Fics de Naruto.

Quantum Ninja.
Capítulo Veinticinco: La Cueva de las Maravillas.

Las hermanas Hyuga habían logrado descifrar el mapa, gracias a las anotaciones que había dejado la Hinata de ese mundo. Así que, juntas, como hermanas, se encaminaron a una nueva aventura, la cual las llevó al punto más remoto de Japón. Siguiendo las indicaciones el mapa, lograron encontrar el punto exacto donde debería estar el famoso talismán, en una cueva muy profunda y peligrosa.

—¿Por qué una cueva? —protestó Hanabi—. Un talismán debería estar en un templo. Pasamos varios templos de camino acá.

—No hagas dramas Hanabi-chan, necesitamos encontrar ese talismán pronto.

—¿Por qué tanto apuro Nee-san? Te mueres por ver a Naruto-kun.

—No fastidies Hanabi.

—¡QUÉ TENGO EN EL CABELLO!

Hanabi gritó al sentir algo moviéndose sobre su cabello, su grito, para mala suerte, molestó a los murciélagos de la cueva y empezaron a volar en todas direcciones.

—Solo era una gota de agua que te cayó.

—Gomen.

—No importa ya, debemos escondernos ahora.

Ambas hermanas corrieron a buscar refugió detrás de una rocas.

—Genial, ahora me harán vampiro.

—Ves muchas películas, hermanita.

—Así y porque estás escondida conmigo. Sal y enfréntalos.

Hinata se inclinó un poco para ver si los murciélagos ya se habían calmado, pero justo pasó volando uno cerca de su oreja. Asustada, regresó a refugiarse con Hanabi.

—No gracias, no traje mi cruz ni mis ajos.

—¡AJA! Ves, también les temes.

—No grites —Hinata le tapó la boca a su hermana—. Despertarás más murciélagos.

—Esta bien, entonces que hacemos mientras se calmen.

Hanabi se levantó un poco para ver a través de las rocas.

—No, aun no podemos salir. Siguen habiendo muchos.

—¿Qué te parece si conversamos?

—Y de que. Eres mi hermana mayor, no creo que me guste andar contándote mis secretos.

—Bueno, yo empiezo. Recuerdas el primer día que llegó Naruto-kun a casa.

—Ah si, el día que le hecho encima un cuenco de Ramen a papá en la cabeza. Fue divertido, aunque estaba más entretenida molestándote.

—Si, lo recuerdo —exclamó Hinata molesta.

—Pero para que lo mencionaste.

—E-es qu-que y-yo… no e-era la pri-primera vez que lo vi.

—¡LO SABIA!

El gritó de Hanabi lanzó a volar un nuevo grupo de murciélagos.

—Perdón.

—Ya que, tendremos más tiempo para conversar.

—¿Cuándo viste por primera vez a Naruto-kun, Nee-san?

—Fue luego de fallar contra ti. Papá llamó a Kurenai-sensei y yo escuché lo que decían. Estaba muy triste, pero Kurenai-sensei me amino. Luego me llevó a conocer la Academia Ninja y ahí vi por primera vez a Naruto-kun.

Los ojos e Hinata parecían iluminarse al recuerdo de aquel bello momento, Hanabi solo sonreía feliz.

—¿Y qué paso? Te vio y el amor brotó de ambos.

—En realidad no. Estaba tan nerviosa que solo atine a esconderme detrás de un muro, donde lo veía de lejos.

—Oh. Y luego.

—Pues solo me quedé observándolo, era el único alumno en la Academia además e mí. Practicaba sin descanso el lanzamiento de las Kunais. Yo solo lo veía de lejos.

—¿Cómo una acosadora?

—Sí, como una aco… —Hinata se sonrojo mucho—. ¡HANABI-CHAN!

Hanabi solo estalló en risas, el grito de Hinata, las dejo esperando otro buen rato a que los murciélagos se calmaran.

—Por cierto Nee-san, ¿cómo sabías que tendría un diario?

