Vigésimo quinto capítulo

Criaturas en el bosque

Llevaban horas caminando por el camino de aquel bosque, estaban cansados y hambrientos, pero aún así se negaban a hacer una parada para descansar, porque sabían que no tendrían fuerzas suficientes para continuar después de eso.

- ¿Donde están los osos de los que hablabais? Me podría comer cuatro o cinco - dijo Kagura mientras imaginaba el aspecto de un oso

- Nadie aseguró que habría oso y menos que podías comerlo - añadió Sakamoto preocupado por el pobre oso

Los jóvenes siguieron caminando hasta que escucharon un gran ruido tras unos arbustos y antes de poder detener a la joven, Kagura se abalanzó sobre el arbusto para descubrir al oso.

Pero lo que encontró fue completamente diferente, un hombre en una extraña posición y cubierto de un líquido amarillo y pegajoso.

- Olvídalo se me fue el hambre, creo que después de todo comer un oso no era tan buena idea - añadió Kagura mientras cerraba el arbusto como si nunca hubiese sucedido nada

- No me abandonéis en el bosque - se quejó el hombre oso

Y así fue como un nuevo miembro se unió temporalmente al grupo, el extraño hombre les explicó sus motivos y juró no ser un pervertido pero por alguna razón ninguno le creyó.

- Estaba viajando con mis compañeros y me perdí, así que mientras los esperaba me llené de miel para atraer alguna bestia y poder comer - explicó el hombre

- ¿Compañeros? - preguntó Mutsu con curiosidad

- Así es, seguro que ya lo sabíais, pero yo soy el famoso Kondo, "el hombre gorila" y mis compañeros también son famosos aunque no tanto como yo - dijo el hombre con orgullo

- Parece un nombre de circo - se burló Sougo

- Me alegra que lo reconozcas, me costó bastante que me contrataran en el circo - añadió Kondo

- Creo que tenemos una maldición, todas las personas que encontramos son unos raritos - añadió Mutsu

- Empezando por este - dijo Kagura mientras señalaba a Sougo

- ¿Quieres pelear? - preguntó Sougo tomando aquello como un reto

- Tranquilo - dijo Kondo mientras ponía una mano en el hombro del joven - El camino para ganar el corazón de una dama no es mediante los puños, es a través del corazón, tienes que hacerla sentir especial y en eso soy un profesional y puedo darte consejos -

Sougo sintió por primera vez en años algo extraño, sintió respeto por el hombre. Por lo que a pesar de no tener interés en Kagura de esa manera, no dudó en preguntarle al hombre puesto que se trataba de una persona obviamente sabia.

- ¿Conseguiste pareja de esa manera? - preguntó el príncipe

- No, pero soy su acosador número uno y un día le regalé un corazón de vaca y gritó de la alegría - explicó el hombre con una gran sonrisa

Y con esas palabras el respeto de Sougo se convirtió en enfado. El hombre no tenía nada de sabio y seguro que lo abandonaron a propósito en el bosque.

- No necesito consejos, además de que al burro no lo veo ni como humano - añadió Sougo burlándose de Kagura

- ¿A quien estas llamando burro? - preguntó la chica enfadada

Aquello acabaría en unas de sus típicas peleas y de alguna manera Sakamoto y Mutsu ya se habían acostumbrado y estaban hartos de intervenir y parar aquellas peleas, así que no pensaban hacer nada.

Pero parecía que la suerte estaba de su lado y una caravana de dos carrozas paró en el camino del bosque por el que iban.

- Vinieron a por mi, Otae mi amor yo sabía que no podías vivir sin mi - añadió el hombre con una gran sonrisa mientras intentaba abrir la puerta de la carroza pero acabó siendo golpeado por la misma puerta

- Yo quería abandonarte, desgraciadamente desde que fuiste me querían dar el puesto de la mujer gorila, pero yo solo soy una delicada dama y cocinera - explicó la mujer

- ¿Tienes comida? - preguntó Kagura aprovechando la oportunidad

- Claro - dijo la mujer mientras enseñaba una fuente llena de extrañas cosas oscuras - Come todo lo que quieras -

- Pensándolo bien no tengo hambre - añadió la joven decepcionada

- Jefa, ¿Hay algún problema? - preguntó un chico con poca presencia que al ver al hombre gorila se alegró - Jefe, pensábamos que estaba muerto -

- ¿Te conozco? - preguntó el hombre sin dudar

- Soy Yamazaki, nadie me reconoce - dijo el chico mientras entraba de nuevo en la carroza bastante deprimido y comenzaba a repetir palabras como si fuese una maldición.

Mutsu aprovechó la oportunidad, para usar su diplomacia aprendida de la realeza.

- Yo me preguntaba si podríais llevarnos hasta la ciudad, o al menos acercarnos un poco, nosotros no tenemos manera de llegar y nos tomaría días - preguntó Mutsu en tono serio e intentando ser amable

- Tener nueva compañía por un rato parece una buena idea, podemos llevaros hasta la entrada de la ciudad - explicó la mujer de la extraña comida

- Gracias mujer barbuda - añadió Kagura de muy buen humor

- ¿Quién dijo que tenga barba? - se quejó la mujer

Al final todos pudieron entrar en la carroza, excepto Kondo, al que obligaron viajar afuera de esta, pero al hombre no pareció importarle y estaba bastante feliz al respecto.

