Capítulo 25
-Habitación 11
Después de que la señora Weasley lo hubiera regañado por atreverse a faltar a tan importante cena de Navidad, la noche anterior, Ron se encontraba ahora empacando sus cosas, para volver a la nueva sucursal de Sortilegios Weasley, puesto que se la había acabado el descanso del trabajo. Había sido poco después de medio día, cuando finalmente el pelirrojo se desapareció en el jardín de la madriguera para llegar a Hogsmeade.
Mientras caminaba por la calle principal del pueblo, su mente seguía dándole vueltas al mismo asunto. La noche anterior, había sentido la necesidad de entrar abruptamente en la habitación de su hermana, tomar a Hermione por los hombros, zangolotearla para que entendiera que él en verdad la amaba, y besarla, para que el asunto quedara claro. Y sin embargo, en su mente, la idea de que Draco Malfoy era un mejor partido que él, se sobreponía a todo. Seguía sin poder entender qué era lo que Hermione veía en él. Seguía sin poder comprender por qué Draco Malfoy era mejor persona que él.
Mientras Ron caminaba con paso lento rumbo a su local, en otra parte del pueblo, en el segundo piso de la pequeña posada de la villa, dentro de la habitación número 11, Draco Malfoy observaba por su ventana, como el pelirrojo se alejaba por la calle principal.
No se le había podido ocurrir ningún otro lugar para huir de su casa; si por él hubiera sido, se hubiera aparecido en los límites del colegio, y hubiera exigido que lo dejaran pasar al castillo, pero no se atrevía a entrar sino estaba seguro de que Hermione estaría ahí. Se sentía alejado de toda la sociedad, como si estuviera contaminado con algo. En su mente, si no se encontraba con Hermione, no podía enfrentarse al mundo. Era por eso que llevaba dos días completamente encerrado en aquella habitación.
A veces simplemente acostado en la cama, mirando al techo, pensando en qué castigo estaría ideando su padre en esos momentos. Otras veces, su mirada se perdía delante del espejo, mientras él mismo registraba su rostro, y se encontraba señales de culpabilidad, por haber sido tan débil frente a Hermione, y lamentándose el no haber sido francos desde el principio, cosa que quizá, hubiera hecho aquella relación más fácil de llevar. En otras ocasiones, como aquella, su mirada se perdía en la ventana, observando a los peatones, lamentándose el no poder ser como ellos. Reían y platicaban, mientras no se preocupaban por nada. Tenían la vida regalada, él, sin embargo, debía de darle la espalda a su familia, para conservar aquél amor de una chica que "ni era su novia", o dejar aquél intento de relación, para conservar aquel legado familiar que llevaba generaciones y generaciones sin cambiar.
Se sentía como un marginado. Cualquier otra persona que conocía era libre de amar a quien quisiera. Para él, el amor era un castigo.
Entonces, su mente dejó de divagar, y su mirada captó algo curioso. Una chica delgada, no muy alta, de largo cabello castaño, caminaba solitaria por la calle principal. Sentía como que la conocía; aquella alborotada melena le producía un aire familiar. Pero no podía ser, Hermione se encontraba de vacaciones con sus padres, en Australia. Ella no podía ser Hermione Granger.
En ese momento, empezó a nevar. Los copos blancos se pegaban silenciosamente en la ventana. Abajo, en la calle, la gente regresaba a sus casas, buscando el refugiarse delante de una caliente chimenea. La castaña seguía caminando, ahora un poco más lento debido a los copos que golpeaban su rostro, y se abrazaba a sí misma, debido al frío. Entonces, la castaña se dio media vuelta, para cubrirse de una fría ráfaga de aire que amenazaba con golpearla en el rostro. Y Malfoy pudo verla con claridad. No había duda alguna. Se trataba de Hermione Granger.
Le tomó un par de segundos el poder asimilarlo, pero cuando lo hizo, se apuró a alejarse de la ventana. Utilizó un encantamiento convocador para sacar su abrigo del baúl, y salió de la habitación, y de la posada, corriendo a toda velocidad.
Sin embargo, al llegar a la calle, la encontró vacía. Se le aceleró el corazón. El frío aumentaba, la nieve arreciaba, y debido a la neblina, apenas y podía ver. Sin embargo, siguió andando, en la dirección a la que había visto a Hermione alejarse. Gritó su nombre un par de veces, pero nadie le respondió.
Después de un par de fríos y silenciosos minutos, llegó al límite del pueblo. Entonces, le llegó la extraña idea de que seguramente la Gryffindor había ido a la Casa de los Gritos. Prosiguió su camino, con paso veloz.
Cuando llegó, pudo verla sentada bajo un árbol nevado. La chica se encontraba abrazándose las piernas, y temblando de frío.
-¡Idiota! –le dijo mientras corría entre la nieve, en dirección hacia ella. Hermione alzó la vista, asustada-. ¡Idiota! –le repitió al llegar a su lado, y arrodillarse junto a ella.
-¡Draco! –dijo Hermione, tiritando por el frío-.- ¿Qué haces aquí?
