo en serio.

— De acuerdo— sacó un bolso de playa, un gorro y unos anteojos— Hay que aparentar ¿no? — Sonrió, negué.

— Creo que está un poco trillada esa venganza, ¿no piensas igual? — La miré y retiré los mechones de cabello que se alborotaban sobre mis ojos

— Puede ser, pero punto uno— enumeró con sus dedos— él ni lo sospecha y punto dos, jamás pasa de moda, nena— hizo un gesto que me causó otra risita

— Bien, entonces hay que hacerlo— hice crujir mis dedos

— Bueno, ahora silencio. Ahí viene— señaló por sobre unos árboles pequeños y efectivamente, John venía caminando muy tranquilamente. Inconscientemente sonreí con algo de malicia.

Esperamos de manera paciente a que llegara.

Su rostro era la viva preocupación, arrepentimiento y cautela que nunca haya visto. Internamente me reí.

— Hola John— lo saludé con una amplia sonrisa, parándome de puntillas para dejarle un beso en la mejilla

— Eh… hola. Hola Rima— asintió en su dirección y después el muchacho volvió su atención a mí— Amu… yo te quiero decir que…— negué

— Déjalo, ya ni importa— me miró con recelo. Vamos, tú puedes.

Agrandé más mi sonrisa. Anda niñato, créetelo luego me duelen las mejillas, pensé internamente.

— ¿De verdad? — Parecía reacio a creerme

— Pues sí, no te lo estaría diciendo si no fuera cierto— le golpeé gentilmente el brazo y se destensó, pasándose las manos por el cabello rubio luciendo relajado y aliviado. Sí, excelente.

— Vaya… pensé que ibas a hacer algo… no lo sé, pegarme quizá y lo hubiera aceptado sin reclamos—

— No me tientes, eh. Y deberías saber que no soy de esa clase de personas— puse mi cara más angelical

— Sí, te creo— sonrió alegremente— ¿Y por qué decidieron venir a la playa? — Interrogó con genuina curiosidad y comenzamos a caminar.

— No podíamos desperdiciar un día tan bonito y menos si se dan tan escasamente. Hasta parezco vampiro de lo pálida que estoy— rió Rima, echándole mentiras como si dijera las verdades más obvias. Envidié su don de mentirosa.

— Sí, bueno. Tienes razón— yo iba junto a Rima y John. — Aunque no les sienta mal, solo digo— se encogió de hombros— conozco un lugar muy lindo y donde el sol llega mucho ¿les apetece ir? — Nos miró

— Pero eso ni se pregunta… solo me quiero solear un poquito, ya sabes— la rubia le guiñó un ojo y me dirigió una mirada cómplice

— Sí, yo también. La vitamina D es excelente— alcé el pulgar y esperé no parecer un niño de dos años haciéndose pipi en sus pantalones. Estúpida Rima y sus estúpidas comparaciones.

— Entonces les va a encantar— él parecía muy entusiasmado— ¿Y no piensan mojarse un poquito? — Nos miró de forma sospechosa

— Ah, claro que sí aunque depende que tan fría esté. Traemos el traje de baño bajo la ropa, Amu enséñale— me alentó y la miré mal

— Okey— mascullé bajando solo un poco la blusa, lo justo para que se viera la prenda interior.

— Ah, ya veo— pareció un poco ruborizado y se volteó, carraspeando

— Eres una perra— le susurré a la rubia

— Tú pusiste la radio, ahora no te quejes, linda. — Sacudió la cabeza.

El resto del camino John nos contó algunas cosas sobre su escuela y otras tantas de lo bien que se lo estaba pasando con los suyos.

Finalmente nos vimos rodeados de un dédalo de bosque y roquerio en donde el sol daba de lleno

— ¡La arena está tibia! — Exclamé asombrada al quitarme las zapatillas y sentir la calidez. Era deliciosa y no pude evitar retorcer mis dedos complacida.

— Vaya, hasta podría decir que hace calor— Rima también parecía gratamente sorprendida

— Las rocas son las principales protagonistas, mantienen el calor o algo así, no lo sé— John sacudió la cabeza

— Es muy bonito— miré al rededor y tuve que admitirlo. El cielo se veía despejado porque los árboles parecían estirarse por otras direcciones para captar el sol y podían oírse gaviotas surcar el cielo. Era agradable, muy, muy agradable.

