Disclaimer: los personajes de Hetalia que aquí se presentan no me pertenecen, sino a Hudekazu Himaruya (gran genio mundial xD) sólo México es mío n_n
Advertencias: violencia, guerra, yaoi (varias parejas para Mex O_O [entre las que cuento RuMex, USAMex y… lo demás es sorpresa XD]), dolor y demás…
Bueno, bueno; ahora sé que no tengo perdón del Dios de los fics (iré al infierno snif), pero bueno, entre una cosa y otra no había tenido tiempo para escribir y cuando finalmente lo tuve… se descompuso el teclado de mi compu TT_TT ok, sé que no es excusa, pero me gusta la idea de que por lo menos lo sepan.
Otra cosa: lamento si en este capi no está la acción que alguno de ustedes pudiera esperar, pero… mejor daré la explicación al final, por ahora: ¡espero que lo disfruten de verdad!
Esta vez la guerra es suya.
Las guerras no se ganan con palabras, dijeron algunos, pero yo vi entonces la victoria fuera del campo de batalla…
Las pesadillas, cargadas de arrepentimientos y recuerdos, los momentos de lucidez, llenos de dolor y agonía, incluso los sueños, con viciosas alucinaciones que le recordaban lo que se sentía estar drogado; y una intranquilidad opresora aún cuando dormía sin soñar. Esas fueron las peores semanas de México desde hacía cerca de un siglo y medio, cuando la Revolución estallaba en el Norte y en el Sur y las dolorosas punzadas de las batallas le atravesaban todo el cuerpo. Apenas había despertado una docena de veces, todas ellas para sentir la propia agonía de la carne, gritar con desesperación al no sentir aún sus extremidades y luego, volver a dormir cuando un doctor se acercaba para ponerlo a soñar; eso y de vez en cuando que era Cuba el que lo atendía era lo único que recordaba, por eso, cuando por fin una mañana despertó, libre de las alucinaciones y con una baja notable en el dolor de los día pasados, no pudo hacer otra cosa sino sentirse desconcertado.
—Hola… hola… hola —dijo luego de tratar de levantarse y ver que no podía— ¿hay alguien…
—¡Ah, ya despertaste! —México entrecerró los ojos, confundido— sí tonto, soy Venezuela; ¿no recuerdas?, llegué aquí el mismo día que tú; cuando empezaron las curaciones te desmayaste de nuevo; Cuba dijo que no sabía cuando despertarías de nuevo, y decidí quedarme hasta que lo hicieras —se acercó a él y sonrió— me alegro que lo hayas hecho. Aquí entre tú y yo —agregó, murmurando— he recibido unas llamadas de nuestros hermanos… también están preocupados, aunque no lo pueden decir, claro.
—Gracias… supongo —replicó él, ahora que lo notaba, sentía la espalda y el cuello agarrotados— ¿qué día es hoy?
—27 de Diciembre.
—¿Qué?, pero si yo…
—Pasaste dormido cerca de cuatro semanas —aclaró— pero no te preocupes, nos ha ido bien… sí, un difícil avance, pero… —dejó la frase en el aire; Alejandro, quien aún no estaba del todo bien giró la cabeza, sin comprender— bueno, dejaré que sea tu jefa la que te lo explique.
—Gracias, creo —México trató de incorporarse una vez más, pero se sentía completamente agarrotado. Por un momento se preguntó si aún sus heridas estarían abiertas y el hecho de no poder moverse fuera la anestesia cubana. Venezuela pareció leer sus pensamientos porque dijo:
—No es lo que piensas; de hecho ya… ¡olvídalo!, ¡velo por ti mismo! —Se acercó a su hermano y suavemente quitó la sábana que tenía encima.
