Capítulo 25: Teniente y el futuro.
Se sentía una idiota.
Era como si su cerebro hubiese dejado de funcionar con todo eso, y no podía siquiera decir alguna cosa, ni una palabra, nada. Estaba realmente impresionada con todo lo que estaba ocurriendo. Su corazón latía con fuerza en su pecho, incluso sentía su cuello lastimado ante los golpeteos.
Incluso temía que sus latidos distrajeran a la belleza frente a ella, la cual miraba las teclas, sus ojos cristalinos concentrados, intensos, melancólicos.
Dios…
¿Estaba respirando siquiera?
Sentía sus manos sudando en sus rodillas.
¿Ella seguiría? Tenía esa sensación, y está dando todo de sí misma para no interrumpir su momento, aunque era poco lo que podía hacer con los bombeos estrepitosos en su esternón.
Ese momento era de Weiss, solo de ella.
Luego de unos segundos, o minutos, sin decir palabra alguna, escuchó nuevamente la respiración de Weiss resonar levemente a su lado, preparándose, no sin antes que sus dedos comenzaran a tocar una nueva pieza.
Sus dedos gráciles se movían por las teclas con una habilidad que creía inimaginable.
Se mordió el labio, evitando que incluso su respiración saliese.
Jamás se había sentido tan agitada, ni siquiera en misiones, ni siquiera herida. Ese momento de paz, de aislamiento, era algo que no había vivido, mucho menos lo viviría con alguien como Weiss, o eso creyó.
¿Quién soy yo para quejarme?
Nuevamente comenzó a cantar, y puso de todo en su existencia para atesorar cada palabra, cada frase, dándole un sentido.
Se sorprendió.
La letra daba un nuevo giro y se vio nuevamente sin respiración ante la íntima presentación. ¿Esa letra seguía la canción anterior? Le daba aquella sensación. Como si fuese lo que le faltaba a la pieza anterior.
Entonces, ¿Pudo continuarla a pesar de todo?
Dio un salto.
Todas sus canciones estarían unidas la una con la otra, podía reconocer la melodía, tal vez por eso todas le daban la misma impresión, como si se le hicieran tan familiares. ¿Era una opción? Entonces, ¿Cuál parte de la vida de Weiss era aquella donde relataba aquellos sentimientos?
¿Cuál es el problema?
¿Qué es lo que me impide seguir adelante?
Su mirada bajó a las teclas, ya no observaba el ventanal en lo absoluto, olvidado en la periferia. Sus ojos mostraban tanta melancolía, soledad, decepción, una mezcla de emociones tan palpables. Weiss no era precisamente una mujer muy abierta con sus emociones, al menos no cuando pudo conocerla más a fondo, pero cuando cantaba era como si usara el piano y su voz para canalizar todo aquello que se guardaba dentro de su pecho, aquello que mantenía escondido, escondido incluso de sí misma.
Sus labios temblaban levemente, tal vez con impotencia, y en ese segundo quiso abrazarla, pero no era capaz de interrumpir ese momento tan de ella, tan privado, tan honesto, no podía. Se estaba abriendo de una forma tan pura, tan mágica, tan especial, que no quería arruinarlo. Debía apreciar su esfuerzo por mostrarle ese lado de ella, de mostrarle parte de su pasado, de su vida, de sus miedos.
Debería estar bien, pero la vida por la que luché sigue sin ser mía…
Sus ojos se observaron por una milésima de segundo.
Pudo notar una leve sonrisa en los labios de Weiss, cosa que encontró extraña, ya que la sensación que la canción daba no era como para sonreír, y noto en aquel instante que era tal y como si quisiera decirle algo, o al menos era la misma expresión que la heredera ponía normalmente.
Tomó aire y siguió cantando.
No lo entendió.
Algunos creen en cuentos de hadas, y en fantasmas que no pueden ver…
Dio un salto al escuchar esa frase, mientras ella la observaba.
¿Hablaba de ella?
¿Cuándo hizo aquella canción? ¿Pudo continuarla cuando…?
Sintió que sus mejillas enrojecían ante el pensamiento de su prometida teniéndola en mente al momento de escribir una canción.
Weiss volvió a sonreír, llevando su mirada al frente, para luego cerrar los ojos, siguiendo con la letra, con su canto.
La letra volvió a ser como la de hace unos minutos.
El espejo se repetía constantemente. Su reflejo o tal vez el otro lado del espejo. Podía simbolizar tantas cosas, y todas podían desembocar de maneras muy deprimentes sin duda.
