CAPÍTULO 025
Se despertó. Solo vio oscuridad. Su sueño en el que la luz se abría paso solo había sido eso, un sueño. Se dio cuenta que sus brazos ya no rodeaban el cuerpo de Kate y comenzó a palpar la cama. Vacía. Buscó la mesilla y dio con el reloj que desde había años lo acompañaba. Se ofuscó. Lo cogió entre sus manos y lo lanzó contra el suelo, enfadado.
- ¡Ey! ¿Qué pasa? - escuchó la voz de Kate que provenía desde la puerta.
- Nada. - se tapó con la manta al completo.
- Rick... - intentó destaparlo.
- Soy un idiota.
- ¿Por qué dices eso? - acarició su mejilla.
- He ido a coger el reloj para mirar la hora. - apretó su mandíbula cargado de rabia - Pero no puedo verla. Qué absurdo, ¿verdad?
- Ha sido por inercia. Es algo normal. No te castigues.
- ¡No puedo hacer nada Kate!
- Déjame ayudarte. - apartó el edredón y lo sujetó por sus brazos para ayudarlo a levantarlo.
- Tengo que aprender a saber dónde está cada cosa. Al menos en casa. Poder moverme yo solo.
- Hoy podemos comenzar con ello.
- Sí, será lo mejor.
- ¿Al baño?
- ¿Te das cuenta lo vergonzoso que es esto?
- Será porque es la primera vez que voy a verte en el baño... - sonrió.
- Es divertido si yo también puedo verte. - frenó en seco. Inmovilizó sus pies antes de entrar al baño.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Y si no te vuelvo a ver desnuda nunca más?
- ¡Rick! - lo golpeó en el torso.
- ¡Eso es importante Kate!
- No me lo puedo creer. - lo empujó hasta entrar al baño.
- Para ti no lo será pero para mí, sí. Es algo fundamental.
- Erre que erre.
- ¿Te lo has planteado? Piénsalo seriamente.
- No voy a pensar en cosas que no van a suceder.
- Eso no lo sabes.
- Sí, lo sé.
- Ya estamos con tus dotes adivinas que no son tales. - notó como Kate le bajaba el pantalón y sus bóxer y lo sentaba en la taza, dejándolo solo.
- ¿Me dejas así?
- Cuando acabes con tus incoherencias me avisas.
Kate se acercó a airear las sábanas de la cama y en ese preciso instante un intrépido bebé entró gateando a la habitación.
- ¡Pa! ¡Pa! ¡Pa!
- Si cielo, ahora sale papi. Está en el rincón castigado. - rio.
- ¡Te estoy escuchando, eh! - la voz de Richard llamó la atención de Robert.
- ¡Pa! ¡Pa! ¡Pa! - cogió camino hacia el baño.
- No seas tan pillo tú. - Kate lo alzó del suelo abrazándolo - Ahora va a salir papi. Hay que respetar la intimidad.
- Kate... - la llamó de forma lastimera.
- Te estamos esperando.
- ¿No pretenderás que salga solo de aquí?
- ¿No? ¿No te crees capaz? - lo picó.
- Esa psicología no te servirá conmigo.
- Bueno, entonces nosotros vamos a hacer algunas cosas a la cocina y tú ya vendrás cuando te apetezca.
- ¡Kate!
- ¡Pa! ¡Pa! ¡Pa!
- Está bien. - se envalentonó apareciendo por el marco de la puerta del baño - Ya estoy. - les anunció.
- Ahora ven hasta nosotros. - lo animó Kate.
- Vamos, Kate...
- Puedes hacerlo.
- ¡Paaaaaaa!
- ¡Hola campeón!
- ¡Pa! ¡Pa! ¡Pa! - estiró sus bracitos hasta él - ¡Vío! ¡Vío! ¡Vío!
- Ro, cielo, no vamos a poder volar. - fue caminado paso a paso, con sus brazos estirados y con el miedo reflejado en su rostro.
Kate adelantó varios pasos para acortar las distancias. Y el escritor lo notó. Sonrió sin poder evitarlo.
- Vaya... Parece que papi ha encontrado la sonrisa. - besó la cabecita de Robert.
- Con tal de llegar a vosotros...
- Haces lo que sea. - lo agarró por su camiseta y lo besó.
Robert aprovechó el momento para golpear con la palma de su mano las mejillas de sus padres y reír, travieso.
- ¡Vío! ¡Vío! ¡Vío! - volvió a estirar sus bracitos queriendo volar.
- Ro, cariño, no puedo volar. - anunció Richard con pesar, intentado acariciar la mejilla de su hijo. Kate le ayudó a hacerlo.
- A lo mejor sí que podemos hacerlo.
- Kate...
- ¿Qué? ¿No dices que quieres hacer una vida normal? - rozó su mandíbula - A lo mejor podemos modificar ciertas cosas pero seguir haciendo lo mismo.
- No lo veo.
- Sujétalo. - le ayudó a sostener a Robert.
- Kate...
- Shhh... Calla. ¿No eras tú el de la imaginación en esta relación?
- Me voy a arrepentir pero está bien. Haremos lo que digas.
Kate se colocó detrás de él, sujetando sus caderas, con sus labios cerca de su oído. - Ahora te voy a guiar y vamos a volar los tres juntos.
- Pero Kate...
- ¡Vío! ¡Vío! - sonrió Robert expectante.
- Él está esperando que su papi le haga volar y podemos hacerlo los dos juntos. Trabajando en equipo. - comenzó a dar vueltas en círculos guiándolo con sus manos en sus caderas - Vete levantándolo poco a poco.
