***Además de lo que sigue a la visita del club nocturno se trata de una especie de continuación del día 14 XD
Día 22. Cuando el agua y el aceite reconocieron sus errores
Extraño narrador en tercera persona
–Esperen un minuto… Yo… yo debo conducir –afirmó Nathaniel con una media sonrisa que remarcaba el tono confiado de sus palabras.
–No creo que sea buena idea.
–¿De qué hablas? Te aseguro que soy lo bastante responsable como para llevarlos a todos de regreso a casa. Uno por uno, sin hacer el menor ruido y despertar a sus padres, y encima en tiempo record. ¿Qué más pueden desear?
–Okey rubito acabas de probar lo ego que eres en el fondo –Scarlet puso los ojos en blanco.
–Bueno… ¿Quién más confiable que tu servidor? Responde con sinceridad.
–Me reservo mi opinión. Ahora entra…
La chica desastre abrió la puerta del copiloto del honda verde de Lysandro.
–¿Qué bonito auto? Lo único malo es el color… sería mejor que fuera azul. ¿No creen chicos?
El señor perfecto, con un no tan perfecto mechón de pelo descuidadamente expuesto sobre la frente, cuestionó a los gemelos. Ambos lo sostenían de cada brazo para evitar que cayera al piso dado lo total y absolutamente ebrio que se encontraba en esos momentos.
–Voto por que sea negro. Se vería mucho más cool.
–No digas tonterías Armin. Es obvio que este auto debe ser de color blanco. Queda mejor.
–Sorry… Decreto que sea negro por el poder de Asgard y el Olimpo que no se queda atrás.
Era notorio que el gemelo de pelo negro también se hallaba bajo la influencia de unas cuantas copas de vino o quién sabe qué.
–No… no lo acepto. ¿De qué rayos estás hablando? ¿Asgard y Olimpío no sé que quá? Los dioses de la moda y el buen gusto dicen que sea blanco. Punto.
Y desde luego Alexy no se quedaba atrás.
–¡Negro! Ríndete hermanito.
–Nunca jamás. ¡Blanco!
–Jajaja… Los dioses del Olimpo se morirían si escucharan esta conversación. Aunque los dioses no pueden morir, ¿no?, ¿o tal vez sí en ciertos casos cuando son olvidados y convertidos en algo ridículo? –de pronto Nathaniel parecía absorto en una profunda disquisición filosófica.
–¿Pueden dejar esas tonterías para después? ¡Y no critiquen el coche de Lys! Vamos de una vez. Los dejaré en sus casas… a menos que recupere la cordura y regrese al reventón –Scarlet puso los ojos en blanco.
–Okey. Lo que tú digas… aunque no estoy de acuerdo –Alexy levantó los brazos en señal de rendición provocando que el señor perfecto se tambaleara junto con Armin.
–Cielos… el mundo no deja de girar. Jajaja… es tan extraño –afirmó con una enorme sonrisa.
–No tanto como tú rubito. A veces dices cada cosa…
Los ojos de la chica desastre se encontraron con los del señor perfecto a la expectativa de algo que ninguno era capaz de definir ni en acciones ni mucho menos en palabras. Tantas cosas en tan poco tiempo… En ocasiones suele pasar que las circunstancias de la vida se complican tanto que es casi imposible definir su significado. Y en ese momento en particular Nathaniel y Scarlet se hallaban extraviados en una maraña de ideas contradictorias. ¿Seguía importándoles acabar con Melotiel? ¿Sus planes para San Valentín aún tenían sentido? ¿Todavía se detestaban lo suficiente para no querer saber nada del otro? ¿Dejarían de verse cuando todo acabara dentro de nueve días? ¿Y qué con todo lo que habían vivido en los últimos días? ¿Lo olvidarían como si nada? ¿Acaso podrían olvidar lo que sintieron mientras bailaban juntos hace unos minutos? ¿Se sentiría igual bailar con Castiel y Melody?
–Mejor entremos está empezando a lloviznar y hace un poco de frío…
El comentario de Elisa, que hasta entonces había permanecido en silencio, llamó la atención de todos, especialmente de Armin.
–¡Lo siento! Todo es culpa de Alexy ya lo conoces... está loco.
–¡Oye!
El chico gamer soltó a Nathaniel que no cayó al suelo gracias a que consiguió apoyar una mano en la puerta del copiloto que permanecía abierta.