Su reflejo, donde no se reconoce.
El otro lado del espejo, que contiene secretos y cosas enigmáticas.
El objeto que puede brindarle respuestas, pero no consigue ninguna, solo más preguntas, solo más confusión, solo más miedo, solo más impotencia. La única persona en la que podía confiar era en su reflejo, era el único ser humano con el que tenía contacto genuino, y precisamente era ella misma quien era una total desconocida.
La más solitaria, ahora entendía muchas cosas.
Se detuvo otro momento, respirando, o tal vez forzándose a respirar, porque no necesitaba respirar tan seguido, la conocía, podía notar como lo hacía para calmar los sentimientos que pasaban por su humanidad.
Años de desprecio te harán frio.
'olvida tus sueños, haz lo que te ordenan'…
Ese era su padre, sus palabras, lo tenía claro.
Incluso los sueños, sus hobbies, se volvieron en su contra. Él la manipuló. Notaba el odio en sus facciones, bueno, no odio, tal vez eso era, desprecio simplemente. No debía ser odio en aquel tiempo, el sentimiento debió avanzar progresivamente. Lentamente. Hasta que llegó a un punto limite, y la situación se fue de las manos.
Donde llegó a un punto de no retorno.
Odiaba saber lo sola y desesperada que debió sentirse y no haberla conocido antes para apoyarla. No poder ser su refugio. Tener la intimidad que tuvieron de adultas cuando eran jóvenes.
Y el aislamiento es el precio que pagas, y cada amistad es alejada…
Pudo notar su entrecejo fruncirse levemente ante aquellas palabras.
Eso era de lo que Weiss siempre se quejaba. Como había sido manejada hasta que le fue difícil mostrarse tal cual era, porque no tenía idea de quien realmente era. Como aún se sentía mal al saber cómo alejó a tantas personas en Beacon con su personalidad y con sus palabras hirientes. Así había vivido, esa era la forma en la que fue criada.
No podía ser de otra forma e incluso le impresionaba que no se hubiese transformado en un monstruo ante la influencia de Jacques.
Al menos fue lo suficientemente perseverante y valiente para tomar decisiones por sí misma y no dejar que el hombre la reconstruyese a su imagen, tal y como lo hizo con el menor de los hermanos.
La mirada nuevamente se enfocó en la suya.
Su mirada menos gélida, y nuevamente se enamoró de aquella mujer. Sintió un calor en su cuerpo y olvidó todo el odio que sentía en ese momento.
Ella se veía…tranquila.
Pero poco a poco voy encontrando mi camino.
Vio los labios ajenos curvarse levemente, como su rostro se veía tan lleno de emoción, incluso sus mejillas estaban tomando color. Imitó aquella sonrisa con la suya, contagiándose de esa nueva energía.
Siguió cantando, ahora mencionando nuevamente aquella frase que parecía ser lanzada hacía ella.
No dejó de mirarla, y en realidad no sabía que hacer al tener aquellos ojos intensos observándola, solo pudo quedarse ahí, inerte, mirándola de vuelta. Sus manos seguían moviéndose por las teclas, y era como si supiese de memoria cual tecla debía tocar, y donde estaba precisamente, aunque no dudaba que era exactamente así.
Weiss era perfecta.
Espejito, Espejito, te diré algo.
Creo que puedo cambiarlo todo.
Su voz resonó hasta detenerse, al igual que el sonido del piano, en completa sincronía.
Si, no solo era un pensamiento, una idea, Weiss Schnee realmente pudo cambiarlo todo.
Por fin su cuerpo se movió, reaccionó luego de esos minutos en estado de quietud absoluta. Tomó las manos pálidas, sacándolas por completo de las teclas, y las apretó levemente. Fue un movimiento tosco y muy poco romántico, pero quería que Weiss supiera que estaba ahí aun, que había estado atenta a sus palabras, que había estado escuchándola a la perfección. Que la apoyaba. Que apreciaba como se había abierto a ella sin dudarlo.
Sentía que las lágrimas caerían de sus ojos, pero intentó contenerlas, mantenerlas al margen.
Intentó ser la roca de Weiss.
Esta solo sonrió, sin esperar nada más, tranquila. Entendiendo sus intenciones, comprendiéndola con solo una mirada, sin necesidad de nada más.
Se acercaron al mismo tiempo, pegando sus frentes, la una con la otra. Cerrando sus ojos. Enfocándose en la respiración de la otra.
