Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Los opuestos se atraen
(Opposites Attract)
Un fic por Hella
Traducción por Apolonia.
Vegeta voló tan duro como pudo para huir de la escena que había dejado. Lo más lejos que estuviera de ella, menos posibilidades habría de doblegarse y volver a ella. Aunque sabía que no lo haría, eso simplemente no era de él. Pero se había sentido... difícil, irse. Una parte de él quería quedarse, una gran parte. Pero como estaba ahora. No podría, él le había dicho, no todavía.
Así que se lanzó a toda velocidad, voló girando sobre las nubes, o al menos lo más lejos posible del suelo así no podía ver nada más excepto los árboles rodeando la zona. Necesitaba pensar.
No puedo volver, pensó. No quiero que una mujer piense que es degradante ser mía. Y ella es mía, ¡debería ser capaz de tratarla como deseo! Pero aún cuando pensó eso, todo en él se rebeló ante el perverso pensamiento. Ella lo trataba a él con todo el respeto que alguien puede mostrarle a una persona, sin pensar en ella misma o en cualquier cosa que ella quisiera a cambio de él. Es cierto, usualmente se burlaba de él e incluso una o dos veces lo detuvo con su ácida lengua, pero no más de lo que él le había hecho a ella. Y él admiraba eso en ella, la habilidad que tenía de discutir con él y ganar, a pesar que una mujer menor estaría temblando de miedo con simplemente verlo, sabiendo quien y que era él. Y a pesar que él mostró poco afecto hacia ella, en la más rara ocasión se abrió a ella, ella... lo amaba. A él. ¿Cómo podría no mostrarle el respeto que ella merecía, después que ella le dio ese regalo? E incluso aún más que eso, le dio un hijo. Un niño de extraño parecer, cierto, su sangre humana hizo una burla del verdadero color Saiyajin. Pero es su hijo sin embargo. No había sido completamente capaz de creer la manera en que ella cargaba al niño, con semejante amor y protección que apenas podía ocultar. No que él quisiera que ella lo haga. Ese era su hijo al que ella le había sonreído, su abierto amor brillándole en sus ojos azul mar.
Había pensado a menudo tiempo atrás que si ella se quedaba embarazada de su heredero, ella lo rechazaría. Nunca supo realmente porqué había pensado de esa manera, un pequeño esbozo de inseguridad que se había enterrado bajo su escudo y realmente nunca lo abandonó. Después de todo, ¿qué uso había en un heredero del imperio Saiyajin, si no había nada que darle al niño? Su vida era un desperdicio, nunca heredaría lo que debía. Lo que no era en sí un terrible pensamiento, concedió Vegeta. Las costumbres en el palacio Saiyajin demandaban que el heredero matara al Rey para ganar su trono. No se permitía nada más que fuerza suprema para sentarse en el trono, y si el Rey era más débil que su hijo, su hora llegaría cada vez más pronto. Si recordaba bien, fue esa la razón por la cual nunca había subido a reclamar el título de Rey. Él no había sido quien mató a su padre. Y ahora que el Planeta Vegeta no estaba más, quizá no sería tan terrible que su hijo no sea el que lo mate. Si lo tenía como quería, 'Trunks' nunca sabría del ritual.
Parpadeó y curvó los labios con el pensamiento del nombre del niño. ¿Quién o qué la había poseído para llamarlo así? Era un nombre humando del cual él casi podía enfermarse. Increíblemente tan poco Saiyajin. Pero no se podía hacer nada por eso, no había estado cerca a la hora de nombrarlo para impugnar el horrible nombre.
Lo que le molestaba un poco. Algo no se sentía del todo bien sobre eso, estaba seguro ahora que había sido su Ki el que había sentido en el complejo ese día. Aún así, se sentía como que algo no estuvo bien, algo más que el hecho que él no estuvo cerca en ese momento. Quizá se enteraría en otro momento, sabía que no se olvidaría. Sus instintos eran su voz interna de más confianza, en batalla permanente. No se equivocarían sobre esto.