— Vamos a bañarnos ¿qué opinan? — Preguntó un entusiasmado John y con Rima nos dirigimos una mirada

— Claro— acepté

— Ah, pero juguemos algo antes— acotó Rima

— ¿Jugar? ¿A qué? — Pobre, pensé. No tiene ni idea.

— A verdad o reto— Lo miramos con intensidad

— A mí me parece bien— contesté de inmediato y él nos contempló a ambas

— Pues, está bien— vaciló

— ¡Perfecto! — Saltó Rima— juguemos piedra papel o tijeras y el que pierde, es el primero— asentimos e hicimos un círculo.

Y joder, parece que la suerte está de mi lado. John fue el perdedor

— Bien… ¿Verdad o reto? — La rubia dirigió su mirada al chico y luego a mí, como dándole a entender algo que obviamente captó.

— Yo... elijo reto— asintió para sí y me dirigió una mirada a hurtadillas. Rima era malvada.

— Ah… adoro los retos— retorció sus dedos complacida— Amu, ven. Tú espera a que vengamos con tu penitencia— nos apartamos unos pasos — ¿Ahora mismo? — Me preguntó

— Sí, ahora. — Chocamos palmas y al volvernos pusimos una cara de seriedad absoluta

— Bueno, tu reto es meterte al mar en ropa interior— solté una risita al verlo ponerse rojo

— ¿Sabes? Como que prefiero una verdad…— masculló enrojecido, pasándose las manos por la nuca

— Ah, vamos. No seas cobarde— regañé

— Pero es que…— me miró suplicante

— Somos tus amigas, no te veremos de ningún modo pecaminoso— acotó Rima

— Ya, lo tengo— exclamé— nosotras no te vamos a ver. Tú te quitas la ropa y te metes al mar y nos gritas cuando te encuentres dentro ¿está bien? — Pareció meditarlo

— Sí, eso está mejor— concluyó con una sonrisa

— Bien. Tú nos avisas cuando podamos voltear— dijo Rima y le dimos la espalda— Lo que queremos es otra cosa, nene— no pude evitar el reír ante las palabras de la chica.

Esperamos un poco.

— ¡Ya! — Gritó y lo vimos metido en el oleaje grisáceo.

— ¡Vale! ¡Lo has cumplido! — Vociferé— ¿¡Puedes sumergirte!? — Interrogué y no dijo nada, simplemente se hundió— ¡Vamos Rima, ahora! — La apuré en agarrar las prendas de John y nos echamos a correr luego que me puse las zapatillas a toda carrera.

— ¡Joder, corre! — Alentó Rima con una risa y yo me apuré para seguir su ritmo y al mismo tiempo evitar tropezar.

Se sentía tan putamente bien, en serio. Quiero decir, la adrenalina en su punto más álgido y sabes que estás haciendo algo mal pero eso solo la aumenta y te sientes tan poderosa y genial. Joder, no lo podía explicar, es algo que puedes únicamente sentir.

Nos detuvimos cuando Rima comenzó a toser y tuvo que inhalarse.

— Creo…— aspiró largamente— que aquí está bien— respiró profundamente, hasta que el silbido en su voz desapareció.

— Sí, ¿te encuentras mejor? — Yo trataba de regularizar mi respiración

— Estoy de puta madre— reí — tenemos que escalar un árbol y colgarla. Seguro que la termina encontrando aunque se va a tardar un buen rato ¿a qué si? — Asentí, apoyando mis manos en las rodillas, recuperando el aliento— ¿Sientes esa sensación rica en todo el cuerpo? ¿Cómo si tuvieras el corazón en todos lados y te encantara? ¿Que te falta la respiración y no logras atrapar el aliento luego de una descarga de adrenalina? — La miré confundida

— Sí— respondí

— Pues eso se siente cuando llegas al orgasmo— ella se largó a reír

— Rima, por favor. No me quiero enterar de esas cosas— batí las manos en mis orejas, aunque de forma inconsciente lo asimilé y guardé, dándome cuenta que había sentido cosas similares con Ikuto. Me ruboricé de forma patética.

— No podía desaprovechar la oportunidad— se encogió de hombros y desvié la mirada, observando los troncos musgosos

— ¿Este estará bien? — Señalé uno que parecía más sencillo de escalar y menos resbaloso.

— Sí, perfecto. Anda, vamos. — Y así fue como terminamos tratando de trepar un árbol. Lo cual, no resultó.

