GUANTES NEGROS PARA MANOS BLANCAS
NOTA DEL AUTOR – ¡25 capítulos ya! Mi agradecimiento a todos los que seguís esta historia con interés y/o la habéis añadido a vuestros favoritos; y gracias también a Eikaros por su nueva review.
CAPÍTULO 25 – FELIZ COINCIDENCIA
Publicado el 12 de octubre de 2016, con una extensión de 1.984 palabras.
"Creo que ya sé quién puede ayudarnos con los guantes para Mikasa."
–Eren, ¿vamos?
–¡Claro! Cuando tú digas.
Armin se levantó con lentitud de la cama, sintiéndose todavía un poco cansado; su amigo, en cambio, saltó ágilmente desde la litera de arriba.
Eren abrió su mochila y empezó a meter cosas dentro de un baúl, organizándolo todo con la destreza que le daba la práctica. Armin se agachó a su lado y fue haciendo lo mismo con sus pertenencias; de algún modo, se las apañó para terminar antes que el moreno de ojos claros. Guardó lo imprescindible en los bolsillos de su abrigo; los objetos más voluminosos, como el saco de dormir y la esterilla, los dejó encima de la cama, junto con el macuto vacío.
El rubio se incorporó de nuevo, satisfecho, llevándose las manos a la espalda; se dio la vuelta y dirigió su mirada azul hacia las ventanas, que seguían abiertas.
"Supongo que están aprovechando para ventilar la habitación. A juzgar por el olor, parece que han limpiado antes de que llegáramos."
El fresco aire invernal entraba con facilidad en el dormitorio; la calefacción permanecía apagada, a aquella hora del día. Armin no tenía calor con el chaquetón puesto; al contrario, sentía cada vez más frío, en aquel lugar silencioso y solitario…
De pronto, Eren cerró la tapa de su baúl con un fuerte golpe.
–¡Listo! Ya está todo.
Después el moreno se acercó a su amigo, con un brillo entusiasta en sus ojos grises; como un cachorrillo con ganas de salir a pasear, idea que hizo sonreír a Armin.
"En realidad no estoy solo, siempre puedo contar contigo… y con Mikasa. Por cierto, aún tenemos que hacer lo de los guantes. No deberíamos retrasarnos más."
Sin necesidad de palabras, los dos se pusieron en marcha; aunque el rubio todavía se detuvo un instante en la entrada, echándole un último vistazo a la sala vacía.
"La verdad es que, cuando los de la 104 nos graduemos y cada uno se vaya por su lado, echaré esto de menos. Buenos compañeros, buenos recuerdos… Tres años que han merecido la pena."
Dejó escapar un suspiro y siguió adelante; gracias a Eren, aquella melancolía no llegó a echar más raíces.
–Y bien, ¿qué te parece lo de Ymir y Bertolt? –preguntó el chico moreno.
–¿Eh? ¿A qué te refieres? –replicó Armin, mirándole con un poco de confusión.
–Pues que Ymir le pidió salir a Bertolt –explicó Eren, con una sonrisilla satisfecha–. Y él dijo que sí. Ya ves.
–¿Ya veo el qué? –Armin no terminaba de comprender.
–¡Vaya! –Su amigo resopló y frunció el ceño–. ¿Ahora te haces el tonto para no reconocer que quizás yo tengo razón? Me refiero a que no todo el mundo va como un perrito faldero detrás de Krista.
El muchacho de ojos azules se quedó patidifuso con la insinuación; casi perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse en una pared para no caer rodando por las escaleras.
–Ah, Eren… –consiguió contestar al fin, mientras seguía bajando peldaños–. Me da la impresión de que no es eso. Quiero decir… Venga ya, ¿en serio? Bertolt y Ymir, ¿juntos? ¿De esa manera? Y no sólo porque él sea más tímido, aunque con lo lanzada que es ella seguro que lo compensaría… Lo digo porque, bueno, ¿no te parece que a Ymir le interesa más Krista, en ese sentido?
"Mira que tener que explicarle algo que ya sabe casi todo el mundo… Pero supongo que hay más cosas de las que tampoco se da cuenta. Ahora bien, ¿porque no puede, o porque no quiere?"
Y de pronto, como alcanzado por una súbita revelación, Eren se detuvo en mitad de las escaleras; afortunadamente, no pasaba nadie por ahí en aquel momento. Armin también se quedó parado, más aún al notar la intensa mirada de su amigo; aquellos ojos grises, de algún modo, reflejaban la escasa luz que les llegaba desde la entrada.
