Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la S. Meyer, yo solo me adjudicó la adaptación, si alguien quiere ser parte de mi clan secuestremos a Edward Cullen, es bienvenida a dejar un comentario.

¡SORPRESA! QUIERO COMENTARIOS SI?

¡POR FAVOR LEAN LA NOTA DEL FINAL!

Disculpen el día de tardanza 😊😂😊😂

Música: Jason Mraz - I Won't Give Up - Lyrics ingles - español.

~¥~Epilogo 24~¥~

POV BELLA

Cuando regreso de comer con mi padre Edward me anuncia todos los años acude a cenar con un cliente cuando está de paso. Me comenta que se ha presentado por sorpresa y que no puede negarse a reunirse con él y me pide que lo acompañe, por lo que aviso a Emmett que posiblemente llegare tarde a casa.

.

.

.

La recepción del restaurante a donde me lleva está decorado con adornos japoneses. Tras entregar nuestros abrigos a un joven vestido con un kimono, otro con idéntica indumentaria, no guía por una serie de corredores hasta una estancia donde solo hay una mesa baja, casi a ras del suelo sobre un tatami fabricado de forma artesanal con módulos de paja de arroz prensada y. recubiertos de una fina esterilla.

Nos indican al entrar que debemos quitarnos los zapatos, dejándolos en un soporte en la entrada.

– ¡Quítate las bragas y dámelas!. – Me dice cuando nos dejan solos. Le miro extrañada y a la vez que me asusta las consecuencias de sus palabras. – ¡Ahora!. – Puedo sentir la impaciencia en su voz.

Hago lo que me pide y tras entregárselas las guarda en el bolsillo de su americana. Justo en ese instante la puerta corredera se abre y entra un hombre de aspecto oriental, aunque va vestido a la usanza occidental. Traje oscuro con corbata y camisa blanca. Al igual que Edward. Va acompañado de una joven con aspecto aniñado. Tendrá unos 19 o 20 años, vestida con una bata hasta los tobillos, con mangas japonesas y las manos apoyadas ligeramente en su regazo mirando al suelo. Doy un paso

atrás por la confusión que me produce la situación, mientras miro fijamente a Edward.

Escucho como habla Edward con el hombre en japonés. No entiendo lo que dicen, pero puedo sentir la mirada lasciva del hombre en mi cuerpo.

– ¿Te importa si hablamos en inglés?. – Le pregunta Edward cambiando a ese idioma. – Ella es Isabel. Me empuja suavemente hacia él, invitándome a saludarlo amablemente. Voy a tenderle la mano, pero al ver el gesto del hombre inclinando ligeramente el torso hacia mí a la vez que junta sus

dos manos a la altura del pecho. Imito su movimiento. – Él es Aro Vulturi y ella Renata. – Me explica él mientras las dos hacemos el mismo gesto.

Les observo discretamente. Parecen la noche y el día juntos. Él tiene la cara redonda, de facciones marcadas y gesto duro. Ella es todo lo contrario, piel aterciopelada, ojos rasgados sin maquillaje alguno. Su pelo corto cae lacio a la altura de las orejas y suelto. Al inclinarse hacia mi he podido ver el nacimiento de unos pechos pequeños, sin que nada les cubra bajo esa bata

– El señor Vulturi, es el propietario de una multinacional japonesa de elementos electrónicos. Somos cliente y proveedor a la vez. – Me explica. – El fabrica nuestros dispositivos de seguridad para nosotros mientras que nosotros a su vez, le proporcionamos los programas y protocolos de seguridad.

Mientras hablamos unos camareros sumamente silenciosos a la par que discretos, han colocado sobre la mesa casi a ras del tatami, una serie de bandejas de sushi, vino y agua.

Cenamos los cuatro en silencio sentados sobre nuestros talones, nuevamente en el instante en el que terminamos de cenar, entran dos camareros en la estancia retirando vasos, bandejas y botellas vacías.

Sin que nadie se lo pida, una vez que los camareros abandonan la sala, la joven situada justo en frente de mí se levanta y despojándose de la bata se queda completamente desnuda ante nosotros tres.