— Al carajo, estúpido árbol— Rima se enfurruñó

— Uhm… ¿trajiste las cuerdas para colgarle la ropa? —

— ¿Por quién me tomas? Es como ir a comprar sin dinero— ironizó

— Hey, no es mi culpa que te hayas caído de culo— pues sí, eso había pasado y me reí mucho, supongo que eso la enfadó alguin. — Lo pregunto porque podemos usarla para treparlo. — La hice mirar hacia las ramas— si te fijas ahí arriba es más simple escalar, solo necesitamos un impulso— saqué las sogas y traté de engancharla. Después de siete intentos lo conseguí— que nos dará ésta— sonreí satisfecha

— Puede funcionar. Pero yo ya le declaré la guerra a esta mierda, hazlo tú. Así si te caes me puedo preocupar de ti burlándome— murmuró sarcástica cruzada de brazos. Podría decir que nuestra relación era algo así como cariño y odio. Extraña de verdad. En un minuto podemos estarnos insultando y tratando mal y al otro muertas de la risa.

Así que solo asentí con una sonrisa y ayudada de la soga, conseguí escalar más de veinte centímetros y después logré agarrarme de una rama y valerme por mí misma, dejando la cuerda.

Procuré no mirar al piso mientras iba subiendo más y más alto

— ¡Apresúrate! ¡Puede venir en cualquier momento! — Gritó Rima

— ¡Te voy a soltar la soga y tú amarras su ropa! — Respondí antes de hacerlo.

— ¡Está listo! Veamos cómo la saca— rió y la acompañé, obviando la altura y los pajaritos que sobrevolaban trinando sobre mi cabeza. Me esmeré en atarla muy bien y finalmente, con mucho esfuerzo comencé el descenso.

Me caí, como era de esperar. E Rima se rió, como también era de esperar.

E igualmente terminé por soltar carcajadas, había sido una caída chistosa.

— ¡Ay Amu! — Chilló Rima y la miré con preocupación, poniéndome de pie

— ¿Qué? ¿Qué pasa? — Parecía asustada

— ¡Hay algo ahí! ¡Lo acabo de ver esconderse! ¡Ah puta mierda si es un ratón me cago aquí mismo! ¡Detesto esas mierdas! ¡Mátalo! ¡Mátalo! — Me jaloneaba sin darse cuenta y no pude evitar el reír

— ¡Ya cálmate o tendré que cachetearte! — Le dije y ella se conformó al subirse a una roca.

— Vale, ya estoy tranquila. — Me empujó hacia el pequeño escondrijo

— Hey, no me empujes. Mujer valiente— bromeé

— Ay cállate y mátalo pronto— que suerte que yo no les tenía miedo, si no seríamos dos enfermas mentales gritando como locas

— De acuerdo— me acerqué un poco temerosa de lo que pudiese haber ahí.

Cuando estuve a centímetros, tragué con dificultad y alargué mis dedos.

Lo primero que sentí fue una cálida lengüita rasposa. Fruncí el ceño porque los ratones no te lamen, ellos te muerden directamente. Así que más confiada metí la mano y tomé la pequeña bola de pelos.

— ¡Ay! ¡Apártalo de mí! — Rima dio manotazos al aire y alejé al animalito de ella, pues lo podría asustar.

— ¡Oh no puedo creerlo, por el amor de Cristo! Es un terrible y horrendo… gatito— ella se calmó, abrió los ojos y dejó caer sus manos.

— ¿Gatito? — Interrogó y lentamente se lo enseñé. El pobre temblaba entre mis dedos, porque era tan chiquito que cabía en mi mano. Tenía un color blanco y era muy peludo. Adorable, tanto que te daban ganas de apretarlo, claro que no lo hice.

— Si, pero ten cuidado… seguro que te puede lanzar metros más allá con su maullido supersónico— bromeé y me miró de mala manera, para luego contemplar a la cosita blanca

— Oh, pero que hermoso eres— le acarició con un dedo la cabeza y el gatito pareció complacido.

— No lo podemos dejar aquí, míralo como tiembla— lo llevé cerca de mi pecho, dándole de mi calor.

— ¡Amu! ¡Rima! — Oímos a John y nos congelamos por unos segundos

— ¡Corre! — Dije entre dientes y me aseguré de tener bien agarrado al animalito antes de exigirles a mis piernas por más.

Llegamos jadeantes al vehículo y no nos detuvimos hasta estar saliendo de la reserva.

— O…okey…eso…fue…genial— jadeó Rima y le dio una profunda calada al inhalador cuando nos encontramos en un semáforo.