-Parece ser que salvándote la vida –respondió él, mientras se quitaba el abrigo y se lo ponía encima-. ¿Qué haces tú aquí? ¡Está haciendo un frío mortal!
-Me… Me apetecía…
Pero la chica no pudo terminar de hablar. Sentía tanto frío en el rostro y en las manos, que la conciencia le había fallado, y se había desmayado.
Cuando abrió los ojos, se encontraba en una cálida habitación, acostada en una mullida cama, que alguien había acercado a la chimenea. Se sentó, preguntándose dónde estaba y qué hacía allí. Miró alrededor, y pudo ver a un chico de rubio cabello que se encontraba sentado en una silla de madera, junto a la cama. Draco miraba por la ventana, pero al escuchar que Hermione se movía entre las cobijas, volvió su vista hacia la castaña, y se inclinó sobre ella.
-¿Te encuentras bien? –le preguntó mientras tomaba suavemente sus manos entre las suyas. Hermione le respondió con una sonrisa-. ¡Qué imprudencia la tuya! –la regaño-. ¿Ya me dirás que hacías allí?
-Huí de casa –fue su simple respuesta-. Huí de casa y no supe a qué otro lugar ir… Yo sólo… Sólo deseaba verte… -añadió en un susurro.
Draco se apuró a abrazarla. El saber que ella lo extrañaba, tanto como él a ella, era suficiente para él. Sin detenerse a pensarlo, la sujetó suavemente del rostro, y le dio un tierno beso en los labios. La chica le respondió de igual modo. Había extrañado tanto el roce de sus dedos contra su piel, el suave movimiento de sus labios, compenetrándose el uno con el otro, que sentía que iba a explotar de felicidad.
Se separaron lentamente, mirándose a los ojos, mirándose los labios, mirándose el cuerpo.
Draco empezó por enredar sus dedos en su largo cabello castaño. Hermione le acarició el pecho, el cual subía y bajaba al ritmo de sus besos. Entonces, cerraron los ojos, y se limitaron simplemente a explotarse con sus otros sentidos. Él estaba embriagado de su perfume, suave aunque penetrante, exquisito, y excitante. Ella disfrutaba del sabor de su cuello, recorriéndolo con leves mordidas, pequeños besos.
Entonces, al tiempo que volvían a besarse en los labios, Draco se inclinó sobre ella, y Hermione se volvió a recostar en la cama. Ahora los dedos de la chica no se contentaban sólo con tocar el pecho de Draco, por debajo de la camisa, sino que ansiaba más, por lo que empezó a desabotonarla. Draco sintió como los dedos de Hermione recorrían todos los botones, y le ayudó a quitarse la camisa. Entonces, el Slytherin empezó a recorrer tiernamente las piernas de la chica, y se dispuso a bajarle las gruesas medias de lana. Mientras el chico acariciaba sus pantorrillas y le daba pequeños mordiscos en el cuello, Hermione intentaba contener los gemidos, mientras que ella procedía a acariciar el rostro y pecho del chico.
Entonces, Draco subió un poco más las manos, llegando hasta sus caderas. A Hermione se le erizó la piel, sabía lo que estaba por pasar, y aunque sabía que podía evitarlo, ella misma sabía que no quería. Se dejaría tocar, y tocaría también, dejándose querer y queriendo del mismo modo, y al mismo tiempo a Draco.
Se sentó nuevamente, quitándose el suéter velozmente, y besando de manera desenfrenada a Draco. El chico se apuró a quitarse los zapatos, y los calcetines, así como el pantalón, salieron volando. Draco deslizó la falda de Hermione fuera de su cuerpo, y ésta cayó al piso, junto al suéter y las medias. Prontamente le hizo compañía su blusa. Ahora, los dos se encontraban en ropa interior, tocándose ciertas partes de su cuerpo que de otro modo no hubieran producido el mismo efecto erizante en la piel.
Draco empezó besando el cuello de Hermione, y poco a poco fue bajando hasta los pechos; con una agilidad que Hermione no le conocía, le desabrochó el sostén con una mano, mientras con la otra seguía acariciando su mejilla.
Hermione gimió. Aquello era más de lo que podía controlar, y sin embargo, quería más.
Tanto los bóxers de Draco como las pantaletas de Hermione, terminaron de caer al piso. El Slytherin volvió a acostarse arriba de Hermione, y procedió a recorrerle toda la piel con suaves y cálidos besos. Empezó besando su frente, uno pequeño en la nariz, varias mordidas en los labios; bajó al cuello, mezclando los besos con mordidas y lengüetazos, y prosiguió con sus pechos. Mientras besaba uno, acariciaba el otro, pero después de un par de segundos los dejó por la paz, dejando a Hermione al borde de la excitación. Entonces, los besos recorrieron todo su vientre, hasta llegar a su zona prohibida. Se detuvo ahí, y besó durante un momento sus piernas. Hermione se rió. Draco también.