—Supuse que si estabas enamorada de Naruto-kun, te gustaría anotar como yo, todo lo que pudieras de él —sonrió Hinata, Hanabi estaba muy sonrojada—. Parece que no me equivoque.

—¡Nee-san!

—Gomen, pero al menos ya estamos a mano.

Las hermanas se quedaron en silencio un momento.

—Sabes, es lindo tener un momento así, Hanabi-chan.

—Ya lo creo, sin las absurdas reglas del clan o sin que papá nos tenga separadas.

—Tu entrenamiento no te da mucho tiempo libre, verdad.

—No, papá es muy exigente. Si logró una hora libre al día, es mucho tiempo.

—Si, se como piensa papá —Hinata trató de imitar a su padre—. "Un día sin entrenar, te debilita lo de tres. Dos días sin entrenar, te atrasa una semana. Tres días sin entrenar y empezaras desde el comienzo. Te quedo claro, Hanabi".

Ambas hermanas empezaron a reír al recuerdo de su padre.

—Imitas bien a papá.

—Lo sé, he estado practicando.

—Sabes Nee-san, a veces creo que tú eres la que tuvo suerte.

—¿Por qué lo dices?

—No estas atada a las rigurosas reglas del clan, como yo. Eres una deshonra, nadie espera nada de ti.

—Gracias, creo.

—Gomen, no lo decía con esa intención.

—No te preocupes, lo entendí bien. Pero como diría Neji-niisan, cada una tiene su propio destino.

—Lo sé. Tú serás la mejor Kunoichi fuera del clan.

—Y tú serás la futura sucesora dentro de nuestro clan.

—Espero, realmente es mucha presión.

—No, ya verás que lo lograras. Por cierto, ya no se oye ruido.

Ambas hermanas miraron dentro de la cueva, los murciélagos ya se habían ido, eso o se quedaron dormidos por la platica de las dos hermanas. Por fin, Hanabi y Hinata regresaron a su aventura.

—Nee-san, es un solo deseo o son dos. Uno para cada una.

Hinata y Hanabi estaban brincando entre las rocas, había una especie de lago fangoso en la cueva a la que habían llegado. Lo peor, es que sus linternas estaban quedándose sin baterías.

—No lo sé, realmente. Supongo que es uno por persona.

—Genial. Si tú pides regresar a Naruto-kun a la vida. ¿Puedo pedir algo yo?

—¿Qué pedirás Hanabi-san? O es un secreto y no debo saber.

—No es secreto. Quería pedir regresar a nuestro mundo.

—Pero si hacemos eso, no tendremos más aventuras como esta. Cuidado resbalas, Hanabi-chan.

Hinata le dio la mano a su hermana, para que pudiera cruzar el último tramo sobre las rocas.

—Gracias, Nee-san. Yo creo que ya tuvimos muchas aventuras o no.

—Pe-pero si aca-acabamos esto —Hinata había empezado a jugar con sus dedos—. N-no po-podré decirle a Na-Naruto-Kun, qu-que y-yo lo… —Hinata se puso muy roja.

—¿Qué tú lo amas? —Hinata se puso aun más roja—. Ya debe saberlo.

—¿Tú crees? —Hinata miró muy esperanzadoramente a Hanabi.

—Claro, estamos hablando de Naruto-kun. No puede ser tan idiota como para no haberse dado cuenta ya, de que te muere por él —Hinata casi se desmaya—. ¿O quizás si? —Hanabi se puso a recordar, sus aventuras junto al rubio—. Pensándolo mejor, el muy idiota debe ignorarlo completamente.

—¿Por qué lo dices? —Hinata miraba a su hermanita muy confundida.

—Es que… en una ocasión, le dije a Naruto-kun…

—¿Le dijiste?

—Pu-pues, que tú eras alérgica a él.

—¿Alérgica?

—Si, ya sabes. Cuando lo ves y empiezas con el… "Na-Naruto-kun", te pones toda roja y luego eso que haces con tus dedos.