–Es cierto Alexy… admítelo. Toma te abrigará –Armin se quitó la chaqueta negra que llevaba puesto cubriendo con ella a Elisa que respondió el gesto con una leve sonrisa.
–Ay sí y tú muy cuerdo, ¿no? –replicó el gemelo de pelo azul–. Me rindo… entremos de una vez que también me congelo.
Los tres se acomodaron en los asientos de atrás mientras Scarlet ocupó el asiento del conductor con Nathaniel a su lado.
–Insisto en que yo debería conducir. Mis facultades mentales nunca han estado más lúcidas –declaró el señor perfecto al tiempo que intentaba tomar la llaves del coche sin mucho éxito pues la chica desastre se le adelantó.
–¿En serio rubito? ¿Qué te tomaste? ¿O de qué fumaste?
–No me mires así Scarlet... Solo tomé whisky sin ningún agregado. Algo… algo muy seguro y legal… creo –afirmó el aludido con seriedad al tiempo que fruncía el ceño con la mirada un tanto perdida.
–¿Puro? Debo admitir que al fin has conseguido sorprenderme de verdad –una media sonrisa apareció en el rostro de la chica desastre antes de que encendiera el auto.
–Espera ¿y los demás? No pensarás dejarlos aquí en medio de la nada –Nathaniel, ebrio o no, todavía se preocupaba por la integridad de compañeros de instituto.
–Se irán en el coche de Emma. Lys conducirá así que estarán bien –respondió la aludida al tiempo que abandonaba el estacionamiento del pub y se internaba en el tráfico nocturno de la ciudad.
–¿Y por qué confían tanto en él que lo dejan conducir y a mí no?
Scarlet rechinó los dientes ante el extremadamente inmaduro comentario del chico sentado a su lado.
–¿Será acaso porque él no bebió whisky puro ni nada en realidad? –contestó con un dejo de sarcasmo muy propio de ella.
–No entiendo… solo bebí un par de vasos. Además… además Lysandro no es confiable –sentenció el señor perfecto cruzándose de brazos al tiempo que desviaba la vista en dirección a la ventana que comenzaba a empaparse por la creciente lluvia que los rodeaba.
–Y otra vez la burra a trigo… Yo sé que Lys es inocente y cuando tenga las pruebas suficientes te lo restregaré en la cara –afirmó la chica desastre sin despegar la mirada del camino.
–No sabes lo impaciente que estoy porque llegue ese día.
A esas alturas Nathaniel había dominado el arte de la ironía gracias a las amables demostraciones de Scarlet.
–¡Yo más! –respondió esta última ya completamente furiosa.
¿Por qué el rubito insistía en acusar a Lysandro? Eso la ponía de los nervios y más tomando en cuenta que no soportaba sentirse dividida entre su mejor amigo y un chico que ocupaba sus pensamientos más de lo quería admitir. ¡¿Y qué con Castiel joder?! Nunca había pasado por algo así en toda su vida, y lidiar con ello era demasiado confuso y problemático.
–Pemíteme ponerlo en duda –el señor perfecto cerró los ojos para contrarrestar el creciente mareo que empeoraba con cada vuelta de esquina que daba el coche.
¿Por qué ella insistía en defender a Lysandro? Eso lo volvía loco y empeoraba considerando el caos que tenía en la cabeza. Por un lado sabía que detestaba a Castiel y a su amiguito albino probablemente más que nada en el mundo, pero por otro estaba la chica en la que no podía dejar de pensar por más que insistiera en borrarla de su mente. ¡¿Y que sobre Melody?! Jamás había experimentado una situación tan compleja y difícil de resolver.
Armin, en cuyo hombro descansaba Elisa la cabeza al haberse quedado dormida, llenó el recién impuesto silencio con un largo silbido seguido de la nada sutil afirmación de Alexy.
–Ustedes sí que son intensos chicos.
Media hora más tarde la chica desastre ayudaba al señor perfecto a subir las escaleras del edificio donde vivía después de dejar a Elisa y los gemelos en sus respectivas casas.
–Te… te digo que yo puedo solo. Un escalón y otro y otro… jajaja… Es igual a como se avanza en la vida Scarlet.
–Aja… gracias la píldora de sabiduría –apuntó la aludida con evidente mal humor–. Ahora muévete, ¿quieres?
–No hay de qué… espero sinceramente que te sea útil.
Nathaniel dirigió a Scarlet una mirada juguetona acentuada por un mechón de cabello que le cubría parcialmente la frente.