Alejandro dejó escapar una suave exclamación, pues a pesar de lo que había pasado, definitivamente no se esperaba eso: la mayor parte de sus piernas y su brazo izquierdo estaba prácticamente regenerada; el hueso seguramente ya se había logrado unir de nuevo porque no sentía ningún dolor y donde antes estuvieron tiras de músculo destrozadas ahora había trozos completos de carne y piel con apenas algunos cortes leves; en cuanto a su brazo derecho, se le veía ligeramente más pequeño que el izquierdo y la piel era de un color rosado intenso.
—Cuba… conque en esto había estado trabajando por 25 años… —sonrió y con mucha dificultad movió los dedos de los pies, así como los de la mano izquierda; el otro brazo simplemente no respondía.
—Bueno, Jorge Luis dijo que tardaría un poco más que el resto; puede que en unos días más ya puedas usarlo con naturalidad.
—Creo que es fantástico.
—… Sí, claro que lo es —la chica volvió a sonreír— luego vendrá un enfermero para ayudarte a desentumirte —informó— por mientras… creo que te agradará escuchar a alguien —salió resueltamente de ahí, dejando al mexicano a la mar de contento, admirando sus recién regeneradas extremidades.
Alejandro aprovechó el silente rato de soledad para intentar incorporarse; se estiró como mejor pudo y comenzó a doblar las articulaciones que le eran posibles. Al poco fue capaz de levantarlos aunque con cierta torpeza y para cuando Josefina entró a la habitación con una sincera sonrisa en sus labios, México ya había logrado sentarse sólo con el apoyo de su brazo izquierdo.
—¡Alejandro! —la mandataria dio un grito entre enojo, sorpresa y alegría y se acercó a su Nación— ¿qué haces?, aún no puedes hacer esfuerzo —amonestó ella.
—Lo sé, lo sé, me lo imaginaba; a uno no le pueden doler tantas cosas sin que algo esté prohibido —contestó, la mueca de seriedad de Josefina se suavizó— ya Pina, estoy bien…
—Me tenías muy preocupada; cuando me avisaron de lo que te había pasado —negó con la cabeza— es afortunado que te hayan encontrado.
—Sí… una vez escuché que dejaron enterrada a una Nación debajo de varios metros de tierra y escombro… tuvo que esperar a que se regeneraran sus piernas para poder salir —rio un poco, el seño de Josefina le señaló que a ella no le parecía demasiado divertido— pero bueno, ¿cómo fue toda la cosa?, me refiero a luego de que yo cayera.
—Verás en cuanto caíste y recibí la notificación envié a Alejandra y a un grupo de estrategas a liderar el avance. Al parecer despejaste una pequeña parte del camino que fue más que suficiente para poder filtrarnos entre las filas y rodear a los primeros tanques; ganamos varios kilómetros en esa área —completó con cierto orgullo— sin embargo… sin embargo Smith envió refuerzos y nos hizo retroceder —suspiró— en fin, nuestras nuevas armas aún no están listas y, cuando creíamos que tendríamos que retroceder todo lo que habíamos avanzado, llegaron las tropas rusas. Justo ahora están junto con las nuestras avanzando hacia el sur, a la costa en Luisiana.
—Me alegro —dijo eufórico; sin embargo lo último le había recordado una cosa, algo que ahora no estaba muy seguro si fue parte de sus sueños locos o de la realidad— por cierto, ¿sabes lo que pasó con la representación de Rusia? Estoy seguro que cuando llegué aquí escuché su voz, vino a verme… —la sonrisa de su líder de pronto se ensombreció y se mordió el labio— no… Josefina, ¿dónde está?
—En el frente —dijo por fin— se fue antes de que yo llegara aquí hace dos semanas; él fue quien llamó su propio ejército.
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Frontera Mississippi-Luisiana, E. U. A.
—… en ese caso, tendríamos que esperar tropas aliadas y nos veríamos expuestos; propongo en cambio ir por el Este; si dejamos parte de las tropas aquí lograríamos llegar a un punto lo suficientemente lejano como para lanzar una ofensiva desde dos puntos, evitando además que barcos de guerra estadounidenses salgan de los puertos —completó la Secretaria de Defensa; el resto de los generales la miraron, impresionados.