Se confirman mis sospechas acerca de sus pechos, son pequeños y respingones, con sus pezones ligeramente sonrosados. El triángulo de sus piernas está completamente depilado, lo que la produce un aspecto más aniñado si cabe. Se sienta a horcajadas sobre las piernas del hombre, mirando hacia

nosotros. Un pinchazo de excitación por la situación me golpea el vientre.

– ¡Levántate!. – Me dice Edward en inglés. – Colócate de pie de espaldas a mí. – Con un suave toque en mi tobillo me indica que coloque ambos pies a cada lado de sus piernas dobladas.

Posa sus manos en mis piernas comenzando a ascender por ellas con sus manos acariciando mis medias, por debajo de mi falda, y no las detiene hasta llegar a mis nalgas. Las ahueca sobre ellas, produciéndome un gemido ahogado, para después con ambas manos deslizarse entre mis muslos, acariciándome con el lateral de sus dedos meñiques sobre los labios mayores. – No te dobles. – Sigue hablándome en inglés, al darse cuenta de que mis piernas están a punto de flaquear. Sus caricias siempre me producen ese efecto en mí. – ¡Mantén el equilibrio!. – Es más una orden que una petición. Escucho al hombre decirle algo en japonés aunque lo ignoro, ya que no entiendo el idioma. – ¡Quiero que quede algo claro antes de nada!. – Le responde rápidamente al inglés, con clara intención de que yo entienda lo que dice. – ¡No podrás tocarla!. Podrás mirarla, pedirme que haga

con ella lo que tú quieras, pero no podrás ponerla una mano encima. A mí en esta ocasión no me interesa la joven que has traído contigo. Lo siento preciosa, no es por ti. – Está hablándole

directamente a ella. – Pero mis manos solo le pertenecen a ella.

– Me parece bien. – Le responde él en inglés. – ¿Y ella?. ¿Podrá tocarla a ella?. ¡Ya conoces las reglas!.

– Si, ella podrá tocarla. Tú le indicaras donde. Sus manos y su boca serán las tuyas.

Se produce un silencio que me resulta un tanto incómodo. Veo como Aro recorre con sus grandes y toscas manos el cuerpo delicado de la joven. Manoseándola los pechos, retorciéndole los pezones, mientras ella se arquea hacia su hombro, abriendo más las piernas invitándole a que las manos de él

exploren su sexo.

Veo como él no me quita la vista de encima, siguiendo a la vez con atención el movimiento de las manos de Edward, cuando se sitúan en mi cintura buscando el cierre de la falda, deslizando muy despacio hacia abajo la cremallera, permitiendo que esta caiga libremente a mis pies.

Ayudada por Edward, la aparto de entre mis piernas. Sus manos vuelven a recorrer mis piernas, aunque en esta ocasión se detienen en mis muslos para deshacerse de mis medias. Primero de una y después de la otra. Los faldones de la blusa me cubren mi sexo, aunque puedo sentir el aire frio entre mis piernas.

– ¡Siéntate sobre mis piernas como ella!. – Sigue utilizando el inglés. Hago lo que me pide. Me pega a su cuerpo aferrando mi vientre hacia él. Puedo sentir su erección a través de la tela de sus pantalones contra mi sexo y mi culo desnudo.

Escucho como se quita la americana, y la corbata, mientras el hombre que está detrás de la mujer hace exactamente lo mismo, obligándola después a alzarse ligeramente y obligarla a ser poseída por el de forma abrupta. Por el gesto que ella hace puedo deducir que no estaba preparada para ello, aunque no parece molestarla, al revés.

Las manos de Edward comienzan a desabrocharme los botones de mi blusa, para después soltar el cierre frontal del sujetador, liberando mis pechos ante ellos e inmovilizarme los brazos a mi espalda colocando el cierre a mi espalda.

– ¡Enséñame su coño!. – Le dice a Edward, tras lo que abre mis piernas ante ellos, mostrando mi intimidad. Obligándome a reclinarme contra él. – Ábrelo para mí. – Le dice mientras comienza a moverla a ella sobre su polla. – ¡Tiene que estar delicioso!. – Le dice, cuando Edward con sus índices me abre ante él. – Lástima que no me permitas comérmelo.

