Declame
Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.
Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.
A Lavender le iba bien, pensó Hermione cuando entro en el salón de belleza. Moldes de escayola estilo veneciano en las paredes, baldosas de pizarra en el suelo, un candelabro de cristal y una recepcionista que parecía la hermana rubia de Julia Roberts sentada detrás de un escritorio antiguo.
— ¿Puedo ayudarles? —pregunto la mujer mostrando una cálida sonrisa. Increíblemente, casi no miro a Draco.
Había cierta desventaja en el hecho de ser una simple consultora experta. Las manos de Hermione buscaron su identificación en el bolso hasta que le recordó.
— Me gustaría hablar con la señorita Brown. Estoy segura de que está ocupada, pero soy una vieja amiga. —Hermione sonrió—. Dígale que Hermione Granger quiere verla.
— ¿Una vieja amiga? —dijo Draco en voz muy baja mientras la mujer hablaba por el teléfono interno.
— Después.
La recepcionista ya había terminado y se puso de pie.
— Acompáñenme, por favor.
Hermione siguió a la estilosa y delgada rubia de metro ochenta al salón principal, un sitio a la moda con palmeras de dos metros y medio, baldosas decorativas, olor a productos químicos y mujeres. Todas y cada una de ellas miraron a Draco al pasar.
Quizás la recepcionista fuera lesbiana.
Cruzaron una puerta en la parte de atrás que conducía a una zona más utilitaria del local, un corto y enmoquetado pasillo que tenía sendas puertas en ambos extremos. Hermione intentó hacer un esfuerzo no muy intenso de convencerse de que su corazón latía de alivio. No había estado segura en absoluto de que Lavender fuera a recibirlos.
Pero el alivio no hace que te suden las palmas de las manos. Se detuvieron delante de la puerta del extremo este. El clon de Julia llamo brevemente, abrió y dio un paso. Todavía sonreía.
El despacho de Lavender estaba decorado en un estilo kitsch muy caro: una palmera de neón en una esquina, sillas rosadas y peludas para los visitantes, un escritorio de cromo y cristal. Lavender no estaba detrás de ese escritorio, sino que estaba de pie delante de la ventana, observando el exterior. Vestía un top muy corto, elástico y de color fucsia, y unos pantalones ajustados de talle bajo que dejaban al aire el aro que llevaba en el ombligo.
Se volvió cuando se cerró la puerta y sus cejas se arquearon.
— Draco. No te esperaba. Pero ya que estas aquí… —Miro a Hermione y sus labios se curvaron en las esquinas—. Podríamos intentar un trio. El sofá es un poco pequeño, pero siempre nos queda el suelo.
Hermione se ruborizo y se irrito sobremanera.
— ¿Eso quiere decir que no te importa tener sexo con un asesino? ¿O que no te importa quedarte desnuda con un hombre a quien has intentado inculpar por un asesinato?
— Oh, te has vuelto muy dura. —Sacudió la cabeza, y por un segundo Hermione creyó ver esos grandes ojos que Lavender se había sentido un poco dolida—. Supongo que no estás aquí para hablar de los viejos tiempos.
— Supones bien. Debería mencionar, también, que no estoy aquí en calidad de policía. Estoy ayudando al FBI en su investigación.
— ¿El FBI? —Lavender se pasó una mano por su pelo—. Que miedo. ¿He mencionado ya que no le hago asco a nada? —Examino a Hermione de arriba abajo con esa sonrisa gatuna en sus labios—. Me gusta tu chaqueta.
— Gracias. ¿Quién te persuadió para que mintieras sobre haber visto a Draco la otra noche?
— No mentí. —Miro a Draco y se encogió de hombros—. No era mi intención causarte ningún problema, cariño.
— Cómo puedes ver, el problema no ha sido muy grave. —La sonrisa de Draco era afilada como el filo de un cristal roto—. Pero creo que mentir a los federales crea unos problemas más serios y permanentes.
— Puede ser que me equivocara, pero aquel tipo se parecía a ti. —Lavender señalo las sillas peludas de color rosa—. Sentémonos. ¿Puedo ofrecerles algo? Tenemos un buen chardonnay, o quizás prefieran una limonada si quieren ser corrector por estar de servicio.
Dejar que Lavender eligiera el tema de conversación no iba a ayudar. La mujer mantendría el control todo el rato.
Hermione camino hasta ella.
— Esas personas, a las que estas protegiendo, son asesinos. ¿Sabes lo que le hicieron a Hannah Abbott? La destrozaron, en su propia casa, donde ella pensaba que estaría a salvo.
Lavender saco la lengua y se tocó el labio superior.
— Estoy segura de que es terrible, pero no tiene nada que ver conmigo. Quizá me equivocará al decir a quien vi aquella noche, quizá no. Sea como sea, no soy culpable de nada.
— ¿Qué hacías allí? No esa noche, que según tengo entendido estabas en el club. Al día siguiente, cuando resulto que viste los coches policías aparcados frente a la casa de Hannah y te acercaste a ver qué pasaba.
— Vaya, suena muy raro de la manera que lo cuentas. —Lavender inclino la cabeza hacia un lado y rozo la mejilla de Hermione con un dedo—. Sabes, cariño, tu piel es bonita, pero no creo que ese color de maquillaje de base te vaya bien. Te hace parecer amarillenta. Podría proporcionarte toda una paleta personalizada con nuestra marca personal. Te encantara.