—Me parece una excelente estrategia; todos esos años en la milicia no fueron desperdiciados —comentó el mayor de todos, era un anciano ya, pero parecía tener más energía que la mayor parte del resto. La Secretaria pareció complacida y agradeció, el resto de los generales dieron su apoyo también, sin embargo…
—Señor Rusia, ¿qué opina? — Alejandra levantó la vista del gran mapa de Estados Unidos que habían extendido sobre la mesa en la base improvisada, muy cerca del frente. Desde hacía un par de horas que discutía con los generales para lanzar una ofensiva más eficaz ya que la llegada de los rusos les podía permitir un avance aún mayor, y aunque de hecho invitó a Rusia para que les ayudara, la gran nación se había limitado a escucharlos desde un lado de la pequeña carpa.
—… —Iván se concentró en un punto fuera de la carpa, evaluando lo que debería contestar— es una estrategia bastante simple aunque poco usada porque no suele funcionar, es muy difícil de llevar a cabo, da… —respondió; los militares bajaron la mirada, avergonzados por haber elogiado un plan que una Nación con tanta experiencia considerara ridícula; sin embargo, Alejandra no bajó la cabeza y esperó sin temor el resto de las críticas. A Iván no se le pasó desapercibido este gesto y sonrió— pero creo que lo lograrán —los generales volvieron a levantar la mirada— sólo la he visto realizarse dos veces con éxito y los resultados lograron cambiar el curso de una guerra— se levantó de su asiento y se dirigió a la salida de la carpa— usted señora es como la Gran Catalina*, digna de llevar el nombre de Meksika, sé que podrá mantener la disciplina…
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Washington D. C., E. U. A.
—¿Cómo que lo dejaste escapar? —El grito de frustración del presidente detuvo a un pobre secretario en la puerta de la oficina, manteniéndolo a fuera por el miedo a que el mandatario la fuera a tomar contra él dado que no podía hacerlo contra la representación de su Nación; el joven decidió quedarse un momento fuera, escuchando y esperando el momento correcto para entrar— ¡es muy grave lo que has hecho! ¿Lo entiendes, Alfred?
—¡No es como si fuera sencillo, Rob! —La voz ligeramente impotente de Estados Unidos se alzó por encima de la de su líder; parecía querer levantarse y golpear algo, probablemente así fuera, pero las vendas que llevaba en las manos se lo impedía— ¡logré derribarlo!, sé que eso no parece mucho a tus ojos, pero es más de lo que cualquier otra persona hubiera podido hacer… ¡sufrí quemaduras!, yo…
—¡No me interesa en lo absoluto!, ¡tú eres la representación de América! Es tu responsabilidad hacer más que cualquier otra persona, ¡todos lo entienden así! —Smith se levantó de su asiento y golpeó el escritorio con un puño, Alfred no se inmutó en lo más mínimo pero le dirigió una mirada depresiva.
—Lo sé Rob, pero… no siempre es fácil; México tiene más años que yo y a pesar de que yo le enseñé a volar él ha dedicado más tiempo a practicar —se llevó las manos a la cara— y además… I don't know, I'm feel… —la Nación no sabía cómo expresárselo a su jefe. Era una sensación parecida al arrepentimiento y la culpabilidad, algo que hacía que le ardiera la garganta cuando recordaba en lo que estaba metido y no precisamente por los problemas que tenía— como si todo esto no estuviera bien.
Smith miró a Alfred, aún erguido en posición amenazadora sobre el escritorio; cerró los ojos un momento y sopesó la situación. Suspiró. Alfred bien podía ser fuerte y mucho mayor que él, pero aún no entendía lo que implicaba seguir a sus sentimientos o corazonadas aún siendo una Nación, no es que le importaran demasiado sus discernimientos sobre el bien y el mal, pero si eso obliteraba sus planes… el presidente asintió con la cabeza y dio vuelta al escritorio, puso una mano sobre la espalda de Alfred y dio unas paternales palmaditas sobre ella.