— Sí— suspiré y me apresuré en sacar el gatito de mi chaqueta, me miró y soltó un tierno maullido conjunto a que ladeó su cabecita— ¡Aw! ¿Lo oíste? ¿Lo oíste? — Urgí a Rima que tenía la misma cara de imbécil que yo.

— ¡Es la cosa más adorable del mundo! — Exclamó

— Y mira sus ojitos, son como los de las muñecas de porcelana. — Los de este gato eran de un azul profundo.

— Pues sí… es perfecto— y de pronto sonrió de forma malévola— Y podemos usarlo contra Kukai— La miré confusa

— ¿A qué te refieres? — Interrogué y como respuesta aceleró.

— Tú tranquila que sé exactamente qué hacer— y rió maquiavélicamente.

-o-

— Anda gatito, entra y deja tus pelitos por todos lados— Kukai todavía no llegaba a la casa cuando nosotras lo hicimos y fuimos directamente a su habitación. Rima intentaba hacer que el felino se paseara por la estancia y yo no comprendía el por qué.

Finalmente se levantó cuando cumplió con lo que le pedía.

— Listo, creo que esto será suficiente y oh, quédatelo— me guiñó un ojo y la miré confundida

— ¿Me puedes explicar? —

— Oh, ya verás— hizo un ademan para restarle importancia.

— De acuerdo…— esperamos en la puerta de la habitación del grandote que por cierto era más ordenada y bonita de lo que creí. De hecho era más organizada que la de Rima y siempre dicen que es el hombre el más desordenado… entonces es porque no han visto el cuarto de la rubia. Ahí podría haber de todo.

Al cabo de unos minutos el gatito salió y se puso en mis pies.

No resistí la tentación y lo tomé en brazos, acomodándose cerca de mi pecho.

— Creo que se debe llamar pelusa— comentó Rima

— No, es muy común. — Diferí

— Uhm, ¿blanquita? — Negué— ¿Vampiresa sexy? ¿Vendetta? — Sacudí la cabeza

— Creo que le pondré Chii— lo levanté y descubrí que era gatita— Sí, se llamará Chii— asentí y ella maulló

— Vaya nombre, es muy poderoso— rodó los ojos

— Hey— reprendí volviendo a acomodarla

— Bueno, creo que debe tener hambre y ya que tú no piensas alimentarla, lo haré yo— me negué a dársela

— No, yo le daré— bajamos juntas y servimos leche en un platito.

Ella se puso a beber de inmediato

— ¡Oh Dios! ¡Hoy tengo que trabajar! Llamaré a Tsukasa— Busqué mi teléfono de forma apresurada.

— No creo que haga falta… Kukai se confabuló con John ¿si lo recuerdas, verdad? — No comprendía— él le dijo que no irías hoy— explicó con fastidio

— Ah… ya veo. Patudos que deciden por mí, je ¡Qué se creen! — Me senté a mirar a Chii comer. El nombre le quedaba, decidí. Claro que no era una persocon pero hacía el mismo gesto de mover la cabeza cuando le hablabas.

— ¡Hola familia! — Escuchamos a Kukai e Rima miró al gato y luego a mí

— ¡Escóndelo! ¡De prisa! — No entendía nada, pero obedecí.

Pronto él se encontró en la puerta de la cocina

— Hola Rima, hola Amu ¿Qué tal las cosas? — Alzó las cejas de forma sugestiva

— Muy bien, muy bien. Gracias— contesté con voz neutra

— Pues ahora muy mal ya que llegaste tú, pedazo de idiota— espetó Rima enojada.

— Ah y yo que me alegro tanto de verlas— se acercó un poquito— ¿Estás enfada, Amu? — Interrogó con mirada inocente. Por el otro lado, la rubia me decía no

— No— respondí— Ya pasó— le resté importancia

— Uf, que alivio— sonrió— Bueno… yo me voy a ir a dormir— se estiró y luego de desordenarle el cabello a Rima, subió pesadamente las escaleras

— ¿Ni un lo siento? ¿Nada? — Pregunté sorprendida y ella solo podía sonreír

— Anda, dale de comer a la pequeña Chii— me alentó. — Que en cualquier momento comenzaras a oír…— Y no alcanzó a terminar cuando oímos un fuerte estornudo. Seguido de otro y otro.

Se quedó un minuto en paz y volvió a estornudar con fuerza, se repitió de este modo por los siguientes segundos que la gatita tardó en alimentarse.