–¿Crees que lo que hay entre Krista y Ymir… se parece a lo que tenemos Mikasa y yo?
Tras las palabras de Eren, se hizo el silencio.
Armin no estaba seguro de si seguía respirando; de repente tuvo la sensación de entrar en un terreno muy peligroso, donde podía llevarse un cañonazo en cualquier instante.
"¿¡Y ahora qué le digo!?"
–Hum… ¿A qué te refieres exactamente?
"Bravo, Armin, bravo. ¡Todo un genio!"
Y sin embargo, aquello fue suficiente para que el moreno se animase a continuar.
–Me refiero a que Ymir siempre está con Krista. Cuidando de ella. Protegiéndola…
Eren apretó la mandíbula, casi haciendo rechinar los dientes; y hasta cierto punto, Armin podía comprender (aunque no lo compartiese) el motivo de su irritación.
"Y supongo que, a veces, él es el primero en darse cuenta de otras cosas. A mí no se me habría ocurrido esa comparación entre Mikasa y Ymir, es verdad que se parecen un poco…"
Aun así, Armin no pudo evitar que asomase cierto tono dubitativo a su voz, cuando por fin se decidió a contestar; pero sabía que, en otras circunstancias, quizás ni siquiera se habría atrevido a decir lo que pensaba. "Seguramente también deba agradecérselo a Marco."
–Entonces, lo que estás diciendo, es que… Ymir cuida de Krista, del mismo modo que Mikasa cuida de ti.
Y en cuanto pronunció aquellas palabras, supo que había cometido un error; a juzgar por su expresión, parecía que Eren fuese a soltarle un mordisco en cualquier momento.
–¡Pero si se supone que soy yo quien tiene que cuidarla a ella!
El moreno de ojos claros hizo un visible esfuerzo para controlarse; aunque no llegó a gritar, tampoco le fue necesario, dada aquella proximidad casi íntima.
"En serio, ¿es que nadie va a usar estas escaleras?"
Armin consiguió mantener la calma, recordándose a sí mismo que su amigo, como en tantas otras ocasiones, no estaba enfadado con él realmente; era más bien que aquella situación le fastidiaba.
"Pero resulta fácil olvidarlo, sobre todo cuando le tienes justo delante enseñándote los dientes…"
Eren dejó escapar un hondo suspiro, meneando suavemente la cabeza mientras la agachaba, bajando la mirada; por un instante, sus negros cabellos ocultaron el brillo de aquellos ojos grises.
–No tendría que ser así –murmuró, abatido–. Yo soy el hombre, se supone que debería proteger a Mikasa y no al revés. Eso fue lo que me dijo…
Tragó saliva, incapaz de continuar; no pudo pronunciar el nombre de su madre.
Armin sintió que una sombra se abatía sobre ellos en aquel momento; un triste recordatorio, una carga no por invisible menos pesada.
"Perdimos tanto… y sin embargo, hemos llegado hasta aquí, ¿no? Quiero creer, necesito creer… que mientras sigamos apoyándonos entre nosotros, podremos lograr cualquier cosa."
Esta vez Armin no se limitó a escuchar comprensivamente y asentir en silencio; esta vez sí dijo lo que tenía que decir.
–Eren, que tú protejas a Mikasa no significa que ella no pueda protegerte a ti también.
Su amigo levantó la cabeza, como si de pronto le hubiese alcanzado un relámpago; le miró sorprendido, con los ojos bien abiertos, el ceño ya desfruncido y la mandíbula no tan tensa.
Seguía habiendo cierta expectación en el aire, pero ya no se notaba la misma opresión casi sobrenatural de antes. Armin sintió que al fin podía respirar más tranquilo; y sonrió, esperanzado.
"Bueno, por ahora es suficiente. Le conozco lo bastante bien como para saber que, si sigo insistiendo, terminará cerrándose en banda y dejará de escuchar. Mejor darle tiempo, para que piense con calma en lo que ya he dicho… y quizás quitarle algo de hierro al asunto, para que se relaje un poco más el ambiente."