—Lo siento Alfred, creo que me he excedido… pidiéndote cosas que van más allá de tus límites aún como nación… —murmuró, con un deje malicioso— es mi culpa, por esperar demasiado; creí por un momento que la idea de la defensa de tu patria podría hacer más que derribar un simple bombardero.
—No, no Rob, ¡no es eso! —Interrumpió el mayor de inmediato— simplemente a la hora de estar en combate… a pesar de que quiero hacerlo lo mejor posible, no puedo porque…
—¡Señores! —el joven secretario al fin se había animado a abrir la puerta— lamento interrumpir, pero afuera ya está la prensa y… no creo que como está la situación sea bueno dejarlos esperando.
—¡Claro que no! —respondió animadamente Smith— bueno Alfred, me dirás después eso, no creo que sea tan urgente; por ahora es momento de que sonrías y des tu mejor impresión; ya casi te has curado por completo y quiero que todo el país pueda ver cuan grande y fuerte eres ¡quiero que tenga confianza en nosotros!
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Mexicali, B. C., México.
—¡Suéltame!, ¡Te digo que me sueltes! —México dio un codazo a uno de los enfermeros que estaba intentando detenerlo y pisó a otro; los dos lo soltaron adoloridos y el corrió hacia la puerta, sin embargo, ésta se abrió de golpe antes de que llegara a ella y detrás de ella apareció Venezuela; la chica alzó la mano y le tomó por el hombro derecho, le hizo dar la vuelta y lo más suavemente que pudo lo hizo retroceder— Venezuela, no quiero hacerte daño…
—Ni puedes, ¿qué le haces? Cómo estás ahora no podrías hacerle daño ni siquiera a Sealand —se burló ella— ¿qué rayos estabas intentando hacer? —Preguntó enfadada.
—Ir al frente —Josefina, quien se había retirado precavidamente a una esquina de la estancia, se acercó a las dos Naciones— se enteró del paradero de la representación de Rusia y quiso salir corriendo —la venezolana volvió a ver a su hermano, como burlándose de sus acciones, pero la mirada retadora de su hermano le hizo cambiar de opinión.
—Ay, México… —el cambio en el gesto de la Nación femenina fue tan drástico que incluso el mexicano pensó que algo extraño había pasado en territorio venezolano— pareciera que te has olvidado de quienes somos —las miradas de ambos latinoamericanos se conectaron, mientras ella decía esas palabras.
—No, nunca… pero no puedo dejar las cosas como están.
—¡Pero si vas ahora serás un estorbo! —Reprendió de nuevo; Alejandro entonces bajó la mirada.
—No espero que lo entiendas.
—No, pues no lo hago; ahora te quedarás aquí hasta que te recuperes y luego podrás hacer lo que quieras —dijo, antes de salir molesta del lugar.
Alejandro se quedó sentado en la cama; la sangre había comenzado a salir de las heridas y los enfermeros, quienes habían permanecido callados todo ese tiempo, se acercaron para vendarlas; la Nación ni siquiera opuso resistencia y dejó que hicieran su trabajo, para luego salir de ahí como almas que lleva el diablo, asustados de su propio País. Alejandro simplemente volvió a acostarse en la cama, mirando el techo, sintiéndose…
—Alejandro —la presidente se acercó lentamente, quizás con algo de miedo, producto de lo visto antes— yo…
—No lo hago por Rusia… bueno, no sólo por él, de hecho es menos por él —Josefina sin comprender volvió a sentarse junto a él; no había entendido gran parte de lo que Venezuela le había dicho a su Nación, simplemente fue como si algo se interpusiera entre el sonido de sus voces y sus oídos.