–Joder delegado no sé qué hacer contigo…
Ambos se detuvieron junto a la puerta que daba al departamento de la chica desastre.
–Yo tampoco sé qué hacer contigo pelirroja problemática… Pero… pero tengo que admitir que desde hace días no puedo dejar de pensar en ti.
–Que buena broma Nath…
–No es broma… sabes que soy pésimo para bromear y siempre acabo diciendo más cosas de las que quiero planeo –el señor perfecto tomó el brazo de la chica desastre haciendo que quedaran frente a frente.
–Sí… hablas demasiado rubito…
La chica desastre contemplaba al señor perfecto con una intensidad desconocida mordiéndose ligeramente el labio ante la creciente sensación de expectación e irrealidad que la desbordaba.
–Por favor Scarlet… cierra los ojos… solo por diez segundos e imagina que soy el odioso, desconsiderado y sarrapastroso de Castiel. O si prefieres Lysandro, Ken/Kentin o Alexander. No importa…
–En serio hablas demasiado rubito –susurró la aludida.
–Así soy yo no puedo evitarlo –Nathaniel sonrió de lado apoyando una mano en la pared y posando la otra en el cabello de la chica desastre al tiempo que rozaba su mejilla con el pulgar.
La muchacha cerró lentamente los ojos ocultado sus brazos detrás de su espalda, unidos por un nervioso apretón de manos, a medida que el muchacho acercaba su rostro al suyo. Los labios de ambos se encontraron en un beso que sabía a whisky y goma de mascar, iluminado solo por la tenue luz de luna que atravesaba la ventana, y que poco a poco fue cobrando intensidad a medida que olvidaban la supuesta indiferencia que los separaba.
A veces sucede que la vida, por una concatenación de eventos que no siempre tienen explicación, acaba en momentos y lugares que nunca imaginamos experimentar o conocer. Mucho tiempo después, cuando Nathaniel adquirió la suficiente madurez para hacerlo, pensaría sobre esto precisamente. Una y mil veces sin dar con una respuesta certera al por qué de las circunstancias que lo llevaron a despertarse esa mañana acurrucado en un incómodo sofá y con un terrible dolor de cabeza.
–Auch… ¿dónde estoy?
El señor perfecto se incorporó en el sillón que le había servido de cama hasta hace unos segundos.
–Ya era hora bello durmiente.
Scarlet lo observaba de pie sobre su sala de estar, con los brazos cruzados en clara señal de impaciencia.
–¿Tú? ¿Yo? Hoy es mañana… –Nathaniel contempló al la joven que tenían en frente como si fuera la primera vez que la veía.´
Llevaba el pelo recogido en una cola de caballo, una sudadera de color plomo y unos jeans azules bastantes desgastados. Y a diferencia de la noche pasada sus labios no brillaban con ese lápiz de labios sabor chicle que había sentido cuando la besó. Lo recordaba… claro que sí y todo lo que había pasado antes que eso. ¡Qué horror! ¿Qué iba a pasar a partir de ahora?
–Scarlet… eres… ¿Eres una pelirroja natural?
–¡Qué! Obvio que si rubito… ¿Qué clase de pregunta es esa? ¡Que bobo eres!
La chica desastre tomó un cojín del sillón que tenía más cerca lanzándoselo al señor perfecto.
–Ay… Oye no tienes por qué ser tan ruda.
–Quiero y puedo –afirmó la joven haciendo un gracioso mohín.
Por unos segundos ambos se quedaron callados a la expectativa de que el otro dijera algo que probablemente cambiaría el curso de su relación y el trato que tenían contra Melotiel. Pero en ciertas ocasiones suele pasar que las palabras simplemente quedan atrapadas en un muro invisible que no puede romperse debido a la aprehensión, la vergüenza y sobre todo el miedo al cambio revolucionario que supondría pronunciarlas.
Tic, tic, tic…
El reloj de pulsera del señor perfecto terminó con el expectante silencio haciendo que ambos soltaran un suspiro de alivio. Después de todo era mejor reservarse ciertas cosas hasta que el momento adecuado llegara. Al menos eso es lo que concluyeron de manera independiente.
–Lo siento… olvidé que lo había programado. ¡¿No puede ser?! –el señor perfecto comprobó estupefacto que pasaban de las nueve de la mañana y, acto seguido, se cubrió el rostro con el cojín que acababan de arrojarle–. Estoy muerto… debo estar en una pesadilla…
–¿Y ahora qué pasa? ¿Siempre tienes que ser así de dramático? –Scarlet caminó hacia el ventanal que le permitía observar toda la calle desde la comodidad de su sala.