— ¿Y eso que significa? — Me preocupaba

— Tu venganza— acarició el lomo de Chii de forma siniestra

— ¿A qué te refieres? — Pregunté perdida

— Que mi queridísimo hermano Kukai es alérgico a los gatitos— abrí los ojos sorprendida

— Rima… — me miró inocente

— ¿Qué? Es imposible hacerlo enfadar y era necesario… además existen pastillas y tendrá que convivir con el gato— sentenció

— No lo sé— mascullé, mordiéndome el labio

En eso un Kukai con ojos enrojecidos bajo la escalera. Ella tomó a Chii

— Puta mierda, creo que me resfrié— se sorbió la nariz— ¿Sabes dónde están los analgésicos? — Su nariz también estaba roja y me sentí un poco mal

— en el botiquín, creo… aunque deberías tomarte los antialérgicos…— murmuró Rima

— ¿Eh? ¿Por qué? — Estornudó nuevamente y maldijo

— Porque… encontramos esto con Amu y no lo queremos dejar solito afuera— y ella sacó el gato blanquito que solo le pudo maullar tiernamente al grandote. Esperé su reacción violenta, que dijera que lo sacáramos de aquí, etc., etc.

— Joder, no puedo echar esa cosita a la calle. — Estornudó tres veces seguidas— ¿Dónde están los antialérgicos? — Interrogó esta vez y en serio me sentí muy mal

— No te metas a tu cuarto— me mordí el labio inferior

— ¿Por qué? — Dudé

— Porque hice que el gato entrara y paseara por tus cosas— confesó a regañadientes Rima. Noté que parecía arrepentida

— Oh, vale. — Estornudó— tendrán que limpiarla ¿eh? Y no lo acerquen mucho a mí. Si quieres quedártelo Amu, hazlo— mierda, mierda.

— ¡Lo siento! — Dije al fin y Rima bufó— Yo no sabía que eras alérgico, lo voy a dejar en otro lado— la rubia me impidió quitárselo.

— No hace falta, en serio. Y si alguien debe disculparse, ese soy yo— me mordí el labio inferior— lamento haber secuestrado a Ikuto y haberte encerrado con él, pero no soportaba verte triste Amu. Sé que tratabas de seguir adelante y parecer indiferente pero notaba en tu mirada que le extrañabas, quizá fui entrometido y extremo. Y solo te puedo decir que eso es lo que hacen los hermanos mayores, tratan de hacer a los menores felices. — Putos demonios, me encontraba al borde de las lágrimas

— ¡Jodido Kukai! ¡Lo siento mucho! — Rima se precipitó a sus brazos y él la abrazó con fuerza, aunque no podía dejar de estornudar.

— Me haces sentir peor— mascullé

— No es la idea, pequeña— me sonrió tiernamente

— Voy a buscarle un nuevo hogar— joder, la venganza nunca es buena, nunca. Y lo había aprendido del modo más duro posible.

— En serio— estornudo— puedo— estornudo— adecuarme— se sorbió la nariz y Rima dejó que Chii caminara hacia mí.

— Déjalo Kukai, no se puede quedar aquí— le dijo la rubia

— Ella tiene razón, además sé quien se podría hacer cargo— sonreí — por cierto, tú tienes mi bolso ¿verdad? — Asintió— Ya, porque lo necesito—

— No hay problema— con ojos entrecerrados me hizo seguirle hasta la sala. — De verdad solo quería que aclararas las cosas, entiendo que te enfades porque estás en lo correcto y en tu derecho, pero alguien debía darte el empujón— entonces sonrió y su rostro enrojecido se vio extraño— a que fue una buena idea ¿eh? Con mordaza y todo, estaba a tu completa merced— arqueó una ceja y le golpeé el hombro con una sonrisa, arrebatándole de las manos mi bolso. Ni siquiera sabía que le tenía tanto aprecio hasta ese momento, lo apreté contra mi pecho.

— Gracias. — Dije con intensidad y el sonrió, desordenándome el cabello

— Cuando quieras, pequeña— se sorbió la nariz— solo procura que tus actos masoquistas no sean entre semana, secuestrarlo se vuelve algo difícil. — Me reí

— No hay problema, pondré atención en ese punto— le guiñé un ojo y sacudió la cabeza, pasando por mi lado

— Voy a tomar una siesta— avisó antes de comenzar a subir las escaleras, estornudando.

A cada uno de ellos, me encogía un poco más

— Okey, lo acepto. Fue muy bajo y me siento jodidamente mal— Rima llegó a mi lado con Chii entre sus brazos.