Siguió volando, profundamente en las montañas envuelto espesamente entre la noche y los árboles. Aún más profundo, en la zona más oscura que pudo encontrar en esta larga noche. Incluso sus desarrollados sentidos no eran capaces de ver completamente en la oscuridad, aunque por lejos eran mucho mejores que el de los humanos. Aún así, no era un dios. Se sonrió a sí mismo. No todavía, de todas formas. Después de derrotar a Kakarotto, no había nadie más fuerte que él. Sería lo más parecido a una deidad mortal. Sí, mortal. Ya no quería más la inmortalidad. ¿Qué sentido tendría ser siempre joven y poderoso sin desafíos esperándolo? No podía pensar en algo peor que eso en el reino de los vivos. Y morir sería su castigo por lo que había hecho en su pasado. Destruir mundos no era un pequeño crimen, y últimamente se sintió casi esperando ser limpiado de todo eso. Sabía que semejante cosa era imposible, y a menudo alejaba esos pensamientos. Mientras llegaba al sombrío bosque, se preguntó débilmente si todos esos profundos pensamientos eran la influencia de Bulma en él. Nunca antes había actuado tan introspectivamente, y exactamente no le gustaba, tampoco.
"Maldición, ¿por qué estoy plagado de esto?" se murmuró a sí mismo. "Pensamientos de cosas que no puedo cambiar; cosas que no quiero ser. Nunca tuve este problema antes yo—" detuvo sus palabras. Todo esto empezó cuando la conoció, pero sus pensamientos se volvieron hacia él cuando se fue. Y no le gustó lo que su mente le arrojó. Una egoísta, insolidaria alma quemándose brillantemente con la llama del orgullo. Un frío guerrero que era una plaga para la vida, a quien no le importaba nada o nadie. Un hombre que a pesar de sus mejores esfuerzos para enterrarse bajo capas de determinación de ser el mejor, estaba por siempre sólo. Por la única cosa que había dicho preservar a cualquier costo. Su orgullo Saiyajin. ¿Cómo podía aliviar sus pensamientos sin dejar ir eso? ¿Cómo podía mantener su orgullo sin hacerle a la mujer lo que ya le había hecho una vez antes? ¿Cómo podía volver con ella... con su hijo? Sabía que ella le daría la bienvenida en su casa otra vez, por el bien del niño solamente, si no podía superar su propia batalla interior para reconocerla. No había tratado de chantajearlo con el niño, no que eso pudiera haber funcionado. Había tratado eso que él hubiera sabido entonces y ahí que ella no fuese quien él pensaba que era, y se hubiera ido en ese segundo, sin mirar atrás. Era lo suficientemente inteligente para ver eso, si la idea se le cruzó alguna vez por la cabeza. Ella lo conocía.
Pero si lo conocía tan bien, ¿por qué no vio que él nunca podría hacer lo que ella le pidió? Excepto que ella haya visto algo que él no vio. Pero supo que eso era imposible. Pero el otro pensamiento se torció. ¿No podría hacer algo? ¿No podría? ¿El Príncipe de los Saiyajin, orgullo de los Saiyajin era incapaz de hacer esto? Se rió amargamente. El viejo título. Había profesado desde el momento en que nació en defender el orgullo Saiyajin. Desde entonces eso había su título. Orgullo, ¡maldito endemoniado! Era incapaz de volver con ella con su orgullo intacto, y era su orgullo el que lo hacía incapaz de hacer esto. Una paradoja, de seguro.
Cerró los ojos brevemente. Su cabeza estaba comenzando a doler, y supo que su problema no se resolvería entonces y ahí. Sentándose en la base de un árbol, se inclinó y miró las estrellas que se filtraban entre las ramas de los árboles tranquilamente, maldiciendo su miserable existencia en las mayores profundidades de su alma.
