Hola, mis bellos lectores. Lo siento muchísimo por no poder actualizar el día de ayer, hubo un accidente cerca de mi fraccionamiento, chocaron un poste de alta tensión y mi fraccionamiento y los otros circundantes nos quedamos sin luz. Apenas terminaron de repararla y me dije, ahora sí a actualizar. Espero y me disculpen.
Disclaimer: Los personajes ni la historia me pertenecen a mi, sino a Stephenie Meyer y Julie James, respectivamente.
Disfruten.
Capítulo Veinticuatro
— ¿Ya pudiste dormir con él?
Alice miró a su alrededor en el salón. —Quizás podrías decir eso sólo un poco más fuerte, Carmen. No estoy segura de que te hayan oído todos por encima de los secadores de pelo.
Afortunadamente, Jasper estaba esperando en el frente, evitándole al menos la vergüenza por el comentario de su amiga. Cuando llegaron, había revisado todo el spa y el área del salón, luego se había colocado junto a la puerta que era la única manera de entrar y salir.
Carmen y ella se habían sentado una junto a la otra, recibiendo los últimos retoques en sus maquillajes.
—Están pasando otras cosas, sabes —dijo Alice deliberadamente—. Como ese asunto del intruso armado que me atacó en mi casa.
Carmen inmediatamente la miró arrepentida. —Tienes razón… fue una tontería decirlo. Tienes cosas mucho más importantes de qué preocuparte que de mi boda.
Alice y Carmen compartieron una mirada en el espejo.
—Wow. Incluso yo me he sorprendido con eso —Carmen sonrió—. Bueno, por suerte, habrás terminado de aguantarme en unas pocas horas. Apuesto a que no puedes esperar.
—No seas loca… no hay lugar en el que preferiría estar este fin de semana que aquí. Incluso si has sido realmente un dolor en el trasero.
Carmen se echó a reír y se secó los ojos. —Detente, vas a hacerme llorar con toda esa basura sentimental.
El maquillador que le estaba aplicando rubor a Carmen señaló con severidad. —No toques tus ojos. Este es uno de mis mejores trabajos.
La maquilladora de pelo púrpura, multitatuada y perforada que estaba haciendo el maquillaje a Alice intervino con sus órdenes. —Mira al suelo.
Alice obedeció, tratando de no parpadear cuando la mujer puso una segunda capa de rímel en sus pestañas.
—Es resistente al agua, ¿verdad? —Oyó a Carmen preguntarle a su técnico.
—Por supuesto —le aseguró.
—Puedes mirar arriba ahora —dijo Pelo Púrpura cuando terminó.
Alice miró de nuevo a Carmen en el espejo. —Además, por lo general tengo esta regla de no dormir con un hombre hasta que me haya invitado a una cita.
—Si es quien salvó tu vida, creo que te puedes saltar esa parte.
—Pidió comida a domicilio la otra noche, aunque creo que el FBI pagó la cuenta. ¿Crees que eso cuenta?
Pelo Púrpura dejó de espolvorear rubor en las mejillas de Alice. —Espera. ¿Estás hablando del tipo de pelo oscuro que vino contigo? ¿Él que me registró antes de que pudiera maquillarte?
Alice hizo una mueca. —Lo siento por eso.
—No lo hagas… ha sido lo mejor que me ha pasado este mes —Pelo Púrpura le arrojó una mirada curiosa—. ¿Ese es el tipo con el que estás saliendo? Cariño, necesitas tomar a ese semental y montarlo como una vaquera.
—Yo... en verdad no te conozco, pero gracias por el consejo.
Pelo Púrpura le guiñó un ojo. —Viene con el maquillaje. ¿Qué te parece?
Alice se miró en el espejo. Le había dejado el pelo suelto, con ondas y mucho más volumen de lo que alguna vez podría ponerle ella. Y el maquillaje, que había sentido como demasiado, era perfecto, hacía que sus labios se vieran más llenos, con los pómulos más definidos añadían brillo a sus ojos. —Se ve bien.
Carmen resopló. — ¿Bien? Dale un respiro —Suspiró y se acercó a la silla detrás de ella, no iba conjuntada, pero aun así se la veía elegante en jeans, camisa blanca con botones y su cabello con un elaborado peinado bajo el velo. Puso sus brazos alrededor de Alice—. Tienes suerte de te quiera tanto, para que te permita verte así el día de mi boda.