–Esto es muy serio Scarlet. No fui a dormir a mi casa. No me aparecí en toda la noche. ¿Entiendes? Es terrible… Es lo peor que he hecho en toda mi vida. Y mi cabeza me está matando. Y siento la garganta seca y…
–Se llama resaca y supongo que es la tienes por primera vez. Tranqui rubito llamé a tu papá anoche después de que te desplomaras en el sofá. Creo que casi le da un infarto.
–¿Tan enfadado estaba? Oh no… soy de lo peor. ¿Y qué dijo mi madre? –Nathaniel parecía intentar ahogarse con el cojín que estrujaba con fuerza sobre sí mismo.
–Vaya que no ubicas. Al hombre casi le da un infarto cuando se enteró de que al fin te ibas de parranda como un adolescente normal. Se pasa al creer que eres un ermitaño solo porque tus actividades son distintas. De tu mamá ni idea pero seguro ya sabe que estás sano y salvo. Así que para la histeria. Ya que arruinaste la oportunidad de restregarles a Castiel y Melody de lo que se están perdiendo al ignorarnos, lo mínimo que puedes hacer es acompañarme a desayunar. Me muero de hambre y estoy esperando eones a que vuelvas al mundo de los vivos.
–Inaudito… simplemente inaudito –el señor perfecto retiró el cojín de su rostro permitiéndose mirar hacia el techo entre sorprendido y hastiado. Era un hecho que jamás comprendería a sus padres y ya iba siendo hora de que aceptara como eran asumiendo que tendría que vivir con ello. No volvería a dejar que lo afectaran y si no lo querían tal cual era… mejor pasar página y seguir adelante.
–Ya basta de reflexiones existenciales… ven.
La chica desastre lo tomó de la mano arrastrándolo hasta la cocina.
–Pero… pero…
–Vamos siéntate y toma esto.
Scarlet alcanzó a Nathaniel una aspirina y una taza de café antes de acomodarse a su lado junto a la mesa.
–Santo remedio rubito.
–Gracias… creo… ¿Ese es tu desayuno? –el señor perfecto dirigió una mirada escéptica al vaso de sopa ramen que la chica desastre comenzó a devorar sin más.
–No empieces. Mi roommate está durmiendo todavía y una pelea entre los dos no es la mejor canción de cuna que yo sepa.
–¿Alguien más vive contigo?
–Pues claro… Obvio –contestó la joven con la boca medio llena de fideos y sopa.
De pronto le joven delegado recordó la primera vez que estuvo en el departamento de Scarlet. Había husmeado por todo el lugar, excepto en una habitación por el cargo de conciencia.
–Scarlet hiciste mal en traerme aquí seguro incomodara a tu compañera. Mejor me voy… Que vergüenza.
–Tranquilo Nathaniel no me molesta en lo más mínimo.
Lysandro, vestido con un pantalón negro y una camisa vintage blanca, entró a la cocina con una taza de chocolate caliente en la mano.
–Cof, cof, cof… –el señor perfecto se atragantó con su café al comprobar quién era el misterioso rommate de la chica desastre. Era el colmo de los colmos ciertamente.
–¿Te encuentras bien? –el chico victoriano se mostraba visiblemente preocupado por la salud de su visita.
–Déjalo Lys es así de raro todo el tiempo.
Scarlet seguía prestando toda su atención al vaso de sopa.
–Sí estoy bien… descuida –Nathaniel se movió lo suficientemente rápido como para eludir la mano de Lysandro que intentaba darle palmaditas en la espalda–. Así que tú vives aquí –afirmó huraño al tiempo que oprimía la taza que tenía entre manos. Menos mal no era de papel.
–Scarlet se mudó conmigo cuando vino a estudiar a Sweet Amoris –respondió el aludido ignorando la tensión en la voz del otro.
–Así que eso explica el tono verde de los muebles. El mundo nunca deja de sorprenderme…
El señor perfecto continúo dando pequeños sorbos a su café imaginando que lo mejor era demostrar total y absoluta frialdad frente a una noticia tan devastadoramente mala. ¡No podía haber algo peor que Scarlet y Lysandro viviendo juntos!
–¿Ya te vas? –la primera finalmente dejo de lado su desayuno volteando a ver a su mejor amigo.