No sabía en qué momento había adquirido tal conexión con la heredera, no sabía si fue de la nada o fue progresivamente, pero realmente apreciaba que estuviesen tan conectadas, lo suficiente para que las palabras no fuesen necesarias. Solo bastaba que sus miradas, celeste y gris, se encontrasen por una fracción de segundo para que pudiesen entenderse mutuamente.
Realmente adoraba aquello.
¿Sería aún más poderosa esa conexión si no hubiesen sido separadas por tanto tiempo?
Probablemente sí, y esperaba que esa conexión solo siguiese aumentando con los años.
Oh, cierto, se iba a casar con esa mujer.
Vaya.
Estuvo en trance durante los siguientes minutos. Siempre que le llegaba la realización de que se casaría con Weiss era como si su cerebro colapsara por completo, haciendo corto circuito o algo similar.
Se vio de la nada caminando de la mano con su prometida por los pasillos de la mansión Schnee, sin importarle nada, solo la sensación de calidez que le provocaba el tener su mano en la suya y el de la cercanía de sus cuerpos al caminar. ¿Acaso podía ser más afortunada? De acuerdo, su vida nunca fue lo que alguien diría afortunado, pero sin duda le pasaron cosas maravillosas y estaba feliz por eso, todo mal valía la pena.
Las luces ya estaban encendidas, y el cielo ya se encontraba oscuro.
En serio lamentaba que los días fuesen tan cortos, le gustaría que en vez de 24 horas fuesen, a lo mejor, unas 32 o algo así, aunque solo los fines de semana, porque eran esos días los que pasaba con Weiss. Aun le quedaba un tiempo más en la academia y realmente quería graduarse de una vez para tal vez tener un poco más de tiempo con la heredera, tal vez dormir a su lado en la semana y despertar juntas, tal vez organizar alguna salida a algún lado, viajar, recorrer algún lugar bonito de Atlas, todas esas cosas que no pudo hacer porque estaba endemoniadamente depresiva y enfocada en sus entrenamientos.
Era difícil concentrarse en el turismo cuando se tiene el corazón roto y el cuerpo adolorido.
Entraron una vez más a la habitación de Weiss, y ya se sentía todo menos denso que en un principio, como si se hubiesen quitado un gran peso de encima, y no tenía duda de que así era.
Aprovechó de recoger su ropa que dejó tirada, y dejarla en otro lugar que no fuese en el piso. Agradecía que la servidumbre no hubiese entrado a ordenar o algo similar, o se moriría de vergüenza, aunque era algo normal en una pareja comprometida, pero si iba a pasar más tiempo en la mansión, no quería ser consciente de que las personas que ahí rondaban tuviesen esa visión tan grafica en sus cabezas.
"¿Qué harás cuando salgas de la academia, Ruby?"
Buscó a la mayor con su mirada mientras analizaba sus palabras, sin embargo, como un gatillante, recordó algo que le estaba dando vueltas en la cabeza desde que Ironwood le ofreció trabajo nuevamente. Si no lo mencionaba ahora, lo iba a olvidar, así que iba a arriesgarse a ser sometida a un regaño, y sabía que este llegaría sin misericordia.
Necesitaba saber aquella respuesta.
No podía pensar en nada más.
"Weiss, sé que querías recuperar tu apellido y tu hogar, ¿Pero querías la compañía? Digo, está el ofrecimiento de Ironwood. Podrías tomar tu puesto teniente nuevamente."
Weiss frunció el ceño por unos segundos y luego soltó un suspiro, esperó un regaño por haber ignorado su pregunta, pero solo la vio caminar hacía el mueble que tenía aquel gran espejo y se sentó en frente. Se empezó a desarmar el peinado lentamente, y estaba tan embobada mirándola que no atinó a sacar su teléfono y fotografiarla o algo así. Solo pudo sentarse en la cama, cerca de ella, para observarla hacer algo tan común pero que en esa mujer lucía casi divino.
Sus ojos se vieron gélidos durante unos momentos e imaginó que había arruinado el ambiente con su pregunta.
Gran trabajo, Ruby Rose.
"¿Te acuerdas de que te dije hace un tiempo que quería tener un puesto alto para tener algo de control?" Asintió, los ojos claros mirándola de reojo. "Quería que no hubiese nadie que pudiese controlarme, así como mi padre lo había hecho. Supuse que estaba bien así, con esa idea. Ser teniente y estar en la milicia no era un sueño como tal, quizás lo fue con el tiempo, pero no en un principio, y en verdad, dudo que tuviese muchos sueños propios."