Edward desliza un dedo en mi interior y después por el rabillo del ojo veo como se lo lleva a la

boca.

– Si. – Escucho como se chupa el dedo, que acaba de tener dentro de mí. – ¡Esta delicioso!.

– ¡Cómeselo!. – Le dice a ella tras colocarla a cuatro patas, moviéndose a la vez con ella,

colocándose de rodillas a su espalda, de forma que puede seguir moviéndose en su interior, facilitándola de esa forma el acceso a mí. Me remuevo entre los brazos de Edward, mientras me

inmoviliza con sus codos, manteniendo sus dedos en mi sexo, abriéndome para facilitarle el acceso a ella.

– ¡Tranquila!. – Me susurra al oído, mientras introduce su lengua en mi oreja, a la vez que siento la lengua de ella moverse sobre mi clítoris. –¡Eso es, entrégate a ella!. – Giro mi cabeza hacia el

encontrándome con sus ojos, baja su cabeza hacia mi buscando mis labios para comenzar a devorarme la boca. Siento como ella coge el ritmo de sus lengüetazos contra mi vagina al compás de

las embestidas de el contra su coño.

Edward absorbe cada uno de mis gemidos buscando el contacto de mi lengua, a la vez que sube sus manos por mi vientre hasta llegar a la base de mis pechos, los cuales los recoge entre sus manos, juega con mis pezones sin soltar mi boca. Cada una de las terminaciones nerviosas de mi cuerpo está completamente al límite. Ella sujeta con firmeza mis muslos, mientras continua torturando mi clítoris. Puedo sentir el aliento de cada uno de sus jadeos contra mi piel por los movimientos de el a su espalda. Siento que estoy a punto de explotar al igual que ella por lo que me entrego completamente a las caricias de Edward y de Renata.

– ¡Tiene la piel suave!. – La oigo hablar por primera vez, rozándome el clítoris con su aliento, mientras sube sus manos por mi regazo haciendo que Edward a parte las suyas de mi pecho y sea ella la que los amase con fuerza.

– ¡Córrete!. – Me susurra Edward tras abandonar mi boca. Mientras ella continúa torturándome con su lengua.

Comienzo a temblar a consecuencia del orgasmo mientras noto como Renata se sujeta con fuerza a mis pechos tratando de acompasar sus propias convulsiones a las mías. Cuando mi cuerpo se relaja, suelta mis ataduras deshaciéndose de mi ropa a la vez que me abraza con fuerza colocando sus brazos por debajo de mis sensibles pechos. Abro los ojos. ella los mira

fijamente, dándose cuenta de que son el doble de grandes que los suyos.

– ¿Son auténticas?. – Me pregunta poniendo cara de niña buena, a pesar de los restos de mi excitación en su boca. Se gira para besarlo a él suavemente, como si le estuviese pidiendo permiso.

– Ve. – La dice suavemente interrumpiendo su beso, animándola a colocarse de rodillas y tender su mano hacia mí. La mano de Edward me empuja hacia ella, y colocándome en la misma postura le tomo la mano que me ofrece mientras que con la otra rodea mi nuca atrayéndome hacia ella.

Sus suaves labios acarician los míos, a la vez que por instinto alzo mis manos hacia ella colocándolas en su mejilla. Me insta a abrir mi boca y lo hago sin pensar. Su lengua la invade,

explorando cada uno de sus recovecos, mientras desvío mis manos hacia a su nuca aprisionándola contra mí, devolviéndola el beso a la vez que nos abrazamos. Nuestros pechos desnudos se rozan, excitándonos mientras nuestro beso va subiendo cada vez más en intensidad. Puedo sentir la intensa mirada de los dos hombres en nosotras.

Mis manos descienden por su cuerpo atrapando sus pechos, y sin ser consciente de ello acabo tendida de espaldas sobre la mesa con ella sobre mí. Sus manos recorren mi cuerpo con destreza, mientras restriega su sexo contra el mío.