—¿Hago con mis dedos?

—Si, ya sabes. Eso que juegas con tus dedos índices.

—No entiendo.

—Mejor sigamos, las linternas ya están por apagarse.

Hanabi y Hinata reanudaron su misión, aunque Hinata aun se preguntaba sobre que había estado hablando su hermana menor. Al final, sus linternas se apagaron por completo y el resto del camino, tuvieron que usar su Byakugan.

—Es bastante molesto esto —comentó Hanabi, eludiendo una estalactita—. Con el Byakugan todo se ve blanco, incluso las rocas que ya lo son.

—¿Preferirías tener el Sharingan?

—¿El ojo ese rojo de los Uchija?

—Si.

—Fuchi, no. El Byakugan es más sutil, ese ojo rojo se ve como si se hubieran desvelado una semana.

Hinata rió ante este comentario.

—Pues si usas mucho el Byakugan, tus venas quedarán marcadas y se te harán arrugas más pronto.

—¿En serio?

Hanabi desactivó de inmediato su Byakugan, estrellándose con una roca.

—No lo decía en serio, Hanabi-chan.

—Me hubieras avisado que bromeabas —Hanabi solo se sobo la frente—. ¡BYAKUGAN!

Las hermanas reanudaron su camino, con una Hanabi algo malograda y una Hinata, que no dejaba de reírse de su hermana menor

—Nee-san, ya no te rías.

—Perdón. Es que te crees todo.

—Mentira. Yo no me creo todo lo que me digan.

—Sabes, dicen que el Sharingan evolucionó del Byakugan.

—Aja, eso sino no te creo.

—Es cierto, una vez le oía a papá decir algo al respecto —Hanabi ahora estaba dudando acerca de lo que Hinata le contaba—. Pero jamás le tomo mucha atención a lo que dice.

—No te creo nada.

—Bueno, allá tú. Pero cuando tengas un hijo con un Doujutsu diferente, No me reclames.

El resto el camino, las dos hermanas pasaron en silencio. Esquivando todo tipo de trampas, con la ayuda del Byakugan. Incluso les fue sumamente sencillo, encontrar la salida de un laberinto, que sin el, les hubiera tomado días.

—¿Qué dice ahí, Nee-san?

Por fin llegaron ante una enorme tabla de piedra, llena de jeroglíficos y demás símbolos raros.

—No se. ¿Quién me crees, Indiana Jones?

—No, pero tal vez tu diario mágico nos diga que hacer.

—Es verdad.

Hinata sacó su diario y comenzó a revisar sus notas. Pero no decía nada acerca de aquella enorme tabla de piedra. Además, el Byakugan no parecía ayudarles mucho. Tan solo les mostraba unas cuantas imágenes más brillantes que otras.

—Creo que aquí acaba todo Hanabi-chan. No sé que hacer.

Hanabi se acercó a las imágenes más brillantes y trató de tomar una, entonces, un sonido como de engranes se escuchó y la enorme tabla de piedra, se abrió en dos.

—¡Hanabi-chan! ¿Cómo lo sabías?

—¿Sabía qué? Yo solo quería llevarme esa cosa que parecía una serpiente brillante. La quería poner en mi cuarto.

—Por eso te adoro, hermanita.

Las dos hermanas entraron, frente a ellas yacía el tesoro de un rey. Pero en el fondo de aquella gruta, estaba lo más preciadas para ellas. Un extraño talismán brillante, que no se parecía en nada, a los talismanes de los templos Sintoístas.

—Lo encontramos, Nee-san.

Hinata se acercó al talismán y lo tomó entre sus manos, luego lo acercó a su pecho y con cerrando muy fuerte los ojos, hizo su deseo.

—Por favor, revive a Naruto-kun.

Pasaron los minutos, pero nada parecía suceder.

—¿Lo habrás pedido mal?

