¿Qué tan profundo es tu amor?
[Levi. A]
Había visto el rostro de Eren deformarse en varias expresiones completamente distintas la una de la otra en los cinco minutos que seguía sin decir nada. Primero su rostro fue un poema de sorpresa combinada con la confusión, para luego, casi de inmediato dar paso a una expresión de seriedad y reflexión profunda, pero ahora sólo me miraba como si acabara de confesarle que era un agente secreto de la NASA y que era cierto que existía vida en Marte y las sirenas en el profundo mar.
Pasaba su incomoda mirada de mí al suelo y de ahí se quedaba bastante tiempo mirando el árbol que le daba sombra a su automóvil, esperando que éste mágicamente le diera la respuesta que tanto le costaba dar y que sus neuronas se freían en el intento de hallar.
—Nada— Dije, sabiendo que Eren no diría nada, al menos en un buen rato. Sus apenados ojos fueron a dar tímidamente a mí casi de inmediato.— No tienes que decir nada, no es tu obligación hacerlo.
Ésta vez fui yo quien no pudo sostenerle por demasiado tiempo la mirada y en vez de mirar esos ojos verdes llenos de contradicción, preferí ahora mirar el interesante árbol que Eren había estado observando tras largos segundos que a mí me sabían a horas enteras. Sin darme cuenta en qué momento sucedió, terminé deslizándome sobre el coche de Eren hasta que mi trasero tocó el suelo. Y él, seguía ahí, sin decir palabra alguna y tomando mi ofrecimiento que no lo obligaba a decir algo.
Esperaba que se fuera y me dejara allí con mi miseria, pero no se movió de donde había estado parado, se quedó como estatua en su lugar.
—Las últimas semanas en lo único que he podido pensar es que quiero que Mikasa se vaya para que podamos seguir juntos, como antes— Confesé de pronto, armándome de valor y enfrentando la mirada desconcertada de Eren.— Nunca quise que esto terminara así, pero me gustas demasiado y no hay remedio... aunque al final resulte repugnante para ti.
Arrugué ligeramente el entrecejo y espere paciente por lo peor, por escuchar a Eren decir "sí, es repugnante", pero no sucedió. En vez de eso, él también se dejó caer a mi lado, su brazo y el mío rozando, podía sentir su curiosa mirada sobre mí pero la valentía se había ido por el caño y ahora era demasiado cobarde para sostenerle la mirada como lo hice minutos atrás.
Eren se removió un poco inquieto en su lugar y sin quitar los verdes ojos de mí, por fin se animó a hablar:
—¿Sabes?— Su voz saliendo rasposa y al mismo tiempo temblorosa de sus labios, evidenciando a alguien que estaba tratando de controlar lo que saldría de su boca.— Hace tiempo que creo que ya lo sabía, parece que te engañé a ti y a mí, haciéndonos creer que no me daba por enterado.
Tan rápido que casi daba miedo mis ojos fueron a dar con su rostro serio, en su mirada no había nada que delatara que estuviera bromeando, ni mucho menos mintiendo, lo decía completamente en serio y eso me hizo sentir bastante idiota. Ahí estaba yo, sintiendo que en cualquier momento podía infartarme, acababa de liberarme de mi estreñimiento emocional y él tan tranquilamente decía que lo había sabido todo este tiempo, ¿cómo podía estar tan tranquilo cuando yo estaba a punto de colapsar?
—Puede que lo parezca, pero no soy un completo tonto, Levi, comencé a pensar en ello un par de veces... tal vez más— Apartó la mirada de mí y frunció un poco los labios, su mirada estaba perdida en algún punto que yo no lograba ubicar; luego, agregó:— Hanji lo llegó a insinuar tantas veces, y lo cierto es que eres demasiado obvio. Annie, Mikasa, yo... parecía tan evidente ante los ojos de las demás personas que no fueran tú mismo. Y por si lo olvidas, las personas que me criaron fueron dos hombres, así que no me parece repugnante, nunca me pareció de esa forma. Ni siquiera cuando comencé a plantearme la idea.