—Te ves espléndida, Carmen —Sin exagerar, a no ser por los jeans y la camisa, Carmen era la viva imagen de una belleza rubia de cuento de hadas—. Eleazar se desmayará cuando te vea avanzar por el pasillo.
—Mejor que no lo haga. Eso se vería horrible en el vídeo de la boda.
Las dos mujeres compartieron una carcajada, y Carmen inhaló entusiasta. — ¿Entonces? ¿Quieres ayudarme a ponerme el vestido?
Alice asintió. —Por supuesto.
— ¿Qué hay con los agentes Tanner y Rawlings? ¿Por qué no podemos traer solo a Jasper con nosotras? —Alice preguntó mientras seguía a Carmen al exterior. Los dos agentes del FBI caminaban unos pasos detrás de ellas.
—Porque considero a Jasper un invitado a la boda, y eres la única invitada que recibe un anticipo. Además, Jasper necesita unos minutos para cambiarse.
Alice dio un paso cauteloso hacia un lado con sus tacones plateados, fuera de la pasarela y hacia un corredor de tela blanca. Siguió a Carmen a través del césped hacia la enorme carpa blanca con cúpula que habían colocado en una colina con vistas a la bahía.
Alice daba pasos pequeños y cuidadosos con su vestido de dama de honor, aunque probablemente no había necesidad de hacerlo. El vestido era ajustado, pero tenía un tajo hasta la pantorrilla en un costado que le hacía más fácil caminar.
En los últimos ocho meses, Carmen se había dedicado meticulosamente a elegir el vestido de dama de honor del mismo color y material que los de las otras damas, Irina y Tanya, pero de diferente estilo. Carmen había dicho que lo había elegido sólo para ella, pero cuando había agregado que el vestido era de color fucsia, Alice había estado a punto de entregar su puesto de dama de honor.
Entonces había visto el vestido que Carmen había elegido para ella. Estilo Halter, era lindo por delante, pero no era nada en comparación con la parte de atrás.
O, mejor dicho, con el hecho de que no había parte de atrás.
Después de eso, Alice había cerrado la boca y se había comprometido a no cuestionar de nuevo el juicio de Carmen en cualquier cosa relacionada con la boda.
— ¿Estás segura de que deberías estar aquí afuera con el vestido? — Alice la Obediente Dama de Honor le preguntó a Carmen nerviosamente. — ¿Qué pasa si resbalas y te manchas de hierba o algo así?
Cuando habían ido a comprar el vestido, ella casi se ahoga con el precio del que Carmen había elegido, uno de color rosado, sin tirantes, de tafetán y marfil de Carolina Herrera con intrincados detalles fruncidos dignos de un vestido de baile del siglo XIX.
Carmen se encogió de hombros. —Entonces creo que tendré que lidiar con ello.
Alice parpadeó. —Está bien. ¿Quién eres y qué has hecho con mi amiga?
Carmen se echó a reír mientras llegaban al final del corredor. Esperó a que el Agente Rawlings entrara en la carpa para comprobar las cosas. Cuando él asintió, agarró la mano de Alice—. Entonces cuando los invitados den un paso dentro de la carpa por esta entrada principal de aquí… —Tiró de Alice al interior— …verán esto.
Por un momento, Alice se quedó sin habla. Era impresionante. Simplemente no había otra manera de describirlo. Estaban de pie en la entrada de la carpa, mirando hacia el altar. El corredor de tela continuaba, convirtiéndose en un pasillo central blanco sobre el césped que separaba las sillas Versalles29 plateadas y blancas donde los invitados se sentarían. Dispersos por el corredor había pétalos de rosas fucsias y rojos, y hojas multicolores sobre las que Carmen y las damas de honor caminarían. A lo largo del pasillo, todo el camino hasta el altar, había altos pilares de velas que brillaban suavemente. El propio altar era algo digno de contemplar, iluminado con elegancia con velas blancas y plateadas y adornado con más rosas rojas y fucsia de las que Alice hubiese visto nunca.
La característica más llamativa, sin embargo, eran las miles de diminutas luces plateadas dispuestas en elegantes niveles en la parte superior de la carpa. Por la noche, se imaginaba que se verían como un cielo estrellado.
Alice dio un paso más dentro de la carpa, teniendo todo en cuenta.