Su voz sonaba apagada y quiso acercarse y abrazarla, más bien se quedó inerte, observándola, sin dejar de mirarla ni por un segundo. Había aprendido a darle espacio a la mayor cuando empezaba a hablar de su vida, de lo que sentía en su interior. No quería coartarla. Debía dejar salir todo eso.
Ya tendría tiempo para abrazarla por horas.
"Quería ayudar a las personas, quería cambiar al mundo, aun quiero hacerlo. Tú me dijiste que fui una heroína aquel día, y sí, quiero seguir siéndolo. Tal vez no fue mi idea el tener la compañía, pero es una gran responsabilidad. La compañía Schnee mueve al mundo, lo ha hecho desde que mi abuelo estaba a la cabeza, y dejar a una persona a cargo de eso es demasiado arriesgado. No voy a permitir que la historia vuelva a repetirse. Siendo la cabeza de la compañía tengo más poder que siendo una teniente, general o lo que sea. Puedo cambiar la vida de millones de personas, empezando con los cientos de trabajadores y faunos bajo el mando de la compañía Schnee."
La vio peinar su largo cabello y solo pudo observarla en silencio, hasta que la mirada celeste se posó en la suya, descongelada. Sus mejillas pálidas ahora levemente sonrojadas. Tal vez ella esperaba una respuesta, o algo, más bien solo la miró. Quizás su propia mirada era demasiado de chica enamorada, lo que causaba su vergüenza.
No podía evitarlo.
Estaba orgullosa de ella.
Le alegraba el haber contribuido un poco en todo ese cambio, realmente estaba feliz de que Weiss decidiera su camino, o encontrase uno que la hiciera sentir completa, realizada. Sin duda la compañía Schnee no podría encontrar ningún dueño mejor que Weiss. Ella haría que la compañía creciera, que se expandiese, y que recuperase la grandeza que tenía en el pasado. Ya no sería una empresa corrompida, nunca más.
"¿Q-qué?"
Le preguntó luego de unos segundos, su rostro reflejando su vergüenza. Solo pudo negar y sonreírle.
"Nada, solo es que te amo mucho, Weiss. Se que harás un gran trabajo, estoy segura de eso."
Weiss solo desvió la mirada, su rostro enrojeciendo cada vez más. Luego de unos minutos soltó un bufido, y movió el rostro de un lado a otro, intentando quitarse la vergüenza. Solo pudo reír ante aquel gesto. Esa chica hermosa era su prometida. Guau.
Doble colapso cerebral.
"Como sea, me cambiaste el tema, idiota, te había preguntado algo."
Soltó una risa al verla levantarse y caminar a la cama, con su rostro molesto. Ahora si era momento del regaño.
"Dame un abrazo y te respondo."
Se arrodilló en la cama para tener la altura de Weiss y levantó los brazos para que la peliblanca la abrazara. La miró con el ceño fruncido durante varios segundos hasta que finalmente accedió, soltando un pesado suspiro. Intentaba no usar mucho su técnica de la cara de cachorro para que la chica no se acostumbrase, pero al parecer alguno de sus gestos también eran lo suficientemente convincentes. Sonrió con malicia sin contener una risa. La abrazó con fuerza y respiró en su cuello, captando esa esencia que parecía nunca desaparecer del cuerpo de la mayor y que nunca perdía el efecto en ella.
De un tirón la arrojó a la cama, recibiendo un gruñido molesto lo que causó aún más risa de su parte.
Se acomodó en la cama, con Weiss al lado, y se quedó mirando el techo, viendo todos los detalles que ahí había y que parecían nunca terminar de sorprenderla. Le gustaba ese lugar, muy diferente a su casa, a la de su tío, quizás era un poco frio, pero no dejaba de darle calidez.
"Quería ser como mi madre, supongo que estaba lista a arriesgar mi vida para proteger a otros. No me importaban los rangos, solo quería ser de ayuda. Pero al entrar a la academia me di cuenta de que había muchos que solo estaban ahí por la aventura y por el riesgo que estar ahí conllevaba. No los motivaba el ayudar, o avanzar, solo era una entretención. Una persona me enseñó que sacrificarse era algo respetable, pero que había formas mejores de ayudar, de enseñar y de proteger a muchas más personas sin la necesidad de un sacrificio literal."
Pudo sentir la mirada gélida en su humanidad, así se volteó para mirarla.