Me sonrió sinceramente, con aquella amabilidad de quien no tiene intención alguna de salir huyendo por semejante confesión, entonces fue como si todas y cada una de las cosas comenzaran a tomar su debido lugar en el universo. Había previsto tantos posibles escenarios desastrosos y ahora simplemente se habían diluido en la sonrisa de Eren, me daba gracia pensar que uno de esos posibles escenarios involucraba a Eren soltándome un puñetazo. Era evidente que no conocía ni un poco a Eren, o quizá, sólo estuve sumido en mis miedos que olvidé quién era él en realidad.
Me sentía satisfecho con los resultados que había obtenido una precipitada y torpe confesión de amor, sin embargo, no quería que eso cambiara nada de lo que había obtenido hasta ahora. No quería, bajo ninguna circunstancia que ahora Eren me tratara diferente, le dije lo que sentía por él, ya no había vuelta de página, allí estaba y era lo mejor que podía hacer. No había posibilidad alguna de que repentinamente él dijera que quería probar suerte conmigo, al final del día seguía siendo heterosexual y es algo que no podía cambiar de la noche a la mañana, o siquiera cambiar.
Y lo único que deseaba para mí, era mantener eso que me unía a él, aquel vinculo de falsa hermandad del que Eren tanto alardeaba que teníamos. Falsa porque yo nunca podría verlo con un hermano, yo quería besar sus labios.
—Eren, por favor, olvida lo que dije— Nuevamente nuestros ojos hicieron contacto, los de Eren volvían a mostrar aquel brillo de confusión.— Hagamos de cuenta que jamás dije lo que dije. Sigamos siendo hermanos, ¿puedes?
Eren pestañeó un par de veces y su bonito ceño se frunció, supe que estaba a punto de protestar porque lo conocía al menos un poco.
—Deténlo un minuto, tú sólo hablas de lo que sientes, pero ¿qué hay de mí?— Arqueó ambas cejas y me miró con reproche.— ¿De lo que yo pienso de esto? ¿de lo que... siento?
—Sé perfectamente lo que vas a decirme, no quiero escucharlo.
—¡Pero Levi..!
—¡Eren! ¡por favor!— Levanté apenas un poco la voz, lo suficiente para hacer callar las protestas de Eren.— ¿Podrías respetar mi decisión?
Estaba siendo egoísta, como hace un rato, como ahora, como siempre. No quería escuchar el típico discurso que dicen todos, tenía suficiente conmigo mismo repitiéndolo en mi mente una y otra vez, en un círculo que no tenía final. No necesitaba que Eren me lo reafirmara, estaba bien si sólo seguía siendo un poco cobarde y un poco egoísta por hoy.
Eren no insistió, pareció resignarse a no exponer sus pensamientos y simplemente permaneció inusualmente callado, haciendo exactamente lo que le pedí, aun a costa de que él mismo tuviera que morderse la lengua para no comenzar con una nueva pelea y obligarme a escuchar algo que hoy y quizá nunca tendría ánimos de oír.
Las personas de intendencia y algunos profesores pasaban para poder ir a encontrarse con su persona especial, o a deprimirse en su misera soledad como yo y Eren, y él los miraba con atención, sin tener que hacer otra cosa más que eso. Dije que no quería saber lo que pensaba, pero ahora que lo veía tan serio y pensativo a mi lado, lo único que deseaba era saber qué clase de cosas pensaba sobre mí, sobre él, sobre nosotros, sobre el maldito amor.
Todo era tan malditamente confuso, de alguna forma se había tornado un tanto extraño. Con ambos sin decir nada, con ninguno de los dos dispuestos a irse hasta que el otro decidiera que ya era hora de dejar en el olvido este asunto. Si antes había sentido el asqueroso sentimiento de querer vomitar gracias a las jodidas mariposas que había sentido antes de confesarle que me gustaba, ahora sólo sentía vacío. ¿Había dicho mariposas? No, con Eren nada era tierno, ni suave, ni delicado, pero tampoco lo era conmigo. No eran mariposas las que tenía en el estomago, eran jodidas abejas asesinas con enormes aguijones que se clavan en los intestinos y lastiman.
Suspiré con cansancio, últimamente me sentía de esa forma siempre.
