¡Hola! Os traigo un capitulo un tanto "Especial" Bueno, no sé si os gustará el resultado. Gracias por las reviews*_* Como digo siempre, pero animan a seguir y a mejorar :3
Bien, aclaraciones, sé que en otro de mis fics, la diferencia entre Robert y su hermana pequeña era muuuuucho menor, pero sí no lo hacía así, no tenía mucho sentido, al menos para mí, Espero que os guste :3
PD: Aprovecho para decir que…abandono esto. Peeero no por mucho, si no que me voy a Terol que es una urbanización bla, bla y que tengo que ir a Alcoy a ver la Guerra Z y la de "Ahora me ves" dflskahjgasjklvghd*_* Más estudiar mates ._. Todo este rollo es para decir que no escribo más hasta septiembre.. xDDD
Al girar la llave dentro de la cerradura y abrir la puerta entrando en la mansión Stark, sentía la misma sensación que sentía desde hacía tres meses. La casa era enormemente grande para ella y su hijo.
-Buenas noches Señora Stark.-Saludó cordialmente el mayordomo con su voz robótica.
Murmuró algo parecido a un "Hola" cansado mientras se despojaba de su americana dejándola junto con el maletín en el blanco sofá del salón iluminado por los rayos de luna y los miles de pequeños destellos de las estrellas. Se deshizo de su moño con un hábil y rápido movimiento de mano y miró el reloj. Las 12 de la noche, por más pronto que había querido volver le había sido imposible y se había visto envuelta en miles de papeles para firmar, cosas que Tony tendría que haber firmado tiempo atrás y no había hecho.
Su hijo probablemente debía estar dormido puesto que al día siguiente tenía clase y que seguramente su hija de 2 años también estaría dormida, de eso no le cabía duda, pero dudaba que el pequeño hubiese obedecido a la niñera, que seguramente le habría echo ver que estaba dormido para que ella se fuese rápidamente.
Se quitó los altos tacones de aguja indispuesta a dar un paso más con ellos, los pies le ardían y dolían considerablemente así el subir las escaleras despacio era el perfecto efecto frío-calor para aliviarle.
Se asomó primero a la habitación de Lilly, la vio dormir plácidamente y mientras le besaba suavemente la frente para no despertarle le arropaba para que él gélido mes de Marzo no brotase en forma de estornudos y tos.
Abrió levemente la puerta de su primogénito y en realidad no se sorprendía de que el pequeño no estuviese en su cama, se había acostumbrado a ello. Abrió ya con más decisión la puerta de par en par encontrándoselo donde siempre, sentado en el amplio alfeizar de su gran ventanal, abrazándose las piernas mientras apoyaba la barbilla en sus rodillas y miraba al cielo con una mirada triste.
Se acercó despacio a él, y acarició la pequeña mejilla de su hijo, húmeda, había vuelto a llorar y a Pepper inconscientemente se le encogió el corazón mientras que el pequeño ni se inmutaba por la tenue caricia que su madre le habría ofrecido.
Se sentó al otro lado del alfeizar y en menos de 2 minutos el pequeño se había apoyado sobre su regazo sin dejar de mirar al cielo.
-¿Quieres hablar?-Preguntó con cautela su madre tal y cómo le había dicho la joven psicóloga que le trataba por el traumático hecho que un niño a su edad había vivido.
Tan sólo recibió silencio por parte del pequeño y ella se dedicó a acariciar su espalda cómo hacía desde que el era pequeño para tranquilizarse.
-No me despedí de él, lo único que le dije fue que le odiaba por tener que irse en noche buena…-Murmuró el pequeño empezando a temblar mientras las lágrimas corrían sin control por sus mejillas rosadas.-No le dije que le quería…-Empezó a convulsionarse violentamente por los jadeos e hipos que iban acompañados por el llanto. Ella tan sólo pudo apretarle más fuerte contra su pecho acariciando su espalda con más fricción.
-Shh cariño, ya pasó…-Murmuró Pepper con voz entrecortada por las lágrimas que también corrían ya por su rostro. Recordaba perfectamente aquella trágica noche, aún tenía pesadillas. Noche buena, todos riendo y dispuestos a abrir los regalos que había dejado "Papá Noel" Bajo el árbol. "No hay porque esperar a Navidad, Pep, está noche es perfecta" Le había dicho Tony tras su insistencia de esperar al día siguiente a abrir los presentes, sobre todo porque le llamaba la atención especialmente el paquete cuadrado que llevaba su nombre. Recibe una llama y él contesta diciendo que tiene que ir a no sé dónde a salvar a no sé quién. Aún puede recordar los llantos de su hijo de 6 años rogándole que se quedase, él prometiéndole que no tendría tiempo de echarle de menos, que abrirían los regalos antes de las 12 de la noche. El posterior enfado de su hijo, lanzando un cruel "Te odio" con los ojos anegados en lágrimas. Si tan sólo Tony por una vez hubiese echo caso a su hijo…-Esté dónde esté él sabe que no lo decías enserio. Él sabía que le querías mucho.-Murmura sobre el castaño pelo de su hijo recordando la llamada de Furia dándole la terrible noticia, el cuerpo sin vida de Tony había sido hallado a pocos metros de donde se había producido la pelea, el cuerpo estaba prácticamente irreconocible por los incesantes puñetazos, la máscara de la armadura estaba reducida a algo más que un amasijo de hierro por tanto golpe, sus ojos, Oh Dios, sus castaños ojos apagados, los regalos que aún siguen sin abrir en el fondo del cajón. Vuelve a besar el cabello de su hijo obligándose a sí misma a no hundirse en aquel momento en el que tenía que darle fuerzas a su hijo. Pero lo odiaba, Tony era siempre él de los ánimos.
El pequeño alzó la mirada cristalina topándose con la idéntica de su madre y ella misma se obliga a forzar una sonrisa mientras besa la mejilla de su hijo.-Además Robby, ya sabes lo que tú padre decía siempre. "Cada estrella es alguien que te observa desde un muro" Seguro que él odia verte así.
-¿Tú crees que él sabe que yo le quiero?-Murmura el pequeño mirando la estrella más brillante de aquella noche.
-Pues claro, él lo sabía todo, era Iron man.-Afirma decidida Pepper mientras se levanta de al lado de la ventana dispuesta a meter a su hijo de nuevo en su cama.
-¿Mama?-Preguntó el pequeño con el rostro oculto entre los mechones rojizos de su madre
-¿Sí cariño?-Responde abriendo las sábanas para dejarle allí arropado.
-Puedo…¿Puedo dormir contigo? Es que tu cama huele a Papá…-Susurra el pequeño, contra el cuello de su madre y ella simplemente sale fuera de la habitación con él en brazos.
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