Bulma abrió la puerta de su casa con una mano, sosteniendo al adormecido bebé en la otra. Se deslizó silenciosamente, dejando sus llaves en la mesa de la cocina y dejando la bolsa de Trunks en un lugar más seguro que su hombro. Sus movimientos eran todos mecánicos, no estaba exactamente concentrada en las acciones que estaba haciendo. Quizá, pensó, estaba en un severo estado de shock por todo lo que había sucedido. Después de tanto tiempo... Vegeta no había sido exactamente la persona más cálida hacia ella, pero en sí nunca lo era. Aún así, había sido como un despertar, verlo de nuevo. Los recuerdos volvían, eso era todo lo que podía decir. No hubo recuerdo que incluso estuviera cerca de una simulación con lo que fue realmente verlo de nuevo. Corrió su cabello tras su hombro y parpadeó en la semi oscuridad. Después que Vegeta se hubiera ido, ella se había disculpado profundamente con Chi-chi, pero le había dicho que necesitaba irse a casa. Su amiga había entendido su razón y fue más empática que enfrentadora por su precipitada salida.
Bostezando fuertemente, siguió su camino a través de la apenas iluminada habitación y se dirigió a las escaleras. Sus padres se habían ido a la cama hace mucho tiempo, y aborrecía despertarlos por encender las luces. Sosteniendo a Trunks contra ella, caminó a la guardería y lo acostó en su cuna gentilmente, con cuidado de no despertarlo. Esperó con todas sus fuerzas que él durmiera el resto de la noche. Era muy tarde, cerca de amanecer, por lo que no mantuvo muchas esperanzas que él durmiera mucho. Saiyajin o no, había algunas formas que este niño podía actuar del mismo modo que un bebé humano actuaría. Suspirando un buenas noches a su dormido hijo, cerró la puerta y caminó a su propio cuarto, parpadeando adormecidamente. Se desvistió silenciosamente en la oscuridad y se deslizó en su cama, donde se recostó por un largo tiempo, mirando fijamente al cielo raso. Aunque tan cansada como se sentía entonces, sabía que para poder dormir faltaba mucho tiempo. Sus pensamientos estaban llenos de exactamente una persona. No sabía si ella era lo suficientemente paciente para esperarlo hasta que estuviera listo a volver con ella, si es que alguna vez lo está. Tan mercurial como Vegeta pudo ser, no pudo alejar el pensamiento de que él se enfermaría de ella y simplemente nunca volvería. Aunque la había mirado casi molesto antes cuando ella le dijo que no serían nada para el otro si él se mudaba otra vez para entrenar a Trunks ahora. Pero eso pudo ser porque ella lo había sacado de su cama, no por cualquier otra razón más profunda...
Cerró la puerta de un golpe ante todos esos pensamientos. La confianza era lo que se pedía para permanecer cuerda, Vegeta nunca estaría así por ella. ¿Cómo podría? Ella era la única persona que él había dejado acercarse alguna vez, y en la única que parecía confiar. Si él podía hacer eso, ella también. El pensamiento la estabilizó lo suficiente para calmar sus dolorosos pensamientos un poco. Vegeta había dicho que volvería. Simplemente no había sido capaz de hacerlo ahora. Ella podía esperar.
Fue tan buena como se lo prometió a sí misma; esperó. Pero no se sentó de brazos cruzados, de hecho siguió con su vida una vez más. Comenzando a darse cuenta que actuar como una solitaria no venía de ella, comenzó a actuar como su viejo yo otra vez. Aún así, no pudo revertirse completamente, tenía un niño a quien cuidar. Pero creció aún más animada, probando sus habilidades en la cocina y experimentando con ellas, para el mucho placer de su madre. Retomó su historia de amor con salir de compras, y ahora la guardería de Trunks parecía como algo apropiado para un niño príncipe. Exactamente como ella lo quería. No contenta con la re decoración del cuarto de su hijo, incluso pasó por una fase de decoración interior, usando una de las dos habitaciones en el otro lado de la casa para ponerse a trabajar, su madre tomó la otra. Mientras que su estilo se había adquirido algo de un tema de 'Noches Arábigas', su madre tenía gustos más tranquilos. Después que el producto estuvo terminado, estuvieron de acuerdo que dejarían los cuartos como estaban, pero dejaron las ideas cerradas junto con las habitaciones. Aún así, Bulma la miraba una vez cada tanto, preguntándose a que clase de persona le quedaría bien una habitación como esa, y mucho menos querría estar en ella. Sólo una única persona le quedaría bien una habitación como esa.