— Sí, yo también. — Suspiré, contemplándolo desaparecer en el segundo piso. Aún lo podía escuchar estornudar

— ¿Sabes qué harás con la gatita? — Preguntó, acariciando con ternura el lomo lleno de pelos blancos.

— Ah, sí. Eso creo— salí de la sala buscando mi celular en el bolso.

Al encontrarlo dejé el resto en la escalera y fui fuera, solo por si acaso. Me quería evitar una ronda de bromas por parte de Rima.

Verifiqué que tenía varias llamadas perdidas de Ikuto y con un nudo de nervios en el estómago, le marqué

— Amu— casi podía verlo sonreír

— Lamento no haber tomado antes tu llamada, Kukai hace poco me devolvió mis cosas— me mordí el labio inferior, jugando con mis pies de forma nerviosa. Era increíble lo que su voz me producía. Por el amor de Cristo ¡él ni siquiera está aquí!

— Oh, no te preocupes. Me alegra que lo hagas ahora— sí supieras por qué, querido mío.

— Si… ¿crees que nos podamos encontrar en algún lugar? — Interrogué con duda

— Claro. ¿Dónde? — Respiré aliviada

— ¿Te parece bien en la plaza cerca del instituto? —

— En diez minutos te veo ahí—

— Vale— iba a colgar

— ¡Espera! — Llamó— Que sepas que todavía recuerdo la pregunta inconclusa— soltó una risita que me puso de los nervios. Era cierto, Dios ¿en qué me metí?

— Ajá. — Respondí y colgué

Volví adentro donde Rima hablaba con Chii

— Ven, dámela. Creo que ya sé dónde se quedará— extendí mis brazos

— ¿Es estrictamente necesario? Kukai dijo que podía adecuarse…— la miré con una ceja arqueada— De acuerdo, eso no es una opción. — Caminó tristemente hacia mí— Ten— rápidamente la acomodé

— ¿Me prestas tu coche? — Pedí y asintió, dándome las llaves— Gracias, no tardaré— cruzó los brazos sobre el pecho

— Sí, seguro. — Sonrió de forma pícara y juro que fue exactamente el mismo gesto de su hermano.

— Seguro. — Espeté y me encaminé al Aston. Solo esperaba que mi plan funcionara

-o-

Cuando aparqué, Ikuto ya estaba allí y mi cuerpo entero vibró al recordar el fuego que lograba encender con tan solo un beso.

Sacudí la cabeza y procuré ocultar a Chii

— Espérame un segundo— acaricié su pequeña cabecita y maulló como asentimiento.

Al voltearme me topé directamente con Ikuto

— Hola— sonrió deslumbrantemente

— Eh… hola— todavía trataba de calmar mis latidos

— ¿A quién trajiste contigo? — Su sonrisa seguía ahí, pero sus ojos eran fieros.

¡Está celoso de un gato! ¡Y encima es hembra!

Me puse a reír por lo ridículo de la situación

— ¿De qué te ríes? — Preguntó con voz firme

— De ti— sinceré, conteniendo mi siguiente carcajada

— Genial. — Bufó, desviando la mirada

— ¿Desde cuándo estás tan enojón? Te saldrán arrugas y me dará repugnancia tocarte— bromeé

— ¿Incluso si adoras hacerlo? — Respondió haciéndome ruborizar

— Pues sí— traté de parecer impasible, pero sonrió sabiendo perfectamente bien lo que pasaba por mi cabeza en este preciso instante— Ash, tonto. No es gracioso— le golpeé el hombro y aprovechó de atraerme hacia su pecho, enredando estrechamente sus manos tras mi cintura.

Me estremecí ante su calor y los recuerdos que trajo.

Era increíble como podía decir que no lo quería cerca, pero mi cuerpo decía otra cosa y parecía muy firme en ese punto.

— Ikuto, anda. Déjame— pedí con toda la convicción de la que fui capaz

— No quiero— sonrió— había pasado tanto tiempo deseando hacerlo que ahora simplemente no lo puedo evitar… es automático. Necesito tocarte para comprobar que no eres una alucinación o un sueño y creo que aún no estoy lo suficiente seguro— sus ojos brillaron y un escalofrío me recorrió la columna.

Se inclinó para depositar un casto beso en la base de mi garganta que me hizo cerrar los ojos y apretar sus brazos.

Continuó bajando con delicadeza y lentitud, una lentitud que solo conseguía encender con sutileza cada centímetro de mi cuerpo. Era diferente a los besos de esta mañana, esto calentaba de otra forma, entibiaba el corazón y cada una de mis células.

