Cuando Jocelyn hubo terminado su relato, los sentidos de Luke percibían algo inusual que se levantaba en el ambiente.
Sabía que ella tenía más cosas que contarle, y que él necesitaba saber, pero una inquietud le recorrió todo el cuerpo.
-¿Qué pasa, Lucian?- la serenidad momentánea se esfumó. Un grito estremeció toda la casa y ella se puso de pie de un salto, apretándose a Luke, que alarmado la había tomado de los brazos y se la llevaba directo a la ventana –¿QUÉ HACES?- le gritaba al verse arrastrada hacia la ventana.
-CONFÍA EN MÍ, sujétate de mi espalda- le gritó e hizo que ella se aferrara a su espalda. Jocelyn se negaba a hacer algo tan absurdo, pero Luke estaba decidido a tirarse por la ventana.
Ruidos empezaron a sonar en la casa y unos pesados pasos golpeaban las escaleras.
Y Luke cambiaba.
-Está muerta, Jocelyn- le dijo con ojos amarillos mientras ella torpemente hacía lo que él decía –Debemos huir, la praetor está muerta-
Y con unas garras enormes y ensangrentadas, Luke se colaría por la ventana y treparía aferrado por la pared exterior. Los ruidos se acercaban y un frío se adueñó de Jocelyn.
Golpe en la puerta cuando ellos salían por la ventana y en ese momento ella voltea a ver lo que pasaba. Unos hombres armados irrumpieron en el cuarto y a la cabeza iba él.
Abrió mucho los ojos y sus miradas se encontraron, cara a cara en la penumbra, pero lo suficientemente iluminado el cuarto como para detallarse uno al otro. Valentine estaba mucho más delgado, el veneno corría por sus venas y lo estaba cambiando, el veneno que ella tantas veces había notado que se inyectaba cuando vivían en Idris.
Tal vez el verdadero culpable de que el hombre que ella amó hubiera desaparecido, la sangre de demonio se lo había llevado. Luke era un animal pero Valentine era un demonio.
Y él la vio a ella, y se preguntaba si sería capaz de hacerle daño.
No podía creerlo pero luego pensó en Jonathan, y en que no tendría piedad con Luke: Estaba allí para matarlo.
Pero fue un segundo que se vieron el uno al otro, y que muchas emociones se proyectaran en esas miradas: ella fue sacada fuera del cuarto por Luke, saltando por la ventana, y creyó que caerían al piso, y sintió vértigo, pero sorprendentemente las garras de Luke se aferraban al cemento y la piedra del exterior de la casa y trepando con agilidad la llevó al techo y desaparecieron.
Pangborn y Blackwell iban siempre con él, los guardaespaldas de Valentine, y siempre veían la ira cada vez que su parabatai se le escaba con su mujer.
El hombre estaba devastado, e inútilmente miraba la ventana por donde se les habían escapado. El cuerpo de Lucila Lamber yacía desmembrado a pie de la escalera.
-No llegarán lejos- dijo Blackwell y todos se dispusieron a salir tras los traidores. Pero Valentine había perdido todo el aliento.
-Tal vez si ella supiera que Jonathan está vivo- murmuraba, pero luego pensó en la traición y sacudió la cabeza y se aferró a sus planes –No, no voy a echar por tierra mi venganza sólo para que vuelva conmigo. Obviamente está con ese animal, y Jonathan vale más. Con él haré lo que me plazca con Jocelyn. Que sufra con su muerte…por ahora- y con una expresión aterradora observaba el cuarto que acababa de dejar la pareja. Valentine pensaba lo peor.
-No se escaparán, será fácil encontrarlos en esta ciudad. Hay muchos temerosos Subterráneos dispuestos a informarnos- Blackwell lo incitaba a seguir –Esa misma mujer que estaba allá abajo no iba a arriesgar tanto por ellos. Tontos, como si no supiéramos donde estaba la praetor, alcahuete de Subterráneos, como si no tuviéramos la ayuda de demonios-
-¡Calla, no me importa!- Valentine gritó de ira –¡Se ha ido otra vez, ese traidor!-
El grupo allí reunido sintió la ir del fracaso y volvieron otra vez a la calle, pero sin ninguna seguridad de por qué lado habían agarrado.
Escaparon por los tejados, y no hubiera sido posible si no fuera por las increíbles habilidades de Luke.
Pero el Círculo tenía una gran ventaja y eran los demonios. En cualquier momento y cualquier lugar estarían, y debían estar preparados.
Saltaron al suelo y robaron el primer auto estacionado cerca, con mucha suerte.
-¿Qué es eso?- advirtió ella, allá adelante del parabrisas –¡Luke mira, hay algo enfrente!-
Luke aceleró y se llevó por delante lo que tenían enfrente y salieron de la calle. Un automóvil fuerte, afortunadamente de cuando eran buenos, y no se detendría hasta haber alcanzado la ruta que los llevaría hasta New Jersey.
El viaje fue como una travesía por dimensiones extrañas. A veces era terrible ver a través de los glamour, el mundo de sombras mezclado con el humano, y saber que no podían confiar en nada.
Un rostro demoníaco, aquí, allá. Al acecho siempre.