Cuando soy consciente de que su mano va a invadir mi intimidad alguien la aparta bruscamente de mí, consiguiendo extrañar el calor de su cuerpo. Abro mis ojos para descubrir la causa.

Me entra el pánico cuando veo a Aro con su polla completamente erecta a menos de un centímetro de mi boca, a la vez que inmoviliza mis muñecas con sus manos.

– ¡Edward!.– Grito desesperada, a la vez que cierro la boca con fuerza y comienzo a mover mi cabeza, mis piernas y el resto de mi cuerpo en general, de un lado a otro intentando evitar que

consiga su objetivo. Atrapa mi mandíbula con su mano, tras hincar una rodilla sobre mis muñecas, para darme un tortazo que me deja completamente aturdida.

– Estate quieta zorrita!. – Sus palabras consiguen lo que no ha conseguido con su cuerpo: inmovilizarme.

– ¡Apártate de ella hijo de puta!. – Le oigo gritar a Edward, a la vez que lo empuja apartándolo de mí. Me aparto de los dos hombres haciéndome un ovillo, pero la voz y la expresión de ella

lanzándose sobre mí, me hacen salir de mi sopor.

– ¡Follatela!. – Le dice a Marco, mientras sujeta mis muñecas con una de sus manos, a la vez sostiene una navaja con la otra, apoyándola ligeramente sobre la base de uno de mis pechos. Se

perfectamente que él podría deshacerse de ella con un solo golpe, pero la navaja con la que me amenaza prima frente a la fuerza bruta que pueda demostrar.

Me quedo completamente inmóvil mientras observo a Edward, mirándome con los ojos desencajados. El calor de lo que supongo es un hilillo de sangre correr hacia uno de mis costados

consigue que me convierta todavía más en una estatua.

Observo con pavor como completamente derrotado e impotente, Edward se arrodilla frente a mí mientras ella se aparta colocándose detrás de mi cabeza, manteniendo aprisionadas mis manos con una de las suyas por encima de mi cabeza, posicionando ahora el cuchillo muy cerca de mi cuello,

pero sin llegar a tocarme con él.

– Abre las piernas princesa– Me dice él muy suavemente en español, tratando de calmarme. A pesar de la dulzura que veo en sus ojos, estoy completamente paralizada.

– ¿Qué la has dicho?. – Le pregunta a Aro en inglés.

– ¡Abre las piernas princesa!. – Me dice nuevamente en inglés, mirándome con más dulzura casi que antes para después dirigir la mirada sobre el hombro de ella. Sé que Aro está de pie, justo detrás de ella mientras la acaricia suavemente la cabeza.

– ¡Perdóname amigo!. – Le escucho decir a Edward, puedo intuir que se lo dice sonriéndole, puesto que desde donde estoy no puedo verlo. – Me he imaginado lo que tiene que ser que una boca como esa te haga una mamada y no me he podido contener.

Me siento como un flan, todo el lívido que tenía hasta hace un momento ha bajado de cien a cero en un solo segundo. Dejo que sea Edward el que separe mis rodillas. Sus dedos perfilan mi sexo, deslizando sus dedos a lo largo del mismo.

– ¡No está preparada!. – Les dice sin dejar de vigilar el cuchillo que ella tiene en sus manos, mientras lo desliza por mi cuello descendiendo a lo largo de mi escote, dirigiéndose peligrosamente a mis pezones.

– ¡Si no te la follas ahora mismo, será el quien lo haga!. – Dice ella. Mi mirada se cruza con la de Edward, rogándole en silencio que termine cuanto antes. Veo como se suelta el cinturón deshaciéndose de los pantalones para descubrir su erección extrayéndola de debajo de sus boxers. Le veo escupir en

la palma de su mano, masajeándose su miembro justo antes de colocarse en mi entrada.

Se interna en mí de una única sacudida. Me arqueo contra él al sentir la dolorosa invasión. Cierro los ojos tratando de contener las lágrimas, mientras Edward se mueve dentro de mí de forma frenética, tratando de correrse lo más rápidamente posible.