— Ikuto— suspiré y cuando enredé mis dedos en sus cabellos, él se alejó. Lo miré en primera instancia con enojo y luego confusa

— Tienes algo que decirme ¿no? — Sonrió juguetonamente, complacido por mi insatisfacción. Pero ese era un juego que podían jugar dos ¿a que si?

Sonreí, aturdiéndolo.

— De hecho, sí — contesté acercándome como niña inocente a él. Se confundió, lo sé.

— Adelante, estoy preparado. Creo— meditó luego

— Bueno, te he conseguido a Chii. — Me miró totalmente perplejo

— ¿Qué? ¿Amu… te sientes bien? — Puso una cara de preocupación tremenda y me reí.

— ¿La quieres ver? — Noté que cada vez ponía una expresión más atónita y me contemplaba como si estuviera loca.

— Eh…—

— Tomaré eso como un sí. Espera un poco — me volteé sin darle tiempo a pensarlo. Tomé a la gatita del asiento y la coloqué con mucha delicadeza en mi mano que escondí tras la espalda.

— ¿Hablas en serio? — Lo sentí ponerse cerca

— Sip. — Le sonreí ampliamente y luego puse por delante a la pequeña bola de pelos blancos. Como guinda del pastel, le maulló de forma tierna y volteó la cabeza.

La miró con el ceño fruncido y después a mí

— A que es bonita ¿eh? — Alenté

— No sé que quieres decir con eso que conseguiste a Chii— espetó

— Se llama así. Anda, cárgala. A penas la toques no la podrás dejar— dudoso la recibió y ella buscó su lugar entre sus manos grandes.

— Estoy seguro que ella no podría hacer de despertador, ni cocinar, ni navegar en internet— comentó mirándola con las cejas juntas

— Ni tampoco puede pasearse por los sitios porno pero te puede entregar mucho cariño— rematé riendo.

Me observó mal y traté de dejar de hacerlo.

— ¿Y qué pretendes que haga yo con ella? — Interrogó suspicaz

— Bueno… la verdad me la encontré hoy en La Reserva y no la podía dejar ahí… mírala es tan pequeñita y delicada que…—

— Amu. — Reprendió por haberme desviado

— Perdón. Lo que yo no sabía es que Kukai es alérgico y ahora le tengo que buscar un hogar donde pueda quedarse. Por supuesto que yo me encargaría de llevarla al veterinario, ponerle las vacunas correspondientes y de alimentarla. Es decir, solo necesito que la dejes estar en tu casa. ¿Por favor? — Le hice un puchero

— ¿Irías a verla regularmente? — Preguntó serio

— Obviamente— contesté de inmediato

— En ese caso, de acuerdo. — Sonrió ampliamente— además igual siempre he querido un gato… podría ser de los dos ¿no crees? —

— Sí, sería perfecto— aplaudí en el aire contenta por haberlo solucionado así de fácil y rápido.

— Al parecer a ella le gusta— Chii maullaba mirándonos a ambos. Y de repente, en mi mente la imagen fue diferente. No era precisamente un gatito lo que Ikuto cargaba con delicadeza… era una niña de cabello pelirrojo y grandes ojos dorados. Definitivamente una hija nuestra.

Avergonzada, sacudí la cabeza y traté de ocultarme entre mi pelo. Por Dios, ¿Cómo podía pensar esas cosas? ¿Era normal? ¿Era natural el deseo de querer tener un hijo? En realidad no lo sabía… pero si sabía que si decidía tenerlo, quería que fuera con Ikuto, incluso si lo nuestro no funcionaba. Tendría al bebé para siempre y sería un eterno recordatorio de lo lindo que la pasé con él. Y joder, ahora lo veía con claridad. Podría ser de ese modo, podría ser del modo que él y yo quisiéramos si simplemente aceptaba lo que era más obvio que un niño de dos años que se hizo pipi en los pantalones, como dijo la sabia Rima, era tan fácil y sencillo como que dijera si y un podemos tratar. ¡Ovejas Santas! Yo lo tenía todo entre las manos y no lo pensaba perder por segunda vez, si nunca debió ser mío ¿qué hace justamente frente a mí ahora? ¿Por qué se arrepiente y pide mi perdón? ¿Por qué ha decidido quedarse completamente solo antes que ser parte de otro grupo popular? ¿Era su auto castigo? ¿Por qué lo hace? Y la respuesta era tan compleja y a la vez simple… Ikuto lo hace porque me quiere. Y vamos, yo le quiero y no podría odiarlo nunca. Me hace infeliz no tenerlo junto a mí… y supongo que es tiempo de detener eso, yo tenía el poder y el derecho de intentarlo. Sí, yo le quería para mí ahora y ojalá siempre, pero de cualquier forma pasara lo que pasara, así sería. Él era mío en mi corazón, su infancia era mía, sus sueños eran en parte míos, y sobre todo, él quería serlo por completo y ni tonta ni perezosa ¿eh? Yo me moría por sus huesos y por pertenecerle también.