–Emma me llamó al celular. Está frente al departamento en su coche. No me esperes para almorzar. Imagino que estaremos todo el día trabajando en la nueva edición del periódico escolar –Lysandro dejó su taza junto a la media docena que se agolpaba en el lavabo.
–Okey… esperaré pacientemente a que me cuentes por qué te uniste a ese lío que hasta los domingos te consume.
–Créeme el único motivo es mi gusto por la escritura.
–Sí claro… Digamos que te creo Lys… por ahora.
–Tú siempre tan perspicaz –el chico victoriano dedicó una sonrisa a su mejor amiga antes de tomar el maletín que había dejado en el piso–. Hasta luego Nathaniel.
–Adiós –el señor perfecto tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para que no saliera un "hasta nunca" de sus labios. No lo consideraba posible… pero detestaba todavía más a Lysandro Ainswort.
El silencio volvió en cuanto la puerta del departamento se cerró tras el mejor amigo de Scarlet.
–Bueno suéltalo ya rubito.
–¿Qué cosa? –El señor perfecto dejó su café con tranquilidad prestando toda su atención a la chica desastre.
–¿No vas a hacer un berrinche porque Lysandro vive conmigo?
Nathaniel lo pensó un segundo concluyendo que pelear con Scarlet sobre ese tema era poco menos que un suicidio. A esas alturas la conocía lo suficiente como para saber que no retrocedería ni un milímetro cuando se trataba del extravagante chico albino. Tal vez lo más prudente sería indagar con calma la clase de relación que mantenían esos dos y asegurarse de cuánto peligro suponía Lysandro. ¿Peligro para qué? Bueno eso no importaba de momento…
–Aunque te sorprenda… No pienso hacer ningún comentario al respecto. Eres una caja de sorpresas Scarlet. Tú y tu gran amigo –el señor perfecto esbozó una sonrisa de los más cordial y, por tanto, algo psicópata.
–Muy bien… sin comentarios de momento –la chica desastre sintió que se le erizaban los pelos de la nuca y prefirió dejar pasar el tema.
–Oye… ¿Y aquí nunca lavan la losa?
Nathaniel, cambiando de tema, se levantó evaluando el desastroso estado de la cocina cuyos mesones estaban ocupados por platos y vasos sucios, ollas quemadas, cubiertos polvosos y, como no, una caldera desportillada.
–Qué esperabas rubito… Yo no sé cocinar ni agua y Lys olvida que puso una olla o un sartén en el fuego a los segundos. No hemos incendiado el edificio de puro milagro. Y lavar las cosas… que flojera… Preferimos hacerlo cuando es muy necesario.
–O sea cuando ya no queda nada limpio –Nathaniel puso los ojos en blanco–. ¿Por qué será que no me sorprende?
–Bueno ese es el orden de las cosas aquí. ¿Y ahora qué haces?
–¿Qué crees? Poniendo en orden este estropicio –el señor perfecto se arremango las mangas de su camisa y comenzó a lavar los tratos.
–No tienes por qué hacer eso –Scarlet no podía creer hasta dónde llegaba el sentido de responsabilidad del chico que tenía al lado.
–Lo hago con gusto. Y ya que estamos en eso… ¿Tienen ingredientes para cocinar algo medianamente decente?
–¿Hablas en serio?
–Por supuesto. Y a riesgo de parecer impopular… es obvio que necesitas comida verdad… Y lo digo porque me preocupas no porque te esté juzgando –Nathaniel abrió una de las gavetas empotradas por encima del lavabo, enarcando las cejas al descubrir que su contenido se reducía a vasos de sopa ramen de diverso sabor–. Digas lo que digas esto es una exageración.
La chica desastre soltó la cuchara con la que degustaba su sopa, contemplando quizá por primera vez los alimentos que consumía con mayor frecuencia y a los que les daba la menor importancia. De pronto y sin previo aviso recordó los almuerzos que su tía preparaba especialmente para ella y lo bien que se sentía comer algo casero. Era incluso mejor que un caramelo, un bocado capaz de sacarle una sonrisa pasara lo que pasara. ¿Hace cuánto tiempo no había experimentado algo así?
–Ay bueno… Tú ganas rubito. ¿Te parece si vamos a la tienda a comprar víveres?
El tiempo pasa, las acciones transcurren y las decisiones se van sumando, acumulándose una tras otra como las hojas que crecen en los árboles en primavera. ¿Acaso entendemos por qué hacemos una cosa y no otra? ¿Somos tan si quiera capaces de comprender el efectos que nuestras elecciones tienen en los demás?