—Y tendremos un arpista aquí en la puerta de entrada, para tocar música mientras los invitados toman sus asientos. —Estaba diciendo Carmen—. La ceremonia es a las seis y media, lo cual será justo al atardecer. Después, mientras nos tomamos las fotos y los invitados toman cócteles y aperitivos atrás en aquel gazebo que pasamos, colocarán las mesas para la recepción. El cuarteto de cuerdas estará allí para la ceremonia, que es donde irá la banda para la recepción. Armarán una pista de baile por aquí... Oh, ¿mencioné las lámparas de calor? Ves allí, ¿ocultas a lo largo del perímetro? Tardamos un montón de tiempo pensando en qué hacer con todos los cables eléctricos... —Carmen hizo una pausa y miró con ansiedad a Alice—. No has dicho nada. ¿Crees que es demasiado?
Alice negó. —No. Lo hiciste, Carmen. Realmente es la boda más perfecta jamás vista.
Carmen sonrió. —Solíamos venir aquí cada fin de semana en el Día del Trabajo, cuando era niña. Creo que tenía nueve años la primera vez. Sabía, incluso entonces, que este sería el lugar en donde quería casarme.
Ambas se giraron ante el sonido de una descontenta voz viniendo por el camino detrás de ellas.
—Le dije a Carmen que disponía de veinte minutos con vosotros —le decía Jasper a los Agentes Tanner y Rawlings, quienes estaban de pie atentos en la entrada de la carpa. —Han pasado casi veinticinco minutos y yo…
Alice miró por encima de su hombro, justo cuando Jasper entró en la carpa.
Y él echó su primer vistazo a la parte de atrás de su vestido. O la falta de él.
Se detuvo en seco.
—Wow.
Sus ojos se detuvieron en ella durante otro momento antes de que se volviera hacia Carmen, gesticulando. —Este lugar se ve muy bien, Carmen. Hiciste un gran trabajo.
Carmen sonrió. —Buena salida, Jasper.
Alice se acercó y tocó la cara de Jasper, incapaz de resistirse. —Te afeitaste —Ella reparó en los bellos y clásicos rasgos cincelados que habían estado ocultos debajo de su barba, así como cuán increíble se veía él con su traje gris oscuro. Debería ser ilegal para un hombre caminar así sin algún tipo de permiso.
Jasper sonrió mientras ella comprobaba su suave mandíbula. —No te preocupes, la barba estará de vuelta en unas dos horas. —Se tomó su tiempo mirándola—. Te ves genial.
Detrás de ellos, Carmen se aclaró la garganta. —No es para romper esto, pero tenemos una boda a la cual llegar… Alice ¿tienes tu itinerario para esta noche?
—Síp. En mi cartera.
— ¿Jasper?
Él se palmeó la chaqueta. —Tengo las seis páginas aquí.
—Como se indica en la página dos, te veré en el gazebo para las fotos de la comitiva nupcial en cinco minutos. —Carmen señaló a Alice—. No llegues tarde y hagas que me arrepienta de elegirte para esta posición en lugar de a Garrett.
— ¿En serio estaba en la carrera? —preguntó Alice, un poco ofendida por eso.
—Sólo brevemente. Pero luego pensé que su discurso del brindis estaría lleno de todo tipo de flojas referencias deportivas —La expresión de Carmen fue severa—. Espero cosas mucho mejores de ti —Se fue en un torbellino de tafetán rosado y marfil.
Jasper asintió hacia los agentes Rawlings y Tanner, quienes salieron por un momento, dejándolos solos.
Con una cálida sonrisa, él se giró hacia Alice y le tendió la mano. — ¿Entonces? ¿Estás lista para esto?
Ella tomó su mano, entrelazando sus dedos con los suyos. —Definitivamente.
En medio de aplausos y vítores, Jasper escoltó a Alice de regreso a su mesa. Se inclinó para felicitarla por un trabajo bien hecho, cuando Garrett levantó su copa y golpeó la suya.
—Fantástico brindis —dijo Garrett entusiastamente—. Unas pocas risas, algunas lágrimas; en serio, has estado genial.