Hinata volvió a desear nuevamente lo mismo, pero al igual que antes, no paso nada.

—¿Se le habrá acabado la magia?

—A lo mejor debo pedir con más fe —Hinata tomo aire y casi al borde de las lágrimas, volvió a pedir su deseo—. ¡Por favor! Narut-kun es mi vida, tú eres un talismán que puede cumplir cualquier deseo. Mi hermana y yo hemos venido de muy lejos, solo para pedirte un deseo. ¡REVIVE A NARUTO-KUN!

—Lo siento —se escuchó una voz, ambas hermanas estaban asustadas—. No puedo cumplir tu deseo.

—¡Lo sabía! Todo esto era una farsa. Te lo dije Nee-san. Nadie puede revivir a los muertos.

Hinata estaba en el suelo, de rodillas, apretando el talismán, sus lágrimas caían directamente sobre este.

—Si necesitas una vida por otra. ¡Toma la mía! Pero revive a Naruto-kun, por favor.

—Nee-san.

—Lo siento —nuevamente se escuchó aquella voz—. No puedo cumplir ese deseo.

—¿Hay algo raro aquí? Donde he oído esa voz antes. ¡YA SÉ!

Hanabi le quitó el talismán a Hinata y lo miró detenidamente.

—¡NO ES UN TALISMÁN! Es el sello de ese maldito zorro rojo que estaba metido en Naruto-kun.

—¿El sello del Kyubi?

Hanabi le enseño el "talismán" a Hinata. Tenía escrito en un extremo la palabra "Sello" y en el otro "Kyubi", además llevaba la firma de un tal Minato.

—Eh Kyubi, te habla Hanabi. No soy tan blanda como mi hermana mayor. Así que, o cumples su deseo o te quemó.

Hanabi encendió una fogata usando un Jutsu de fuego. Pero no hubo respuesta, aunque cuando acercó el talismán al fuego, pequeñas gotitas de sudor brotaron de él.

—No quieres hablar, peor para ti.

Hanabi estaba por tirar el sello al fuego, cuando…

—¡ESPERA! No serías capaz, solo blufeas.

—No se que sea eso, pero como me sonó a insulto, te vas al fuego.

Hanabi lanzó el talismán a la fogata.

—¡SÁCAME! Haré lo que digas.

Hanabi sonrió maliciosamente, Hinata estaba muy asustada de ver, que la única oportunidad de salvar a Naruto-kun, se estaba quemando.

—Esa voz me gusta —Hanabi apagó el fuego, con la poca agua que quedaba en su cantimplora—. Ahora, quiero acceso a deseos ilimitados.

—¿Me crees genio o qué? Solo tendrán un deseo cada una.

—Ah sí… —Hanabi intentó encender otra fogata, pero ya no tenía más fósforos—. Rayos, ya no me sale mi "Jutsu".

—Solo era un truco, maldita mocosa.

—Vas a ver, remedo de perro súper desarrollado —Hanabi estaba por tirar el talismán lo más lejos que podía, pero Hinata se lo quitó de las manos—. ¡Nee-san!

—Pedón Hanabi-chan, pero lo necesito para revivir a Naruto-kun.

—Ya te dije niña. No puedo cumplir ese deseo.

—¿No eras el rey de los Bijuus? El muy muy, el que lo podía todo. Solo son habladurías. No puedes revivir ni a un muerto.

—¿Es eso acaso? —Hinata estaba muy triste, miró suplicante el talismán—. No puedes revivir a Naruto-kun.

—Soy el Rey de todos los Espíritus. Puedo hacer lo que sea, incluso romper las leyes que rigen a la muerte. Pero aunque puedo revivir a los muertos… No puedo revivir a esa persona.

—¿Por qué? Odias a Naruto-kun, es eso —Hanabi estaba peleando nuevamente con el Kyubi—. Lo odias porque en nuestro mundo el te tenía prisionero.

—No idiota. No puedo revivirlo… Porque el no esta muerto.