Capitulo 25

Muchachos, yo sé que lo que Hermione hizo está mal, pero no deberían ser tan duros con ella- reprendió Ginny mientras tiraba con suavidad del cabello de su novio sentado a sus pies.

Los tres estaban sentados frente al fuego de la sala común, conversando sosegadamente. Ginny, sentada en uno de los sillones, intentaba hacer entrar en razón a su novio y a su hermano que preferían acomodarse sobre la alfombra.

Hacía tres días que no veían a Hermione, ni siquiera en las clases que compartían pero ambos estaban muy enojados con ella para averiguar el porqué de su ausencia. No era algo típico de ella faltar a clases, pero tampoco lo era haber salido con su enemigo.

¿eres tú la que está hablando? Fuiste tú la que me lo contó en primer lugar.- replicó Harry enojado

¡porque me obligaste! Yo iba a resolver este asunto entre chicas, sin ustedes- explicó enfurruñada

¿y no ibas a contarnos nada? Las mentiras de Hermione se te están pegando- Ron era el más ofendido con la situación. Él la quería, había intentado invitar a salir a Hermione desde el inicio del año y ahora Malfoy se la llevaba en un abrir y cerrar de ojos. Bueno, no tanto intentar, pero si lo había pensado mucho.

¡Ron! es tu amiga de la que estás hablando- recordó Ginny que entendía la posición de su hermano, pero empezaba a preocuparle la repentina desaparición de su amiga

No Ginny. Cuando cruzó los límites con el enemigo, ella se convirtió en el enemigo- dijo Harry contundente. La colorada pensó que mejor era dejar el tema por aquel día pero no iba a desistir tan fácil. Malfoy había logrado colarse en sus cabezas y destruir su amistad, y eso era precisamente lo que no debía pasar en aquel momento. Ginny se sintió culpable: ella le había dicho a Harry sobre sus sospechas y él la había confrontado antes de que ella misma pudiera hacerlo así que ahora se sentía en deber de enmendar la situación. Pero no iba a ser fácil.

Draco cargaba consigo las mismas preocupaciones. A pesar de que solo veía a la chica en un par de clases, le extrañaba su huida. No asistía siquiera a las clases de defensa personal con Snape y eso ya era decir mucho. Quizá había sido muy duro con ella pensó meditabundo mientras contemplaba el dosel de su cama color verde. Estaba recostado haciendo girar por la habitación una pequeña bola de luz amarilla con la ayuda de su varita. Había considerado la posibilidad de avisar a la jefa de su casa, pero ya no quería inmiscuirse más en los problemas de los Gryffindor; además, no había tenido noticias del otro lado sobre ningún plan futuro que comunicar así que se había mantenido al margen de cualquiera de los alumnos de Gryffindor.

Potter y Weasley lo miraban con ira cada vez que pasaban cerca de él pero eso no lo afectaba. Si ellos no estaban preocupados por la desaparición de la chica ¿por qué debería estarlo él? Probablemente había sido el culpable, pero no había nada que pudiera hacer al respecto: había sido honesto con la chica y si ella no podía entenderlo, él no podía hacer nada más.

Se levantó de la cama y contempló la luna desde su ventana. Las noches eran cada vez más tibias y a él le costaba cada vez más conciliar el sueño. Había estado pensado en invitar a Pansy a su habitación y sacarse un poco de la tensión que tenía encima y le impedía dormir pero la chica no aparecía por ningún lado tampoco. Las pocas veces que la veía, esta se escapaba de él como si le temiera. Todo su mundo estaba patas para arriba y Draco no sabía muy bien que hacer.

Bajó a la sala común considerando la idea de dar un paseo cuando un haz de luz impactó muy cerca de él contra una columna de mármol haciendo un pequeño orificio. El rubio se acercó a la columna y allí contempló un pequeño pergamino ardiente con la indicación: 7-3-00. Cuando el chico pudo memorizarlo éste se consumió sin dejar rastro.

Un mensaje. Los mortífagos iban a comunicarse. Durante el verano él y algunos de los mortífagos había inventado un código secreto para comunicarse cuando él estuviera haciendo vigilancia dentro de Hogwarts. Principalmente consistía en aquel haz de luz lanzado desde afuera de las puertas del colegio por un mago muy capacitado y contenía coordenadas de fecha, hora e importancia del mensaje. Aquellas coordenadas indicaban día 7, 3 de la madrugada, y un mensaje urgente.

Draco consultó su reloj de muñeca y comprobó que eran las 2:35 de la madrugada. Aún tenía tiempo de alcanzar la sala multiuso donde haría aparecer una habitación con un fuego mágico para que los mortífagos hablaran con él.

Salió de su sala común y se dirigió presuroso al pasillo del quinto piso donde se hallaba la pared mágica. Una vez allí, pasó tres veces delante de la misma imaginando una habitación vacía con una chimenea en el centro. La pared se convirtió en una puerta desvencijada que le dio paso exactamente a la habitación que él utilizaba siempre. Carecía de mobiliario, pues él lo consideraba innecesario y frente a él una chimenea de dos metros de altura con un fuego violeta que tenía casi su propia estatura. Se paró frente al fuego y esperó.

A las 3 en punto el fuego comenzó a chispear con más fuerza y en él apareció un rostro distorsionado por la acción del fuego y le habló con una voz que reconoció de inmediato.

Malfoy- dijo Avery con tono seco- has sido de gran utilidad para esta misión.- felicito sin entusiasmo

Draco asintió y esperó.