"¿Quién fue esa persona?"
Soltó una risa.
"Obvio que tú, tontita."
Weiss lucía realmente sorprendida, incluso la vio levantando una ceja en confusión, su expresión le provocó otra risa.
"Quería ser como mi madre, una heroína, pero ahora que te conozco, pienso que hay otras formas de ser una heroína. Me motivé aún más a ser líder de mi equipo gracias a ti, y quizás deba seguir con esa motivación. Liderar a otros, enseñar a otros. Quién sabe, quizás algún día tome el lugar más alto en la academia y les enseñe a esos enanos a ser héroes."
No pudo evitar sonreír con malicia al solo pensar en tomar el lugar de Ironwood en la academia. Weiss supo de inmediato de que hablaba y solo pudo rodar los ojos, haciendo aquel gesto tan hermoso y que tanto adoraba de ella.
"No sé si tu cerebro de dulce aguante una responsabilidad así, pero admiro tu motivación."
Se levantó un poco para alcanzar los labios de la mayor, y la besó.
Dios. Podría besarla todos los días a cada hora sin detenerse. Era una adicción, lo tenía claro. La quedó mirando por unos segundos, sin poder evitar que una de sus manos pasara por aquel rostro angelical y perfecto.
No quería tenerla lejos nunca más.
No podría resistir aquello.
Acarició con su pulgar uno de sus pómulos y volvió a besar sus labios fugazmente, para luego volver a observarla. Los ojos de su prometida se veían relajados, incluso algo divertidos. Simplemente no se hartaría de estar con ella. Quería estar con ella cada día.
Hasta su ultimo respiro.
"Casate conmigo, Weiss Schnee."
Weiss abrió los ojos de golpe. Estaba realmente sorprendida. Su rostro había tomado mucho color en solo un segundo. Incluso se levantó un poco de la cama de pura impresión. Tuvo que alejarse un poco con el miedo latente que la mujer la golpease, aunque esa sensación le sacó una risa. Se sentía tan de buen humor.
"¿Q-que? ¿Qué estás diciendo, necia? ¡Ya estamos comprometidas! ¿Eres imbécil o qué?"
No pudo contener el ataque de risa en lo más mínimo. Hace tiempo que no recibía tanto ataque por parte de la mayor, pero le encantaba, sobre todo porque su rostro estaba tan rojo y su voz tan temblorosa que no podía tomarla en serio en lo absoluto.
Tuvo que detener su ataque antes de que la mujer realmente la golpease.
Realmente es la mujer perfecta, se dijo a sí misma.
"Lo sé, lo sé."
A penas pudo decir entre risas. Weiss ya estaba más calmada, pero su rostro seguía en un perpetuo estado de molestia y confusión.
"Pero sentí que fue tan abrupto cuando me lo pediste que aún no me lo creía. Nunca siquiera había pensado en esa posibilidad. Pero ahora suena a una fantástica idea, y quería que supieras que realmente quiero estar todos los días de mi vida junto a ti y ya sabes, hasta que la muerte nos separe y esas cosas."
Los ojos gélidos, o más bien para nada gélidos, brillaron con asombro y con emoción. Incluso parecía que podría ponerse a llorar en cualquier fracción de segundo. Se veía tan vulnerable y tan pequeña que ni siquiera dudó en rodear su cuerpo con sus brazos y apegarla a ella. La abrazó con fuerza mientras las manos ajenas se aferraban a su ropa.
Dejó besos en su mejilla, en su oreja, en su pelo, en su cuello y no se detuvo hasta que la mayor se quedó más tranquila, porque si, estaba temblando, y si, parecía que estaba a punto de llorar, o quizás lloró, no lo tenía claro. Su rostro era tan estoico genéticamente que era difícil saber cuándo había llorado. Con el tiempo aprendería a notarlo, y se sentiría bien el conocerla más que el resto de la humanidad existente.
Eso le subía un poco el ego, debía admitirlo.
Las palmas pálidas abrazaron sus mejillas y el rostro de su futura esposa estaba justo frente a ella. Ojos brillantes. Pómulos coloridos. Labios húmedos. Semblante sereno.
"También te amo, Ruby."
Le sonrió y se acercó un poco más para poder besarla otra vez.
Ya casi había olvidado cuando le había dicho que la amaba.