El que tenía poder sobre los demonios, tenía el poder de volver el mundo un infierno. ¿Hasta dónde llegaba el control de Valentine? No lo sabían, y era muy peligroso. Jocelyn temía por él, porque a la final lo traicionarían.
Pero esperaban no caer todos igual.
Magnus Bane les había dado la dirección, y oía en su cabeza la voz del brujo "busquen a Ragnor Fell, en un local llamado Crow Haven Corner"
Cuando el sol brillaba en todo su cénit se detuvieron, ya había amanecido desde hacía horas.
-Necesitas comer algo- Luke lucía severo. Había detenido el carro robado frente a un café de carretera.
La ciudad había quedado atrás, y el paisaje se tornaba cada vez más despoblado y natural. Pero aún les quedaba un día de viaje.
-No tengo hambre-
Jocelyn estaba callada y no había hecho ningún comentario desde que escaparon de Harlem. Lo que hacía era mirar por la ventana con pensamientos perdidos en el tiempo.
Habían visto cosas en su viaje, y Luke quiso preguntar:
-Viste a Valentine-
Ella asintió. No podía ocultar e interés que él tenía en eso, en saber de ella y sus sentimientos.
-Tengo mucho miedo. Me da miedo, él, todos ellos- empezó a murmurar como para sí misma. Luke la había sacado de aquella casa aterradora, y el rostro de Lucila no se le borraba de la mente. Y sintió dolor.
Luke quería saber lo que había sentido al verlo.
-Vi su runa- después de una pausa, Jocelyn se abre y su mirada ya no parecía tan extraviada –La runa, Lucian, la runa que yo le dibujé en su piel. No se ha borrado-
-Ésa runa- sonó celoso. En realidad pensaba que ella estaba delirando.
-Está en su pecho, y está en el mío. No se borra, ahí está- explicaba. En aquel breve momento se había fijado en el cuello abierto de la chaqueta negra que vestía Valentine, y por supuesto que había visto la runa.
Lucian jamás había tenido esa runa. Se las hacían solamente los recién casados, y su recuerdo le era tormentoso, porque las había visto claramente sobre sus pechos desnudos la noche aquella junto a la cascada en Idris.
Ninguno de los dos sabía eso, y no lo sabrían nunca.
-¿Por qué? ¿Por qué no se borra? ¡Yo lo odio!- exclamaba ella con dientes apretados.
-Tú todavía lo amas- le recordó él las palabras que le había dicho anoche, y otras veces –Tal vez sea por eso, Josie. Estás casada con él-
Ella veía a Luke, y sentía amor. La había salvado gracias a sus garras, a su condición de poder cambiar. Como siempre decía Valentine, que los Subterráneos tenían habilidades que no poseían los nefilim. Luke la había salvado gracias a esas habilidades y era hermoso.
Quiso abrazarlo.
Salieron del carro sin importarles que alguien descubriera que era un carro robado. Seguramente ya la policía los tenía ubicados, pero eso no los apresuraba. Entonces ella le toma el brazo y Luke, agradecido por esos gestos, la rodea completamente deseando desaparecer sus miedos.
-Esa runa me ata a Valentine, a su amor, a nuestro matrimonio, nuestra vida juntos… a nuestro…- y la voz se le apagó, y necesitaba respirar -¿Por qué sigue allí si él lo destruyó todo?-
"Tal vez no lo destruyó todo" pensó ella pero no quiso darle cabida a ese presentimiento. Después de haberlo visto otra vez y de querer gritarle en la cara "asesino", pensaba si había sido capaz en verdad de matar a su pequeño.
No quería tener runas, Jocelyn quería desaparecer todo lo que la marcara como Cazadora de Sombras. Lucian había logrado eso gracias a que se había convertido en Subterráneo, y ella comenzaba a amar eso de él con gran intensidad.
-Él nunca lo quiso- musitó a la final. La gente del restaurant no reparó en ellos, habían como dos o tres mesas ocupadas y nada más.
-¿A quién?- Luke voltea.
-A mi bebé, nunca lo quiso-
-No lo creo, Valentine estaba muy orgulloso, muy feliz, yo…- Luke se había detenido analizando las palabras de Jocelyn –No creo eso, qué te hace pensar que no quería a su hijo… ¿Fue por eso que tú…dejaste de seguir al Círculo?- se le encogió el corazón pensando que la verdad detrás de la traición de Jocelyn era ésa, y no sus sentimientos hacia él.
Ella vagó por las mesas y luego se sentó en una pegada de la ventana. Ordenarían algo rápido y se irían.
Por su lado Luke permanecía alerta, sus instintos le había prevenido del peligro la noche anterior, ahora esperaba lo mismo. Esperaba poder oler a los demonios antes de que aparecieran.
-No lo sé- sentados en la mesa allí como dos personas normales los hacía sentir que las cosas no estaban tan mal -Pero eso me hizo creer en algunas ocasiones-
Luke estaba perturbado por la tisteza que embragaba a Jocelyn.
El lugar no parecía presentar ningún peligro, pero igual no habría paz hasta que no llegaran a lugar prometido por Magnus Bane.