—No comprendo, creía que…
—Sí, lo sé; y la verdad es que una parte sí es por él, pero… cuando eres una Nación, realmente no hay espacio para el sacrificio personal. Somos seres creados para ser egoístas, independientemente de si estamos enamorados o no, si queremos a alguien o si en cambio lo odiamos —dijo, con voz profunda y mirada perdida— en el fondo somos más cobardes de lo que parecemos, peleamos porque es lo mejor para nosotros; nos "sacrificamos" porque casi cualquier dolor es mejor que sufrir la agonía de los muertos en la lucha.
—Eso no significa que no sean valientes —Alejandro no hizo demasiado caso, así que ella continuó— no significa que también tomen riesgos, como entrar a una guerra porque consideras que es justo, o luchar contra un gobierno injusto aún sabiendo que será doloroso —afirmó ella con seguridad— te he visto tomar decisiones difíciles, aún sabiendo que lo que decidas no será lo más fácil para ti.
—Nada es tan "valeroso" como lo dices —volvió a refutar— sin la ayuda de gente que sí es valiente es como se logran hacer esas cosas.
—México; no creo poder comprender siquiera una parte de lo que es ser una Nación… pero si hay algo en lo que esto segura —dijo, precisamente enfocando sus ojos en los de México— es que ninguna persona podría haber sufrido tanto por un grupo de personas y aún así seguir teniendo fe en ellas —el silencio que trajeron sus palabras fue denso, pero ella estuvo segura de haber visto el esbozo de una sonrisa sincera en los labios de México— no creo que tus hermanos te dejen ir al frente hasta que estés completamente recuperado, pero… creo que te gustaría ayudar en la otra parte de la guerra…
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Washington D. C., E. U. A.
Afuera la gente gritaba con entusiasmo, los ánimos de una recuperada Nación estadounidense se reflejaban en las amables palabras que le gritaba a su gente; sin embargo, adentro de la Casa Blanca era totalmente diferente. Robin Smith golpeó suavemente el escritorio, luego pasó alrededor de él y preguntó a un hombre que con total serenidad lo observaba desde el sillón.
—Últimamente me he estado preguntando si usted señor Secretario de Defensa, no sabe cual es su trabajo —El hombre sentado se irguió levemente en su asiento; acababa de comprender por qué le había llamado Smith.
—Por supuesto que lo sé, Señor —contestó. Smith siguió dando vueltas por su despacho, como si examinara cada uno de los detalles.
—¿Sabe usted por qué no simplemente atacamos a Rusia, China y las dos Coreas con armas de Demelio? —el secretario pensó un poco y respondió.
—Porque después del ataque a Rusia todos ellos han perfeccionado su escudo antimisiles.
—Correcto. ¿Sabe por qué no atacamos a México de la misma manera?
—Porque está muy cerca; si activa un escudo nosotros estamos perdidos.
—Muy bien; es por eso que decidimos asignar a los tanques para hacer retroceder a los mexicanos, ¿qué es lo que se supone que está pasando con ellos? Los mexicanos están avanzando ¡Eso no es lo que esperábamos! ¡Hace menos de una hora —señaló hacia afuera— Alfred me avisó que sentía una intromisión en la costa este!
¿Y quién más sino los mexicanos pueden venir de ese lado? —ahora sí, el Secretario bajó la mirada.
—Le aseguro Señor, que vamos a repeler esa intromisión lo antes posible… y enviaremos refuerzos a nuestros aliados en Europa para que comiencen los ataques directos a Rusia occidental.
—Es lo menos que puedo esperar de su trabajo —replicó Smith— sin embargo, eso no sería del todo suficiente… justo ahora la guerra está entrando a un punto crítico; podemos resistir por supuesto, pero no eternamente; hace un par de días recibimos la llamada de un "informante" que teníamos en Brasil. Al parecer está contra la pared y no podremos acceder al Demelio de Brasil… no por ahora. Sin embargo México tiene unas grandes reservas en el Centro-Norte —se sonrió— no sería para nada fácil entrar por el norte, sin embargo, justo ahora el sur es tan agradable como un parque infantil…
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Costa en Luisiana, a 10km de Nueva Orleans, E. U. A.