Aparte de eso, también volvió a ponerse en forma, volviendo a nadar en la piscina familiar otra vez. Sus recuerdos aparecieron cuando miró a la piscina la primera vez después de mucho tiempo, y no pudo más que soltar una pequeña risita. Había sido lo que parecía casi una eternidad desde ese día en la piscina. Sin embargo, atesoró el recuerdo de tener al poderoso príncipe envuelto en algo como una batalla de agua. Había perdido, pero aún así, rió por el recuerdo. Y por supuesto cuidó a su hijo a través de todo eso, el pequeño niño traía más luz a su vida que lo que podrían cientos de soles. Tras el transcurso de casi tres meses, miró su expresión desarrollarse, vio su inseguridad, sus torpes movimientos comenzar a ser algo parecido a un gateo ante sus propios ojos. Sólo parecido, aún era medio humano. Aún así, estaba casi segura que él le había sonreído una o dos veces, y si ese no era el brillo de Vegeta a través de él entonces ella estaba loca.
Estaba más feliz ahora que de lo que podía recordar en muchos meses, y se sintió en control con sí misma. No era tampoco la promesa de volver de Vegeta, finalmente había despertado y comenzado a vivir después de hablar con Chi-chi. Su amiga la ayudó de más formas de la que ella sabía. Pero algunas cosas no se habían resuelto aún, y en retrospectiva adivinó que fue cuando Kami tomó las riendas.
Era una tranquila tarde la que pasó caminando en el parque local, sosteniendo a Trunks en sus brazos mientras paseaba envuelta por los verdes caminos. Hablándole suavemente, mientras él susurraba y tiraba de su cabello, le dijo sobre la clase de plantas que vieron al pasar, preguntándose si Trunks tendría un amor por la ciencia cuando creciera. Tal vez por la forma que miraba fijamente y con los ojos abiertos a las plantas y flores a su alrededor, sería un botánico. Tal vez...
Estaba completamente absorbida en lo que estaba haciendo, y nunca vio una figura en su camino hasta que se topó directo con algo. Quejándose, casi perdió su equilibrio y cayó, Trunks se agarraba de ella. La persona con la que ella se topó la agarró por los hombros para sostenerla, y tan pronto como recuperó sus sentidos, alzó su vista a la persona.
"Hey amigo, por qué no miras..." lo miró y tragó. "Hola Yamcha."
Yamcha parecía justo igual de sorprendido de verla. Estaba solo, y debió haber caminado sin darse cuenta cuando chocó con ella. Pero justo entonces pensó que el accidente era la última cosa en su mente. Sus ojos se pegaron a Trunks con casi un hipnótico sentido de concentración. Parpadeó.
"Bulma, ¿de quién es ese niño?" preguntó suavemente, casi distantemente. Ella hizo un gesto de dolor y tomó un profundo respiro.
"Mío, Yamcha."
La calma meditativa ni siquiera estaba funcionando. Nada funcionaba, maldición. Ni siquiera dormir le ofreció ningún consuelo últimamente, lo poco que tuvo estuvo plagado de sueños. Maldiciendo, se puso de pie y golpeó a un árbol que estaba cerca tan fuerte como pudo. La desafortunada cosa se desarmó en cerca de tres mil trozos de madera, sus raíces se salieron del suelo mientras lo derrocaba. Pequeños pedazos de tierra flotaban en el aire, haciendo la luz del sol nebulosa.