Hermione no llevaba maquillaje.
— No has respondido a mi pregunta.
— Para alguien que no está aquí en calidad de policía, suenas como uno. —Se encogió de hombros—. ¿Por qué no? Ya le conté todo a aquel otro policía. Dejé el bolso en el club, y no me di cuenta hasta que quise pagar el taxi. —Hizo una mueca—. Déjame que te diga que el taxista no fue muy comprensivo. Tuve que despertar a unos vecinos para pedirles dinero, y tampoco fueron muy compresivos. Al día siguiente volví por él.
— ¿Por qué usaste un taxi?
Lavender suspiro fastidiada.
— Entre tú y yo, cariño, tengo un pequeño problema con mi carne de conducir. Últimamente uso taxis para ir a todas partes.
— El Club Infierno está a dos manzanas del apartamento de Hannah Abbott. ¿Cómo pudiste ver a Draco tan claramente como para identificarlos desde esa distancia?
— Pase a su lado con el taxi, cariño. No sé si el taxista lo vio o no, pero yo siempre me fijo en Draco. —Mostro una sonrisa sesgada.
Hermione asintió lentamente, preguntándose si ellos, quienes fueran, habrían dispuesto que un hombre saliera del apartamento de Hannah en el momento justo para que lo viera el taxista.
— Es una buena historia, Lavender. Muy bien atada.
— ¿Historia? —Las finas cejas de Lavender se arquearon por la sorpresa—. Cariños, yo no soy la que se inventa historias sobre donde ha estado o adónde va. Esas eras tú y Sarah…
Hermione sintió que le faltaba el aire. ¿Fue por mi culpa? ¿Me has culpado todos estos años? Pude haber dicho que no, convencer a Sarah de que no lo hiciera… Recupero el aliento.
— Muy buena. Conectar eso. Pero ya no tengo ochos años y puedo defenderme. Quizá debas recordar eso porque te conviene que sea tu amiga. Estas de mierda hasta el cuello, aunque seas demasiado tonta como para verlo.
La ira relampagueo en los ojos de Lavender.
— Bueno, bueno. No es necesario insultar.
— Piénsalo bien. Si viste al asesino, estas en peligro. Si no lo viste, si has mentido por alguna razón, estas en más peligro todavía.
— Qué bonito que te preocupes por mí. —La voz de Lavender se convirtió en un susurro—. Pobre pequeña Mione. Te gusta la seguridad, ¿no es verdad? Después de lo que paso no puedo culparte. ¿Te metiste a la policía porque te sentías más segura con un arma y un uniforme entre tú y los tipos malos?
Esa también ha sido buena, pensó Hermione. Pero Lavender siempre había sido una experta en golpes bajos.
— El asunto es que sé que no viste al asesino. Porque el asesino no estaba allí.
Las delgadas cejas se arquearon.
— Vaya, esa sí que es buena. ¿La mato sin estar allí?
— Sí. Veras. A Hannah no la mato un lupus. La mataron por medio de la hechicería.
Por un segundo, el miedo inundo esos ojos expresivos y familiares. Lavender soltó una risa nerviosa.
— Creo que ves demasiadas películas.
— ¿Recuerdas que he dicho que estaba trabajando con el FBI? El caso es suyo ahora. El asesinato por medio mágico es un crimen federal… el único que conlleva pena de muerte automática.
Durante un segundo, Lavender no dijo nada. Después, se encogió de hombros como si nada de aquello le importara, y se dio la vuelta.
— Tengo que volver al trabajo, querida. Te agradezco mucho que te hayas molestado en contarme todos esos pequeños y fascinantes detalles, pero…
Hermione la agarro por el hombro y la detuvo.
— Escúchame. Ellos ya no te necesitan para nada. Sabemos que Malfoy no lo hizo, así que tú eres un cabo suelto. Crees que no te harán daño mientras tengas la boca cerrada, pero ellos no lo ven así. Podrías cambiar de opinión. Mientras sigas viva, podrías decidirte a hablar. Y la persona que mato a Hannah puede llegar a ti y detener tu corazón en cualquier momento.
— Vaya. —Estaba intentando hacerse la dura, pero ni ella misma se lo creía—. Tienes mucha imaginación.
Hermione no dijo nada y dejo que la imaginación de Lavender hiciera todo el trabajo.
Lavender miro hacia otro lado mientras jugueteaba con un pendiente. Después volvió a mirar a Hermione.
— ¿Y qué pasaría si te dijera que alguien me pidió que dijera lo que declare? ¿Me meteré en líos?
— Intentare que no haya cargos contra ti por obstrucción a la justicia.
— Bien. —Lavender se mordió un labio—. Está bien. Fue Zabini. El me pidió que dijera eso.
— ¿Blaise Zabini?
Lavender asintió. Su labio inferior sobresalía como el de un niño enfadado.
— Él y yo estábamos juntos, ahora sí, ahora no. Ya sabes. Así funciona con los lupi. Pero cuando toca es… oh, madre mía. —Su sonrisa asomo brevemente, engreída, y desapareció de nuevo—. Últimamente no nos veíamos mucho, y yo esperaba cambiar eso de alguna manera. No sabía que iba a hacer a esa pobre mujer, pero supongo que sí que sabía que iba a causarle problemas a Draco. Pero no me di cuenta de lo grave que podía ser. De verdad, no lo sabía.
Reviews= autora feliz= capítulo más rápido.