Una chica de largo pelo castaño y ojos de un límpido azul observaba el cielo apoyada en el tronco de un árbol solitario cuyas ramas se mecían ligeramente por el viento. Algo estaba mal, lo sabía, el problema consistía en definir la naturaleza de aquella incomodidad que le quitaba el sueño… o más bien adquirir el valor suficiente para aceptar que todo había cambiado sin que se diera cuenta. ¿Cómo reconoces la diferencia entre el encaprichamiento y el amor de verdad? Tal vez contrastando un sueño con la realidad.
–Creo que estoy a punto de cometer un error Mel.
Castiel se acercó a Melody sentándose al pie del árbol que le servía de apoyo. Era el tercer día de la convivencia escolar organizada por el instituto Sweet Amoris y aunque ambos se encontraban rodeados de amigos y compañeros de grado… las personas que se suponía más importantes para ellos estaban ausentes, dándoles la oportunidad de pensar sobre el siguiente paso a tomar y si este era o no el correcto.
–Entonces evita el error y ya –sentenció Melody con una media sonrisa–. No puede ser tan difícil. Al menos no tanto como ganarme a encentar.
–Oye… no bromees con eso o te arrepentirás. Te destruiré en la cancha –afirmó el chico pelirrojo fingiendo estar malhumorado–. Es más complicado de lo que crees. Le debo mucho a esta persona y no quiero lastimarla.
––Mira como tiemblo Cast. Pero sabes… te creo porque yo estoy en un dilema parecido.
Ambos permanecieron en un cómodo silencio mientras se sumergían en sus pensamientos con la esperanza de hallar una solución al dilema que los aquejaba. Se conocían lo suficiente para acoplarse a sus palabras o mutismo gracias a las largas sesiones de basquetbol y francas charlas que habían disfrutado juntos. Y ciertamente habían presenciado lo mejor y lo peor del otro al no existir entre ellos la necesidad de aparentar ser algo diferente a lo que eran en realidad, defectos y cualidades incluidos. Nadie es perfecto después de todo y en ocasiones sencillamente es imposible no lastimar a nadie si tus sentimientos no son claros o te es imposible comprender el anhelo de otras personas.
El sol comenzó a ocultarse tras las colinas que flanqueaban el pequeño claro donde se encontraban cuando Castiel, con los ojos parcialmente ocultos por su cabello pelirrojo, refunfuñó con marcada frustración.
–La pasamos bien… Todo es perfecto… pero joder… Soy un tarado.
–No lo discuto –la joven se sentó al lado del chico posando una mano en su hombro en señal de solidaridad–. ¿Te digo un secreto? Yo también soy una tonta…
Melody y Castiel se miraron mutuamente mientras un millar de estrellas ocupaban su lugar en el cielo. Ninguno de los dos lo dijo en voz alta pero fue en ese preciso instante cuando entendieron que las cosas podían ser más simples con solo desearlo.
–En serio rubito esto está buenísimo.
–Que bueno que te guste. Me preocupaba haberle puesto demasiada sal…
–Ni hablar… está perfecto señor perfecto.
–Oye no me llames así… en serio.
–Jajaja estás más rojo que tu salsa de tomate.
–Okey tu ganas. Lo acepto… me avergonzaste de nuevo… chica desastre…
–Travesura realizada.
Nathaniel y Scarlet dejaron de prestar atención a sus platos de espagueti concentrándose en su lugar en la sonrisa de oreja a oreja que ambos exhibían en aquel momento. Se encontraban sentados en el piso de la cocina de la joven, frente a frente, y con las piernas extendidas rozando las del otro sin que hubiera incomodidad de por medio.
–Explícame de nuevo por qué debemos comer aquí y no en el comedor como la gente civilizada.
–Ya te dije. Es más divertido –replicó la chica desastre antes de meterse una gran porción de espagueti a la boca.
–Y yo te reitero que esa es una respuesta demasiado simple para algo tan estrafalario –sentenció el señor perfecto al tiempo que envolvía una generosa porción de pasta en su tenedor.
–A veces las cosas son así… simples y ya. Mejor no buscarle cinco pies al gato –Scarlet se encogió de hombros repentinamente pensativa antes de retomar su humor de siempre–. Aunque si prefieres podemos subir al techo.
–No… aquí está bien gracias. Es lo suficientemente extremo para mí… Así que lo simple es lo más lógico… Tiene sentido –sentenció Nathaniel ensimismado y con el ceño ligeramente fruncido.