– ¡Abre los ojos!. – Oigo que me dice Aro agachado junto a mi oído. – Es la primera vez que traes a una mujer que realmente te importe a una de nuestras reuniones. – Le dice a Edward, pero me mira a mí. – ¡No deberías haberlo hecho!.

Sin más escuchamos cuando salen justo en el instante en que siento como Edward se descarga dentro de mí. Aprisionándome con su cuerpo.

– ¡No llores!. – Me dice dándose la vuelta dejándose caer de espaldas sobre el tatami, y llevándome con él en su movimiento. – ¡Perdóname!. – Me abraza con toda sus fuerzas mientras

continua hablando. – ¡No tenía que haberte traído!. – Me obliga a tumbarme de nuevo de espaldas, mientras comienza a examinar mi cuerpo, recorriéndolo con su mirada y sus manos tratando de

comprobar la gravedad de mi herida bajo mi pecho. Saca un pañuelo de seda de su bolsillo para limpiarme los restos de su obra entre mis piernas. Cuando termina me da un beso en mi monte de venus, subiendo por mi vientre, mis pechos, utilizando

una de las esquinas del pañuelo para limpiar la herida. Continúa subiendo por mi cuello hasta llegar a mi rostro. Vuelve a utilizar el pañuelo para limpiar la herida que sé que me ha hecho al golpearme Aro, y que debe de dar un aspecto más escandaloso

de lo que realmente es, debido a la mezcla de mi sangre con mis lágrimas. – ¡Perdóname!. – Vuelve a decirme. Creo atisbar algo en sus ojos, algo de lo que soy consciente de que su boca no es capaz de expresar. Espero inútilmente a que esas palabras salgan de su boca: amor, mientras me voy obligando a dejar de llorar.

Me mira a los ojos mientras su boca se acerca a mí. En ese momento soy consciente que tengo que alejarme de él. Tengo que hacerlo de verdad, a pesar de que sé que estoy enamorada de él hasta las trancas. Tanto que le he permitido que me haya involucrado en un juego como en el que me ha hecho

participar.

Giro la cabeza en el instante justo en el que está a menos de un centímetro de mi boca. De fondo podemos escuchar a Natalie Imbruglia, como dice su canción "Torn", estoy tendida desnuda en el suelo, soy consciente de que me engañe a mí misma, y que nada de lo que hubo entre nosotros ha sido realmente de verdad.

– ¡Apártate!. – Le pido, mientras trato de empujarle con mis manos. Cuando al fin se aparta, me levanto buscando mi ropa. Me visto lo más rápido que puedo y guardo las medias en mi bolso. Mientras me visto, él se ha puesto en pie arreglándose también la ropa, colgándose la corbata del cuello, mientras observa cada uno de mis movimientos. Cuando es consciente de que estoy a punto de marcharme, se acerca a mí en dos zancadas, sujetándome por el brazo.

– ¡Eres mía Isabella!. – Le tengo frente a frente. No puedo contenerme, sé que no se lo espera. Alzo mi mano dándole una bofetada.

– ¡No vuelvas a tocarme en tu puñetera vida!. – Le digo casi en un susurro, apartándome de él rápidamente. No soy capaz de negarle que soy suya. Porque yo siento que sí que lo soy. – ¡Se acabó Edward!. – Le digo. – ¡Lo que sea que hay entre nosotros se acabó!.

Estoy a punto de salir, pero en el último momento me giro hacia él. No se ha movido del sitio donde le acabo de abofetear. Me acerco a él.

– ¿Quieres saber por qué he aceptado que me hagas esto?. – Le grito. – ¿Por qué he permitido que me azotes?. ¿Vengas a mi casa cuando te de la real gana?

– No lo digas Isabella. – Me dice mientras cierra los ojos. Lo sabe. Lo sabe y no quiere oírlo de mis labios.

– ¡Abre los ojos!. – Le ordeno, como muchas veces me lo ha exigido el a mí. Lo hace sin rechistar.

– ¡Porque te quiero!. ¡Porque estoy enamorada de ti!. – No puedo contener las lágrimas. Me las quito de golpe con mis manos. Veo como vuelve a cerrar los ojos mientras mantiene sus brazos

pegados a sus costados. Cerrando los puños con fuerza.– ¡Abre los ojos!. – Le exijo de nuevo. Lo hace. Me mira fijamente con los ojos encharcados pero no me dice nada.