—Eren... escucha— Exclamé en voz bajita, pero él me había escuchado, siempre lo hacía.— No es que no me interese lo que piensas, o sientas... de hecho es todo lo contrario, pero es que ya lo tengo bien claro. Tú y yo sólo somos amigos y seguiremos de ésta forma por siempre, ¿no?
Pereció pensarlo bien por varios segundos, luego una sonrisa juguetona apareció en sus labios. Levantó ambas cejas con coquetería varias veces y codeó mis costillas en un gesto juguetón antes de decir:
—Bueno, ya sabes... salvo por ese alocado romance que tendremos una vez al año.
Y entonces supe que esa era su forma de lidiar con todo esto, de hacer que la tensión entre ambos se fuera y que de esta manera fuera más sencillo de hablar. Supe que ésta era su peculiar manera de decir "me importas, no de la manera que tú quisieras pero a fin de cuentas me importas, quiero que estés bien". Fue esa razón por la que no pude evitar sonreír y arrugar un poco la nariz en el proceso, sintiendo aquella ternura que sólo Jaeger puede causar con tal facilidad.
—Sí, salvo por ese romance en el que no congeniaremos nunca.— Asentí, dejándome llevar y siguiéndole el pequeño juego a Eren.
—Por eso será alocado, siempre estaremos peleando.— Agregó con una sonrisa llena de complicidad.
—Definitivamente, todo el maldito tiempo.
—Lo que nos conducirá a tener sexo salvaje— Lo miré con una ceja arqueada y a cambio, obtuve una mirada de él que parecía decirme "es obvio, Levi", sin embargo, se apresuró en agregar.— Es para liberar la tensión del momento y esas cosas, ¿no es así como funciona?
Ésta vez una carcajada escapó de lo profundo de mi garganta, negué rápidamente ante los maravillosos pensamientos y conjeturas de Eren. Lo peor de todo es que él tenía razón en al menos una cosa, siempre estaríamos peleando con perros y gatos, pero al final, uno terminaría sometiendo al otro, era lógico pensar que sería a base de sexo.
Tal vez en un mundo paralelo podríamos ser así.
—Eres un puerco, siempre estás pensando en eso.
Concluí sin quitar la pequeña sonrisa que había en mi boca, Eren sonrió amplio y encogió los hombros fingiendo inocencia. En lo que a mí concernía, parecía ser que todo estaba igual, tal y como cuando Eren no sabía que me gustaba, o fingía no saberlo. No estaba tan del asco seguir como siempre, era mejor a que Eren terminara rechazando incluso mi amistad, lo único que esperaba era que el enamoramiento no me durara para siempre, aunque Eren no me estuviera dejando más opciones.
Y sin que me lo esperara en ningún momento, Eren terminó recargando su cabeza en mi hombro y suspirando largamente. Lo miré un poco confundido y otro poco avergonzado, el perfume de su cabello podía llegar hasta la punta de mi nariz, cosquilleando ese lugar para luego escabullirse hasta mis fosas nasales.
Repentinamente me di cuenta de que el cabello de Eren estaba creciendo y que él no parecía incomodo por ello y que a mí tampoco me desagradaba, de hecho, me gustaba el pequeño cambio. Carraspeé un tanto incomodo ante mis pensamientos y moví un poco el hombro, en un intento de llamar su atención.
—¿Te das cuenta de que esto es demasiado gay, incluso para mí?
Pregunté con cierta burla y él no tardó en reír discretamente, a pesar de eso, se acurrucó aun más a mi lado y luego bostezó con algo de pereza.
—Está bien, es catorce de Febrero— Exclamó, parecía tan relajado que nada más importó.— Por hoy está bien si fingimos un poco que...
Pero dejó su frase a medias, como si se hubiera arrepentido de lo que sea que iba a decir. No quise insistir y preguntar, arruinaría el momento que Eren se había esforzado por hacer ameno y no tan incomodo. Cuando menos cuenta me di, él ya había cerrado los ojos y su respiración se había vuelto lenta: se había quedado dormido y me dio cierta gracia pensar en lo ridículamente fácil que había sido para él dormirse sobre mi hombro, en una posición bastante incomoda para ambos.