Alice lo hizo callar cuando se sentó entre él y Jasper, con una mirada puntiaguda en dirección a las otras dos parejas en su mesa. Amigos del novio, le había susurrado a Jasper antes, parte del plan de Carmen para fomentar la mezcla y la conversación entre los diversos grupos. De hecho, él ya sabía quiénes eran y de quién eran amigos, junto con su historial de crédito o la falta de éste, ya que había enviado un mensaje de texto con sus nombres a Edward para que revisara sus antecedentes tan pronto como se habían presentado.
Mientras Jasper estaba de pie detrás de Alice, ayudándola con su silla, trató de concentrarse en otra cosa que no fuera la piel desnuda. Era muy ingeniosa la forma en que el vestido la cubría justo hasta la curva de su baja espalda. Unos centímetros más abajo y podría ver sus nalgas…
Iba a perder su jodida mente.
— ¿No se supone que los vestidos de las damas de honor tienen que ser feos? —gruñó mientras tomaba asiento a su lado.
—Como si Carmen dejara que cualquier parte de esta boda fuera fea, —dijo Alice. Debajo de la mesa, apoyó su mano sobre su muslo y le apretó suavemente.
Jasper contuvo la respiración con los dientes apretados. Al otro lado de ella, Garrett parecía totalmente imperturbable por la apariencia de Alice. Jasper mantenía un ojo entrenado cuidadosamente en él, pensando en que las cosas permanecerían mejor de esa manera. Homosexual o no, mejor amigo o no, nadie con pene estaría a un pie de Alice mientras llevara ese vestido.
—Mi única crítica a tu discurso es que no me has dado todo el tiempo que me merecía —se quejó Garrett.
Alice hizo un gesto con la mano desechado su comentario. —Te dedique un montón de tiempo. Hablé acerca de cómo los tres vivimos juntos el último año, ¿no? Incluso mencioné cómo solías hacernos panqueques a Carmen y a mí cuando llegábamos a casa de los bares.
—Hablábamos de los chicos que habíamos conocido esa noche —le explicó Garrett a Jasper.
Jasper sintió curiosidad acerca de eso. Además necesitaba algo para mantener su mente fuera del vestido de Alice. — ¿Cómo se conocieron los tres?
Alice empezó a responder cuando Garrett levantó una mano, interrumpiéndola. —Ejem. Ya que nadie me pidió que hiciera un brindis para la boda, me encargaré de esa cuestión. Además, cuento esa historia mejor que tú.
Garrett se inclinó en su silla, bajando su voz dramáticamente. —Era una noche oscura y tormentosa.
Alice rodó los ojos. —Oh, Dios.
Garrett levantó las manos. — ¿Qué? Era una noche oscura y tormentosa. Deberías saberlo; me acerqué a tu casa esa noche, ¿recuerdas? —Se volvió hacia Jasper—. Era nuestro segundo año. Yo estaba viviendo en la casa de mi fraternidad y había tenido un momento difícil con cosas de la universidad, luchando con la cuestión de si era homosexual o no. Estaba en Michigan con una beca de béisbol y la homosexualidad no era algo que uno discutía en los círculos atléticos. De todos modos, una noche a principios de año, mi fraternidad tuvo una fiesta después de hora y estaba lloviendo afuera. Yo estaba saliendo por la puerta principal, bebiendo lo de costumbre, en ese entonces era Jim Beam y Coca-Cola, cuando Alice entró de sopetón, acurrucada bajo un paraguas rojo con Carmen y otra chica. Todas estaban riendo, y cuando cerraron el paraguas, Alice entró en la habitación y sacudió su pelo. Era como algo salido de una película; era la chica más hermosa que jamás había visto.
Jasper jugaba con su vajilla de plata. Esa historia podría irse al diablo rápidamente… cuando su mano se posó sobre el cuchillo de carne, pudo o no haber sido una mera coincidencia.
—Así que entablé conversación con ella y nos llevamos bien enseguida, —continuó Garrett—. Comenzamos a reunirnos después de clases, los fines de semana, y sabía que, si alguna vez iba a funcionar con una mujer, ella sería la elegida. Un par de semanas más tarde, estábamos pasando el rato en mi habitación un sábado por la noche y lo tenía todo planeado, esa era la noche en que iba a hacer mi jugada. Estábamos sentados en mi sofá escuchando la radio, era una noche flashback de los años ochenta, y "Bette Davis Eyes" comenzó a sonar. Alice suspiró y apoyó su cabeza contra el respaldo del sofá y dijo, "Me encanta esta canción".