— ¿Amu, te encuentras bien? — Su mano descansaba sobre mi hombro mientras me contemplaba preocupado. Le importo, no está mintiendo. Desde que se disculpó nunca lo hizo. — ¿Qué pasa? — Interrogó ahora al ver que no podía hablarle y que por el contrario mis ojos se humedecían vertiginosamente. ¡Malditos genes de Renée!

— Ikuto…— sonreí acercándome hasta poner mis manos frías a cada costado de su cara— si quiero. Quiero estar contigo. Quiero besarte y tocarte por todo el tiempo que sea posible. — Su rostro se tornó completamente serio y podía sentir su pulso acelerarse— te quiero y quiero intentarlo, estoy dispuesta a tratar de volver a ser lo que fuimos y más… porque yo tampoco puedo ser completamente feliz sin ti y duele no tenerte a mi lado— me acerqué más y rocé a penas sus labios temblorosos con los míos— y sé que es lo más cursi que quizá haya dicho y oído… pero no me importa, porque por las jodidas cabras del abuelo de Heidi, no solo tú me extrañaste ni me extrañas, ni sufres porque no te tomaba en cuenta. A mí me costaba el doble y me cansé… si he de irme al infierno, que creo que es a donde debo ir por mis palabrotas y pensamientos, haré lo que considere correcto y espero— lo miré a los ojos— que si yo voy a tomar el tecito con Sr Diablo, tú también te sumes a la fiesta o yo misma voy y te saco de tu nubecita rosa y…— me calló poniendo sus labios sobre los míos y sus dedos presionando mi nuca.

Me rendí. Me perdí.

Atrapé su cuello y le correspondí con todo el sentimiento que me impulsó a decirle esa gran verdad.

— No puedo creerlo Amu…— susurró una vez que se apartó suavemente de mi boca insatisfecha— Te prometo que solo en sueños tú me decías la mitad de las cosas que me has dicho ahora… ni todo el dinero ni las persocon del mundo podrían llenar tanto mi pecho como tus palabras. ¿Lo sientes? — Guió mi mano hacia él donde su corazón latía muy rápido

— ¿Esos pectorales de infarto? Seh, los siento— moví tentativamente mis dedos y sonrió, sus ojos brillaban y parecía revitalizado. Increíblemente guapo y…emocionado.

— Me refiero a mi corazón en esta oportunidad— habló arrogantemente y reí. Pocas veces había experimentado tal sensación de alegría, de esa que te da y no puedes dejar de reír, quieres correr y saltar, demostrarles a todos cuán feliz eres y tratar de contagiarlos… te sientes invencible y crees que jamás podrás dejar de sonreír. Justo así me sentía. No podía verlo sin soltar una risita y negar con la cabeza, preguntándome por qué me tardé tanto en sentir tan liviano y a la vez cargado mi pecho. — ¿Eso quiere decir que me perdonas? ¿Verdad? — Preguntó con la mirada más cálida que recordase.

— Bueno… hay un asuntico— le di suaves golpecitos con mi mano que aún mantenía sintiendo sus latidos fuertes. Su rostro se tornó confuso

— ¿A qué te refieres? — Interrogó

— Ah, es solo un simple requisito— sonrió otra vez, captando mi juego.

— ¿Y de qué requisito estaríamos hablando? — Susurró con voz juguetona, asiéndome de la cintura. — ¿Algo así como resistencia física? Porque creo que podría sorprenderte— movió las cejas sugestivamente

— Eres un perverso— bromeé— Solo quiero que mañana me acompañes a visitar a alguien— pareció secretamente aliviado

— ¿A quién Clars? — Preguntó acariciándome suavemente la mejilla, alborotando y despertando mariposas raras en mi estómago.

— A…— por dentro me partía de la risa— Max— finalicé y noté de inmediato su tensión. Oh, sí, esto va a ser jodidamente divertido.