Le causaba tanta gracia que Weiss se demorase en contestarle sus declaraciones de amor por la vergüenza del momento, sus 'te amo' sobre todo, pero, aunque se demorase, era como si pudiese ser capaz de duplicar o triplicar el sentimiento. No importaba como se lo dijese, la respuesta iba a ser mil veces mejor. No le importaba esperar por una respuesta, porque ella sabía cuál era, pero si la recibía de esa forma, no podía quejarse en lo absoluto.
Hasta las cosas que le costaban hacer, las hacía mejor que el resto de mortales.
Realmente su prometida era la mejor.
Se quedaron ahí, acostadas, abrazadas, encima de la cama, sin decir nada, dejando que el único sonido que se escuchase fuese el de sus respiraciones prácticamente acompasadas.
Era como si el tiempo estuviese detenido, o en realidad eso era lo que más deseaba, que el reloj quedara inerte, que el mundo se detuviese, solamente para estar así de manera infinita.
No, no.
Era mucho desear, y no era aquello lo que más quería en lo absoluto.
Weiss era su sueño, pero debía seguir. Debía hacer lo que prometió durante toda su niñez. Iba a avanzar más y más, así mismo como Weiss lo haría. Ella iba a esforzarse, ambas lo harían, y estaba segura de que ambas, juntas, conseguirían cambiar el mundo para mejor.
El futuro era brillante, sin duda. Había pasado por cosas muy difíciles, y tenía claro que vendrían desafíos por delante, pero podría con ello, lo lograría.
Su prometida tendría sus propios desafíos, y les haría frente, porque derrotó al ser más deplorable de la historia y si pudo contra él, podría contra quien sea sin sudar ni una gota. Porque esa era Weiss Schnee, la heredera que se rebeló constantemente, luchando por lo que creía correcto, luchando incansablemente por su libertad y la de los suyos.
Era fuerte, lo sabía. Incluso tenía claro que era de las personas más fuertes que había conocido. Dios, estaba orgullosa de ella.
Si.
No quería que el mundo se detuviese, porque el futuro era brillante y lo sería cada vez más.
Iba a casarse, dios, se casaría.
Nunca se lo había imaginado siquiera, y su mente parecía divagar entre tantas posibilidades. Eso era de algo que no iba a perderse, porque ansiaba descubrir cómo sería su vida después de que se dijesen los votos. Quería sentir el calor en su rostro ante la mirada de tantos, ante la mirada de esa mujer que le quitaba la respiración. Ansiaba besarla, como si fuese el primer beso, donde sus nervios eran agresivos pero encantadores.
Como un beso marcaba un antes y después.
Soltó un suspiro, dejando de soñar despierta.
Sintió la mirada de la mayor en ella, así que soltó una risa, sin poder contener la emoción burbujeante en su cuerpo.
"Nuestro futuro será brillante, Weiss."
La escuchó hacer un sonido de sorpresa, pero luego sintió su cuerpo apegarse aún más, la mano pálida acariciando una de sus manos. No tenía que mirarla siquiera para saber que en su rostro había una sonrisa, de esas tan hermosas y únicas que solo la teniente podía ejecutar.
"Lo será."
Ambas serían heroínas.
Ambas lograrían lo imposible.
Y nadie podría volver a separarlas, nunca más.
...
"Todo viaje llega a un final, pero el final no llega así nada más, es algo que ocurre luego de miles de situaciones inéditas e impredecibles. Esto solo es un nuevo inicio."
Fin.
UH. MI CORAZÓN. QUIERO LLORAR. Le agarré cariño a esta historia, bueno, siempre les agarro mucho cariño al publicarlas, pero uh, estoy sufriendo. Pero si algo me enseñó Elsa es que hay que dejar ir las cosas, y se irá con honor. ¡Gracias a todos los que siguieron y comentaron esta historia, me hacen muy feliz! 3
Espero les haya gustado esta historia, prometí final feliz, como siempre, pero quiero saber si fue suficiente para ustedes y su paladar exigente. Por mi parte estoy feliz con el final, aunque siempre pienso que pude cambiar algo, pero bueno, eso no se me quitará nunca.
Y bueno, siguiendo adelante, pienso publicar hoy mismo el crossover de Frozen, Rwby y Little Witch Academia, por si están interesados para que se queden atentos. Subiré todo a mis redes sociales como siempre. Se va a llamar Heiresses and idiots (Herederas e idiotas) por si se ven en la obligación de buscarlo manualmente.
Bueno, nada más que decir.
Espero les gustase esta historia y estén atentos ante los próximos proyectos.
¡Nos leemos pronto!