No podía dejar de pensar en el hecho de que él y la chica desastre compartieron un beso pocas horas atrás. Pensando fríamente las cosas no era la primera vez que se besaban, así de raro de había vuelto todo, pero la sensación era diferente… más intensa, más fuerte, anhelante de mucho más. ¿Hasta cuándo permanecerían en negación? Era un hecho que se sentían mutuamente atraídos. Hasta un lego como él en esos temas lo entendía. ¿Entonces por qué no se daban una oportunidad y ya? ¿Por qué todo tenía que sea tan malditamente complicado? ¿No es acaso todo tan sencillo como chico gusta de chica y viceversa, y por eso salen para ver qué pasa?
La respuesta, sin embargo, era un olímpico no. Tanto la chica desastre como el señor perfecto sabían que los separaban demasiadas cosas, empezando por sus diferencias, la forma en que se conocieron, sin olvidar el hecho de que planeaban iniciar una relación con otras personas hace menos de un mes. Inevitablemente recordaron los horribles acontecimientos de su primer encuentro cuando se odiaron casi a primera vista y uno decepcionó al otro. ¿Por qué todo parecía diferente ahora? ¿Qué haría que algo entre ellos funcionara después de tanta indiferencia y desencanto? ¿Y si en el fondo el otro seguía siendo el odioso que conocieron? Y más perturbador aún… ¿por qué ninguno se disculpaba por su participación en el incidente de las margaritas? ¿Y si destruían su reciente amistad por un sueño imposible? Demasiadas cosas en que pensar y muchas elecciones que tomar en muy poco tiempo…
–¿Scarlet?
–¿Si rubito?
–¡Cinco vueltas más! ¡Denle las gracias a las quejas de la cadete Debrah!
Un coro de abucheos e insultos explotaron alrededor de la ex novia de Castiel que rechinaba los dientes de furia.
"Bien hecho loca…"
"¿No podías permanecer en silencio por cinco minutos?"
"Vete a tu casa a jugar con muñecas plásticas como tú"
"Estar aquí no es un castigo sino tener que soportarte"
Hace ya un par de semanas sus padres la habían sentenciado a terminar sus estudios en aquel horrible lugar, aunque los más damnificados parecían ser sus compañeros de clase a quienes la aspirante a rock star les parecía insufrible y tanto si les acarreaba castigos inmerecidos. El patio era extremadamente amplio por lo que permanecerían al menos una media hora extra trotando. Debrah apretó los puños mientras repasaba los acontecimientos que la llevaron a vestir un horrendo camuflado militar y tener que hacer lo que más detestaba en la tierra: ejercicio físico que la dejaba desaliñada y sudando.
No hubo forma de lograr el perdón de papá y mamá, mucho menos luego de que se enteraran de los líos que armó en Sweet Amoris. Cómo odio a Scarlet por haber aportado pruebas en su contra y al delegado principal Nathaniel por secundarla. Malditos, malditos los dos. Y como olvidar que Alexander, su hermano, no hizo nada para ayudarla. Al contrario, el miserable se puso del lado de la pelirroja endemoniada y encima se hizo su amigo.
La hora que pasó en la oficina de la directora Shermansky le pareció infinita conforme las acusaciones y los gritos iban in crecendo. Nunca lo olvidaría, sobre todo porque su madre lloró de decepción al conocer su comportamiento y su padre no le dirigió la palabra durante más de un mes. Aunque lo peor de todo había sido perder el contrato que la convertiría en una estrella. Esas oportunidades solo se daban una vez en la vida. Y encima sus continuos gimoteos y quejas no la beneficiaban en nada.
Lo único que le quedaba era planificar un adecuado castigo para todas las personas involucradas en su caída en desgracia. No iba a olvidar, de ninguna manera, y finalmente ella sería la que reiría al final. El tiempo que le tomara y los medios que tuviera que utilizar eran lo de menos.
–¡Muévase ya cadete Debrah! ¡¿O quiere hacer otras cinco vueltas más?!
–Como diga sargento. Ya mismo corro aunque sea inhumano sudar tanto y en estas fachas.
Ignorando los agravios y miradas de odio de sus compañeros, Debrah trotó y lo hizo sorprendentemente rápido… Tanto que alcanzó al grupo de grado inferior al suyo que completaba su última vuelta al patio.
–¡Oye tú! –gritó llamando la atención de un chico de pelo castaño que corría por delante.