- Kate... Esto es una locura.
- Hazlo, por favor. Él solo quiere escuchar tu voz.
Dieron varias vueltas sobre sus pies hasta que Richard comenzó a elevar el cuerpo de Robert y el pequeño comenzó a volar.
- ¡Vío! ¡Víoooooo! - rio el pequeño.
- Eso es campeón... ¿Has visto cómo vuelas? Ro surcando los aires de la habitación...
- ¡Vío! ¡Víoooooo!
- ¿Lo oyes? - susurró Kate a Richard - Él solo quiere escuchar a su papi. Que su papi le diga que es el mejor y que puede volar y volar hasta alcanzar sus sueños.
- ¿Sabes Ro? ¡Eres el mejor avión del mundo! - gritó sonriendo y aumentando su seguridad - Pero ahora vamos a aterrizar, Ro.
- ¡Lo! ¡Lo!
Richard terminó abrazando a su hijo en cuanto Kate dejó de moverlos a ambos.
- Kate... - la buscó con uno de sus brazos.
- Estoy aquí. - lo sujetó.
- Gracias. - asintió feliz.
- ¿Ves cómo podemos hacer todo lo que nos propongamos?
- ¿Por qué no te encontré antes, eh?
- Porque era muy joven. - bromeó.
- Vaya... así que eso me deja como un viejo. ¿Has oído a mami, Ro?
- ¡Maaaaa!
- Sí, mami tiene mucho morro.
- Por mucho que lo intentes este niño adora a su mami.
- Como el papi.
- Exactamente. - lo besó.
- ¡Mua! ¡Mua! - aplaudió Robert.
- Es un lorito.
- Va a salir escritor como su papi.
- ¡Paula! - contrajo su rostro, preocupado.
- Hablé con ella.
- ¿Tú?
- Sí... Bueno... Verás...
- ¿Nos sentamos? Así me siento más seguro teniendo a Ro en brazos. - se encogió de hombros un poco avergonzado.
Kate no pudo evitar quererlo un poco más ante ese tímido gesto. Lo guio hasta el extremo de la cama. Richard se sentó y colocó a Robert sobre sus piernas, estrechándolo contra él.
- Cuéntame. - sonrió a Kate.
- El tiempo que estuviste en el hospital, Paula y Gina te visitaron un par de veces.
- ¿Gina también?
- Sí, las dos.
- ¿Qué dijeron?
- Se preocuparon por ti y les expliqué lo que el doctor me había contado.
- ¿Y?
- El contrato se queda congelado, respecto a las fechas de entrega, hasta que te recuperes.
- Está bien.
- ¿Quieres que les llame y hablas con ellas?
- No, prefiero no tener a demasiada gente a mí alrededor. - tentó el edredón buscando el cuerpo de Kate - Qué difícil es buscar tu mano. - bromeó.
- Solo tienes que pedirlo. - entrelazó su mano a la de él.
- Es fácil estar así, con vosotros dos. Mi madre, Alexis... Más gente, ahora mismo, me agobia solo con pensarlo.
Richard sonrió feliz cuando notó como Robert se acurrucaba contra su cuerpo. - Es un mimoso.
- Sobre todo con su papi. - acarició la cabecita de Robert y besó el cuello de Richard.
- ¿Alexis?
- Se ha ido a clase pero ha prometido que pasará toda la tarde con nosotros.
- ¿Está bien?
- Un poco preocupada por su padre pero sobrevivirá.
- ¿Sabes que pensé que al venir mi madre te irías de casa?
- ¿Creíste que te dejaría solo?
- Bueno...Contigo siempre tengo cierto temor a que desaparezcas. - reconoció dispuesto a no dejarse nada dentro - Me ha costado tanto tenerte así, conmigo, que todavía no me lo creo. Y ahora no puedo verte.
- Ahora Rick. Pero eso pasará.
- ¿Te has planteado lo que sería toda la vida conmigo si no me recupero?
- No volvamos a lo mismo porque vas a conseguir que me enfade.
- Pero ya no sería el Rick que conociste. A lo mejor...
- Nada. No sigas por ese camino.
- Kate... - intentó agarrarla cuando notó como se levantaba de la cama.
- ¡Ma! - lo apoyó Robert al percibir la preocupación de su padre.
- No me gusta que dudes así de mí. - justificó su enfado.
- Estoy acostumbrado a que la gente me deje tirado. La gente siempre se va. Las únicas constantes de mi vida han sido mi madre y mi hija. ¿Por qué iba a cambiar ahora? Tú eres más joven que yo, con una personalidad increíble, con un futuro prometedor...
Kate se agachó a su altura y lo besó. Lo hizo con furia y con rabia. Intentando arrancar de su mente esos sentimientos de inseguridad.
- ¡Mua! ¡Mua! - comenzó a jalear el pequeño.
- Está claro que con él como espectador los besos no son nada privados. - sonrió el escritor.
La inspectora agarró su rostro con ambas manos. - Te quiero, Rick. No sé qué ocurrirá en nuestras vidas de aquí a corto, medio o largo plazo. Lo único que sé es que soy capaz de afrontar cualquier cosa si estás conmigo. ¿Y tú?
- Ahora mismo, si pudiese verte, te contestaría con un beso. Pero como no sé si daré con tus labios a la primera... ¿Me puedes besar tú? - los labios de Kate tardaron un segundo en acortar la distancia.