—Quiero una formación en V ahora, no podemos llegar a la playa sin antes haberlo logrado —ordenó Alejandra y la orden se transmitió hacia todos los tanques que prontamente se acomodaron.
Los soldados estaban expectantes: no habían encontrado problemas desde su salida de Oklahoma y esa falta de ataque por parte del enemigo los asustaba. Ninguno de ellos había vivido siquiera en la Época Negra del país y el temor permanecía latente en todos ellos. Alejandra y los generales viajaban en un acorazado, justo detrás de los primeros tanques de la formación, mientras que Rusia se había unido a sus tropas y conducía él mismo uno de los grandes tanques.
—La playa está a la vista —murmuró alguien desde la parte frontal y los militares comenzaron a entrar en tensión.
—Pero ¿por qué Amerika no nos ha atacado aún? —Se preguntó Iván, mientras veía las tranquilas olas de la playa ir y venir— Supongo que Alfred sabía que veníamos para acá, pero… —el primer tanque llegó finalmente; se había planeado seguir por toda la costa hasta una base naval por lo que las líneas le siguieron por la arena y hacia la entrada del mar, donde el agua se removió aún más, dejando ver algas y montículos de arena— ¡Montículos de arena! —Gritó Iván— ¡Alto! ¡Minas!
Pero fue tarde, uno de esos pesados vehículos rozó sobre una de las minas y causó un efecto en cadena. La primer explosión abarcó sólo dos tanques pero fue encendiendo las demás antes de que pudieran retroceder, los explosivos al parecer habían sido puestos para funcionar de adelante hacia atrás de las filas del Círculo, porque rápidamente 4 tanques que iban detrás de los primeros volaron en llamas.
—¡Atrás, atrás! —Gritó Iván y él mismo tomó el mando de su vehículo.
Mientras tanto Alejandra y los generales retrocedían también, abriéndose paso entre algunas partes de tanques que se habían separado y caído al suelo en llamas; la mayor parte de los tanques habían logrado ya salir de la zona de peligro y se amontonaban sobre el pavimento, junto a la arena; cuando al fin todos estuvieron fuera de peligro, los generales ordenaron volver a reunirse en V, pero nuevamente, los habían atrapado.
—Now! —el sonido de decenas de cañones sorprendió y sobresaltó a los militares. Rusos y mexicanos, todos trataron de buscar un reacomodo, sin embargo la estrategia estaba bien planteada y la dispersión no lograba ayudar de mucho.
—¡Hacia el frente! ¡Hacia el frente, ahora! —Se ordenaba, pero las explosiones y las llamas desconcertaban a los militares.
—Si no hacemos algo nos matarán a todos —reclamó Alejandra, pero al parecer nadie tenía las respuestas. Después de todo ¿quién de todos había estado en una guerra?— Maldición… bien —eso tendría que se decidido bajo su responsabilidad; Rusia ni siquiera contestaba y era probable que su prioridad fuera salvaguardar a sus soldados— ¡Todos!, ¡Ataquemos de frente!
—¿Qué? ¿Está loca? —Gritó uno de sus generales.
—¡No!, ¡Pero no veo que den una idea mejor! —Replicó ella— ¡Hacia el frente los que puedan! —Varias decenas de tanques dieron vuelta y como si fueran una manada de elefantes, siguieron firmemente hacia adelante; dos cañonazos más retumbaron hacia su alrededor, probablemente no eran de Demelio pues después de la primera explosión se extinguían en vez de hacerse más grandes. Los estadounidenses se replegaron en seguida, al ver que el enemigo se acercaba a ellos decididamente— bien, continúen hacia adelante; tomen algunos cañones y destruyan el resto. Sigan al enemigo y que no haya retroceso a menos que encontremos resistencia con aeronaves, los demás…
Pero nadie logró escuchar algo más de lo que decía, un último cañonazo se estrelló precisamente sobre el vehículo blindado en el que iban ella y los generales. Éste rodó más de veinte metros antes de caer sobre la arena, inmóvil y en llamas.
