Capítulo 24 ''Tras la tormenta llega la paz''
(Punto de vista de Pepa)
Seguía lloviendo muy fuerte, la carretera y las calles estaban resbaladizas por lo que era difícil conducir por ellas con la moto, pero a mi no me importaba. Éstaba más que furiosa, éstaba llena de un odio interior hacia Carlos muy profundo. Cuando Silvia llegó corriendo bajo la lluvia y me contó todo lo que había pasado con las pocas palabras que pudo pronunciar me hirvió la sangre, quería hacerlo sufrir. Yo nunca había sido amiga de Carlos, ni siquiera cuando él era novio de Andrea, pero he de decir que nunca me imaginé que pudiera hacer una cosa así. Estaba en shock al igual que Silvia. Silvia... Se me partía el alma sólo de imaginarme lo mal que lo tenía que haber pasado.
Entré en casa totalmente empapada y nada más darme la vuelta tras cerrar la puerta, ví a Silvia sentada en un escalón con el albornoz de ducha puesto, el pelo mojado y un total gesto de tristeza y preocupación. Al verme entrar se levantó y bajó las escaleras rápidamente hasta llegar a mí y darme un abrazo tan fuerte que sobraron palabras para que yo entendiera lo preocupada que había estado. Tras apartarse un poco de mí para poder estar cara a cara me miró a los ojos.
- Estás calada...- dijo Silvia poniéndo su mano en mi húmeda mejilla, a lo que yo cerré los ojos por unos instantes.
- Ven- prosiguió Silvia en tono bastante bajo.
Y después de agarrarme la mano, me guió escaleras arriba hasta mi habitación donde me hizo sentarme suavemente en la silla del escritorio. Acto seguido trajo unas totallas y mientras yo utilizaba una de ellas para secarme el pelo un poco, Silvia colgaba mi chaqueta negra y mojada en el perchero.
- Deberías darte una ducha, yo lo he hecho y me siento mucho mejor- dijo en un tono dulce, aunque aún se podía notar lo afectada que se sentía por todo lo que había pasado.
Yo, que por entonces había estado haciendo contacto visual con Silvia, bajé la mirada y dejé la toalla con la que me había secado un poco el pelo (aún húmedo) en mi escritorio. Después volví a mirar a Silvia a los ojos por unos segundos quien estaba justo delante de mí pero en pie, aunque al poco tiempo bajé mi mirada hacia el albornoz que ésta llevaba puesto.
- ¿Te ha hecho daño?- dije señalándo en albornoz con un movimiento de cabeza.
Silvia no dijo nada y bajó la cabeza instantáneamente. Entonces levanté mis manos lentamente de mi regazo y las extendí hasta la cinta que sujetaba el albornoz de Silvia, pero en cuanto posé las manos en éste Silvia me paró posándo las suyas sobre las mías.
- Pepa, no... porfavor- susurró Silvia.
- Silvia, déjame ver lo que te ha hecho, porfavor- repliqué seria entre susurros.
Ésta negó con la cabeza aún asustada.
- Silvia- hice una pausa y la miré directamente a los ojos- Déjame ayudarte- sentencié con un gesto compungido por la tristeza.
Silvia cerró los ojos y apartó las manos. Yo me limité a deshacer el nudo del albornoz y antes de abrirlo, subí la mirada para poder ver a Silvia, quién a su vez miraba al techo totalmente destrozada. Volví a bajar la mirada y lentamente abrí su albornoz dejándo a la vista su pálido cuerpo en ropa interior. Cerré los ojos unos instantes, no me lo podía creer. Empecé observando por su cuello, donde tenía varias marcas de chupetones y fuí bajando hasta su pecho, un poco por encima de su sujetador, donde tenía otras cuantas. Pero la que más me afectó fue una que tenía en el lado izquierdo, un poco más arriba de la cadera. Era un morado enorme, que cubría gran parte de su costado. En aquel momento posé lenta y suavemente mi mano sobre aquella última herida y noté como de repente su cuerpo se tensó y cerró los ojos.
- ¿Cómo te ha hecho ésto Silvia?- pregunté totalmente descolocada.