- Os presentaré al resto - dijo Otae con una sonrisa

Los miembros del "circo mágico de kabukicho" o así lo llamaban, eran el gorila Kondo, del cual decían que era el eslabón perdido de alguna antigua civilización de gorilas; la cocinera Otae, a la cual todos temían por su mal carácter y horribles dotes en la cocina; el chico inmortal Yamazaki, al cual le pusieron ese mote por sobrevivir a todo tipo de heridas de espadas y cuchillos; la muñeca Tama, una extraña muñeca de madera que cobró vida por circunstancias extrañas; Saito el asesino, que decían era capaz de asesinar a alguien con una sonrisa y el dueño del circo, al que llamaban el enano tuerto, pero en esos momentos no se encontraba con ellos.

Todos parecían ser bastante raros a su manera, pero ninguno daba la impresión de ser una mala persona, o al menos no lo notaban.

Para los jóvenes fue una buena manera de descansar y poder hablar con otros, pues al estar solos en la mansión se sentían un poco solos y necesitaban hablar con otras personas para no volverse locos, aunque eso ya parecía ser de nacimiento.

Mientras todos estaban distraídos, Mutsu aprovechó para hablar con la muñeca y hacerle una pregunta que la tenía bastante intrigada.

- ¿Puedo hacerte una pregunta, Tama? - preguntó la sirena mientras se sentaba al lado de la joven y bajaba un poco su tono de voz

- Claro - dijo la muñeca con una sonrisa

- ¿Cómo cobraste vida? - preguntó la sirena

- De la misma manera que vosotras os volvisteis humanas - añadió la joven con una pequeña sonrisa mientras veía la sorpresa en el rostro ajeno

Mutsu no se esperaba esa respuesta, estar hablando con una muñeca que poseía vida ya era bastante raro, pero peor que ella supiese de su secreto.

- ¿Cómo lo sabes? - preguntó Mutsu intentando mantener la calma o al menos fingir

- Fácil, puedo sentir en vosotras restos de la poción de Katsura, además de que algo me dice que no sois humanas - añadió Tama - ¿Sois unos seres del mar? -

- Preferimos ser llamadas sirenas, pero como comprenderás nadie puede saber de esto - añadió Mutsu muy seria

- Por supuesto, yo no diré nada- prometió la joven con una sonrisa para después añadir un poco sonrojada - ¿Vosotras también lo hicisteis por amor? -

Mutsu vio la mirada de la muñeca dirigirse hacia el joven Yamazaki y supuso entonces que estaban enamorados y por una parte sintió respeto de los sentimientos tan fuertes de la chica, que quiso ser humana por amor, mientras que Kagura y ella sólo se preocupaban de si mismas y encima traicionaban a su padre.

- Nosotras carecemos de sentimientos como el amor, solo somos una egoístas - añadió Mutsu sintiendo nuevamente que había demasiadas cosas que debía aprender

- Todos encuentran el amor algún día, solo hace falta que abras los ojos, quizás el amor de tu vida esta más cerca de lo que esperas - dijo la chica con optimismo

- Espero que te equivoques, nosotras solo vinimos a aprender las costumbres de los humanos - dijo Mutsu mientras se levantaba y evitaba la mirada de la joven - Pero vosotros hacéis una buena pareja, espero que la suerte os sonría -

- Gracias - añadió Tama con vergüenza

Y así el resto del viaje se pasó volando, todos parecían hablar animadamente mientras que Mutsu pensaba seriamente en que es lo que planeaba hacer con su vida una vez que acabase ese limitado tiempo en el que les permitían ser humanas.

- Puedo ver la ciudad - gritó Kagura animada

Quizás no era el momento para seguir deprimiéndose, ahora las chicas tenían una nueva oportunidad de ver cosas nuevas.

Continuará


Espero que os gustara el capítulo la verdad es que al principio pensaba hacerlo de una manera diferente, pero al final me gustó más esta idea xD igualmente os dejo el pedazo que había escrito al principio xD digamos que será como las tomas falsas (?)


El ruido cada vez se hacía más fuerte y en cualquier momento parecía salir alguna bestia de aquel arbusto.

Pero en su lugar un hombre con la ropa desgarrada y cara de muerto hizo su aparición.

Un Madao salvaje apareció

- Qué asco - dijo Kagura mientras observaba al hombre con desprecio

- Necesito trabajo - pidió el hombre desesperado

- Esta bien, serás el burro de nuestra carroza y si no eres lo suficientemente rápido te pegaré latigazos - dijo Sougo con una sonrisa sádica

El Madao salvaje huyó

- ¿Qué narices fue eso? - preguntó Mutsu sin comprender lo que acababa de suceder

- Creo que finalmente la autora perdió la cabeza, seguro que se quedó sin inspiración - añadió Sougo con burla


Bueno xD eso fue todo ^^ nos vemos el próximo sábado :)