Vegeta miró a su mano irritadamente, antes de maldecir otra vez. Por solamente fines sólo de pelea, deseó que Kakarotto estuviera cerca, pero el idiota descerebrado se había ido otra vez con su hijo y el Namek. Maldito entrenamiento en el hielo, eso era algo que exactamente él no necesitaba. No que hubiera ido ahí o a otro lugar de todas formas. No, él estaba ahí en soledad, no en un determinado humor para hacer algo excepto matar. Tenía que haber una manera para ganarse su paz, pero estaría condenado si podía encontrarla. Pensamientos de la mujer y su propio patético lugar en el mundo casi lo habían llevado contra una pared. Casi tres meses de esta tortura lo habían llevado casi a su límite, y todavía no estaba ni un poco cerca a cualquier clase de respuesta de lo que había estado tres meses atrás. Forzó a su mente a aclararse un poco, y solamente por fines experimentales, desencadenó su ascenso a Super-Saiyajin. Sintió el instantáneo rugido o el poder llenándolo, vio el oro de su legado envolviendo su forma. Cerrando sus ojos, se hundió en la sensación de haber alcanzado la meta de su vida.
¿Por qué se sentía tan vacía?
Era lo que quería, pero ahora que lo tenía, sentía que le faltaba algo. Toda su vida había pensado que si podía alcanzar el Super-Saiyajin, todo estaría en su lugar. Todo estaría bien, y ya no se sentiría tan vacío e indigno. Había crecido para reclamar su título, pero aún así, no le daba ninguna paz. Paz interna, de todas maneras, todavía tenía una lucha o un próximo reto. Con parpadeantes recuerdos de Bulma llenando su mente, se mantuvieron. Su hijo, con sus extraños colores de cabello y ojos, mirándolo fijamente con un puño apretado. La profecía personificada. Le enseñaría a ese niño a pelear sin importar qué, pero era demasiado pronto todavía. Al menos otros cuatro años. Hasta entonces... ¿qué más haría él? ¿Residir en las montañas? Nunca. Lo más bajo que había llegado en estos últimos años, el Príncipe de kis Saiyajin no viviría en el desierto como un animal común. A pesar de sí mismo, su boca se torció secamente. Para alguien quien se había comido a sus enemigos derrotados cuando no había más comida disponible, era penosamente poderoso. Pero entonces, no tenía a nadie a quien 'empujarlo a línea' desde hace mucho tiempo, en las palabras de la mujer. Abrió sus ojos. Quizá ella tendría la respuesta de porque estaba tan inquieto. No había necesidad de hablar con ella, o incluso hacerle saber que él estaba ahí. Quizá si la veía, encontraría sus respuestas. Tal vez incluso tomar sus decisiones.
Se alzó en el aire en un rápido movimiento, su mente se concentró en un minúsculo Ki que era tan familiar para él, bloqueando a todos los demás. Mientras volaba una pequeña voz le preguntaba dentro de él si esta era la única razón por la que él iba hacia ella.
Siguió volando.
"¿T-tuyo?" se ahogó Yamcha. "¿Quién es el padre? No..." se detuvo cuando vio su mirada. Temor se grababa en todo su rostro. Sus ojos se agigantaron.
"¿Vegeta? Mierda. ¡¡Mierda!! ¿Tuviste a su hijo? ¿Ese- ese maldito, animal asesino—?" fue interrumpido cuando Bulma lo abofeteó en la cara por reflejo. El deja-vu les golpeó a los dos, y Bulma sólo lo miró enojadamente. Yamcha se frotó su mejilla levemente, sus ojos estaban oscurecidos con ira y dolor. Bulma acomodó a Trunks en sus brazos, y lo miró desafiante.
"Pensé que ya habíamos pasado por esto hace mucho tiempo. Obviamente todavía necesitas que te enseñen una lección," dijo fríamente, sacudiendo su cabeza. No había cambiado ni un poco todo este tiempo que ella no lo había visto. Él simplemente la miró silencioso por un largo momento, y cuando habló, ella se dio cuenta de su error.