- Ese no me lo ha hecho él, me lo hice yo al intentar huir. Caí contra una mesa antes de salir corriendo- contestó intentando no temblar.
- ¿Seguro?- pregunté con una triste deconfianza.
- ¿Por qué iba a mentir? ¿Para qué iba a protegerlo?- respondió Silvia convenciéndome de su argumento al instante.
- ¡Será bestia el hijo de p...
- No me ha llegado a hacer nada- me cortó Silvia antes de que pudiera terminar de decir aquellas palabras.
- ¿Cómo que no Silvia? ¿Pero tú te has visto?- contesté con un tono roto de dolor en la voz.
- Sí Pepa, pero son heridas externas. No me ha llegado a hacer nada que... ya sabes... pudiera haber dejado a parte de huellas externas, también psicológicas en mí- dijo haciendo un par de pausas.
- Silvia hay que decírselo a la policía- dije yo entonces levantándome.
- No- contestó ella mirándome a los ojos.
- ¡¿No?! ¡Ése tío te ha intentado violar Silvia! ¡Casi abusa de tí!- exclamé yo flipando completamente.
- Shhh...- dijo ella intentando tranquilizarme- Vas a despertar a los demás- prosiguió entre susurros- Pepa, sé que ésto te ha dolido y que quieres que Carlos sufra, pero no merece la pena. Tú también te meterás en un lío Pepa ¿No lo ves?- iba a hablar cuando ella me cortó para proseguir- ¿O me vas a decir que has ido a casa de Carlos para hecharle un bronquita de nada?- yo la miré y luego bajé la cabeza. Silvia tenía razón- Mira no sé que le has hecho exactamente Pepa, pero sé que probablemente lo habrás dejado peor de lo que él a mí y yo no quiero que te metas en problemas con la justicia por haberme defendido. Estoy bien, sólo algo asustada y dolorida, pero bien.
- No estás bien Silvia, cuando he venido estabas casi llorando ¿Es que no lo ves tú?- dije con un tono preocupado.
- Porque estaba preocupada por tí Pepa- dijo Silvia haciendo una pausa y poniéndo ambas de sus manos en mis mejillas de forma que sujetaba sutilmente mi cara- Tenía miedo porque no sabía si ibas a estar bien o que iba a pasar. No te voy a negar que en su momento lo he pasado mal y es obvio que no estoy del todo recuperada de la situación, pero la preocupación era por tí. Yo no me podría perdonar que te pasara algo por mi culpa Pepa.
Entonces miré a Silvia a los ojos. Aquellas palabras habían despertado una parte de mí que no había conocido hasta entonces. Estábamos al lado del escritorio y por la ventana que había encima se podían oír truenos y ver la lluvia caer, pero no me giré a mirar, seguía mirándo los ojos de Silvia que me respondían intensamente con la misma acción. Nuestras caras estaban muy juntas, pero me agaché de forma que mi cara quedara justo delante de su estómago como lo había estado antes. Silvia me miraba confusa, y entonces acerqué mis labios a la herida de su costado y la besé con suavidad. Después, subí lentamente y repetí la misma acción con las del pecho, no eran besos de pasión, eran besos dulces con la intención de curativos y volví a repetir la acción posando un rápido a la vez que suave beso en la herida de su cuello. Volvímos a quedar cara a cara, y divisé una última herida, era una pequeña brecha que casi no se veía en la comisura de su labio. La miré a los ojos de nuevo y unos segundos después besé la comisura de su labio, pero sin tocar del todo éste realmente. Al separarme abrí los ojos sin prisa, y cuando iba a apartarme con lentitud, ví como los labios de Silvia se dirigieron directamente a los míos.
Nuestros labios estaban juntos, Silvia me había besado. Me aparté un minuto abriendo los ojos confusa por lo que estaba pasando, pero las cosas no duraron así mucho tiempo, ya que unos segundos más tarde Silvia rodeo mi cuello con sus brazos y volvió a besarme con ternura y lentitud hasta que nuestras lenguas se encontraron y pásamos horas así, como decía la propia Silvia siempre, no fundidas en un beso cualquiera, sino en un beso beso, uno de verdad.