–¿Es a mí? –respondió el aludido volteando la cabeza y aminorando la velocidad.
–Obvio que sí –Debrah fingió una sonrisa amistosa–. ¿Es cierto que estudiaste en Sweet Amoris?
–Estuve ahí por un tiempo…
–Genial… tenemos mucho de que hablar. ¿Cómo te llamas?
–Ken… digo Kentin. ¿Hablar de qué?
–Te lo diré en el almuerzo de mañana. Nos vemos.
La ex novia de Castiel regresó junto a sus compañeros de grado con una enorme sonrisa de satisfacción. La primera en muchos días.
–Te gusta el parque punto.
–Es un lugar medianamente agradable.
–"Medianamente". Okey… contigo nunca es sí o no rubito –Scarlet puso los ojos en blanco.
–Hay gustos matizados ya sabes. Es bonito estar aquí excepto por ellos…
Nathaniel bajó la vista en dirección al par de perros que gruñeron al verlo. Él y la chica desastre se encaramaron hasta la cima de una especie de colorido caracol gigante construido con tubos de metal. Uno de tantos juegos recreativos dispersos en el lugar y que estaba destinado a escalarse por cualquiera sin fobia a las alturas.
–¿Qué tienes tú con los perros? –la chica desastre esbozó una sonrisa al comprobar que el señor perfecto se erizaba como un gato ante la agresividad de los cuadrúpedos.
–No me preguntes a mí sino a ellos. Espero que se vayan pronto.
El semblante preocupado de Nathaniel lo decía todo. Después de lavar la vajilla, las ollas y sartenes acumulados por semanas de negligencia, dejando la cocina inmaculada, Nathaniel le pidió a Scarlet salir de paseo al parque que frecuentaban cada domingo desde hace un par de semanas.
–Se aburrirán tranquilo –aseguró la joven tocando distraídamente las antenas que salían de la cabeza del caracol.
–Bien fingiré que te creo. Cielos… prefiero mis veces a los gatos. Son muchísimo más confiables y menos problemáticos.
–Jajaja no me extraña. Les temes a los perros rubito… por eso te hacen bulling.
–Yo no les temo. Eso es absurdo –el señor perfecto movió enérgicamente la cabeza en señal de negación.
–No inventes… Claro que sí –asintió la chica desastre con el mismo impetú.
–Qué no… no me simpatizan es todo.
–Qué sí… te aterran.
–¡Qué no¡
–¡Qué sí!
–¡No!
–¡Sí!
La discusión cesó cuando sus ojos quedaron atrapados por los del otro. Ahí… sentados sobre un caracol gigante y con las piernas colgando mientras la tarde se esfumaba.
–Quiero que seas feliz Scarlet –como era su costumbre Nathaniel sorprendió a la joven que tenía al lado con su repentina sinceridad acompañada de una leve sonrisa.
Ella lo miró conmovida y ruborizada por aquel gesto al tiempo que las palabras emergían solas de sus labios.
–Rubito… yo… yo también te deseo toda la felicidad del universo.
–Gracias…
El señor perfecto tomó la mano de la chica desastre y juntos observaron otra puesta de sol, pero a diferencia de las anteriores esta vez no hubo charlas centradas en Castiel y en Melody, o en el misterioso saboteador que rondaba por Sweet Amoris. Solo eran un muchacho y una muchacha compartiendo un momento irrepetible y que recordarían con cariño por el resto de sus vidas.
Y fin del día 21. ¿Qué opinan de la relación de Castiel y Melody? ¿Creen que Nathaniel y Scarlet ya los olvidaron? ¿Qué sobre Lysandro y Scarlet viviendo juntos? ¿Y qué sobre el beso? ¿Y qué será lo que Debrah quería con Kentin?
Pues bueno he vuelto… después de eones lo sé. No hay manera de disculparse por el retraso. Solo puedo decirles que tuve problemas con un trabajo nuevo que fue una pesadilla que dejé atrás menos mal (consejo de oro nunca se metan en algo si los involucrados no se lo toman seriamente), perdí mi preciada laptop y encima me topé con un antinathaniel… Vaya año casi me jubilo mis años antes de que me toque… espero que este 2018 sea mucho mejor. Les envío un gran abrazo y un agradecimiento de por vida por seguir este fic. Ya estamos en la recta final y juro por todos los dioses que lo terminaré lo antes posible.
La imagen que aparece al principio del fic es de NikolAlvarez8 muchísimas gracias me incentivaste a seguir escribiendo :)