Permití que permaneciera así cerca de diez minutos, tal vez sí, estaba bien si fingíamos un poco que ambos sentíamos lo mismo, aunque sólo fuera por hoy. La burbuja se rompió, sin embargo, cuando sentí que Eren comenzaba a babear sobre mi camisa, fluidos, asquerosos fluidos saliendo del cuerpo de alguien más, qué asco.
Comencé a empujarlo, al principio suavemente, pero al ver que no respondía a mis llamados comencé a hacerlo de manera más brusca. Abrió los ojos con algo de pereza y volvió a bostezar, ni siquiera se detuvo a limpiarse el fino hilo de saliva que escurría de una esquina de sus labios. Y pensar que mi deseo primitivo era besarlo, era asqueroso y anti higiénico de veinte formas distintas, no señor.
—Quítate, Jaeger— Decía mientras limpiaba la saliva que Eren había dejado en mi camisa, con un pañuelo que siempre cargaba conmigo.— Tu cercanía comienza a irritarme.
El moreno se talló los ojos y luego me dedicó una sonrisa llena de burla.
—Ya comienzo a reconocerte— Comentó con simpleza, como si eso lo aliviara de alguna forma, luego se colocó de pie y sacudió el polvo de su ropa.— Estoy de acuerdo, volvamos a ser los machos alfa que pretendemos ser.
Asentí y de inmediato me coloqué de pie también, sacudiendo mi pantalón y dándome cuenta con horror que estaba demasiado sucio. En cualquier momento me daría un ataque.
—Yo un alfa— Dije con tranquilidad, mientras abría la puerta del coche de Eren para subirme en él.— Tú, un pobre intento de ser humano.
Y tal vez por quinta vez en el día, volví a reír ante las protestas infantiles de Eren.
Así, los días pasaron tan rápido como en un parpadeo. El tema de que Eren me gustaba no volvió a ser tocado, Annie y yo continuábamos peleando a la hora de los almuerzos, pero parecía ser más por rutina y costumbre que porque nos siguiéramos cayendo mal. Por otro lado, Hanji y Armin se habían vuelto más cercanos, hasta el punto en el que ahora la cuatro ojos hacía llamar a su "team" con Armin Science bros. Lo que dejaba a Eren y Mikasa, ella seguía celosa de cuanta chica se atravesara en el camino del idiota ese, parecía estar esperando la oportunidad perfecta para hacer que ella y Eren regresaran.
Pero de Eren ya no estaba seguro qué pensar, había días en los que la depresión de ver como él veía a Mikasa cuando ella estaba distraída, terminaba por aplastarme. Pero había otras veces en las que no parecía interesado en ella, como si estuviera determinado a dejar esa parte de su vida en el pasado, era bastante complicado saber qué era lo sentía por ella. Desde que le había confesado que me gustaba, pareció poner cierto espacio entre él y ella, al menos en mi presencia no le decía, ni le hacía nada que me pudiera incomodar a mí.
Lo cual agradecía bastante.
Desde el momento en que Eren y yo volvimos a ser cómplices de un secreto que nos involucraba a ambos, había decidido que era hora de que comenzara a preocuparme un poco más por mí. Los últimos meses había estado actuando como si no fuera yo mismo, Jaeger tenía razón, era tiempo de ordenar mis prioridades, aunque en ellas, Eren siguiera figurando como una de las más importantes en la lista.
Hanji ya estaba enterada de lo que había sucedido aquel caluroso catorce de febrero y parecía entusiasmada con la idea de que por fin el idiota de Eren ya supiera de mis sentimientos, dijo que era apenas un pequeño paso, pero que por lo menos ahora él ya me tenía en cuenta como algo más que un simple amigo. Zoe aseguraba que a partir de ahora, yo sería el pensamiento más recurrente del castaño y pensar en aquella posibilidad me hacía feliz.
La primer semana de marzo se había ido tan rápido que apenas tuve tiempo de procesarla, entre exámenes, exposiciones y elaborados proyectos en equipo. Sin mencionar que éste sería uno de los meses más complicados en el club de periodismo, ya que se tenía que hacer un reportaje sobre la organización del tan ansiado baile de primavera y eso incluía entrevistar y seguir muy de cerca a cada maldito organizador, decorador, encargado de sonido e incluso, andar detrás de pequeños grupos de chicas para preguntarles con quién irían, qué vestido usarían y todas esas tonterías, que para mí no tenían sentido.