Alice interrumpió allí. —Entonces te acercaste más a mí y giraste tu cara hacia la mía. Y dijiste, "Me encanta esta canción, también".
—Y supe que era el momento —dijo Garrett—. Así que me incliné y la besé.
Alice quitó su mano del muslo de Jasper y le quitó el cuchillo de carne que misteriosamente había acabado en su mano. Él le lanzó una mirada inocente. Nunca perjudicara un precioso cabello de la cabeza de Garrett… con testigos alrededor.
Acercándose al punto culminante de su historia, por su propio bien, Jasper esperaba que sólo en sentido literario, Garrett continuó. —El beso duró un poco, y me dije a mi mismo, "Bueno, tal vez en realidad está funcionando". Así que me hice hacia atrás para ver si ella también estaba en ello, y descubrí que me estaba mirando con una expresión divertida y dijo... —Hizo un gesto hacia Alice.
—"He lamido estampillas que estaban más excitadas que tú".
Jasper se echó a reír.
Garrett meneó su cabeza sonriendo. —Lo sé, ¿bien?, Jasper, te lo digo; estaba enamorado. Pero sólo por un momento, porque entonces ella se acercó, tomó mi cara entre sus manos y dijo, "Garrett, somos amigos, ¿correcto?". Y supe, incluso después de sólo unas pocas semanas, que se trataba de una persona que iba a ser una parte muy importante de mi vida, así que asentí, y ella dijo, "Bien. Entonces escúchame, necesitas superarte a ti mismo y admitir que eres homosexual" —Garrett miró hacia Alice—. Oírlo decir de manera tan casual, fue liberador. Así que al día siguiente, decidí ir a un tipo muy diferente de fiestas después de horas, en el otro lado del campus. Y besé a un chico por primera vez.
—Patrick —dijo Alice.
—Te acuerdas.
—Claro que me acuerdo.
Garrett sonrió. —Y cuando llegué a casa esa noche, ella fue a la primera persona que llamé para contárselo.
Alice cubrió su mano con la suya. —Tienes razón. Cuentas esa historia mejor que yo.
—Me gusta —dijo una voz detrás de ellos—. Nunca la había oído antes.
Jasper instintivamente puso su mano en el arnés bajo su traje mientras los tres observaban a un hombre rubio, de complexión atlética con un traje hecho a medida acercarse a su mesa.
Garrett, que parecía sorprendido, fue el primero en hablar. —Richard.
Jasper se relajó, reconociendo el nombre. El ex novio que se había negado a venir a la boda.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó Garrett.
La cara de Richard por un momento se llenó de emoción ante la vista de Garrett, luego se recompuso y comprobó la recepción. —Así que esto es Michigan. No está mal.
Hubo una pausa incómoda mientras Garrett permanecía en silencio. Richard se movió nerviosamente.
Jasper susurró en el oído de Alice. — ¿Por qué no vamos a bailar?
—Creo que es una gran idea —dijo ella.
Saludaron con rapidez a Richard antes de dirigirse a la pista de baile para darles un poco de espacio. Alice miró por encima de su hombro, los ojos de Jasper siguieron los suyos y vio que Richard había tomado asiento al lado de Garrett y parecía estar llevando la mayor parte de la conversación. Garrett por lo menos estaba escuchando, no obstante, en un momento puso su mano en la parte posterior de la silla de Richard. Alice sonrió ante la vista y se volvió hacia Jasper.
Él la condujo hacia el otro extremo de la pista de baile, donde podía estar a solas con ella mientras mantenía su ojo puesto en todos los demás. Tomando su mano en la suya, Jasper tiró de Alice a sus brazos. La sostuvo cerca con su otra mano en su desnuda espalda a medida que comenzaban a bailar. Se adaptaban perfectamente entre sí; con sus zapatos de tacón alto, la parte superior de su cabeza le llegaba justo a la barbilla.
—Gracias por esto. Por todo. No habría tenido esta noche si no fuera por ti —dijo ella.
—Sólo lamento que no pudiéramos estar aquí bajo circunstancias diferentes.
—Si hubiera circunstancias diferentes, tú no estarías aquí en absoluto, —Ella se movió más cerca de él—. Me alegro de que fueras tú el que entró en mi habitación de hotel esa noche, Jasper.
Él sonrió. —Qué cambio; hace dos semanas odiabas que hubiera entrado en ese cuarto.