"No sé que es peor, el hecho que fuiste y te quedaste embarazada del niño de Vegeta, o que nunca incuso pensaste que yo era lo suficientemente importante para decirlo. Pensé que éramos amigos, pero supongo que incluso eso era demasiado para esperar," dijo tranquilamente, sus ojos estaban sombríos. Ella fácilmente podía decir que estaba herido por lo último. Su rostro se relajó.
"Yamcha, lo siento. Sobre la última parte, de todas formas. Tienes razón, debí haberme mantenido en contacto y hacértelo saber, porque somos amigos. Y sobre lo otro, no lamento que Vegeta sea el padre de Trunks, y no lamento tener un hijo. Creo que merecías esa cachetada." Hubo una ligera frialdad en su voz, pero él pareció entender. Sus ojos volvieron a la normalidad.
"Me alegro que todavía nos consideres amigos, Bulma. No quise... enfadarme contigo de esa manera." La miró otra vez con un fantasma de sonrisa tocando sus labios. "¿Puedes perdonarme?"
Bulma sonrió y asintió. "Por supuesto, tonto. Siempre serás mi amigo." Su rostro se iluminó en su habitual fácil expresión, la que ella estaba contenta de volver a ver. Parecía querer abrazarla, pero Trunks estaba entre ellos dos, escondiendo su cabeza en el pecho de Bulma. Él se encogió de hombros y la miró atentamente.
"Te ves bien, supongo. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Un año? ¿Más? Supongo que yo también pude haberme mantenido en contacto también, así que supongo que no puedo estar demasiado enojado contigo sobre eso. ¿Cómo... está Vegeta?" preguntó inseguro, y Bulma pudo verlo haciendo el esfuerzo de retractar sus anteriores palabras, por su bien al menos. Pero eso no hacía más fácil de responder a la pregunta.
Ella se encogió de hombros. "Así como se puede esperar, supongo." Eso podía ser entendido de muchas maneras, y esperó que él no preguntara más. Después de su anterior brote, tal vez él estaba sólo esperando una oportunidad de saltarle a la garganta y arrojarle en la cara el hecho que Vegeta no estuviera viviendo en ningún lugar cerca de la Corporación Cápsula.
No tenía mucha suerte exactamente. Él la miró dubitativamente. "¿Por qué, le pasó algo?" preguntó lentamente. Ella bajó su mirada de la de él y comenzó a interesarse en sus alrededores. Yamcha gruñó.
"Se fue, ¿no? Dios, Bulma, ¿cómo puedes preocuparte por el sujeto y te hace cosas como esta? La lealtad sólo puede ir lejos, sabes," dijo disgustado. Parecía aceptar su devoción a Vegeta, pero eso no lo hacía entenderlo ni un poco. Ella hundió sus ojos en los de él y estudió su reacción, un ceño fruncido acentuaba sus facciones.
"Nunca te quejaste cuando estuve estancada en ti, incluso cuando hiciste cosas que otras personas encontraban... cuestionables. Y en cualquier caso, Vegeta no se fue, exactamente. Yo le dije que se vaya," le informó sin problemas. La mandíbula de Yamcha prácticamente golpeó el suelo.
"¡¿Por qué?!" le preguntó en shock. "¿Estás loca?" Bulma tuvo que sonreír a su reacción.
"Wow, Yamcha, no creí que te caía tan bien," bromeó gentilmente. Él le frunció el ceño.
"Vamos, Bulma. ¿Por qué le dijiste que se vaya? Es obvio que amas a ese sujeto. ¿Qué demonios sucedió?" le preguntó, sonando casi, casi enfurecido con ella. Bulma estaba sorprendida. Bien, esto era un cambio. Tal vez en el año que ella no lo había visto él había crecido para ser un poco más intuitivo, y un poco menos cerrado de mente. Pero sólo un poco, si acaso.
Suspiró y lo estudió atentamente. Él ya sabía sobre ella y Vegeta, en cierto grado, pero su promesa a Vegeta todavía seguía en pie. Yamcha era su más viejo amigo aparte de Goku, pero no quería empeorar las cosas revelando más de lo que ya había hecho. Fue una gran sorpresa para ella realmente serle leal a Vegeta. ¿De donde había venido eso? Pero lo aceptó de esa manera, y le sacudió la cabeza.