Nunca terminaría de entender el por qué se emocionaban por algo tan banal como un frívolo baile de primavera. ¿Para qué festejar la llegada de la primavera en primer lugar? No había nada de lindo en ella, sol, calor insoportable, todos pegajosos y transpirando, las malditas abejas por todas partes y sin mencionar a las moscas zumbándote en el oído. Pero ahí estaba media escuela —en su mayoría las chicas—, haciendo todo lo posible para que absolutamente todo saliera perfecto. Gastando horas libres y esfuerzo en coordinarse para que ni un sólo detalle arruinara la noche especial.
Tiempo, esfuerzo y dinero invertidos en una inservible nada, entendía que para las chicas de último semestre era algo así como importante, después de todo, éste sería su último baile de primavera y querían conservar el nostálgico recuerdo como una buena experiencia. Sin embargo, no entendía como chicas como Hanji Zoe, que ni pareja tenía, parecía hacerse muchas ilusiones.
Annie iría con Armin, eso era seguro. La semana pasada se había peleado a muerte con Mikasa por un vestido escarlata que a ambas les había gustado, la pelea la ganó Annie sólo porque la otra Ackerman no logró entrar en el ajustado vestido con corte de sirena. Eso provocó que Mikasa se deprimiera por una semana entera y se negara a comer, alegando que estaba hecha una vaca.
Al final y a regañadientes, termino por comprar un vestido negro que había visto en una de esas tiendas que estaban de moda. Hanji me había obligado a ir con ella a buscar un vestido decente, me arrastró a varias tiendas y al final ninguno convenció al extravagante gusto de Hanji y dijo que mandaría arreglar el vestido de graduación de su fallecida madre. Todo el mundo estaba vuelto loco con éste baile que prometía ser uno de los mejores por generaciones, y se auguraban tiempos más oscuros y difíciles con el baile de fin de curso.
Para nadie era un misterio con quién iría Eren éste año al baile de primavera, todos apostaban y ponían sus manos al fuego porque iría con Mikasa. Pero había quienes bromeaban diciendo que él la dejaría plantada por irse con su más reciente amor: Rivaille. Mikasa nunca hacía ningún comentario acerca de eso, imaginaba que tenía que morderse muy fuerte la lengua para no salir con ningún reclamo para Eren.
Y Jaeger, él no parecía tan entusiasmado con la idea de ir al baile, a diferencia de los demás chicos de su generación que esperaban ansiosos para invitar a la chica de sus sueños. O las pobres ilusas que aún creían tontamente que Eren las invitaría. Mikasa estaba inquieta y más deprimida que de costumbre y todo se resumía a que Eren no la había invitado al baile todavía, ni siquiera se lo había insinuado por error.
No estaba seguro de si él lo hacía a propósito para hacer sufrir a la chica, pero de lo que sí estaba seguro era de que desde lo que pasó con Rivaille... él no parecía demasiado entusiasmado con cosas que implicaran chicas, bailes o noviazgos. Si bien era cierto que estaba loco por Mikasa, también lo era que ni siquiera regresar con ella parecía entusiasmarlo.
Últimamente parecía que él sólo quería enfocarse en subir sus notas para no deber materias al final del ciclo escolar y entrenar con su equipo para las próximas finales en mayo.
—Levi— En algún momento la voz atormentada de Mikasa me llamó, yo había ido a observar el entrenamiento de Eren y ni siquiera note cuando Mikasa mandó a descansar a su grupo de animadoras, que entrenaban en el otro extremo de la cancha.— ¿Crees que podamos hablar?
Preguntó sentándose a mi lado y dejando sus pompones dorados a un lado. Encogí los hombros sin mucho interés, parecía que las cosas entre nosotros ahora fluían tan natural que yo ya no tenía que fingir que la soportaba, porque en realidad comenzaba a agradarme.
—Seguro, no es como que tenga algo mejor que hacer.— Respondí sin quitar la mirada de los jugadores, de Eren a punto de desfallecer por el esfuerzo constante y el abrumador calor.