**Dos días después**
D. F., México.
—¿Algo sobre ella? —Preguntó Alejandro, Josefina bajó el teléfono y negó.
—Sigue inconsciente y no podrán salvarle el ojo derecho… es horrible —se sentó en el escritorio y miró el jardín.
México a su vez se afianzó el vendaje del brazo y se acomodó la ropa; dos días, dos días había tardado para que sus hermanos le dejasen partir a la capital, porque si bien no le permitieron volver al campo de batalla, sí le dejaron volver para hablar con su gente. La Nación miró hacia su dirigente.
—No hay razón para que te tortures, ella sabía muy bien el significado de la guerra y lo que traería consigo el ir al frente.
—No es eso lo que me preocupa; es que… desde hace meses, mueren y mueren mexicanos; en Estados Unidos, en Europa y en el mar… ¿cómo me puedo decir su dirigente si permito que vayan a morir? —Se preguntó más a sí misma que a Alejandro.
—Josefina, tú no…
—Es tarde —dijo ella— para ellos, pero no para todos —asintió, tomó su saco y salió de la oficina.
El helicóptero estuvo en el zócalo en minutos; una marea de gente que esperaba por escucharlos se apiñonaba en la gran plancha del zócalo y entre los edificios para poder escuchar. México y Josefina bajaron en el único lugar vacío y libre y fueron conducidos inmediatamente a una tarima, junto al asta.
Alejandro escuchó los gritos; emoción, alegría, entusiasmo… por alguna razón todas aquellas personas estaban así por el simple hecho de verlo. La presidente saludó amigablemente, pero todos querían que Alejandro hiciese lo mismo. La Nación sonrió y una ola de aplausos resonó en el zócalo… no podía sentirse peor para consigo mismo.
—Buenas tardes compatriotas —saludó Josefina desde la tarima cuando todo estuvo listo; la gente aplaudió y el silencio se extendió por la plancha— hace unos meses entramos en guerra. Y quizás no estábamos lo suficientemente preparados, pero sabíamos que era lo correcto —levantó un puño en el aire— ¡lo correcto no sólo por nosotros, sino por la libertad! ¡Por el hecho de que no permitiríamos que alguien más tomara nuestras decisiones! Hoy y siempre, nosotros…
Las palabras de Josefina se perdían en el aire, como polvo, como nada; Alejandro apenas pudo reconocer un par de ellas antes de caer en un ensimismamiento sordo y no la escuchaba… pero la miraba. Miraba el entusiasmo reflejado en su semblante, la pasión con la que le hablaba a la gente, la responsabilidad que cargaba sobre sus hombros y su puño en alto; fuerte, altiva, segura, patriota, como siempre quiso a un dirigente. La gente parecía conmovida por sus palabras, levantaba las manos y gritaba. Los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas, pero contuvo el semblante y su voz no se quebró ni un momento, ¿por qué lloraba entonces?
—… no importa entonces lo que tenga que pasar —Alejandro trató de volver a la realidad— ¡haremos lo imposible por proteger a este país que nos dio la vida! ¡Este país que se sacrificó por nosotros tantos años y sufrió por nosotros! ¡Lo prometo! ¡No me rendiré, aunque me cueste la vida! —Y la gente sucumbió ante el entusiasmo. Más aplausos y gritos. Josefina saludó y se secó las lágrimas— creo que… quieren que tú también les digas algo —México asintió.