– Seguiré trabajando para ti hasta Navidad. – Me mira con terror.

– Pero después de año nuevo no volvere. Creo que deberías empezar a seleccionar a otra incauta para poder follartela en

la oficina.

Tras decir eso último, me doy la vuelta y salgo por la puerta. Le escucho gritar mi nombre a mi espalda pero no vuelvo la vista atrás. Sé que si me alcanza y me toca, no podré resistirme a él.

Durante el trayecto a mi casa en el taxi, contengo las lágrimas, y me siento aliviada cuando me doy cuenta de que papá no ha vuelto aun a casa.

Me refugio en mi cuarto de baño. Me doy una ducha frotando con una esponja mi cuerpo con fricción, tratando de quitar las huellas de las manos de él sobre mi piel. Aunque sé que, aunque puedo eliminar los restos de su piel en la mía, lo tengo más difícil para arrancarlo de mi cabeza, de mi corazón y de mi alma. Es en ese momento que aprovechando el ruido del agua que arranco a

llorar, aprovechado que el ruido del agua silencia mis sollozos

.

.

.

POV EDWARD

Salgo detrás de ella todo lo rápido que puedo, pero no consigo alcanzarla. La llamo desesperadamente a gritos, bajo la atenta y curiosa mirada de los camareros que encuentro a mi paso.

Tengo la mala suerte que según sale del restaurante consigue parar un taxi.

Me quedo observando como poco a poco el blanco del taxi desaparece en la noche, mi primera intención es salir corriendo tras ella. Sé que puedo entrar en su casa y reclamarla como mía. Pero después recuerdo que no puedo. Su padre estará allí. ¿Y qué podría decirle?. ¿Qué le he roto por mi cabezonería y mi propio egoísmo el corazón a su hija?.

Me siento en el bordillo de la acera completamente derrotado. ¿Por qué me cuesta tanto pronunciar esas dos simples palabras en voz alta?. ¿Por qué ni tan siquiera soy capaz de pensarlas en

mi cabeza?. Me quito la corbata, y la enrollo en mi mano para guardarla después en el bolsillo de mi americana, donde me encentro con las pequeñas braguitas de Bella. Acaricio el encaje dentro de mi bolsillo, mientras me digo a mi mismo que debería dejarla ir. No la merezco. No merezco lo que siente por mí. Ella se merece a alguien que sea capaz de quererla, demostrárselo y decírselo todos los días. Ella no se merece a alguien como yo.

Me levanto despacio y camino más despacio aun hasta mi coche. Tras ponerlo en marcha, no soy capaz de ir a mi casa. No quiero ir a una casa vacía, donde sé que nadie me espera. Estos últimos

meses me he acostumbrado a ir a su casa, dormir abrazado a ella. Sin darme cuenta aparco a pocas calles de su casa, pero dirijo mis pasos hacia el Bar. Me siento en la barra y le pido al

camarero, un whiskey sin hielo. Por la expresión de mi rostro ya saben que no tienen que decirme nada, tan solo rellenar el vaso según vaya descendiendo su contenido. Cierro los ojos tratando de recuperar de mi memoria su risa, la expresión de su rostro cuando estaba entre mis brazos dormida, sus ojos grises casi trasparentes en el momento que con mis manos, y mi lengua conseguía que alcanzase el orgasmo. Su cuerpo desnudo entre mis brazos.

Cuando siento una liguera humedad recorriendo mis mejillas, me doy cuenta de algo que hasta ahora me he querido negar a mí mismo. Abro los ojos de nuevo y me digo a mi mismo que tengo que recuperarla, no puedo permitir que vuelva a casa con su padre. Sé que desde allí sería imposible recuperarla.