"Lo siento Yamcha, pero no querría ahondar en eso justo ahora. Sólo confía en mí cuando digo que esa era la única cosa que se podía haber hecho." Fue un poco críptica, pero no debía decir nada más. No sin romper su palabra. Lo divertido era, que Yamcha parecía entender lo que ella estaba tratando de no decir.
"Hay sólo una cosa que podría interponerse entre tú y él. Orgullo," sentenció. Los ojos de Bulma se ampliaron. Tal vez él tenía la idea. Él le sonrió tristemente.
"Bulma, sabes que yo siempre estaré aquí para ti, si me necesitas. Lo dije antes, y lo diré otra vez. Y realmente lo quiero decir aún más ahora," dijo, con una señalante mirada al niño en sus brazos, "ahora que lo tienes a él para cuidarlo. Sólo dime que puedo hacer para ayudar, y lo haré."
Bulma lo miró con incertidumbre. Lo que ofrecía era dulce de su parte, más de lo que ella nunca hubiera esperado de él. Pero...
"No estoy tratando de tomar su lugar," dijo rápidamente, y ambos sabían el 'el' que Yamcha estaba hablando al respecto, "sabes que siempre seré para ti un amigo."
Bulma sonrió repentinamente y giró sus ojos. "Bueno, maldición. Y aquí estaba yo esperanzándome. Yamcha, gracias por tu oferta, significa más para mí de lo que alguna vez podré decirte. Si alguna vez necesito ayuda para algo, me aseguraré de llamarte primero," le dijo sinceramente. Yamcha pareció avergonzado por un segundo, como si hubiera dicho más de lo que quiso decir, pero él asintió y le sonrió en respuesta.
Ella no sabía porque Yamcha era tan buen amigo con ella, pero estaba más agradecida con él de lo que podía decir. No sabía que hubiera hecho si él simplemente le hubiera dado la espalda cuando se dio cuenta de quien era el niño que ella sostenía en sus brazos. De alguna manera, era un amigo tan cercano como lo era Chi-chi, sólo que de una manera diferente. De acuerdo, habían sido más que amigos con Yamcha por mucho tiempo, pero ninguno de los dos miraba al otro ya de esa manera. Ellos eran realmente más compatibles como amigos. Bulma repentinamente parpadeó mientras unas cálidas lágrimas nublaban su visión ligeramente, sorprendiéndola por su llegada. Yamcha parecía molesto cuando la vio limpiárselas tímidamente.
"Oh, dios, Bulma. No hagas eso, ¿está bien?" dijo incómodamente. "Odio cuando comienzas a llorar. Detendré la ternura, ¡detente!"
Ella sonrió y sacudió su cabeza. "Estoy bien, Yamcha. No te sorprendas de mí ahora. Sólo estoy realmente contenta de tenerte cerca, eso es todo." Ella acercó a Trunks más hacia ella, quien se había quedado dormido con su cabeza todavía escondida contra ella. Él la miró por un segundo, mordiendo su labio.
"Él realmente es un tonto, sabes," dijo bruscamente. "Si yo tuviera que elegir entre mi orgullo o una adorable familia, sé lo que elegiría."
Bulma se quejó. ¿Cómo podía él ver estas cosas? Él la miró solemnemente por un largo segundo mientras la mirada de ella cambió de sorpresa a tristeza. Suspiró.
"Tomé la decisión, Yamcha. No espero que entiendas, pero tenía que hacer que se vaya. Él todavía podría volver, una vez que decida que es lo que quiere más," dijo suavemente. Él repentinamente pareció enfurecido.
"Sí, ¿y cuando tiempo estás dispuesta a esperar por él?" le preguntó brutalmente. "¿Cuánto tiempo se va a tomar? ¿Un mes, un año? ¿Cinco? ¿Vas a ser su fiel sirvienta, feliz cuando él te lance un trozo de esperanza? Pensé que tenías más dignidad que eso."