Arriba del podio todo se veía más grande; la marea de gente. Se sintió pequeño ante su propio pueblo; suspiró. Se sentía tan decepcionado de sí mismo, pero no podía decírselo a ellos, no, ellos…
—Mi gente —comenzó, y el pueblo hizo un silencio aún más pronunciado que el anterior— mi pueblo…
Fue la media hora más terrible que hubiera pasado en mucho tiempo. Aún más que las terribles semanas que pasó inconsciente bajo los cuidados de su hermano y de los doctores. No es que la gente lo hubiera abucheado o que el desprecio se hubiera reflejado en sus rostros morenos. De hecho el aplauso que se hizo al terminar su discurso fue tan atronador que le pareció un pequeño terremoto: les había mentido, ese era el problema, no en que la situación era mala, o en que había ya muertos de su parte, no. Les había mentido sobre sus propios sentimientos y su culpabilidad, se había parado frente a ellos, sonriendo y mostrándose tan entusiasta que no dejó duda de que estaba feliz con su propio trabajo. Josefina notó esto y le puso una mano en el hombro.
—Ya no… —murmuró él— mañana mismo iré al frente. No morirán más mexicanos si es que puedo estar ahí para evitarlo.
Washington, E. U. A.
Mientras tanto, miles de kilómetros al norte, en una ciudad capital tal espléndida y abarrotada como la Ciudad de México, centenares de personas gritaban y saludaban a un alegre mandatario que sonreía con suficiencia y un carisma irresistible. La personificación de Estados Unidos también saludaba, aunque sin el optimismo de su mandatario. Ambos caminaron por un entarimado largo y cubierto hasta llegar al auto presidencial. Abordaron. Fue entonces cuando Robin le puso la mano en el hombro a Alfred; éste quiso decir algo, pero Smith lo interrumpió.
—Ya no… no quiero más errores. Tu gente no va a sonreír para siempre.
Catalina la Grande: ¿Alguien ha escuchado hablar sobre esta mujer? Si es así, estoy muy orgullosa; bueno, pero para los que no sepan, esta mujer fue una de las grandes gobernantes de Rusia (zarina) conocida ahora por ser una "déspota ilustrada", que se refiere a que algunos gobernantes de Europa tomaron medidas de la ilustración para sus gobiernos. Ella promovió las artes y la cultura además que mejoró bastante el estado de Rusia para la fecha y insistió con Voltaire (uno de los más importantes ilustrados y colaborador para la creación de la Enciclopedia) de que le hablara "de hombre a hombre", lo que para ese momento (y bueno, aún para el nuestro en muchos lugares ¬¬) fue increíblemente épico je je.
Y eso fue todo u_u, como dije, no tiene acción como sé que se esperaba, pero realmente lo que quería era demostrar mucho el punto de que durante una guerra es bueno mantener alegre a la gente (sólo miren lo que pasó con Rusia en la primera guerra) y la gran diferencia que hay entre los dos presidentes de mi invención je je. De cualquier manera en el siguiente capítulo (que espero tardar menos en traer) les prometo acción y batallas.
Finalmente quiero agradecer a las geniales personas que me mandan review (y en algunos casos hasta mensajes XD) por insistir en la continuación y sacarme de mi aletargamiento; hasta hicieron que me pusiera a escribir con el teclado en pantalla: tatsuki. arisaw, Youko Saiyo, The Animanga Girl, aishiteru-sama, Loraxx24-chan, yad-12 (sempai ya cumplió, pequeña), Anon, Nolimy-kun, Itzapapalotl-Iztaxochitl, Bloom Medianoche e Idachi (quien me mandó un adorable mensaje para saber de la continuación).
Y ya por último quiero pedir una disculpa por la tardanza y por si hay algún error en el escrito )no es muy cómodo escribir con el teclado en pantalla, pero creo que no lo hice tan mal :P)
¡Hasta pronto!
Reviews "anónimos".
Anon: o/o jeje, me siento complacida por los reviews je je; espero que este capi también haya sido de tu gusto y ya para la próxima espera la acción y la sangre que prometí, ¡nos vemos pronto!