Cuando miro a mí alrededor de nuevo, me doy cuenta de que ya no estoy en el local. Estoy tumbado en una cama. Me giro hacia la izquierda instintivamente buscando su piel desnuda arropada

bajo las sabanas de lino y con olor a lavanda a las que me he acostumbrado en tan poco tiempo. De repente, soy consciente de que es el mismo olor, el mismo tacto de las sabanas, pero no es el cuarto de Bella. Es una habitación algo más pequeña que la suya, la luz que entra por la ventana y a la que poco a poco mis ojos han ido acostumbrando revelan unas pareces pintadas en tonos crema.

Me siento en la cama apartando el edredón con el que estoy cubierto, dándome cuenta de que alguien se ha encargado de quitarme los zapatos pero estoy completamente vestido.

Mis pantalones y mi camisa, parecen harapos de lo arrugados que están. Me siento, en el lateral de la cama, apoyando los pies en el suelo, para sentir como todo a mí alrededor comienza a darme vueltas.

Me llevo mi mano a mi mejilla izquierda y automáticamente todo lo sucedido el día anterior viene de golpe a mi cabeza. La reunión con Aro y Renata. Lo que me obligaron a hacerle a Bella. La

horrible visión de aquel cuchillo cortando la piel de melocotón de mi princesa. Sus lágrimas corriendo por sus mejillas por el dolor no solo físico que la cause. Recuerdo que conduje hasta

pocas calles de su casa, pero que termine entrando en el Bar. Aquel vaso de whiskey. Otro más que le siguió, y otro, y otro. Pero hay un punto desde el cual ya no soy capaz de recordar. No se cómo acabe donde estoy ahora mismo, y lo que es peor, no sé exactamente dónde estoy.

Reuniendo todas las fuerzas que creo tener, consigo ponerme en pie, impulsándome con mis manos. Nuevamente todo me da vueltas, pero tras dar un paso, logo alcanzar la bola de forja que

corona uno de los laterales de los pies de la cama, consiguiendo mantener el equilibrio. Una llamada de urgencia de mi vejiga, me recuerda nuevamente todo lo que bebí anoche. Antes de intentar recuperar a mi Bella necesito urgentemente.

Uno. Localizar un baño.

Dos. Encontrar mis zapatos, así como mi chaqueta y mi abrigo, para poder marcharme de donde quiera que esté.

Tres. Tras averiguar dónde estoy. Buscar donde demonios aparque mi coche anoche y conducir hasta mi casa. Darme una ducha y vestirme como una persona decente.

Cuatro. Confesar a mi princesa lo que siento por ella.

Cinco. ¡Ya veremos cual será el siguiente paso!.

0o0o0o0o0o

Como ven en inicio dice epílogo. Eso quiere decir que esta adaptación llego así fin.

¡Si! La autora lo ha dejado ahí, hasta ahí llega el libro, el final, nanay que hay algo mas.

Si, se que ustedes tienen una cara de querer matarme o a la autora en este caso, por el final tan incompleto, si porque yo también quise hacerlo, pero busque, busque y no hay mas. Fue como dicen que se llama un betseller (creo que así se dice) entonces, quien me lo recomendo casi la mato, pero me dijo que fue años desde que esta así, quedo en continuarlo pero no lo siguió y así quedo. . .

.

.

.

Ahora hay un pero (los peros a veces son buenos) cuando leí el libro quede inconforme así que como ya estaba en este maravilloso mundo del fanfiction, asi que mi imaginación empezo a volar y escribí una continuación, llevaba 2 capítulos escritos, pero como saben mi computadora murió, así que se perdieron. He estado reescribiendo los capítulos, así que si quieren que los suba y continúe la historia, que ahora sera de mi invención. Pues ya saben dejen en los comentarios sus opiniones de si quieren o no.

Si este capitulo tiene mas de 15 o 15 comentarios yo subiré la continuación aquí mismo.

Así que ya saben dejen comentarios.

Ya saben son mi paga.

Nos leeremos pronto si ustedes gustan y me lo permiten. Si no. Pues nos vemos en mis demas historias. Recuerden que esta sola es una adaptción. Los capítulos que se añadan ya serán de mi invención.

Historia: La tentación. - Adaptación: Seducción.

Locura realizada...

Cambio y fuera...

JaneAntoCullen