Bulma tembló bajo la verdad de sus palabras, pero no podía decir nada para defenderse. Lo triste era, él entendía su situación, incluso si él no sabía todo en detalle. Vio lo que le estaba sucediendo, y no era tan empático como Chi-chi había sido. Lo que aún era peor, sabía que lo que él decía podría pasar tranquilamente. Vegeta podría volver, ¿pero qué haría ella hasta entonces? ¿Cuánto tiempo estaba dispuesta a esperar? Sus ojos cayeron en Trunks, y no pudo evitar que la respuesta llenara su mente.
Para siempre.
Maldito, realmente había hecho un número con ella, ¿o no? Estaba arruinada para toda la vida. Nunca miraría a otro hombre excepto a él de esa manera otra vez. Una resignada diversión la llenó. Sólo esperó haber hecho ella lo mismo con él.
"Él no te merece," dijo tranquilamente, leyendo la mirada en sus ojos. "¿Pero quién soy yo para juzgar? Él te sienta mejor de lo que yo alguna vez pude, sólo espero encontrar una mujer tan devota conmigo como tú lo eres con él. Eres una causa perdida, Bulma, así que tan sólo me rendiré en eso."
Ella corrió su cabello detrás de su hombro, y acomodó a Trunks más cómodamente en sus brazos. "No soy fácil, Yamcha. Él no me manda, y nunca lo hará. Hago esto por mí. Incluso si soy una causa perdida," añadió eso casi como una idea de último momento.
Él suspiró fuertemente y la miró. "De seguro que recogí un día endemoniado para dar un paseo por el parque. Si hubiera sabido que iba a tener un Profundo y Significativo encuentro contigo, me hubiera quedado en casa." Hizo un gesto de dolor mientras Bulma le golpeaba en el estómago. "Broma, Bulma. Estoy bromeando."
"Entonces supongo que no fui la única en evitar el encuentro, ¿o sí?" Dijo ella burlonamente. Él bufó.
"Hey, no soy yo quien quedó embarazado. Sólo quería un poco de paz. Sin ofender, Bulma, pero cuando me encuentro contigo, tienes malas noticias."
"¡Trunks no es una mala noticia!" dijo indignadamente. "Él es un hermoso milagro."
Yamcha miró al pequeño bebé que ella sostenía, quien sufría una mezcla de los ojos de Bulma en el rostro de Vegeta, y un difuso cabello púrpura. "...Sí. Hermoso. Seguro."
Bulma frunció el ceño, luego lo miró divertida. "¿Quieres cargarlo?" preguntó maliciosamente, acercando a Trunks a él. "No te morderá."
Yamcha miró escéptico. "Él es el niño de Vegeta, ¿verdad? No estoy tan seguro sobre eso." Pero lentamente extendió sus brazos para agarrar al niño cuidadosamente, dándole inseguras miradas por si él elevaba su poder repentinamente en cualquier segundo. Bulma sonrió.
"¿Has sostenido a algún bebé antes? Aquí, hazlo así," dijo, guiando sus manos alrededor y bajo el pequeño niño, asegurándose que él acunara su cabeza y no la aplastara. Yamcha miró al niño y le dio una torcida sonrisa.
"Es bastante feo, sabes. ¿Has pensando en invertir en una bolsa de papel?" preguntó con una risa a la expresión indignada de Bulma. Su ceño fruncido se esfumó pronto para ser reemplazado por una suave sonrisa mientras estaba de pie junto a él, sonriéndole a Trunks. A Yamcha le gustaba Trunks, sólo no quería admitirlo porque era el hijo de Vegeta. Ella podía entender eso.
Trunks abrió sus oscuros ojos azules para mirarlos a ambos, y soltó una pequeña risita. Ambos le sonrieron tiernamente, incluso cuando Yamcha estaba tratando de parecer gruñón y malvado.
Y esa fue la escena que Vegeta vio.