–En realidad, no es tan extraño… –el rubio se encogió de hombros; aún sonreía–. No pasa nada, sólo porque una chica te proteja, ya ves que Ymir también lo hace y…
–Ymir y Krista… –interrumpió Eren con suavidad; volvió a fruncir el ceño, pero más por sus propias dudas que por seguir enfadado–. Bueno, las dos son un poco especiales, ¿no crees?
–¿Acaso no lo somos todos? –respondió Armin en voz baja, amable; "y Mikasa y tú también," añadió para sí.
Por otro lado, la mente del joven Arlert empezó a hacer de las suyas justo en ese momento; y de pronto recordó que a veces Ymir le pasaba el brazo por encima del hombro a Krista, para luego bromear (quizás no del todo) con que las dos se casarían después de graduarse.
Y de repente se imaginó a Mikasa diciéndole eso a Eren…
Armin se interrumpió de inmediato, un tanto abrumado, deseando con todas sus fuerzas que Eren no pensase también en lo mismo que él; porque como su amigo se imaginara eso, saldría de allí corriendo y dando voces…
"Bueno, seguramente exagero… Pero mejor no tentar a la suerte, ¿eh?"
Aun así, a Armin le pareció ver cierto rubor en las mejillas de Eren.
"Puede que yo me sonrojara antes y ahora se lo haya pegado a él, como ocurre con los bostezos. O puede que sea por lo último que dije, aunque mira que intenté ser sutil…"
Sin embargo, temía que su amigo reaccionase ahora yéndose al extremo opuesto, tratando de ocultar aquella faceta más vulnerable con una nueva muestra de agresividad y rabia mal contenida.
"Sería una lástima echar a perder todo esto… Más vale cambiar de tema, ¡y rápido!"
–Ya que estamos hablando de Ymir y Krista… –Armin se rascó la nuca, todavía ligeramente avergonzado–. Sabes que suelen pasar bastante tiempo juntas, también con alguien más… Sasha podría ayudarnos a buscar unos guantes de la talla apropiada.
–¡Ah, sí! Sí, es verdad… –Eren exhaló un gran suspiro, sin disimulo, con el alivio de un hombre sediento que por fin encontraba agua–. Ahora que lo dices, Mikasa y ella se parecen…
–¿A que sí? –continuó Armin, también aliviado; era un tema con el que los dos ya se sentían más cómodos–. Bueno, es obvio que no tanto en carácter, pero… Constitución similar, casi la misma altura y seguramente manos muy parecidas. Por eso nos vendría bien como modelo para guantes.
–Hum, ahora que lo pienso… –Eren frunció el ceño, mientras seguía bajando las escaleras; su amigo le acompañó–. Acabas de decir que Ymir y Krista pasan bastante tiempo con ella. ¿Crees que Sasha estará libre hoy? Puede que hayan quedado esta tarde.
–Puede que sí… –Armin se rascó la barbilla, valorando distintas opciones–. O puede que no. Bertolt mencionó antes a Krista y Ymir, pero no a Sasha. Reiner y Connie tampoco dijeron nada… O ella tiene otros planes, o ellos no la han incluido todavía en los suyos. Y si resulta que ya han quedado, pues… –esbozó una leve sonrisa–. Siempre podríamos intentar sobornarla, con suficiente comida.
–No sé yo, "suficiente comida" tratándose de Sasha… –Eren también sonrió–. ¡Casi costaría más comprar eso que los guantes!
–¡Bueno! –Armin dejó escapar una risita amable, sin maldad–. Estará atiborrándose en el comedor, así que luego ya no tendrá tanta hambre. Además, recuerda lo que te dije antes, si hace falta poner más dinero…
Eren frunció de nuevo el ceño, molesto otra vez con aquella idea… aunque no llegó a protestar, porque justo en ese momento las escaleras cruzaban la recepción.
Instintivamente, los dos muchachos guardaron silencio al pasar por allí. Armin apenas se atrevió a mirar de reojo al soldado del mostrador, pero el inquietante hombre de las gafas ni siquiera se fijó en ellos; parecía seguir centrado en sus propios asuntos, escribiendo ahora con furia en un cuaderno.
"Me pregunto qué será…"
Tanto él como Eren suspiraron de alivio cuando bajaron lo suficiente para volver a perder de vista al siniestro centinela.
Y en el caso de Armin, aquel suspiro se convirtió de pronto en una ahogada exclamación de asombro… al encontrar precisamente a la persona que estaba buscando.
"Vaya, mira tú por dónde, también es casualidad…"