—Esa conversación sería muy diferente si la tuviéramos ahora. Para empezar... no creo que hubiera mucha conversación —dijo ella con la voz ronca.
Los ojos de Jasper se clavaron en ella. —Estoy al borde, Alice. Ten cuidado.
Ella sacudió su cabeza. —Creo que es hora de que dejemos esta boda.
—Si nos vamos ahora, no hay vuelta atrás. Eres mía toda la noche.
Sus ojos se iluminaron. — ¿Me lo prometes?
Eso fue todo.
Jasper agarró su mano y tiró de ella fuera de la pista de baile, hacia la entrada principal de la carpa. Se detuvo ante el Agente Rawlings, que se había apostado allí durante toda la noche.
—Regresamos a la habitación —dijo Jasper—. Tanner y tú debéis vigilar el vestíbulo de la Torre; ambos ascensores y las escaleras de emergencia.
Llevó a Alice fuera de la carpa. El corredor blanco iba en una dirección, pero él la llevó por el césped hacia la Torre. A su habitación.
Alice le lanzó una mirada. —Bonito. Rawlings probablemente sabe exactamente lo que vamos a hacer.
—Alice, con la forma en que te ves esta noche, todos los de esta boda saben exactamente lo que planeo hacer contigo.
—Wow, esa puede ser la cosa más sexy que me haya dicho un hombre alguna vez... Mierda... estoy arruinando los tacones con esta hierba. Me estoy hundiendo.
Sin perder el paso, Jasper la levantó en sus brazos y la cargó.
—Podría haberme quitado los zapatos —dijo Alice con una sonrisa.
—No perderé el tiempo mientras deshaces esas malditas correas.
La metió en el vestíbulo de la Torre, la bajó, y la condujo hacia un ascensor. Apretó el botón de su piso. En el momento en que las puertas del ascensor se cerraron, ella se estiró por él. Jasper capturó sus manos y la hizo girar, con su espalda contra su pecho.
—Todavía no, nena, —dijo con voz ronca en su oído—. Tengo que meterte en esa habitación de forma segura. —Él sostuvo sus manos con fuerza, dudando que pudiera aguantar si lo tocaba. Ella presionó su espalda y frotó su trasero, apenas cubierto, provocativamente en su contra.
Joder. Jasper gruñó bajo en su garganta. Pensó en apretar el botón de parada de emergencia, empujar su vestido hacia arriba, y tomarla allí mismo en el ascensor. Y por mucho que le excitara la imagen de ella de pie con tacones, afirmándose contra la pared y gimiendo su nombre mientras la tomaba por atrás, no era la manera en que iban a hacer las cosas su primera vez juntos.
Él inclinó la cabeza y besó la base de su garganta, no confiando en sí mismo para estar más cerca de su boca. Podía sentir su pulso rápido debajo de los labios.
— ¿Recuerdas que te dije que estaba a cargo? Eso incluye esta noche, Alice.
Con una socarrona sonrisa, ella cerró los ojos, inclinando su cuello para darle un mejor acceso. —Ya lo veremos.
Lo verían, Jasper estuvo de acuerdo. En el momento en que se metieran en la habitación.
El ascensor sonó, indicando que habían llegado a su piso. Las puertas se abrieron y él golpeó a Alice ligeramente en el trasero para hacer que se moviera.
Wow, me gusta este Jasper cargado de testosterona, primero por la historia de Garrett y Alice y después por estar algo… ammm… necesitado. Como se podrán dar cuenta el siguiente capítulo será ¡INTENSO!. Espero que les haya gustado y ¿sabían que si dejan un review harán feliz a muchas personas? ok, sólo una persona, de acuerdo, me harán feliz a mí; pero de todas formas sería lindo que me dejaran un review.
Nos leemos pronto.
-Karla
P.D. Respuestas a reviews.
Vkii: Oh, muchas gracias por tu apreciación a mis inventivas técnicas, uno siempre busca mejorar. Respecto a Jasper con el arnés del arma… OH DIOS… tengo que alejar mis pensamientos impuros cada vez que pienso sobre eso. Nos leemos pronto.
Dani: ¡Sí! Nuestro querido Jazz es perfecto. A mí me encanta que te guste la historia, y muchas gracias por tus felicitaciones. Nos leemos pronto. Besos a ti también.
