El Nightbloods Club's se encontraba a una distancia media y bastante prudencial del búnker, tanto así que algunas veces Lexa cuando no tenían trabajo solía ir allí a pasar el rato, a despejarse o en su defecto a buscar algo más.
El ambiente allí era muy diferente al Grounder's Roadhouse. En lugar de curtidos cazadores, camioneros y rastreadores de paso, el lugar estaba repleto de bellas chicas que olían mucho mejor de lo que ninguno de ellos lo haría jamás.
La música golpeaba los altavoces rasgando el aire y llenando el fresco lugar. Las aterciopeladas y elegantes paredes negras y fucsia en contraste con la barra, las tarimas y las cortinas que cubrían los reservados le otorgaban cierto aire de misterio y persuasión.
Sentada en la barra del club Lexa acaparaba algunas miradas de parte de la clientela ocasional mientras que las camareras y algún que otro barman la reconocían de otras veces e incluso la llamaban por su nombre.
Octavia, una de las chicas del Nightbloods vestida con un ajustado vestido negro y unas altas botas de tacón a medio muslo del mismo color paso tras la barra con la bandeja y le sonrió.
Lexa era una habitual más y disfrutaba de sus atenciones tanto como podía, aunque últimamente a la morena no se la había visto mucho por allí.
Se conocían hacía ya casi tres años porque en su momento sufrió el ataque de un metamórfico, un cambia pieles el cual causo algunos estragos inesperados en su vida, y por el cual se vio inmersa en ese mundo de la mano de las Woods.
No sabía porque, pero seguía sintiendo que de algún modo seguía encontrándose en deuda con las hermanas por haberla librado de algo así, y haberle abierto los ojos al mundo exterior.
Había pasado la mayor parte de la tarde noche en los reservados atendiendo a la clientela más exclusiva del local y no había coincidido fuera con ella ni una sola vez.
Por suerte, pronto podría tomarse un descanso ahora que la noche comenzaba a despuntar.
—Vaya, que sorpresa —le sonrió Octavia apoyando la bandeja de la barra—. Tú por aquí, Diyoza me dijo que habías vuelto pero no la creí.
Lexa levantó la vista de su copa y con un gesto de cabeza la saludo.
—¿Entras ahora?
—Oh no, llevo desde las siete aquí —repuso Octavia haciendo un gesto a uno de los barman para que atendiese su petición—. Lo que pasa es que he estado dentro. Una botella de bourbon y tres martinis para el numero seis —le pidió a al chico nada más acudir a su llamado.
—Eso está hecho, preciosa —le sonrió Nathan Miller separándose para ir a buscar lo que le había pedido.
—Hacía ya algún tiempo que no venías por aquí —le sonrió Octavia apoyándose en la barra sugerentemente echando un vistazo a la clientela que ocupaba la pista y buena parte de las mesas, en la mayoría jóvenes universitarios, algún que otro ejecutivo y padres agobiados de familia queriendo escapar de su habitual rutina antes de mirarla—. ¿Qué tal has estado? ¿Qué tal está Luna? ¿Clarke está bien?
Lexa abrió la boca abrumada por tanta pregunta y no supo siquiera que contestar. Desde que había vuelto del Infierno no había pisado ese lugar, es más evitaba encontrarse con personas conocidas que pudiesen preguntar por ello pero allí estaba, había tocado fondo y su día no había hecho mas que empeorar.
—Todo está bien.
Octavia que poso sus ojos en ella supo que no era así pero no la presionó, la conocía lo suficiente como para saber cuando era el momento de dejarla tranquila.
—¿Vas a contarme donde habéis estado que ni una de vosotras ha dado señales de vida hasta ahora? —quiso saber Octavia con interés fijándose en su apagado rostro—. No esperaba un parte o una carta pero quizás si alguna llamada por tu parte después de lo que paso.
Lexa que se la quedo viendo no supo bien de que hablaba hasta que lo recordó. Mierda, realmente lo había olvidado.
Una noche poco antes de morir, Octavia y ella habían coincidido en el club. La cosa se había puesto bastante fea para Octavia por culpa de un cliente insistente y un tanto acosador y Lexa había salido en su defensa haciendo que aquel indeseable abandonase el club.
Después Octavia la había invitado a un par de copas en señal de agradecimiento y habían estado hablando de todo un poco antes de acabar al final de la noche en el asiento trasero del Impala intercambiando algo más que palabras entre las dos.
Ahora lo recordaba.
—Ah, eso —murmuro Lexa escuetamente un tanto turbada antes de bajar la mirada a la copa dándole un trago.
Octavia frunció el ceño y arqueo una ceja al oírla, no es que esperase una petición de ella para salir, era una adulta y sabía que había sido solamente una noche de sexo pero si tal vez alguna clase de comunicación, alguna visita o alguna llamada al respecto.
—¿Tan decepcionante fue?
Miller que dejaba por ultimo la botella se alejo a atender otra parte de la barra.
—¿Qué? —preguntó Lexa mirándola ahora dándose cuenta de lo que había podido hacerle entender—. Oh no, yo... no he querido decir...
Octavia simplemente se sonrió con cierta amargura y sacudió la cabeza tomando la bandeja para irse hacia los reservados.
—Octavia, no —intentó pararla Lexa por el brazo haciendo que se detuviese sin mirarla—. Oye, perdóname no he querido decir eso. Tengo un mal día y lo ultimo que quiero es hacer daño a alguien más, soy una idiota, lo siento.
Aquella disculpa había sido honesta, sincera realmente Lexa no tenía la cabeza ahora mismo para nada más.
—De verdad —trago Lexa compartiendo una franca mirada con Octavia.
La chica de larga melena oscura se la quedo viendo y decidió dejarlo pasar esta vez, en su expresión atormentada se notaba que a la cazadora le pasaba algo y no muy bueno al parecer.
—Tengo que atender algunas mesas, nos vemos después —se despidió Octavia echando a andar hacia los reservados perdiéndose tras el aterciopelado cordón que uno de los de seguridad retiro a su paso.
Era una estúpida, pensó Lexa sobre si misma. Si, justamente eso era lo que era. Octavia no tenía ninguna culpa de nada, se preocupaba por ella y ella simplemente la trataba como si no fuese nada, como si lo que paso hubiese sido algo que dejar pasar. Entendía su frustración, su decepción. Se había comportado como una cretina sin excusa.
Lexa suspiró pasándose la mano por la cara sacudiendo la cabeza con frustración.
Estaba yendo su vida de mal en peor.
Continuara...