-Ven acá… -susurró ella, extendiendo los brazos, para abrazarlo. Draco así lo hizo, y Hermione lo hizo acostarse en la cama. Entonces, la Gryffindor se sentó arriba de él, y repitió el procedimiento. Besó su frente, lamió y besó sus orejas, duró un rato entretenida en su cuello, no le pasaron desapercibidos sus hombros y sus brazos, y prosiguió con el pecho del Slytherin. Podía escuchar los gemidos de Draco, y esto la excitaba aún más.
Entonces, haciendo un brusco movimiento, Draco volvió a recostarla, y se colocó encima de ella. Los dos tenían una sonrisa en el rostro; la de ella era tímida, la de él, seductora.
-¿Estás lista? –preguntó él. Hermione se limitó a tragar saliva, y contener la respiración. Temiendo que hubiera hecho algo mal, el chico prontamente agregó-: Si no quieres, no tenemos que hacer nada, yo…
Pero Hermione se levantó un poco; un lento y cálido cosquilleo recorrió los labios de los dos. Las lenguas se entrelazaron durante un momento, y se separaron lenta y silenciosamente. Con una sonrisa en los labios, la chica le susurró:
-Claro que estoy lista.
Draco se inclinó sobre ella, una de sus manos se entrelazó en la de ella, ambos esperando. Sus miradas volvieron a encontrarse, y los dos se sonrieron silenciosamente. Draco se terminó de recostar sobre ella, terminando de acomodarse, y Hermione, abriendo lentamente las piernas, le dio aquel acceso directo, esperando a que él la tomara.
El Slytherin no tardó en responder a éste gesto, y entró en ella, lentamente para no lastimarla. La Gryffindor cerró los ojos, y gimió en un susurro, haciendo la cabeza hacia atrás.
El vaivén que producían se asemejaba a un vals, tranquilo, exacto. Draco se inclinó sobre Hermione, y volvió a besarla, esta vez en la comisura de la boca. Ella se aferró a su cuello, y lo besó debajo de la oreja. Las respiraciones de ambos estaban agitadas, y sonaban calurosas. Hermione no podía dejar de gemir, mientras se sujetaba con fuerza al cuello del chico. Draco se aferraba a la cama, respirando el cálido perfume de la chica, que lo excitaba aún más. Entonces, un poco apenada, Hermione despegó los labios, y aún pegada a la oreja de Draco, le susurró:
-Me voy a venir –sintió que las mejillas se le pintaban de un rojo intenso. Se alejó un poco, para poder ver el rostro del chico. Entonces, su mirada se topó con la de Draco, el cual le susurró, apenas moviendo los labios:
-Yo también.
De un suave movimiento, Draco procedió a uno más veloz. Hermione intentaba contener los gemidos, pero finalmente sucumbía y gritaba a media voz. Draco emitió un par de gemidos en el cuello de la chica, erizando su piel.
Un par de minutos después, ambos habían terminado, en perfecta sincronía. Draco intentó acostarse junto a Hermione, en la cama, pero la castaña se lo impidió.
-Quédate arriba de mí –susurró-. Quiero seguir en contacto con tu piel. El chico no replicó, y se recostó sobre su cuerpo desnudo.
La respiración de ambos sonaba cansada, pero feliz. Las sonrisas se dibujaron en sus rostros. Hermione besó su frente, y Draco besó su mano. Draco se apartó un poco de Hermione, y finalmente se recostó al lado de la chica. Se dedicó a recorrer su tersa piel con la punta de los dedos. La Gryffindor sentía cosquilleos, y la piel erizada. En ese momento, los dos se sentaron. Hermione se colocó detrás de Draco, y se dedicó a besarle los hombros y la espalda. El Slytherin la tomó de las manos, haciendo que lo abrazara tiernamente.
-Feliz año nuevo –susurró Hermione en el oído del Slytherin.
Draco la jaló, para recostarla frente a él, y le dio un romántico beso en los labios, moviéndolos rítmicamente, utilizando su lengua para recorrer toda su boca, mordiendo sus labios, su barbilla, su cuello…
Ahora que ella estaba nuevamente recostada, ahora que estaban volviendo a besarse, el Slytherin volvió a recostarse sobre ella, y de la misma manera, Hermione le indicó con un movimiento de cabeza que estaba lista.
La chimenea crepitaba con un hermoso tono rojizo. Sus cálidas llamas eran la única fuente de luz en toda la habitación. Al otro lado de la ventana, la nieve seguía cayendo lentamente, en pequeños remolinos; el frío se pegaba en la ventana, dejándola empañada. El vaivén de los cuerpos de ambos chicos volvió a hacerse presente; sería una larga noche.
¡Oh por Rowling! ¡Perdónenme por profanar sus castas mentes de este modo! He intentado no ser muy explícita, pero al mismo tiempo, me he esforzado por lograr un buen ambiente y explicar lo que está pasado; porque quieran o no, es un momento muy importante. ¡Pero eso no quita que los he pervertido! ¿Qué más puedo decir sobre este capítulo? Todo está allá arriba. Y nuevamente pido perdón por ser una morbosa y no poner una alerta al inicio, pero eso hubiera arruinado completamente el capi. Espero y les haya gustado, y no me consideren una pervertida D:!