Cuando la azabache no dijo palabra alguna por un buen rato, la miré de reojo para darme cuenta de que sólo estaba indecisa en preguntar lo que sea que quería saber. De inmediato supe que debía tratarse del moreno que protestaba por las cincuenta sentadillas que el entrenador le había mandado hacer. Eren tenía ese poderoso efecto en mí y en ella, tenernos siempre a la expectativa de lo peor.
Yo comenzaba a resignarme de poco en poco que él y yo sólo tendríamos ésta amistad y nada más, pero suponía que Mikasa aún tenía esperanzas de que las cosas entre ellos se arreglaran finalmente y volvieran a donde se quedaron. Pero de los dos, ella era quien siempre podía tener esa posibilidad de tener a Jaeger.
—No quiero que pienses que intento saber algo, de hecho, no quiero. Pero la verdad es que estoy desesperada— Confesó con ansiedad, por fin captó mi atención y pude ver que hacía un esfuerzo sobrehumano por contener las lágrimas.— Levi, dime la verdad por favor, ¿Eren irá al baile con Rivaille?
Suspiré con aburrimiento y rodé los ojos con hastío. Rivaille parecía seguir siendo el mayor de mis dolores de cabeza, volví a prestar atención a los entrenamientos.
—No, Mikasa, no irá con Rivaille a ningún lado, eso se acabó hace mucho. ¿Sabes que te lo he dicho un millón de veces ya?— Contesté desinteresadamente.— Deja de preocuparte por eso.
—¡Pero Eren no me ha invitado!— Gruñó con frustración, como si esto estuviera sobrepasándola.
—Entonces invítalo tú, eso es lo que hacen las chicas de ahora, ¿no?
Torcí un poco los labios, luego enarqué una ceja y le dediqué una mirada inquisitiva a Mikasa, ella parecía un poco escandalizada con la idea de ser ella quien diera el primer paso. Nadie le explicó que Eren no tenía que hacer todo, ya no estaba tan mal visto que las chicas fueran las que invitaran a salir a los chicos, a Mikasa le venía perfecto aquel rol de mujer fuerte e independiente, quizá ya era de lo que pusiera a prueba.
—Pero, ¿qué hay de Rivaille?
Insistió nuevamente y yo estaba a nada de perder la poca paciencia que se me otorgó el día de mi nacimiento. Ésta vez me volteé por completo para verla con seriedad, iba a cerrar ese estúpido ciclo de celos enfermizos que Mikasa tenía por alguien que no existía.
—Nada, Rivaille nada, se fue y puedo asegurarte que no volverá— Apreté los labios con fuerza, esto me dolía demasiado pero ya estaba decidido.— Adelante, ahí tienes tu oportunidad con Eren. Si tu amor por él es tan profundo como proclamas, es hora de que dejes en paz lo que sucedió con Rivaille y empieces a hacer que algo suceda contigo. Mikasa, ella no volverá.
Mikasa enmudeció, me miraba con los ojos bien abiertos. Parecía que la claridad había venido por fin a ella, se relamió los labios con algo de nervios y tímidamente preguntó:
—Entonces, ¿tú crees que deba invitar a Eren al baile?
—Sería... lindo que lo hicieras, él no va a decir que no.
Sus ojos llorosos nuevamente recuperaron el brillo y sus pálidas mejillas pronto se tiñeron de un adorable sonrojo.
—¿Y crees que sea buena idea decirle que lo amo?
Pestañeé varias veces, era ridículo decir que me había dado ternura oírla decir aquello como si fuera el secreto más bonito de todo el puto universo, pero había sido tierno. Entrecerré los ojos y tragué saliva con fuerza, sólo Odín sabía cuánto me odiaría por esto el resto de mi vida, pero el amor era sacrificio, ¿verdad? Fue mi turno de relamer mis labios, miré una vez más a Eren de reojo y luego regresé la mirada a la chica frente a mí, para decir con la voz más suave que tenía...
—Por qué no.
¡Hola a todas/os!, espero que se encuentren muy bien y que estén teniendo un excelente fin de semana. Después de mucho tiempo sin actualizar por aquí, al fin puedo hacerme un poco de tiempo, en fin, espero que el cap de hoy haya sido de su agrado. Y sin nada más que agregar, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos! ✨
All the love, Dragón. 🐉🌹