Como sabrás, la sangre sucia ya está en nuestro poder gracias a ti. Ahora es momento de dar el próximo paso- informó el hombre y Draco se quedó helado.

Un escalofrió le recorrió la espalda a pesar de que el fuego mantenía la habitación cálida. ¿La tenían? ¿Cómo habían entrado? ¿Cómo no le habían avisado? Se sintió un estúpido por pensar que iban a contarle cada uno de sus movimientos y maldijo a Potter y a Weasley por ser tan incompetentes.

Por supuesto.- asintió con tono frío.- me gustaría saber cómo consiguieron atraparla. Esa maldita es muy difícil de embaucar-

No tanto. Después de que le diste tu discurso sobre el hombre malo que no va a redimirse, ella corrió directamente a las manos de Creevery. Estábamos sorprendidos por su estupidez, pero no vamos a negar que fue una idea inteligente la tuya: hacerla caer por ti y luego entregarla a nosotros- Draco asintió. Debió preverlo, pero lo cierto es que no lo había hecho y ahora ella estaba en poder de los mortífagos.

Las mujeres son estúpidas, te concedo eso. ¿cuál es el próximo paso?- preguntó

Vendrás adonde la tenemos. No podemos dejarte ahí pues todos sospecharan. Luego, tendrás tú mismo el honor de entregarla a las manos del Señor Oscuro-

La mueca de horror que se formó en la cara del rubio se disolvió al instante. Adoptó una expresión calculadora, y segura, como sabía hacerlo bien y volvió a asentir con la cabeza.

¿Dónde la tienen?- preguntó al pasar

Eso no es importante ahora. Sabemos que tu desaparición causará revuelo en el colegio y no queremos eso, por eso enviaremos a alguien a buscarte- informó Avery empezando a desvanecerse.

¿quién? ¿Cuándo?-

Pero el rostro ya se había ido. Draco apagó el fuego mágicamente y se dejó caer al suelo, derrotado. Todo lo que había hecho, para nada.

Hermione estaba sentada en un rincón de la habitación donde había despertado. El frio suelo de mármol la mantenían despierta mientras intentaba recordar que había pasado. Cada tanto, algún mortífago bajaba y le dejaba un plato de comida que la castaña se rehusaba a tocar, pero aparte de él, nadie le había hablado, ni entrado siquiera en la habitación. No sabía muy bien cuanto tiempo había estado encerrada, pero calculó que debía llevar ahí unos dos a tres días considerando la cantidad de comida que no había comido.

Su cuerpo estaba libre de magia y ella había podido pasear impaciente y asustada por la habitación. Hermione había intentado gritar en una ocasión, pero sea donde fuere que estuviera, nadie parecía poder oírla.

Una suave luz entraba por la ranura baja de la puerta pero en el resto de la habitación reinaba una completa oscuridad. La chica había descubierto un camastro pequeño con un colchón delgado y unas mantas sucias y desgarradas, y una mesa con una silla donde el mortífago dejaba la comida cada día. No había ventanas y la única puerta estaba cerrada con magia que Hermione no podía abrir pues había perdido su varita quien sabe dónde.

Sin embargo, aquel día, algo cambió. Una mujer entró en su prisión y la inmovilizó en un segundo con una sacudida de la varita. Hermione no pudo verle bien el rostro, pero sabía que era mujer por las formas de su cuerpo y por las manos finas y los dedos largos que la tomaron del cabello y la arrastraron hasta una habitación contigua.

Te hemos dejado descansar querida Sangre sucia, pero ahora vas a ver lo que los mortífagos son capaces de hacer.- le dijo la mujer liberándola del hechizo y depositándola en el centro de un círculo de mortífagos. Los presentes se rieron de ella cuando Hermione se paró, digna y los enfrentó.

¿Dónde estoy?- exigió saber provocando otra oleada de risas.

No estas en posición de preguntar nada- dijo la mujer apuntándola con la varita y lanzando el hechizo cruciatus.

Hermione se contrajo de dolor: como si pequeñas agujas perforaran cada centímetro de su piel mientras que alguien le arrancaba la piel pedazo por pedazo. La chica cayó de rodillas gritando de dolor mientras que los hombres a su alrededor reíam a carcajadas.

De pronto, el dolor se detuvo. Hermione respiraba con dificultad pero consiguió ponerse de pie una vez mas. No iba a darles el gusto de verla perder su dignidad.

¿Dónde estoy? – repitió con voz trémula.

No te creas tan valiente asquerosa Sangre Sucia. Apenas si estamos calentando.- dijo la voz de un hombre que no reconoció.

Aquel día fue largo para la chica. La tortura se extendió por horas hasta que la voz de un joven les dijo que deberían dejarla descansar antes de que muriera y tuvieran que llevarle un cadáver al señor oscuro. Sin decir una palabra, la mujer volvió a arrastrarla de vuelta a la habitación oscura. Cerró de un portazo y la hechizó para evitar que la castaña escapara.

Hermione se quedó allí, tendida en el suelo, con la piel todavía ardiéndole y el corazón desbocado palpitando contra sus oídos cuando oyó una voz que hablaba del otro lado de la puerta.

La poción está casi terminada. Enviaremos por Malfoy mañana temprano y luego partiremos-

¿Malfoy? ¿Había la chica oído bien? ¿Malfoy la había metido en esto?

No pudo contener las lágrimas mientras se arrastraba hacia el camastro con gran esfuerzo.